SigPhi · Jaime Balmes

Curso de Filosofía Elemental

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92. El hombre, á mas de los fenómenos sensibles, percibe en los objetos sentidos ún hecho comun: la ex- tension; y halla en él una idea fecunda-de donde nace una. vasta ciencia: la geometría. El bruto siente los obje- tos extensos; pero no conoce la extension; conlo primero atiende 'á sus necesidades, mas por la falta de lo se- gundo no se eleva como el hombre á las ideas geomé- tricas, que conducen á la explicacion de las maravillas del universo.

93. Lo propio sutede con el número: el bruto ve conjuntos de unidades; pero no conoce el número ni la unidad; y así carece de los elementos de la “aritmé- PEA O, > i . PSICULUGLTA. “7 2 e 033 tica universal, que combinada con la geometría nos des- cifra los arcanos de la naturaleza.

. 94; De aquí resulta el dominio, que el hombre ad- - quiere sobre el mundo corpórea, y la servil rutina á que está condenado el bruto: este.obedece á un órden fijo, que no alcanza á modificar ni para sus propios usos; aquel, si bien no puede cambiar las leyes de la natura- leza, neutraliza las. unas con las otras, ó fas dispone de modo que se. auxilien, segun los efectos que intenta pro- ducir. Ea E: l 95. La hormiga construye sus pequeños almacenes, . la abeja labra sus panales, el castor fabrica sus diques, la golondrina su hido; pero siempre de una misma ma- “nera, sin.un, adelanto, sin la mas pequeña mejora. Mil y mil veces safren en su obra las mismas contrariedades de parte de los hombres ó de la naturaleza, y otras tan - tas se exponen á sufrirlas. ¿Esto qué indica? Indica que proceden sin conbcimiento, sin eleccion, por instinto, por un impulso necesario á que no pueden resistir. Admiremos este instinto, la adiniracion es justa, por- que'se dirige á la bondad y sábiduría del Criador; pero reconozcamos la superioridad de la inteligencia, y no seamos tan necios que al ver un panal ó un nido, con- fundamos á sus artífices con la especie humana, con el hombre que ha construido las pirámides de Egipto, los anfiteatros antiguos, el Escorial, San Pablo'de Londres, San Pedro de Roma, el Tunnel del Támesis; que ha cu- bierto el mundo de casas, aldeas, pueblos, ciudades po- pulosas como Nínive, Babilonia, Pekin, Roma, París, Londres; que ha unido los puntos de la tierra con redes de caminos; que ha echado sobre los rios iufinidad de puentes soberbios; que hace tributarias de la agricul- tura y de la industria las aguas de las fuentes, lagunas, y hasta de las entrañas de la tierra; que ha convertido los desiertos en amenos jardines, y los eriales en cam- pos de mieses, en feraces vevas, en verdes praderas; que domina la furia. de los elementos, y se lanza imper- térrito al través de los mares; que construye admirables mecanismos medidores del tiempo á imitacion de los as- tros; que dispone combinaciones asombrosas que éla- boran por sí solas los mas admirables artefactos; y que intenta ya dominar los aires, y se levanta osado á gran- ' des alturas; que ha logrado “anular las distancias, to- mando:á su servicio la “electricidad para la trasmision del pensamiento: á la especié humana, que ha hecho estos prodigios y que adelanta cada dia en su carrera á pasos agigantados, no la confundais por piedad con los brutos; no compareis con esas obras del genio el nido del ave, el panal de la abeja ó el dique del castor; que semejantes comparaciones son insensatas, y casi dejan de ser impías á fuerza de ser ridículas.

96. Si con respecto á las cosas. materiales hallamos tanta diferencia entre el hombre y el bruto, ¿qué será si nos elevamos á -lo puramente intelectual y moral? Las ideas de ser, sustancia, causa, efecto, bueno, malo, lí- cito, ilícito, virtud, vicio, derecho, deber, justicia, equi- dad, ¿se hallan “por nd en los brutos? El. amor de la gloria, la amistad, la admiracion, el entusiasmo, * el sentimiento de la belleza, de la sublimidad, la per- cepcion del conjunto de las relaciones morales del ser criado para con Dios, para consigo y sus Semejantes, ¿ se: hallan acaso en los brutos? El deseo de-la inmortalidad, la prevision del porvenir, la ansiedad sobre el último destino, el presentimiento de los “Secretos del sepulcro, ¿se vislambran ni siquiera en los brutos?

