Es curio6o un gobierno que comienza por proclamar la imposibilidad de la obser- vancia de la ley; ¿(jué ley sera la que según vosotros es imposible? SÍ no vale para estas circunstancias, por que la planteáis? y si vale, por (|ue la desacreditáis? Estas cir- cunstancias ¿son acaso de un dia? trece años hace que duran; y hablad ingénuamente, con la mano puesta sobre el corazón: de- ciduos: ¿esperáis que han de terminar pron- to? Si asi lo creyereis, desde luego se os puede absolver de toda carga por ino- centes. Si no lo creéis, ¿se juega por ventu- ra con la suerte de los pueblos? ty^cro ta inoiiservancia es jwca; es la es- ««|)cion; asi decis, mas en contra están los hechos públicos y notorios. í.o presentare- mos de una manera palpable con un ejem- plo. ¿Os atreveríais á pasar á los capitanes generales una circular eficaz, en <|ue se les previmese que estando la lilicrtad do impK'iiia garantida eu un articulo consliluflii^ nal, es la voluntad de la lleina que en lodo el ámbito de la IVninsula se disfrute la ' misma libertad de escribir que eu Madrid, y . que los gefes militares eu cuantos casos sé puedan ofrecer, deberán ceñirse cslricla- menle a lo prevenido en la Consliluciua y decretos de imprenta? Diréis que no hay ae- cesidad; pero que do tendríais iuconveatenle eu ello: pues entonces, no.solros os diremos que á vuelta de correo recibiriais algunas ' dimisiones que probublemenle os guarda- j riáis de admitir. Esto es evidente; y por mas (|ue se diga, nadie creerá ({ue el go- bierno se atreviese á obligar a los capitanes generales de Zaragoza y otros puntos « á que permitiesen la defensa de las doctrioas progresistas siquiera del modo que se hace en.Madrid, y que se dejasen atacar perso- nalmente como es atacado el general Nar- vaez. ¿Es esto verdad, si ó no? Y si es ver- i dadero. si es cierto, si es evidente, ¿a que tanto hablar de una legalidad que no puede ser observada? Si es buena, observarla; si es mala, quitarla; si no es l>astanle, com- pletarla; pero en ningún caso conliadecirse j de una manera tan escandalosa: los pueblos no se gobiernan con sistemas coiUradiclo- rios. Nosotros creemos con el gobierno que si la oposición conservadora subioe al po- der, no se alendria ni pudiera atenerse a la legalidad; pero esto, en nuestro juicio, no es la disculpa del gobierno, es su condenación V la de sus adversarios; es lu coniir- maciou mas terminante», de nuestras doclrí- ñas; es el resultado natural de haberse cu- locado sobre una basu falsa, con el empeiío ' de sostenerse, cual si se estribase en ter- reno lírme.
En este punto, la oposición es lógica cuando ataca al gobierno, y el gobierno es lógico cuando ataca á la oposición; uobos son débiles cuando se delíenden, anabostOQ inca|kaces de sincerarse del cargo de con- tradicción ó inconsecuencia. Entre las dos fracciones del partido moderado, vérnosla ; misma disputa que eiiti'e este y el progie sisla: acusaciones de ilegalidad; hechos qve la evidencian; escusa fundada en la necesi- dad de defenderse; y |)or hu retorcer el ar- gumento- vosotros habéis hecho, vosotros i hariais lo mismo. Asi lodos tienen razón, por I lo mismo que no la tiene ninguno.
1 Cuestión de Koma. La 0|>osicion le ha rc- I cordado al gobierno las profecías del año Digifized by Coogle t anlerior; el gobierno no ha podido negnr 3ue se han cumplido. ¿Cómo se ha defendi- 0 pues? Muy sencillamcnle: diciendo que lio tenia él la culpa. Va sabiamos que no habia de cargar con ella. Al ponderamos la dilicultad' de semejantes negociaciones, nos lia dicho lo que sabiamos también; pero la cuestión no estriba aqui, sino en si el gobierno anduvo demasiado ligero al anun- ciar sus esperanzas tan grandes y realiza- bles tan pronto. No son pocas las que mani- iiesta éu la actualidad: aguardemos los resultados; por nuestra parte dudamos de (|ue las cosas estén eu situación tan hala- güeña como al parecer se imagina el señor Martínez de la Kosa.
