215. La palabra era un signo que debia estar pronto á todas horas, y serademás susceptible de infinitas mo- dificaciones para expresar la variedad, la gradacion, los matices de las ideas; y hé aquí porqué se nos ha da- do un órgano, que 'con la mayor facilidad y rapidez ejecuta todos los movimientos, y haciendo sentir todas las combinaciones imaginables. El mecanismo de la voz, la suma facilidad con que se presta á todos los manda- tos de la voluntad, revistiendo de una forma sensible al pensamiento, es de lo mas asombroso que cabe imá- ginar. ¿Quién señala el tiempo que media entre la con- cepcion de un pensamiento y su expresion hablada? Ved al orador de cuya boca mana el discurso como un rio de oro, con la impetuosidad de una catarata; ¡ cuán- tas ideas de todas clases! lo sensible, lo insensible; lo simple, lo compuesto; juiéios, raciocinios, comparacio- nes, análisis, síntesis, todo lo expresa con la misma facilidad que lo concibe: el pensamiento surge en la, mente del orador, y al mismo instante brilla ya en la del oyente, con la rapidez del relámpago; y sin embar- go ha sido preciso que el rcrtamiento se concibiese, y GRAMÁTICA GENERAL, 299 que la voluntad mandase el movimiento de tos:órganos de la voz, y que el aire vibrase, y que'la vibracion lle- gase al oido del otro, y se comunicase á su cerebro, y que el sonido sirviese al entendimiento como de con- traseña para percibir la idea: y esto en número ilimi- tado, en variedad indecible, en gradaciones las mas delicadas, en combinaciones abstrusás, con mezcla de sentimientos de mil especies, estableciéndose un flujo de ideas y afectos entre el que habla y el que oye, como el de los rayos solares, llevando á largas distancias la luz y la vida. Y ¡cosa admirable! no es este un privilegio de los sabios, es el patrimonio de la humanidad; lo mismo que el orador mas nombrado, hace el hombre del pueblo, la mujer mas ignorante; la facilidad, la ra- pidez, el portento de la:expresion, todo es lo mismo; cuando tratamos de un fenómeno tan asombroso, ¿qué significa un poco mas Ó menos de cultura en las pala- bras, de esmeros en la pronunciacion? Lo admirable está en el lenguaje mismo, ro.en esos lijeros aditamentos, Reconozcamos la sabiduría y bondad del Criador, y dé- mosle gracias por tamaño beneftcio. - 216, La escritura es la, ampliacion de lá palabra; es la palabra misma triunfando del espacio y del tiempo. Con la escritura no hay distancias. Un hombre retirado en un ángulo del mundo concibe una idea, y hace un si- gno en una hoja deleznabie; el hombre muere desco- nocido; el viento 2sparce sus cenizas antes que se haya descubierto sv ignorada tumba. Y sin embargo, la idea vuela por túda la redondez del globo, y se conserya intacta al través de la corriente. de los siglos, entre las revoluciones de los imperios, entre las catástrofes en que se hunden los palacios de los monarcas, en que pere- cen las familias mas ilustres, en que pueblos enteros son borrados de la faz de la: tierra,. en que pasan sin dejar memoria de.sí tantas cosas que se apellidan gran- des! Y el pensamiento del mortal desconocido se con- serva aun; el signo se perpetúa; los pedazos de la dé- bil hoja se salvan,. v en ella está el mistérioso signo donde la mano del oscuro mortal envolvió su idea y la'trasmitió al mundo entero en todas sus generaciones. Tal vez el desgraciado "perecia como Camoens ay Y 300 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
mayor miseria; su voz moribunda se exhalaba sin un tes- tigo que le cónsolase; tal vez trazaba aquellos signos á la escasa luz de un calabozo; ¡qué importa! desde un | cuerpo tan débil, su espíritu domina la tierra; la voz que no quieren oir sus enfermeros ó carceleros, la oirá | la humanidad en los siglos futuros. Esto hace la escri- tura. ¿Guán débiles somos! ¡ y cuán grandes en medio | de nuestra debilidad! | se £ - PSICOLOGÍA.
CAPITULO L “Que el alma humana es sustancia.
