Pareció en muchos temeridad un empeño, pero no fué sino destreza, atendiendo al favor de su fortuna. Perdieron otros, ai contrario, grandes lances de celebridad por no tener com- prensión de su dicha. Hasta el ciego jugador consulta ai arrojarse.
Gran prenda es ser un varón afortunado, y al aprecio de muchos lleva la delantera. Estiman algunos más una onza de ventura que arrobas de sabiduría, que quintales de valor; otros, al contrario, que fundan crédito en la desdicha como en la melancolía. Ventura repiten de necio y méritos de desgraciado.
Suple con oro la fealdad de la hija el sagaz padre, y el universal dora la fealdad del ingenio con ventura.
Deseó Galeno á su médico afortunado, al ca- pitán Vejecio y Aristóteles á su monarca. Lo cierto es que á todo héroe le apadrinaron ei va- lor y la fortuna, ejes ambos de una heroicidad.
Pero quien de ordinario probó agrios de ma- drastra amaine en los empeños, no terquee, que suele ser de plomo el disfavor.
Disimúleseme en este punto hurtarle el dicho al poeta de las sentencias, con obligación de restituirlo en consejo á los amantes de la pru- dencia. Tú no hagas ni digas cosa alguna te- niendo á la fortuna por contraria.
32 EL HÉROE El Benjamín hoy de la felicidad es, con evi- dencia de su esplendor, el heroico, invicto y se- renísimo s.ñor Cardenal Infante de España, don Fernando, nombre que pasa á blasón ó corona nominal de tantos héroes.
Atendía todo el orbe suspenso á su fortuna, satisfecho as'iz de su valor, y declaróle esta gran pr-ncesa por su galán en la primera oca- sión; digo, en aquella tan inmortal para los su- yos como mortal para sus enemigos, batalla de Norlinguen, con progresos de finezas en Francia y Flandes, y con el resto de todo su favor en Je- rusalén.
Parle es este político primor, saber discernir los bien y mal afortunados, para chocar ó ceder en la competencia.
Previno Solimán la gran felicidai de nuestro católico Marte, quinto de los CaiJi)"^, para que estuviera en ^u esfera. Temió más á so!a día que á todos los tercios de Poniente, coniemplación de otros.
Amainó aún á tiempo y valióle, ya no la re- putación, pues se retiraba de ella la corona.
No a^i el primer Francisco de Francia, que afec- tó ignorar su fortuna y la del César, y así, por de- lincuente d: prudencia, fué condciiado á piisión.
Péganse de ordinario la pró-pera y adversa fortuna á los del lado. Atienda, pues, e' discreto á ladearse, y en el juego de e-^ie triunfo, sepa encartarle y descariarse con ganancia.
BALTASAR GRAClÁN 33 PRIMOR XI QUE EL HÉROE, SEPA DEJARSE, GANANDO CON LA FORTUNA Todo móvil instable tiene aumento y declina- ción. Añaden otros estado donde no hay estabi- lidad.
Gran providencia es saber prevenir la infali- ble declinación de una inquieta rueda. Sutile- za de tahúr saberse dejar con ganancia donde la prosperidad es de juego y la desdicha tan de veras.
Mejor es tomarse la honra que aguardar á la rebatiña de la fortuna, que suele en un tumbo alzarse con la ganancia de muchos lances.
Faltarle de constante lo que le sobra de mu- jer, sienten algunos escocidos. Y añadió el mar- qués de Mariñano, para consuelo del empera- dor sobre Metz, que no sólo tiene instabilidad de mujer, sino liviandad de joven en hacer cara á los mancebos.
Mas yo digo que no son livianas variedades de mujer, sino alternativas de una justísima providencia.
Acierte el varón á serlo en esto; recójase al sagrado de un honroso retiro, porque tan glo- 3 34 EL HÉROE riosa es una bella retirada como una gallarda acometida.
Pero hay hidrópicos de la suerte, que no tie- nen ánimo para vencerse á sí mismos si les está bailando el agua la fortuna.^ Sea augusto ejemplar de este primor aquel gran mayorazgo de la fortuna y de la suerte, el máximo de los Carlos y aun de los héroes. Co- ronó este gloriosísimo emperador con prudente fin todas sus hazañas. Triunfó del orbe con ia fortuna y al cabo triunfó de la misma fortuna. Supo dejarse, que fué echar el sello á sus proezas.
