de una manera mas clara el imperio de la voluntad, y la existencia de un órden de facultades superiores á las sensitivas. En pocas palabras se nos da la: idea de un conjunto complicadísimo, que nos es “imposible repre- sentarnos de pronto en la imaginacion; pero la razon, que se ha penetrado de la idea, toma bajo su direccion ¿la fantasía y la obliga á trazar una á una todas Jas figuras necesarias; y á representarla en todas sus rela- ciones. Así acontece á cada paso con los pintores, es- cultores, y tambien con todos tos constructores mecáni- cos: en dos palabras se les encarga uná obra cuyos detalles exigen prodigiosos esfuerzos de imaginacion y á' veces muchos años de teaDajo: (V. la Lógica, lib. 1, cap. ly.)
CAPÍTULO XV o > Perturbaciones de la representacion sensible interna. Sus relaciones con la or ganizacion.
123. Cuando las facultades intelectuales están temas y los órganos sensitivos ejercen sus funciones de la ma- nera conveniente, distinguimos entre la sensacion real y la imaginaria: asi: acontece durante la vigilia mientras el hombre está en su juicio. - 124. Pero al cesar los sentidos en sus funciones como en el sueño, si la facultad de las representaciones inter- nas se pone en accion, se halla sin el contrapeso de las impresíones externas, y asi nos ofrece sús imágenes con Y ESTÉYICA. 103 nas viveza; y siendo por otra parte muy escasa ú en- teramente nula la reflexion á causa del entorpecimiento de las facultades intelectuales, tómamos por una reali- dad lo que solo existe en nuestra fantasía.
125. A los maniáticos no les falta lá accion de los sen- tidos externos; pero la' representacion interna es tan vi- .vaá causa de Ja perturbacion orgánica, que no pueden distin vir lo interno de Jo externo. 426. Para "hacer bnen uso de las representaciones imaginarias, necesita el hombre hallarse en el pleno ejer» - Cicio de sus facultades tanto sensitivas como intelectuales: la accion de las primeras templa la viveza de la re- presentacion interna, y la deja en aquel grado conve- niente de palidez, indispensable para no confundir lo imaginario con lo real; por medio de las segundas re- flexionamos sobre Jas. sensaciones tanto internas como externas, Jas comparamos entre sí y las discernimos; llegando de este modo al conocimiento de la verdad. 127. Así se explica porqué las personas de una ¡ma- .ginacion muy viva están as expuestas al desórden mental. Semejante viveza depende de la mayor suscepti- bilidad de los órganos, la cual exallada con algun acci- dente produce las perturbaciones conocidas con los nom- bres de delirio, manía, monomanía y locura.
128. La íntima relacion de las sensaciones con. la or- ganizacion- explica muchos fenómenos que sin esto no podrian comprenderse.
A veces experimentamos sensaciones á que nada cor- responde en lo exterior. -En el delirio, en la manía, en el sueño, tenemos realmente la sensacion de objetos que no están presentes: la conciencia nos atestigua la realidad de la sensacion en nosotros, y de una manera tan clara y viva que no nos consiente ninguna duda; y no obstante las refJuxiones. posteriores nos cercioran de que aquella sensacion.era un fenómeno puramente interno, a] que nada correspondia en la realidad. Esto se explica atendiendo á las relaciones de la sensibilidad con los ór- anos. ¡ 129. La sensacion depende de ciertas alteraciones o or- gápicas; y de « estas no resulta el fenómeno sino en E lo se terminan en el cerebro. Supongamos, pues, que el 164 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
cuerpo A, afectando el órgano externo, produce en el ce- rebro la alteracion M, á la cual siga por las leyes de la naturaleza la sensacion N. Es claro que si una causa pu- ramente interna produce en el cerebro la misma altera- ción M, percibirá el alma la sensacion N, como si estu- viese presente el cuerpo'A. AN 130. Esta teoría no es una. mera hipótesis; pues se funda en un hecho cierto, cual es la correspondencia de las alteraciones cerebrales con determinadas sensacio- nes; y en otro muy probable, á saber, el que causas pu- ramente internas pueden en algunos casos producir en el. cerebro alteraciones idénticas á las que nacen de la ac- cion de los órganos afectados por un cuerpo externo. Siéndonos desconocido qué alteraciones orgánicas cere- brales son indispensables para las respectivas sensacio- nes, no es posible demostrar que aquellas pueden dima- nar de causas puramente internas; pero salta á los ojos que ora consistan