SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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Notadlo bien, en ciertos puntos de la I*e- • ninsula, en las varias é{)ocas de nuestros i disturbios, se han hecho insurrecciones \cr- ' daderamente |>oi>ulares; pues bien, alli no haii faltado caudillos: el n)ovimiento de Na- varra y provincias vascongadas, se perso- niticó eo Zumalacárrogui. ¿Creis que si |a revolución hubiese sido popular en Estriña, [ habria atravesado tantos años, sin darse un gefe digno de ella? ¿Oeeis que ciertos hom- bres (|ue han descollado mas o menos, no se habrían |)resenlado con mayores dimen- siones, no se habrían agrandado, inspirados por el aliento nacional? Pero ¿que ha de ser de quien invoca al pueblo.sabiendo de ante- mano que el pueblo le al>orrccc, de quien apellida libertad, brindando con este nom- bre á pueblo que la mira con desconiiau- /a si no con ojeriza, fmr temor de ípie ixíí^ bandera en cu\o alrededor se agrupen lot enemigos de las ¡deas e instituciones que le son mascaras? Esta era la situación de los hombres que se empeñaron en inocularnos la.s ideas revolucionarias; se sentían llacos; minado el terreno que pisaban, veían por do quiera muchos y poderoMís adversarios; sa- bían iiuiN bien ({ue la popularidad era cu sus labios una palabra vana; ellos mismos c^)n- fesaban (|ue eran necesarias nuevas genera- ciones j)ara (jue pudiesen popularizarse en España las ideas por ellos propalailas; \ asi, ora caían en el desaliento, ora en la exaltación de un ánimo e\as|K'rado; ora limílabim á >asos disimulados encubriendo sus designios con paliativos, ora se abandonaban a la exa- geración, nacida de ladíiícultad en vencerla resistencia; echando en cara al nnsnio pue- blo la ignorancia de sus propios intereses, >or<|ue no ({uería aquella imaginaria felicidad (|ue ellos se obstinaban en proporcionarle.

La revolución propiamente dicha, nunca ha tenido en España al pueblo de su parte: a no ser que por pueblo se entiendan algu- nas docenas de gritadores (|ue aplaudían ó desaprobalKin en las tribunas de C^adiz eu tiempo de las Cortes estraordiuarías, ó los que acouípañaban el retrato de Riego por las calles de.Madrid, ó los <|ue insultaban á las reinas en su palacio, cuando los sucesos de la Granja. Esta impooularídad de la revo- lución española, ha sido la causa de su este- rilidad inconcebible; de ahí dimano que se desaprovechase el alzamiento de I8U8 y la victoria (|ue fue su resultado; de ahí pro»:, vino que desde fM4 entrásemos en la car- rera de las reacciones; y que eu lo sucesivo no se haya podido plantear un gobierno ver>. daderamente nacional, que >íntien(losu prot)ia fuerza.se dedicase con jibiiico á labrar a prosperidad publi(^i ^ De ahí ha dimanado también el que las reacciones hayan sido muy violentas, mas eficaces que en otros países, alcalizando á destruir de un golpe larga serie do hechos consumados, y á restablecer las cosas en el estado que tenían antes de los vaivenes de la revolución. Cul{)ase á veces este sistemé- observado en Es|)aña; y no se advierte qu^f mas bien (|ue si^tema era un resultado natu- ral de la disposición de los ánimos, y de la fuerza con que se sentían los vencedores. En Es|>aña, como en todas las naciones. del mundo, el partido que ha derrocado 1 T sojuzgado á su ail versarlo con la fuer- 7a (\c l«s armas, tiende á horrar el ras- tro de la duuiinacion al>orreckla. a estirpar toéo cuanto pudiera favorecerla en adelante, y á rodearse de los intereses antii;nos y nue- vos que asej^uren la duración del triunfo. I>o que otras veces ha siicedido en las varias reacciones, no seria dable repetirlo ahora; ¿y (wr qué? ponpie la n'volucion se ha es- te nü ido mas, porque ha tenido mas lienqm para asegurar su obra. Los hechos consuma- dos no se respetan si ellos no son bastante fwrtes para hacerse respetar, (pie si lo son, la nrresulad se a|M'llida frenerosidad, y el miedo, indulgencia prudente.

Para que una revolución pueda llamarse oai'ioiial. no pretendemos <pie tenga en su fiTor el voto de la totalidad de los individuos, ni aun de las clases; sabemos que esto es poco menos que imposible, á no ser que se trate de iiuKqH'nd«Micia; y aun entonces de- be suponerse que no ha precedido nada c<hi «{ue pueda!>astardear el acontecimiento. I*e- <M!ii menos es indispensable <|ue una 1' i^^itlerable de la nación este prepa- rada en el sentido revolucionario, y que en pos de las cabe/.as ardientes e innovadoras, viya una respetable imisa |)<>pular (|ue les pueda servir como de brazo. Si las ideas es- tan limitadas a espacio reducido, si no han tenido medios ó tiempo para propagarse en- tre el pueblo, no formaran masque una es- Otela hlosotica, la cual entn>gada a sus solos rrrursosjKMlrá urdir intrigas, promover cons- piraciones, e.scitar disturbios, pero no levan- tará esas grandes tempestades que apellida- »os revoluciones.