97. Siglos há que están en la fierra, ¿porqué no se han igualado, con el hombre? ¿Porqué al menos no se le han aproximado? ¿Porqué no han encontrado un medio de comunicacion? ¿Porqué no se valen de la escritura y de la palabra? Delante de sí tienen á la sociedad humana; son las víctimas de ella, sufren la mas terrible opresion, y no: aciertan á discurrir nada para emanciparse. Comparadlos con esos negros, á quienes la crueldad maltrata y humilla: tambien el pobre esclavo sufre y se halla frecuentemente asemejado á los animales que le rodean; su entendimiento está sumido en la ignorancia; su “voluntad se halla embrutecida; en su figura y ademan se pintan la degradacion en que vive; pero guardaos de confundirle con el bruto: que brilla en sus ojos la centella de la inteligencia y arde en su corazon la llama del orgullo; sabe meditar sobre su suerte; sabe compararse con sus compañeros de A PSICOLOGÍA. 335 infortunio; sabe levantarse en un dia señalado, y de- sollar á sus amos, y proclamar independencia y liber- tad; si la suerte le es adversa, sabe poner fin á sus dias apelando al suicidio. Esto hace el hombre en su ínfima escala; nada de esto hacé el bruto. Siglos hace queel ca- ballo soporta el freno; y el mulo, y el asno, y el camello lMevan tranquilamente su carga; y que los ganados se ven conducidos al matadero para alimento del hombre; y no han pensado nunca en sublevarse.; no han concebi- do jamás los terribles proyectos de que vemos ejemplos espantosos entre los esclavos antiguos y modernos.

98. Inútil seria esforzar mas los argumentos que prue- ban la superioridad del hombre, la diferencia esencial que le separa de los brutos; la oscuridad que pueda haber en las cuestiones sobre el alma de los irraciona- les á nada conduce cuando se trate. de igualarla ni com- pararla con. nuestro espíritu inteligente, libre, conooe- dor de sí propio y del universo, que se eleva hasta la causa primera, y se lanza fuera del tiempo por las re- giones de la eternidad. Dificultades se hallan en el mun- do vegetal;? y será justo por eso el confundir nuestro principio de vida con el que anima las plantas? Dificul- tades hay en explicar muchos fepómenos mecánicos y químicos, ¿ y será razonable el confundir el órden inte- lectual y moral con el mecánico y químico? Las dudas sobre un punto no autorizan á rechazar la verdad que en otros resplandece: el telescopio del astrónomo no alcanza á disipar las sombras de los abismos. del espacio; mas p..: esto no le ocurre la extraña idea del desechar los feu ienos que está viendo con sus ojos en tl sistema de Jos ciclos. * TEODICEA.

4. Llamo teodicea á la ciencia que trata de Dios en Cuanto puede ser conocido por la razon natural.

2. La filosofía no es un vano entretenimiento, es una ciencia grave; y no lo fuera si no nos condujese á un resultado. Entre estos el más importante es el del co- nocimiento de Dios. Antes de pasar adelante echemos una ojeada sobre lo que hemos recogido en los estu- dios que preceden. Para levantar un edificio sólido, asegurémonos de la firmeza del suelo en que echa- mos los cimientos. ed 3. Las investigaciones de la estética, ideología y psi- cología nos han conducido á los siguientes resultados: 1% El sujeto de nuestros fenómenos internos es una sustancia simple, sensitiva, inteligente y libre.

Hay fuera de nosotros un mundo corpóreo, ó sea un conjunto de sustancias extensas, sujetas á leyes constantes que las conservan en órden y armonía en medio de sus continuas variaciones.

Una parte de materia organizada está unida á ntes- - TEODICEA. 857 tra alma formando lo que llamamos nuestro cuerpo.

Este se halla sometido a las leyes del mundo cor- póreo, y además ligado con nuestro espíritu, sobre el cual influye y de quien á su vez recibe influencia.

ko.

Nuestras ideas tienen ur. valor sujetivo y objetivo; es decir, que no solo valen para los hechos que están en la misma alma, sino que tambieñ nos pueden conducir legitimamente, y en efecto nos conducen al conoci- miento de Jo que hay fuera de nosotros.