dichas alteraciones en una vibracion de las fibras, ora en la circulacion de un fluido ó en otro movimiento cualquiera, está en la esfera de la posibili- dad, y aun de muy plausible probabilidad, el que esas vibraciones ó movimientos, sean cuáles fueren, se re- pitan en el cerebro sin necesidad de un agente que obre sobre nuestros órganos externos. | 431. La imaginacion, ó bien esa facultad ton que se representan en nuestro imterior las sensaciones pasadas, sé puede explicar por el mismo principio. Nada sensible se nos representa en lo interior sin. que lo hayamos ex- perimentado en lo exterior: pues que aun las represen- taciones mas extrañas y monstruosas se forman de un conjunto de sensaciones que en realidad han existido en nosotros. Fínjase el monstruo de que nos habla Horacio: hermosa cabeza de mujer, cerviz de cabalto, miembros de diferentes especies cubiertos de' raro plumaje, y por fin terminando en un pez deforme; este conjunto no lo hemos visto nunca, pero hemos visto cabezas de mujer, cervices de caballo, y todo la demás que hacemos entrar en el monstruo. Cuando una sensacion falta, falta tam- bien su imaginacion correspondiente; el ciego de naci- miento jamás imaginará nada colorado, ni el sordo nada sonoro. Luego es cierto que las representaciones imagi- ESTÉTICA. 465 narias son una cominuacion de la sensibilidad externa y que, así como esta, deben tambien depender de las im- presiones del cerebro. | 132. De las representaciones imaginarias, unas están sujetas á la voluntad, otras no; á veces imaginamos un objeto porque queremos; á veces nos ocurre aun cuando no queramos; y no es raro el que deseemos representar- nos una cosa sin que podamos conseguirlo. Esta varie- - dad de fenómenos confirma la misma doctrina.
-133. Estando despiertos se representa fácilmente á la imaginacion lo que hemos sentido recientemente; y esta facilidad es proporcional á la viveza de las sensa- ciones. Una escena horrible que nos ha causado impre- sion profunda se nos presenta repetidas veces y nos cuesta trabajo el apartarla de la imaginacion; así como otra que nos haya producido vivo placer nos encanta du- rante largo tiempo con su. grata memoria. Este hecho manifiesta que las representaciones imaginarias depen- den de las impresiones cerebrales, pues que se hallan en proporcioneon la viveza de las mismas.
131. Durante la vigilia distinguimos entre la imagina- cion y los sentidos, ya porque estos se hallan en ejerci- cio actual y por consiguiente debilitan la representacion imaginaria, ya tambien porque, estando la razon en su plenitud, reflexiona lo bastante para discernir entre una y otras impresiones. En el sueño percibimos esta diferen- cia; y las representaciones puramente imaginarias se nos ofrecen como sensaciones: reales. Este hecho, ates- tiguado por la experiencia de todos los dias, confirma el principio establecido de que la representacion imagina- ria no es mas que una continuacion de la sensacion, Ó hablando con mas- exactitud, uná sensacion que se veri- fica en solo el cerebro, repitiéndose por causas internas la misma impresion que en él habia producido la accion de los órganos externos.
- 435. De esto resulta que aun estando despiertos po- dran las representaciones imaginarias parecernos sensa- ciones reales, pues para esto basta el que las causas in- ternas sean tan poderosas que produzcan en el cerebro alteraciones iguales ó mayores que las producidas actual- mente por los urganos de los sentidos. Y hé aquí la ex- 166 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
plicacion del delirio, el cual no €s otra cosa que úna se- rie de representaciones imaginarias tan vivas que Ocu- pan el lugar de las sensaciones externas. En confirma- macion de está teoría está el hecho constanten” eob- servado, de que las enfermedades nerviosas pruducen con facilidad el delirio. Esto es muy natural, porque, hallándose afectado el sistema nervioso, Órgano de la sén=' sibilidad, se perturban mas fácilmente Jas funciones de esta; pues que la mayor excitación de los órganos pu- ramente internos hace que las impresiones dimanadas de ellos se sobrepungan á las que nos vienen de los ob- jetos externos, | o 136. La locura, las manías y monomanías tienen su origen en el mismo hecho fisiológico. Una causa cual- quiera produce perturbacion.en el cerebro; y esta oca - siona á su vez, Ó la lijeza en una idea, 6 el desórden en todas ellas. Cuál sea la alteración orgánica suficiente para.
