SigPhi · Jaime Balmes

Curso de Filosofía Elemental

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80. Por donde se echa de ver que el mal-np sigm- pre consisté en la falta de una realidad, y que*pligde. nacer de lo contrario, El ciego tiene un mal, que es. falta de la vista; pero un monstruo con tres piés, tiene nn mal que es la sobra de. un pié.

81. Sin embargo conviene, observar, que aun en tales casos, tambien el mal produce una falta; pues que la rea- lidad sobránte no es un mal sino porque quita la «rmo- nía, el órden; y el órden en los seres es una realidad.

82. El. bien absoluto bajo todos conceptos, solo se halla en Dios: el bien absoluto es la realidad infinita. El mal absoluto en cuanto-opuesto al bien absoluto, pa- rece que debiera ser la negacion absoluta; pero áestano ' se la llama mal, sino nada. En este sentido diremos-que no hay mal absoluto; pues que todo'mal implica la 2 turbacion del órden en alguri ser, es decir en algun bi ya seá que falte lo que debiera haber, ya sea que so: re algo que introduzca el desórden, 83. Ahora podremos definir el' anal diciendo que es: la perturbacion del órden.

8/. Segun seá el órden perturbado, será la especie del mal: físico si el órden es físico; moral si es moral. La destruccion de uno de nuestros órganos es un mal físico; un acto de injusticia es un mal moral.

85. Algunos llaman mal metafísico á la Jimitacion de las criaturas; pero esto no es'un mal, es una IEA que acompaña á las esencias finitas.

86. Fijadas de este:mudo las ideas, contestaremos á la dificultad. No es creible que nadie quiera hacer un cargo á la Providencia por el mál metafísico; esto €s, por la limitacion de las criaturas: tanto valdria quejarse de que lo finito no sea infinito. Así pues, nos ocuparemos del mal físico y del moral.

-87. Consideremos primero el mal físico, prescindiendo de toda relacion con las criaturas racionales. Cae un rayo sebre un árbol y. le calcina; un rio se desboca y ar» rebata las plantas de sus alrededores; el árbol y las plantas sufren un mal porque. se ha perturbado su ór- den particular, se ha destruido su vida, A quien cul- TEODICEA. 969 para por esto á la Providencia, le preguntariamos si el árbol y lás otras plantas eran seres aislados, y si no debian estar sujetos á las leyes generales del mundo cor- póreo. Estos vegetales formaban parte de ese gran con- junto que llamamos universo; su órden especial estaba subordinado al órden general; cuando este requería que aquel fuera destruido, la destruceion se ha consumado. 88. Un artífice construye una máquina con varios sis- teniás de ruedas,. que marchan con sus velocidades res- pectivas; todos estos sistemas se ordenan á un fin deter- minado que se propuso el construcior. Este fin exige que de vez en cuando. uno de esos sistemas afecte al útro de una manera nueva, engranando por ejemplo una rueda de un sistema con la de otro, y perturbando el úrden de este, acelerando ó retardando la velocidad, ó parando del todo su movimiento: ¿culpareis por eso la sabiduría del maquinista? Porque se ha perturbado ó se ha destruido el movimiento de un sistema de ruedas, ¿di- reis que no hubo prevision en el autor de la máquina? Hé aquí lo que sucede en el mundo: enel órden general del universo entran muchos órdenes particulares, así de individuos como de especies: el órden general exige que se sacrifique uno de los particulares, y así sucede: ¿qué prueba esto contra la sabiduría que gobierna el mundo? Nada: por el contrário, la manifiesta y confirma.., 89. ¿Pero cuál es, se nos dirá, la utilidad de esos males particulares? ¿Cuál es el bien que de ellos resulta en favor del órden general? No conociendo perfectamente el conjunto de las leyes que rigen el mundo, no pode- mos sabar en muchos casos cuál es el efecto que un fe- nómeno particular produce en bien del órden general; ¿pero nuestra ignorancia no nos autoriza para negar este efecto. A medida que adelantan las ciencias se van descu- briendo nuevos arcanos en las relaciones de la natura- leza, y se van conociendo fines especiales que antes se - ignoraban; ¿qué sucederia si pudiésemos abarcar de una ojeada todo el sistema del universo? Veríamos un órden admirable allí donde se nos ofrecia hn desórden; veríamos que la armonía se afirmaba y extendia, cuandu nosotros crefamos que se perturbaba. O 90. Estos pequeños desórdenes lo. son “únicamente 370 FILOSOFÍA ELEMENTAL. cuando se los considera en su aislamiento: pero las pat- tes del universo no pueden mirarse como aisladas sirjo unidas, trabadas íntimamente, conspirando todas á un fin. Cuando se consideran los objetos por sí selos, toro se perturba. Figurémonos que las yerbas de un prado donde están pastando los ganados tuviesen inteligencia, pero no conociendo otro bien que el suyo: al ver que el ganado las Siega sin piedad para “sepultarlas en su estómago « ¡qué atrocidad! exclamarian. ¡Quién go- bierna el mundo! ¡Qué desórden cs este! ¡Qué injusti- cia!» Y sin embargo, si el pobre ganado no encontrase yerba, se pondria flaco y macileñto: y en tal caso, tam- poco podriamos nosotros regalar la mesa con tarnes suculentas y sabrosas. Hay aquí una escala; lo uno se ordena á lo otro; el mal en un órden subalterno es” un bien ea un órden superior; todos los eslabones de la cadena solo los conoce el que tiene en su omnipotente mano el primero y el último. —' ' 91. No. es difícil templar la compasion del ateo por los infortunios de los vegetales; pero ¿quién podrá cón- - solarle, si llegamos á tratar de” los animales? ¿Cómo es que á estos infelices vivientes selos haya sometido á tan crudos padecimientos? ¿Porqué la Providencia: no los ha eximido de todos los' dolores, dejándolos retozar alegres en medio de goces continuos?'¿Acaso no po- dria proporcionarles á todos abundancia” de sabrosos alimentos, de bebidas refrigerantes, de”guaridas abriga- das, Ó, lo que hubiera sido mejar, hacerles disfrutar de una perpetua primavera! a A csta objecion contestaremos con la respuesta ante- rior, 'ampliáhdola empero con algunas observaciones.

