» Familia a hacer lo mismo. Nicolas Damasceno, Justino, y » otros Autores dan Abrahan la qualidad de Rey, Aun la » Escritura nota, que hizo alianzas, y trató como igual al- »» gunos Reyes, fuera de que los Patriarcas tenian enteramen- » tela autoridad Regia en su Familia, Beroso en Josepho, aña- » de, que Abrahan tenia gran conocimiento de la Astrono- »» mía 3 y Epulemo en Eusebio le hace inventor de la Cien- » cia de los Caldéos. Nada mas es menester para persuadirse » a que los Phenicios se moviesen a colocarle entre los Dioses, » y entre los Astros. Llamabanle Israél., O ya porque con- » fundieron el Abuelo con el Nieto, 0 ya porque le dieron el » nombre del Pueblo, que se derivó de el. El nombre de Feud, » su hijo unico, es el mismo que el de Isaac, Anobrer signi- » fica, segun la advertencia de Bochart, ex gracia concipiens » y la aplicacion de este nombre a Sara, es manifiesta * En »fin, por ultimo rasgo de conformidad, Saturno se circun- » cidó, y obligó a todos sus domesticos a circuncidarse: cir >» cunstancia notable, que conviene unicamente a Abrahan. «e Hasta aqui el citado Autor. y 22. Lo mismo que de los dos Systémas, que reducen to- das las ficciones del Paganismo, uno a la Historia Sagrada, otro a la Profana, digo-de.los demás. En todos, exceptuando uno solo, hay algo de verdad; todos, en quanto a la gene- ralidad, son falsos. El Padre Kircher quiso que todas las Far bulas tubiesen su origen en la Lengua, 0 Escritura Geroglifica de los Egypcios. Para esto era menester, que todas na- ciesen en Egipto 3 lo qual está: muy lexos de ser verdad. Pero, como aquel Reyno hizo enla antiguedad una gran figura en el mundo, y fue especialmente venerado como Metrópoli de las Ciencias, es bien verisimil, que sus misteriosas expresio- nes, mal entendidas, o nada: entendidas del Vulgo, diesen, ocasion a algunas narraciones Mitológicas, 23 Bochart pretendió explicarlas todas por los equivocos de la lengua Phenicia, y en algunas lo logró con felicidad, * NOTA. Como nada sé de las Lenguas Orientales, ignoro en que se funda la conformidad, 0. identidad de uno, y otro mombre. | 328 SoBRE LA FuBvLA EN LA HrsTORIA, como en el exemplo;' que arriba propusimos de la Fabula del Vellocino de Oro. Pero el sistéma general es absurdo, aun quando no hubiera contra él otra cosa, que la quimera de que haya:sido patria de todas las Fabulas la Fenicia, para lo qual era menester que todas las Historias, 'que se depiavas ron con las ficciones, no llegasen a todos los demás Reynos, sino por escritos Fenicios. | 24. Los Plaronicos imaginaron, que baxo el velo de las Fabulas estubiesen unicamente escondidos documentos, y y máximas de la Phylosofia Natural. Y algo habrá tambien de esto'3como en lo que dice Homero, que la Aurora es hija del Aire 5 y lo que otrós Poetas la atribuyen de gitardar las puer: tas del Oriente, y abrirlas cada mañana con sus dedos de ro- sas, enviando delante los zéftros, para. disipar las som-= bras, se dexa ver, que el fondo'no es mas que lo que todos saben de aquella primera luz pS dia, antes que el Sol qe ca en el Orieñte.?
25 Otros han querido- ddr sentido ionD y politico 2 rodas las Fabulas, como que sus. Autores no hayan tenida otro designio en la inyencion, que embolver en: ellas como en una especie de alegorías”, máximas racionales, y utiles 2 la vida humana. Realmente hay algunas, en cuya fabrica pa- rece no se tuyo otra mira 5'como en la de Faeton, represen= tar los peligrosa a que se exponen los que emprehenden asuntos muy superiores a sus fuerzas 5 y en la de Narciso, las extra- vagancias, y ridiculeces del amor proprio. Pero traer todas las Fabulas a este intento, es una quimera visible.