1. Despues de haber examinado los fenómenos sensi- tivos en la Estética, los intelectuales en la Ideología pura, y la expresion de ellos en la Gramática general, debemos investigar cuál es la naturaleza del sujeto en e se hallan. Tal es el objeto de este tratado: Psicología, Ó ciencia del alma. Los anteriores son tambien psicoló- gicos, porque versan sobre el alma;. pero como no la consideran en sí misma, sino en sus fenómenos, con- viene reservar el nombre, psicología, para la ciencia que se propone investigar la.misma naturaleza del sujeto en que los fenómenos se.suceden, | .2. Kant pretende que no es posible probar que nues- tra alma sea mas que una simple serie de fenómenos; ú en otros términos, opina que mo es dable demostrar que nuestra alma sea una sustancia. Este es un error funda- mental: la psicología debe comenzar por establecer y de- mostrar la verdad contraria.
3. El alma es sustancia.: Por sustancia entendemos ( V. /deología, cap. x) un ser permanente, no inherente á otro, á manera de mod1- ficacion; el alma tiene estas propiedades,- luego es sus-- tancia. La experiencia interna nos atestigua que en nos- otros hay un sujeto enel cual se verifican las sensaciones y los actos del entendimiento y de lá voluntad. Sin esa identidad del yo no puede explicarse cómo nos hallamos uno idéntico en medio de las mudanzas; no se concibe cóo V 302 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
mo el hombre se encuentra hoy el mismo que era ayer, á pesar de las variedades que haya experimentado.
h. El negar la sustancialidad del alma conduce al ab- surdo de la imposibilidad de la memoria; no siendo el alma mas que una serie de fenómenos que no residic-| sen en un mismo sujeto, no dejarian estos ninguna hue- lla. Sean los pensamientos A, B, C, D, que se Pie sucedido respectivamente en los instantes a, b, Cc, Resullará que en el pensamiento B no podrá haber nin- guna huella del A, ni en el € del B, verificándose lo pro- pio en todos los demás. Porque, cuando se presenta el pensamiento B, ha desaparecido el pensamiento A; y ccmo el £L no existia cuando existia el A por ser suce- sivos en el tiempo, no puede aquel haber recibido nada de este. Luego no Jue haber en B nipguna huella de A.
Si se dice que A y B están. inmediatos en el tiempo, y que por consiguiente se pueden trasmilir algo, reci- biendo el segundo lo que pierde el primero, pregunta- remos si lo recibido es. el mismo pensamiento Á, otra cosa distinta. Si es el mismo pensamiento A, cta que este no desaparece sino que continúa; y como lo propio se ha de verificar en los pensamientos sucesivos, tendremos que el Á permanece siempre el mismo. Así la opinion que negaba la suslancialidad del alma viene á parar á la sustancialidad del pensamiento; por manera que, no habiendo querido reconocer en el sujeto la pro- piedad de sustancia, la ha reconocido en la modificacion. Si es algo distinto lo que el pensamiento A trasmite al B, ocurre la dificultad de cómo una cosa puede traer consigo el recuerdo de otra totalmente distinta. Si se replicase que lo que el A trasmite al 2, aunque sea distinto, encierra todavía algo del pensamiento A, por lo cual puede conservar su recuerdo, hallamos otra vez algo permanente; y no habiéndose querido la siistancia- lidad del alma, ni la sustancialidad del pensamiento, se viene á caer en una cosa tan extraña, cual es la perma- nencia Óó bien la sustancialidad de una modificacion del pensamiento: se convierte en sustancia la modificacion de una modificacion, * Y. Considéres3 la cuestion bajo el aspecto que se - PSICOLOGÍA. * 305 quiéra: sin la sustantialidad del alma, es imposible ex- plicar los fenómenos de la unidad y continuidad de la conciencia; no habiendo en nosotros nada permanente, todas nuestras afecciones, todos nuestros pensamientos no formarian mas que una serie de hechos sin vínculo de ninguna especie, no habria memoria, no habria uni- dad de conciencia, no habria reflexion 'sobre ninguno de nuestros actos internos; ni pudiéramos siquiera per- cibirnos, pues qué no habria sujeto percipiente, y cada fenómeno.seria tan extraño al otro como un pensamiento de un hombre lo es al de otro. (V. Filosofía fundamen- tal, lib. 1X, Cap. VI, VII, VII, IX y X.)
CAPITULO Il. Simplicidad del alma.