Supongamos que las leyes generales del mundo exigen que caiga un aguacero sobre una comarca; segun el ateo debia Dios suspender las leyes hidráulicas, para qué cl agua no mojase los nidos y no se filtrase en las pua- ridas de las fieras, ó no bañase con demasía las espaldas de los ganados del campo. / Risum teneatis!

Tocante á lós alimentos hay la dificultad que, por ejemplo, el lobo no se contenta sino comiendo fa carne de la oveja, y esto no se hace sin matarla; el halcon tampoco se contenta sino con las blandas.carnes de la pa- « e!

A e 2 TEODICEA, 371 loma, lo.cual tampoco se puede hacer sin efusion de sangre inocente. | El quitar la variedad de las estaciones, con el objeto de evitar á los animales el frio y el calor, traeria con- sigo la perturbacion del sistema astronómico; no será tan exigente el ateo; parece que la Providencia ha he- cho bastante vistiendo-á unos con tupido plumaje, á otros con espeso pelo, á otros con. vellosa y caliente lana; con darles á todos los instintós: necesarios -para preservarse de la intemperie en las respectivas esta- ciones, y con llevar su solicitud hasta el punto de co- muhicar á los mas” débiles el admirable instinto de la trasmigracion, para que, á manera de:gente mimada, busquen en la variedad delos climas el temple que mas conviene á su salud y comodidad. * En cuanto.á. loz dolores que sufren los animales, son generalmente pocos, excepto cuando caen en - nuestras manos: y de esta responsabilidad tampoco 'se exime el ateo. Es de notar la-buena salud de que disfrutan gene» ralmente, hasta que los sorprende una muerte prematu- ra, Ó acaban consumidos por la vejez. Hay dolores que nacen de su misma organizacion; y la facultad de sentir- los les.es necesaria en muchos casos para conservar su vida. La naturaleza les ha dado sensaciones ingratas para que se apartasen de lo que les daña; si el animal no sintiese los rigores de la intemperie, no.se guardaria de ellos y pereceria...eS -:92. Algunas de las observaciones anteriores pueden aplicarse tambien. al hombre; quien, aunque racional, no deja de estar sometido á las necesidades de su or- ganizacion. Además, por su libertad de -albedrío, abusa :con harta frecuencia de los dones de la naturaleza, y multiplica sus males. físicos; y como por otra parte su estado social trae consigo un nuevo género de relacio- nes, experimentamos á mas de los dolores del cuerpo los contratiempos de.la fortuna. Si debiésemos considerar al- hombre limitado á la tierra, defenderíamos á la Pro- videncia con las razones anteriores; diríamos que es un ser que contribuye con los otros al órden general, y que por.consideración á él solo no-se deben alterar las leyes del universo. Pero el valor de esta razon sube de punto 372 FILOSOFÍA ELEMENTAL.

