SigPhi · Jaime Balmes

Curso de Filosofía Elemental

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de verdad. En esto, como en todo lo demás, manifiesta la originalidad que le. distinguia. Opina Vico que el cri- terio es la causalidad; el haber hecho la cosa conocida. Nuestros conecimientos son completamente ciertos cuan- do los objetos son obra propia: y la certidumbre dismi- nuye á proporcion que hemos tenido-menos parte en la obra. Por este principio explica Vico la diferencia de certeza entre' las. ciencias que versan sobre las ideas, y las que tienen por. objeto la realidad: en el primer caso. se hallán las nratemáticas; en el segundo la física. En las matemáticas encontramos certeza completa, por- que su objeto es una combinacion de nuestro entendi- miento; nosotros mismos hemos puesto las condiciones, y sobre ellas estribamos; así juzgamos con toda seguri- dad de lo que hay, porque solo hay'lo que nosotros he- mos puesto. No sucede así en la física: la naturaleza nos ofrece los hechos; los contemplamos,.pero no son nues- tra obra, no podemos alterar.las condiciones á que estár sujetos. Esta doctrina presenta algunos puntos lumino- sos;-pero se halla sujeta á graves dificultades. Es evi- dente que si se la tomase en un sentido absoluto, con- duciria al escepticismo en todo lo que no fueran puras combinaciones de nuestra mente; y aun en estas no de- jaria de haber dificultades para aplicar con exactitud el principio de la causalidad como único criterio. Siéndome impostble extendérme sobre este punto, me refiero á lo que dije largamente en otra parte. (V. Filosof. fund., lib. 1, CAP., XII, XXX Y XXXI. ) LI.

-LEIBMITZ.

292. Leibnitz: nació en Lejpsig en 1646, y murió en 4716. No hay que buscar en'sus obras á un discípulo de Descartes ni de otro filósofo cualquiera: es original en todo. No puede tocar una cuestion sin emitir alguna idea nueva. Este es un hombre extraordinario en Quien el genio rebosa, aun en sus teorías mas extrañas.

293. Segun Leibnitz, Dios,-ser infinito, eterno, inmu-: 596 FILOSOFÍA ELEMENTAL.

table, há sacado de la nada el universo. Dios es la-uni- dad suprema: Monas; que conoce con infinita perfeccion todo lo actual y lo posible. Al querer Dios éscoger entre los mundos que pudiera criar, es necesario-suponer un motivo á su eleccion: y la razon de este motivo puede solo hallarse en los grados de perfeecion de los mundos posibles. De aquí el famoso sistema del optimismo, segun el cual el mundo es el mas perfecto dé los posibles. Esta teoría se opone al poder divino; -y «además no se funda en razon alguna. ¿Porqué se afirma. que Dios debió escoger lo mas perfecto? ¿Podia Dios dejar de criar “el mundo? ¿sí ó no? Si. podia, se infiere que Dios no está precisado á hacer su obra lo mas perfecta posible, pues que hasta podia no hacer nigguna, en cuyo caso ho hó- bria ciertamente el mayor grado de perfeccion, pues no habria ninguno. Si no podia, resulta que la creacion es necesaria, y el optimismo quita la libertad á Dios. -¿Gómo podemos saber la razon que la sabiduría infinita ha te= nido para escoger esto Ó aquello? En pro de la menor perfeccion, ¿no puéde. haber motivos. que se ocultan á ; 29h. Las almas racionales son,.segun Leibnitz, una serie de mónadas ó unidades, dotadas de una represen- :tacion intelectual, clara y distinta. Las de-los brutos for- ¿man otra serie inferior, que tienen tambien sus represen- :taciones,. pero confusas. En la última: escala de los seres se halla otra serie de mónadas que-son los elementos de todos los cuerpos, las cuales sin embargo tambien poseen cierta representacion, aunque confusa y oscura..Esta percepcion no incluye apercepcion, ó sea percepcion de la percepcion; por manera que perciben en una espe- cie de estupor, sin conciencia de lo que experimentan, como cree el mismo filósofo"que le sucede á nuestra alma en el sueño profundo y en el desmayo. Segun Leib- nitz, todo el universo es viviente: Ó mas bien es un con- junto de vivientes; cada imónada tiene su conciencia pro- pia, en la cual se representa el mundo bajo el punto de vista que corresponde al lugar ocúpado por ella en la escala de los seres. A todas las llama espejos vivos del universo.