6. El alma humana es simple.
Es simple lo que carece de partes; y el alma no las tiene. Supóngase que hay en ella las partes A, B, C; pregunto: ¿dónde reside el pensamiento? Si solo en A, están de mas 8 y (; y por consiguiente el sujeto simple A será el alma. Si el pensamiento reside en A, ByC resulta el pensamiento dividido en partes, lo que es ab- surdo. ¿Qué serán una percepcion, una comparacion, un juicio, un raciocinio, distribuidos en tres sujetos?
7. La unidad de conciencia se opone á la division del alina: cuando pensamos, hay un sujeto que sabe todo lo que piensa, y esto cs imposible atribuyéndole partes. Del pensamiento que esté en la A nada sabrán 2 ni C, y recíprocamente; luego no habrá una conciencia de todo €l pensamiento; cada parte tendrá su conciencia espe- Cial, y dentro de nosotros lrabrá tantos seres pensantes cuantas sean las partes. E: 8. Además, estas partes A; B, C, ó serán simples ó compuestas: si son simples, llegamos á seres pensantes simples, y por consiguiente á lo que nosotros llamamos almas; así, no queriendo reconocer una en cada hom- bre, se cac cn el extremo de admitir muchas: si las pata 504 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
tes son eompuestas, volveremos al-mismo argumento: del párrafo anterior, y por consiguiente será preciso llegar á seres simples pensantes, ó proceder admitiendo nuevas partes hasta lo infinito; en cuyo caso.lJa conciencia no será una, sino multiplicada hasta lo infinito.
9. Para eludir esta demostracion, de nada sirve el apelar á una “comunicacion de las partes entre sí. Su- pongamos que se quiera conservar la unidad de lacon- ciencia pensante, fingiendo que la parte A comunica todo su pensamiento á las BB y C; y que estas hacen lo mismo con respecto á ella: Contra este efugio militan las si- guientes dificultades. 1* No puede alegarse ninguna ra- zon, ni a priori, ni de experiencia, para probar que existe una comunicacion semejante; luego es una pura ficcion que nada vale en el terreno de la ciencia. 2* No se salva la unidad de conciencia, antes bien se la triplica; no resulta un solo ser pensante, sino tres, ó cuantas sean las partes que se hallen en comunicacion. 3* Si al fin se ha de llegar á seres pensantes simples, porque sin esto no se puede explicar la unidad de conciencia; ¿4 qué multiplicarlos para verse luego en la necesidad de fingir comunicaciones imaginarias? Si se conviene en que no es posible explicar la unidad de conciencia sin admitir que cada ser pensante reúne en sí todo aquello de que tiene conciencia, ¿porqué no admitir desde luego el ser pensante, uno y simple?
po - CAPITULO Il po - CAPITULO Il - Identidad del ser que en nosotros piensa y siente.
10. El ser que piensa en nosotros es el mismo que siente.
El admitir en el.hombre diversos sujetos de estas acciones, es romper la unidad de conciencia. En efecto, yo mismo que pienso, tengo conciencia de que siento; si estos dos principios fuesen distintos, la conciencia de ambas cosas á un tiempo es imposible. Sean los dos su- jetos A y B: A experimentará: una sensacion; L un pen- PSICOLOGÍA. 305 samiento; siendo A y B-distintos, ¿porqué ha de tener el uno conciencia de lo que pasa en el otro? ¿Se dirá tal vez que se lo comunican? Pero en tal caso volyemos á la dificultad del capítulo anterior. La comunicacion no sig- nifica otra*cosa, sino que A trasmite á B su sensacion al paso que B trasmite á A' su pensamientó; en cuyo caso resulta que A siente y piensa, y B piensa y siente. Luego queriendo evitar el admitir un ser que pensase y sintiese, se admiten dos.
11. Se puede objetar á esto el que experimentamos con mucha frecuencia que el pensamiento y la voluntad racional están en contradiccion con las facultades sensi- tivas, lo que parece indicar que los sujetos de ellas son distintos. Esta dificultad solo prueba que el alma expe- rimenta afecciones diferentes y aun opuestas; mas no que estas residan en distintos sujetos. Por lo mismo que se siente la lucha, el sujeto que la experimenta debe ser uno; de lo contrario no podria haber conciencia de ambas cosas á un mismo tiempo. Esto nos lleva á consig- nar la existencia del libre albedrío, considerando al alma como una sustancia dotada no solo de espontanei- dad, sino tambien de libertad.
CAPITULO IV, Libertad de albedrío.