26 Ultimamente, los infatuados Alquimistas, 0 por lo menos. algunos de elle; han soñado que las Fabulas de que hablamos, contienen enigmaticamente la doctrina de la Pie- dra Ph: y iciofalL 3. esto es, enseñan en tono misterioso todas las: operaciones, con que se arriva “aldichoso termino de la trans- mutacion de otros metales emoro. Acaso los ocasionó! esa ne- cia api rehension; el ballar enel idioma desu Árte, aplicados. a los siete metales en que trabajan, los nombres de siete Dei- dades principales del Gentilismo, que son Jos mismos: des los siete Planetas 3 como si la“aplicacion “de estos nombres! alos. me- CA rear, 329 metales no fuese posterior muchos siglos a su imposicion so- bre Plancras, y Deidades. Los primeros Alquimistas, que los impusieron a los metales, no tubieron otro motivo, que el mismo En los induxo a usar en todos los materiales, ope- raciones, y efectos de su Arte, de voces estrañas, dexadas las comunes, y recibidas, ya para esconder sus pretendidos se- cretos, ya para Captar el respeto, y admiracion del Vulgo con la misteriosa magnificencia del estilo; coadyuvando a este designio, en quanto a la a aplicacion de los nombres de los Planetas a los metales, hallar en el oro, y en la plata cierta representacion del color, brillantéz, y hermosura del Sol, y la Luna.
27 Este Systéma es, no solo en el complexo, mas en to- das, y qualquiera de sus parres, desnudo de todo fundamen- to 5 y que no se debe impugnar sino con el desprecio, como todas las demas producciones de la imaginacion de los sir mistas.
28 Si esta Carta no sirvicre, ni para deleyte, ni para instruccion de Vimd. como yo lo creo, servira por lo menos de deprecacion, para que me absuelva de la censura que,ha fulminado sobre mi discurso del Divorcio de la Historia y la Fabula. Puede bastar para que Vmd. se aquiete, el que si en aquel Discurso debilité entre las dos el vinculo de Ma- trimonio, en esta Carta establezeo entre ellas, por uno de los costados, el vinculo de Parentesco. Nuestro Señor guar- de a Vmad. ézc.
CARTA AXALIIL SOBRE LA MULTITUD DE Milagros.
1 “MAUI señor mio: He visto la Carta de Vmd. a sú Amigo Don “N, en que despues de participarle con grande extension: los muchos Milagros que Dios obra por la 3.
330 SOBRE LA MULTITUD DE MILAGROS.
la intercesion de Maria Santisima, con los que vienén a im- plorarla, adorando devotos su Sagrada Imagen, que se ve- nera en esa Iglesia; le intíma, que pase a míesas noticias, a fin de persuradirme, que los verdaderos Milagros no son tan pocos como yo imagino, y como manifiesto en mis Escritos. El mal es, que el mismo medio, que Vid. toma para la persuasion, me la hece mas dificil. Aqui tiene lugar el Axio- ma Escolastico, que «Lrgumento que prueba mucho, nada prueba. Pareceme, que el mas crédulo podra entrar en algu- na desconfianza de la atestacion de Vmd. a vista de la multi- tud de Milagros que amontona. Ni es esto impugnar la vera- cidad de Vmd. sino crisis. Convendré en los hechos enun- ciados 3 esto es, en las muchas curaciones que Vimd. refiere; pero suponiendolas, O todas, O por la mayor parte, Nnatura- les 3 no milagrosas, como Vind. pretende. Pensar que todos los que convalecen de sus dolencias, despues de inet a su favor la intercesion de nuestra Señora, u de qualquier otro Santo, sanan milagrosamente, es discurrir la Omnipotencia muy pródiga, y la Naturaleza muy inepta. La baxa opinion que el Vulgo tiene formada de esta, es muy util a los Medi- cos 3 porque, como si nada pudiese el vigor nativo del cuet- po, donde el Medico es llamado, siempre que el enfermo sa- na, se atribuye a la Medicina. A la Naturaleza se debe las mas veces la victoria 5 pero al Árte se dá la gloría del triunfo. Y, ¡0 quantas veces esta no hace mas que estorvar, y des- caminar aquella! ¡Quantras veces los errores del Medico parciales de la enfermedad, conspiran con ella a la ruina del enfermo! ¡Quantas veces por este camino, 0 por este desca- camino, dolencias veniales se hacen mortales!
