Duns Scotus
Fraile franciscano, filósofo y teólogo escocés (c. 1266–1308), nacido probablemente en Duns, en Escocia, formado en Oxford, París y Colonia, donde enseñó teología y donde murió prematuramente a la edad de cuarenta y dos años, dejando una obra tan densa y técnicamente sofisticada que le valió en vida el sobrenombre de «Doctor Sutil» (Doctor Subtilis), reconocimiento a su capacidad excepcional para introducir distinciones conceptuales precisas en debates teológicos y filosóficos de una complejidad extrema. Su aportación filosófica más célebre es la doctrina de la «univocidad del ser», según la cual el término «ser» se aplica en un sentido fundamentalmente idéntico tanto a Dios como a las criaturas —frente a la posición tomista de la analogía del ser—, permitiendo así que el lenguaje humano pueda hablar significativamente de Dios sin caer en un equívoco absoluto, y sentando las bases para una metafísica general aplicable por igual a lo finito y a lo infinito. Igualmente influyente es su doctrina de la «hecceidad» (haecceitas), el principio metafísico que confiere a cada individuo su singularidad radical e irrepetible, distinta tanto de la naturaleza universal compartida (como «humanidad») como de los accidentes meramente materiales, uno de los intentos medievales más sofisticados de resolver filosóficamente el problema de la individuación. En ética y teología, Escoto defendió con fuerza el primado de la voluntad sobre el intelecto —postura conocida como «voluntarismo»—, sosteniendo contra los intelectualistas tomistas que la libertad divina y humana es el fundamento último de la acción moral, y que Dios podría, en principio, haber ordenado un orden moral diferente del existente si así lo hubiera querido libremente. Considerado el fundador de la escuela escotista, corriente influyente dentro de la orden franciscana que rivalizó con el tomismo dominico durante toda la Edad Media tardía, su legado filosófico sufrió en la Edad Moderna una recepción paradójica: el término peyorativo «dunce» (zoquete, tontorrón), derivado irónicamente de su nombre, surgió entre humanistas renacentistas que ridiculizaban la aridez técnica de su escuela, olvidando la sofisticación genuina de su pensamiento original.