SigPhi · Jaime Balmes

Curso de Filosofía Elemental

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- ÉTICA. 103 establecido; de suerte que sin mengua de su santidad hubiera podido hacer que el odio de la criatura al Cria- dor fuese una virtud y el amor un vicio, que el aborre- cer á todos los hombres fuese una accion laudable, y el amarlos vituperable; ¿quién puede concebir tamaños delirios? Por donde se ve que el órden moral tiene una parte necesaria, independiente de la libre voluntad di- vina; por la sencilla razon de que Dios, todo verdad, todo santidad, no puede alterar la esencia de las cosas, pues que esta se halla fundada en la misma verdad y santidad infinita.

55. A medida que se va analizando la cuestion, el terreno se despeja, y nos encontramos con menos ele- mentos que puedan pretender á ser principios de la mo- ralidad: no la hallamos fundada en ninguna criatura, nt tampoco en la libre voluntad divina;. luego será algo ne- cesario en Dios mismo; «el orígen de la moralidad será la misma bondad moral de Dios, la santidad infinita? pero ¿qué es bondad moral, qué es santidad? ¿qué que- remos significar por estas palabras? He aquí una nueva dificultad. E 56. Si antes de lo contingente es lo' necesario, antes de lo condicional lo incondicional, antes de lo relativo lo absoluto, cláro es.que esa bondad moral, contingente no en sí, sino en el ser criado; condicional por la de- pendencia de las condiciones á que en su aplicacion está sujeta; relativa, por los extremos á que se refiere; ha de estar precedida de una bondad moral absoluta, que no se funde en otra cosa que en sí misina, que sea la bondad moral por esencia y excelencia; de suerte que en llegando á ella ya no sea posible pasar mas allá en busca de otras explicaciones. El mismo lenguaje con que expresamos la razon de la moralidad indica el ca- rácter absoluto de su orígen. Gonforme á razon, á la ley eterna, á los principios eternos: estas expresiones indi- can relacion de conformidad á una bondad necesaria, es decir, la dependencia en que lo relativo está de lo absa- luto.

57. ¿Cuál es pues el atributo de Dios, ó el acto que concebimos como bondad moral, como santidad? No es su inteligencia, ni su poder, sino el amor de su perfec- 404 FILOSOFÍA ELEMENTAL.

cion infinita. El acto moral por esencia, el acto cons- tituyente, por decirlo así, de la bondad moral de Dios, ó sea de su santidad, es el amor de su ser, de su per- feccion infinita; mas allá de esto nada se puede conce- bir que sea orígen de la moral; mas puro que esto no se puede concebir nada en el órden moral. Ll amor con que Dios se ama á sí mismo es la santidad, es, por de- cirlo así, la moral viviente. Todo lo que hay de mo- ralidad real y posible, dimana de aquel piélago infi- nito.

58. La santidad de Dios no es el cumplimiento de un deber, es una necesidad intrínseca, como la de exis- tir. No se puede buscar la razon del amor que Dios se tiene á sí mismo: esto es una realidad absolutamente aecesaria. Del hombre se dice muy bien que ha de amar á Dios; pero de Dios no se debe decir esto, sino que se ama; enunciando de una manera absoluta una verdad absoluta. A quien insistiese en preguntar por- qué Dios se ama á sí mismo, le replicaríamos que la pregunta es tan extraña, cumo esta otra: porqué Dins existe. Lo necesario no tiene la razon de sí mismo, * fuera de sí mismo; es: y ya está dicho todo; nada se puede añadir. Lo propio diremos de la santidad: Dios es infinitamente santo por el amor de sí mismo: de este amor no puede señalarse otra razon sino que es. Pero en cuanto podemos ensayar con nuestra débil razon la explicacion de lo infinito: ¿concebimos acaso algo mas recto, mas conforme á razon, que el amor de la perfec- cion infinita? El amor ha de tener algun objeto: este es el ser; no se amaá la nada: cuando pues hay el ser por esencia, el ser infinito, hav el objeto mas digno de amor. Pero no insistamos en manifestar una verdad tan clara que no necesita explicacion.

59. Veamos ahora cómo de la santidad infinita, del acto moral por esencia, del amor de Dios, de la morali- dad sustancial y viviente, dimana la moralidad ideal que hallan en sí propias todas las criaturas intelectuales, y que se realiza bajo distintas formas en las relaciones del mundo intelectual, i mo.

ÉTICA. 140) - CAPÍTULO XI.

Cómo de la moralidad absoluta dimana la relativa.