A proposito de la cuestión de Roma, es sumamente curioso lo (|ue sucede con el reconocimiento: un reconocimiento de cuya existencia se dispula! no cabe mayor origi- nalidad. Nosotros creiamo^ que los recono- cimientos, cuando existían, eran hechos palpables, y ademas públicos y notorios: ahora >cmos que no es asi, y que tienen iiiiiar en estas materias las limitaciones «le en cierto modo, habita rierfo punió, bajo cierto aspeclo. O nos engañamos mucho, ó estas limitaciones signilican lo mismo en política que en literatura: inccrtidumbre ó üi:?imulo.
Han hablado los ministros de cartas del Sumo Ponülice, en que se daba á la Reina el tralamienti> de tal, y han (pierido inferir de aqui una especie de reconocuniento. En este caso, el reconocimiento es como si dijé- ramos interpretativo; pues cuando es real y verdadero, trac consigo otras señales que no han menester interpretación. Ademas ue para fallar con cumplido conocimiento e causa, seria menester una cosa que noes peruiilida: leer las cartas f)or entero. Qui- zás tampoco seria indiferente hacer aten- ción a una circuii.stancia, ¿ saber, si esas cartas del Pontiiire eran contestaciones.
Como quiera para concluir las negociado- Des con Roma, se atravie.<:a entre otros obs- táculos uno muy grave: In dilicultad de ase- gurar al clero una subsistencia decorosa é iudc|)endiente. El Sr. Mon ha insistido so- bre esta dilicultad, que en efecto es graví- sima. Las cosas se han llevado á tal punto, que no se alcanza como se podrán reme- diar. No negamos que el gobierno acluaí ha hecho algo; pero hubiera podido hacer mucho adoptando desde un principio un sistema mas ret-uello. Queriendo poiior.se á cu- bierto de las incul(>acioncs de la revolución 1 no lo ha conseguido; y al propio tiempo ha I dejado escapar ocasiones en que hubiera \ podido mejorar la situación del clero, sin dañar á la propia. En la actualidad, compli- - cadas como están las cuestiones políticas, ago- t{)da la fuerza moral del gobierno, muy fá- cil es que el tiempo desvanezca las espe- ranzas de ahora, como ha desvanecido las de la pasada legislatura.
Seamos justos: si no creemos que el go- bierno llegue al término dt» estas negocia- ciones tan pronto como el espera, todavía nos parece que es»; término se habría de j alejar subiendo la oposición al poder: ya lo hemos dicho otras veces y lo repelimos a(iui. La oposición se inclina mas á las ideas revolucionarias y esta no es buena circuns- tancia para alcanzar concesiones de Roma. La o[>osicion <|uisiera mostrarse mas enér- gica contra lo (jiie apellida exitjencias, sin reflexionar que cuando se exige lo que es I justo, la exigencia es un derecho y el alla- narse un deber.
Si el Papa se twsta á ratificar las ven- tas de los bienes del clero, hace una conce- sión inmensa; ¿y se quiere que lo haga sin ninguna garantía de que los desfiojados ob- tengan reparación? ¿Qué adelanta el Sumo PiODMüee concediendo lisa y llanamente la ratificación de las ventas?* ¿Tranquilizar las conciencias de los compradores? Cuando no tuvieron escrúpulo en comprar, es estra- ño que le tengan en retener. Mejor se diria que no se quiere la tranquilidad de concien- « cias, sino la tranquilidad de intereses. Sea como fuere, nuestros principios son cono- cidos: no podemos persuadimos que las co- sas se hallen tan adelantadas como indica el Sr. Martínez de la Rosa; pero si lo estuvie- sen, si el Pontílice hablase, no desplegaría- mos nuestros labios sino para. atestiguar nuestra sumisión y obediencia.
