Hablando incennamenle. so deberla con- fesar que el motivo du la indigoacion contra iñ prmsa monárquica no son ioe'snpneataa ataques a la legitimidad de Isabel: es el em- peño en sostener la candidatura del conde de Montemolin: imperdonable crimen do que se bsn hecho reos el Cñtólko, ta J^t- 1 peranzn, el Conciliador y el l»i->SAMrKNTO DR LA Nación. Aqui esta la vardadera diti- cultad, aqui In causa de la indignación. - ' Se ba dicho que por el mero hecho de defender la candidatura del conde de Mon- temolin, se atacaba la Constitución del Is- tido; no cabe asereinn mas daiülmla cío, coartando la libcrtid de imprenta en lo ■ehítivo al matrimonio del conde de Monte- I, no es posible desentenderse de una que aunque enderezada ó ta ¿V ptmnza, toca muy de cerca al periódico en ^ae^tantos y tan largos artículos se han es- ■ilpwf pfo'de ta combinación conoMiadora.
La legislación de imprenta incumbe al ministro de la Gobernación; y con este mo- tivo be pensado escribiros esta caria para proponer algunas dificultades al jurisconsul- to, Víliri^rir una interpelación al ministro.
Ks indudable. aun prescindiendo de las indicaciones mencionadas, que de algún Üanipn n esta parte ta situación se halla muy mal con la pren>;a monárquica; siendo de creer que, mas o menos madurados, no M^w^proyectos para destruirla. Si se tratu 4n nm de hecho, poco hay qoe oli>|etar: el gobierno es el mas fuerte; pero si se trata del derecho, ¿á quien asiste la razón? va- Mi á torio. I esperéis deelnaiaetanes, Dlgitized by Google viene que u ek Eey ni el fomeditlo mnaor I lo otro: No Jo iirinero. porque la á la corona pueden contraer matrimonio con persona que por ia ley esté escluida de la suc«8íen á la corona { D. Carlos y toda su familia están escluídos de la sucésíon por una ley; luego la Reina tv> T)iifdc pnntranr BialrimoQtQ con ninguno de ellos; luego im periódicos qne eoonsejan el enlace con el coade de Monk>nioiin atacan la Constitu- ción del Estado. Este es el nr?tinienlo, se- ñor ministro, ¿no es verdad? Creo no ha- herie desfigurado ni debilitado ea nada; antes bien Imberlo ospuesto oon la mayor tuerza y precisión posibles. . Peusareis qui/.as, Sr. ministro, que para deshaeenne de una dificultad tan apremian- te, voy;t fMiírar en Inríras consideraciones sobre la ley de csclusiou', epoca en fjiic se hiíO y demás circunstancias; uada de eso; es t«rrrao resiniadizo, y yo quiero andar en rirnif». Y para que os convenzáis de mi buena intención, os dejaré supoucr en este pualo todo lo que bien os parezca. ¿Queréis 3ue D. Carlos fuese ub traidor, un hombre e mala fe, reo d - lesa ma^eslnd? En hora buena. ¿Querei.s que luese digno de ser escluido de la sucesión y basta mereeedor del cadalso? Ea hora buena. ¿ Queréis que Ja j)ena del padre hubiese de estenderse á BUS mócenles hijos y á su descendencia que eatá por nacer? En hora buena. ¿Queréis que altas razones de listado aconsejasen. es- cosasen, legitima.sen, la riaurosa medida autorizando el deseo ti' ndei-su de las lurmas acostumbradas en los jiiu-ios comunes, y ceñirse únicamente asi en la sustancia como en el modo, á lo que dictaba ia eouvenien- cia'ptibiica? En-bora bneoa. ¿Queréis mas, Sr. ministro? Es imposible, pocque ni lo ne- cesitáis, ni hay ^m< que desear: pues bien y á pesar de todo, yo sostengo que Ja pren- sa monárquica estáensn derecho aldefender el matrimonio con el conde de Montemolin; sostengo que esta opinión está en el terreno de la le^alitiad; turnada en el sentido mas estricto, mas riguieso* mas severo.