60. Dios, viendo desde la eternidad el mundo actual y todos los posibles, veia tambien el órden á que debian estar sujetas las criaturas que los compusieran. Una obra de la sabiduría infinita no podia estar en desórden; y mucho menos la mas noble “entre ellas, que era la inte- lectual. Amándose Dios á sí mismo, amaba tambien este órden, y le queria realizado en el tiempo por las criatu- ras racionales, cuando se dignase sacarlas de la nada. Pero como esta realizacion debia ser ejecutada libremen- te, pues que los seres dotados de inteligencia no pueden estar sujetos en sus actos á la necesidad, como los.irra- cionales, debia comunicárseles esta regla por medio del conocimiento con el cual dirigieran su voluntad. Así su- cedió; y la impresion de esta regla en nuestro espiritu, nO por la mano del Criador, es lo que se llama ley na- tural.

61. Entre las prescripciones de esta ley, figura en pri- mera línea el ámor de Dios; el órden moral en la criatura no podia fundarse en otra cosa; ya que el amor de Dios á sí mismo es la moralidad por esencia, la participacion de esta moralidad debia ser tambien la participacion de este amor. Y he aquí una prueba filosófica de la pro- funda sabiduría de la religion cristiana, que establece el amor de Dios como el máyor y primero de los manda- mientos.: 62. Claro es que el hombre, atendida su debilidad, no puede estar siempre pensando en el amor de Dios; por lo cual no es necesario que todus sus actos lleven de una manera explícita este augusto carácter; pero pue- de, sí, obrar de modo que nada haga contrario á este amor, y conformar sus actos al órden prescrito. Cuando así proceda, aunque sus acciones no esten expresamente motivadas por este amor, participan de él en alguna ma- nera; y en esta participacion consiste la moralidad, en lo contrario la. inmoralidad, 1106 FILOSOFÍA ELEMENTAL.

63. Esta doctrina no es una mera hipótesis para expli- car un hecho: si su exposicion no bastase para mani- festar su verdad, hé aquí de qué modo podríamos con- firmarla: - SÓ La moral como necesaria y eterna no se funda en ninguna criatura, luego su orígen está cn Dios. La bon- dad moral participada, ha de estribar en la moral por esencia; esta es la santidad divina. Cuando un hombre es muy bueno moralmente se le apellida santo; la bon- dad por esencia será la santidad por esencia. La santi- dad divina es el amor que Dios se tiene á sí mismo: es- te amor participado hace la santidad de la criatura; el amor «por esencia ha de ser la santidad por esencia. Ade- más, los otros atributos de Dios no se refieren directa- _mente:al órden moral; este es el único en que descubrimos este carácter; nada podemos concebir mas bueno y mas santo que el acto puro, infinito, con que Dios ama su perfeccion infinita.: La moralidad en la Criatura no puede ser otra cosa que una participacion de la moral divina. La primera y principal de estas participaciones es el amor de la cria- tura á Dios. | 64. Dios ama el órden que corresponde á las criatu- ras conforme á lo que está en la sabiduría infinita. La criatura amando este Órden ama lo que Dios ama, lo que está en Dios,. y por consiguiente ama en algun modo á Dios. Infringiendo este órden no ama á Dios, pues que obra contra lo que él amá. Luego la criatura participa de la moralidad cuando procede con arreglo á este ór- den, y peca cuando le traspasa. - 65. Así hemos encontrado lo absoluto en moral, fun- damento de lo relativo; lo infinito, orígen de lo finito; lo esencial, fuente de lo participado. Con esta piedra de to- que podemos recorrer toda la moral, y reconocer la bondad ó la malicia de las acciones.

ÉTICA. 407 CAPÍTULO XIL “ Explicacion de las nociones fundamentales del órden moral.

66. Ahora podemos definir el órden moral y todas sus ideas fundamentales.

67. La moralidad absoluta y esencial es la santidad infinita, ó sea el acto con que Dios ama su perfeccion ¡ in- finita.

68. La moralidad en los seres criados es el amor de Dios explícito ó implicito.

69. El amor explícito es el acto mismo de amar á Dios; este es el acto moral por excelencia. —: 70. El amor implícito es el amor del Órden que Dios ama en sus Criaturas.

- 71. El órden moral es el órden en las criaturas, en cuanto amado por Dios.

