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El ocaso de los ídolos o cómo se filosofa a martillazos

Nietzsche

Idioma:
alemán
Estado:
Obra completa
Autoría:
Escrita por el autor
Estado del texto:
Sin ruido de escaneo detectado (medición automática sobre todo el texto, no revisada a mano)
Extensión:
~41.700 palabras · 198 pasajes
Cita esta obra
  • APANietzsche. (n.d.). Götzen-Dämmerung [El ocaso de los ídolos o cómo se filosofa a martillazos]. Digital reproduction: SigPhi. https://sigphiai.com/es/works/nietzsche/gotzen-dammerung-german
  • MLANietzsche. Götzen-Dämmerung [El ocaso de los ídolos o cómo se filosofa a martillazos]. Digital reproduction, SigPhi, https://sigphiai.com/es/works/nietzsche/gotzen-dammerung-german.
  • ChicagoNietzsche. Götzen-Dämmerung [El ocaso de los ídolos o cómo se filosofa a martillazos]. Digital reproduction, SigPhi. https://sigphiai.com/es/works/nietzsche/gotzen-dammerung-german.

Referencia de la edición que reproduce SigPhi: SigPhi es su reproducción digital, no el editor. El año de la edición no consta en los metadatos (por eso «n.d.») y el traductor solo aparece cuando consta.

De qué trata

El crepúsculo de los ídolos (1888), o cómo se filosofa con el martillo.

Contexto e historia

El Crepúsculo es todo Nietzsche resumido en cien páginas, escrito en una semana, y el mejor sitio por donde empezar si no se ha leído nada suyo. «Filosofar a martillazos» no significa destruir: significa golpear los ídolos para oír si suenan huecos. Texto en el original alemán, de la edición de las obras publicada por Alfred Kröner (Leipzig, 1917-1919). Sustituye a una traducción inglesa que aún no es de dominio público.

Contexto editorial, no una fuente citable: a diferencia de los pasajes de la obra, estos datos no se pueden comprobar contra el corpus.

Cómo empieza
gerade in einem Falle aufgegangen, wo ihr am stärksten das gelehrte und ungelehrte Vorurtheil entgegensteht: ich erkannte Sokrates und Plato als Verfalls-Symptome, als Werkzeuge der griechischen Auflösung, als pseudogriechisch, als antigriechisch („Geburt der Tragödie" 1872). Jener consensus sapientium — * das begriff ich immer besser — beweist am wenigsten, dass sie Recht mit dem hatten, worüber sie übereinstimmten: er beweist vielmehr, dass sie selbst, diese Weisesten, irgend worin physiologisch übereinstimmten, um auf gleiche Weise negativ zum Leben zu stehn, — stehn zu müssen. Urtheile, Werthurtheile über das Leben , für oder wider, können zuletzt niemals wahr sein: sie haben nur Werth als Symptome, sie kommen nur als Symptome in Betracht, — an sich sind solche Urtheile Dummheiten. Man muss durchaus seine Finger darnach ausstrecken und den Versuch machen, diese erstaunliche finesse zu fassen, dass der Werth des Lebens nicht abgeschätzt werden kann. Von einem Lebenden nicht, weil ein solcher Partei, ja sogar Streitobjekt ist, und nicht Richter; von einem Todten nicht, aus einem andren Grunde. — Von Seiten eines Philosophen im Werth des Lebens ein Problem sehn, bleibt dergestalt sogar ein Einwurf gegen ihn, ein Fragezeichen an seiner Weisheit, eine Unweisheit. — Wie? und alle diese grossen Weisen —

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