Lo que aca!)o de asentar quedará demos- trado, si pruebo que la prensa nionarcpiica DO ataca ni ia Constitución, uile\ aUuua de ninguna clase.
En primer hiírar el conde de Montemn- Jin no está esclmdo de Ja sucesión á la coro- na por la Constitución, sino por una ley aeenndawa. La esclusion debena aer é es^ inBMi'6'flobiMntendida; no ea ni lo uno ni lo sepjoodo ( ion prescinde át personas: no portpie declararon lo contrario ia comisicui, el gobierno y varios diputados y senadoM en In famosa discusión de la míonan dan»- litucinnal.
He aquí las palabras de la comisión en su dictamen: «La adición que la comisión |i*a- >one al final del artículo, relativa al malri- mon¡(t del Rey. cslá motivada porcldeseode poner en los que son analogía la d^ida am- sofumeia, la cual no existía entre este artifla- lo del matrimonio y otros que se jK)nen en el arliculo 7." y 8.** que tmtan de la re^íen- cia del reino y la sucesión u ta curuua.t^ Nada hay aqui de esotoston personal, nada que indique confirmarion constitueioual de la ley secundaria; jicr el rontrario. la O)- mision se ciño a poner en la debida conso- nancia artículos aoálogOB.
El señor.sVír^orínj? contestan dn al señor Efjañn, decia que «la comisión no ¡se había acordado de! príncipe desgraciado qne eslé desterrado del reino,» y en el mismo senti- do hablaron los sellores Brabo MuriU» y (ionzalez Homero, El señor ministro de Hacienda reehaiaba con vigor la idea de que el arliculo relativo al matrimonio t'nese cosa de circunstancias. «¿Que tienen que ver, decia, las nrctms- f«Mt«sen ia resoluoiende «tf« nrfMoT yo aseguro al Congreso que el arü -nfn (pie se discute fue araso el itlduio en que pensó el gobierno al tratar de la reforma de la Constitución.»
El señor Martinez de la Ros.i K i ia: «La adición que ha proptiesto la comtsion se re-, duce á que no pueda contraer matrinmíola • Reina ó Rey oon las personas que eelen en» cluidas de la corona; pero las qoo lo e^ien ha de ser en tirtud de ma U^, m consiuu- ehmtt sino particular, ítamdmio, dij^ámso» lo asi, pero vigente. Ninguna fuerza añade por eomiquiente lo que fteprttpone por la co- misión, y esta fue lu razón para no propo- nerla desde luego el g^rfÑemo.»
En el Senado en la sesión del 10 de ene- ro, contestando al.SV. Marques de Mtrafio- rw, el Sr. Marlinez de la llosa rechazaba en tono sentido y hasta de indignación la S()s¡)erha qne el ^r. marqués habia iuffindo de que el f»arralb relativo al Rialrimuiuu se hubiese puesto para satisfacer á ma vulga- ridad, publicando asi el padrón de nuestras diaoocuiaa. SU ólr. M^trtHmdelmBitm^i Digrtlzed by Google lüpriM que el gobierno era muy superior á estas miras; y que al adherirse al articulo dOila comisión no hahia Ira lado de renovar Imgnuricion de una l'aiiiilia ya proscrita.
-4'odavia mas: en el mismo Senado, y des- pués de la aprobación del ])arrafo sobre el matrimonio, se levantó el Sr. Santaella pa- ' ra declarar, que no porque él y sus amifíos )oliticos hubiesen desechado k enmienda del Sr. Marqués de Mira/lores, se creyese prejuzgada una cuestión importante, y (jue si mañana se deroiíase por medio de una ley la que cscloye a cierta rama de la sucesión á la corona, no por eso dejaria de tener en- tonces debido lu;:;ar la enmienda del señur Marqués de.Miradores. No calie declaración mas csplicita y solemne de que no se trata- ba de consignar en la ley tundamcntal la eüclusion de la tamilia de U. Carlos.