"72. Bien moral, relativo y finito, es lo que pertenece al órden amado por Dios en la criaturas, en cuanto es realizable por seres inteligentes y libres. Mal moral es lo que es contrario al órden amado por Dios, en cuanto la contrariedad es realizable por criaturas libres, 73. Vínculo moral, tomado en su mayor generalidad, es un límite que deja intacta la libertad física; pero que influye en la inteligencia y voluntad del ser libre para que ejerza ó no su accion en cierto sentido. La voluntad - es físicamente libre para querer una cosa mala; pero no la quiere porque és mala, ó Se acarrea costigo: he aquí un límite; un vínculo moral produciendo su efecto sin destruir la libertad.

74. Ley natural es la comunicacion del órden moral hecha por Dios al hombre desde su creacion, en cuanto produce en este un vínculo moral.

75. Mandamiento ó precepto es el acto que produce este vínculo moral con respecto á la ejecucion de una cosa. Prohibicion es el acto que liga moralmente para no ejecutar una accion.

76. Lícito es lo que o contraría el ór den moral; ¡li cíto lo que le contraría. ' Fr 4408 FILOSOFÍA ELEMENTAL.

77. Deber es la sujecion de la criatura libre al órden moral.

78. La obligacion, tomada esta palabra en su mayor generalidad, se confunde cun el deber. Se llama obliga- cion porque la sujecion al órden moral forma una especie de vínculo, que respetando la libertad física, la liga en el órden moral, en cuanto la criatura no puede apartar- se de este órden sin hacerse culpable y sin incurrir en una pena.

79. La idea de derecho incluye dos: la de lícito con relacion al sujeto que lo tiene; y la OBIgAcIón de los de- más en respetársele.

Camilo puede pasearse; los otros no pueden impedír- selo; Camilo tiene, pues, derecho al paseo. Si estuviese solo en el mundo, el paseo le seria lícito; pero no se diria que esta licitud (si puedo expresarme así) fuese un derecho.

Salustio puede reclamar el dinero que ha prestado á su amigo; y este tiene obligacion de devolvérsele; en Salustio hay un derecho.

Luego el derecho incluye siempre obligacion Ó deber en otro, ya sea para hacer, ya para no impedir.

80. Imputabilidad moral es el conjunto de las condi- ciones necesarias para que una accion pueda ser atribui- da á una criatura en el órden moral. Estas son; conoci- miento del acto imputado y libertad en su ejecucion 81. Responsabilidad moral es la sujecion á la imputa- bilidad y á sus consecuencias.

82. Culpa es la misma responsabilidad por una mala accion. «Es culpable, no es culpable, » esto es, ha obra- do mal, ó no; es responsable de un mal ó no.

83. Pecado es una accion mala. Se suele aplicar este nombre á las acciones malas consideradas únicamente” con relacion á Dios. Cuando se las refiere á las leyes hu- manas se apellidan faltas, delitos ó crímenes, segun su gravedad y naturaleza. Hay pecados de omision.

34. Premio es un bien otorgado á un ser á consecuen- an ES una accion buena que le pertenece como impu- table.

85. Pena es un mal causado al ser libre, por motivo ÉTICA. 1109 de una aceion mala de que es responsable. El castigo es la aplicacion de la pena.

86. Virtud es el hábito de obrar bien.

87. Vicio es el hábito de obrar mal.

Para ser virtuoso no basta ejecutar una accion buena; es preciso tener el hábito de obrar bien; así como por un acto malo se hace el hombre culpable, mas no vi- closo.

88. Laudable es el ser la accion digna de que la reco- O Acan y aprecien los demás, como conforme al órden moral, a | 89. Vituperable es lo digno de que los demás lo re- conozcan y censuren como contrario al órden moral.

90. Conciencia es el dictámen de la razon que nos di- ce: esto es bueno, aquello es malo.

91. Si hay verdad en el juicio de la moralidad de un acto, la conciencia se llama recta; si hay error, erró- nea; si hay certeza, cierta; si hay probabilidad, proba- ble. La conciencia dudosa es la qué está fluctuante entre el sí y el no.: 92. El error es invencible, cuando no lo hemos podi- do evitar; de lo contrario es vencible. Lo mismo se apli- ca á la ignorancia de una obligacion. Si por jgnorancia invencible, cometemos un- acto malo, no somos culpa- bles; pero la-ignorancia vencible no exime de culpa.

CAPITULO. XILL Cómo se extiende el órden moral á lo que no le pertenece por - intrínseca necesidad.