Tampoco preteuíh'mosípie tamaños a<'on- tecimientos hayan de andar sienq)rc guiados poruña idea tija, mari-haiido a un término oaiao y determinado, al contrario, de esta SMHte se les quitaría tal vez una gran parte és SQ fuerza, se abatiera su vuelo, se (|uc- hrantara su energía. Se necesitan sí, en una wiedad vieja )K>derosos elementos de dis- , de agitación; principios disolventes que rompan los lazos y debiliten todas las instituciones existentes; se necesitan ideas nii ■ seductoras, que hagan fermentar 1.1,is, (pie inllamen los corazones. (|ue deslumhren con 1» perspcliva de un brillante pecvenir: |M)r venir, sise(piiere, incierlo, tifQB, lluctuante, como un hermoso ^rupo ealt eslreinidad dt'l horizofile; |>ero (|ue puf io BMunoe;} mas hechicero, ejerce un intUijo 75 I!

mas decidido, atrayendo con tanta mas fuerza, cuanto no puede sujetarse al examen de la stnera razón.

En la revolución inglesa no habia cierta- mente unidad de {)ensam¡ento, y en la va- riedad de fases que presentó en su curso, y en la resistencia que le salió al |)aso, bien se deja conocer la muchedumbre de c^iisast que se combinaban |)ara producir aquella serie de catástrofes (|ue alligieron á la (íran Bretaña; pero menester es confesar, que en aquella inlinidad de tendencias que dilicil- menle pueden clasificarse, y mucho menos reducirse á un solo punto, ni en su origen ni en su lin, descuella el fanatismo rc^ligioso, arrollándolo todo, dominándolo todo, infla- mándolo todo. La interpretación de la sagra- da Kscritura. eni*omendada al espíritu pri- vado, la difusión de la Biblia entre las clases ignorantes v de pasiones enérgicas, produ- jo una mucíiedurtibre de fanáticos que des- carriados por doctrinas estravagantes y em- briagados de un orgullo feroz, cayeron en el mas inaudito frenesí. La revoluci(m tendia á derrocar la dignidad real, y st^ apoyaba en iipiella inmensa turba de insensatos que lla> maban á los reyes, delegados de la prostitu- ta de Babilonia. La revoluci(m tendia á der- ribar los restos de la gerarquia eclesiástica, respetados por el cisma antiguo; y sostenía- se con exaltación (pie era conveniente alMilir el sacerdocio, ^M)rque los sacerdotes eran los servidores de Satanás. l.,a revolución tendía á nivelar, v no consentía ni siquiera la des- igualdad de la ciencia; y con un sacrilego abuso de la sagrada Escritura, se condena- ba la ciencia como invención pagana, y las universidades como planteles de im|>iedad. La revolución no señalaba á punto fijo don- de se hallaba el bien, pero designaba todo lo existente como un mal; no tenia, ponpic le era im|K>sible, un pensamiento re|>arador, pero sí un terrible instinto destructor. Este instinto habia trastornado las cabezas de mu- chísimos sectarios; y si bien no estaba con ellos la totalidad del pueblo inglés, eran no obstiuite en tan crccitío número, que ayuda- dos de su ardor y vehemencia, jwdian re- presentar |>or un tiempo bastante largo el vo- to de la mayoría de los ingleses; sobre lodo estribando en principios generalmente adop- tados en el pais desdt^ el cisma de Enri- (|ue VIH, V no haciendo mas (pie sacar las consecuencias de lo que un siglo antes se cslableciera como inconcuso, kai Cromwell oxallando tístc fanatismo y onderoz.inriolo há- || mente so desenvolvieron y manifesinroii «-n Üilincnte al blanco de sos miras, iiiareliaba a | ios años inmediatos; y tanipoeu puede po- la dicladura por el camino de la popularidad. | nene' en duda, que aun aquellos misnws l ia revolución francesa alcanxó dimemio- Bivtau colosales y produjo tan inmensos eon- SMNiAncias, poraue se apoyó también en el pueblov porqae tas dotlrimg nuMut^ ta^ nMHkMH» grandes estragos durante un si- •rlo. ponjtje las institiieiones antiffuas esta- ban ya minadas |H)r su hnse. |>oi-(pic antes de Consumarse Iq revolueion en los heobod se li;d)i;i ronsumado en las ideas. Los roni- busLihlcs estaban amontonados, solo faltaba «M chisiia para rmc d fbcgo prendiesei'Sén- templad la asamblea popular en los primeros niomeiilds de su cxistciK ia. y desdo loeco veréis la asanibleii i|iie ha de