SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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Imi opinión sobre este punto; uo teu^u m- conveniente en ello, y la resumiré en pocas palabras. Creo que es imposible ef jurado; creo que no bástanlos tribunales especiales; I creo que uo basta ci sistema de las mullas I crecidas; creo que es necesario introducir otro elemento en la legislación de imprenta; la responsabilidad del dueño del estableci- nüento pmvias grandes garantías; y ia I responsafúlidad personal de los escrita- res, asegurada con las precauciones mas fuertes. Quien escribe con buena intención, no puede temer esa responsabilidad; y st las circunstancias la hiciesen teniíUe, dehe-af^ rostrarla ó dejar de escríhir.

Sea cual fuere, seitores redactores, el jui- cio que vds. formen de nás doctrinas, na creo puedan quejarse de que son vagas; y espero que en adelante no padecerán vds- i ia distracción de hacerme seiucjuute cargo, fi59 ct mas iüfundado de cuinílos se ote podie- ran baeer « eseeptoando el de an^aieretis- mo parn dividir cuandb todos mis esfnrr- IOS se dirigen á conciliar. F«toy profnmln- mente convencido de que en todos los parti- dos hay hombres útiles de que puede npro- voclmrsc un f:;ohierr)o constituido sobre una híisa anchurosa; pero lo estoy igualmente, de que ni vds. solos, ni los progresistas so- Iw, son capaces de encontrar c!(a basa. La unión dirlios partidos, es imposible; y aun cuando no lo fuera, todavía seria muy estrecha la basa de «robíerno que de sit Mion resultase. Tambi* d estoy eoBTcncido de <|ue un gnTiicrno iiion (iiiro que se em- pellase en escluir á todos los elerticntos que ahora entran entes (Airlidos progresista y moderado, prepararía al pa« rntevas revo- fncíones, y acabaría por noorírá manos de 80 propia exageración. '^Ahi tienen, vds., seflores redactores, todo mí maqiiiíivelismo: juzgo á los partidos sin rcdcor y sin lisonja: no tengo líivores que agradecer ni agravios que vengar: si he atacado con mas frecnencia al de vds., no debe atribuirse á mi mno j)aitiriilar, sino á que hallándose el en el poder, naturalmen- te me ha ofrecido mas ocasiones de censura. Cuando ha hecho cosas buenas, las he *plaudido; jniuás he contribuido á exaltar las {fisiones; do quiero llegar al bien por el camino del mal. m be pertenecido jamás á la opinión de los que dicen '«prefiero la revolución á la situación actimlt^ siempre he condenado las aliany.as de los partidos estre- ñios, jamás he creído que se debiera eom* bntir;il troliifrno ron otras arma.'= que!a? permitidas por la moral y las leyes. Si algu- nas veces be dicho c^uc los moderados ha- bían dado )a razón a tos progresistas, ha sido rn casos dados, y ntiMiiéndonie á los hechos: ni contra ellos ni contra vds. he lempleado otras armas que las de una discu- to razonada, a^na de personalidades v de invectivas. Con esta conducta he conse- guido que mis artículos fuesen leidos por lombres de todas opiniones, si no con asen- timiento, al menos sin irritación; todos se han convencido de In sinceridad de mis pa- labras, y al disentir de mis opiniones, no han podi(lo menos de reeottocer mi espiriln de im[)nrfinl¡(lad y do iii<;ficia. ' He observado atentamente el curso de la opinión, V rae he convencido mas y mas cada día (fe qne mi síalenm no es frapusíM».