12. En nosotros, á mas de las inclinaciones sensitivas, hay una facultad de inclinaciones puramente racionales que se llama voluntad. La existencia de esta facultad podria demostrarse a priori, porque habiendo en nos- otros ideas superiores al órden sensible, si nos faltase una inclinacion correspondiente á ellas, nuestra natu- raleza estaria manca, por decirlo así, debiendo limitarse á puraespeculacion en lo que se le ofrece de mas noble; pero á mas de esta razon tenemos la experiencia que nos atestigua de una manera indudable la existencia de la voluntad. Muchas veces nos acontece que, estando in- clinados por el sentimiento á un acto, hacemos lo con- 506 FILOSOFÍA ELEMENTAL, trario; así se verifica cuando cumplimos nuestro deber, á pesar del impulsa de las pasiones. Entonces se entabla en nuestro interio? una lucha en que parece que hay dos hombres, et uno rigiéndose por las impresiones sen: s:bles, el otro por el dictámen de la razon. El heroisma no es mas que una gran victoria que el héroe alcan- za de sí propio: el hómbré nunca €s mas grande que cuando cumple su deber, sojuzgando sus inclinaciones mas violentas; y es que en tal casó obra como hombre * de una manera especial, pues que enla competencia entre las pasiones y la razon abate á las pasiones y saca triunfante á la razon.
. 13. La voluntad racional es libre.
Entiendo aquí por libertad, la ausencia no solo de toda coacción, sino tambien de toda necesidad intrínseca; para que haya libertad no basta que nadie nos fuerze en lo exterior; es preciso además que no haya en nosotros ninguna necesidad intrínseca que nos impela á obrar Ó querer de una manera determinada.'Si por libertad se entendiese únicamente la ausencia de coaccion ó de vio- lencia, se podrian llamar libres todos los movimientos instintivos y sentimentales, pues que estos proceden, no de una causa que influya violentamente sobre nosotros, sino de un principio interno que se desenvuelve sin que podamos impedirlo. Esta libertad, que excluye no solo la violencia sino tambien la necésidad intrínseca, se llama libertad de albedrío.
44. El sentido íntimo nos asegura de qué somos li- bres, no solo para ejecutar cosas diferentes, sino tam- bien para hacer ó dejar de hacer una misma. Guando es- tamos sentados, nos sentimos con libertad para querer levantarnos: cien veces podemos hacer lo uno y lo otro segun nuestras necesidades, conveniencia ó capricho. Lo mismo se verifica en las demás acciones: hasta cn el caso.en que obedecemos á una ley, ú obramos por temor del castigo, Óó impelidos por un sentimiento po- _deroso, nos hallamos con libertad para suspender la ac- cion que estamos ejecutando. Privados del movimiento del cuerpo por una enfermedad ó una causa violenta, nos sentimos libres en nuestro'interior para querer ó Lo, querer el movimiento. Mientras permanecemos en PSICOLOGÍA. 307 sano juicio conservamos un dominio exclusivo en los actos de nuestra voluntad: los hombres pueden sujetar el cuerpo, pero nó el alma;' por medio de las amenazas, de las privaciones, de los tormentos, pueden inclinarnos mas ó menos á querer ó no «uerer un objeto; pero sien- pre nos queda encomendada la última decision: los mártires en medio de los mas atrotes padecimientos per- manecian inmóviles en la fe, desafiando desde el san- tuario de su conciencia la mas refinada crueldad de los verdugos. a 45. El argumento que se funda en el testimonio del sentido Íntimo es tan concluyente que no necesita para nada del auxilio de otro: la libertad de albedrío la ha- llamos en nuestro interior, la experimentamos en todos los mon:entos de la vida, y no hemos menester de que otros nos la enseñen. Sin embargo, no será fuera del casa notar que el testimonio del linaje humano está acorde en éste punto. La virtud, el vicio, el mérito, el demérito, el premio y el castigo son cosas reconocidas por los hombres de todos-los siglos y de todos los paí- ses; si quitamos la libertad de albedrio, estás palabras no significan nada, porque no se concibe que pueda haber mérito ni demérito en lo que no se ha podido. evitar: sin libre albedrío las acciones del hombre serian una emana- cion de causas necesarias, residentes en su interior; y no mercceria por ellas mas vituperio ni alabanza, que por un dolor, una enfermedad, una afeccion cualquiera de su organizacion que no ha podido remediar ni prevenir: 12] fatalismo, Ó sea el sistema que niega la libertad de albedrío, rompe todos los lazos de la sociedad tanto civil como doméstica, trastorna los principios fundamentales que la dirigen, y convierte al linaje humano en un con- junto de máquinas que obedecen á impulsos secretos, en cuya modificacion no dienen ninguna parte. Así, vanas son las leyes, inútiles los premios y los castigos; el arte de persuadir carece de objcto; y el hombre, que con la libertad de albedrío se levanta á una altura tan supe- rior, queda reducido par el fatalismo á la miserab:e condicion de los brutos.