Perdieron otros, al contrario, todo el caudal de su fama en pena de su codicia. Tuvieron monstruoso fin grandes principios de felicidad, que á valerse de esta treta, pusieran en cobro la reputación.
Pudiera asegurar un anillo arrojado al mar y restituido en el arca de un, pescado, arras de in- separabilidad entre Policrates y la fortuna. Pero fué poco después el monte Micalense trágico teatro del divorcio.
Cegó Belisario para que abriesen otros los ojos, y eclipsóse la luna de España para dar luz á muchos.
No se halla arte de tomarle el pulso á la feli- cidad, por ser anómalo su humor; previénenos algunas señales de declinación.
Prosperidad muy apriesa, atrepellándose unas BALTASAR GPsACIAN á otras las felicidades, siempre fué sospechosa, porque suCij la fortuna cercenar del tiempo lo que acumula del favor, Felicidad envejecida ya pasa á caduquez, y desdicha en los extremos, cerca está de mejoría.
Estaba Abul, moro, hermano del rey de Gra- nada, preso en Salobreña, y para desmentir sus confirmadas desdichas, púsose á jugar al aje-« drez, propio ensayo del juego de la fortuna. Llegó en esto el correo de su muerte, que siem- pre ésta nos corre la posta Pidió Abul dos ho-^ ras de vida; muchas le parecieron a» comisario, y otorgóle sólo acabar el juego comenzado. Di-* jóle la suerte, y ganó la vida y aun el reino,- pues antes de acabarlo llegó otro correo con la' vida y la corona, que por muerte del rey le presentaba Granada.
Tantos subieron del cuchillo á la corona como bajaron de la corona al cuchillo. Gómense mejor los buenos bocados de la suerte con el agridul- ce de un azar.
Es corsaria la fortuna, que espera á que car- guen los bajeles. Sea la contratreta anticiparse á tomar puerto.
36 EL HÉROE PRIMOR XII GRACIA DE LAS GENTES Foco es conquistar el entendimiento si no se gana la voluntad, y mucho rendir con la admi- ración!a afición juntamente.
Muchos con plausibles empresas mantienen el crédito, pero no la benevolencia.
Conseguir esta gracia universal algo tiene de estrella, lo más de diligencia propia. Discurrirán otros al contrario, cuando á igualdad de méri- tos corresponden con desproporción los aplausos» Lo mismo que fué en uno imán de las volun- tades, es en otro conjuro. Mas yo siempre!e concederé aventajado él partido al artifi io.
No basta eminencia de prendas para la gracia de las gentes, aunque se supone. Fácil es de ga- nar el alecto, sobornado el concepto, porque!a estimación muñe la afición.
Ejecutó los medios felizm nte para esta co- mún gracia, aunque no asi para la de su rey, aquel infaustamcíite ínclito duque de Guisa, á quien hizo grande un rey favoreciéndole, y ma- yor otro cmulándole: el tercero, digo, de los Henricos franceses. Fatal nombre para princi- pes en toda monarquía, que en tan altos sujetos hasta los nombres descifran oráculos.
BALTASAR GRACIÁN J| Preguntó un día este rey á sus contiguos: «cQué hace Guisa, que asi hechiza las gentes?» Respondió un extravagante áulico, por único en estos tiempos: «Sire, hacer bien á todas manos; al que no llegan derechamente sus benévolos influjos, alcanzan por reflexión, y cuando no obras, palabras. No hay boda que no festeje, bautismo que no apadrine, entierro que no hon- re; es cortés, humano, libera!, honrador de to- dos, murmurador de ninguno, y en suma, él es el rey en el afecto, si vuestra majestad en el efecto.»
T^eliz gracia si la hermanara con la de su rey, que no es de esencia el excluirse, por más que encarezca Bayaceto que!a plausibilidad del mi- nistro causa recelo al patrón.
Y de verdad que la de Dios, del rey y de las gentes son tres gracias más bellas que las que fingieron los antiguos. Danse la mano una á otra, enlazándose apretadamente todas tres, y si ha de faltar alguna, sea por orden.
El más poderoso hechizo para ser amado es amar. Es arrebatado el vulgo en proseguir^ si furioso en perseguir.