si se considera que el hombre es un ser intelectual y. moral, que los males que sufre pueden servirle de pre- vencion contra el vicio, y de pena cuando merezca ser castigado; que en el sufrimiento'se le ofrece un vasto campo para mostrar la fortaleza y desplegar las facul- tades superiores que le distinguen de los brutos anima- les; que siendo criatura racional no se le han debido fi- jar como á los irracionales, las inclinaciones para satis- facer las necesidades de la vida; que esta misma ampli- tud produce naturalmente la facilidad en el exceso, y por consiguiente los padecimientos;y que en fin, sobre to- _ das estas consideraciones hay la enseñanza de la Jetigion, acorde con las tradiciones de todos los: pueblos, que nos habla de una caida primitiva, de una degeneracion del humano linaje, y que nos da con esto una nueva clave para explicar el mal, ¡lustrando á la filosofía con la nar- racion de los acontecimientos que perturbaron la armo- nía universal en el orígen del mundo.

Esto nos conduce á tratar del mayor delos ma- les, del moral, que consiste en la infraccion de las leyes od por el Criador á todas las criaturas intelectua- es.

93. Dios podria impedir el mal moral, ¿porqué lo permite? Este es otro de los argumentos que se objetan á la Providencia; para desvanecerle bastará fijar las ideas: | El mal moral, ó el pecado, erivuelve dos condicio- nes: ley moral y libertad en su infraccion: si no hu- biese. ley moral no habria mal moral; si no hubiese Itbertad en la infraccion no habria pecado. Nadie culpa al niño que no ha llegado al uso de razon, ó al infeliz demente que la ha perdido. ': En el supuesto de que hubiese: seres intelectuales, debia estar vigente para ellos la ley moral: lo contrario es absurdo; era imposible que Diós, ser infinitamente santo, criase seres intelectuales, exentos de toda ley moral; tenemos pues en primer lugar que la ley moral no podia menos de regir en el mundo; pretender lo con- trario seria querer que Dios no hubiese criado seres in- telectuales.: Un ser inteligente debia estar dotado de libertad de "= 1 TEODICEA. 373 albedrío: por lo mismo que es capaz de considerar los objetos bajo aspectos diferentes, de proponerse varios fines, y de aspirar á “ellos por distintos medios, era preciso que tuviese libertad, sin la cual no hay elec- cion. Extendiéndose ha ley moral á todos los actos de la vida, podia la criatura no querer lo que ella manda, Ó desear lo que ella prohibe; no hacer lo primero, ó eje- cutar lo'segundo, y por consiguiente cometer una infrac- cion de la ley. La razon de esto se halla en la misma limitacion de la criatura.

Resulta, pues, que supuesta su existencia, la cria- tura intelectuál podia pecar; y que para evitarlo era pre- ciso que se la despojase de la libertad: de albedrío, esto es, que se mutilase su naturaleza. Hé aquí adónde vie- ne á parar el argumento contrá la-Providencia: á la al- ternativa de exigir que Diosno criase ningun ser intelec- tual ó que los criase sin libertad. Así, pues, esta dificultad tan ponderada se reduce á las mismas dimensiones que las anteriores; nace, como ellas, de la contemplacion de un órden especial, aislándolo del general; no atiende á la necesidad de la existencia de la ley moral y de la li- bertad de albedrío, en el supuesto de haber criaturas intelectuales; es decir, que prescinde de dos grandes hechos: la ley moral y la libertad; se olvida de otros dos hechos que son como los polos del mundo intelectual: el mérito y el demérito FIN DE LA METAFÍSICA.

E "Y : * PROLOGO.