93. Hasta aquí hemos considerado el órden moral en sus relaciones necesarias; fáltanos ahora saber cómo se extiende á muchas cosas que no participan de esta ne- cesidad. Lo que pertenece al órden moral necesario, está mandado porque es hueno, ó prohibido porque es malo; lo que eslá fuera de dicha necesidad, es bueno porque está mandado, ó malo porque está prohibido. El amor 140 FILOSOFÍA ELEMENTAL.

de Dios está mandado porque es bueno; el perjurio está prohibido porque es malo. La observancia de un rito, por ejemplo: la abstinencia de ciertos manjares, es bue- na porque está mandada; el comer de ellos es malo por- que está prohibido. Los mandamientos relativos al órden necesario se llaman naturales, los demás positivos.

91. La obligacion positiva es una consecuencia de la natural; ó hablando con mas propiedad, es la misma obligacion natural aplicada á un caso. He aquí puesta en un silogismo la fórmula general de todas las obligaciones positivas que emanan de Dios. Es de ley.natural el obe- .decer á Dios en todo lo que mande; es así que ha mandado esto; luego es de ley natural el hacer esto. La ma- yor es un principio de moral necesaria; la -menor es la afirmacion de una cosa particular que cae bajo lo com- prendido en aquel principio; luego la consecuencia in- . Cluye tambien una obligacion natural, ó sea la aplicacion de la ley natural á un caso dado. * _ 95. Esta aplicacion de los principios naturales á casos: especiales, se encuentra en todas las relaciones de la vi- da. Casio no está obligado á ceder una propiedad á Sem- pronio ¿esta cesion nada tiene que ver con la ley natu- ral. Pero si suponemos que Casio se ligue por un contrato, la cesion resultará prescrita por la ley natural. -Segun esta se debe cumplir lo pactado; Casio ha pactado la ce- sion, luego debe hacerla; y no haciéndola peca contra la ley natural.

96. De la propia suerte se explican las obligaciones positivas que emanan de legítima autoridad humana. La ley natural prescribe que se guarde en la sociedad el ór- den debido; el cual no puede subsistir, rotos los vincu- los de la obediencia á la autoridad legítima; esla tiene pues la sancion de la ley natural; y en el ejercicio de sus funciones produce obligacion á causa de esta misma ley.

CAPITULO XIV.

Deberes para con Dios.

97. Una criatura racional, aunque estuviese enlera= ÉTICA. 441 mente sota en el universo, no podria prescindir de sus - relaciones con el Criador: su simple existencia le pro- duce deberes hácia el Ser que se la ha dado.

- 98. El primero de estos deberes es el amor: este es “la base de los demás. Por el amor se une nuestra volun- tad con el objeto amado, y la criatura no está en el ór- den, sino está unida con su Criador. El objeto de la vo- luntad es el bien; y por tanto el objeto esencial de la voluntad es el bien por esencia, el bien infinito.

99. Lo mismo se hos indica por la inclinacion hácia el bien en general que todos experimentamos. No hay quien ho ame el bien; no hay quien no le desee bajouna ú otra forma. Los errores, las pasiones, los caprichos, la mal- dad, buscan 4 menudo el bien en objetos inmorales y _dañosos; pero lo que se quiere en ellos no es lo que tienen malo sino lo bueno que encierran. Supuesto que el bien, en general, es una idea absiracta, y que no hay bien verdadero, sino cuando hay un ser en que se rea- liza; este deseo del bien en sí mismo nos indica que hay algo que no solo es una cosa buena, sino el bien en sí misimo. Si á este bien, que es Dios, Je conociésemos intuitivamente, le amaríamos con una feliz necesidad; peru ahora, mientras estamos en esta vida, aunque ame- mos por necesidad el bien tomado en general, no lo amamos en cuanto está realizado en un ser; y por esto el hombre sustituye con harta frecuencia al amor del bien infinito y eterno el de los finitos y pasajeros.

100. El amor de Dios engendra la veneracion, la gra- titud, el reconocimiento de que todo lo hemos recibido dé su mano bondadosa; y por tanto la adoracion interior con que nos humillamos en su presencia rindiéndole los debidos homenajes. Hé aquí el culto interno. | 101. El hombre ha recibido de Dios no solo el alma, sino tambien el cuerpo; y además tenemos natural in- clinacion á manifestar los afectos del espíritu por medio de signos sensibles: así, pues, en reconocimiento de ha- "ber recibido de Dios el cuerpo, y cuanto nos sirve para la conservacion de la vida; y además para manifestar por signos sensibles la adoracion interior, empleamos ciertas expresiones, ya de palabra, como la oracion ver- bal; ya de gesto, como el hincar la rodilla, el inclinac- 412 FILOSOFÍA ELEMENTAL.

se, el postrarse; ya de acciones sobre otros objetos, eo- mo el quemar incienso, el ofrecer los frutos de la tierra, el matar á un animal, en reconocimiento del suprento dominio de Dios sobre todas las cosas. Hé aquí el culto externo.