CAPITULO V. Comunicacion del alma con el Cuerpo.
16. Siendo el alma simple y el cuerpo compuesto, se ofrecen gravísimas dificultades cuando se trata de ex- plicar su influencia recíproca. Los filósofos se han diyíi- dido en varias opiniones. Unos'¿reen que el alma nada recibe del cuerpo, ni este del alma, y que solo son oca- siones de que Dios cause en uno y. en otro “el efecto correspondiente. Segun esto no es el alma la que mueve el brazo; al querer el alma que el brazo se mueva, Dios le mueve; las sensaciones no son producidas en el alma por las impresiones corpóreas, sino que al afectar un cuerdo nuestros órganos, y por ellos el cerebro, Dios causa en el alma la sensacion que corresponde. Este qe o A tan exacta correspondencia que, por ejemplo, si corres- ponde á la serie del alma que hoy, á las cinco y tres mi- nutos y cuatro segundos de la tarde, quiera recibir la sensacion de la lectura de un libro, precisamente en el, mismo instante corresponderá en la serie del cuerpo el movimiento de tomar el libro cuya lectura deseo. Fste Ny PSICOLOGÍA. 509 Ny PSICOLOGÍA. 509 movimiento de mi brazo, aunque me parezca que pro- cede del imperio de la voluntad, es del:todo indepen - diente de ella; el imperio y el movimiento son dos po- siciones de las agujas de dos relojes, que coinciden en marcar la misma.hora, no porque tengan entre sí nin- guna comunicacion, sino porque su autor los ha construij- do con tan delicada exactitud. Por cuya razon cste sistema lleva el nombre de armonía prestabilita.
La simple exposicion del Sistema de Leibnitz es su re” * futacion mas cumplida. ¿En qué se funda tan extraña | hipótesis? ¿Hay algun hecho experimental, ó alguna ' razon a priort, en que se la pueda cimentar? Además,/ salta á los ojos la dificultad de conciliar semejante hipó-: tesis con la libertad de albedrío. Si todos los actos del nuestra voluntad están predispuestos con tal órden que el uno se haya de suceder al otro, como los movimientos de un reloj, la libertad es una ilusion; y al ejercer los actos que creemos libres, no hacemos mas que obedecer al desarrollo de la serie que de antemano está preparada en nosotros.- Supuesto que las dos series son indepen- dientes entre sí, resulta que los actos mas culpables serán inocentes: el hombre que asesina á otro ejecutará un movimiento necesario, y estará tan ajeno de culpa como la rueda de una máquina que aplasta á quien encuentra debajo. | 18. Varias son las razones que se alegan en pro y en g¿ontra del sistema del influjo físico y del ocasional; para mo enredarnos en cuestiones vanas será conveniente fijar las ideas, separando lo cierto de lo dudoso. Veamos ante todo lo que nos atestigua la experiencia.
A ciertas impresiones recibidas por los órganos cor- responden determinadas afecciones en el alma; y recí- procamente, á ciertos actos del alma corresponden deter- minados movimientos en el cuerpo. Se aplica á mimano un pedazo de hielo, y mi alma, experimentando la sen- sacion de frio, guiere que la mano se mueva para remover lo que la molesta, y la mano se mueve. Esto es lo único que enseña la experiencia; en pasando de aquí, entramos en las discusiones filosóficas. | 49. Los partidarios de la causalidad ocasional arg:- mentan de este modo: lo simple y lo compuesto no 5 310 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
pueden influir lo.no sabre lo otro ¡estas son coses dis- paratadas, cuya accion recíproca no se puede ni siquiera concebir. Un cuerpo obra sobre otro: cuerpo, porque las partes del ajente se aplican á las del paciente; ¿pero cómo se pudrá verificar esto cuando uno de los dos ex- tremos carece de-partes? Luego, supuesto que la expe- riencia nos atestigua la correspondencia de Jos actos del cuerpo con los del alma, debiéramos decir que Dios es quien produce inmediatamente en ambos los afectos cor- respondientes, sin que uno ni otro sean mas que meras ocasiones del ejercicio de la causalidad divina.