I Cuestión del matrimonio de la Reina. La oposición consenadora ha tenido en este punto una resolución nuc la honra, y una franijueza (juc el pais le debe agraden'r. El ministerio ha procurado eludir la cuestión; pero desgraciadamente para él, sus adver- sarios la hablan planteado de la manera mas terminante que cabe en asunto tan de- licado. Las palabras del gobierno no oli- fante toda la mesura y la reserva, han de- " jado sospechar que en efecto habia una trisle rcnlidnü en el fondo de las nolicias que tienen alarmada la upinion pública. El se- ñor ministro de Kslado dijo qiie el gobier- no no se degradaba basta desmentir vulga- ridades y calumnias: hace bien; pero tam- poco el público es tan torpe para creer que ron un desden se destruye un hecho. El Sr. Martínez de la llosa no debe ignorar auc no son solos los ministros los que pue- en pro|)orcionarse noticias en lo interior y CíHerior. ¿Se atrevería el ministerio á ase- gurar que es falso cuanto se ha dicho sobre el proyecto de «Trápani, sobre el interés que en él se ha tomado en ciertas regiones, sobre las gestiones del gabinete francés? Si ó no; la cuestión está aquí: lo demás son soberanos desdenes á que el pais con- testa con un desden igualmente soberano. La opinión y la conciencia publica valea algo; están mucho noas altas que los des- denes de cualquier ministro.
El golpe (juc se ha dado en el Congreso á la candidatura de Tra|)ani, no debe apre- ciarse por el resultado de las votaciones; en estos negocios, y cuando la impopulari- dad ha llegado á tal estremo, la mera dis- cusión es por si sola un triunfo. Se babia discutido y protestado en reuniones parti- culares; sé habia discutido y protestado en la prensa; faltaba que esa protesta resonase en la tribuna: esta protesta ha resonado va; este es el mas bello timbre de la o|M)sicion conservadora. No temiamos que fuese otra su conduct<i; siempre creimos que en me- dio de sus ilusiones políticas, habia una co- sa muy verdadera y |>ositiva: el sentimiento de nacionalidad que se levantaba ctmtra un proyecto en que se comprometen el porve- nir y la gloria de nuestra patria. » LA II.WIFESTACION Al apreciar la importancia de los aconte- cimientos políticos, confunden algunos el resultado oticíal con el resultado verdadero, aplicando á este la medida (|ue les ofrece I aquel. De aquí es el preguntar con ansie- dad qué sucederá, cuando mas bien se de- biera comentar lo sucedido. Hechos hay de tal importancia intrínseca, que por sí solos, independientemente de todas las consecuen- rias oliciales, producen su efecto por abso- luta necesidad. A esta clase corresponde la manifestación de los individuos de la mavo- ría del Congreso sobre el conde de Trápaoi. Desde que la vimos anunciada, nos parecie- ron de escaso interés las respuestas satis- factorias ó evasivas que pudiese dar el go- bierno, asi como la mayor ó menor energía con que los lirmanles llevasen á calió su pensamiento: siempre creímos' que aunen el caso de que estos desistiesen, o aquel se negase á dar esplicaciones de ninguna cla- se, el golpe estaña dado, el efecto era segu- ro. Esta manifestación, por solo haber exis- tido y haber sido firmada por un número respetable de los individuos de la mayoría del Congreso, hacia imposible la realización del matrimonio. Que si á pesar de la impo- sibilidad hubiese quien se empeñara en lle- varle á cabo, nosotros no nos ocupamos de empresas imposibles; no queremos conjetu- rar sobre los resultados: en política se veri- fica también aquel principio de los^ dialéc- ticos: de un imposible se sigue cualquie- ra cosa.
Faltaba este suceso para que con mas ra- zón se pudiese decir que España es el pais de las anomalías..\o sabemos que tenga ejemplo en la historia, el (|ue los amigos de un gobierno se hayan comprometido á exi- girle formal promesa de que oo autorizará ni aconsejará un enlace de una Reina, por estar íntimamente convencidos de que seria funesto al pais, á las instituciones y á la cmsolidacion de la monarquía. Parece que el ministerio quedó desconcertado á la pri- mera noticia del acontecimiento; y en ver- dad ({ue con mucha razón: nosotros creemos que los diputados de la mayoría no intenta- ban un voto de censura; pero le daban y muy severo. En el asunto mas grave, nías trascendental que pe.sa sobre la nación, de- cían al gobierno lo siguiente: «Nosotros so- mos tus amigos; te sostenemos contrato- das las oposiciones que se levantan contra ti; bien lo sabes; pero hay un negocio so- bre el cual no estamos enteramente seguros de que tu conducta será lo que debe ser. Precisamente tememos (|ue contribuyas a realizar una cosa funesta al pais. á las tfwr- Digitizcd by Coogle Digitizcd by Coogle itei^jf d ta conjtoluiacton át la mo- narquía. 1 en prueba de ouestra descon- üanza, te cxi^Htiios formal promesa de que BO lo autorizarás ni aconsejarás. Discurro a qué punto habrá llegado nuestra de.scondau- n, cuando nm vemos redoeidos á tamafia estremídad, ¿ pesar de la unión que contiiro teoenos, á pesar de ios la/.us de nniistad, estrechados mas y mas con los recieutes y porfiados combates que hemos arrostrado en to defensa. » para estrechar la ami^; al fin las opo- siciones le dicen af JoMfno: aSomostiii adversarios: creemos que gobtemas malf: retírale;» pero eso de decirle: «aunque somos tus amigos uecesilanios exigirte pro- mesa formal de qne no autorizarás ni acoo» spjarás una co.sa funesla ¡il país, á la.'í insti- tuciones y á la consolidaciuu de iu mouar-. quia,» esto es nuevo, es estrafio, es uu suceso propiamente espaAol, por lo singulaií.