Es evidente, pues, que el nuevo párrafo de la (constitución no es mas, se.ííun conle- siou de los mismos legisladores, (|ue una re- gia general, y que no concierne á los hijos de D. Carlos, sino en cmnto y mientras os- len escluidos por una ley secundaria.
Ahora bien, ¿(jue es lo que pide la prensa nionar((uica? ¿Pide ta intraccion de una ley secundaria? No; lo que pide es que se la derogue. ¿V de cuando acá, Sr. ministro, le está vedado a la prensa el hacer semejantes demandas? La discusión política, casi toda OBlera, ¿no consiste en (|ue unos periódicos sostienen la conveniencia de «na ley, otros la niegan, unos alirman que es preciso con- servarla, otros derogarla? ¿A. que se reduce t la libertad de imprenta el dia en (|ue se pro- hiba la di>cnsi(iii sobre las leyes secunda- j rías? Lo que no se pennile en ningún pais es que la prensa aconseje la desobediencia á las leyes; pero eir ninguno donde se ha- lla establecida tu lii)erta(l de discusión, se prohibe pedir la derogación ó la reforma de Ilacednie el favor, Sr. ministro, de aten- der al raciocinio siguiente. La prensa tiene derecho á pedir la reforma o derogación de una ley secundaria; siendo pues secundaria y no fundamental la que escluye al conde de Monlemolin, la prensa tiene derecho á pedir que se la derogue o reforme.
La firensa al usar de su derecho puede y debe alegar ta rn/on vi\ ((iie se funda; luego al aconsejar la d('roj.'¡icíon o relorina de la ley de csclusion. puede y debe decir por (jué la piUe; esta ra^uu uo es otra que la convcniencia política del matrimonio, luego it« • prensa tiene derecho incontestable á espli-4 car y demostrar dicha conveniencia.
¿Qué se responde a esto, Sr. ministro? no se ataca nini.Mina ley, no se combate la le-' gilimidad de ningún poder, se prescinde de todo lo que no sea ra/oues de conveniencia política; solo se dice: «tal cusa seria muy ' Util; á esto se opone un obstáculo; quítese* le por medios legales y la cosa se {)odrá ejecutar.»
Para llevar la demostración hasta la ulti- ma evidencia, voy á poner un ejemplo su*, mámente scucillo. La Constitución previene que para ser diputado se necesita ser espa- ñol; supongamos (|ue á un individuo cual- (|uierd, por delitos propios ó ágenos, ó jior otros motivos, se le ha privado de los dere- chos de español, siendo considerado en lo- do como eslrangcro; supongamos ademas (pie esta privación se ba hecho |)or una ley espresa; tened la bondad de decirme, señor ministro, si este iiidÍNÍduo fuese considera- do por un partido ó por un periódico como hombre muy digno de ocupar un lugar en los escaños del Congreso, ¿le seria licito á la prensa el pedir que se le rehabilitase? es evidente que sí; ¿qué os parecería de quien discurriese de la manera que sigue? «La Coiibtilucion prescribe que para ser diputa- do es necesario ^ser español; el candidato esta privado de los derechos de español por una ley; luego quien se atreve á sostener que este hombre es bueno para desempeñar la diputación, y nue convendría remover el obstáculo (|ue se ¡o impide, ataca la ley fiin- damenlal de ta monarquía.)' Decidme, ¿no os parece que el argumento es no solo fú- til, sino hasta ridículo? la {raridades exacta; sí hay alguna diferencia desearía verla se- ñalada.