Esta dificultad es especiosa: á primera vista parece insoluble; sin embargo, es susceptible de observaciones que la debilitan mucho, si no.la disipan del todo.
20. La razon de que no puede haber comunicacion entre lo simple y lo compuesto prueba demasiado, -y por consiguiente no prueba nada. Admitida absolutamente la proposicion, se seguiria que Dios, ser simplicisimo, no puede ejercer su accion sobre el universo corpóreo. Ni vale el responder que Dios es omnipotente y que su accion no conoce límites; pues que la cuestion está en si hay una repugnancia intrínseca en que lo simple tenga alguna comunicacion con lo compuesto: si hay esta re- pugnancia intrínseca, debe haberla en todo lo simple, y por “consiguiente en Dios; si no hav esta repugnáncia intrínseca, el argumento pierde su base.
21. Para afirmar con seguridad que no puede haber comunicacion de actividad entre lo simple y lo c: mpuesto, será necesario probar que la accion solo puede ejercerse por contacto, Es cierto que, si la accion entre lo simple y lo compuesto debiera ejercerse á la manera que unos cuerpos empujan á otros, no seria explicable sin el con- tacto de partes con partes; pero como esto no se podrá probar nunca, les será imposible á los ocasionalistas el dar un fundamento sólido á su sistema.
22. No siendo concluyente el argumento en favor de la causalidad ocasional, ¿nos decidiremos por el influjo físico?
En primer lugar se debe advertir que es algo confusa la expresion aquí empleada; quizá seria mejor usar de la parabra real en vez de física, para que, sin confundirse PSICOLOCÍA. 811 esta causalidad con los hechos materiales, se entendiese Do que solo se trata de establecer una accion verda- era.
23. Creo que en la presente dispula se puede indicar _el delecto de que adolecen los argumentos en pro y en contra; pero que no es fácil ni tal vez posible, decidirse con seguridad ni aun con probabilidad por lo uno ni lo otro. Esta es una de aquellas cuestiones que no pueden resolverse por falta de datos: y la ciencia, si alguna hay en este punto, debe limitarse á demostrar lá existencia de este vacio. Ensayémosio.
21. Si la cuestion pudiera resolverse, nos'guiarian á ello, ó la experiencia ó la razon: ambas son impotentes en este caso. La éxperiencia solo nos dice que existe la correspondencia de los hechos (18); pero no pasa de aquí; el modó con que esto se verifica se halla fuera de su jurisdiccion. Todos los trahajos de los fisiólogos no pueden salir de lo que atestiguan los serñtidos con res- pecto á las funciones orgánicas: y los sentidos no pueden atestiguar mas que movimientos ú otras afecciones de los órganos. Nada de esto hace adelantar un paso la cues- tion relativa á la causalidad. Supóngase el fisiólogo mas sagaz, mas delicado en el exámen del órgano de la vista; despues de haber explicado con la mas perfecta y atinada minuciosidad la construccion del ojo, las propiedades del nervio óptico, y de la parte del cerebro adonde este nervio termina, solo nos ha hablado de cosas materiales; nada nos ha dicho sobre el modo con que los objetos que explica producen la sensacion de ver.
La misma dificultad encontramos en el sentido inverso, esto es, en explicar cómo del imperio de la voluntad re- sultan ciertos movimientos corpóreos. La voluntad quiere tal movimiento; este es un hecho de conciencia; al im- verio corresponde el movimiento: este es otro hecho Xperimental; para la ejecucion se mueven tales ó cuales músculos, á donde van á parar tales ó cuales nervios sali- dos de este ó aquel punto del cerebro; este es otro hecho lambien experimental que el fisiólogo consigna; pero ¿porqué al imperio de la voluntad ha de corresponder tal movimiento en el cerebro? Sobre esto nada dice la experiencia, y el fisiólogo conviene en que esta es: 3812 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
una cuestion fuera del campo de sus experimentos.