.1 La ejecución es dtticd, lo conlieso: j con- vengo en <|ue lo seria mas, si no fuese fli^ rrsario. No creo haber bcehonndaflo uintl- ríf ' rWc cnn(|iiistando la opinión de no pocos disidentes; antes por el contrario creo ha- ber hícho algún bien, que el tiempo se en- cargará de patentizar. ¿No son vds. amantes de la disnision? piif< yo no pido otras ar- mas: ¿exijo demasiado? Si estoy iluso, el público DO participará de mis ilusiones: ellas raerán por si mismas; y mis esrrilos se ci- tarán como una muestra de esfuerzos impo- tentes. Siga en buen hora gobernando el partido de vds.; consolide si puede un sis- tema; yo no quiero precipitar nada, no qoicro violentar nada; espero coa calma el curso de los neonlecimtentos; someto gos-* toso mis opiniones al Cilio del ticai;)o. * Rechazo las sospechas tondcncia á on sistema de discreción sultánicu, como se es- presan vds.; nn sistema semejante está en oposición con mis ideas y sentimientos: os- toy profundamente convencido de que la re- ligión y la monarquía para cou.<icrvarse y brillar, no necesitan oprimir. Esta no es una protesta improvisada: tengo algún de- recho á ser creído, cnando en todos mis escritos políticos anteriores á la publicación del Pensamiento de la Nación, he sostenido siempre las mismas opiniones do ahora; y cuando en trabajos ágenos de la [>olitica, lió delsenvuetto estensamente mis doctrina.^ so- bre las relaciones del catoticismo y de la monarquía, con el progreso déla civilización, bajo lodos sus aspc( tos. Jamás, señores re- dactores, ja incás podría yo asociarme á linsis* lema de [hmsccucíou; jamás pudiera tomar parteen una lucha con Ia< nocrsidndes de la época; jamás conlnhujiui a una reacción, cuyo rcsultadoinevitable seria una revolución. Todo lo que fuera exasperar los ánimos, lo- do lo que fuera impedir el desarrollo legiti- mo de la ilustración, todo lo que Fuera es- dtar pasiones t y dispertar el espíritu de venganza, encontraría en mi nna.oposictao Mi eonvíecion es qoe eñ la épiocft airfttM, no hay fuerza para los gobiernos, cuando no va acompañada de la templanza; y que el secreto para que la religión prospert-, no eslár en la violencia, sino en presentarla Cal comnes: digna obra doaípiel que es luz vcr- datlrra íjii!' ilumina á toílo hombre,. V qOtt paso.sobre la tierra Itactendo bieti. *;''«'í**»'' Si Tds., señores redactores, no tfMttfiSsea.

Dlgltized by Google convencidos de ia sinceridad de mis pala- bras, no quiero vengarme de otro modo que acreditando mi consecuencia en las grandes virisiludt's que le esporan a nuestra patria. ¡ Entrv'lanto, vivan vds. sci^uros de la consi- I dcracion con que foy su afcctisimo y seguro ] servidor Q. S. M. B.

EL r.ENEKAL NAUVAEZ.

\ HiiIrU U lie nbfil (te 1 1 VA.

La caida del peneral Narvaez, sean cua- les fueron las causas inmediatas que la ha- yan producido, no ha debido sorprender mucho á quien hubiese rellexionado sobre la dilicil y eslrafia posición en que se habia colocado el ex-presidente del consejo. La duda podia estar sobre la mayor ó menor proximidad de la fecha; pero el suceso era inevitable; y se hahia de verilicar sin lar- danza. Hallábase el general A' arráez en el apogeo de su peder, con el favor de pala- ¡ ■ CIO, con el a|myo de las Cortes, con In i adhesión del ejercito, con bastante fuerza , para tomar por si la providencia de dcsler- 1 I rar escritores públicos, y cou sulicienle! osadia é imperiosidad para emplear en nom- I • lirede la Reina un lenguaje destemplado I contra un tio y un primo de la misma Reina, j y en aquellas circunstancias, cuando nada < fesistia a tanta poderío y favor, el que esto escribe publicaba en el Pknsamiknto dk la i Nación un arlirulo fechado en París en 29 | i de junio de 184o. donde se lee el siguiente I' .pasaje: «Lo único que puede aguar tanta I dicha es la poca seguridad de la duración. [ Y no nos referimos con esto á insurreccio- ' nes armadas, ni á conspiraciones, ni á coa- liciones, ni á intrigas de corte, ni mucho ' menos á cansancio del partido que le sos- | • lienc. \o pensamos en nada de eso al con- . siderar la instabilidad de la posición del ge- i neral Aarraez; no necesitiuiios pensar en * nada de eso: si en una vast<» llanura azota-, , da por los huracanes, viéramos un hombre osado, de pie en el vértice de una allisima ¡ -•pirámide, no preguntaríamos quién le der- i ribará, ni sabríamos qué responder á quien I nos lo preguntase; semejante equilibrio nos parecería por necesidad poco duradero, pre- sigiariamos ana catástrofe.» Por donde se echa de ver que despue* de la caida, no deberemos ocuparnos mu- cho de los motivos inmediatos que la hayan pmvíwado: semejante suceso es todavía un misterio para el público, no siendo de creer que este se bava dejado alucinar por los que han esperado con envidiable candidex, que el líeneral Aarvaez seria mirado como una victima inmolada en las aras de la li- bertad. Si no e.stuvicra tan reciente su úl- tima SHbida al poder, con sus antecedcntei y consecuentes, y su manifiesto y su decre- to sobre la imprenta!...Diticil es que á na- die pueda ocurrir idea mas origmal, que la de presentar á I\ arráez cual vit tima de su amor á las instituciones liberales, y de su propósito de convertir en una verdad el gobierno representativo, removiendo todo Image de inmiencias cortesanas: esta es una de aquellas salidas escéntricas que se oyen con estupor. y á las cuales contestan los oyentes mirándose unos á otros, inanifes- - tando la común sospresa, segnida luego de burlona sonrisa.