El ejemplo que precede no es imagina- rio: si bien se considera, hemos visto, es- tamos viendo, y es temible que veamos to- davía muchos semejantes. En medio de las vicisitudes políticas que p<M'turban nuestro pais, los partidos se proscriben alternaliva- menle, se privan de sus empleos, sueldos, honores, condecoraciones; y ¿quién ha di- cho jamás que sea ilícito el interesarse por los proscritos? Si cuando el general iV</;- vaez por ejemplo, se hallaba proscrito por ia inllnencia de Espartero desde mucho antes del pronunciamiento de setiembre, hubiese pedido alguno de su:> amigos un i<v pruuüa 1 fUteilvítaiMkiftolMlácttlosqaeleiiiipediaii I de Monleimliii, qabfep ref^resar á su patria, ya fuesea providencias 1 sus plumas, ni mas arena de judiciales o medidas ^uheroalivas, decidme, Sr. ministro, ¿a este amigo celoso se le hu- biera podido acusar tic que infriugin la Cons- titu ¡01 que manda obedecer al potlcr eje- culi vu y ai poder judicial? ¿ Una acusación semejaote bubiera tenido, no diré Tunda- tticnlo, piíro ni siquier,) senliilu ( (jiium?
YA raso bajo el aspecto le«;al es el mismo, abso uLumenle el mismo; la preusa mooár- quica está eo el mismo terreno; no ataca ninguna ley, no pide naés ilegal; solo sí que por los medios legales se remueva un obstáculo que impide la ejecucioa de uoa cosa conveniente.
\ i veis, Sr. ministro, que he cumplido mis úliecituienlos; no lie decínmado, he pro- curado raciocinar de la mauera mas severa Y escrupulosa. No s¿ lo que intentáis sobre mas arnsasque combate que la discusión publica; os> hago la justicia de creeros demasiado leal para que poda^ des* cendcr á villanas aCttsaoíoDes, deslilaidas de lodo fumiamento, que tienden ri ernjvo- rar la desventurada ailuacion de uu partido respetal»le por mil títulos, y sobre todo. por el uiforlunio. Kn un combate de pura dbea- sion, a la lofxica se debe encomendar p! cui- dado del inunio: el emplear o^as armas, dejadlo, señor miislro, é paru ooni villanos ó para entendimieatea mflM que cl \ ui'strn.
Suceda lu que sucediere, sea cual fuere la suerte <|ue le baya de caber á la prensa monárquica, sean cunli ^ f m n las trabas que se pongan (lara impedir la libre disco- sion sobre el raalrimonio de la Keina, satisj escrupulosa, no se lo que raieuais soDre r fecho estoy non haber dicho lo que he dicho, libertad de imprenta; no sé hasta qué pun- 1 y partienlnrmenle con haberov (xrrilo esta to os proponéis entrar en cl resbaladizo sen- i caria. El publico, que si^ue ei curso de es- dero ae las coartaciones injustas; comprendo ¡ tos^ebates con mas atención de In que qui- que < ü \ uesira oposición al ooode de Mon- zas os ligurais, juzf^ vuestra oouQOtá; 7 teniuliü, debe de incomodaros una discusión ' si nca^o tticre. cual no es de esperar, con- que le sea (avorable; pero si tenéis le en el | traria a ia razón y á la justicia, temed, se- gobierno representativo, si tenéis fe en la I Aor ministro, que una medida imptudeaie libertad de imprenta, si tenéis fe en la ratón no acreciente la impopularidad del gobierno de vueslr;i c;iijs,i, indigna cosa fuera que • de que formáis (i;irt v Con un s¡sl(»ma de re- abusando de vuestra posición, o echaseis prusioa luucce^aiia. uu us itS4>njeeis de cap- mano de medios ilegales, ó medilaaeis una i^ros ^ benevolencia ni aun de loa combinación semi-!e¿rnl para cncobrírlasÍB- razoo de vuestro pnx edi tinento. Si cl maUrimouiu del conde de Moulemolin están impopular como aseguran vuestros I descarguen solwe la eabesa de sus contrarios al conde de Montemolln; et ins- tinto de conservación propia ios impele a coudenar ciertas medidas, aun cuando se amigos. SI no ttene en su favor mas rpie un partido muerto y una docena de ilusos y Utopistas, ¿de donde los temores? ¿de dón- de la alarma? ¿por qué tomar medidas es- traordinnrias? y si pnr el contrario el matri- monio de conciliación tiene en su lavor ra- sones tan poderosas qae no les lei posible á sus adversarios sostener la discusión pü- liüca en el terreno de la prensa, vos. señor miiiihiio, ¿podria/s haceros cómplice ni de «a atropellamtento, ni otra nsedída coalqnie- I ra que bajo uno ú otro prelesto ahogase la l discusión e impidiese el esponer lo tpic in- teresa ailiimeole á la nación española? apelo á vuestra honradez y patriotismo.