producir esas alteraciones no es fácil determinarlo. Mor- gagni y otros han observado que el cerebro de algunos locos muy tenaces y obstinados era mas consistente que el del coinun de los hombres; así como el de otros que padecian suma incoherencia y volubilidad de ideas se distinguia por uva blandura excesiva, parecida al co- mienzo de una disolución. Sin que trate de apoyar ni combatir la verdad de estos heclios, observaré que sor todavía poco numerosos para formar una induccion que pueda servir para fundar, no diré certeza, mas ni siulera probabilidad. En este punto se halla muy atrasa-.
da lá ciencia, y está por ahora ceñida á recoger hechos. Pero sea de esto lo que fuere, no hay necesidad aquí de mayor adelanto fisiológico, para el conocimiento de lá verdad psicológica, á saber: la relacion de las perturba- ciones menlales con las alteraciones orgánicas.
137. Las relaciones del cerebro con la voluntad libre tambien se hallan envueltas en un profundo misterio. No ignoro que, segun los fisiólogos, este órgano €s de los que ejercen sus funciónes independientemente de la vo- luntad; pero me atrevo á dudar de que esta observacion fisiológica sea de todo punto exacta. Claro es que no se trala de si la voluntad libre puede comunicar al cerebro movimientos determinados, á la manera que Jos imprime ESTÉTICA. 167 ú otros órganos, como por ejemplo al de la voz; la indi- cacion-se refiere á un aspecto de la cuestion harto mas delicado y difícil: no nace de la observacion fisiológica, sino de la psicológica: un hecho constantemente obser- vado por la psicología ofrece ancho campo á las inda- gaciones de la fisiología. Indicaré en pocas palabras la ra- zon de la duda.: 138. Aunque el cerebro no esté sujeto á nuestra libre voluntad,. parece que en ciertos casos podemos producir en él ciertas alteraciones, ' como debe suceder cuando por un acto libre imaginamos una serie de objetos. La representacion de estos no se excitária sin el correspon- diente movimiento cerebral; y asf, por lo mismo que está en nuestro poder excitar la primera. señal es que de nosotros depende el provocar el segundo. Poco importa decir que nosotros no tenemos conocimiento de cómo esto se verifica, pues tampoco conocemos el modo con que al imperio de la voluntad se siguen los movimientos del cuerpo. La diferencia entre estos dos casos consiste en que los movimientos musculares podemos mandarlos siempre que queremos, seguros de ser obedecidos, y los - Cerebrales no, como lo experimentamos mas de úna vez, esforzándonos en vano para.recordar-una palabra ó una imágen; pero esto solo prueba que los dos imperios de la voluntad son de un órden diverso, y están sometidos á condiciones diferentes; mas no que no deba reconocerse un verdadero imperio de la voluntad en algunas impresio- nes cerebrales. El modo con que esto se verifica deben explicarlo los fisiólogos, si quisieran extender sus inves- tigaciones sobre este importante fenómeno. Me contento con indicar el problema; consigno el hecho ideológico, al que probablémente debe corresponder un hecho fi- siológico que considero difícil de averiguar.
139. Si se dijese que estás operaciones internas se verifican sin ninguna funcion cerebral, preguntaré cómo es que se perturban con las alteraciones orgánicas; cómo es que la facultad de ejecutarlas sigue_un curso ascen- dente en la infancia y descendente en la vejez; pregun- taré por fin cuál es la razon de que el ejercicio fortalezca dicha facultad fo mismo que las que se refieren á otros Órganos, Estos hechos indican claramente que su ejerá - 168 FILOSOFÍA ELEMENTAL. - cicio va acompañado de ciertas funciones cerebrales; y, como semejante ejercicio se halla sujeto muchas veces á nuestra libre voluntad, resulta que esta, á mas del im- perio absoluto que posee sobre ciertos movimientos del cuerpo, lo disfruta tambien, aunque con limitacion, so- bre determinadas impresiones cerebrales. Las perturba- ciones mentales traen su origen de.-la pérdida de este imperio. | CAPITULO XVIE El placer y dolor sensibles, 1110. De las sensaciones, unas producen placer, otras dolor. Por lo comun, las saludables son placenteras, y las nocivas dolorosas; de esta suerte la naturaleza nos avisa de Jo que nos aprovecha ó nos daña. La- falta de alimento nos perjudica, y prolongada-spor algun tiempo acabaria con nuestra existencia; por esta razon experi- mentamos el hambre, sensacion dolorosa que nos ad- vierte el peligro. La comida nos es saludable, y así sentimos en ella un placer; el exceso en la cantidad nos daña; para prevenirle se nos ha dado el disgusto en ciertos casos, y en otros los dolores. Seria fácil recorrer todos los placeres y dolores sensibles, y probar que aquellos tienen por causa ún acto provechoso á nuestra organizacion, y estos uno dañoso. En los brutos anima- les la medida del placer está fijada por el instinto, y asi es que rara vez se exceden; pero al hombre como do- tado de razon, se le ha dejado: mayor amplitud; y así es que cuando se entrega al placer con exceso, lo que en un principio era útil se convierte en nocivo, pagando con crueles enfermedades, y no pocas veces con la vida, el haber trastornado con sus desórdenes las leyeg de la naturaleza,. A 141. El dolor que resulta de ciertas sensaciones nos es absolutamente necesario. Supóngase que el fuego aplicado á nuestros órganos no. nos causase una impre- sien dolorosa, podria muy bien suceder que una parte de ellos se hallase ya destruida cuando advirtiésemos la ESTÉTICA. 469 presencia del fuego. Las sustancias veneriosas introdu- cidas en el estómago causan dolores atroces; si esto no sucediera, el veneno habria ejercido su accion mortal an que fuésemos advertidos del peligro que nos amena- zaba.