- Se, Aunque nuestras ideas se exciten por medio de las sensaciones, se distinguen esencialmente de ellas, y tie- nen un valor legítimo fuerá del órden sensible.

. La base de nuestras relaciones sensibles con el mun- do corpóreo, es la idea de la extension.

79 La idea fundamental de nuestro espíritu es la de se». Esta, combinada con la de no ser, engendra el principio de contradiccion: cimiento indispensable para todo co- nocimiento, condicion inseparable de todo cuanto hay y puede haber, así enel órden ¡deal como en el real.

La extension, la sensibilidad activa, la inteligencia y la voluntad, son para nosotros objeto de intuicion.

go, Todos los espíritus humanos tienen una ley comun, llamada razon: esta se forma de un conjunto de instin- tos intelectuales irresistibles y de verdades evidentes, ri E a a e 338 FILOSOFÍA ELEMENTAL. ] - Tenemos idea de sustancia.; la razón,.en el órden puramente ideal, nos enseña la posibilidad de que haya muchas sustancias; y combinada con la experiencia in- terna y externa, nos atestigua que en efeetolas hay.

11 Tenemos idea de la contingencia y de la' necesidad. La experiencia nos enseña que hay seres contingentes; y la razon demuestra que ha de haber algo necesario.

La razon, enel órden puramente ideal, nos da:las ideas. de causa y efecto: y combinada con la experiencia interna y externa, mos cerciora de que estas ¡ideas se hallan realizadas..; Tenemos tambien idea de lo infinito, y esta no es negativa sino positiva.

A CAPITULO Jl Existencia y origen del ateisuro.

bh. Ahora se nos presenta otra cuestion. Esla sus- tancia simple que siente, piensa y quiere dentro de nos- otros; ese conjunto de sustancias extensas al que Jla- mamos universo corpóreo, ¿dependen de algo que los haya producido? ¿Hay un ser autór de todas las cosas? La tristeza se apodera del corazon á la sola idea de que la ceguedad y malicia de unos pocos hombres haga necesario un estudio serio y detenido para probar una verdad escrita en la tierra y en el cielo con caractéres tan claros y resplandecientes: curactóres entendidos TEODICEA. 339 con suma facilidad por todos los pueblos en todos tiempos y países; y que al tratarse de Dios la filosofía haya de ser otra cosa que un cántico de amor y alabanza al supremo Hacedor, semejante al que entonan de con- tinuo la tierra y el firmamento. Sin embargo, ello es cierto que hay hombres que niegan la existencia de Dios; ya que no en su entendimiento, al menos en su boca y corazon; y asi la filosofía: no” puede prescindir del im- perioso deber de cenfundir con sus irresistibles demos- traciones á los que, tenierido su frente hundida en el polvo, la levantan de vez en: cuando contra el cielo, y cla- man: «¡No hay Dios!» | " 5. El mismo Rousseau ha dicho: «Tened vuestra al- ma -en tal estado que pueda siempre desear que haya Dios, y no dudareis jamás de esta verdad. » Este pen- Samiento es copia de ese otro de san Agustin: « Nadie niega la existencia de Dios,-sino aquel 4 quien con- viene que no le haya. Nemo Deum negat, nist cui expe- d:t Deum non esse. » «Yo quisiera, dice La Bruyere, en- contrar un hombre sobrio, moderado, casto, justo, que negase la existencia de Dios.y la inmortalidad del alma: este, al menus, hablaria sin interés; pero un hombre Lal no se encuentra.» (Caractéres, Cap. XVI.)

6. Consignado el orígen del ateissmo, prescindiremos de si hay ó no verdaderos ateos:: muchos autores 0pi- nan que es imposible que toshaya: tanta es la claridad con que brilla la existencia de Dios. Por mas que esto sea harto difícil, preciso es no olvidar que el hombre, cuando obedece á sus pasiones, es capaz de los mayo- res extravíos: ¿y quién noes asegura de que Dios no permita que algunos lleguen á cegarse hasta tal punto, dejando entregados á su réprobo sentido á los imsen- saltos que deseaban negarle? Para quien maldijese la juz, y quisiese que no la hubiera, ¿podria excogitarse castigo mas adecuado que privarle de la vista? ¿Puede haber castigo mas formidable que el retirarse Dios del: entendimiento del hombre, y déjarle caer en la horrible creencia de que Dios no existo?