Lejos de que el general Narraez haya de ser considerado como el mártir de la liber- tad, es de todo punto cierto que es él quien la ha matado. La esperiencia dirá cuánto habrán de trabajar para resucitarla los que acometan la dilii il empresa: á tal estremo han llegado las cosas. que es de temer que ni los pronunciamientos progresistas, ni los bullicios parlamentarios alcanzarán otro fru- to <|ue algunas convulsiones parecidas á las 3ue pi"oduce el galvanismo en los miembros e un ca|láver. Menester es confesarlo: esta es la obra ilel general Aarraez: no hay hombre que no pueda acreditar!*e de liberal sucediendo á.\arraez, siquiera sean muy severos sus principios en materia de formas políticas. Kl general Aarvaez ha reducido a práctica la i)e¡igrosa teoría de gobernar no solo por reales decretos, sino por facultades discrecionales: cualunicra que se desvie de este camino, y se desviará todo hombre de algún pensamiento i>oiitico, será considera- do como nías amante de la lil>ertad qqc el general Narvaez: no es dilicil concebir en (jué consiste este amor cuando el que man- da se sobrepone á todas las leyes.

Merced á sus errores, el general Narcaez había llegado á estar solo, enteramente so- lo, en el campo de la política: y en situa- ción semejante no alcanzamos que ningnn hombre.sea capaz de gobernar. Espartero, en sus últimos dias, no obstante su impopu- {•ñdaá, contaba con oi apoyo de una porción OBBSÍderabie del partido pro<;rc5ista: á su lado l<'nia hombres notables tli' ilii iio parti- do, y en su deCeosa luchaba la uitlicia ua- oiwial de Madrid y Zaragoza; pero Nanmz MooBlaba con naclie. no tenia en su favor las simpatías de nadie: era obiMiecido por- que mandaba en nombre de la Reina; disria del ejéreHo porque «ra iMBMiro de Reina: tan pronto como pcnlin la fjra- cia de la corle, se halló lo que era, un simple particular, enleramcute sulu: mar- «iMdfise al eamiDgero, obedeciendo é S. M. eomplió con su (leber. es cierto; pero en ^ ctmipliinienlo de este deber no hay réMear heroismo: hizo le qne Bopo- meiM de hacer. Nosotros creemos que aun cuando el?;enera! \nrraez hunarquía afasolDU, ni sistema refMresenlalivOf ■i préTÍa censura, ni libertad de ¡■prMü; no está al>olida la votación de los presupues* los, pero ios presupuestos no se votan; ñ* ge k Ctnstitocioa de 1845, pero se la tiaoe sin observancia: lodos los grandes ptii» blemas p^tan sin resolver; el del matrimo- nio de la Hetna ludcciso v complicado como antes; los asuntos de tiloma en el bmsbu> estado: los partidos mas enconados que nun- ca; el moderado a cuya cahr/a se habia puesto el ex-'prcsidente, se baila dividido en partfonlas wfinitésimas que se repeles ra^ cíprooainente ron vivi^iioa fuer/a; y porfió, eu prueba de lo muy consolidado que se ba- llana el órden público, eu los momentos en que caia el general Nanaez llegaba á M*» (Irid un eslraordinario portador de la noticia btese tenido a su disposiciou medios de ¡1 de la insurreccioa de Lugo. ¿i¿s esto ver-...^.. 3.