112. Entre los filósofos que han buscado la causa del placer y del dolor, algunos la atribuyen á la reflexion; esto es inadmisible. Muchas sensaciones nos causan una impresion placentera ó dolorosa, anteriormente á todo acto reflexivo; ¿quién necesita de reflexiones para sentir el dolor de una quemadura? El niño experimenta dolo- res mucho antes que pueda reflexionar: testigo el llanto con que los manifiesta desde su nacimiento. El placer y el dolor. en muchas sensaciones son-hechos primitivos invariablemente unidos, y tal vez identificados con ellas; fenómenos simples que no podemos descomponer, y que solo debemos consignar. Lo que de ellos conocemos es su objeto, su alto fin que es ta conservacion y perfeccion del individuo y de la especje; su límite moral, pues so- mos castigados por nuestra misma organizacion cuando pd á las sabias leyes que nos ha: impuesto el Cria- dor. _ 1143. No todas las sensaciones producen placer 6 do- lor, propiamente dichos; las hay que ó parecen del todo indiferentes, Ó que cuando menos nos causan. este pla- cer ó dolor en un grado tan débil que á penas llegamos á percibirlos. Continuamente estamos experimentando sensaciones de esta.clase: vemos muchedumbre de ob- jetos que no nos agradan ni ofenden; oimos sonidos que nos son indiférentes; sentimos «el contacto de cuerpos que no nos complace ni 'mortifica. Sin embargo, preciso es advertir que aunque el placer y dolor propiamente dichos solo se hallen en las sensaciones vivas que tienen relaciones especiales con nuestra conservacion, parece que las sensaciones indiferentes traen consigo un cierto bienestar que á sa modo puede llamarse placer, y que, si bien nos afecten débilmente considerándose cada impre- sion en particular, la reunion de ellas “produce uñ con- junto agradable que ameniza' la vida: Cuando estamos. acostumbrados á la Juz de un aposento, disfrutamos de ella sin sentir placer especial; pero*si esta Juz:se nos 470 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
cpuitase obligándosenos á permanecer á Oscufas, experi mentaríamos una pena iusoportable.. Esto prueba que la luz nos causaba continuamente uba impresion de placer, aunque débil, y qiie el conjunto de estas Sensaciones lormaba un bienestar de que no podemos estar privados sia mucho pddetitnienito. - 144. En esto miso podemos admirar dá sabiduría del Autor de la fiáturalezá. Los placeres y los dolor3s no pueden ser muy ifítensds sin. que se afecte profunda- mente nuéstra organizacion; un goce ó un dolor muy vivos acábá, fat probito” con nuestra existencia. Por esta razon no lo3 expetirieritatnos sino en ecisiones centa- das, y cuand hay para ello un metivo especial. Los que infringert está ley procerándose sin cesar goces inten- sos, agotai pronto lá fuente de la vida, acaban por no enconttar plac «r en nada, y apresurar el tin de sus dias con uria cadaci tád precoz.. Dios ha querido que fuése- “mos parcos efíi 1 goce de los placeres; y á mas de pres- <ribirnoslo expresartiente, nos ha obligado á.ello por las mismas leyes de.Niestra brganizacion. El placer node- rado que restilta de uu. ejercicio legítimo de nuestras Íunciones, lo ha esparcido el Criador sobre toda nuestra vida, coiío un aroma suave que la amienifa y conserva; tal es el biertestár general que precede de una perfecta salud, y del uso de nuestras facultades dentro-los limites señalados por la razon y la moral.