25. Ya que la cuestion es irresoluble en"el terreno de la experiencia, veamos lo que puede enseñarnos la ra- zOn. | La idea de causa pertenece á lá clase de las que hemós, llamado indeterminadas (V. /deología pura, capítulos 1V y XI), y por consiguiente sus aplicaciones á un caso positivo dependen de las condiciones que nos suministre la experiencia. Esta idea tomada en general, solo nos ofrece la relacion de las de ser y de un-ne ser, que ha pasado á sér. Luego debe limitarse á las verdades de un órden puramente abstracto, sin que pueda servirnos para resolver nada en los casos en que nos falte la experien- cia. Ahora bien, esta nos falla precisamente en la cues- tion que nos ocupa, segun acabamos de manifestar (18); luego la razon no es capaz de enseñar nada decisivo, y soló puede ofrecerncs conjeturas mas ó menos plausibles.
26. Nuestras ideas intuitivas se reducen á cuatro cla» ses: sensibilidad pasiva, sensibilidad activa, inteligencia y voluntad. (V. /deología pura, cap. Xy: ) ¿De qué nta sirve todo:eso para resolver lá cuestion propuesta? -La senéibilidad pasiva es la forma de extension y demás ca- lidádes con que los cuerpos se nos presentan; la sensi- bilidad activa, la inteligencia y la voluntad son fenómenos de nuestra conciencia; en ninguna de estas ideas se halla la representacion del modo con que el alma y el cuerpo pueden ejercer entre sí recíproca influencia.
27. De donde inferiremos que la única resolucion de la cuestion es el descubrir que no la tiene para nosotros: esto es poco satisfactorio, pero si la ciencia humana no ha de ser un nombre vano para fomentar el orgullo y perder el tiempo, debe conocer sus propios límites, y no habrá progresado poco cuando consiga fijarlos con exactitud, A CAPITULO VI.
Sitio donde reside el alma.
- 28. Como el alma está unida al cuerpo con tan estre- “PSICOLOGÍA. 313 cho vínculo, se ofrece la cuestion sobre el lugar que “ocupa en el mismo. Descartes la: coloca en la glándula pineal; Buffon en la membrana que cubre el cerebro; «otros en diferente sitio, distinguiéndose por su singu- laridad la opinion de los aristotélicos, quienes opinan que está toda en todo el cuerpo, y toda en cualquiera de sus partes.; 29. En esta cuestion se han de tener presentes. las mismas observaciones que hemos hecho al tratar de la comunicacion del alma con el cuerpo: la experiencin nos falta, -y sin ella la razon no. puede adelantar nada en semejantes materias. "El experimento mas concluyen - te que se podria hacer seria el descubrimiento de una parte del cuerpo cuya sola conservacion - bastase para mantener la vida, y cuya falta produjese la muerte: y sin embargo todavía no se habria conseguido resolver la dificultad. Entonces se habria probado la necesidad fisio- lógica de un órgano, mas no que el alma residiese en él, pues que el conservárse ó el acabar la vida por solo un órgano, puede depender de otras causas que no tengan relacion con el asiento del alma. ¿Quién nos asegura gue ella haya de estar precisamente situada en el órgano Ihas necesario? Tal puede ser la relacion de los órganos que unos sean mas indispensables que otros por razones que á nosotros se nos ocultan, y que sin embargo no sean los mas 4'propósito para la residencia del alma. Séame permitido valerme de una comparacion. El maquinista dirige la máquina sin colocarse en la parte mas esencial de la misma; el músico pulsa su instrumento sin apli- car su mano á las partes mas íntimas y delicadas, Ade- más, la vida se puede terminar por la falta ó la lesion de órganos muy diferentes: y sin destruirse ninguno de los principales puede el hombre morir por la falta de da sangre. Infiérese de esto que, para probar que el alma ge halla situada en una parte del cuerpo, no basta que esta parte sea necesaria para la conservacion de la vida, y por consiguiente ningun experimento fisiológico puede ilustrarnos suficientemente para resolver la cuestion psicológica.
