Les travaux de l'infatigable créateur Pío Cid (Tome I)
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- espagnol
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- Étendue:
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Citer cette œuvre
- APAÁngel Ganivet. (n.d.). Los trabajos del infatigable creador Pio Cid, Tomo I [Les travaux de l'infatigable créateur Pío Cid (Tome I)]. Digital reproduction: SigPhi. https://sigphiai.com/fr/works/angel-ganivet/los-trabajos-del-infatigable-creador-pio-cid-tomo-i
- MLAÁngel Ganivet. Los trabajos del infatigable creador Pio Cid, Tomo I [Les travaux de l'infatigable créateur Pío Cid (Tome I)]. Digital reproduction, SigPhi, https://sigphiai.com/fr/works/angel-ganivet/los-trabajos-del-infatigable-creador-pio-cid-tomo-i.
- ChicagoÁngel Ganivet. Los trabajos del infatigable creador Pio Cid, Tomo I [Les travaux de l'infatigable créateur Pío Cid (Tome I)]. Digital reproduction, SigPhi. https://sigphiai.com/fr/works/angel-ganivet/los-trabajos-del-infatigable-creador-pio-cid-tomo-i.
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De quoi il s'agit
Le roman de Ganivet sur Pío Cid, un homme qui parcourt le monde avec l'idée d'améliorer la vie de ceux qu'il rencontre et qui les laisse toujours plus mal qu'il ne les a trouvés.
Contexte et histoire
Paru en 1898, l'année du désastre colonial espagnol et celle où Ganivet se jeta dans la Dvina, à Riga, où il était consul ; il avait trente-trois ans. Le livre est ironique et amer, et on l'a souvent lu comme une figure de la génération de 98 : la volonté de tout réformer sans savoir comment. Ganivet est plus connu pour l'Idearium español ; ceci est sa fiction la plus longue et la moins lue.
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Entre las mil imágenes de que se valía para expresar este poder oculto , que indudablemente ejercía sobre cuantos trataba , la más graciosa y extraña era la de cortar el hilo de nuestros discursos soplándonos en la frente. Decía él humorísticamente que los hombres le producían el mismo efecto que grandes orzas ó tinajas llenas de aceite, en las que navegaran, lanzando sus rayos mortecinos, mariposas diminutas como las que usamos de noche para semialumbrar nuestras alcobas. Tan triste y ridículo sería ver asomar por la boca de aquellos panzudos depósitos una luz desmirriada y relampaguceante, como lo es adivinar en la parte superior de nuestro complicado y grosero organismo el miserable y angustioso chisporroteo del presuntuoso pensamiento humano. Por esto Pío Cid, que era poco aficionado á las luminarias, y que para tener poca luz prefería estar á obscuras, se incomodaba cuando alguno de sus amigos, caldeado por el sacro fuego de la elocuencia, pretendía hacer alarde de su saber en períodos arrebatados y altisonantes, imitados de los tribunos, oradores parlamentarios, habladores académicos y demás gentuza (esta era su frase) que desde hace un siglo se dedica á encubrir con su insustancial palabrería la ignorancia sencilla y candorosa de nuestra nación; y no sólo se incomodaba, sino que á veces se sonreía diabólicamente y se levantaba, y acercándose de repente al orador, le soplaba, como antes dije, en la frente, y lo apagaba con la misma facilidad con que se apaga un candil. ¿Su-