145. El placer “ausente produce deseo de alcanzarle; y cuando está presente causa el desto de continuarle, hasta que el canisancio de los órganos engendra el fas- tidio. El dolor ausetite ó presente da orígen al sentipien- to de aversión, especie de fuga interior con que el ser viviente procura apartarse de lo que le daña. Cuando estas inclinationes sensibles se hallan solás, sin la direction de la. razon, como sucede en los br utos, se. las ve * limitadas á.lo que conduce á la coriservation del indivi- duo y de la especie; pero si se encuentran en un ser dotado de facultades superiores, comio. el hombre, su- fren mil modificaciones á causa del libre albedrío que las modera ó las desordéma. Así es que vemos en.el Hombre los dos extremos: en unos la represion de las inclinaciones sensibles, hasta un punto que supera las ESTÉTICA. 471 fuerzas- naturales; en otros el desencadenamiento de estas mismas inclinaciones hasta el deplorable exceso de - consumir en breve tiempo la vida del individuo. Estos extremos son una prueba evidente de que hay en el hombre facultades superiores, cuyo impulso ordena ó desordena el ejercio ue las inferiores; y por tanto estas le han sido dadas bajo condiciones muy diferentes de las que se hallan en los brutos.
146. Esos fenómenos sensibles que llamaremos en general inclinaciones, aunque estén ligados con los de- más, se distinguen por un carácter especial, que es el impeler al viviente hácia los vbjetos. Para completar las funciones de la vida animal no bastaria que este tuviera las representaciones de otros seres; es preciso que haya en él ciertas afecciones sensibles que á manera de re- sorles le impelan á buscar lo que le conviene, y huir de lo que le daña. In el hombre, algunas de estas inclina- ciones tienen relaciones especiales con la razon y la moral.
CAPITULO XVIII. El sentimiento. | 117. Se ba explicado en el capítulo anterior que á mas de la sensibilidad interna, que podríamos llamar repre- sentativa, tenemos otra que dénominaremos afectiva. Esta no nos ofrece objetos, sino que nos pone en rela- cion con ellos, inclinándonos ó apartándonos de los mismos. A un padre le ocurre la imágen de su hijo que , se halla viajando por países remotos; en esto Se ve el ejercicio de la imaginacion, representando. Al recordar á su bijo experimenta el padre una impresion de tierno amor hácia él, un deseo de verle, de abrazarle antes de bajar al se puler o; aquí se ve el ejercicio de una facul- tad, no representaliva sino afectiva, que no ofrece un objeto, sino que inclina hácia €l.
1143. En la sensibilidad afectiva conviene distingujr 479 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
entre las inclinaciones que se ordenan inmediatamente á la conservacion del individuo ó de la especie, y las que tienen un objeto diverso, A las primeras se las debe lla- mar apetitos, á las segundas sentimientos; aquellos nos son comunes con los Brutos, estos son exclusivo patri- monio del hombre. E > 5d 119. No pertenecen á esta obra las discusiones sobre la naturaleza ni el sitio de los órganos que sirven al ejercicio de la facultad del sentimiento; baste consignar que es un hecho indudable la relacion de este ejercicio con las especiales disposiciones de la organizacion. Entre los varios individuos se ven diferencias muy. notables; unos sen naturalmente alegres, otros melancólicos; unos pacíficos, “otros iracundos; aconteciendo lo mismo en todas las demás pasiones, y descubriéndose estas dife- rencias independientemente de la educacion, Hasta en un mismo individuo los sentimientos se modifican segun la disposicion del cuerpo; ¿quién ignora que ciertas en- fermedades producen tristeza, temor ó pusilanimidad? Aun en estado de perfecta salud, ¿quién no se ha notado diferente. de si propio, según las variedades del clima, temperatura, alimentos ú otras causas que afectan al cuerpo? o 150. En los objetos de los sentimientos y en el modo con que nacen en nuestra alma, se ve lucir una facultad superior á la puramente sensitiva. El sentimiento de lo sublime, de lo bello; el amor de la patria, de la virtud; la admiracion por las grandes acciones; el entusiassmo y otros sentimientos- semejantes, no pueden encontrarse en un sér que no comprenda ún órden de cosas muy superior al mundo sensible. * 451. Es de notar que aun aquellos sentimientos de que parecen participar los brutos, como el amor mater- na], se hallan en el hombre con una constancia y sobre todo con una grandeza y dignidad, que los hace de un órden mas elevado. Mientras los animales no conservan su afecto hácia sus pequeñuelos, sino. por el tiempo en que estos no pueden acudir á sus necesidades, la madre entre los hombres ho pierde el cariño á sus hijos en toda su vida; y al paso que en los brutos este amor tiene por único objeto la conservacion, en la mujer se combina "ESTÉTICA. 473 con mil sentimientos que se extienden á todo el porvenir del hijo, y que engendrando continuamente el temor y la espera:za, llenan de amargura el corazon de la ma- dre, 0 le inundan de gO0zO y de ventura. (V. la Lógica, 152. La facultad del sentimiento tiéne íntimas rela- ciones con.la moral; y así me reservo para aquella parte de la: Bilosofía el hacer otras observaciones «que no serian propias de este lugar.