Os bago la justicia de creeros demasiado ilustrado para (|ue desconozcáis et terreno en que se.halla la presente cuestión, para que se os pueda ocultar que loe que sosi legos. Kn la ruiai agena pieaiealeii ó pravw la propia.
Interin aguardo nieatra eamealocioa m la prensa, en la tribuna, ó en los hechas, vivid seguro de mi eonaídeiicioo v resoulew Etchto en ILircriona pd It de «liri«rabrc da } putlicxto M IhMA »n U M HÍMiM.
Aseguran atguiioe poblíeialM modevm que en los írnbiernos representativos!n <'pf^- sicion es un bien; nosotros creemos que es un nial. La o|)osicion es necesaria, es decir, que dimana por precisíeD de lai queseospueaa ocuiiar que ios que sosiie- • que üimana por iirecisifD ue i» mmmm BM b eonvenieiMia del enltoe oob el «onde ■ fandieionet del gmiMMfepmntaliwjpa- Digrtized by Google ro no lo es en i;l sentido que lo son las cosas | conducentes al bien de la sociedad. Por mas (|Uf* i, la ofíosicion es la voz de los pai li.. I uanlu mas pronunciada y organi- zada es a(|uella. tanto mas pronunciados y organizudus se lialian e^tos; hi por circuns- tancias parlicularcs falta la correspon(l(;ncia | indicada, bien pronU) aparece: »i la oposi- ción no nace de los (lartidos, los produce; cuando no es su electo, es su causa; si no nican/n a ser ni uno ni otro, muere, parque In o|)osicion sin un partido que la so^lenga, es una voz aislada en medio di la suciedad, y e.slas voces se estin^uen a la vuelt;i de po- co tiempo, con tanta mayor prontitud cuan- to mas se estuerzan. La oposición es, pues, inseparable de la existt'ncia de bandos y par- tidos; nuestros mayores llamaban a la dis- cordia una calamidad pública, ahora se la i a[)ellida un adelanto: si no abundaban tanto de razón, estaban mejor dolados de buen sentido; ¿a que daremos la preferencia? la elección no puede.ser dudosa.
En toda oposición se encierra un germen de anarquía, porque toda opos cion tiende a destruir el pixler e\i>lente. oa introducir en el modilicaciones prolúndas. Laque no tiene este objeto no merece tal nombre; ó es ama- fiada, ó es el consejo de un amiíroque amo- nesta con mas ó menos severidad. En polí- tica estas amoneslaeumes amistosas suelen- envolver ulteriores designios cubiertos con hipócrita disfraz.
Siendo pi e i«;í) aceptar las cosas como son, no como d n i.ia ser, es necesario resig- narse á las condiciones de la época, y llega- do el caso, bacer la oposición, no obstante *u germen de anarquía. La rectitud de in- t -ncion, la entereza de las convicciones, la lijeza de miras, y la Hrmeza y santidad de los principios, piíeden neutralizar la tenden- cia funesta del germen e impedir su desar- rollo, pero no matarle. La sociedad pasa di- fícilmente de un estado á otro sin un perio- do de anarquía; quien promueve cambios, es necesario que no retroceda por la previ- sioa de las eventualidades á que ellos pue* den dar lugar: si se ha de escribir, es ne- cesario formar y emitir juicio sobre las cosas públicas; esto no cabe sin alabanza 6 vitu- perio del poder público; si hay convicción, nay consecuencia, y esta hace constantes el vituperio ó la alabanza, mientras el poder público sigue el mismo camino. Hay un sis- tema de mentida iffiparcialidad en que se alaba 6 se vitupera según los intereses del que escribe, en que se encnbren las defec- ciones con el velo de la prudencia, y se jus- tilican hasta los insiiilns con la apariencia del celo por la causa pública: esto no es ni minislerialismo ni oposición r esto son pasio- nes conuines disfrazadas con el manto de la política.