“Etica Mamo á la ciencia que tiene por objeto la na- ' taraleza y el orígen de la moralidad. Cuál sea el ver- dadero sentido de la palabra moralidad, no se puede explicar aquí; pues que á ello se dedica una parle considerable de este volúmen. Algunos han dado á la ética el título. de arte de vivir bien: lo cual no parece exacto, pues que si se. reuniesen todas las reglas de buena conducta, sin acompañarlas de exámen, for- niarian un arte, mas no una ciencia.

Fácil me hubiera sido escribir un grueso volumen de ética. ó filosofía moral: es materia en que las riquezas abundan, y se las puede tomar de otros, sin que se conozca el plagio; pero he preferido reducir el tratado á pocas páginas, ya porque lo requiere el género de la obra, ya tambien porque las ideas, para germinar, conviene que no estén desleidas. Lo que importa es asentar los principios, é indicar con cla- ridad y precision el modo de aplicarlos: ciertos por- menores corresponden á una obra -de moral, pero no á una filosofía moral. La palabra filosofía, expresa . aquí, exámen y análisis de los fundamentos de la moral y de sus conclusiones capitales: si se quisiese descender á: las últimas consecuencias, seria preciso contar con mas tiempo del que suele. emplearse en esta enseñanza. | Se notará que no tráto separadamente. ni del sen- tido ni del sentimiento moral: solo hablo de ellos, cuando lá materia respectiva va ofreciendo la oca-. sion. Si por sentido moral se enijende la percepcion 378 FILOSOFÍA ELEMENTAL.

instintiva decierlasrelaciones morales, queda incluido en el sentido comun, del cual forma un ramo; si se le quiere tomar en otra acepción, no la comprendo. El sentimiento moral es lo que indica su nombre; el sentimiento en sus relaciones morales. Como'mero sentimiento, es una inclinación que' nada significa -en el: órden moral, hasta que sé subordina á la libertad, y sé encamina á un objeto, con sujéción á las condiciones morales: en cuyo supuesto el criterio de su moralidad. se ralla en afgunos delos capítulos qué tratan de los deberes y derechos. Todo senti- miento se refiere al sujeto'ó al objeto: así están señaladas sus reglas, cuando se han fijado las de la moral en todas sus relartones.

En el órden de materias no he. seguido el método comun: no es netesario exponer aquí los motivos, vi lo consiente tampoco la brevedad que me he propuesto. No obstante, para juzgar de si he acer- tado ó no, hay un medio sencillo: leer el tomo con la mira de buscar allí un cuerpo de ciencia, resultado de un exámen riguroso. Si el libro llena este objeto, el método es bueno; sino, errado. | He procurado presentar las. cueítiones bajo cl aspecto reclamado por las necesidades de la época: si en.algo conviene atendc» á esta circunstancia, es indudablemente en la moral. Fuera de las acade- mias, pocos hablan de ideología y psicología; pero las cuestiones sobre la sociedad, el poder público, la propiedad, el suicidio, se agitan en todas partes. Es preciso tener sobre ellas ideas. fijas, para preservarse de extravío, y es indispensable saber tratarlas con el _ método y estilo de la épo"2, so poa de dañar á la verdad deslucióndola, CAPITULO 1. . Existencia de las ideas morales y su carácter práctico.

4. Hay en.todos los hombres ideas morales, Bueno, malo, virtud, vicio, lícito, Hícito, derecho, deber, obli- gacion, culpa, responsabilidad, mérito, demérito, sun palabras que emplea el ignorante como el sabio en todos tiempos y páises: este es un lenguaje perfectamente en- tendido por todo el lináje humano, sean cuales fueren las diferencias en cuanto á la aplicacion del significado á casos especiales.

2. Las Cuestiones de los filósofos sobre la naturaleza de las ideas morales, confirman la existencia de las mis- mas; no se buscaria lo que son, si no se supiese que son. No cabe señalar un hecho mas general que este; no cabe designar un órden de ideas de que nos sea mas imposi- ble despojarnos: el hombre encuentra en sí propio tan- ta resistencia á prescindir de la existencia del órden mo- ral, como de la del mundo que percibe con los sentidos.