295. La mónada creada no puede recibir nada de Otra mónada creada; todas las eyoluciones que en ella J Y E E, HISTORIA DE LA FILOSOFÍA. 597 <c reálizan vacen de un principio de fuerza intrínseca; | cuya incomunicabilibad produce el que la una no puede influir físicamente sobre la otra: y de aquí la necesidad de la harmonia prerstabilita. * A Este famoso sistema no mira únicamente á las relacio- nes entre el cuerpo y el alma: es una ley general del universo. Todas lis mónadas tienen fuerza intrínseca,, principio de sus determinaciones, donde se hallan, como' en un gérmen, todas las evoluciones que han de sufrir en ' el espacio y:en el tiempo. Claro es que, si este conjunto de principios independientes eñtre sí, no hubiesen es- tado subordinados á una ley de unidad, habria resultado la mas profunda anarquía; y como el órden no podia tundarse en la accion recíproca de las mónadas entre sí, fué necesario que se estableciese una ley de armonía, de suérte: que.sin influir la una sobre la otra, se encontra- sen obrando armónicamente para contribuir á la perfec- cion y unidad del universo. Así el mundo es conjunto de pequeños relojes, montados con tanta perfeccion, que los movimientos del uno corresponden exactisimamente á los del otro, todos á los detodos, sin la menor discre- pancia. 3% E 296. De donde se infiere que la mónada que es el. alma, no influye físicamente sobre el conjunto de móna- das constitutivas del cuerpo; sino que así el cuerpo como el alma van ejerciendo sus respectivas funciones, con entera independencia cl uno del otro, pero siempre con. la mas perfecta armonía.: es Esta hipótesis es ingeniosa: pero ¿en qué se funda? Además, ¿cómo se salva en. ella la libertad de albedrío? (V. Psicología, Cap. v.) - 297. Opina Leibnitz que todas las mónadas no. solo son distintas, sino diferentes; de suerte que en cada una de ellas hay ciertas propiedades características que no se hallan en.las demás, No' hay dos mónadas entera», mente semejantes; y así nó hay dos seres que no Se pue-- dan discernir por lo'que en sí tienen. Si asé no fuese no' habria medio de distinguirlos; y además no habria razon ' suficiente -para multiplicarlos. De aquí la teoría de los indiscernibles, que consiste en no admitir la posibilidad de que existan dos seres semejantes en todo, distintos 3 e 598 FILOSOFÍA ELEMENTAL.

sola numéricamente. Esta teoría -se enlaza con -la del optimismo y de la razon suficiente; cree Leibnitz que no puede haberla para criar dos.seres que salo se distingan en número. Así, la imposibilidad no la-saca de la misma esencia de las cosas, como Spinosa, sinó de la faka de un motivo determinante de la voluntad. creadora. Spinosa | pretende que dos sustancias del todo semejantes son ' Imposibles por razones ontológicas; Leibnitz cree que - fa imposibilidad. nace de razones finales. Conviene no- “tar esta diferencia para no confundir cosas. tan diversas.

298. El argumento fandámental de Leibñitz es que ¡nada se hace sin razon suficiente; pero ¿cómo probará que no puede haberla para criar. dos ó mas: seres, semejantes en todo y solo distintos en número? Para un ariefacto, ¿no pueden ser: necesarias ó convenientes dos: ó mas piezas enteramente iguales? ¿ Porqué no será posible lo mismo en el universo?