2 Decste riesgo carece, a la verdad, el recurso a la in- tercesion de los Santos, el qual nunca puede ser nocivo: y acaso entonces es mas provechoso, quando por él no se al- canza la convalecencia deseada 5 siendo muy verisimil que se aplica a algun bien del alma aquel ruego, que se buscaba para la salud del cuerpo. Tambien se logra esta algunas ve- ces3 pero pensar que siempre que se logra, se logra por este medio, es un exceso de la piedad,: que: pica en supersticion.
Lo Carra XLIUL 205 Lo mismo digo de la multitud de milagros que el indiscreto Vulgo sueña sobre otros asuntos.
gn raPero quién es culpado en este error £ ¿El Vulgo mis- mo? No por cierto 3 sino los que teniendo obligacion a des- engañar cl Vulgo, no solo le dexan en su vana aprehension, mas tal vez son Autores del engaño: Pastores eorum sedu- xwerunt eos. ( Jerem. 50.) Quantos Parrocos, por interesar se en dar fama de Milagros a alguna Imagen de su Iglesia, la atribuyen Milagros que no ha habido! No es mi animo comprehender a Vimd. en esta invectiva, porque tengo no- ticia de su desinteres, y buena fé. Mas no por eso le exímo de toda culpa, pues debiera tener presente para su obser- vancia la sabia disposicion del Santo Concilio de “Trento, que manda no admitir milagro nuevo alguno, sin preceder examen, y aprobacion del Obispo: Nulla etiam admitten- da esse nova miracula:::.nisi eodem recognoscente, SÓ ap- probante Episcopo. (Sess. 25, tit. de Invocatione, X Vene- ratione, Cc.)
Dirá Vmd. que tampoco otros infinitos, ya Pastores, ya no Pastores, esperan la aprobacion del Obispo, para creer, preconizar, y campancar nuevos Milagros, y que apenas ha visto hasta ahora poner en practica la regla establecida por el Concilio, en orden a este punto. Creo que en esto dirá Vimd. verdad. Pero de esta verdad me lastíimo yo, y me he lastimado siempre mucho: porque de la inobservancia de aquella regla toman ocasion los Hereges para hacer mofa de los Milagros que califican la verdad de nuestra Religion. Como son muchos los que siendo imaginarios, se publicar como verdaderos, o por un vil interés, 0 por una indiscreta piedad; ellos pudieron asegurarse de la falsedad de algunos, y de aqui pasan a la desconfianza de todos. No resultaría este inconveniente, si se observase inviolablemente la dis- posicion del Concilio. Son iniquos sin duda los Hereges en atribuir al cuerpo dela Iglesia la fraudulenta ficcion, O cie- ga credulidad de algunos particulares. Es visible su mala fé en esta acusación; porque no ignoran lo que el Santo Con- cilio de Trento estableció sobre el asunto; ni tampoco ig noran, 332. — SOBRELA MULTITUD DÉ MiLAGROS, ran, que aquel es el organo por donde explica su mente la Iglesia Romana 5 mas no por eso dexan de ser muy culpables los que con sus ficciones de Milagros dán algun aparente pretexto a las insultantes invectivas de nuestros enemigos.