El primer móvil de su séquito, dei.ípués do la opinión, es la cortesía y la generosidad; con és- tas llegó Tito á ser llamado delicias del orbe.
Iguala la palabra favorable de un superior á la obra de un igual, y excede la cortesia de un principe al don de un ciudadano.
EL HÉROE Con sólo olvidarse por breve rato de su ma- jestad el magnánimo don Alonso, apeándose del caballo para socorrer á un villano, conquistó las ^guarnecidas murallas de Gaeta, que á fuerza de bombardas no mellara en muchos días. En- tró primero en los corazones, y luego con triun- fo en la ciudad.
No le hallan algunos destempladamente críti- cos al grande de los capitanes y gigante entre héroes otros méritos para su antonomasia, sino la benevolencia común.
Diría yo que entre la pluralidad de prendas merecedora cada una del plausible renombre, ésla fué feiiclsinia.
i-lay gracia ele historiadores también, tan de codicia cuan de inmortalidad, porque son sus plumas las de la fama. Retratan, no los aciertos de la naturaleza, sino los del alma. Aquel fénix Corvino, gloria de Hungría, solía decir, y prac- ticar mejor, que la grandeza de un héroe consis- tía en dos cosas: en alargar la mano á las haza- ñas y á las plumas, porque caracteres de oro vinculan eternidad.
PRIMOR XIII )3EL DESPEJO El desfíejo, alma de toda prenda, vida de toda perfección, gallardía de las acciones, gracia de (as palabras y hechizo de todo buen gusto, li- T aLTASAR gracián 39 sonjea la inteligencia y extraña la explicación.
Es un realce de los mismos realces y es una belleza formal. Las demás prendas adornan la naturaleza; pero el despejo realza las mismas prendas. De suerte que es perfección de la mis- ma perfección, como transcendente beldad, con universal gracia.
Consiste en una cierta airosidad, en una inde- cible gallardía, tanto en el decir como en el ha- cer, hasta en el discurrir.
Tiene de innato lo más, reconoce la observa- ción. Lo menos hasta ahora nunca se ha sujeta- do á precepto superior, siempre á toda arte.
Por robador del gusto le llamaron garabato; por lo imperceptible, donaire; por lo alentado, brío; por lo galán, despejo; por lo fácil, desen- fado. Que todos estos nombres le han buscado el deseo y la dificultad; de declararle.
Agravio se le hace en confundirle con la faci- lidad; déjala may atrás y adelántase á bizarría. Bien que todo despejo supone desembarazo, pero añade perfección.
Tienen su Lucina las acciones, y débesele al despejo el salir bien, porque él las partea para lucimiento.
Sin él la mejor ejecución es muerta, la mayor perfección desabrida. Ni es tan accidente que no sea el principal alguna vez; no sólo sirve al or- nato, sino que apoya lo importante.
Porque si es el alma de la hermosura, es es- 40 EL HÉROE piritu de la prudencia; si es aliento de la gala, es vida del valor.
Campea igualmente en un caudillo al lado del valor el despejo, y en un rey á par de la pru- dencia.
No se le reconoce menos en el día de una ba- talla á la despejada intrepidez que á lii destreza y el valor. El despejo constituye primero á un general señor de si, y después de todo.
No alcanza la ponderación, no basta á apre- ciar el imperturbable despejo de aquel gran ven- cedor de reyes, émulo mayor de Alcides, don Fernando de Avalos» Vocéelo el aplauso en el teatro de Pavia.
Es tan alentado el despejo en el caballo como majestuoso en el dosel; hasta en la cátedra da bizarría á la agudeza.
Heroico fué el desembarazo de aquel Teseo francés, Henrico IV, pues con el hilo de oro de! despejo supo desligarse de tan intrincado labe- rinto» También es político el despejo, y en fe de él aquel monarca espiritual del orbe llegó á decir: «cHay otro mundo que gobernar?»
BALTASAR GRACIAN 41 PRIMOR XIV DEL NATURAL IMPERIO Empéñase este primor en una prenda tan su- til, que corriera riesgo por lo metafísico si no la afianzaran la curiosidad y el reparo.
Brilla en algunos un señorío innato, una se- creta fuerza de imperio, que se hace obedecer sin exterioridad de preceptos, sin arte de per- suasión.