Imaginaos el ateo mas corrompido, el que con mayor impudencia se mofe de lo mas santo; que profese el rincipio de que la moral es una quimera, y de que solo har que mirar á la utilidad en todo, buscando el placer y huyendo el dolor; ese monstruo, tal como es, no Jle- ga todavía á ser tan perverso como él quisiera, pues no consigue el despojarse de las ideas morales. Hágase la prueba: dígasele que un amigo á quien hx dispensado muchos favores, acaba de hacerte-traicion « ¡Qué ingra- titud! exclamará, ¡qué iniquidad f» Y río advierte que la ingratitud y la iniquidad son cosas de órden purameñte moral que él se empeñara én negar. Figurémonos que el amigo traidor se presenta y dice al ofendido: «Es cierto, yo he hecho lo que V. llama una traicion; V. me dispen- saba favores; pero cómo de la traicion me resultaba una utilidad mayor que de los beneficios de V., he creido' que era una puerilidad el reparar en la justicia y en el agradecimiento. » ¿Podrá el 4ilósofo, dejar de irritarse á 380 FILOSOFÍA ELEMENTAL, la vista de tamaña impudencia? ¿No es probable que le llamará infame, malvado, monstruo, y otros epítetos ue le sugiera la cólera? Y no ebstante este es el mismo lóso.y que sostenia no haber órden moral, y que ahora le proclama'con una contradiceion tan elocuente. Quitad el interés propio, hacedle simple espectador de acciones morales ó inmorales: y la contradiccion será la misma. Se le refiere que un amigo expuso su vida para-salvar la de otro amigo; ¡qué accion mas - bella $ dirá el filósoto. Por algunas talegas de pesos fuertes, un militar entregó una fortaleza, lo que causó la ruina de su patria; ¡qué villanía, qué bajeza, qué infamia! dirá tambien el filó- sofo. ¿Esto qué prueba? Prueba” que las ideas morales están profundamente arraigadas en el espíritu, que son inseparables de él, que son hechos primitivos, condicio- nes impuestas á nuestra naturaleza, contra las que nada pueden las cavilaciones de la filosofía. | 3. Las ideas morales no se nos han dado como obje- tos de pura contemplacion, sino como reglas de conduc- ta; no son especulativas, son eminentemente prácticas; por esto no necesitan del análisis científico para que pue- dan regir al individuo y á la sociedad. Antes de las.és- cuelas filosóficas habia moralidad en los individuos y en " los pueblos; como antes de los adelantos de las ciencias naturales la luz inundaba el mundo; y los animales se aprovechaban de los fenómenos notados y explicados por la catóptrica y dióptrica. a po | hh. Así pues, al entrar en el exámen de la moral, es preciso considerar quese trata de un hecho; las teorías no serán verdaderas si no están acordes con él. La filo- sofía debe explicarle, no alterarle: pues no se Ocupa de un objeto que ella haya inventado y que pueda modili- gar; sino de un hecho que se le da para que lo examine. Por este motivo, los elementos constitutivos de las "ideas morales es necesario buscarlos en la razon, en la conciencia, en el sentido comun. Siendo reguladores de la conducta del hombre, no pueden estar en contradic- cion con los medios perceptivos del humano linaje; y debiendo dominar en la conciencia, han de encontrarse en la conciencia misma...5. La razon, el sentido comun, la conciencia, no son e.

ÉTICA. 391 extlasivo patrimonio de los filósofos; pertenecen á todos tos hombres; por lo que la filosofía moral dehe comenzar inter rogando al linaje humano, para que de la respuesta pueda sacar qué es.lo que se entiende por moral 6 inmoral, y cuáles son las condiciones constitutivas de es- tas propiedades.

o CAPITULO Il. Condiciones Ar para el órden moral.

6. No hay moralidad ni inmoralidad cuando ng hay conocimiento: nadie ha culpado jamás á una piedra, aunque con su caida haya producido un desastre; ni ha juzgado meritoria la influencia del agua que da á las plantas verdor y lozanía. Este conocimiento, necesario para la moral, debe ser superior á la percepcion pura- mente sensitiva: pór cuya razon están exentos de res- ponsabilidad los brutos. La moral exige un conocimiento de relaciones, capaz de comparar los medios con los fines, una percepcion inteligente; cuando esto falta, hay acciones físicas, provechosas ó nocivas, pero no mora- Jes ó inmorales.