5 El severo cuidado que los Padres del Concilio quisie= ron se pusiese en el examen de los Milagros, muestra que consideraron de una suma importancia para el credito de la Iglesia evitar los fingidos; pues no contentos con intimar, que ninguno nuevo se admítiese sin la aprobacion de los Obispos, añadieron, que a esta aprobacion precediese con- sulta de Varones sabios, y piadosos, como se vé en la clau- sula inmediatamente siguiente a la arriba alegada: Qué ( Epis- copus ) simul, atque de bis aliquid compertum babuerit, adbibitis in consilium Theologis, S aliis Piis viris, ea faciat, que Veritati, $ Pietati consentanea judicaverit. Donde me parecen dignas de reflexion aquellas palabras Veritati, € Pietati. El titulo hermoso de Piedad es quien hace sombra a los Milagros fingidos, para que se les dé pa= saporte corriente en los Pueblos. Este es el sagrado Sello con que se imprime el silencio en los labios de todos aque= llos, que enterados de la verdad, quando empieza a preco- nizarse algun imaginario portento, quisieran desengañar al público. ¿Pero es esto conforme al espiritu de la Iglesia? Antes diametralmente opuesto. La piedad que la Iglesia pi- de, la que promueve en sus hijos, la que caracteriza a los verdaderos Christianos, es aquella que se junta, y hermana con la verdad, Veritati, és Pietatí. No dixeron los Padres Veritati, aut Pietati, como que qualquiera de los dos titu- los divisivamente bastase para autorizar las relaciones de Milagros, sino Veritati, ($ Pietati, como que es menester que concurran unidos entrambos. Piedad opuesta a la ver- dad, es una piedad wana, ilusoria, de mera perspectiva, mas: propria para fomentar da supersticion, que para acreditar la Religion: Ver? adoratores adorabunt Patrem in Spiritu, ¿> Veritate, mam, S Pater tales querit, quí adorent eum. (Joan. Cap. 4.) | 6 Indemniza en esta materia al rudo Vulgo su Da dE Carra XLIH. 333 ¿Pero qué disculpa tienen los que tal vez engañan al Vulgo, o causando, O fomentando su error? Doi que el fin sea bue- no, no por eso la accion dexa de ser mala. Ningun Teólogo negará, que aunque hubiese entera certeza, de que con un milagro falso se habia de convertir todo el mundo a la Reli- gion O atólica, no podria fingirse sin pecar3 y no como quiera, sino gravemente: 3 porque esta accion, segun los Teólogos, es de su naturaleza pecado mortal, de aquella especie de su- persticion, que llaman Culto EDO 5 Qué hacemos, pues, con que el fin de inventar, O publicar un milagro falso, sea autorizar de milagrosa alguna Imagen, 0 promover el cul- to del Santo representado en ella? Abominable será en los ojos de Dios la ficcion, y merecedora de la condenacion eter- na, si no la disculpa la ignorancia.
7 Pero mas abominable será, si procede del motivo de algun interés temporal, como sin duda sucede algunas veces. En el Concilio Senonense, celebrado en el año 1528, se ha- lla un Decreto, (y esel 40 de los pertenecientes ad mores) que establece en orden a la admision de Milagros nuevos, lo mismo que despues, para toda la Iglesia, ordenó el Triden- tino. Solo tiene de particular una expresion, que supone, que mui ordinariamente la codicia es quien excita a la invencion de Milagros apócrifos. El Decreto es como se sigue: Ex mul- torum fida relatione didicimus,simplicem populum aliquan- do levi assertione Oo UiO ran ad unum, “Ss alterum locum populariter concurrisse, candelas,ES alia vota obtulisse.U£ ¿gitur credule simplicitati nobis commisse plebis consula- mus,ES novis, impudentibusque hominum mente corrupturum ad questum occasionibus obviemus, sacro approbante Pro- vinciali Concilio, districte probibemus, ne quis postbac mi- raculum de novo factum pretendat: neve intra, aut extra Eicclesiam,Titulum,Capellam,aut Altare pretextu novi mi- raculi erigat,aut populi concursum in miraculi gratiam,S venerationem recipiat: nisi prius loci Episcopus de negotio quid sentiendum, tenendumque sit,causa cognita, decrevertt, 8 En este contexto se proponen dos motivos del Decreto: el primero, precaver el error del simple Vulgo en creer Mi.
* 334 SOBRE LA MULTITUD DE MiLAGROS.