' 299. Una de las cosas mas notables en la filosofía de ' Leibnitz es la idea de la sustancia; no la concibe como | -un mero sujeto, un substratum, sino -como una fuerza, 3 ¿un principio de actividad, en lo cual constituye su esen- cia. Hé aquí sus palabrás. « Cuán importante sea esto, se ve por la nocion de la sustancia'que yo señalo, la cual es tan fecunda, que de ella se siguen verdades primarias, relativas á Dios, -al alma y á los cuerpos; verdades en parte conocidas, mas poco demostradas; en parte desco- nocidas hasta ahora, pero que serán de grande utilidad para las demás cigncias. Gon el fin de dar de ello alguna idea, diré que lanocion de las. fuerzas, Ó actividad, vi- rium seu virtutis (que los Alemanes llaman krafft y los Franceses force), á cuya explicacion he destinado yo la ciencia dinámica, suministra mucha luz para entender la nocion de la sustancia. la fuerza activa se diferenc:a de la potencia activa de los escolásticos en que esta úi- tima.no es mas que la próxima posibilidad de obrar, que para reducirse en-acto necesita de la excitacion y como del estímulo ajeno; pero la fuerza activa contiene un acto, Ó gntelechia; es un medio entre la facultad de obrar y la accion; envuelve un conato; y de tal modo se in- clina á la operacion, que para obrar no necesita de auxit li HISTORIA DE LA FILOSOFÍA. 5099 lio, sino úinicamente de que se remueva el impedimento. Esto se puede ilustrar con el ejemplo de un cuerpo grave suspendido, ó bien de un arco que-tiene una cuerda en tension; pues aun cuando la gravedad y la elasticidad puedan” y deban explicarse mecánicamente por el movi- miento de un flúido, la última razón del movimiento en la materia es la fuerza impresa en la créacion, fuerza que hay en todos los cuerpos, pero que por el conilicto de estos se limita de varias maneras. Alirmo yo que esta fuerza -de obrar está en toda sustancia, y que siempre hace de ella alguna acción: y que por consiguiente la sustaricia - -corpórea (no menos que la espiritual) jamás cesa de obrar: lo cual parece que no entendieron bas- tante los que constituyeron su esencia en la sola exten- sion, ó tambien en la impenetra bilidad; y creyeron concebir un cuerpo en completa quietud. Nuestras medita- ciones manifestarán que la sustancia criada no recibe de otra criada la misma fuerza de obrar, sino-únicamente los límites y la determinacion de un conato, nisus, ó fuerza de obrar preexistente, lo que, pasando por alto lo demás, nos servirá para explicar el difícil problema de la accion recíproca de las sustancias, » ( De prime philosophice emendatione et notíone substantic. ) 300. Sean cuales fueren las dificultades á que están sujetas las teorías de Leibnitz, procuraba el ilustre filó- sofo soltarlas conciliándolas con la. hbertad de Dios y. la del hombre: no-seria justo.atribuirle consecuencias que él rechazaba: en tal caso. debe impuguarse la doctrina, pero respetando la intencion del autor. Los extravíios que padece provienen-de lo extr aordinario de su genio, ávi- do siempre de explicaciones nuevas, y que era atrevido porque se sentia poderoso. Rival de Malebranche en me- tafísica, de Newton en matemáticas, insigne anticuario, profundo filólogo, adornado de vasta erudicios, versado en las ciencias sagradas hasta el punto de sostener una polémica con el mismo Bossuet; eminente político, que pronosticaba las revoluciones modernas con un siglo de anticipacion; absorbido continuamente en meditaciones filosóficas y religiosas, buscaba la verdad con un ardor increible; siendo de notar que nacido y educado en la religion protestante, supo elevarse sobre las preocupa- 600 FILOSOFÍA ELEMENTAL, ciones de sus correligionarios; haciendo justicia al cato- licismo en casi todos los puntos, y escribiendo sú famo - so Systema theologicum, que pudiera hacernos dudar de qne muriera protestante. Gomo “quiera, Leibnitz, á pe- sar de lo peligroso de algunas de sus doctrinas, merece ser tratado con respeto; y si se levantase: del sepulcro * confundiria de una mirada á esa.turba de filósofos que, sin poseer ni su saber ni su ciencia, disuelven las ideas en su patria, la Alemania, y preparan desde allí grandes calamidades al mundo entero...7...301. Para que la ignorancia Ó la malicia no confun+ dan jamás á Leibnitz con sus indignes sucesores; para que no puedan estos ligarse nunca con: él en ninguna ' clase de parentesco, fijemos -en' pocas palábras las ideas * de este grande hombre. 4 A. Leibnitz no admite la unidad de sustancia; por el contrario, Sus mónadas son sustancias distintas y diferentes entre sí.. a El universo ha procedido de Dios, no por emanacion, como pretenden “los panteistas; sine por creacion, tal.

cual la entienden los cristianos.

En Dios se halla la razon suficiente de todo.

Dios ha otorgado libremente á las mónadas criadas el UA que tienen. (V. Filosof. fund.,"lib. 1, Ll Ae BUFFIER Y LA ESCUELA ESCOCESA.