340 FILOSOFÍA ELEMENTAL.

-« CAPITULO I1IL Demostracion de la existencia de Dios, como ser necesario.

.7. Existe algo: cuando menos nosotros; aunque el mundo corpóreo fuese una.ilusion, vuestra propia exis- tencia seria una realidad. Si existe algo, es preciso” que algo haya existido siempre; porque si fingimos que no haya nada absolutamente, no podrá. haber nunca nada: pues lo que comenzase á ser no podria salir de sí mis- mo ni de otro, por suponerse que no hay nada; y de la pura nada, nada puede salir. Luego hay algun ser que ha existido siempre. Este: ser no tiene en otro la razon de su existencia; es absolutamente necesario, porque si no lo fuese seria contingente, esto es, podria haber existido ó no existido; así pues no habría mas razon para su exis- tencia que para su no existencia. Esta existencia no ha podido menos de haberla, luego la no existencia es imposible; luego hay-un ser cuya no existencia implica contradicción, y que por consiguiente tiene en su esen” cia la razon de su existencia: Este ser necesario, no so- mos nosotros; pues que sabemos por experiencia que ha= ce poco no existíamos: nuestra memoria no se extien- de mas allá de unos cortos años; no son nuestros semejantes por la misma razon; no es tampoco el mundo corpóreo,.en el cual no hallamos ningun carác- ter de necesidad, antes por. el contrario le vemos sujeto de continuo á mudanzas de todas clases. Lucgo- hay un. ser necesario que no es ni nosotros ni el mundo corpó- reo; y como estos, por lo mismo que son contingentes, han de tener en otro la razon de su existencia, y esta razon no puede hallarse en otro ser contingente, purs que él á su vez la tiene en otro, resulta que así € mundo corpóreo, como el alma humana, tienen la razon de su existencia en un ser necesario distinto de ellos. Un ser necesario, causa del mundo, es Dios; luego Dios existe. 0% €. Demos á este argumento una nueva forma.

a — : TEODICÉA. — - 511 Yi existe algo, existió siempre algo; es así que existe algo: luego existió siempre álgo.. E Si no siempre hubiese existido algo, se podria desig- - nar un momento en que no hubo nada; si alguna vez no hubo nada, nunca pudo haber nada; luego, si existe algo, existió siempre algo.

De la pura nada no puede salir nada: luego, si al- guna vez ño'hubo nada no pudo haber nada.

Tenemos, pues, que existió siempre algo. Esto será necesario ó contingente: si es necesario llegamos. ya á la existencia de un ser necesario. Si es contingente pudo ser y no ser, luego no tuvo én sí la razon de ser. Luego tuvo 'esta razon en otro; y como de este otro se puede decir lo mismo, resulta que al fin hemos de llegar á un ser que no tenga la razon de su existencia en otro, sino en si mismo, y que por consiguiente sea necesario. Luego de todos modos, partiendo de la existencia de algo, lle- gamos á la existencia de un ser necesario.

9. Se dirá tal vez que una cosa contingente puede tener la razon de su existencia en. otra contingente, y esta en otra, procediéndose hasta lo infinito; pero esto es imposible. A Sea la serie A, B, C, D, E, F, etc. que deberemos suponer prolongada a parte ante hasta lo infinito. La existencia de /" ha debido ser precedida por la de £”;la de £, por la de D; la de D, por la de C; la de C, por la de B; la de B, por la de A, y como A es tambien con- tingente, su existencia ha debido ser “precedida por otro, y la de este por otro hasta lo infinito. Luego para que existiese F", han debido existir términos infinitos; luego se ha debido acabar lo infinito'; lo infinito acabado Ó finido es contradictorio, luego la supuesta serie infi- nita es de todo punto absurda.

10. Además, hay en contra de dicha serie atro argu- mento no menos concluyente. Si no hay. mas que seres contingentes, no hay ninguna razon de la existencia de la serie: ponerla infinita es aumentar la dificultad; pues que cuanto mas grande sea, mas de bulto se pre- sentará la imposibilidad de su existencia, cuya razon no se halla en ninguna parte. Cada término de la serie por sí solo, no la hace necesaria; tampoco puede darle este - 312 FILOSOFÍA ELEMENTAL..

carácter el conjunto, pues que este conjunto no existe- nunca, por ser esencialmente sucesivo: luego esa totali- dad necesaria de seres contingentes es contradictoria. En cada momento dado, solo existe un término; luego la totalidad no es nunca un ser real, sino concebido; ¿y quién puede funúar en un concepto irrealizable la exis- tencia de la realidad?