102. Esta obligacion se funda en la misma naturaleza del hombre. Levantamos monumentos á los héroes; guardamos con respeto la memoria de los bienhechores del linaje humano; conservamos con amor y ternura cuanto nos recuerda á un padre, un amigo, una perso- na querida, que la muerte nos ha arrebatado; ¿ y no ma- nifestaríamos exteriormente el amor, el agradecimiento, la adoracion, que tributamos á Dios en nuestro interior?

103. Las costumbres del linaje humano en todos tiem- pos y paises están acordes en este punto con la sana filosofía: en medio de los errores y extravagancias que nos ofrece la historia de las falsas religiones, vemos una idea dominante, fija; conforme con la razon, y enseña- da por Dios al primer hombre: la obligacion de mani- festar el culto interno con el éxterno.

104. La obediencia que debemos á Dios en todás las cosas, se la debemos tambien en lo tocante al culto; y así es que estamos obligados á tributárselo de la manera que su infinita “sabiduría nos haya prescrito. De aqui re- sulta que á los ojos de la sañá moral no sor indiferen- tes las religiones; quien, sostiene esto las niega todas. Porque ó es preciso decir que Dios no ha revelado nada con respecto al culto, ó confesar que quiere que se haga lo que ha mandado. Lo primero lo combaten sólidamen- te los apologistas de la revelacion; lo segundo lo de- muestra la sana filosofía, De esto se infiere que el hombre está obligado á vivir en la religion que Dios ha revelado; y que quien falta á esta obligacion infringe la ley natural, y es culpable á los ojos de la Justicia divina.

105. Los que admiten la existencia de Dios y niegan la posibilidad de la revelacion, incurren en una contra- diccion manifiesta. Si el hombre puede hablar al hom- bre, ¿porqué el Criador no podrá hablar á la criatura? Si los espíritus finitos son capaces de comunicar sus pen- samientos á otros, ¿porqué el espíritu infinito estará ÉTICA. 45 privado de esta facultad? Quien nos dió el ser, ¿no po- drá ponerse en especial comunicacion con su propia obra? Quien nos dotó de entendimiento, ¿no podrá ilustrarle?

Se dirá tal vez que Dios es demasiado grand. para descender hasta nosotros; pero reflexiónese que este argumento prueba demasiado, y por tanto no prueba nada. Dios, siendo infinito, crió seres finitos; y esto no repugna á su infinidad; luego, ó debemos inferir que Dios no pudo criaraos; Ó es preciso convenir en que puede hablarnos.

- CAPÍTULO XV.

Deberes para consigo misnzo.

- SECCION. 1. Nociones preliminares.

106. El ser que obra no solo con espontaneidad sino tambien con libertad, ha de tener una regla que le fije la conducta que debe observar consigo mismo. Los ina- nimados se perfeccionan con sujecion á leves necesa- rias, en cuya ejecucion no tienen ellos sino una parte pasiva; y los irracionales, aunque obran por un impulso propio, con la espontaneidad de un viviente sensitivo, no conocen lo que bacen, pues su percepcion se limita á lo puramente sensible. Pero el ser dotado de razon y de libre albedrío, es dueño de su misma espontaneidad, puede usar de ella de diferentes modos, y por tanto ne- cesita que las condiciones de su desarrollo v perfeccion le estén prescritas en ciertas reglas que dirijan su con- ducta. Estas reglas son los deberes consigo mismo.

407. Para la existencia de estos deberes no es nece- saria la sociedad. Un hombre enteramente solo en el mundo tendria deberes consigo propio; el que va á pa- car á una isla desierta, sin esperanza de volver jamás á eunirse con sus semejantes, no está exento de las leyes le la moral.

114 FILOSOFÍA ELEMENTAL.

108. Dios, al sacar de la nada á una criatura, la ha destinado á un fin: la sabiduría infinita no obra al aca- so. Este fin lo buscan todas las criaturas, usando de los medios que para alcanzarle se les otorgan. Así vemos que en el mundo inanimado todo aspira á desenvolverse, Ca- minando de este modo á la perfeccion respectiva.

El gérmen sepultado en las entrañas de la tierra, des- envuelve sus fuerzas vitales, se abre paso, se presenta sobre la superficie buscando la saludable influencia del aire, de la luz y del calor, y al mismo tiempo dilata sus raicés,-para absorber el jugo que le alimenta. Prospera, crece, su tronco se levanta y se engruesa, sus ramas se extienden, hasta qe llega al punto de. desarrollo necesario para ejercer el mundo vegetal.