302. Las obras del P. Buffier, hombré de entendi- miento muy claro y de carácter enemigo de toda exage- racion, tienen ahora mas nombradía de la que alcanza- ron en su tiempo: no hay: historia de la filosofía donáe no se hable con elogió ael sabio jesuita. La razón de esto se encuentra en que, al aparecer la escuela escocesa, se observó que sus doctrinas tenian analogía con las del modesto escritor; y el amor propio francés no ha podido menos de hacer notar la comcidéncia. Ño resrlveremos si Reid se habria formado cón las obras de Buffier: esta es cuestion de personas; basta hacer notar lá relacion de lascosas. “' ] e sr estais. Az o.)

in ES HISTÓKIA DE LA FILOSOFÍA, 601 303. Buffer se fija mucho en la necesidad de distin- guir eritre la verdad interna y la externa; esto es, entre lo que se: halla inmediatameñte.en. Cect da propias ideas, y lo que se ha de buscar fuera de las mismas; nada quiere exclusivo: no condena el testimonio de nin- guha facultad natural del espíritu, y admite la Jegitimi- dad de todas. Hé aquí. eómo se expresa en su Tratado de las primeras verdades: La naturaleza y el sentimiento de la naturaleza es lo que debemos reconocer como ma- nantial y orígen de-todas las verdades de principio, sea que vayan acompañadas de mayor Ó de menor viveza de claridad. Porque el imaginarse que la naturaleza nos guia bien cuando nos guia con claridad mas viva, pero que puede guiarnos mal cuando nos determina á un jui- cio cuya claridad es menos viva, seria suponer que puede conducirnos al error de un modo ó de otro, lo que equivaldria á ignorar lo que somos, lo que pensaimos y lo que. debemos pensar: » (Capítulo 0 a ¿Un filósofo que cree, haber alcanzado toda verdad, aun la.externa, por haber hecho un largo tejido de pro- posiciones que se ligan. bien, y exitre las cuales no se descubre ninguna contradiccion, si no admite por otra parte como primeras verdades aquellas que la natura-. deza y el sentido comun inspiran al género humano sobre la existencia de las cosas, podrá ser definido: una es- pecie de loco excelente lógico. » (/bid., cap. X1.)

304. En esta doctrina, que su autor desenvuelve con suma precision y lucidez, se halla el fondo de la filoso- fía escocesa, contenida en las obras «de Reid. Ya se en- tiende que aquí trato únicamente de la parte fundamen- tal de la filosofía, y prescindo de las. aplicaciones que de' ello hayan hecho los autores respectivos. Reid fué pro-. fesor de Glasgow: nació en 1704 y murió en 1796. Uno. de los mas nombrados entre los discípulos de Reid es Dugald-Stewart. Es notable que este último, al explicar en sus Elementos de la Filosofía del espíritu humano el orígen de la diferencia de la' certeza entfke las ciencias ideales y reales, "reproduce tambien la doctrina del P.

Bufñier en su Tratado de las (ió verdades. (P. 1, Cap. xi.) | 34 1 LH. HUME.

305. Hume, nacido en 1711, continuó en Inglaterra el idealismo, pero de una manera mas. perniciosa que Berkeley: este último negaba la existencia del mundo. corpóreo, pero admitia la del espiritual, y no destruia la relacion de los seres entre sí; Hume lo redujo todo á simples fenómenos subjetivos; sostuvo. que nada sabe- mos sobre lo que les corresponde en la realidad, y que ¿n saliendo de esa experiencia puramente subjetiva no hay ciencia posible. Así arruinaba el principio de causa- lidad; y la relacion de causas y efectos no era mas-que el simple encadenamiento de los fenómenos qtie nos atestigua la conciencia. Por manera que cuando afirma- mos que lo que empieza á ser ha dependiáo de otro que le haya dado la existencia, establecemos una proposi- cion sin fundamento, pues que en”la conciencia de los fenómenos no está atestiguada la dependencia real entre ellos, sino meramente la sucesion. (V. Filos. fund.., lib.