Cautivo César de los isleños piratas era más señor de ellos; mandábales vencido y servíanle ellos vencedores. Era cautivo por ceremonia y señor por realidad de soberanía.
Ejecuta más un varón de éstos con un amago, que otros con toda su diligencia. Tienen sus ra- zones un secreto vigor, que recaban más por simpatía que por luz.
Sujétaseles la más orgullosa mente sin adver- tir el cómo, y ríndeseles el juicio más exento.
Tienen éstos andado mucho para leones en humanidad, pues participan lo principal, que es señorío.
Reconocen al león las demás fieras en presa- gio de naturaleza, y sin haberle examinado el valor le previenen zalemas.
Así á estos héroes, reyes por naturaleza, les 42 EL HÉROE adelantan respeio ios demás, sin aguardar la tentativa del caudal.
Realce es este de corona, y si le corresponden la eminencia del entendimiento y la grandeza del corazón, no le falta cosa para construir un primer móvil político.
Vióse entronizada esta.señoril prenda en don Hernando Álvarez de Toledo, señor más porna- turaleza que por merced. Fué grande y nació para mayor, que aun en el hablar no pudo vio- lentar este natural imperio.
Dista mucho de una mentida gravedad, de un afectado encono, quinta esencia de lo aborreci- ble, no tanto si es nativa, pero que está muy al canto del enfado.
Pero la mayor oposición mantiene con recelo de si, con la sospecha del propio valor, y más cuando se abate á desconfianza, que es del todo rendirse al desprecio.
Fué aviso de Catón y propio parto de su se- veridad, que debe un varón respetarse á sí mis- mo, y aun temerse.
En que se pierde á sí propio, el miedo da li- cencia á los demás, y con la permisión su^'^a fa- cilita la ajena.
BALTASAR GRACIAN 43 PRIMOR XV DE LA SIMPATÍA SUBLIME Prenda es de héroe tener simpatía con héroes. Alcanzarla con el sol basta á hacer á una planta gigantesca y á su flor la corona del jardín.
Es la simpatía uno de los prodigios sellados de la naturaleza; pero sus efectos son materia del pasmo, son asunto de la admiración.
Consiste en un parentesco de los corazones, si la antipatía en un divorcio de las voluntades.
Algunos las originan de la correspondencia en temperamentos, otros de la hermandad en astros.
Aspira aquella á obrar milagros, ) ésta mons- truosidades. Son prodigios de la simpatía los que la común ignorancia reduce á hechizos y la \ ulgaridad á encanios.
La más culta perfección sufrió desprecios de la antipatía, y la más inculta fealdad logró fine- zas de la simpatía.
Hasta entre padre é hijos pretenden jurisdic- ción y ejecutan cada día su potencia, atrepe- llando leyes y frustrando privilegios de natura- za y política. Quita reinos la antipatía de un pa- dre y dalos una simpatía.
Todo lo alcanzan mcriios de simpatía, persua- de sin elocuencia y recaba cuanto quiere, con presentar memoriales de armonía natural.
44 EL HÉROE La simpatía realzada c-^ carácter, es estrella de heroicidad, pero hay algunos de gusto imán, que mantienen antipatía con el diamante y sim patía con el hierro. Monstruosidad de naturale za, apetecer escoria y asquear el lucimiento.
Fué monstruo real Luis XI, que más por na- turaleza que por arte, extrañaba la grandeza y se perdía por las heces de la categoría política.
Gran realce es la simpatía activa, si es subli* me, y mayor la pasiva, si es heroica. Vence en preciosidad á la gran piedra de! anillo de Giges. y en eficacia á las cadenas del Tebano.
Fácil es la propensión á los varones magnos, pero rara la correlación. Da voces tal vez el co- razón, sin escuchar eco de correspondencia. En la escuela del querer es esta la A, B, C, donde la primera lección es de simpatía.
Sea, pues, destreza en discreción, conocer y lograr la simpatía pasiva. Válgase el atento de este hechizo natural, y adelante el arte lo que co- menzó naturaleza. Tan indiscreta cuan mal lo- grada es la porfía de pretender sin este natural favor y querer conquistar voluntades sin esta munición de simpatía.
Pero la real es la reina de las prendas, pasa los términos de prodigio, basa que levantó estatua siempre de inmortalidad sobre plintos de prós- pera fortuna.