Milagros falsos: el segundo, quitar la ocasion a las detesta= bles negociaciones de hombres corrompidos, que hacen pá- bulo de su codicia la ficcion de Milagros, En la expresion del primer motivo se vé, que los Padres del Concilio no miraron como conveniente para el servicio, y gloria de Dios dexar a la plebe continuar en aquel error 3 antes consideraron su va- na creencia como una enfermedad espiritual, a que se debia aplicar remedio 5 de aqui se colige, quan descaminados van aquellos, que quando se esparce en el Pueblo algun Milagro falso, si alguno, averiguada la patraña, quiere desengañar al público, revestidos de una espiritualidad engañosa, se le oponen, diciendo, que se debe dexar al público en su bue= na fé; que aquella creencia, aungue mal fundada, enfervo- riza su piedad: que con ella se afirma mas en los animos la Religion: que en ese error se interesa la gloria, y culto de Dios, y de sus Santos. ¡O protectores del embuste, con ca- pa de zelo! Numquid Deus indiget vestro mendatio, ut pro ¿llo loquamini dolos £ ( Job cap. 13.) 9 En laexpresion del segundo motivo, sobradamente dam a conocer aquellos Padres, que la ansia de un vil interés es quien impele no pocas veces a la fabrica de Milagros falsos en que de muchos modos pueden hallar su ganancia los Arti- fices, como a qualquiera será facil discurrir 3 aunque por la “mayor parte pienso, que solo un zelo falso, O piedad indis- creta interviene en estas ilusiones, haciendo tomar por verdadero prodigio qualquiera leve apariencia de Milagro. Pero que proceda de éste, que de aquel principio, todo hombre inbuído de sólida piedad, debe interesarse en que se observe “el Santo Concilio de Trento. La Iglesia, dirigida siempre por el Espiritu Santo, sabe lo que conviene a la Gloria de Dios, “al culto de los Santos, a la edificacion de los Fieles; aumen- to de la piedad, y firmeza de la Religion. | 10 Como Vimd. ni por el expresado morivo de interés, «ni por otro alguno vicioso, ( a lo que yo creo) sino con mui «buena fé, ha calificado de milagrosas las muchas curaciones, “de que me habla en su Carta; es natural, que desengañado “ya, en virtud de mis razones, desee alguna regla para dis- Cer- Car ría ¿EM 235 cernir las curaciones sobrenaturales de las que se deben a la Naturaleza, O a la Medicina. Y no puedo yo darle otra, ni mas adequada, ni mas segura, que la que, siendo aún Cardenal, y poco antes de subir al Solio Pontificio, manifes- tó al público nuestro Santisimo Padre Benedicto Decimo- quarto en el tomo 4 de su grande Obra de Servorum Det Beatificatione, ES Beatorum Canonizatione. En la noticia de este tomo que dán los Autores de las Memorias de Tre- voux, en el mes de Marzo delaño de 1740, he visto copia- da dicha regla, la qual consta de las siguientes advertencias: 11 La primera, que la enfermedad curada sea grave, y naturalmente incurable, o por lo menos de mui dificil cura- cion. La segunda, que no vaya en declinacion. La tercera, que no se hayan hecho remedios 3 0 que si se hicieron, no hayan tenido efecto. La quarta, que la curacion sea repen- tina, O instantanea, y juntamente total, O perfecta. La quinta, que no haya precedido crise natural. La sexta, que sea constante, O durable; esto es, sin recaída.
Quando Vimd. halle alguna curacion circunstanciada del modo dicho, y me la de bien atestiguada, yo seré el prime- ro a afirmar, que es milagrosa. Y si mil hallaré con las cir- cunstancias expresadas, de todas mil firmaré lo mismo. De- seo a Vmd. larga vida, y perfecta salud, Sc.
CARTA AXALIV.
MARAVILLAS DE LA MUSICA, y cotejo de la antigua con la moderna.
1 Ul señor mio: Ántes de salir de la juventud, aun no sé si antes de entrar en ella, me ocurrió la dificultad que hoy Vmd. me propone, y que segun mi corta inteligencia, es bastantemente grave. Parece fuera de pea duda, que la Música de estos tiempos no produce los ad- 23 MARAVILLAS DE La Musica.
admirables efectos que se refieren de la de los antiguos, lo que arguye mayor perfeccion en ésta 5 haciendose por otra parte dificil este exceso de perfeccion en la antigua, no por la razon que Vid. me propone, sino por otra, que manifesta- ré abaxo.