y allómalo. Ya se dt'ja suponer (jiie no qnere- Si esto 00 es voto de censura, no alean- | uios inculpar á ios señores lirmautes, y que itmoa en qné consisten esa clase de votos: I antes Ues les McHaimis maráñenle for cuantas mas protestas se hagan de que no | su resolución; solo inteptamoÉt hftCtt notar se ha querido hostilizar al ministerio. tanto peor para este; pues que resalta mas clara la de9Conflan7.a (pie ha llevado las cosas é lal estremo, no embarazante la aversión á las hostilidades. Probablemente no se ocul- taría esta verdad al ministerio cuando mos- liaba su disgusto, cuando sus amigos de la prensa llamaban á la manirestacínn pnhre ar- did ét la oposición conservadora, y esplicá- Jim como un efecto de sorpresa lo (¡uc era el froto de madura reflexión. Desgraciada- mente la oposición se defendió de una ma- nera victoriosa; y un articulo inserto en el 4kut$lltt»o del 83 de enero, da))a esplicacio-^ nesquc no debieron Sí-r nada gratas al líe-' wWo, á quien se contestaba principiando esa particularidad que confirma mas y mas la verdad siguiente: en £spaña son tan i)ro> fondos los senUmienlos de iiqfior, M noble- za, de nacionalidad, que en llegando á un punto en que se trate de íaslimarlos, nadie puede contar con nadie, ni aun con sus me- jores amigos: cuando menos se piensa, haf ima esplosioii de dichos sentimientos, y pro- duce ios efectos mas inespeEadt». Recorda- mos á los estrangeros esta verdad para eoando se pnopongatbesplicar nuestrasano- mallas.
llocha la merecida justicia á la nobleza de sentimientos de los Sres. firmantes, nos han de permitir que les dirijamos algunas (d)servaciones. Un paso de tanta gravedad mMr estas palabras: a£slanK)s autorizados de L y en materia de su^o tan delicada, no se n fiimi«ra nías solmne para manifestar, ele.»
Tratándose de persnnn- que estiman su hn- nor, era de esperar (¡uc no les scntaria bien el aue se dijese que se les babia sorprendi- do \M firma en un negocio tan impoitánte, f que después de haber dado su voto de cen- sura no se dejarían aplicar el dictado de ino- centes. En cnanto al pobre orA'd de parii da sin mucha premeditación; y asi es de suponer que los señores lirnianl«'s no se re- solverían a ejecutar su desi¿;niu, sin ha- berlo pensado coq la detención (|ue su im- portancia reehimaba. Ahora bien: ó los tir- nianles desconfiaban del ministerio, ó no: si no desconfiaban, ¿a qué exigir la formal promesa de que no autorñaria ni aeonsejaria lio, lejos de considerar como tal el papel I nn enlace funesto al pais, i las instituciones,^ suscrito, «han creido y en esa creencia per- | y á la consolidación de la monarquía? y si manecen, hacer un servicio á su patria y i desconfiaban, versando la desconfianza so eomplir un deber sagrado; y vuando tan santo objeto se han propuesto, no pueden temer que les sea desfiiTorable el juicio de la nación ni el f^tllo de lá historia.» Seme- ^ntes espticaciones no indicaban ni ligereza antrs de la ejecución, ni arrepentimien- to después: el voto de censura eru en cum- plimiento de un deber satjrado, y á la san- tidad del úbjeto hablan de hacer justicia el juicio de la nación, el fallo de la historia. La oposición podia esciisar su defensa.
