La voz de la conseja, t.1
- Sprache:
- Spanisch
- Status:
- Vollständiges Werk
- Autorschaft:
- Vom Autor verfasst
- Zustand des Textes:
- Kein Scanrauschen festgestellt (automatische Messung über den ganzen Text, nicht von Hand geprüft)
- Umfang:
- ~45.100 Wörter · 214 Passagen
Dieses Werk zitieren
- APAMiguel de Unamuno. (n.d.). La voz de la conseja, t.1. Digital reproduction: SigPhi. https://sigphiai.com/de/works/miguel-de-unamuno/la-voz-de-la-conseja-t-1-spanish
- MLAMiguel de Unamuno. La voz de la conseja, t.1. Digital reproduction, SigPhi, https://sigphiai.com/de/works/miguel-de-unamuno/la-voz-de-la-conseja-t-1-spanish.
- ChicagoMiguel de Unamuno. La voz de la conseja, t.1. Digital reproduction, SigPhi. https://sigphiai.com/de/works/miguel-de-unamuno/la-voz-de-la-conseja-t-1-spanish.
Angabe der Ausgabe, die SigPhi wiedergibt: SigPhi ist ihre digitale Reproduktion, nicht der Verlag. Das Erscheinungsjahr steht nicht in den Metadaten (daher „n.d.“), und der Übersetzer erscheint nur, wenn er verzeichnet ist.
Wovon es handelt
Der erste Band einer Sammlung kurzer Erzählungen.
Kontext und Geschichte
**Anmerkung zur Ausgabe:** La voz de la conseja war eine spanische Volksreihe, in der viele Autoren veröffentlichten, und kein Werk Unamunos. Wer sie aufschlägt und ein Buch von ihm erwartet, sollte wissen, dass es ein Sammelband der Zeit ist. Text auf SPANISCH: das Original. Unamuno schrieb auf Spanisch, und das ist es, was zitiert werden sollte.
Redaktioneller Kontext, keine zitierfähige Quelle: anders als die Passagen des Werks lassen sich diese Angaben nicht am Korpus überprüfen.
Por detrás de aquellas ocho caras, cuyos horrendos visajes he descrito, y al través de las ventanillas del coche, yo veía la calle y las casas, los transeuntes, todo en veloz carrera, como si el tranvía anduviese con rapidez vertiginosa. Yo por lo menos creía que marchaban más aprisa que nuestros ferrocarriles, más que los franceses, más que los ingleses, más que los norteamericanos; corría con toda la velocidad que puede suponer la imaginación, tratándose de la traslación de lo sólido. A medida que era más intenso aquel estado letargoso, se me figuraba que iban desapareciendo las casas, las calles, Madrid entero. Por un instante creí que el tranvía corría por lo más profundo de los mares: al través de los vidrios se veían los cuerpos de cetáceos enormes, los miembros pegajosos de una multitud de pólipos de diversos tamaños. Los peces chicos sacudían sus colas resbaladizas contra los cristales, algunos miraban adentro con sus grandes y dorados ojos. Crustáceos de forma desconocida, grandes moluscos, madréporas, esponjas y una multitud de bivalvos grandes y deformes cual nunca yo los había visto, pasaban sin cesar. El coche iba tirado por no sé qué especie de nadantes monstruos, cuyos remos, luchando con el agua, sonaban como las paletas de una hélice, tornillaban la masa líquida con su infinito voltear. Esta visión se iba extinguiendo: después parecióme que el coche corría por los aires, volando en dirección fija y sin que lo agitaran los vientos. Al través de los cristales no se veía nada, más que espacio: las nubes nos envolvían a veces; una lluvia violenta y repentina tamborileaba en la imperial; de pronto salíamos al espacio puro inundado de sol, para volver de nuevo a penetrar en el vaporoso seno de celajes inmensos, ya rojos, ya amarillos, tan pronto de ópalo como de amatista, que iban quedándose atrás en nuestra marcha.…