11. Compárense estos absurdos con la doctrina que admite un ser necesario, autor de todas las cosas. Con esta idea todo se aclara y explica: los seres contingen- tes no tienen la razon de su existencia en sí propios, Si= no en Dios. El ser necesario y eterno, es quien les ha dado la existencia y quien se la conserva con su omni- potente voluntad. (V. tlosofía fundamental, lib..x, Cap. 1 €APITULO IV.

Demostracion de la. existencia de Dios como causa de la razon humana.

12. La comunidad de la razon humana suministra otra demostracion de la existencia de Dios..Sea cual fuere el modo con que se desenvuelven en nosotros la ideas, es cierto que hay algunas verdades comunes á todos los hombres. Tales son las aritméticas, geométricas, meta- físicas y morales. No.es necesario ponerse de acuerdo para convenir en que seis y tres hacen nueve; que los, diámetros de un círculo son iguales; que el triángulo” no puede ser cuadrado; que no.es posible que una cosa sea y no sea á un mismo tiempo; que es preferible la buena fe á la perfidia. Hay pues entre todos los hombres una comunidad de razon: algo que se presenta á todos, y del mismo modo. Ahora bien. ¿De dónde dimana esa comunidad de pensamiento? No de algun hombre en par- ticular, porque es evidente que no hay ninguno ne- cesario para que la verdad sea verdad: las proposiciones anteriores no dejarán de ser verdaderas, aunque nos- etros dejemos de existir; luego esta comunidad de razon nn a = a TEQUICEA. 349 depende de un ser superior que nos ilumina átodos, que es el sol de las inteligencias, y que por tanto debe te- ner en sí propio la fuente de lá luz, 15. Si se responde que todos los hombres ven ciertas verdades porque estas -son conformes á la razon, en- cúentro en eso mismo una demostracion nueva de la existencia de Dios. En efecto: ¿qué significa el ser cier- tas verdades conformes á la razon? ¿Se entiende que es- tas verdades sean cosas existentes en sí mismas, por ejemplo que el axioma: el todo es mayor que su parte, sea una espetie de idea existente en-sí misma, flotante - por el mundo, y que se vaya ofreciendo á todos los en- tendimientos? Claro es que no; y que este principio y otros semejantes son verdades puramente ideales, que solo existen en el entendimiento. Pues bien: ¿de dónde dimana la necesidad de estas verdades? ¿Acaso de nues- tra razon? No; antes por el contrario, la verdad de . Nuestra razon depende de que se conforma á las mismas: ellas son la ley. de nuestro entendimiento, y desde el momento en que las niega,.se niega á sí propio, se con- vierte en un caos. Esta necesidad tampoco puede fun- darse en las cosas: porque por ejemplo, la igualdad de los diámetros de un círcule, no depende de la existen- cia del círculo: aunque no hubiese ninguno, seria ver- dadera la proposicion en que esto se afirmase. Además, nuestro entendimiento asiente á dichas verdades de una manera absoluta, sin necesidad de consultar á la ex- periencia; las encuentra en sus propias ideas; allí ve un mundo cuya verdad es independiente de la realidad.

14. Luego hay en la esfera puramente ideal un órden -de verdades necesarias cuya verdad y necesidad no di- mana de nosotros, ni de los objetos á que se refieren: es así que esta necesidad y verdad han de tener algun fundamento, si no queremos decir que toda verdad es ilusion; luego existe una verdad fundamento de todas: luego hay una verdad en donde se hallan todas. Esta ha de ser real; porque la nada no puede ser fundamento y orígen de la verdad y necesidad; ha de ser subsistente en sí misma, pues que las ideas no existen por sí solas, y deben estar en algun entendimiento. Luego hay una. inteligencia, fundamento y orígen de todas las verdades; 34% FILOSOFÍA ELÉMENTAL.

luego este mundo ideal que se nos representa, es un re- flejo de la verdad infinita que se halla en la inteligencia infinita. (V. Ideología pura, Cap. xuL.)