preciso confesar qiie esas manlfestn- cáones de amigos, ndson muy i propósilo bre un punto tan grave, ¿por qué sostenían al ministerio? Se Jirá que este era un asun- to diferente, enhorabuena; pero jamás se puede apoyar á uu gobierno de quien se aesconfia hasta tal ponto y é quien se cree capaz de un alentado; pues atentado seria y pavísimo, el hacer una cosa funesta a| país, á las instituciones y ¿ la conselidaokMi' de la BBonarquia* El dilema no tiene contes- tación, y preciso es confesar que en este punto la oposición se halla en uu terreno menos dificil. A un ministerio ¿ quien 8e< cree capaz de cosas semejantes,- no se la Dlgitized by Google debe sostener nuQca; los diputados Uenea •1 deber de esforzarse en derribarle: los se- fkákOI firmantes le ban creído capaz de ellas, y sin embarfro le han sostenido. Nosotros apenas alcanzamos á esplícar esta nueva anoinalfa, sino apelando a las inoonseeoen- cías en que incurren' á menudo los hombres. . Quizás pudiera esplicarsc de otro modo la misteriosa iLuuuuilia. Sabido es uue entre los sostenedores del gobierno actual, los hay en no escaso número fjiio no le prestan apovo jMtnpu' lo c reait bueno, sino porcpie conside- ran imposible su reemplazo por otro que no sea peor; es decir, que se resip;nan á él co- mo a un mal neciísariopara ovitar otros nia- ynri>< Ku este caso ia inconsecuencia se es- l'th a, y aun á primera vista desaparece: ve- ■106 (.cÑM harta frecuencia que los hombres surreniin ma! menor para evitar otro mayor, sin que por esto sea licito acusar de incon- adraencia lo que solo es eibeto de previsión y cordura. Si;i r^f i * -¡>!i( ¡¡l ion se acojen los nulividuoN de ia mayo; i fii:n;!nl'"í d*' In ma- niícslaciuu, desde lue^o los damos por siu- eorados del eargo de inconsecuencia; pero niloiiccN estamos en nuestro dcreclio al con- signar lo que por necesidad se inlerina de tales aatecedcnles: «la sitoacion de España ha Uegaiioilal punto, que ya no es posiblo ün buen i:ol)icrn'); la elección ha de ser en- tre gialo y menos malo, y de estos es aun el BÜBMS malo Qoo de quien se recela 'qne ha- ga cosas funestas al i)a¡s, á las instituciones y á la consolidación de la monarquía. » Con- signamos este hecho como una simple con- seonéiidé; puéff por nuestra parte lo recha- zamos, no sdtDi- pt^simistas, tenemos mas esperanzas sobre el porvenir de la España, tenemos mejor opinión del estado del pais. Un país en que solo fuesen posibles gobier- nos malos, seria un pais de malvados ó de imbéciles. Quien no quiera arrostrar esas de- dnociones, refógiese en hi mcoDseenencia: nosotros le dejamos gostososaquel triste asilo.. Comoquiera, esta es una nueva fase de* la situación que uo dejara de producir re- soltados. En la fraccÍDn que apoyaba el sis- tema dominante se ha verificado un hecho que manifie^in los gérmenes de división que en su seno se abrigan. Asi, el partido mode- rado, ya dividido en dos fracciones que se hacen la uif i a mas cruda, ha visto subdi- ]ñdirec una de ellas, que aunque cantidad ÍMi^^faima con reacio á la nación, era sin embargo mayoría en el Óíden oficial y legal.