2 No se vé hoy, que Músico alguno, con el uso de su Arte, 0 excite, Ó apague una pasion violenta. Sin embargo uno, y otro efecto hacía la antigua Música, si no nos mien- ten varios Autores. De dos Músicos, Timotéo, y Antigéni- des se cuenta, que quando querian, enfurecian a Alexandro, hasta hacerle tomar las armas, tal vez con riesgo de los cir- cunstantes. De un Trompeta de Megara, llamado Herodo- to, que viendo inutiles los esfuerzos de los Soldados de Demetrio, para mover una máquina bélica de enorme peso hacia las murallas de Árgos, que pretendia expugnar, tocan= do á un tiempo dos'"Tromperas, les inspiró tal aliento, que, como duplicadas con aquel influxo sus fuerzas, pudieron con- ducirla. De una célebre Flautista, ( pienso que Milesiana) que, tañendo sobre el modo Phrygio, enfureció a ciertos hombres, y los apaciguó luego, pasando del modo Phrygio al Dorico. Del famoso Músico “Terpandro, que con su Lira apagó una sedicion encendida entre los Lacedemonios. De Empedocles, que tambien con la Lira desarmó de su colera a un joven dispuesto a cometer un parricidio. Omito otros casos de estas dos especies. | Si es admirable, que la Música antigua haya encen- dido, 0 apagado violentas pasiones, aún lo es mas, al pa- recer, que haya servido a curar varias enfermedades 5 y tal vez, no solo de uno, U otro particular, mas aun de todo un Reyno; pues Plutarco dice, que Taletas, natural de Creta, con la enérgica dulzura de la Lira, libró de una peste a los Lacedemonios. Y de varios Autores se colige, que antigua- mente se usaba de la Música para curar la fiebre, el sincope, la epilepsia, la sordera, la ciatica, y la mordedura de vi- vora. | | Pero a decir a Vmd. la verdad, estos hechos no se deben pasar sin algo de critico exámen. Lo primero, ninguno Carra XLIV. 227 de los Autores que testifican aquel grande imperio de la Muú- sica sobre las pasiones, habla como testigo de vista, u de experiencia propria. Todos los hechos citados son mui ante- riores a los Escritores, de quienes se nos derivó la noticia; con que es verisimil que ésta llegase a a ellos mediante algun rumor popular, indigno de toda fé. En materia de maravillas, ya naturales, ya preternaturales, nadie ignora, quántas Fabulas nos dexaron escritas los Antiguos.
5 Lo segundo, en algunos de aquellos casos no hai por qué tocar a milagro 5 Jus decir, no hai motivo para en- carecerle como prodigi o de la Música. Poco impulso era me- nester para incitar el guerrero ardor de Alexandro. Una chispa sola levanta un grande incendio, si cae en mucha polvora. Atenéo, que es quien refiere el caso de Herodoto, dice, que éste era hombre de cuerpo agigantado, y de ex- traordinarisima robustéz. Dale tres ulnas y medía de estatu- ra, añadiendo, que comia cada dia veinte libras de carne, y bebia vino a proporcion. Un hombre de tanta robustéz usaria de Trompetas mucho mayores que las ordinarias, y inspiraria su aliento por ellas con tanto impetu, que, agi- tando vivisimamente los animos, añadiese algunos grados de vigor pasagero a los cuerpos. Para ello no es menester suponer en él alguna especial destreza en el manejo del ins- trumento, porque esto no pide maña, sino fuerza 5; y qual- quiera que hoy tubiese igual robustéz, haría el mismo efec- to. Acaso, ni en los otros hechos de irritar, O mitigar la ira, tampoco hai mucho que admirar, porque pudo caer la in- fluencia de la Música sobre espiritus sumamente movibles, quales vemos algunos, que, como levisimas veletas, a qual- quiera tenue aura mudan de rumbo. Y acaso algunos Músi- cos modernos obrarian igual mudanza en las pasiones en su- getos igualmente movibles, 6 Lo tercero las curaciones que se quentan executadas «mediante la Música, juzgo en la mayor, y maxima parte fabulosas. ¿Quién, no digo podra creer, mas ni aun sufrir, si tiene algo de entendimiento, la quimera de que una Lira desterrase la peste de todo un Reino * Tales cosas como es- Tomo I. de Cartas, Y tas 338 MARAVILLAS DE LA Musica.