CAPITULO V.

Demostracion de la existencia de Dios como ordenador del universo.

45. La-asombrosa regularidad con que esas grandes moles que llamamos astros recorren la inmensidad de los cielos, con precision matemática, y por espacio de tantos siglos, es una demostracion tan clara, tan convin- cente de la existencia de Dios, que en todos tiempos y a ha fijado la atencion no solo de los filósofos sino mbien de.los rudos. El ateo está condenado á no poder ' levantar los ojos al firmamento, sin leer escrita en gran- diosos caractéres la reprobacion de su doctrina.

16. Descendiendo á la tierra encontramos un nuevo órden de hechos que nos atestiguan la existencia de un supremo Hacedor infinitamente sabio. ¡Qué riqueza, qué variedad, qué belleza y armonía en todas partes! Los filósofos, los oradores, los poetas de todos los siglos, han encontrado en las maravillas de la naturaleza un fondo inagotable para entonar al Autor de todas la cosas un cántico de admiracion y alabanza. ¿Quién ignora las magníficas páginas que la vista del universo inspiraba á Ciceron? é 4 17. El cuerpo del hombre encierra tanto eaudal de prevision y sabiduría, que él por sí solo bastaria para convencer de la existencia de un supremo Hacedor. A medida que la anatomía y la fisiología van adelantando, se descubren nuevos prodigios en la organizacion; y siempre con unidad de fin, con sencillez de medios, y con tal delicadeza de procedimientos que asombra al observador. Sirva de ejemplo lo que he dicho del ojo (Estética, cap. 11); no obstante que la naturaleza de la obra me ha obligado á ceñirme á brevísimas indicaciones.

18. Son innumerables los escritos en que se demues- - i TEODICEA. 345 tra la existéncia de Dios, fundáundose en las maravillas Jel universo; algunos sabios hán tenido lá feliz ocurren- sia de limitarse á un solo punto;tomando respectiva- mente Jos “astros, el agua, la lluvia, el trueno, la nieve, los minerales, las conchas, los insectos, los animales de todas clases; el corazon, el ojo, la mano, la palabra: manifestando con cada uno de estos objetos la prolunda sabiduría que preside á las obras de la creacion.

19. Los que niegan á Dios se verán pues condenados á los absurdos siguientes: que. hay' un órden admirablé sin ordenador; una correspondencia de Jos medios con los fines, sin que nadie lo haya dispuesto; un con- junto de leyes fijas, constantes, que rigen el mundo con precision matemática, sin que haya ninguna inteligencia que las haya planteado ni concebido.

CAPÍTULO VI Demostracion fundada en la creencia universal del género - : humaño.

-20. Todos los pueblos del mundo han reconocido la * existencia de Dios: ¿cómo es pos:ble que todos se hu- biesen engañado? Esta creencia universal prueha que en el reconocimiento del supremo Hacedor están de acuerdo con la voz de la naturaleza, las tradiciones primitivas del linaje humano, quien ha conservado la memoria, aun- que á veces desfigurada, de aqueltos.momentos en que el primer hombre salió: de las manos del Criador, segun nos relicre el historiador sagrado. Aquí, la autoridad del sentido comun se halla con todos los caractéres que se han señalado para su infalibilidad: es una creencia Irresistible, universal; sufre el exámen de la razon, y se liga con los fines naturales y morales. (V. la Lógica, 21. Examinemos las objeciones. La creencia en Dios ¿no podria ser efecto del espanto que causaron á los licmbres ciertos fenómenos de la naturaleza, como el icrremeto, la tempestad, el trueno, cl rayo? Este argutu Gone no 346 FILOSOFÍA ELEMENTAL.

mento es de Lucrecio: Primus in orbe deos fecit timor, ardua colo fulmina dum caderent.

Si solo hubiesen creido én Dios las tímidas mujeres, los niños, Ó los pusilánimes é ignorantes, Ja dificultad - seria menos fútil; pero cuando esta ereencia la han tenido los hombres mas valerosos, los mas grandes na- turalistas, y los filósofos mas eminentes, ¿cómo será posible atribuirla al miedo? Las preocupaciones de la infancia de los pueblos se disipan cuando la civilizacion progresa; no sucede así en lo totante á Dios; el salvaje se posira en medio de sus bosques para aplacar la ira del Ser supremo”; y lo mismo hacen las naciones que han llegado á la cumbre de la civilizacion, riqueza y es- plendor.