7. De esto inferiremos, que la primera condicion para que una-accion pueda pertenecér al órden moral, es la inteligencia en el ser que la ejecuta. El órden moral cor- responde pues únicamente al mundo intelectual, y de tal modo, que las criaturas racionales solo están en él, mientras usan de razon. En el sueño, ú otra situacion cualquiera en que el uso de la razon esté interrumpido, no hay órden moral; y si se imputan algunas acciones como al borracho el asesinato, es porque con su conocimiento anterior habia podido prever la perturbación mental y - SUS consecuencias.

8. El conocimiento de lo que se ejecuta no es suficien- te, si el sujeto no obra cón espontaneidad libre. Espon- taneidad, porque si procediese por violencia, como uno á quien se iorzase la mano para escribir, no habria ac- cion del sujeto: este no seria mas que un ¡pstrumento ? 2382 FILOSOFÍA ELEMENTAL.

necesario del agente principal. Libertad, po eb 2UN SU- poniendo que el acto se ejerce con espontaneidad y hasta con vivo placer, no hay órden moral, si el sujeto obra por un impulso irresistible, si no puede evitar la accion que ejecuta. El niño que no ha llegado al uso de la razon, el demente. el delirante, hacen michos de sus actos con espontaneidad, sin violencia de ninguna especie, tal vez con mucho gusto; y sin embar go sus acciones no son laudables ni vituperables, no pertenecen al mundo mo- ral, porque el sujeto que obra no procede con libertad de albedrío.

9. La inteligencia; Ó sea un conocimiento de relacio" nes, y la libertad, son necesarias para el órden moril; perogs preciso notar que por relaciones se entiende algo mas que las de los medios con los fines; y por libertad, algo mas tambien, que la simple facultad de hacer ó no hacer, ó de hacer esto Ó aquello; se entiende cierto gra- do de conocimiento y-de libertad, que no siempre se puede fijar con absoluta precision, pero que determinan aproximadamente la razon y el sentido comun, Un ejem- plo hará comprender lo que quiero decir.

Un demente intenta escapar de su encierro, y dispone los medios de la manera mas adecuada; suple la llave con algun hierro que tiene á la mano, sale callandito, evita el encuentro de los vigilantes, arrima una escalera á una pared, se descuclga á la calle por una cuerda para evitar el daño de la caida, se dirige á la casa de su anti- guo enemigo, y le asesina. No hay duda que muchos de- méntes son capaces de proceder así; y por consiguiente hay en ellos un eonocimiento de la relacion de los me- dios con el fin. Si al salir de la puerta de su encierro hubiese visto á un vigilante, habria retrocedido; 6 in- dudablemente lo hubiera hecho, si á la vista se siguiera Ja amenaza: por donde se conoce que. al ejecutar su ac» cion, no Obraba con un impulso del todo irresistible, y que “podia dejar de obrar, en entendiendo que le tenia - mas cuenta para evitar el castigo: conservaba pues al» guna libertad; no obraba por un inapulso irresistible. Sin embargo, nadie dirá que el demente fuera responsable del asesinato: si algun dia volviese á da razon, el recuerdo del homicidio ño le. rebajaria á los ojos de los de- * a ÉTICA, 383 más hombres; seria digno de lástima, mas no de yitu- pería, 10. Para el órden moral, se necesita uná capacidad de conocer la moralidad de las acciones, y de proceder libremente, conforme á este conocimiento; la criatura intelectual no está en el órden moral, sino cuando se halla completa, por decirlo así, cuando, aunque no refle- , xione actualmente, es al menos capaz de reflexionar so- bre el órden moral. Esto es tan cierto,:que no se culpa! á quien comete con pleno conocimiento y libertad un ac- - to, cuya malicia moral ignoraba invenciblemente. En el Órden físico, los actos son lo que son, prescindiendo del conocimiento de quien los ejecula; pero en el moral to- do depende del conocimiento y de la-libertad del que obra; y este conocimiento y libertad deben ser capaces de referirse al mismo órden moral, de lo contrario no producen acciones que pertenezcan á él.

CAPITULO IL Necesidad de una regla fija.