tas nos dexaron escritas los Autores de antaño, para que las creyesen los bobos de ogaño, 7 En orden a la curacion de algunas determinadas enfer= medades, no será poco conceder ala Música lo que a otros muchisimos remedios mui decantados en los libros, los qua- les rarisima vez aprovechan, y con todo conservan el cre- dito, no tanto por esa rara vez, que sirven, quanto por las muchas, que, convaleciendo el enfermo a beneficio de la Naturaleza, vanamente se cree, que a la aplicacion del re- medio se debio la salud. Esto se debe entender, hablando de la Música como remedio especificopara tal, o tal enfermedad; pues considerada segun el infiuxo que tiene para alegrar el animo, no se duda, que pueda contribuir algo al alivio de muchos enfermos apasionados por ella, como otra qualquiera cosa que les dé especial gusto, u delectacion. Pero ni para uno, ni para otro efecto hallo motivo de preferir la Música antigua a la moderna, pues ya se vieron casos, en que ésta se experimentó mui benéfica a los dolientes, y quiza no vió la antigúedad alguno, en que brillase ranto la eficacia cura- tiva de la Música, como uno, que sucedió en nuestra edad, y se refiere en la Historia de la Académia Real de las Cien- cias del año 1707, el que transcribiré aqui, casi con las mis- mas yoces de su ilustre Áutor.
8 Un famoso Músico, gran Compositor, fue atacado de una fiebre, que aumentandose succesivamente, al dia septi- mo le hizo caer en un violento delirio, casi sin algun in- terválo, acompañado de gritos, llantos, terrores, y perpe- tua vigilia, Al tercer día del delirio, uno de aquellos instin- tos naturales, que se dice hacen buscar a los Brutes enfer- mos las hierbas que les convienen, le induxo a pedir algu- na Música para su diversion. Cantaronsele, acompañadas de- bidamente con instrumentos, algunas composiciones de Mr, Bernier, célebre Artifice de Música en la Francia. Luego que empezo la harmonía, se le serenó el rostro, se pusieron tranquilos los oJos-, cesaron enteramente las convulsiones, vertió lagrimas de placer, careció de fiebre, mientras duró la Música 3 mas cesando ésta, se repitieron la fiebre, y los s1n- Carta XLIV. 339 síntomas. A vista de un suceso tan felíz, y tan imprevisto, se repitió muchas veces el remedio, lograndose siempre la suspension de la fiebre, y el delirio, mientras duraba la Mú- sica. Algunas noches le asistia una parienta suya, a quien hacía cantar, y danzar, siempre con alivio suyo; y aun tal vez sucedió, que no oyendo mas Música que un cantarcito vulgar de estos, con que se entretienen los muchachos por las calles, con él sintió algun provecho. En fin, diez dias de Musica, sin otra añadidura de parte de la Medicina, que una sangria del tovillo, que fue la segunda que reci- bió en todo el discurso de la enfermedad, le curaron per- fecramente.
9 Podrá dudar alguno, si la curacion total de este hom- bse se debió a la Música 3 y yo confieso que no hai certeza en ello. Pudo deberse la salud a la segunda sangría. Pudo de- berse a la Naturaleza. El alivio transitorio que se lograba con la melodía, no tienen conexion fixa con la integridad de la cura 3 como no la tienen aquellos interválos de mejoría, que en muchas enfermedades presta por sí solo la Naturale- za. La suspension de los sintomas suele depender de princi- pios que carecen de influxo para la entera extincion del mal, Basta para hacer dudosa aquella conexion, el saberse, que en general no hai ilacion de poder lo menos, a poder lo mas. Pero aun concedido esto, subsiste en el suceso referi- do un indubitable, y maravilloso efecto de la Música, aca- so mayor que el de la curacion total, que es la pronta sus- pension de fiebre, y síntomas, lograda tantas veces, quan- tas se repitió la Música. Digo, que me parece esto mas ad- mirable, que si el remedio solo obrase la curacion total, con- duciendo al enfermo paulatinamente, y por grados, en el discurso de muchos dias, al recobro de su salud.
10 De este suceso, pues, parece que se podrán servir ventajosamente los que llevan la opinion, de que la Música moderna es mas perfecta que la antigua. Lo primero, por- que no se produce a favor de la antigua otro del mismo ca: racter. Lo segundo, porque habiendose visto que nuestro enfermo, no solo recibia alivio de los conciertos algo primo- Ae ro- Ae ro- 340 MARAVILLAS DE LA Musica.
rosos, mas aun de canciones las mas imperfectas, y trivía- les, ya las curaciones atribuidas a la antigua Música, no prueban que ésta fuese mui primorosa.