Xx. — Ideología, cap. x1.) LIV CONDILLAC. - " 306. Este. filósofo nació en 1715 y murió en 1780. Observa can minuciosidad, clasifica con método, expone con lucidez; pero su pensamiento es poco profundo. La doctrina de Locke no pareció á Condillac bastante sen- sualista. La reflexion, que el filósofo inglés combinaba ' con las sensaciones, la miró el ideólogo francés como inútil complicacion del sistema: en su concepto no hay dos orígenes de nuestras ideas, sino uno solo: la sensa- cion. La reflexion, en su principio, no es otra cósa que la sensacion misma; y.es mas bien un canal por donde pasan las ideas que vienen de los sentidos, que el ma-- nantial de ellas. Todo cuanto hay en nuestros fenómenos internos no es mas que la sensacion, ó primitiva ó tras- formada. La superioridad pertenece al tacto, HISTORIÁ DE LA FILOSOFÍA.. 603 -307.. Condillac hizo un esfuerzo por hacernos palpa- ble su sistema ideológico, y hé aquí cómo pretende con- seguirlo. Imagina una estatua organizada como nosotros, animada de un espfritú, pero sin idea alguna, y le su- pone un éxterior todo" de mármol que no le permita el uso de ningun sentido, reservándose abrírselos el filó- sofo segun lo creyere conveñiente. Empieza en seguida por abrirle el olfato, -porque le parece que este es uno de los mas limitados en órden á la produccion de los co-.

nocimientos; y cóntinúa luego por los demás: los consi- dera aislados y en conjunto, Observa lo que cada cual da de sí; y.por fin se encuentra con el satisfactorio re- sultado, de que la estatua, sin mas que las sensaciones, va adquirieido deseos, pasiones, juicio, reflexion, en una palabra, todo cuanto hay y puede haber en el cora- zon, en la fantasía, en la voluntad y en el entendimiento. Son admirables los progresos que hace la estatua, ha- blando Condillac por ella, como se supone.

308. Tan fecundo és semejante método de observa- cion, que el fitósofo francés llegó á mirar tomo inútil el suponer que el almá reciba inmediatamente sus faculta- des de la naturaleza: basta que se nos den los órganos para advertirnos por el placer y el dolor, de lo que debe- mos buscar ó huir: con dos resortes tan sencillos la obra del espíritu humano se hace por sí misma: la experien- cia sensible nos produce las ideas, deseos, hábitos, ta- lentos de toda especie. Condillac, metido dentro de sú estátua, habla como-un oráculo: se conoce que los ideó- logos anteriores le parecian caviladores trívolos; tiene una indecible satisfaceion al ver que todo lo aclara con la antorcha de su nueva teoría. Platon, san Agustin, Ma- lebranche, tenian: mucha dificultad en explicar la idea del número: Condillac lo extraña, y en dos palabras les señala el camino para salir del apuro: esos hombre ha- bian creido que en la idea habia algo superior á lo sen- sible-; esto no es así; la idea del número solo encierra sensacion: la dificultad queda soltada.

309. Esta doctrina adquirió por breve tiempo aquella popularidad, que, por ser adquirida con demasiada pron- titud, deja sospechar la escasez de su fundamento, y hace presumir lo endeble de su duracion. Así ha sucedido; v 504 FILOSOFÍA ELEMENTAL.

si Condillac resucitase tendria el doble desconsuelo de ver Jas funestas consecuencias que par de pronto se sa- caron de su doctrina, y el que en la actualidad su siste- ma ha caido en un profundo descrédito en toda la Eu- ropa, inclusa la Francia. (V. Files. fund., lib. IV, Cap. 1 y 1. — Ideolog., cap. 1.)

LV. KANT.

LV. KANT.

310. El nombre de Kant anda en boca de cuantos ha- blan de la filosofía moderna: y sin embargo es prohable- amente uno dé los autores menos leidos; porque' serán pocos los que tengan la necesaria paciencia, que en ver- dad no debe ser escasa, para engolfarse en aquellas obras difusas, oscuras, llegas de repeticiones, donde, si chis- pea á las veces un gran talento, se nota el prurito de envolver las doctrinas en un lenguaje misterioso que nos recuerda los iniciados de Pitágoras y Platon. Kant ha ejercido mucha influencia-en la filosofía de este siglo y muy particularmente en Alemania, donde se reunen las dos condiciones mas á propósito para la lectura de sus obras: paciente laboriosidad y amor de lo nebuloso. En- cerrado en su gabinete de Kcenigsberg, donde pasó su Jarga vida terminada á los ochenta años en 1804, cuidaba poco el filósofo de la realidad. del mundo: encastillado en su yo, á la manera de Descartes, da á sus teorías una direccion. muy diferente de la del filósofo francés: este sale al instante del yo, para -elevarse'á Dios, y po- nerse en. comunicacion con el mundo físico; pero Kant se establece allí definitivamente, como en una isla de que no es posible salir sin ahogarse en los abismos del Océano..