CAPITULO XIX. Escala de los seres. * 153. La sensacion, en' cuanto representa objetos, no es un acto de inteligencia, pero se puede decir que for- ma el grado mas ínfimo del conocimiento, si este nombre quisiéramos dar al hecho de representarse un objeto en la conciencia de un ser perteptivo.
154. Observando la cadena de los seres inferiores á los inteléctuales, podremos establecer la siguiente escala: seres sin conciencia de ninguna clase, como lo son todos los inorgánicos y aun los vegetáles; seres con conciencia puramente subjetiva, cómo lo seria un animal cuyas sensaciones no le representaran ningun objeto, como fueran las'de hambre, sed, calor, frio ú otra afección cualquiera, grata ó dolorosa. Seres con conciencia re- presentativa, esto es, que tengan sensaciones tales que no sean solo hechos ábsohitos. en ellos, sino que se re- ficran á algun objeto representándole.
155. Así pos que lá conciencia es una perfeccion añadida al sér, y la sensacion representativa es un gran progreso en esta conciencia. Lo insensible es, pero no experimenta su propio sér; tiene relaciones, sufre mu- danzas, mas no experiencia de ellas. El sér con concien- cia no solo es, sino que experimenta su propio sér, y las mudanzas que en el mismo se verifican: al sér sin con- ciencia todo le es indiferente; para el de conciencia hay un bien ó mal estar; el prunGrO se hallará cn medio de — 174 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
infinitas relaciones, del mismo modo que si no tuviese ninguna; el segundo experimenta los efectos de estas relaciones y las. busca ó las huye.
156. Pero cuando la sensibilidad se eleva á represen- tacion, es algo as que la experiencia de un fenómenó puramente subjelivo: el sér "que ja posee sale en cierto modo de sí mismo, ó mas bien tiene én sí propio á otros seres, en cuanto se hallan representados en él. El sér sensitivo no se limita entonves á un órden de fenómenos puramente experimentales para sí piismo; es una especie de punto en que se reunen los objetos, un espejo en que se refleja el mundo córpóteo; pero.un espejo que se vé á sí propio, que siente el admirable fenómeno que en él se verifica.
- 457. Elevada la sensibilidad á este punto, se halla, por decirlo ási, en los confines de la inteligencia; pero esos confines están todavía - separados por un abisimo: el conocimiento sensible es hermoso, brillante, si se le considera en sí solo; mas si se Je compara con el inte- lectual, su resplandor se oscurece, como se eclipsan las, estrellas al levantarse sobre el horizonte el astro del dia.
158. A cada órden perceplivo corresponde otro atec- tivo ó de inclinaciones; y así es que acompañan al sen- sible los apetitos sensiblés, como al intelectual la vo- luntad. Esta se eleva sobre aquellos -tanto como la inteligencia sobre la sensacion. Los apetitos- sensitivos son ciegos, buscan el objeto por el placer ó el dolor; la voluntad se dirige por la razon y la moral. Los: seres que solo tienen sensibilidad, se arrastran por el polvo, ó solo vuelan como ave rastrera; los intelectuales se remontan por las alturas con el impetu del águila, y se esconden en las nubes del cielo: aquellos no salen del momento presente; estos dilatan su -vista por. las regiones de la eternidad.
7 - IDEOLOGÍA PURA.
CAPITULO 1. : Diferencia eñtre las sensaetones y las ideas.