Está á veces amortiguada esta augusta prenda por no alcanzarle los alientos del favor. No atrae BALTASAR GRAClÁN 45 ia calamita al hierro fuera de su distrito ni la simpatía obra fuera de la esfera de su actividad. Es la aproximación la principal de las condicio- nes, no asi el entretenimiento.
Atención, aspirantes á ia heroicidad, que en este primor amanece un sol de lucimiento.
PRIMOR XVI RENOVACIÓN DE GRANDEZA Son ios primeros empeños examen del valor y un como salir á vistas la fama y el caudal.
No bastan milagros de progrc^>os á realzar or- dinarios principios, y cuando mucho, todo es- fuerzo después es remiendo de antes, Un bizarro principio, á más de que pone en subido traste ei aplauso, empeña mucho el valor.
Es la sospecha en materia de reputación á los principios de. condición de precita, que si una vez entra nunca más sale del desprecio.
Amanezca un hcroe con esplendores del soi. Siempre ha de afectar grandes empresas, pero en los principios máximas. Ordinario asunto no puede conducir extravagante crédito, ni la em- presa pigmea puede acreditar de jayán.
Son fianzas de la opinión los aventajados principios, y los de un héroe han de asestar cien estadios más altos que los fines de un común.
46 EL HÉROE Aquel sol de capitanes y general de héroes, el conde heroico de Fuentes, nació al aplauso con rumbos de sol, que nace ya gigante de luci- miento.
Su primera empresa pudo ser Non plus ultra de un Marte; no hizo noviciado de fama, sino que el primer dia profesó inmortalidad.
Contra el parecer de lo¿ más cercó á Cam- bray, porque era extravagante en la compren- sión como en el valor. Fué antes conocido por héroe que por soldado.
Mucho es menester para desempeñarse de una grande expectación. Concibe altamente el que mira, porque le cuesta menos de imaginarlas hazañas que al que ejecuta de obrarlas.
Hazaña no esperada, pareció más que un pro- digio prevenido de la expectación.
Crece más en la primera aurora un cedro, que un hisopo en todo un lustro, porque robustas primicias amagan gigantez.
Grandes son las consecuencias de una máxi- ma en antecedente; declárase el valimiento de la fortuna, la grandeza del caudal, el aplauso uni- versal y la gracia común.
Pero no bastan alentados principios, si son desmayados los progresos. Comenzó Nerón con aplausos de fénix y acabó con desprecios de ba- silisco.
Desproporcionados extremos, si se juntan, de- claran monstruosidad.
GRACIÁN Fama dificultad arguye adelantar el crédito como el comenzarlo. Envejécese la fama y cadu- ca el aplauso, así como todo lo demás, porque leyes del tiempo no conocen excepción.
Al mayor lucimiento, que es el de! sol, acha- caron vejeces los filósofos y descaecimiento en el brillar.
Es, pues, treta, tanto de águila como de fénix, el renovar la grandeza, el remozar la fama y volver á renacer al aplauso.
Alterna el sol horizontes al resplandor; varía teatros al lucimiento para que, en el uno la pri- vación y en el otro la novedad, sustenten la ad- miración y el deseo.
Volvían los Césares de ilustrar el orbe al Oriente de su Roma y renacían cada vez á ser monarcas.
El rey de los metales, pasando de un mundo á otro, pasó de un extremo de desprecio á otro de estimación.
La nayor perfección pierde por cotidiana, y los hartazgos de ella enfadan la estimación, em- palagan el aprecio.
PRLVIOR XVII TODA PRENDA SIN AFECTACION Toda prenda, todo realce, toda afectación, ha de gastar en sí un héroe, pero afectar ninguna. Es la afectación el lastre de la grandeza.
48 EL HÉROE Consiste en una alabanza de sí muda, y el alabarse uno es el más cierto vituperarse.
La perfección ha de estar en si, la alabanza en los otros; y es merecido castigo que al que neciamente se acuerda de si, discretamente le pongan en el olvido los demás.
Es muy libre la estimación, no se sujeta á ar- tificio, mucho menos á violencia. Ríndese más presto á una elocuencia tácita de prendas, que á la desvanecida ostentación.
Impide poca estimación propia, mucho aplau- so ajeno.