-Muchas vulgaridades se escriben también con los manoseadas temas de paz, legalidad, unión, reconciliación, reorganización de los partidos, avenencia de los hombres de bien de todas opiniones, necesidad de acatar la ley asi por parte del pueblo como del gobier- no, y otros por este tenor: vulgaridades que sirven para llenar columnas durante los dias críticos cuando hay negocio en cierne, cuan- do no se sabe cuál es el astro que va á le- vantarse en el horizonte, y ciuivieiw» estar preparado para rendir culto' al primero que se presente sea cual fuere la dirección. Asi se compaginan aquellos artículos que solo leen los necios, y que dejan con sonrisa los entendidos, al acabarla segunda linea. La oposición verdadera, la que vale algo en bien o en mal. es la que opone un sistema á otro sistema. Ksta es la oposición que, como hemos dicho, encierra mas ó menos un ger- men de anarquía, germen que se puede tem- plar 6 neutralizar, mas no destruir. Calami- tosos tiempos aquellos en que el bien ha de estar luchando con la tendencia necesaria del mismo medio que emplea para realizarse; en (pie la centella con.servadora del fuego sagrado puede producir un incendio; cala- mitosos tiempos; pero la centella para no S2r estinguida. necesita ser agitada, ¿será conveniente ocultarla por el temor de las chis- pas que pueden alcanzar al combustible? si asi fuese, menester sena torrar las páginas mas brillantes de la historia.
A todo hombre amante del órden le es sensible hacer la oposición al g(d)ierno, que por solo serlo, es depositario de grandes in- t Teses, guardián de lo mas pn^cioso que en- c erra la sociedad; mas si el gobierno se ciega y se obstina en alirmar que ve; si tro- pieza á cada paso y se empeña en asegurar que anda con planta lírme; si se encamina hacia un abismo y arrastra tras sí á la socie- dad, ¿qué remedio queda, sino amonestar á este gobierno, y reprenderle y vituperarle? I*or no esponerse á desconcertarle en su desatentada marcha, ¿será necesario come- ter la villanía de la lisonja 6 de un pnsdáni- Me silencio? ¿Quién eeráel culpaMe de los I r -nítidos posibles del gérmen de anarquía?
Eu Ks|)aria hay actuaímcnle tres oposicio- nes: la progresista, la moderada y la monái- qiiíea. Mas ó menos coiiockio, ó mejor* mas ó!n»Mins (><t(Misil)kí, todas st* proponen un cambio proluudo: ¿qué quieren los progre- sisias? derribar al gobierno actual, destitair i á todos sus empleados, armar de nuevo la milicia, mudar todos los írefes do! ejército, V con uno ú otro titulo sustituir Ks{)arttvro a i Nanraez. ¿ Qué medios ae emplean para lo- grar cl lin? en la prensa se escribe con vio- lento calor, y cunodo se punlc se pelea en las calles. No dn i^imos una luculpacion á nadie; no queremos liacer respoisaUes á unos!r t ^ medios empleados por otros. Sa- bemos íjiie en los partidos, tracciones dife- rentes ven los negocios bajo jiuntos do vista diferentes también; sabemos que no todos los individuos de un partido se dan á sí pro- pios exacta cueala de las iuteooioiiies que ilwiganloa mismos ooa quienes simpati- zan y á quienes ayudan; sabemos que iaac> donde un partido procede de mticlias y muy varias causas, y que en eJ desarrollo de es- las no hay siempre designios bien marcados; que á mas (!e las ideas obran los sentimien- tos; que al lado de I05 propósitos influyen los instintos; «[ue cou ius planes premediUt- dos coinciden estrañas casualidades, y que \m ponsejos de la prudencia son frecuente- mente contrariados por una precipilacum impetuosa; por esto repetimos que uu iucul- ¡ pamos á nadie; que no Lacemos á los unos responsables de los medios emiilf ados por otros, al decir que en la prensa se escribe con violento calor, y que cuando se puede I se pelea en las calles. Los hechos soa estos: | unos los tenemos á la vista, otros son muy < recientes. La sangre humea. * j ¿Qué quiérela oposidon mooárqnica? | alirmar el trono, dar lustre á la religión,: acabar con los principios revolucionarios, y ' reorgaui¿ui el pais por medio de una couci- j Uacion que comience en la real hmilia. I ¿Que pretende la oposición moderada. la Í[ue es verdadera oposición? quebrantar la nerta del poder militar y sustituirle cl par-, lamentario.