1. En la conciencia del hombre: hay algo mas que se es: esta no es cuestion: de discursos sino echos; Condillac, al asentar que todas nuestras ideas son sensaciones trasformadas,'se pone en abierta con- tradiceien: con la mas incontestable experiencia.
Segua la doctrina sensualista no se puede encontrar en nuestras ideas otra cosa que sensaciones; veamos lo que nos enseña, la observacion, y empecemos por lo mas pre S La idea de un triángulo no es su representacion sonia Ó aquella imágen interior por medio de la cual nos parece que estamos viendo la figura.
3. La idea del triángulo es una, necesaria, constante, la misma parattodos; su representacion sensible es múltipla, contingente, mudable; luego la idea y su imágen sensiblo son esencialmente distintas. La unidad de. la idea del triángulo consta de la gcometría: las demostraciones que versan sobre él se re- fieren á una misma cosa;.en hablando del triángulo cu general, se sabe de qué se' trata; no puede haber equi- vocacion. No hay varias geometr ías sino una. La necesi- dad de Rs propiedades del triángulo es preciso recono- cerla, so pena de ltichar con la evidencia y destruir la. geometría. La constancia y la identidad para todos, re- sulta de la unidad y necesidad. Lo uno ño puede ser vario; lo necesario-no se muda. Todos-lós geómetras'se entienden perfectamente al hablar del triángulo en gene- ral, y no necesilan explicarse unos á OLrOs ds es la Y 176 FILOSOFÍA ELEMENTAL. figura triangular que tienen en su interior, ni las mu- danzas que esta experimenta.
li. Nada de esto se halla en la imágen sensible. Con- centrémonos dentro 'de nosotros, y notaremos que al pensar en el triángulo flotan en nuestra fantasía figuras «triangulares de varias formas y tamaños. Si queremos jmaginarnos el triángulo.én general, nos es imposible: - pues que por necesidad se nos presenta de cierto tami- ño, grande ó pequeño; de una especie determinada, como rectángulo, oblicuángalo, acutángulo, obtusángulo, equilátero, isósceles ó escaleno. Estas propiedades parti- culares no pueden ser eliminadas todas de la figura ima- ginada, cual seria menester. para la idea: general; ni tampoeo pueden ser reunidas, primero, porque esto des- truiria la generalidad de la idea; segundo, porque de ellas algunas son contradictorias. Si el tamaño de los la-.
dos es de seis pulgadas, no puede ser al mismo tiempo de ocho; si todos los ángulos son agudos, no puede ha- ber uno recto. E | | - Considerada la representacion imaginaria en diferen-. tes sujetos, todavía crece la multiplicidad y variedad.”
Luego no hay en ella ni unidad, ni necesidad, ni constancia, ni identidad para todos. Luego es esencialmente distinta de la idea, UN: -.0. A primera vista nada tan sencillo como el _decjr que la idea es la ¡má den paroen realidad esto es con- trario-el-mismo sentido comun. Dos niños de pocos años que aprendan los fúdimentos de geometría, tendrán re- presentaciones triangulares diversas en el.acto de una demostracion. Supóngase que lo expresan así, y que en seguida se les exige que la demostracion general la su- hordinen á la diversidad imaginaria; ¿qué responderán? No sabrán analizar el hecho ideológico; pero dirán: « esto es otra cosa, se habla del triángulo en general, nada tienen que ver los triángulos en que estamos pen- sando: » lo cual. demuestra, que si no hay acto reflejo para distinguir entre la imágen y la idea, hay la intuicion directa de la diversidad de las mismas.
6. Es evidente que tenemos idea de un polígono de mil lados, pues que conocemos y demostramos sus'propie- dades, pero su imaginacion es de todo punto imposible.
IDEOLOGÍA PURA. 177 7. Tenemos idea clara y disti un polígono en general, y nadie_es € Amaginarle, sin que se le ofrezca uno de tal ó_cual especie, y. por tanto no geneal. LO mismo se puede decir de todas las figuras, vo- lúmenes y de cuánto cae bajo la jurisdiccion de la geo- metría. Lp A a / '8. Nadie dudará que poseemos la idea del número, á no ser “que se dude tambien de la existencia de la arit- . Mmética; y aquí encontramos otro fundamento de la mis- ma diferencia que estamos consignando.