Juzgan los entendidos toda afectada prenda, antes por violenta que por natural, antes por aparente que por verdadera, y así de gran baja en la estimación.
Todos son necios los Narcisos, pero los de ánimo con incurable necedad, porque está el achaque en el remedio» Pero bi el afectar prendas es necedad de á ocho, no le quedará grado al afectar imperfec- ciones.
Por huir la afectación dan otros en el centro de ella, pues afectan el i o afectar.
Afectó Tiberio el disimular, pero no supo di- simular. Consiste el mayor primor de un arte en desmentirlo, y el mayor artificio en encubrir- le con otro mayor.
Grande es dos veces el que abarca todas las perfecciones en sí, y niaj^una en su estimación.
BALTASAR GRAClÁff 49 Con un generoso descuido despierta la atención común; y siendo él ciego para sus prendas, hace Argos á ios demás.
Ésta, llámase milagro de destrezas, que si otras por extravagantes sendas guian á la gran- deza, ésta por opuesta conduce al trono de la fama, al dosel de la inmortalidad.
PRIMOR XVHI EMULACIÓN DE IDEAS Carecieron por la mayor parte los héroes, ya de hijos, ya de hijos héroes; pero no de imita- dores, que parece los expuso el cielo más para ejemplares del valor, que para propagadores de la naturaleza.
Son los varones eminentes textos animados de la reputación, de quienes debe el varón culto to- mar lecciones de grandeza, repitiendo sus he- chos y construyendo su hazañas.
Propóngase en cada predicamento los prime- ros, no tanto á la imitación cuanto á la emula- ción, no para seguirles, sí para adelantár- seles.
Fué Aquiles heroico desvelo de Alejandro, y durmiendo en su sepulcro, despertó en él la emulación de su fama. Abrió los ojos el alenta- do Macedón al llanto y al aprecio por igual, y 4 so EL HÉROE lloró, no á Aquiles sepultado, sino á sí mismo, no bien nacido á la fama.
Empeñó después Alejandro á César, y lo que fué Aquiles para Alejandro, fué Alejandro para César; picóle en lo vivo, en la generosidad del corazón, y adelantóse tanto, que puso la fama en controversia y la grandeza en parangón; pues si Alejandro hizo teatro augusto de sus proezas el Oriente, César el Occidente de las suyas.
Decía el magnánimo don Alonso de Aragón y Nápoles, que no asi el clarín solicita al genero- so caballo, como le inflamaba á él la trompa de la fama cesárea.
Y nótese cómo se van heredando estos héroes con la emulación la grandeza y con la grande- za la fama.
En todo empleo hay quien ocupa la primera clase, y la infama también. Son unos milagros de ia excelencia, son otros antípodas de mila- gros. Sepa el discreto graduarlos, y para esto tenga bien repasada la categoría de los héroes, el catálogo de la fama.
Hizo el sílabo de los jubilados Plutarco en sus paralelas, de los modernos Paulo jovio en sus elogios.
Deséase aún una crisis integérrima, pero <qué ingenio la presumirá? Fácil es señalarles lugar en tiempo, pero difícil en aprecio.
Pudiera ser idea universal si no pasara á mi- lagro, dejando ociosa toda imitación, ocupando BALTASAR GRACIAN 51 toda admiración. El monarca de los héroes, pri- mera maravilla de las animadas del orbe y el cuarto de los Filipos de España, que al sol de Austria se le debía la cuarta esfera.
Sea espejo universal quien representa todas las maximidades, no digo ya grandezas.
Llámese el émulo común de todos los héroes quien es centro de todas sus proezas y equivó- quese el aplauso en blasones con eminente plu- ralidad. El afortunado por su felicidad; el animo- so por su valor; el discreto por su ingenio; el catolicismo por su recelo; el despejado por su airosidad, y el universal por todo.
PRIMOR XIX PRIMOR XIX Aunque seguro el héroe del ostracismo de Atenas, peligra en el criticismo de España.
Extravagante aquél le desterrará luego, y pu- diera á los distritos de la fama^ á los confines de la inmortalidad.
Paradojo éste, le condena á que peca en no pecar. Es primor critico deslizar venialmente en la prudencia y en el valor, para entretener la envidia, para cebar la malevolencia- Juzgan éstos por imposible el salvarlas, aun- que sea un gigante de esplendor, porque son tan 52 EL HÉROli arpias que cuando no hallan presa vil suelen atreverse á lo mejor.