Ese mismo trabajo descubrimos en todos los productos de la tierra; desde el árbol secular, que desafía los hu- racanes, hasta la endeble yerba, que vive un solo dia; todos se dirigen incesantemente á su respectivo desarro- Mo, todos están empleando continuamente las fuerzas que se les han dado para ejercer del mejor modo posible las funciones que les corresponden.

109. Entre los “animales.vemos el mismo fenómeno. No son únicamente las especies mas elevadas las que muestran su laboriosidad en su lugar respectivo: no es solo el caballo, el leon, el elefante, el orangutan, son los gusanos que se arrastran por el polvo, son los insec- tos que anidan en la hoja del árbol, son las ostras pega- das á una peña; los imperceptibles animalillos que solo distinguimos con el microscopio. Cada cual en su línea cuida por decirlo así de cumplir su mision; y el mundo de la vida vegetal y animal se parece á un inmenso ta- ler, donde está realizada hasta lo infinito la division del trabajo, y donde cada individuo cumple con la parte que le corresponde, para contribuir á la obra que se ha propuesto el supremo Artífice. y - 110. El hombre dotado de tan nobles facultades, está sujeto á la misma ley; tambien debe buscar su desarro— lo, ejerciendo sus facultades del modo que corresponde á su naluraleza. Pero esle desarrollo, aunque sujeto á una ley, está encomendado al libre «albedrío: y así es as funciones que le corresponden en p) ÉTICA. 415 que se nota una diferencia entre el hombre y los anima- les y vegetales; estos adquieren siempre toda la perfec- cion posible á sus fuerzas y á su situacion; el hombre se queda muchas veces inferior á lo que puede. Tiene una inteligencia capaz de abarcar el mundo, y, sin embargo, abusando de su libre albedrío, la deja quizá sumida en la ignorancia, y con harta frecuencia la alimenta de er- rores; está dotado de una voluntad que aspira al bien infinito, y, no obstante, la rebaja si quiere, hasta hun- dirla en un lodazal de corrupcion y miseria.

- SECCION il, Amor de si mismo.

111. El deber fundamental del hombre consigo es el amor de sí mismo; y la fórmula general de la ejecu- cion de este deber es el desarrollo armónico de sus fa- cultades, cúal conviene á un ser inteligente y libre. Apliquemos estos principios.

112. Lo que está encargado de llevar algo á la per- feccion, es necesario que lo ame; y el hombre tiene este encargo para consigo. No puede haber una incli- riacion. continua al desarrollo y perfeccion de las facul- tades, sin amar este desarrollo y perfeccion del ser que las posee. Asf, el amor de una criatura á sí misma per- tenece al órden general del universo; es una ley de to- dos los seres inteligentes y libres, que pertenece al ór- den conocido y amado por Dios. Al amarse el hombre á sí mismo, ama tambien lo que Dios ama, y por con- siguiente ama en algun modo al mismo Dios.

El amor de sí mismo es tan conforme á la naturaleza de las cosas, y se halla de tal modo grabado en nuestro espíritu, que no ha sido necesario expresarlo como pre- cepto; lo que es temible, es el abuso del amor, pero no es posible que falte. A este propósito es de notar que en el Evangelio se ha dicho que el principal y primer man- “damiento era amar á Dios, y el segundo semejante al ' primero, amarás al próximo ¿omo á ti mismo. Esto últi- mo se da por supuesto; y así es que se toma por modelo 6 regla del amor á lo demás; como á tí mismo.

113. De esto inferiremos que cuando se habla del amor propio como de un vicio, se entiende el abuso de este amor, que por desgracia es harto comun; mas no del amor en sí, pues que este, por el contrario, es una de nuestras primeras obligaciones, Ó mejor diríamos de nuestras necesidades.

411. El deseo de la felicidad implica este amor; y como de este deseo no podemos despojarnos, se echa de ver que el amor de sí mismo es una necesidad. ¿ Có- mo se concilia su carácter necesario con el de un pre- cepto que debe suponer libertad? Muy sencillamente. La necesidad le conviene tomado cl amor en general, en cuanto nos lleva á buscar la felicidad tambien en gene- ral; pero la cualidad de precepto le pertenece, en cuan- to se refiere á las aplicaciones de este amor. así con res- pecto al objeto determinado en que ponemos la felicidad, como á los medios que.empleamos para alcanzarla. El deseo de la felicidad es un hecho necesario; el modo de cumplir este deseo cae bajo. el órden de los preceptos.

