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El espejo de la muerte Cuentos cortos

Miguel de Unamuno

Idioma:
español
Estado:
Obra completa
Autoría:
Escrita por el autor
Estado del texto:
Con errores de escaneo (medición automática sobre todo el texto, no revisada a mano) · 1 pasaje ilegible, excluido de las respuestas
Extensión:
~45.700 palabras · 217 pasajes
Cita esta obra
  • APAMiguel de Unamuno. (n.d.). El espejo de la muerte Cuentos cortos. Digital reproduction: SigPhi. https://sigphiai.com/es/works/miguel-de-unamuno/el-espejo-de-la-muerte-cuentos-cortos-spanish
  • MLAMiguel de Unamuno. El espejo de la muerte Cuentos cortos. Digital reproduction, SigPhi, https://sigphiai.com/es/works/miguel-de-unamuno/el-espejo-de-la-muerte-cuentos-cortos-spanish.
  • ChicagoMiguel de Unamuno. El espejo de la muerte Cuentos cortos. Digital reproduction, SigPhi. https://sigphiai.com/es/works/miguel-de-unamuno/el-espejo-de-la-muerte-cuentos-cortos-spanish.

Referencia de la edición reproducida. SigPhi es la reproducción digital. Se incluyen año, editorial y traductor cuando constan; «n.d.» indica que no consta el año.

De qué trata

Cuentos cortos, la mayoría sobre la muerte y sobre qué hacemos mientras no llega.

Contexto e historia

El único asunto de Unamuno —el ansia de inmortalidad y la imposibilidad de creer en ella— tratado en piezas breves, que muchas veces es donde mejor le sale. Texto en ESPAÑOL: el original. Unamuno escribía en español y es lo que hay que citar.

Contexto editorial, no una fuente citable: a diferencia de los pasajes de la obra, estos datos no se pueden comprobar contra el corpus.

Extracto de la edición disponible
el día, Ramón Nonnato se había pegado un tiro. Habíanle visto antes, por la tarde, pasearse solo, según tenía por costumbre, a la orilla del río, cerca de su desembocadura, contemplando cómo las aguas se llevaban al azar las hojas amarillas que desde los álamos marginales iban a caer para siempre, para nunca más volver, en ellas. «Porque las que en la primavera próxima, la que no veré, vuelvan con los pájaros nuevos a los árboles, serán otras», pensó Nonnato. Al desparramarse la noticia del suicidio hubo una sola y compasiva exclamación: ¡Pobre Ramón Nonnato! Y no faltó quien añadiera: Le ha suicidado su difunto padre. Pocos días antes de darse así la muerte había pagado Nonnato su última deuda con el producto de la venta de la última finca que le quedara de las muchas que de su padre heredó, y era la casa solariega de su madre. Antes fué a ella y se estuvo allí solo durante un día entero, llorando su desamparo y la falta de un recuerdo, con un viejo retrato de su madre entre las manos. Era el retrato que traía siempre consigo, sobre el pecho, imagen de una esperanza que para él había siempre sido recuerdo, siempre. El pobre hombre había desbaratado la fortuna que su padre le dejara en locas especulaciones enderezadas a acrecentarla, en fantásticas combinaciones financieras y bursátiles, mientras vivía con una modestia rayana en la pobreza y ceñido de privaciones. Pues apenas si gastaba más que lo preciso para sustentarse con un discreto decoro, y fuera de esto en caridades y favores. Porque el pobre Nonnato, tan tacaño para consigo mismo, era en extremo liberal y pródigo para con los demás: sobre todo con las víctimas de su padre. La razón de su conducta era que buscaba aumentar lo más posible su fortuna, hacerla enorme y emplearla luego en vasto objeto de servicio a la cultura pública, para redimirla así de su pecado de origen.…

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