Hay intenciones con metafisica ponzoña que saben sutilmente transformar las prendas, ma- lear las perfecciones y dar siniestra interpreta- ción al más justificado empeño.
Sea, pues, treta política permitirse algún ve- nial desliz que roa la envidia y distraiga el vene- no de la emulación.
Y pase por triaca política, por contraveneno de prudencia, pues naciendo de un achaque tie- ne por efecto la salud. Rescate el corazón expo- niéndose á la murmuración, atrayendo á sí el veneno.
A más de que una travesura de la naturaleza suele ser perfección de toda una hermosura. Un lunar tal vez da campo á los realces de la be- lleza.
Hay defectos sin defecto. Afectó algunos Alci- biades en el valor, Ovidio en el ingenio, llamán- dolos las fuentes de salud.
Ocioso me parece el primor, y más melindre de confiado que cultura de discreto.
cQuién es el sol sin eclipses, el diamante sin raza, la reina de lo florido sin espinas?
No es menester arte donde basta la naturale- za. Sobra la afectación donde basta el descuido.
BALTASAR GRACIAN 53 PRIMOR ÜLTIMO Y CORONA VAYA LA MEJOR JOYA DE^ LA CORONA Y FENIX DE LAS PRENDAS DE UN HEROE Todo lucimiento desciende del padre de ellos y si de padre á hijos. Es la virtud hija de la luz auxiliante, y así con herencia de esplendor. Es la culpa un monstruo que abortó á la ceguera y asi heredada en obscuridad.
Todo héroe participó tanto de felicidad y de grandeza, cuanto de virtud, porque corren para- lelas desde el nacer al morir.
Eclipsóse en Saúl la una con la otra y amane- cieron en David á la par.
Fué Constantino entre los Césares el primero que se llamó Magno, y fué juntamente el primer emperador cristiano, superior oráculo de que con la cristiandad nació hermanada la grandeza.
Carlos, primer emperador de Francia, alcanzó el mismo renombre y aspiró al de santo.
Luis, gloriosísimo rey, fué flor de santos y de reyes.
En España Fernando, llamado comúnmente el Santo en Castilla, fué el Magno del orbe.
El conquistador de Aragón consagró tantos templos á la emperatriz del empíreo como con- quistó almenas.
54 ¡LL HÉROE Los dos Reyes Católicos, Fernando é Isabel, fueron el iio7i plus ultra, digo columnas de la fe.
El bueno, el casto, el pío, el celoso de los Fi- lipos españoles, no perdiendo un palmo de tierra ganó á varas el cielo, y de verdad que venció más monstruos con su virtud que Alcides con su clava.
Entre capitanes, Godofre de Bullón, Jorge Castrioto, Rodrigo Díaz de Vivar, el gran Gon- zalo Fernández, el primero de Santa Cruz y el pasmo de los turcos, el serenísimo señor don Juan de Austria, fueron espejos de virtud y tem- plos de la piedad cristiana.
Entre los héroes sacrosantos, los dos prime- ros á quienes dió renombre la grandeza, Grego- rio y León, les dió esplendor la santidad.
Aun en los gentiles é infieles reduce el sol de los ingenios, Augustino, toda la grandeza al fundamento de algunas virtudes morales.
Creció Alejandro hasta que menguaron sus costumbres. Venció Alcides monstruos de for- taleza hasta que se rindió á la misma flaqueza.
Fué tan cruel la fortuna, digo, justiciera, con ambos Nerones, cuanto lo fueron ellos con sus vasallos.
Monstruos fueron de la lascivia y flojedad Sardanápalo, Calígula y Rodrigo, y portentos del castigo.
En las monarquías pretende evidencia este primor. Floreció el que es flor de los reinos, BALTASAR GRACIAN 55 mientras que floreció la piedad y religión, y marchitóse con la herejía su belleza.
Pereció el fénix de las provincias en el fuego de Rodrigo, y renació en la piedad de Pelayo ó en el celo de Fernando.
Salió á ser maravilla de prosapias la augustí- sima casa de Austria, fundando su grandeza en la que es cifra de las maravillas de Dios. Y ru- bricó su imperial sangre con la de Cristo, Señor nuestro sacramentado.
;0h, pues, varón culto, pretendiente de la he- roicidad! Nota el más importante primor, repara en la más constante destreza.
No puede la grandeza fundarse en el pecado, que es nada, sino en Dios, que lo es todo.
Si la excelencia mortal es de codicia, la eter- na sea de ambición.
Ser héroe del mundo, poco ó nada es; serlo del cielo es mucho, á cuyo gran Monarca sea la alabanza, sea la honra, sea la gloria.
FIN DE EL HEROE BXi DISCRETO • KI^ DISCHKTO GENIO É INGENIO ELOGIO Pastos dos son los dos ejes del lucimiento dis- creto; la naturaleza los alterna y el arte los real- za. Es el hombre aquel célebre microcosmos, y el alma, su firmamento. Hermanados el genio y el ingenio, en verificación de Atlante y de Alci- des, aseguran el brillar, por lo dichoso y lo luci- do, á todo el resto de prendas.
El uno sin el otro íué en muchos felicidad á medias, acusando la envidia ó el descuido de la suerte.
Plausible fué siempre lo entendido, pero infe- liz sin el realce de una agradable genial inclina- ción; y al contrario, la misma especiosidad del genio hace más censurable la falta del ingenio.
Juiciosamente algunos, y no de vulgar voto, negaron poderse hallar la genial felicidad sin la valentía del entender; y lo confirman con la mis- ma denominación de genio, que está indicando originarse del ingenio; pero la experiencia nos desengaña fiel, y nos avisa sabia, con repetidos 6o EL DISCRETO monstruos, en quienes se censuran barajados totalmente.
Son culto ornato del alma, realces cultos; mas lo entendido, entre todos corona la perfección. Lo que es el sol en él mayor, es en el mundo menor el ingenio. Y aun por eso fingieron á Apolo dios de la discreción. Toda ventaja en el entender lo es en el ser; y en cualquiea exceso de discurso no va menos que el ser más ó menos persona.
Por lo capaz se adelantó el hombre á los bru- tos, y los ángeles al hombre, y aun presume constituir en su, primera formalísima infinidad á la misma divina esencia. Tanta es la eminente superioridad de lo entendido.
Un sentido que nos falte, nos priva de una gran porción de vida y deja como manco el áni- mo. iQu6 será faltar en muchos un grado en el concebir y una ventaja en el discutir, que son diferentes eminencias?
Hay á veces entre un hombre y otro casi otra tanta distancia como entre el hombre y la bestia, si no en la substancia, en la circunstancia; si no en la vitalidad, en el ejercicio de ella.
Bien pudiera de muchos exclamar critica la vulpeja: ¡Oh, testa hermosa, mas no tiene inte- rior! En ti hallo el vacuo que tantos sabios juz- garon imposible. Sagaz anatomía mirar las co- sas por dentro; engaña de ordinario la aparente hermosura, dorando la fea necedad; y si callare, BALTASAR GR AGIAN 6i 'podrá desmentir el más simple de los brutos á la más astuta de ellos, conservando la piel de su apariencia. Que siempre curaron de necios los callados, ni se contenta el silencio con desmen- tir lo falto, sino que lo equivoca en misterioso.
Pero el galante genio se vió sublimado á dei- dad en aquel, no solamente cojo, sino ciego tiempo, para exageración de su importancia á precio de su eminencia; los que más moderada- mente erraron, lo llamaron inteligencia asisten- te al menor de los universos. Cristiano ya el filo- sofar, no le distingue de una tan feliz cuanto su- perior inclinación.
Sea, pues, el genio singular, pero no anómalo; sazonado, no paradoxo; en pocos se admira como se desea, pues ni aun el heroico se halla en todos los principes, ni el culto en todos los discretos.
Nace de una sublime naturaleza, favorecida en todo de sus causas; supone la sazón del tempe- ramento para la mayor alteza de ánimo, débe- sele la propensión á los bizarros asuntos, la elección de los gloriosos empleos, ni se puede exagerar su buen delecto.
No es un genio para todos los empleos, ni todos los puestos para cualquier ingenio, ya por superior, ya por vulgar. Tal vez se ajustará aquél y repugnará éste, y tal vez se unirán en- trambos, ó en la conformidad ó en la desconve- niencia.