311. No niega Kant la existencia de Dios, ni-del mun- do físico, nidel órden moral: hasta admite estas cosas acomodándose al sentido comun; lo que niega es que la razon pueda llegar á ellas; su crítica de la razon pura es la muerte de la razon. Sea como fuere, ya que es ne cesario tener idea de su sistema, procuraré presentarla tan clara como mesea posible, consultando lá brevedad, BISTORIA DE LA FILOSOFÍA. 605 312. Partiendo Kant de un hecho de conciencia, ó sea del yo, los primeros fenómenos que se le ofrecen son las sensaciones y las representaciones internas que de ellas resultan. A la explicacion de esto dedica lo que él llama Estética trascendental. - 313. Kant entiende por sensacion «u el efecto de un objeto sobre la facnltad representativa, en cuanto nos- otros somos afectados por él. » Es necesario advertir que prescinde absolutamentede la naturaleza del objeto afectante, y que solo. atiende.al efecto que resulta en nosotros á.lo puramente subjetivo, 314. Por intuicion entiende Kant una percepcion cualquiera que 'se refiere á un objeto; de suerte que hay intuicion cuando el conocimiento es considerado co- mo un medio.

315. La 'intuicion emprrica es « la que se refiere á un óbjeto por medio de la sensación. » Vemos un arbol: la representacion interna, en cuanto es una afeccion del yo, es sensacion; en cuanto se refiere á un objeto ( real Ó aparente) es intuicion empírica Ó experimental.

316. El fenómeno es « el objeto indeterminado de la intuicion empírica. » ¿Qué es eso que corresponde á la representacion, y. á que llamamos árbol? Kant no lo sabe; pero eso, sea lo que fuere, en cuanto es el térmi- no ó punto de referencia de la representacion interna lo llama fenómeno, "porque es algo que aparece; Kant prescinde de lo que es. AE; 317. La realidad de la cosa en sí misma es el nou- meno. noumena hasta qué punto el fenómeno, lo que aparece, está acorde con el noumeno, Ó la realidad; esta a otra cuestion, de que por ahora prescinde el -£ló- sofo.

318. Aun en el órden sensible, no todo dimana de la experiencia; hay algo a priori: el espacio. Para que ciertas sensaciones sean referidas á objetos externos, esto es, á alguna cosa que ocupe un lugar diferente del nuestro, y hasta para que podamos: representarnos Jas cosas como exteriores unas á otras, es decir, no solo co- mo diferentes, sino como situadas en lugares distintos, debemos tener anteriórmente la representacion del es- . pacio. De «donde se infiere que la representacion del YE 606 FILOSOFÍA ELEMENTAL.

espacio no puede dimanar de la. relacion de los fenóme- nos ofrecidos por la “experiencia; por el contrario, es indispensable presuponer esta representacion para que la experiencia sea posible. La representacion del espa- cio no es pues un producto de:la experiencia, es una condicion necesaria para el ejercicio de la -sensibilidad, una forma a priori, que hay en nosotros; un espacio de tabla rasa donde se pintan los fenómenos. En sí mis- ma no contiene nada real; pero todo lo sensible se pue- de retratar en ella. l 319. De esto se sigue que cuándo trasladamos á lo exterior eso que llamamos extension, aplicamos á los objetos una cosa-que no les pertenece, un hecho pura-= mente subjetivo, Ja forma, la condicion de nuestra sen- sibilidad; y por consiguiente, todo esto que llamamos mundo corpóreo, se reduce á un conjunto de represen-- taciones internas, á que damos sin fundamento' una rea-- lidad externa. Así, la teoría de Kant lleva derechamente al idealismo; no se alcanza cómo, admitido el principio, se podrá eludir la consecuencia.

320. En la primera edicion de su Crítica de la razon pura, no se asusta Kant en vista del idealismo:. por el contrario, parece establecer sin rodeos la posibilidad de que todo sea pura ilusion; pues dice: « El concepto tras- cendental de les fenómenos en el. espacio es una adver- tencia crítica de que en general nada de lo percibido en el espacio es una cosa en.sí; que el espacio es además una forma de las cosas, que tal vez les seria propia si fuesen consideradas en sí mismas; pero que-los objetos en sí nos son completamente desconocidos: y «que lo que llamamos objetos exteriores no es otra cosa que las representaciones puras. de nuestra sensibilidad, cuya forma es el espacio, y cuyo correlativo verdadero, es decir, la cosa en sí misma, es por esta razon totalmente desconocida, y lo será siempre; pero sobre la cual no se interroga jamás á la experiencia ( Estética trascen- dental, sec. 1)..