. 115. Aquí encontramos un ejemplo de cómo está unida la moralidad con la utilidad. El amor de sí mismo es moral, y es'al propio tiempo útil; y no solo útil sino necesario para que el ser inteligente y libre llegue al objeto de su destino.

116. El amor de sí mismo no puede ser el término del hombre; este amor por sí. solo, sin aplicaciones, no le proporcionaria la felicidad que desea: el ser feliz por la cóntemplacion y amor de sí propio,.corresponde solo á Dios, que contempla y ama en sí toda verdad y todo bien. El amor de la criatura á sí misma ha de ser una especie de impulso que la lleve á la perfeccion y á la felicidad, no su fin último; y en las aplicaciones de este impulso debe cuidar de no ponerse en contradiccion con su fin, Para cuyo objeto es preciso que no tome por norma de su conducta la satisfaccion de todos sus de- seos, sino que los considere en su conjunto y en sus relaciones, y que únicamente otorgue á cada uno la par- te que le corresponda, para que no se perturbe, y antes e conserve y mejore, la armonía de sus faculta- es. > a A ÉTICA. 117 SECCIÓN 1, Deberes relativos al entendimiento.

417. La primera de las facultades y que está como en la cima de la humana naturaleza, es el entendimien- to, el cual conoce la verdad, y sirve de guia á las otras. Este es el ojo del espíritu; si no está bien dispuesto todo se desordena. i i | Hablan algunos del entendimiento como si esta fa- cullad no estuviese sujeta á ninguna regla; así excusan todas las opiniones, todos los errores, bastándoles el que sea una operácion intelectual, para que la tengan por inocente é incapaz de -mancha. Es verdad que un error es inocente, cuando el que lo sufre no ha' podido evi- tarle; y en este sentido se pueden disculpar algunos errores; pero si se intenta significar. que el hombre es libre de pensar lo que. quiera, sin sujecion á ninguna ley, haciendo de su inteligencia el uso que bien le pa- rezca, se cae en una contradiccion manifiesta. La vo- luntad, los sentidos, los órganos, hasta los miembros, todo en el hombre está sujeto á leyes; ¿y no lo estará el entendimiento? No podremos usar de la última de - nuestras facultades sin sujeccion al órden moral; y la mas noble, la que debe dirigirlas á todas, ¿eslará exenta de ley? Una accion de la mano, del pié, podrán sernos imputadas, ¿y no lo serán las del entendimiento? ¿Se-— remos responsables de nuestros actos externos, y no lo seremos de los internos? ¿La moralidad se extenderá á todo, excepto á lo mas Íntimo de nuestra conciencia?

148. Es claro que no pueden ser indiferentes para el entendimiento, la verdad y el error; su perteccion con- siste.en el conocimiento de la verdad; luego tenemos un' deber de buscarla; y cuando no empleamos el en- tendimiento en este sentido, abusamos de la mejor de nuestras facultades, El nbjeto del entendimiento es la verdad, porque la verdad es el ser; y la nada no pue- de ser objeto de ninguna facultad. Cuando conocemos el ser conecemos la verdad, y por consiguiente estamos obligados á procurarnos el conocimiento de la realidad 118 FILOSOFÍA ELEMENTAL.

de las cosas. Si por indolencia, pasion ó capricho, ex- traviamos nuestro entendimiento haciéndole asentir al error, -ya porque crea existentes objetos que no existen, Ó no existentes los existentes, ya porque les atribuya relaciones que no tienen, ó les niegue las que tienen, faltamos á la ley moral, purque nos apartamos del ór- den prescrito á nuestra naturaleza por la sabiduría in- finita.