^. H ^. ^ no? ¿Son estos losheehos? ¿Sió no? Y si esta es la verdad, si estos son los hechos que esian á nuestra vista, ¿(juépen- hobiera apoyado en su resistencia a la vo- ji sarcmus de la política de un hombre que cii ; SU lealtad le hubiera impedido emplearlos; ñero lo cierto ea que en la ac- loaiidad no los tenia: que ningún partido le lantad soberana; que ningún hombre de va lor se hubiera puesto a su lado; que ningún cuerpo de ejercito le hubiera sostenido. La autoridad de la Reina era bastante fuerte fM» anonadar en un momento, cualquiera tentativa insensata: contra scniejanle t Mila- (iva era una garantía segura la lealtad dei gN^ral caído, garantía que no podía menos I do robustecerse con la previsión dol resul- | lado, y los consejos del interés propio. Por «Has consideraciones, no nos dejábamos tÉlIrmar por la pretendida inquietud de los ánimos en la capital, efecto según se indi- caba, de la caHl i d •! n.-nera! yori nez: de otras causas puilia dimanar la inquietud, si alguna hubo; que en lo tocante á la caída del pérsfínnje de la situación, creemos que produjo una satisiaccioo general ea todas las fracciones políticas. ^ E\ medio seguro para a¡)r<M-!aren su juste X'aloi el méiito de, un hoin'ire político que acai)a de caer, es tomar una especie de in- ^tarío de lo que lega ¿ sus sucesores. ¿Y i|feié es lo que lega el general.Varoofs á los que tengan la desventura de heredarle? ¿Es un gobierno absoluto, es un gobierno re- yraMBtativo, es un sistema que tenga algún nombre conocido?.\o: jmrque gracias a los desaciertos y á la fluctuación del ex-presi- dcnte del consejo, no rige en lispaña nin- guna de las formas de gobierno conocidas en loa hechos ni en kw librea. No hay ni metal estado deja el. país después de dea aftoa de una dominación omnímoda?

Esto esplica por que al marcharse al cs- trangero el general y^irvaez no lleva cousí^ golas simpatías de;iíiil: m partido ni fraccioB política. Contra el e>f;il)au los progresistas, ios absolutistas, la miñona v la mavoiia del Congreso, y todas las fracciones del parlH do moderado, en las mochas divisiones y subdivisiones en que se halla distribuido. Le quedaran amigos personales: sea en buen hora, respetemos sos sentinúentos; pero no se trata de afecciones privadas, sino de ad- hesión por ideas políticas.

Al hacer esta triste reseña de la política del general Aarvaez, no ea nuestro ánim» acriminar sus intenciones: creemos (|ue en- tre las varias causas (]ue han contribuido K rimero á inutilizarle y después á perderle^ i sido una de las principales la falta de- pensaniii-nto político. De esto ha dimanado su ilucluaciou entre ias tendencias absolulisr uis y liberales; de esto el que se le hayif visto hoy con pretensiones de hombre Íle jíarlamento. y mañana con sable en mano en actitud amenazadora contra el mismo parlamento. Sos instinloe, su5 ideas, ana senlimienlos, sus intereses, eslah:in cu per- petua lucha; y de esta lucha debía resultar por nccesidad'la inutilidad del hombre polí- tico, y la ruina del ministro poderoso. I'aia prever eate resultado inevilaUot noera Mcer* Dlgitized by Google saiio mas q» el buen fltBlklOi|ioiíiieo, tieato de tas ftinf «tíi»; impresiones á que viven sujetos los que se lian encumbrado á láma- te aUara. Hombres del temple del ^nenl A'arríuz, que llevan en su propio carácler un germen de indofMÍidad que no les permi- te sujetarse al dictamen de otros, es preciso qae se dominen á 8( mismos con la faena de una idea (¡ja: de lo contrario la ¡nípctunsiiind que les es natural, solo sirve á cnlrinr la amistad de los unos, y atraer la enemistad de los otros, y asi acaJian por hnlhir<e redu- fidos á un aiíílamttMiff) (jiie no les deja mas recurso que una desesperación impotente.