Se ha mostrado que en esa fraccíoji gunos hombrea capaces de seguir en su ef^ rado camino, «n letroeéder por la presendi de abismos; pero que en cambio hay otros, y en no escaso numero, que en llegando a cierto punto dicen boita. Honor ¿ los noUen senlimientos que inspiran semejante conduc- ta; para nosotros es un placer el encontrar la ocasion.de hacer Justicia á nuestros adver- sarios. Guando los hombres llegan al punto de arrostrar la inronsecuencla cn ciunpli- mienlo de un deber, no eslan lejosde conocei el errado principio en que estriban: á veces la fiilta-^ lógica es eiéoto de patriotianm; pero en tal caso ya es nuis posible que an- dando el tiempo, el.putriolismo enderece la lógica. ' Pero dejemos á los individuos de la fMf^ fia, y consideremos la manifestación bajo otro ponto de vista, h. todo iiombre rellexi- vo, la maoiiestaeion de 4^ hablamos ha de- bido inspirarle consideraciones bien Irislef. Despues del manifiesto del infante D. Enn- que, los diputados amigos del gobierno se creen en la necesidad de reprobar nn pro- yecto de enlace de la Reina, atdi' andok* las calilicaciones mas duras que calieu en po- lítica ¿Dónde estamos? ¿Qué situaem es la nuestra, cuando presennMmos sucesos semejantes? ¿Donde estamos, que hombres graves, amantes del trono de Isabel il. ami- gos del gobierno, se creen' ^obltgadoffé es- presarse de tal nrádo, en un asunto tan deli- cado, cn que están de por medio la persona de la Reina y sus augustos parientes? ¿Se reflexionó i dónde vamos? ^Se rcflexioi» lo que son para el pais semejan! ¿Se piensa en lo qué espresan, en lo que ra- dican, en lo que anuncian? ¿Se ha hed» atención á todo lo que se dice, a las desa|ñan • dadas alusiones de la prensa? ¿También es nada todo eso? ¿también sou melancólicos soeAos de vüionaríos? f Ah! WteblemfiijiM' la suerte de una nacíon donde lan reoba golpes sufre la monarquía; tend)lemos por la suerte de una nación que asi ve deslustrado el brillo de esa institución tutelar, emblema de sus pasadas glorias, esperan/a de su par- venir; de esa institución que deja de ffcr fuerte si deja de ser esplendorosa; tembleraos por la suerte de la nación. y roguemos élt l'ü \ideneia que salve el trono de San Fer- nando en la deshecha borrasca r}ue le esta I combatiendo hwe largjÓB aftos, y que ame- i nata conriiatírie todavía dniaite nima ut^ Olgitized by Google Olgitized by Google ^ Cuando al fijar los ojos sobre taa formi- dable conjunto de males y pelijíros vemos esas brillantes tiestas en que los nia^'iiates áe la corle o>tentaQ su opulencia; cuando al son de los tambores que anuncian la mar- cha de un español al patíbulo, olmos res- ponder la música de los conciertos y los uaiirs. nuestro corazón se estrecha de an- gustia parcciéndonos «pie hay en las actua- les circuiistauiias al^ío de terriblemente lati- dico. Teineriaiiiosenjíafiarnos, si no viésemos que esta con nosotros la conciencia pública.
Ya estamos seguros de que nuestros te- mores serán acoiridos con desden por los mismos que los inspiran: esto poco importa; no nos (iiri;;inios á ellos sino á la nación: ella presencia lo que pasa. ella auaura el jiorvenir. C;ida dia cpie trascurre nos alirma en nuestras convicciones y nos evidencia la verdad de nuestras doctrinas, porque cada dia nos trae una prueba de la absoluta im- posibilidad de (|ue las cosas siíjan el camino por donde se las ipiiere llevar, liemos di- cho que no se tuiidaria un gobierno, la es- perioncia conlirma nuestra opinión: la des- composición que se observa en el canqni de la política, de cpie es otro ejemplo la mani- festación que nos ocupa, y la noticia de nue- vos distiirl)i<»s que lia contristado el pais; bé aquí los hechos; en vista de ellos dipse lo que se (pilera, la nación juz^'ará.
Pero volvamos al asunto principal, por mas que In diiiresion no sea inoportuna.
Es de lainenlar (pie haya sido necesario llegar á tales estreñios. y (pie la provoca- ción haya v^-nido de donde menos se debía esperar. ¿Como se quiere (pie el pais se tran(piiltce, (pie los ánimos se calmen, que el trono se robustezca, cuando los que de- bieran dar ejemplo de cordura se portan de ima manera tan triste? Kl suceso de que hablamos seria para nos(ítros un motivo de júbilo, si sólo atendiésemos á lo presente; I>ero piMisamos en el porvenir de esta nación desventurada, de ese trono tan mal aconse- jado, y por lo mismo nos alligequese haya <lc llegar a semejantes escándalos; que es- cándalo es el (pi(5 un pais entero haya de protestar contra el matrinujnio de la Reina con tal o cual persona. Esto ha sido necesa- rio, convenimos en ello; esto ha sido un gran bien, lo címlesamos; pero la misma necesidad es por si sola un escándalo; pero ese (jmn bieu solo puede llamarse con este nombre, porípie es uu mal que ha evitado I males mucho mii\uit >. Dt^spues de tantos escarmientos, la nación tenia derecho á es- perar (jue se procediera con mas circunsj peícion, ya que no con mas celo por el bien del país; desgraciadamente no ha sucedido asi: desgraciadamente se espcrimenta todo lo contrario- ¡ la España es bien infortunada!