La oposición proírcsista no puede alcan- zar su triunfo en el terreno dek legalidad: iamás cl podM'eonsegiiirá entregarse ¿ dis- \ creciott de sus enemigQi;.si un ministerio 1 camtaase esta direooinn, el Uone |iro- 1 eararia salvarse por otros medios: si no hnbieae previsión, no fait.iria e! iii^^tintrí, ¿uia bast4inte segura cuando eu moin utos críti- cos se trata de la conservación pi opia. So- bre estos obstáculos hay los que nacen de la situación misma, del rrirácter, antece- dentes y delicada posición de algunas de las personas mas- inAnyentas. Desde el en- cumbramiento del ministerio González Bo- bo se le dijo al partido progresista: ja- más i es in^Kisibie retroceder: á un paito de distMein se faaUaba na ahisBM. Bl piftido progresista, ó mejor su elemento activo y militante, lo conoce asi, lo siente: sabe que es rechazado del palacio y dd poder, y de todas sos afeudas, por cálenlo ▼ poir'íns- tinto.
Los esfuerzos mas ó lucuos generales que hace este partido en el terreno legah nada prueban contra lo que acabamos da decir; estamos convencidos de que ningna geie, de la opo&iciou progre^ia se hace te* sion sobre In verdadera situación de las an- sas. Supóngase que por una combinackHi de circunstancias cstraoitlinarias, los pro- gresistas triuaüasen en las elecciones y ob- tuviesen mayoría en el Congreso de dipMn- dos; si el triunfo se lograra cien veces, otras ciento se tmpediriaa los efectos del triuufo, o disolviendo las Cortes o etti|>le4io- do otros nwdios; jsttáselaoliialpfnBideiie del consejo se resignaría á cntresrar el mando á Olózaga ó Cortina, jamas lo con- sentiría la corte, que en nuestro entender, tiene tantas y tan buenas ratones para no consentirlo ooDW el aMamo prasidame dal consejo.
Ué aquí por notario de paso, á c^ué se reduce 1t tan ponderada legalidnd» Si daos que en este caso la legalidad acarrearía nn ti-astomo, confesáis q^ue vuestra le^^lidad esaaftrqaica. Si negáis esto lúAímo, os een- deuais á vosotros mismos, pues resulta que faltaríais á la le^lidad, no por prevenir la anarquía, sino por capricho y despot^mo; si salváis las cosas, condenáis laa perssMs: si salváis las persoMS, condennis lasoosts. Escojed.
La üpiuiúu moderada también es muy dilicil que triunfe por medios legales, sin» se Biodilica profundamente, ó pnr mejor decir, si no deja de ser lo que es. Su pen- samiento culminante es desiruk la prepon- derancia del poder militar, quitarle el man- do y. ndueirle á obodeser. • lan vohmiaáM Digrtized by Googl del parlaroeotMinfNÉsentadi) en el gobierno. En la sitnacion aclual, «MSMMrémposible; nísterío; su elemento militar, no: es diíícil ' efectos: no tiene olro medio de victoria que aceptar como base el poder.milit r r: peroen- HA. vflinift ^ sioo que suiuiiibc;.pier^ venere coao iM al qifr «Mabt como ad- versario.