.^Gémo es fwsible iiae an hombre euya adsaiáad y enérgia nadie niega, haya caldo en tamaña postración gubernativa? La << pit- cacion de esta diücultad.es para nosuiros seneilia: no puede iser activo y enérgico en política, quien no sabe que liacerse, quien no lienf un dt^smnio bien claro, bien lijo. Kra eji \ó de mavo de 1844; el general Narwuz acababa de snbir al ministerio; y nosotros señalábamos en él esos dos hom- bres que tan visible y tristemente se han nunirestade después.' Cuando los sucesos han venida á conlirmar nueslras conjeturas, es bueno recordar lo que en aquella época cscribiamos, haciendo justicia á algunas de las cualidades de Nartott, é indicando el recelo de que le faltasen otras. «Cayó el mi- nisterio González Brabo y octi[)ñ su puesto el ministerio iVarraez. Se' ignoran el motivo y el objeto, pero lo que no es dudoso hasta ^ ahora, es lanblidad del resultado «Contando los días transcurridos desde la foruMmoB del ministerio, y comparándolos con el poro ramino aiulado, recordamos que casi no se neccsilú mas tiempo para ir desde Valéneia á Torrejon, y esto dando fa vuelta por Teruel. ¿De dónde la diferencia? Es muy sencilla. Entonces el ¡refe del eji'icito expe- dicionario, decía: «Me voy a socorrer la ciudad* sitiada,9 y la ciudad fue socorrida; después conliniiaha:.<EI 14 estaré á las ))uerlas do.Madrid, y no faltó á la rifa: v cu seguida añadía: uMe voy u batirá Seoa- ne y Zurbano, y luego vuelvo y entro en la capital;» y Seoane "quedó pri-^ionoro v su ejército incorporado al vencedor, y se alirie- riM las puertas de Madrid. JVarvacz sabia, pues, á punto lijo lo que quería y debía h»* cer, lo fM;i! cofílrihiMa!ui;>oco;'i que su acción iucse rápida, precisa, certera. Al subir al ministerb ¿te ha sucedido h\ S» hubiese tenido que dar un j>ar!e. ¿hobie-' ra podido decir con la misma tijeza, ese es mi objeto, esos los medios que pienso eat^ picar? Lo (índamnx; y asi el presidente del consejo:u> ha obrado como el vei^edor «la Torrejon.». «sí Ta que la oportunidad ne brinda, permff* tásenos una observación que nos ha ocurrí^ do muchas veces, y en que nos parece h**- bráde convenir eraúsuio general Pkortaa, si por casualidad llegase á sus iiiaoo> el |>re^ s»Mile escrito. Aarvaes ha sido ini iirind)re dislocado: en su poi>icioa nada podía liacer, porque era radicalmente falsa, ácnma ée Hallarse en abierta contradicción con su ca- ririor persona!. El general jVnrMrz debia perie.necer á un partido cstremo: debía ser ó Espartero d Cwrera. Lo repetnnos, si es- te escrito llega á sus manos. su eora/.oii te dirá: «es verdad.» Kl hombre de la Mancha, el hombre que se subleva en Sevilla, el hombre de Ardor., el hombre que declara la nación en estado di' sitio ydi'sarma la milicia nacional, el hombre que de()orta a los qne le atacan en la prensa, este hombre puesto^ á la cal>exade loa parlamentarios, en lacha con los progresistas y los absolutista*:, con un sistema de tira v atioja, y reducido a la estremidad lamentable de pretender las glo- rias de orador de parlamento; esto nos htt parecido siempre nn contrasentido tan evi- dente, tan palpai)ie, que no alcanzautus á concebir cómo sobre los peqaeflos conceplos de la cabeza, no prevalecieron una y mil veces los instintos del corazón. ^ ' ¥ hé aquí una de las causas de la falti "de fijeza de ñcnsamíento que ha inutilizado y perdido al general A'arrofs: con su inipe- tuosidad Característica dijo un jamás á todos los partidos estremos: queoid las nares, y aislado en un pequeño e^Mcío ha eonsumid»' su actividad en estériles convulsionea, pru^. sagío seguro de una muerte cercana. Cqs# do se ha visto en la áltima estremidad, hi querido intentar un esfuerzo: ya era tarde: el ataque fue impetuoso; subió otra vez á la muralla; pero al llegar uriba, sus fuer- zas estaban agotadas: ni siquiera ha síá» preciso rechazarle; no se sabe cómo ha sido;- pero lo cierto es que hn c4)ido en el foso^ quedando horriblemente lastimado.