30. La opinion de los aristotélicos no se funda tam- poco en razones concluyentes, y á primera vista parece ed 314 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
contradictoria. ¿Cómo es posible que una cosa esté tod? cn diferentes lugares? Hé aquí el argumento principal y quizás cl único que se le puede objetar. Pero esta ob- jecion tan apremiante, aparece tanto mas débil cuanto mas profundamente se la examina. | ae Si bien se observa, se confunden aquí dos órdenes de ' ideas totalmente diversos: se quieren aplicar á un ob- jeto incorpóreo, simple, las.mismas reglas que á los cuerpos en su estado natural; y no se advierte: que es- tar en un lugar significa cosas diferentes segun el ser de que se habla. Tratándose de los cuerpos en su estado natural, ocupar un lugar es tener la extension pfopia en una posicion determinada con respecto á las dimen- siones de los demás cuerpos, pero es claro que, si habla- mos de un ser que carezca de extension, que no tenga partes de ninguna especie, su relacion.con la extension de los cuerpos no puede ser de la misma clase que la de estos entre sí. Asentada esta diferencia, la objecion se desvanece. ¿Cómo puede una cosa estar toda y á un mismo tiempo en diferentes lugares? Es imposible tra- tángose del órden establecido en. las relaciones ordi- nasias de los cuerpos; pero si se habla de seres no cor- póreos, y hasta de cuerpos que no se hallen en el órden natural, desaparecé la imposibilidad.
31. Un. autor respetable ha dicho que el situar el al- ma toda en todo el cuerpo, y toda en cualquier parte, - era atribuirle algo de la inmensidad que solo pertenece á Dios. Permitaseme observar que este cargo es infun-- dado. Las diferencias son varias. En primer Jugar, Dios está todo en todo el universo, y todo en cualquiera de sus partes; el alma está solo en elcuerpo. Dios estaria del mismo modo en todos los universos posibles, si lle- gasen á criarse; el alma está solo en su cuerpo. Dios por razon de su inmensidad está en todo lo existente; el alma puede perder su estancia en el cuerpo, y la pierde por la muerte. Dios tiene su inmensidad por la intrín- seca perfeccion de su naturaleza, el alma tiene su habi- litacion en el cuerpo con dependencia de la accion de Dios, creadora y conservadora. Estas diferencias son mas que suficientes para desvanecer todo escrúpulo, si es que cabeen una doctrina sostenida por tanlos tgó» ri PSICOLOGÍA. 313 logos eminentes, entre los cuales descuella santo Tomás de Aquino.
32. El recuerdo de: la inmensidad de Dios, lejos de enflaquecer la doctrina de los aristotélicos, la ilustra y confirma; pues con esto se manifiesta que no hay repu- gnancia intrínseca en que un ser se halle ¿un mism> tiempo todo en diferentes partes; y se nos advierte de que esta imposibilidad solo. existe cuando se trata de las relaciones naturales de los cuerpos en el espacio. A estas únicamente es aplicable lo que se funda en el con- tacto, ó en la respectiva y mutua limitacion de las par- tes contiguas; si pues se trata de partes que no se hallen en este caso, ó de seres que no las tengan de ninguna es- pecie, el argumento no prueba nada, porque supone condiciones que no existen, y que sin embargo son in- dispensábles para que pueda ser valedero. (V. Filosofía fundamental, lib. 11.) e | CAPÍTULO “VI.
Observaciones fundamentales para soltar todas las dificultades de los materialistas. | 33. Para dejar fuera de toda duda que el alma es dis- tinta del cuerpo, conviene soltar las dificultades que objetan los materialistas; esta solucion será mas fácil y cumplida si antes se fijan con claridad y precision algu- nos puntos, de cuya confusion nacen. las objeciones.
34. El cuerpo es un instrumento de que el alma ne- cesita para muchas de sus funciones, mientras se halla en esta vida. Cuando se emplea la palabra instrumento, no se entiende que el alma elabore sus pensamientos, actos de voluntad y sentimientos, por medio de los ór- ganos corpóreos; á la manera que el artesano se vale de los enseres de su oficio, sino que las funciones de dichos órganos son condiciones necesarias al ejercicio de ciertas funciones del alma.
35. Para afirmar que á un sujeto le repugna una pro- p:cdad, no es necesario conocer la esencia del mismo; a 316 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
basta tener conocida alguna de sus propiedadez nece - sarias que esté en contrádiccion con aquello de que se trata. El rudo que ignora“cuál es la esencia de la elipse puede conocer muy bietí que á dicha curva le repugha el ser. triangular; bastándole para esto el saber que en la elipse no hay ningan ángulo.
36. Los objetos que pueden representarse en nuestra imaginacion son únicamente los sensibles, y pur consi- guiente materiales. Lps seres incorpóreos, sean sustan- cias, sean atributos, golo podemos conocerlos con el en- tendimiento; no los.«imaginamos, los concebimos.: