Varones hay eminentes en esta galante facul- tad; pero tan raros son como selectos tesoros de la curiosidad, emporios de la erudición cortesa- na, que si no hubiera habido quien observara primero y conservara después los heroicos di- chos del Macedón y su padre los Césares roma- nos y Alfonsos aragoneses, los sentenciosos de los siete de la fama, hubiéramos carecido del mayor tesoro del entendimiento, verdadera ri- queza de la vida superior.
Cuando encontrares con algún valiente genio de éstos, que entre millares será alguno, aun- que lo busques con la antorcha del mediodía, 34 EL DISCRETO logra la ocasión, disfruta las sazonadas delicias de la erudición; que si con hambre solicitarnos los libros ingeniosos y discretos, con fruición se han de lograr ios mismos oráculos de lo dis- creto, de lo juicioso, sazonado y entendido.
Siempre nos lleva á buscar á otro la concupis- cencia propia, ya interesal, ya desvanecida; mas aquí gustosa por lo agradable del saber, por lo apetitoso del notar. No seas tú de aquellos que bárbaramente se envidian á si mismos el gusto del saber, por deslucirle al otro. el. aplauso del Vuelven algunos de los emporij^'Bel. mundo, tan á lo bárbaro como se fueron: que quien no llevó la capacidad no la puede traer llena de no- ticias; llevaron poco caudal, y asi hicieron corto empleo de observaciones; mas el discreto, como la gustosa abeja, viene libando el noticioso néc- tar que entresacó de más florido, que es lo más grabado. No es la ambrosia para el gusto del necio, ni^se hallan estas estimables noticias en gente vulgar; que en éstos nunca salen de su rincón ni el gusto ni el conocimiento; no dan ni un paso más adelante de lo que tienen presente.
Ponen otros su felicidad en su vientre, sólo to- man de la vida el comer, que^s lo más vil; de las potencias superiores no se valen ni las emplean; ocioso vive el discurso, desaprovechado muere el entendimiento. De aqui es que muchos de los seiiores no llevan ventaja á los demás, sino en BALTASAR GRACIÁN «5 ios objetos de los sentidos, que es lo ínfimo del vivir, quedando tan pobres de entendimiento, como ricos de pobres bienes. No vive vida de hombre sino el que sabe. La mitad de la vida se pasa conversando. La noiiciosa erudición es un delicioso banquete de los entendimientos, y destinase este realce de la mayor discreción al mejor gusto del excelentísimo marqués de Colares, don Jerónimo de Ataide, pues se ideó de su noticiosa erudición. Será algún día des- empeño de mi veneración el docto lucimiento de su asunto, la inmortalidad de sus obras.
NO SEA DESIGUAL CRISIS No se acreditan los vicios por hallarse en grandes sujetos, antes bien ofende más la man- cha en el brocado que en sayal. Es la desiguaf achaque de grandes y aun de príncipes, en algu- nos por naturaleza, en los más por afectación.
Es de mar su condición y aun para marear, que hoy lisonjea lo que mañana abomina, y en dos inmediatos instantes no levanta en el uno hasta las estrellas, sino para abatir en el otro hasta los abismos.
En tan anómalo proceder suelen perderse los bisoños, cuando ganarse los expertos; que hay 86 EL DISCRETO grandes maestros deí arte de marear ea palacio; á éstos les e8 materia de risa, como á escarmen- tados, lo que á aquéllos de confusión; animanse unos con lo mismo que otros desmayan, porque saben que la misma mudanza que hoy atormen- ta con el desvio, mañana rogará con el favor. Está el remedio en el mismo origen del mal, que es la ordinaria desigualdad.
¡Oh, el prudente! ¡Qu6 tranquilo costea las puntas y los esteros! iQu6 señor mide los gol- fos! Ni se paga de sus finezas, ni se rinde á sus sequedades; porque no se le hace nueva cual- quiera mudanza en sus extremos.