■1 ir Dlgltlzed by Google Ginado ud ministerio no puede ser juz- gado por sus actos, es preciso juzgarle por sos prÍDcipios, y estos se han de tiuscnr en las doctrinas y nnlccedeules de luü indivi- duos que le coniponeo. En tai caso, mas bien que juicio, uay una mera conjetura: se dibcurre por analogía, se calcula lo <iuc sera por lo que ha sido. El ministerio ac- Ea'el caso presente hay todavia otra di« lieaitad, nacida de lo heterogéneo de los clcnif 11 los reunidos en ot ministerio actual. Cu^iiido se trata de conjeturar la marcha fu- tura de un gobierno, es preeiso considerar* le como un ser uno, de un solo pensamiento, de un;i sola voluntad. Esta unidad minis- leriai resulta de la combinación de las opí- nistros; para lo cual es preriso que anterior- mente á la combinación, si a uno mismo el pensamiento de todos y una misma la votoai, considerado, no como mm sínqrfe a^re- I íttolad, en cuyo caso convergerán lodos i ^ración de individuos, sino como ral.que se apellida gobierno, no ha dado nÍAgun paso por el omI se lo pueda «arac- lerizar; asi no estamos en el caso de cono- cer á los hombres por Ins obra*». sino de prever ias obras por ios hombres. Diíicil ta- rea 4a do discurrir a priori en materias po- líticas, y inuclio mas en los litMiipns qtic cor- ren, cuando cada día nos trai; miidan/as imprevistas, y la inconsecuencia eu ios Uoai- Jmos púbUcoa b» llegado á ser tan común que apenas causa sonrojo á los que in iinen en ella. ^Que importa saber lo que uu lium- bm público peuaaht tm olroe tiempos, ([uizá no maf distantes, sí este conocimiento no nos ensena nada con respecto a lo que pien- sa boy / ¿V de qué nos serviría conocer lo que pienea en la actualidad, si tal vez con sus obras desmentirá bien pronto sus opi- niones y sus palabras? Las exigencias del luomeuiu, lu variedad de circunstancias, la iaiposibilidad de la aplicación de ciertos prim ipios, la necesidad de contemjwrizar, 4¡¡ embarazo opuesto por obstáculos insupe- rables; hé aqui los temas de ios ditcuisus con que se deliaade, se escusa y bwila se ¡ legitima la inconsecuencia: <t<' '-sla suerte sm los principios una wpecie Ue seres mis- terifluos que no midiendo descender al terrsw> de la realidad, no llegan a influir ea las regiones sublunares, y relegados ú uu tuuudu idcai solo sirven para comunicar boUas inspiracíoMs á bs escritures públi- cos y á los oradores de la oposición. Lejos do nosotros el pi.'usar que estos fenómenos se hayan de ver realizados en el ministerio punto tro; o bien que se fundan en la combtna- cioQ para oonstituir un tercer pensmienfo y una tercera voluntad, que no identiiicálH dose con ninguno de los elementos compo- nentes, partici|)en do todos ellos, asimilán- doselos y convirtiéndolos en un principio do vida y de acción: Es fama (pie los indivi- duos de que se compone el ministerio actual no piensan lodos de una misma manera, y que por el contrario, disienten en puntiis de mucha gravedad. ¿Quién cederá? ¿Habrá concestones de ambas partes, ó la prepon- derancia quedará poruña sola? Si se transi- ge, ¿hasta <{uá punto lle^rá la IrausaceionT Silos elementos secombioan, / re^nltnr» una fusión verdadera o solo una misuon que se descompondrá cuando lo critico de las ctr> cuoi^lancias no mantenga la mezcla en agi- tación y calor?;. Cómo se calculan efectos que pueden ser aileradus u tulalmente des- truidos por esa mnchedumbre de concausas que obran en sentidos diversos? Añádase á todo esto la instabilidad de los ministros en sus sdlas, la mucha posibilidad de que al salir á lu/. el preseute <artfeulo ya baynmos atravesado otra crisis que dé por resultado la caida de todo el ministerio, ó una uio-' dllicaáion considerable, y véase síes difícil - el decir algo con probabilidades de acierto.

