Joseph de Maistre
Filósofo político, escritor y diplomático saboyano (1753–1821), nacido en Chambéry, en el entonces Ducado de Saboya, magistrado de formación antes de que la invasión revolucionaria francesa lo forzara a un largo exilio que lo llevó finalmente a ejercer como embajador del rey de Cerdeña en la corte del zar en San Petersburgo durante más de una década, donde desarrolló la mayor parte de su obra intelectual madura. Testigo directo y horrorizado de los excesos de la Revolución francesa y las guerras napoleónicas que siguieron, Maistre se convirtió en el crítico contrarrevolucionario más radical, brillante y a la vez provocador de toda la teoría política europea, oponiéndose frontalmente tanto al racionalismo abstracto ilustrado como a toda la tradición contractualista del derecho natural moderno. Su obra Consideraciones sobre Francia (1797), escrita en caliente poco después de los hechos, interpretó la Revolución no como un fallo técnico o político reparable sino como un castigo providencial divino por los pecados colectivos de la nación francesa, y formuló su célebre y provocadora tesis de que «la constitución de 1795, como sus predecesoras, ha sido hecha para el hombre. Pero no hay hombre en el universo. He visto, en mi vida, franceses, italianos, rusos [...] pero en cuanto al hombre, declaro no haberlo encontrado jamás», crítica devastadora a la pretensión ilustrada de unos derechos humanos universales y abstractos, aislados de toda tradición, religión y contexto histórico y cultural concreto. En su tratado Del papa (1819), Maistre defendió con ardor la soberanía absoluta e infalible del pontífice romano como único principio capaz de garantizar el orden social y espiritual europeo, mientras que en sus controvertidas Veladas de San Petersburgo desarrolló una teodicea provocadora que atribuía al sufrimiento, la guerra e incluso al verdugo un papel providencial necesario en el mantenimiento del orden cósmico. Considerado generalmente uno de los padres fundadores del conservadurismo contrarrevolucionario continental, en claro contraste con el liberalismo moderado de Burke, Maistre sigue siendo hoy una figura profundamente controvertida, admirada por su prosa brillante y temida por la audacia de sus posiciones antiilustradas y teocráticas.