» Hé aínii otra prueba de lo que signitica la lepltdaá; hé aquí otra ocasión para formar el mismo dilema del que salea mal parados ó lo6 hombres ó las cosas. ^ r > >f Ui oposición monárquica se haito en ana situación semejante á la de sasoompefteras: ?\ triunfo Ic^ial no le es posible; con ^erHa dera libertad no le íoera ni ana dilicil ¡ pero y Im wimliadDB del irimifo lenálet sentii? ftiMitnémoalo, que no es pora wmm ae* gncio tan ^'rav<> y trascedental. r £1 punto capital de 4a oposición mon¿r- tfkek n It éBMUíoii del Mlrimnifr de la Reina; y á quieh tenga sentido común le .lUefn!'' "• ■«MIS si el ¡íencral Narvaox en su ftucion uciuai, cooseAtiru Jamás que venga tMtpfltlvcicMde.de MoBleatliB.
otro? cvídmlc (]tin nn Ahora bien: no haciéndose el matrimonio, ¿qué logrará la oposición monárquica? ¿No le falta la base de la coneiliacion en que estóha ta liiieun? En c\ ptintoá que han llep:ado las cosas ¿se- rta concebible un ministerio que no fuese progresista, ni parleaualttío puriuiiio, ni d&te iraedim dominante, ni partidario del matrimonio con el hijo de don ('rirlos';Se ceocibe lu que podrían ser un gobierno y wei Geites que m p«1enecieseB é BÍe|rii- na de las fracciones enumeradas? ¿Esta hi- pol<"^is os realizable siquiera por nn mo- meutüi V si se realt/.aáe ¿au uos daña por ■flffotewe ffesrflido el mas imposible de los -i'ítrmn?, ol mas débil de los í/ol)i<*rnos? Para nosotros lodo esto es evidente; mas difemos, evidente debe ser para cualuuiera €p»flii poUtioi no esté falto de sentido co- mún ('rtn ( I trascursn f!r los años, la fuer- za de Ioh acontecimientos, el reemplazo de It'feMfMien {nresratci por otra que no ten- p w^eMepaiíMiealoB é tdeaSp seré po- ' siblü quizás ^ue no deje de ser absurd«i k hipótesis indicada: ¡mm ddo se trata de lé|> qiif íirt dí^ hahnr;i hi vuelta de alp:un(is íímos, ^ina-de>, Ip, (^%^ hay «hora; las naciones no iítlJMi<< Jl(liill#is y de pronósticos, sino detlhi^hos presentid 1 1 vida de los puebiee rnmn!n de In-^ individuoF nn «e sustenta ni ,con ia historia ni con el porygAÍfi^tnr» wifitr.i M>BláM que piwii|^<nim tcncia de todas las oposiciones en el terreno legal. En e'-f*'' rnnnírtrt;,qné hnrptf.' La pro-: ^resista» iCueii^t (^011. uiid revoiutiuu; la mo^^ dend»;iii«ilileii|li>ei#Ripfole9te la moná^rt ((uica se limila a esperar. En pro de la n|io- sicion pro/;resista bav la irritación de los ánimos y el fuego de ías pasjyQ^Q^jypoliticás, En pro'de la opo inna medfMMlH'^está «f '.'■yto rfi- \\\!pv foiisi-iiailo en tm papel. £a pro de la opostcipA monárquica está la fuer- za irr^iMJe Ftde los aplacimientos, U necesidad faüeada en la juam^. mlaraíaia^ de las ros,m La ouosicion nipnarquicu no debe perder moca ae vista que gran paile del tecrele. de su fuerza está en la teíepliioza. Ataques: violentos, sobre ser intieeorosos en si roift^j nios, y ademas poco coutormes con los pria-/ cipios que se sostantan, teodriaa el jiieofr>< veniente de estrellarse contra un poder qne si bien profundamente débil bajo el aspecto moral, tiene sufíciente fuerza hsica para ha- cer callar la oposición monárquiea yále^i das las demás el dia oue bien ie pnre/ea. Es preciüo no hacerse ilusiones; ci gobierno no hace callar á la prensa toda porque oo quieie) y no quiere porque ua oaijiiato da^ rirrnnstnneiíis pnirticulares ligan en cierto modo su voluntad. £n un país donde un