Fijando la atención sobre el ministerio ac- tual, se echa de ver al instante (|ue discnr- riendo por analogía, lo (|ue debiera preva- lecer en él, osla política del primer fíáhi- nete Narvaex. Con!a ausencia del ministro de la tiuerra, la mayoría del ministerio ha aeiuaí: pero proponiéndonos una tarea do j estado en estos últimos dias por los ant»» suyo diti ril cual es el discurrir á pi ion en materias políticas, seanos peimitidn liaccr notar lo embarazoso de semejantes iuvcsliguos compañeros del general caido; y aun después de la llegada del Sr. Sanz, á mas de conservar aquelloa laautad de los votos Dlgltized by Google M ^tiMjo, es probable qos ccr prc[X)ndprar su política, á causa del mejor acuerdo (]ue hemos de suponer en tres hombres que han ¿íobernado junios du- TMle fairgo tiempo. Si esto Tuese así, resirf- laria que el acliinl ministerio debiera ser considerado cual una nueva edición del pri- mer miaisterio \arvaez, con algunas cor- recciones y cnnnt^ndiis, de las cuales seria la firincipal el cambio de la portada y del titulo de la obra.

Üna buena parte del pcnsamioito polMí- co del ministerio \arvacz, debe atribuirse ¿ los Sres. Mon } Pida!. El Sr. Mayans, ocu- pado en los negocios de ¿u especial incum * mos que miidei!

muy sencilla: Salvar la Conslitucion ia- frin(jiéiulol(i\ justificar la ilegalidad de los medios, por la le^^alalad del iiu. Esto están I exacto, que al dar señales de vida el niinis- f terio por conducto de la secretaria de la I Gobernación, ba proclamado su sistema predilecto en una fórmula He taa coneiaa como la anterior; |)ero igualmaM» cluru, y de idéntico sigaifieado. Oigaaiea al aeñ^ ministro.

tFara conseguir tan imporCaate y priNÍU mar en esa provincia lodos las nieilidas es- Iraordinarias que exija la conservación del uencia, no parece que se ocupará muebo de I ¿rden publioo, inclusa la 4*e declarar, f»- la polilica, ni que su voto pesára en las de- i nícndosc de acuerdo con la autoridad mili- liberaciones del consejo. Su espiriUi de tran- j! tar, en estado csccpcional las pueblos v saccion se descubre en haber sido el único ministro que transmigró al cuerpo del mi- nisterio Narvaez después de la muerte del de GoQzaleíi Urabo, y en haberse prestado a ¡j los. i^orque lau dispuesto como está el godistritos en oue no basten tas Uget coi ó se coaceptae necesario para ptei eazmenlc las maquinaciones de los maiévoser el hilo conductor para que no se inlcr rompiese la continuidad del mando de Nar- vaez capitán u'eneral de Madrid, y Narvaez G residente del consejo. En cuanto ú scAor larHiéí de la Rosa, sabido es que no vino á formar parte del ministerio hasta después de la resolución de ííraves crisis, y de ha- beisiC lomado la dirección que se consideró conveniente. Mas bien que como un elemen- to preponderante, debió ser mirado d señor Martínez como un elemento absorbido, (lue apenas puede hacer sentir su flaca actividad ea medio de otros mas poderosos y mas enérgicos. Asi resulta que el minislerió Nar- vaez se hallaba personiücado pnucipalmeu- te ea el hombre que le presidia, y en los Sres. Mon y Pidal como auxiliares; y que habiendo dt'saparecido Narvaez de la escc- .na política, bu debido refluir en estos se&o- Mü'tiMlo el pensamiento que hobiese ea el antiguo gabinete. En cuanto al Sr. Armero, es probable que esté de acuerdo con estos dos colegas: refuerzo que aunque no muy poderoso bal» el aspecto de la jpoHtica, no deja de ser apreriahie como elemento de fuerza: lo uue han menester los restos del mtdíalerio narvaez; pacs con la auseneia de eela se nos iigura ua ináiiédiio á quien se han corlado los brazos j éuHKOUáif lastiaM»- samente la cabeza. '