11 Seca lo que fuere de esta prueba, de cuya fuerza, úl debilidad prescindo por ahoraz la que Vmd. alega a favor de la Música moderna, no juzgo que tenga alguna eficacia, Dice Vind. que ahora se cultiva mucho mas este Árte, y por hombres de mucho mayor industria, y advertencia, que los Antiguos, incultos, y barbaros en aquellos remotos siglos, en que se colocan los mas admirables efectos de la Música. A uno, y otro corresponde, como ilacion forzosa, que la Música moderna sea mucho mas perfecta que la antigua. Pero yo doy por incierto, y aun por enteramente falso uno., y Otro.
12 Para creerque entre los Antiguos era tan cultivada, y aun mas que en nuestros tiempos, la Música, bastan dos hechos, que, como de publica notoriedad, refiere Polibio. El primero es, que los Cretenses, y los Lacedemonios, aun en las batallas, no usaban del horrisono clamor de la Trom- peta, sino de la melodía de la Flauta, y otros instrumentos músicos. El segundo, que los Arcades, desde la Fundacion de su República, observaban como lei inviolable, aplicar a todos sus hijos a la Música, desde la infancia, hasta la edad de treinta años. ¿En qué Reyno del mundo hai hoy tanta aplicacion a este Arte?
13 La mucha inferioridad de los Antiguos, respecto de los Modernos, en industria, y habilidad, tambien se supone voluntariamente. Si fuese asi, se debiera infrir, que no so- lo fieron mui imperfectos en la Música, mas tambien en todas las demas Artes. Sin embargo se sabe a punto fixo, que hubo entre ellos muchos hombres excelentisimos, a quie- nes apenas iguala algun Moderno en la Pintura, la Escultu- ra, y la Poesía. De estas dos ultimas Ártes subsisten mo- numentos, que lo persuaden invenciblemente. Y de la pri- mera se inficre por la segundas porque como discurre bien Vincencio Carducho, en sus Dialogos sobre la Pintura, si fuesen defectuosas las obras delos antiguos Pintores, d mamarrá- ME Arras AE MA 341 rachos, como a algunos se les antoja, la inteligencia de los Estatuarios, y perfeccion de las Estatuas descubririan los de- fectos de la Pintura, y desacreditarian por consiguiente a los Artífices, lo que no sucedió, constando por las Historias, que eran apreciadisimas Sus obras, 14 Caida, pues, como nada fundada esta prucba, otra bastantemente. especiosa alegan los Patronos de la Música moderna 5 y es que la antigua era muy limitada, asi en la modulacion, como en las consonancias, Por lo que mira a la modulacion, se debe advertir, que antes de Timotéo, fa- moso Músico, que floreció en tiempo de Philipo de Macedo- nia, y de quien hable arriba, no tenia la Lira mas que siete cuerdas que hacian precisamente siete voces, Ó puntos; por- que en la Lira antigua no habia trastes, ni algun suplemen- to de ellos para hacer en una misma cuerda alguna progre- “ sion de distintas voces. Timotéo añadió dos cuerdas a la Li- ra, con que la hizo de nueve. Otros dicen, que antes de él renia nueve, y la añadió hasta once. Áun quando fuese esto segundo, se “queda el instrumento en muy corta extension respecto de los Modernos. El canto tampoco excedía los ter- minos del instrumento; con que se vé la poca variedad, y amplitud de la antigua modulacion, 15 En quanto a las consonancias, Áutores que exarmtina- ron prolixamente esta materia, aseguran, que no conocieron otras los antiguos, que la tercera, la octava, y la doble oc- tava; añadiendo, que ignoraron enteramente el concierto, d Música a diferentes voces; y asi todos sus acompañamientos, uúu del instrumento con el canto, u de canto con canto, ú de instrumento con instrumento, eran unicamente en Unisonus.
¿Qué primores cabian en una Música tan simple, y tan ce- Sale 2 ¿30 qué comparacion se puede imaginar de aquella con la nuestra, ni para el deleyte del oido, ni para satisfac- cion del entendimiento ¿ 17 He confesado, que esta objecion es especiosa; pero niego que sea concluyente. Lo primero, porque los lugares de Plutarco, y otros Autores, de donde se pretende colegir el Sy SES de la antigua Música, €scán tan complicados, y 342 MaraviLLAs DE La Musica.
obscuros, que nada se puede sentar sobre ellos como cierto, /isi entre los modernos, que han diseurrido sobre este asun- to, hay una gran division.