22. ¿Podria explicarse la creencia en Dios como efecto de la habilidad de los legisladores primitivos, quienes verian en esta doctrina un frend necesario para las pasio- nes? 3% Esta objecion, lejos de dañar, favorece; porque em- pieza por consignar un hecho importantísimo, cual es, que la creencia en Dios es el fundamento de la sociedad. ¿Qué error seria ese que fuera necesario para la conservacion del órden social? Esto, por sí sol), ¿no esuna demostracion de que la existencia de Dios es una verdad? Pero respondamos directamente á la objecion. ¿Quién inspiró esta idea á todos los legisladores? ¿Por qué casualidad tan feliz coincidieron todos en tan útil ocurrencia? Una doctrina que impone deberes, que enfrena las pasiones, ¿cómo la pudieron hacer acep- table? ¿Cómo- es que lograron engañar no solo á los ignorantes, sino tambien á los sabios? ¿Cuál es la razon de que un ardid de gobierno se convirtiese en objeto de contemplacion y altas discusiones entre todos los fi- lósofos de todas las escuelas? Para responder á estas preguntas basta el sentido comun. Además, Jos que sostienen tamaña paradoja están obligados á probarla; y como aquí se trata de hechos, es preciso que manifiesten dónde se hizo la feliz inven- cioñ, quién fué el astuto inventor; que señalen, siquiera en confuso, en qué época se concibió por la vez primera un pensamiento tan maravilloso. Esto les será imposi- TEODICEA. 347 TEODICEA. 347 ble, porque en la cana del mundo encontramos la ¡dea de Dios; y parece tanto mas viva, mas fuerte, cuanto mas nos acercamos al orígen de las cosas. Ahí están de comun acuerdo la historia y la fábula, la religion y la mitología; ahí están todos los monumentos en que se conservan, enteras ó desfiguradas, las tradiciones de los tiempos primitivos. | AS CAPITULO VII.

Demostracion sacada de las horribles consecuencias de] ateismo, 23. Las consecuencias morales del ateismo son su refutacion mas elocuente. Sin Dios no hay vida futura, no hay legislador supremo, no hay nada que pueda dominar en la conciencia del hombre; la moral es una ilusion; la virtud una bella mentira; el vicio un amable proscrito á quien conviene rehabilitar. En tal casó, las relaciones entre marido y mujer, entre padres é hijos, entre hermanos, entre amigos, son simples hechos natu - rales que no tienen ningun valor en el órden moral. La obligacion es una palabra sin sentido, cuando no hay quien pueda obligar: y faltando Dios no hay nada su- perior al hombre. Así desaparecen todos los deberes, su rompen todcs los vínculos domésticos y sociales; solo deberemos atender á los impulsos de la naturaleza sen- sible, huyendo del dolor y buscando los placeres. ¿Quién no retrocede al ver destruida de este modo la armonía del mundo moral? ¿Quién no se consuela al reflexionar que esto es únicamente una hipótesis insensata? ¿Quién 1o siente renacer en su espíritu la luz y la esperanza, al pensar que Dios está en el origen de todas las cosas. criándolo y ordenándolo todo con admirable sabiduría, promulgando las leyes del universo moral, y escribién- dolas con caractéres indelebles en la conciencia de la Criatura inteligente?: 3 60 FILOSOFIA ELEMENTAL.

CAPITULO VIIL Exámen de la hipótesis del acaso..