¿Cuál seria la imágen sensible de un número en gene- ral? ¿Será un conjunto en confuso? Entonces serán tan- tas las ideas cuantos sean los conjuntos. ¿Será la misma palabra número? A esto se opone el que al hablar del número nose trata de la palabra sino de la cosá: ¿quién no se reiria del que explicase la idea diciendo que es la voz número? Todos los pueblos entienden una misma co- sa, no obstante que cada cual lo expresa con la palabra - de su lengua respectiva. La misma observacion se puede aplicar á los números particulares: dos, tres, etc.: los signos son diversos en los varios idiomas, la idea es la - misma. Aun entre nosotros la idea se expresa de dos modos: 2, dos; 3, tres;'etc., etc., etc.; y ¿quién dirá que hay variedad de ideas? Un hombre que supiese mil lenguas podria representarse Jos números Bajo mil pala- bras diferentes; pero estos permanecerian inmutables. Los signos envuelven la idea; sirven para fijarla en la memoria, mas no son la idea misma; son una corteza grosera que cubre un diamante. E - 9. Las. ideas de ser, sustancia, relacion, causa, las de bien, mal, virtud, vicio, justicia, injusticia, ciencia, ignorancia, ¿cómo se representan. sensiblemente? Los emblemas de los poetas y pintores ¿se tomarán acaso por verdaderas ideas?: 10. Con el sistema sensualista no se pueden explicar los actos mas comunes del entendimiento, ni aun los que versan sobre las sensaciones mismás. Si no hay en noso< tros mas que sensaciones, la comparacion es imposible. En este acto dirigimos simultáneamente la atencion hácia dos objetos: si comparar es sentir, la comparacion no será mas que una sensacion doble, lo que destruye la 178 FILOSOFÍA ELEMENTAL.
idea de comparacion. Siento el olor de rosa y el de cla- vel: en esta sensacion doble no hay comparacion, solo tiene lugar cuando cotejo: las dos sensaciones entre sí para apreciar sus semeja zas Ó diferencias. La compara: cion es un acto simple, escucialmente distinto de la sen- sacion doble: está entre las dos, ó mas bien sobre las dos;.es su juez., no su resultado.
11. La reflexion sobre una -sensacion es el acto con que pensamos en ella: siento un dolor, hé aquí. la sen- sacion; pienso en él, hé aquí la reflexion. Esta: -no puede * ser la sensacion misma; el sentir no es reflexivo, de lo ri o en toda sensacion habria reflexion.
o. Él juicio sobre las Sensaciones no puede explicarse bo E solas: no se juzgar sia comparar el predicado con el sujeto; y ya hemos visto que la comparacion es imposible en no admitiendo algo distinto de la sensacion.
43. Así, el sistema de Condillac contradice por una parte á la mas clara exper iencia, y por otra destruye la razon mnisma. El hombre con sensaciones solas, no es hombre; pierde el caráclor de racional y desciende á la coudicion de los brutos. - | 14. Hay pues en nosotros un órden.de fenómonos muy superiores á los sensibles; hay ideas puras, hay enten- dimiento puro; y la estélica, Ó sea la ciencia quese ocupa de los fenómenos sensibles, es esencialmente dis- tinia de la ideología” pr oplaimente: dicha, que llámo ¿deo- lugia pura, _pyrque tiene por objeto el órden intelectual puro. (Y. Filosojía fundamental, lib. 11, Caj. 1, 1 y un.)
CAPITULO AL. Flmdo mE 15. Hemos visto: que las sensaciones representativas de objetos y tambien la ciencia geométrica. tienen por basc la idea de extensión. Esta, considerada con abstraccion de todas lás propiedades especiales con que se nos ufrece en Jos cuerpos, y tomada en sus tres dimensiones, IDFOLOGÍA PURA. 179 longitud, latitud y profundidad, constituye la idea de espació. Se ha dicho tambien (L's/ética, cap. X11), que la extension en los objetos es una propiedad real; y en trosotros, una idea en cuyo análisis hallamos la muKipli- cidad y continuidad, sin que nos sea posible dar uHerio- res explicaciones para definir la naturaleza de la conti- nuidad misma. Pero estos límites que. hemos reconocido á la ciencia no deben impedirnos él tratar la cuestion del espacio, la que, aun cuando no fuera importante bajo varios aspectos, es muy notable por su profunda oscuri. dad y por las aparentes contradicciones que ofrece, Al entrar en el exámen de las ideas correspondo el pri - mer lugar ála del espacio; no porque sea la mas noble, sino porque, siendo la hase de las sensaciones represen-. tativas, se halla por decirlo así en los confines de la es- télica, y de la ideología pura.