- 11. Capacidad de conocer lo que se ejecuta en el ór- den físico y en el moral, y libertad para obrar ó no obrar: hé aquí las condiciones que se necesitan para que un ac- to pueda ser digno de alabanza ó vituperio; así lo ense- ña la razon, lo juzga el sentido. comun y Jo confirma la Jegislacion de todos los pueblos. Pero hasta aquí hemos encontrado las condiciones necesarias, mas no las cons- tituyentes; sabemos que aquellas son indispensables pa- ra el órden moral,-sin conocer por esto cuál es la esen- cia de la moralidad. Con conocimiento y libertad se hacen cosas buenas ó malas, morales Ó.inmorales; ¿en qué consiste esa bondad y malicia:, esa moralidad é inmora- lidad? ¿Cuál es la razon de que el mismo conocimiento y libertad produzcan acciones buenas Ó malas segun Jos objetos á que se aplican? Y ante todo, ¿hay alguna regla. fija que distinga lo bueno de lo malo?

12. En el universo está todo en un órden, y no debian 384 FILOSOFÍA ELEMENTAL. formar excepcion de esta regla las criaturas racionales, Pero ese órden no podia ser en ellas el efecto de una ley. necesaria, á no mutilar su naturaleza despojándola del libre albedrío. Era preciso, pues; que en el ejercicio de sus facultades estuviesen sujetas á un órden que no las ' violentase, y que les dejase lugar á la transgresión. Por donde se ve que la ley moral no es para las criaturas ra- cionales una influencia de fuerza, sino de atraccion, de - limitaciones en varios sentidos, pero. que siempre res- * peta su libertad de obrar. El que sabe la pena en que incurre si falta á sus deberes, tiene limitada su accion por la influencia del temor; el que espera una recom- pensa de su obra está atraido por el deseo del premio; pero ambos motivos-, así el repulsivo como el atractivo, aunque puedan ejercer mas Ó menos influencia sobre lá voluntad, la dejan siempre libre: el uno puede cometer el delito arrostrando la pena; y el otro puede omitir la buena accion renunciando al premio. a 13. Por lo mismo que la criatura libre no- tiene un principio determinante necesario de sus acciones, es preciso buscar alguna regla á que pueda atenerse, ó kien dejarla abandonada á todos los impulsos de su naturale- za. Esto último equivaldria á degradar la criatura racio- nal, haciéndola de condicion inferior á la de los brutos y aun de los seres inanimados; pues que estos tienen una regla á la cual se conforman por necesidad. Todo ser criado ejerce sus funciones en el órden del universo; y el ejercicio de eltas no puede estar abandonado al acaso, si se quiere que el ser pueda llenar el objeto de su des- tino. Así pues, será necesario convenir en que las accio- nes libres han de tener alguna regla; y en la conformi- dad á la misma debe consistir la moralidad. o 41. Esta regla no depende del arbitrio de los hom- bres: las acciones no son morales ó inmorales porque se haya establecido así por un convenio, sino por su ín- tima naturaleza; ¿podrian los hombres haber hecho que. la piedad filial fuese un vicio y el parricidio una accicn virtuosa; que el agradecimiento fuese malo y la ingrati- “tud buena; que fuera vituperable la lealtad y laudable la erfidia; que la templanza mereciese castigo y la em briaguez fuera digna de premio? Es evidente que no; << ÉTICA. 885 las ideas de bien y- de mal convienen naturalmente á ciertas acciones; nada puede contra eso la voluntad del hembre. Quien afirme que la diferencia entre el bien y el mal es arbitraria, contradice á la razon, al grito de la -Conciencia, al sentido comun, á los sentimientos mas profundos del corazon, á la voz de la humanidad, ma- nitestada en la experiencia de cada dia, y en la historia de todos los Hempos y di: - CAPITULO IV. La regla de la moral no es el interés privado.

45. Supuesta la necesidad y existencia de una regla, y probado que no es arbitraria sino natural, busquemos cuál es.

- 16. Entre los errores que se han vertido sobre la ma- teria merece un lugar preferente el que confunde la mo- ralidad con la utilidad privada. Segun esto, lo útil á un individuo es nioral para él, lo nocivo inmoral; lo que no daña ni aprovecha es indiferente; el órden moral es el conjunto de. Jas relaciones de utilidad: quien obra con arreglo á ellas obra bien, quien las perturba obra mal. Las facultades de un ser deben dirigirse á proporcionar- le el mayor bienestar posible; la relacion con el grado de este bienestar es la medida de la moralidad de las ac- ciones.