21. Los que no admiten un Dios criador y ordenador de todas las cosas apelan á diférentes efugios, que va- mos á examinar. A La casualidad ó el acaso es el Dios de los.ateos. Habia en los espacios una infinidad de átomos que revoloteaban sin órden ni concierto: unos en una direccion, otros en otra; mas por una feliz casualidad se dispusieron las cosas de tal modo, que los átomos se unieron en dife- rentes masas, formando Jos cielos y la tierra; y éstas masas, por otra casualidad no. menos feliz, tomaron el movimiento que vemos y que tanto nos ádmira. Esa explicacion del órden que reina en el mundo, la comba- tió Ciceron en el libro De natura deorum, observando con mucha verdad que los filósofos que admitian tan absurda hipótesis no debian tener inconveniente en reco- nocer la posibilidad de que, arrojando al acaso innu= merables caractéres de letra, resulten escritos en tierra los Anales de Ennio; y que si el fortuito concurso de los átomos pudo formar Ja tierra y el cielo, tampoco habria dificultad en que formase pórticos, templos, casas y ciu- dades, que por cierto'.son obras de menos entidad que la tierra con sus admirables producciones, y que el cielo con sus astros innumera” Jes, de moles colosales y de movimientos rapidisimos ejecutados con una regula- ridad asombrosa. | 25. Los ateos sustituyen á-la realidad infinita, que es Dios, una palabra sin sentido: el acaso. ¿Qué es el acaso? ¿Es algun ser por ventura? ¿Cuál será? Será sus- tancia Ó accidente, cuerpo ú espíritu, criado ó mcreado.. No; el acaso es nada; decir que las cosas han sido pro- ducidas y ordenadas por el acaso, equivale á decir que han sido producidas y ordenadas por nada. Examine- mos á fondo el sentido de la palabra acaso.

Dos hombres, de los cuales el uno ignora por dénde anda el otro, se encuentran; hó aquí una casualidad.

em TEODICEA. 31,9 ¿Qué significa esta palabra? Nada mas que la ignorancia: de ellos qpn respecto á su futuro encuentro. Pero este encuentro ¿tenia alguna causa? Indudablemente: la vo- Juntad de cada uno que se dirijia al mismo punto; mas como este. concurso era ignorado de los dos, le Jlaman casualidad. Un tirador dispara al acaso, y mata una fiera: hé aquí otra casualidad, que se llama con este nom- bre porque el tirador ignoraba que se hallase la fiera en la direccion del tiro. El suceso, sin embargo, tenia sus causas; cuales eran el haber disparado el tiro en aquella direccion, y el hambre, la necesidad de descan- so, ú otro motivo que hubiese impulsado á la fiera á pa- sar por allí.

Los sucesos casuales tienen pues sus causas; y si les damos el nombre de fortuitos, es porque ignoramos el concurso de las causas que los van á producir. Si pudié- semos abarcar de una ojeada el conjunto de las cosas, nada hallaríamos fortuito; y así es que para Dios que lo ve todo, no hay nada casual. A este propósito se suele aducir con mucha oportunidad el siguiente ejemplo. Dos. hombres que suben simultáneamente á una altura por dos lados opuestos, tendrán por casual su encuentra en la cumbre; mas para quien estuviese arriba y los viese subir, el encuentro seria muy natural. De esto inferire- mos que el acaso es una idea relativa, que solo expresa ignorancia de las causas que concurren á producir un efecto. Así pues, cuando los ateos dicen que el mundo ha sido producido y ordenado por el acaso, no hacen mas que emplear una palabra vacía de sentido, á la cual atribuyen sin embargó una obra tan estupenda.

- 26. Quien sostiene que una cosa ha sucedido por pura casualidad, debe convenir en que aquello podia haber sucedido de otras maneras: si.al disparar un tiro se di- Ce que por casualidad ha dado en un blanco, se entiende que cón igual razon podia dar en otros puntos. Apliquemos esta doctrina al cuerpo del hombre. | ¿Porqué los ojos están en la parte superior de la cara? Por casualidad, dirá el ateo; de suerte que podian estar en cualquier otro punto del cuerpo. ¿Porqué pues, no salen muchas veces en la barba, en el pescue- zo, en el pecho, en el vientre, en las piernas, en los to 350 FILOSOFÍA ELEMENTAL.

piés, en la espalda, ó en la cima de la cabeza? Si todo es casualidad, si no hay una inteligencia que haya cui- dado de ponernos los ojos en el lugar donde están: delante para que nos guiasen; en la parte, superior, para que descubriésemos mejor los objetos; ¿porqué no nacen repetidas veces en otras partes del cuerpo? Siendo todo pura casualidad, resulta que el tener los ojos en el lugar conveniente, es un negocio de loterla: ¿porqué pues todos los hombres, excepto alguna rarísi- ma monstruosidad, sacan la bola que necesitan, y esto en todo el mundo, y por espacio de tanlos siglos?