El amor de la verdad no es una simple cualidad filo- sófica, sino un verdadero deber moral: el procurar ver en las cosas lo que hay y nada mas de lo que hay, en lo que consiste el conocimiento de la verdad, no es solo un consejo del arte de pensar,.es tambien un deber prescrito por la ley de bien obrar. — - | - 119. La obligacion de buscar la verdad “y apartarse del error, se halla hasta en el órden puramente espe- culativo, de suerte' que. quien estudia una materia sin mas objeto que la contemplacion, y sin intencion algu- na de aplicar sus conocimientos á la práctica, tiene tambien el deber de buscar la verdad, de procurar ver en el objeto contemplado todo lo que hay, y nada mas de lo que hay. Pero esta obligacion de buscar la verdad se hace imas grave cuando el conocimiento no se limita á la pura contemplación, sino que ha de regir- nos en la práctica. Un mécánico puramente especula- tivo, que por indolencia se equivoca en sus cálculos, usa mal de su entendimiento; pero si es práctico, sus errores son de mas consecuencia; y por tanto añade á la culpa del error en la especulativa, la que consigo trae el exponerseá cometer verros en la construccion de las máquinas. SE i 120. Infiérese de esto que la obligacion de. dirigir el entendimiento al conocimiento de la verdad es grave, gravísima, cuando se trata de las verdades que deben arreglar toda nuestra conducta, y de que depende nues- tro último destino. En estas cuestiones, ¿quién soy? ¿de dónde he salido? ¿adónde voy? ¿cuál es la con- ducta que debo seguir en la vida? ¿cuál será mi des- tino despues de la muerte? el hombre que se mantiene indiferente, Ó que se expone'á caer en error, incurre en gravísima responsabilidad moral, aun prescindiendo ÉTICA. 119 de toda idea religiosa, y atendiendo únicamente á la luz de la filosofía, Los que hablan pues de errores, de ex- travíos del entendimiento, cual si en estas materias no cupiese transgresion del órden moral, dicen un despro- pósito; pierden de vista la ley general y necesaria que nos obliga á desenvolver y perfeccionar nuestras facul- “tades, lo que no podemos hacer con el entendimiento si no le dirigimos hácia la verdad; olvidan que siendo el entendimiento la guia de las demás facultades, si él yerra errarán todas; no advierten que poniéndonos el entendimiento en relacion con las cosas, si no las ve como son en sí, se perturba por necesidad el órden en nuestra conducta; no consideran que hay, muchas mate- rias en que el error puede ser de consecuencias irrepa- rables, y que por tanto no hay menos culpabilidad en él, que si quisiéramos andar por entre horrendos precipicios con los ojos tapados ó distraidos.

121. Aquí tambien encontramos admirablemente en- lazada la moral con la utilidad. «Emplea bien el enten- dimiento, sírvete de él para el conocimiento de la ver- dad, para ver Jas cosas y sus relaciones tales como son en sí; » esto nos dice la ley natural: y el resultado de la sujecion á este precepto es el obrar en todo de la ma- nera conveniente, apreciando los objetos en su valor, y conociendo por consiguiente á cuáles. debemos dar la preferencia.

122. La moral en este punto se halla tambien acorde con las inclinaciones naturales. Todos deseamos cunocer la verdad: al error como error, no podemos asentir; ¿acaso, creeremos lo que juzgamos falso? ¿Quién se sa- tisface con pensar de una cosa lo que no es, y no lo que es? Cuando necesitamos del error para nuestras pasio- nes, le cubrimos con cl velo de la verdad; sabemos en- ES á nosotros mismos con una sagacidad deplo- rable.

SECCION IV. Deberes relativos al órden sensible.

123. Si el hombre fuese un espíritu puro, sus deheres- estarian cumplidos con procurar conocer á Dios y á sí 120 FILOSOFÍA ELEMENTAL. 5% mismo, con amar á Dios sobre todo, amarse á sí mismo y á cuanto Dios quisiese. No teniendo mas facultades que el entendimiento y la voluntad, su ser estaria en el órden moral dirigiendo el entendimiento á la verdad, y la voluntad al bien; pero como junto con esas facultades superiores poseemos otras inferiores, nace de la rela- cion de aquellas con estas, una serie de nuevos debe- res. p 121. La sensibilidad se nos ha dado para satisfacer las necesidades animales y para excitar y fomentar el desarrollo de las tacultades superiores; así es que debe- mos mirarla bajo ambos aspectos, y sacar de sus rela- ciones los deberes que se refieren á ella. - 125. Lo que se ha dicho sobre la obligacion de bus- car en todo la verdad, hace innecesario el que nos ex- tendamos sobre el uso que debemos hacer de los senti- dos, en cuanto nos sirven para adquirir el conocimiento de las cosas. Si hemos de buscar la verdad, es preciso que empleemos los medios de la manera conveniente;. y por tanto es necesario que procuremos usar de los sentidos del modo que corresponde para que no nos jn- duzcan á conceptos -equivocádos. Las reglas sobre el buen uso de los.sentidos no son solamente lógicas sino tambien morales. Emplearlos de suerte que nos hagan errar, es valerse de correos precipitados é: imprudentes con peligro de que traigan noticias falsas; y si-llegamos hasta el punto de usar los sentidos con el secreto de- signin de que nos digan, -no la verdad, sino lo que ha- laga nuestras pasiones Ó amor propio, entonces come- temos una especie de delito de soborno; nos valemos de testigos falsos, para que engañen al entendimiento.