Ni se funda tan monstruosa desigualdad en la razón, que toda es acasos y los menas acorda- dos. No depende de causas ni de méritos, que el mudarse con las cosas aún sería excusable, y tal vez cordura. Lo que hoy es el blanco de su sí mañana es el negro de su no, y ahora gusto lo que después desabrimiento, uno y otro sin por qué, para proseguir ó perseguir de balde.
Es trivial achaque de soberanos lo antojadizo que como tienen tan exento el gusto, da en va- guear. En los mayores suele niñear más, y le parece que es ejercitar el señorío en ya querer, ya no querer.
El varón cuerdo siempre es igual, que es cré- dito de entendido, ya que no en el poder en el querer, de suerte que la necesidad violente las fuerzas, pero no los afectos, y aun entoaces pre- BALTASAR GRACIÁN 87 ceden á su mudanza en todas las circunstancias en su abono, atestiguando que no es variedad, sino urgencia.
No sólo son éstos altibajos con las personas, pero con las virtudes, para llevarlo todo parejo. Notable desigualdad la de Demetrio, bien cen- surada de muchos. Era cada día otro de sí mis- mo, y en la guerra muy diferente que en la paz, porque en aquélla era centro de todas las virtu- des y en ésta de todos los vicios; de suerte, que en la guerra hacía paces con las virtudes y vol- vía á hacerles guerra en la paz; tanto pueden mudar á un hombre el ocio ó el trabajo.
Pero, iqué desigualdad más monstruosa que la de Nerón? No se venció á si mismo, sino que se rindió; algunos asimismo buenos, se com- piten mejores, que es gran victoria de la perfec- ción; pero otros no son vencedores de sí, sino vencidos, rindiéndose á la deterioridad.
Si la desigualdad fuera de lo malo á lo bueno, fuera buena, y si de lo bueno á lo mejor, mejor; pero comúnmente consiste en deteriorarse, que el mal siempre lo vemos de rostro y el bien de espaldas. Los males vienen y los bienes van.
Diránme que todo es desigualdades este mun- do y que sigue á lo natural lo moral. La misma tierra que se empina en los montes se humilla después en los valles, solicitando su mayor her- mosura en su mayor variedad. iQu6 cosa más desigual que el mismo tiempo, ya coronándose 88 EL DISCRETO de flore?, ya de escarchas? Y todo el universo es una universal variedad, que al cabo viene á ser armonía. Pues si el hombre es un otro munda abreviado, iqut mucho que cifre en si la varie- dad? No será fealdad, sino una perfecta propor- ción compuesta á desigualdades.
Pero no hay perfección en variedades del alma que no dicen con el cielo. De la luna arri- ba no hay mudanzas. En materia de cordura todo altibajo es fealdad. Crecer en lo bueno es lucimiento; pero crecer y descrecer es sutileza y toda vulgaridad desio^ualdad.
Hay hombres tan desiguales en las materias, tan diferentes de si mismos en las ocasiones^ que desmienten su propio crédito y deslumbran nuestro concepto; en unos puntos discurren que vuelan, en otros, ni pcrc ben ni se mueven. Hoy todo les sale bien, mañana todo mal, que aun el entendimiento y la ventura tienen desiguales. Donde no hay disculpa es en la voluntad, que es crimen del albedrío, y su variar no está lejos del desvariar. Lo que hoy ponen sobre su cabe- za, mañana lo llevan entre pies, por no tener pies ni cabeza. Hacen con esto tan enfadosa su familiaridad, que huyen todos de ellos, remitién- dolos al vulgar averiguador que los entienda. Sóbrale al mar de amaígura lo que le falta de firmeza, pareciéndolos que se le fian sin estrella.
Mudó sin duda la fama á Gandía su non plus ultra de toda heroicidad, de toda cristiandad, BALTASAR GRACIÁN 89 discreción, cultura, agrado, plausibilidad y gran- deza en aquellos dos héroes consortes, el exce- lentísimo señor duque don Francisco de Borja y la excelentísima duquesa doria Artemisa de Oria y Colona, gran señora mia. Participando íncli- tamente entrambos de sus esclarecidos timbres el eterno blasón de su firmeza, en todo lo exce- lente, en todo lo lucido, en todo lo realzado, en todo lo plausible, en todo lo dichoso y en todo lo perfecto; siempre Ior mismos y siempre he- roicos.
EL HOMBRE DE TODAS HORAS CARTA Á DON VINCENCIO JUAN DE LASTANOSA No siempre se ha de reir con Demócrito. ni siempre se ha de llorar con Heráclito (discretísi- mo Vincencio); dividiendo los tiempos el divino sabio, repartió los empleos. Haya vez para lo serio y también para lo humano, hora propia y hora ajena. Toda acción pide su sazón; ni se han de barajar, ni se han de singularizar; débese el tiempo á todas las tareas, que tal vez se logra y tal vez se pasa.
El varón de todos ratos es señor de todos los gustos y es buscado de todos los discretos. Hizo la naturaleza al hombre un compendio de todo lo natural; haga lo mismo el arte de todo lo mo- 90 EJL í>».sck.b:to ral. Infeliz genio el que se declara por de una sola materia, aunque sea única, aun la más su- blime; cpues qué si fuera vulgar, vicio común de los empleos? No sabe platicar el soldado sino de sus campañas, y el mercader de sus logros; hurtándole todos el oído al unisono, la atención al impertinente; y si tal vez se vencen, es en conjuración de fisga.
Siempre fué hermosamente agradable la va- riedad, y aquí lisonjera. Hay algunos, y los más, que para una cosa sola los habéis de buscar, porque no valen para dos; hay otros que siem- pre se les ha de tocar un punto y hablar de una materia, no saben salir de allí; hombres de un verbo, Sisifos de la conversación, que apedrean con un tema; tiembla de ellos con razón todo discreto, que si se echa un necio de éstos sobre su paciencia, llegará á verter el juicio por los poros; y por temor de contingencia tan penosa, codicia antes la estéril soledad y vive al siglo de oro interiormente.
Aborrecible item el de algunos, enfadoso ma- cear, que todo buen gusto lo execra, deprecando, que Dios nos libre de hombre de un negocio en el hablarlo y en el solicitarlo, desquitándonos de ellos unos amigos universales, de genio y de ingenio, hombre para todas horas, siempre de sazón y de ocasión. Vale uno por muchos, que de ios otros, mil no valen por uno; y es menes- ter multiplicarlos, hora por amigo, con enfadosa BALTASAR GRACIAN dependencia. Nace esta universalidad de volun.- lad y de entendimiento, de un espíritu capaz, con ambiciones de infinito; un gran gusto para todo, que no es vulgar arte saber gozar de ias cosas y un buen lograr todo lo bueno; práctico gustar es el de jardines, mejor el de edificios, calificando el de pinturas, singular el de piedras preciosas; la observación de la antigüedad, la erudición y la plausible historia, mayor que toda la filosofía de los cuerdos; pero todas ellas son eminencias parciales, que una perfecta universa- lidad ha de adecuarlas todas No se ha de atar el discreto á un empleo solo, ni determinar el gusto á un objeto, que limitar- lo con infelicidad; hizolo el cielo indefinito, crió- lo sin términos; no se reduzca él ni se limite.
Grandes hombres los indefinibles, por su grande pluralidad de perfecciones, que repite á infinidad. Otros hay tan limitados, que luego se les sabe el gusto, ó para prevenirlo ó para lison- jearlo, que ni se extiende ni se difunde.
Una vez que quiso el cielo dar un plato sa- zonó el maná, cifra de todos los sabores, bocado para todos paladares, en cuya universalidad pro- porcionó la del buen gusto.
Siempre hablar atento causa enfado; siempre chancear desprecio, siempre filosofar entristece y siempre satirizar desazona.
Fué el Gran Capitán idea grande de discretos; portábase en el palacio como si nunca hubiera 92 EL DISCRETO cursado las campañas y en campaña como si nunca hubiera cortejado.
No asi aquel otro, no gran soldado, sino gran necio que, convidándole una gentil dama á dan- zar en su ocasión, digo en la de un sarao, excu- só su ignorancia y descubrió su tontería, dicien- do: ((Que él no se entendía de mover los pies en el palacio, sino de menear las manos en la cam- paña.» Acudió ella, que lo era: «Pues señor, pa- réceme que seria bueno en tiempo de paz, meti- do en una funda, colgaros como arnés para su tiempo»; y aun le hizo cortesía de otro más vil y más merecido. puesto.
No se estorban unas á otras las noticias ni se contradicen los gustos; todas caben en un cen- tro y para todo hay sazón. Algunos no tienen otra hora que la suya y siempre apuntan á su conveniencia. El cuerdo ha de tener hora para sí y muchas para los selectos amigos.
Para todo ha de haber tiempo, sino para lo indecente, ni será bastante excusa la que dió uno en una a:ción muy liviana, que el que era tenido por cuerdo de día no sería tenido por necio de noche.
De suerte (mi cultísimo Vincencio) que la vida de cada uno no es otra que una representación trágica y cómica, que si comienza el año por el Aries también acaba en el Piscis, viniéndose á igualar las dichas con las desdichas, lo cómico con lo trágico: ha de hacer uno solo todos los BALTASAR GRACÍAN 93 personajes á sus tiempos y ocasiones, ya el de risa, ya el de llanto, ya el del cuerdo y tal vez el del necio,, con que se viene á acabar con alivio y con aplauso la apariencia.
iOh, discretísimo Proteo! Aquel nuestro gran apasionado, el excelentísimo deLemos, en cuyo bien repartido gusto tienen vez todos los libera- les empleos y en cuya heroica universalidad lo- gran ocasióÉ todos los eruditos, cultos y dis- cretos; el docto y el galante, el religioso y el ca- ballero, el humanista, el historiador, el filósofo, hasta el sutilísimo teólogo, héroe verdadera- mente universal para todo tiempo, para todo gusto y para todo empleo.
EL BUEN ENTENDEDOR Diálogo entre el Doctor Juan Francisco Andrés Y el autor DOCTOR Dicen que el buen entendedor, pocas palabras.
AUTOR Yo diría que á pocas palabras buen entende- dor, y no sólo á palabras^ al semblante, que es la puerta del alma, sobrescrito del corazón; aún le ve apuntar al mismo callar que tal vez 94 EL DISCRETO exprime más para un entendido, que una proli- jidad para un necio.
DOCTOR Las verdades que más nos importan, vienen siempre á medio decir.
AUTOR Así es; pero recíbanse del adv¿^tido á todo entender.
DOCTOR Eso le valió á aquelUuestro Anfión aragonés, cuando perseguido de los propios, halló amparo y aun aplauso en los coronados Delfines ex- traños.
AUTOR Tan poderosa es una armonía, y más de lan suaves consonancias, como fueron las de aquel prodigioso ingenio.
DOCTOR Calificase ya el decir verdades con nombre de necedades.
AUTOR Y aun por no parecer ó niño ó necio, ninguna ja quiere decir, con que no se usa; solas quedan en el mundo algunas reliquias de ellas, y aun BALTASA» GRACIÁN 95 esas se descubren como misterio, con ceremonia y recato.
DOCTOR Con los principes siempre se Ies brujulea.
AUTOR Pero discurran ellos, que va en ello el perder* se ó el ganarse.
DOCTOR Es la verdad una doncella tan vergonzosa cuanto hermosa, y por esto anda siempre tapada.
AUTOR Descúbranla los principes con galantería, que han de tener mucho de adivinos de verda- des y de zahoríes de desengaños. Cuanto más entredientes se les dicen, es dárselas mascadas, para que mejor se digieran y entren en provecho. Es ya político el desengaño, anda de ordinario entre dos luces, ó para retirarse á las tinieblas de la lisonja, si topa con la necedad, ó salir á la luz de la verdad, si topa con la cordura.
DOCTOR iQué es de ver en una encendida competencia la detención de un recatado y la atención de un advertido! Aquél apunta, éste discurre, y más en desengaños.
96 EL DISCRETO AUTOR Si, que se ha de ajustar la inteligencia á las materias; en las favorables, tirante siempre la credulidad; en las odiosas, dar la rienda y aun picarla. Lo que la lisonja se adelanta en el que dice, la sagacidad lo desande en el que oye; que siempre fué la mitad menos lo real de lo imaginado.
DOCTOR DOCTOR En materias odiosas, yo discurría al contrario, pues en un ligero amago, en un levísimo ceño, se le descubre al entendido mucho campo que correr, AUTOR Y que correrse tal vez; y entienda, que es mu- cho más lo que se le calla. En lo poco que se le dice, va el cuerdo en los puntos vidriosos con gran tiempo, y cuanto la materia es más livia- na, da pasos de plomo en el apuntar, con len- gua, de plomo en el pasar.
DOCTOR Muy dificultoso es darse uno por entendido en puntos de censura y de desengaño, porque se cree mal aquello que no se desea. No es me- nester mucha elocuencia para persuadirnos lo BALTASAR GRACIAN 97 que nos está bien, y toda la de Demóstenes no basta para lo que nos está mal.
AUTOR Poco es ya el entender, menester es á veces adivinar; que hay hombres que sellan el corazón y se les podrecen las cosas en el pecho.
DOCTOR Hacer entonces lo que el diestro físico, que toma el pulso en el mismo aliento; asi el atento metafísico, en el aire de la boca ha de penetrar el interior.
AUTOP El saber nunca daña.
DOCrroR Pero tal vez da pena, y así como previene la cordura el qué dirán, la sagacidad ha de obser- var el qué dijeron. Saltea insidiosa esfinge el camino de la vida, y el que no es entendido, es perdido. Enigma es, y dificultoso, esto del co- nocerse un hombre; sólo un Edipo discurre, y aun ese con soplos auxiliares.
AUTOR No hay cosa más fácil que el conocimiento ajeno.
7 98 EL DISCRETO DOCTOR Ni más dificultoso que el propio.
AUTOR No hay simple que no sea malicioso.
DOCTOR Y que siendo sencillo para sus faltas, no sea doblado para las ajenas.
AUTOR Las motas percibe en los ojos del vecino.
DOCTOR Y las vigas no divisa tn los propios.
AUTOR El primer paso del saber, es saberse.
DOCTOR Ni puede ser entendido el que no es entende- dor. Pero ese aforismo de conocerse á sí mismo, presto es dicho y tarde hecho.
AUTOR ' Por encargarlo fué uno contado entre los sie- te sabios.
DOCTOR Por cumplirlo ninguno hasta hoy. Cuanto más saben algunos de los otros, de sí saben BALTASAR GRACIAN 99 menos; y el necio más sabe de la casa ajena que de la suya, que ya hasta los refranes andan al revés. Discurren mucho algunos 6n lo que nada les importa, y nada en lo que mucho les con- vendría.
AUTOR ¡Qué! chay ocupación peor aún que el ocio?
DOCTOR Sí, la inútil curiosidad.
AUTOR ¡Oh, cuidados de los hombres! y ¡cuánto hay en las cosas sin substancia!
DOCTOR Mase de distinguir también; entre lo detenido de un recado y lo desatentado de un fácil, exa- geran unos, disminuyen otros: discierna, pues, el atento entendedor, que á tantos han condena- do las credulidades como las incredulidades.
AUTOR Por eso dijeron sabiamente los bárbaros citas al joven Peleo, que son los hombres ríos; lo que aquéllos corren se van deteniendo éstos, y co- múnmente tienen más de fondo los que mayor sosiego, y llevan más agua los que menos ruido.
lOO EL DISCRETO DOCTOR Materias hay también en que la sospecha tie- ne fuerza de prueba: que la mujer de César (di- jo él mismo) ni aun la fama, y cuando en el inte- resado llega á ser duda, en los demás ya pasa y aun corre por evidencia.
AUTOR Tienen más ó menos fondo las palabras, se- gún las materias.
DOCTOR Por no calarlas se ahogaron muchos, son de las del entendido entendedor, y advierta que la gala del nadar es saber guardar la ropa.
AUTOR Y más si es púrpura; y con esto vamos uno á su historia, digo, á la 7uaragoza antigua^ tan de- seada de la curiosidad cuanto ilustrada de la erudición, y yo á mi filosofía del Varón atento.
BALTASAR GRACIAN ICl NO ESTAR SIEMPRE DE BURLAS SÁTIRA Es muy seria la prudencia, y la gravedad concilia veneración de dos extremos; más segu- ro es el genio majestuoso. El que siempre está de burlas, nunca es hombre de veras, y hay al- gunos que siempre lo están, tiénenlo por venta- ja de discreción y le afectan; que no hay mons- truosidad sin padrino; pero no hay mayor des- aire que el continuo donaire. Su rato han de te- ner las burlas; todos los demás las veras. El mismo nombre de sales está avisando cómo se han de usar. Hase de hacer distinción de tiem- pos, y mucho más de personas. El burlarse con otro es tratarle de inferior, y á lo más de igual, pues se le aja el decoro y se le niega la venera- ción.
Estos tales nunca se sabe cuándo hablan de veras, y asi los igualamos con los mentirosos, no dándoles crédito á los unos por recelo de mentira, y á los otros de burla. Nunca hablan en juicio, que es tanto como no tenerle, y más culpable, porque no usar de él por no querer más, es que por no poder; y asi no se diferencia de los faltos sino en ser voluntarios, que es do- blada monstruosidad. Obra en ellos la liviandad lo que en los otros el defecto; un mismo ejerci- cio tienen, que es entretener y hacer reír, unos de propósito, otros sin él.
Otro género hay aún más enfadoso por lo que tiene de perjudicial, y es de aquellos que en to- do tiempo y con todos están de fisga. Aborreci- bles monstruos, de quienes huyen todos más que del bruto de Esopo, que cortejaba á coces y lisonjeaba á bocados. Entre fisga y gracia van glosando la conversación, y lo que ellos tienen por punto de galantería es un verdadero despre- cio de lo que los otros dicen; y no sólo no es graciosidad, sino una aborrecible frialdad. Lo que ellos presumen de gracia es un prodigioso enfado de los que tercian. Poco á poco se van empeñando h ista ser murmuradores cara á cara. Por decir una gracia os dirán un convicio, y éstos son de quien Cicerón abominaba, que por decir un dicho pierden un amigo ó lo entibian; ganan fama de decidores y pierden el crédito de prudentes. Pásase el gusto del chiste, y queda la pena del arrepentimiento: lloran por lo que hicieron reir. Estos no se ahorran, ni con el más amigo ni con el más compuesto; y es nota- ble que jamás se les ofrece la prontitud en favor, sino en sátira; tienen siniestro el ingenio.
Este, con otros defectos infelices, nace de poca substancia y acompaña la liviandad. En hom- bres de gran puesto se censuran más y aunque los hace en algún modo gratos al vulgo por la BALTASAR GR AGIAN llaneza, pone á peligro el decoro de la felici- dad; que como ellos no la guardan á los otros^ ocasionan el reciproco atrevimiento.
Es connatural en algunos el donoso genio. Dotóles de esta gracia la naturaleza; y si con la cordura se templase, seria prenda y no defecto. Un grano de donosidad es plausible realce en el más autorizado; pero dejarse vencer de la incli- nación en todo tiempo es venir á p^.rar en hom- bre de dar gusto por oficio, sazonador de dichos y aparejador de la risa: si en una cómica novela se condena por impropiedad el introducirse siem- pre chanceando á Davo, y que entre lo grave de la enseñanza ó lo serio de la reprensión del pa- dre al hijo mezcle él su gracejo, {qué será, sin ser Davo, en una grave conversación estar chan- ceando) Será hacer farsa con risa de sí mismo.
Hay algunos que, aunque le pese á Minerva, afectan la graciosidad, y como en ellos es posti- za, ocasiona antes enfado que gusto; y si con- siguen el hacer reir, más es fisga de su frialdad que agrado de su donaire. Siempre la afectación fué enfadosa, pero en el gracejo, intolerable, porque sumamente enfada, y queriendo hacer reir, queda ella por ridicula; y si comúnmente viven desacreditados los graciosos, ^cuánto más los afectados, pues con su frialdad doblan el precio?
Hay donosos y hay burlescos, que es mucha la diferencia. El varón discreto juega también EL DISCRETO en esta pieza del donaire, no la afecta, y esto en su sazón; déjase caer como al descuido un grano de esta sal, que se estimó más que una perla, raras veces, haciéndole salva á la cordura y pi- diéndole al decoro la venia. Mucho vale una gracia en su ocasión. Suele ser el atajo dei desempeño. Sazonó esta sal muchos desaires. Cosas hay que se han de tomar de burlas, y tal vez las que el otro más de veras. Unico arbitrio de cordura, hacen juego del más encendido fuegio.
Pesado es el extremo de los muy serios, y poco plausible Catón con su bando, pero vene- rado; rígida será la de los compuestos y cuerdos; pocos la siguen, muchos la reverencian, y aun- que causa la gravedad pesadumbre, pero no des- precio.
Que es de ver uno de estos destemplados de agudeza, siniestros de ingenio, chancear aun en la misma muerte; que si los sabios mueren como cisnes, éstos como grajos, gracejando mal y por- fiando. De esta suene un Carvajal mostró cuán rematada había sido su vida.
Los hombres cuerdos y prudentes siempre hicieron muy poca merced á las gracias, y una sola bastaba para perder la real del Católico pru- dente. Súfrense mejor unos á otros los necios, ó porque no advierten ó porque se semejan. Mas el varón prudente no puede violentarse, si no es que tercie la dependencia.
BALTASAR GRACIAN HOMBRE DE BUENA ELECCIÓN ENCOMIO Todo el saber humano {si en opinión de Só- crates hay quien sepa), se reduce hoy al acierto de una sabia elección. Poco ó nada se inventa, y en lo que más importa se ha de tener por sospe- chosa cualquiera novedad.
Estamos ya á los fines de los siglos. Allá en la edad de oro se inventaba: añadióse después, ya todo es repetir. Vense adelantadas todas las cosas, de modo que ya no queda que hacer, sino elegir. Vivese de elección, uno de los más im- portantes favores de la naturaleza, comunicado 'á pocos, porque la singularidad y la excelencia doblen el aprecio.
De aquí es que vemos cada día hombres de ingenio sutil, de juicio acre, es^Jdiosos y noti- ciosos también, que en llegando á ¡a elección se pierden. Escogen siempre lo peor, páganse de lo menos acertado; gustan de lo menos plausible, con nota de los juiciosos y desprecio de los de- más. Todo les sale infelizmente, y no sólo no consiguen aplauso, pero ni aun agrado. Jamás hicieron cosa insigne, y todo ello por faltarles el grande don del saber elegir; de suerte que no bastan ni el estudio ni el ingenio, donde falta la elección.
io6 EL DISCRETO io6 EL DISCRETO Es transcendental su importancia, porque no sea menos su extensión que.^u intención. Solici- tan su voto todos los empleos, y los mayores con afectación; porque ella es el complemento de la perfección, origen del acierto, sello de la felicidad, y donde ella falta, aunque sobren el artificio, el trabajo y las cosas todas se deslucen y todas se malogran.
Ninguno conseguirla jamás el crédito de con- sumado en cualquier empleo, sin el realce de un plausible gusto. Sólo el realce en elegir pudo hacer célebres á muchos reyes eminentes en sus elecciones, así de empresas como de ministros; que un yerro en las llaves de la razón de estado basta á perderlo todo con descrédito, y un acier- to, á ganarlo todo con inmortal reputación. Erraron unos en el delecto de los asuntos, y otros en el de los instrumentos, destruyendo todos con tan fatales yerros el preciosísimo oro de sus coronas.
Hay algunos empleos, que su principal ejerci- cio consiste en elegir; y en éstos es mayor la de- pendencia de su dirección. Como son todos aque- llos que tienen por asunto el enseñar agradando. Prefiera, pues, el orador los argumentos más plausibles y más graves. Atienda el historiador á la dulzura y al provecho. Case el filósofo lo especioso con lo sentencioso, y atiendan todos al gusto ajeno universal, que es la norma del elegir, y tal vez se ha de preferir al crítico y sin- BALTASAR GRACIAN guiar, Ó propio ó extraño; porque en un convite más querría dar gusto á los convidados que á los sazonadores, dijo el más sabroso de nuestra patria y de elección. cQué importa que sean muy al gusto del orador las cosas, si no lo son al del auditorio, para quien se sazonan? Preferirá aquél una sutileza, y aplaudirá éste á una semejanza, ó al contrario.
En las vulgares artes tiene también lugar; á proporción vimos ya dos eminentes artífices, que se compitieron la fama; el uno por lo delicado y primoroso, tanto, que parecía cada una de sus obras de por sí el último esfuerzo del artificio, y todas juntas no satisfacían. Al contrario, el otro jamás pudo acabar cosa con última delicadeza, ni llevarla á la total perfección; con todo eso tuvo este realce de la elección tan en su punto, que se alzó con el aplauso universal.
Nace, en primer lugar, del gusto propio, si es bueno, calificado con la prueba, con que se ase- gura el ajeno, que es ventaja poder hacer norma de él y no depender de los extraños: con esto se puede uno confiar que lo que le agrada á él en los otros, también es agradará á ellos en él. Efec- to es de su sazón el buen delecto, todo sale bien de ella, que es la mayor felicidad: y si algo se acertó en falta suya, íué más contingencia que seguridad.
Al contrario, un mal gusto todo lo desazona; y las mismas cosas excelentes por su perfección, io8 EL DISCRETO las malogra por su mala disposición; y los hay tan exóticos, que siempre escogen lo peor, que parece que hacen estudio en el errar; el peor discurso guardan para la mejor ocasión, y en la mejor expectación salen con la mayor imperti- nencia, casándose siempre con su necedad.
Extremada elección la de la abeja, y qué mal gusto el de una mosca, pues en un mismo jardín solicita aquélla la fragancia y ésta la hediondez.
Lo peor es que estos tales enfermos de gusto r ó por ignorancia ó por capricho, lisiados de jui- cio, añadiendo el segundo al primer desacierto, que es más célebre, querrían pegar su mal á todos los demás; pretenden que su paradojo voto sea norma de los otros, y aun se admiran de que su desabrimiento no les sea sainete, y apetito su frialdad, desacertadores en todo.
Hállanse otros que tienen destemplado el gus- to en unas cosas, y en otras muy en su punto; pero lo ordinario es que el que tiene depravada la raíz, lleve desazonado todo el íruto.