:.Momentos hay en <|ue e>peranios (pie se I aprovecharán las lecciones de la espenencia; pero hablando con ingenuidad, esta espe- ' ran/.a va siendo cada dia menor: comenza- ; mos á temer muy seriamente que no se ¡lue- da evitiir a la España la triste suerte de «jue nos habla en una de sús obras un hombre de la situación; que solo del esceso del mal pueda salir el remedio. Las circunstancias son complicadas v. infaustas, no lo negamos; las cosas tienen mas culpa (¡ue las personas, es verdad: pero también creemos (pie las personas han contribuido y contribuyen mu- cho á empeorar las cosas, y que al lado de la culpa de esta, ligura en gran manera la culpa de las personas.
A la Reina Isabel también le toca una parte de la mala suerte que le ha cabido a la nación: sobre las dIstMi ■ i i que prece- dieron a su nacimiento, i,rienla guer- ra que acompaño a su infancia y los profun- dos trastornos con (jue inauguro su mayoría, hay las dilicultades, las complicaciones y los sucesos un tanto revolucionarios, que como siniestros agüeros preceden su matrimonio. Mejor es que los pocos años de la augusta hiuírfana no le permitan comprender bien lo critico de su posición y los azares de su rei- nado; mejores (|ue no sepa lodo lo que han sufrido, todo lo que sufren, todo lo (jue sufrirán sus pueblos; tampoco podria reme- diarlo.
El dia en (pie la madurez de los años, las lea-iones de la esperientia y (piizás los in- fortunios, le hayan revelado las cosas que ahora se ocultan a su inocencia, compense á los |)ueblos con iusticia y bondad lo que los |)ueblos han adelantado con sufriinienlo^ sin medida, con torrentes de sangre. Para entonces no le jiedimos rigor contra 1()S consejeros (pie la hayan engañado: le pedi- mos indulgencia y olvido; (jue bien serán menestQr para que la indignación soberana no se haga senlir con mucha fue ría. No son solos los pueblos los que saben decir kmta; también lo dicen los reyes. Esperemos que á tiempos tan malos sm-ederan otros mejo- » res; esperemos que terminara por tiu esta época de calamidad, cuyo liisloriodor podrá comenzar como Tácilo: opas adgredior opi- inum casibus, alrox pra-lUs, discors seditio- nibus, ipsa eíiam pace sofvum.
ÜE l.k MAMFeSTACIOM Escrita (D Bwcetuoa el S Je lebrero i» lUt j |HiMk'a<lo m Madrid ti 1 1 dri múaio.
El año <fti6 promete ser fecundo en grandes acontecimientos: a|>cnas habia con- sumido las dos terceras partes del mes de enero, v nos habia ofrecido va muchos su- cesos de la mayor importancia: un mani- fiesto de un principe de la real familia, una c ¡nspiracion en Gerona, una insurreccionan el Am]>urdan, amagos de disturbios en Bar- celona, una manifestación de algunos indi- viduos de la mayoría del Congreso, una crisis ministerial, peligros de un cambio j)rofundo en la situación, y por tin dos so- icmni's decliirdciones del ministerio, una por boca do!.SV. Mon para atestiguar a la faz del mundo entero la cordial inteligencia y perlecta conformidad do opiniones entre todos los miembros del gabinete; otra por conducto del general Nanuez, sobre el ma- lí.monio de la Reina. Esto es lo que se lla- ma aprovechar el tiempo. En otras é[)ocas, por ejemplo en las de nuestros pacíficos ma- yores de los reinados de Fernando VI, Cár- íos III V Carlos IV, cada uno de estos suce- sos, suponiéndolos posibles, hubiera ocupa- do la atención del gobierno y del público durante algunos años. Ahora es tanta la cu- riosidad pública, se la ha escitado y e.stra- gado de tal modo con la abundancia de ali- mentos estimulantes, que á cada correo ne- cesita un acontecimiento estruordinarin, si