17. Desde luego salta á los ojos que este sistema erige. en base de la moralidad el egoismo: así comienza por fundarla en Jo que le: repugna, en lo que la destruye, á no ser que se engañe la humanidad entera. « Este hom- bre es un egoista; para él nada hay bueno sino lo que le ofrece utilidad;» hé-aquí una terrible acusación segun la conciencia de todo el género humano; y no obstante esta acusación se convierte en elogio en el sistema que combatimos. « Este hombre es egoista, solo atiende á su: _—ililidad; solo á ella respeta; » significará ese absurdo: «el egoista es altamente moral, pues que solo espe la utilidad, esencia de la moralidad. ». 22 386 FILOSOFÍA ELEMENTAL.

Esta observacion basta y sobra para destruir tan erró-.

rea doctrina; sin embargo, buéno será examinarla y re- futarla con mas extension y bajo todos sus aspeetos. ' 18. ¿Qué esla utilidad? Es el valor de un medio para lograr un fin. Un caballo.es útil, porque nos sirve pará: montar ó cenducir efectos;.el dinero es útil, porque nos sirve para proveernos de lo que necesitamos; ta pluma es útil, pórque nous sirve para escribir: Cuando una co-: sa no conduce á otra se Jlama inútil para ella. Así, -pues, las ideas de utilidad é inutilidad son esencialmente relativas; lo que es útil para una cosa es*inútil para - otra. Lo que no solo nv conduce al fin, sino que llevá ¿4 lo contrario, no se llama inútil; sino dañoso ó nocivo. Para andar con desembarazo sirve:la ligereza del traje, será útil con relacion al objeto de andar - segen la esta» cion puede ser cómoda, entonces será útil para la como- didad; en invierno pudiera “acarrear un catarró, será pues dañosa á la salud.

49. Siendo la utilidad una cosa relativa, cuando $e quiera cimentar la moral sobre la utilidad privada es ne- cesario comenzar por la definicion de esta; determinan- do el fin á que nos hemos de referir: segun sea el fin será la utilidad. Sardanápalo creia hacer una cosa que le era muy útil embriagándose de placeres; lo que consideraba como el sumo bien; supuesto que hacia poner en su bus- to la famosa inscripcion, de la cual dijo con verdad y gracia Aristóteles, que ho era deun rey sino de un buey: « Tengo lo que comí, bebí y gocé; lo demás ahí queda.: Pero si hubiésemos preguntado á Sócrates si miraba la frugalidad como daños”. 0 in*'.] hubiera dicho que á más de juzgarla moral la creia muy útil á la salud y aun para ciertos goces. Así lo manifestó cuando, preguntado un dia porqué daba un fuerte paseo,-respondió: « Estoy sazo- nando la cena con el mejor condimento, que es el ham- bre. » 20. Si se hace consistir el fin en el placer, es preciso expresar en cuál, si en los sensibles.ó en-los inteleetuales, que tambien tiene los suyos lá inteligencia. - 241. Poner el fin del hombre en los placeres sensibles es trastornar el órden de ta 'naturaleza, tomando los me- dios por fines y los fines por medios, El placer de la co- -—2 lla a rl — i ÉTICA. 387 mida:se- nos ha concedido: para impelernos á satisfacer -esta necesidad, y hacernos el: alimento mas saludable; no nos alimentamos para sentir plácer, sentimos placer para que nos-alimentemos. Lo propio se puede decir de _los demás, y en sentido opuesto de los dolores.

22.. La prueba de que el fin no es el placer sensible, se. ve en la limitacion de las facultades para gozar; el gas- trónomo mas voraz está condenado á privarse de muchas cosas, si no quiere morir; y para la inmensa mayoría de los hombres; los placeres de la mesa se reducen á un circulo mucho mas estrecho. Todos los demás goces algo vivos están sujetos á la misma ley: quien la infringe su- fre; si continúa pierde la salud, y si'se obstina muere.

. 23, Los placeres á.que se ha dado mayor latitud, y cuyo 8 goce está únicamente limitado por las precisas ne- Me cesidades del reposo de los órga:ios, son aquellos que