321. La intuicion del espacio es lá forma de la sen- tibilidad externa; pero hay además en los fenómenos, tanto externos como internos, lo. que llamamos «sucesion ó tiempo; sin estóno nos percibiríamos á nosotros mis- A EA E A A HISTQRIA DE LA FILOSOFÍA. 607 mos. Así.pues, el tiempo es la forma y la condicion. de _ la sensibilidad interna ó de los fenómenos en la concien- cia. El tiempo es a prior, es decir, independiente de la experiencia; pues que hace la-experiencia posible en la sucesion, como el espacio en la extension; por lo mis-. mo no está inherente álas cosas, es una condicion pura- mente subjetiva” de nuestra intuicion interna. De esto se sigue que nosotros sabemos únicamente que percibi- mos las cosas en una sucesion; pero ignoramos si esta sucesion se halla en las cosas; pues que no siendo ella mas que un hecho purameñto'sabjetivo, una condicion necesaria para nuestra. experiencia, no podemos atri- buirla á los objetos mismos, sin faltar á las reglas de una.sana lógica. Así discurre el filósofo aleman.

322. Por dónde se ve que Kant no se limita á decir que el tiempo no es una -cosa real distinta de las cosas, en lo cual convendrian la mayor parte de los metafísi- cos; afirma que ignoramos si hay en las cosas sucesion real; pues que la sucesion que' nosotros percibimos es una condicion puramente subjetiva, una mera forma de Nuestra intuicion. Así, despues de haber hecho dudosa la realidad de la extension, esparce la misma duda so- bre la realidád de-la sucesion, de suerte que todo cuan- to se refiera al tiempo y al espacio no es mas para nos- otros que un conjunto de representaciones; y la ciencia que tiene por objeto al mundo no se deberia-llamar cos- mología, sino itnomenología, pues que no se ocupará del mundo ó cosmos, sino de: los fenómenos. ] 323. En esta doctrina está el idealismo de Berkeley; se hizo á Kant está observacion,.y él procuró sincerar- se en un pasaje que se halla en le segunda edicion de su Crítica de la razon pura, y que pongo á Continuacion, ya en prueba de mi imparcialidad, ya tambien para dar una muestra del estilo de este filósofo. «Cuando digo: en el espacio y en el tiempo la intuicion de- los objetos exteriores y la del espíritu representan estas dos cosas - tales como ellas afectan muestros sentidós, no quiero decir qué dos objetos sean una pura apariencia; porque en el fenómeno los objetos, y hasta lás propiedades que nosotros les atribuimos, son siempre considerados como alguna cosa dada realmente: sino que como esta calidad -o -o 608 FILOSOFÍA ELEMENTAL.

de ser dada depende únicamente de la manera de per- cibir del sujeto en su relacion con el objeto dado, este objeto, como. fenómeno, es diferente de sí mismo como objeto en sí. Yo no digo que los cuerpos parezcan sim- plemente ser exteriores, ó que mi alma parezca simple- mente haberme sido dada en mi conciencia: cuando yo afirmo que la calidad del espacio y del tiempo (confor- me á la cual yo pongo el cuerpo y el alma como siendo la condicion de su existencia) existe únicamente en mi modo de intuicion y no en los objetos en sí mismos, cae- ria en error si convirtiese en pura apariencia lo que de- bo tomar por un fenómeno: pero este no tiene lugar si se admite mi principio de la idealidad de todas nuestras intuiciones sensibles. Por el contrario, si se atribuye una realidad objetiva á todas esas formas de las representa- ciones sensibles, no se puede evitar el que todo se con—. vierta en pura apariencia; porque si se consideran espa- - cio y el tiempo como: calidades que deban hallarse en cuanto á su posibilidad en las cosas-en sí y se reflexiona sobre los absurdos en que éntonces se cae, pues que dos cosas infinitas que no pueden ser sustancias, -ni nada inherente á las sustancias, y que son no obstante alguna cosa existente y hasta la condicion necesaria de la exis- tencia de todas las cosas, subsistirian todavía aun cuando todo lo demás fuese anonadado, en tal caso no se pue- de reprender al excelente Berkeley de haber reducido los cuerpos á una mera apariencia. » ( Estética trascen- dental. Y. | o