constituirse in- dUpAlilini» de los ooMes, del clero y del tronó; que ha de al)sorl>er todos los poderes, concentrarlos en su ¿euo, erigirse en solie- rtna, dando por et múmentñ la ley á la Fran- cia y abriendo la puerta á la Convención. Alü. sin rcllexionar, descubriréis ins(iiiti\a- menle la linea divisoria de lo pasado y de lo ftitBn>v«l principio de una era enteramente { teÉW,> la fevotocimi'iriese'en pos dé farqwi' fnnna. de la una á la otra nn l);iy ma< que un paso: quien proclame con voz muy alt4 la reforma. estad sei:uros de que ó nooOBO*'^ ce el terreno (pie pisa, O habla dt mala §64 nn o>;nnilf> apt'ílidnr la revolución wm Sü ver- ' que odiaban sinceramente la revolución 1 lo fpi'' tenia de irri'liiiinso y ¡mtimonarquiro}^ l^cstabau g^^jy^rad^i^ coutrj los abusoh, de-" )acioi\ \ im linaban ron demasiada fji- rilidad a mirar las cuerdas amonestaci<in«*s del buen sentido, cual |>erlida sugestiónele las intrigas cortesanas. No'coBociwi la retx Ilición, no habiaii vistosos esreso»;. no los imaginaban posibles siquiera; uo [leusabau que el 1od<» Titñiigra' ▼iniesco tan proaM á nianclrir las tablas donde se consignaran los dere( líos del |iiM'blo. y que el puñal de los jacobinos desagarrara a un tiempo mil y mil pechos inocentés^ é lliMa tritat b bt»4 dera de la lilicrlad. Los ánimos estaban em- briagados de entusiasmo, y el entusiasmo ttetf vaba en sos brazos á su *hqt iBa»;beíiinÍMf ' la esperanea. No querían muchos la revola-' <'inn sanguinaria y cruel; pero si una refor- ma liriuc y radical; y cti e|>ocas tan tormén^ nueva, el IVniodf la lilosoria del siglodccimo- octavo, el ^'ermen de los elementos que se combinarán en la sociedad del siglo décimo- nono. t.uando Luis XYI, después de la con-' vocación de los estados generales, se bailo frente a frente con ia revolución, lerrible- iMiMe peraohifioada eh Mh«heau<, no era |)or cierto la totalidad del |)ii<'lilo francés la que inspiralM y SQstenia lu íulminante elocuencia d»l*%elMiDeBte orador; algunas clases esta- hHT lejos de simpbtiear con teslenden- ciás de la asamblea, y de a|)landir In esrena del trinquete; una mucbedumbre de bom- breápertenecientesíá lodos lasran^ socta^ Ies. deseaban siBceraiKcot'' la consemcion de la monarquía con todo su aparato v es- pleAdor,con toda la fuer/a e independencia necésarías ]mva ejercer sus elevadas fon-* ciónos en provecho délos pueblo.s; pero ik» puede negarse ouc las doctrinas liluso- MHMív^^nemigas de- lodo lo q«¡a t'la sa- •win existia, habían ganado mucho lérréoo, que se habian asegurado la dominación con numerosas conquistas, que se babiau des- ando «nn en medio die aquellas clases que mas debian aborrecerla*, siquiera jior inte- rés propio; no uucdc nej^arse que la ma.sa ^MhpiHmki estaña ¡MMDoirid» y enál^cida, tíermeiilabanie»^ilé^hui*«N)do visible OIeslas razones vemos inimer'imfRrfso'j la*] I cion francesa lo sii:iie; |r)s bnimidos de la tem|><>slad recuerdan a cada paso el nautra* gio miiiinente, pero la nave so ha hecho á ta vela; ia trípulacioo, palideciendo quizás i li vista del peliirio. se arroja sin embaríTo á él; se esfuer¿a en.mqslrar^'eua la frente, y* se íMiniB ' il<iNMÉ¡<IIWII»1os qo» mitm* dientes y osados dirígen la man¡(dira, de- safiando intn'pidns el furor de la borrasca.

¿yue puntos de síMuejan/.a tiene nuestra revolución con la francesa? ¿Cómo M'-sido posible companirias sitpiiera? Hubo es ver- dad. iuibo entre uosolrus un sacudimiento naüilÉIHHiriiiMi iMcfagirte'«^P^"^f>- ró cabalmente fue |lf5mio(i\os y Unes dia- melralmenle (»piies|os al de Francia. Mli el )ueblo se levanto contra lo antiguo, aijui ul meblo se alxófin so fhvor^alh'e^la0llol^ e6 contra la Rclifrion y el trono, acpií ])o'r la Religión y por ci Key; allt la nobleza y ef clero cayeron al primer empuje, ysof» miaiiH bros disperses se viemn confundidos caá Ja » . ó lorr-ados á contemplar los iniof; de su palria desde un pais cs- tran^ern; aquí el clero \ la iioliie/.a tiunraban en las juntas, en las kmdas de los insur- LM'nU's, rn los ejércitos, y formando con el iu('hl(> un todo contpacin, no dejatKui de ( ooservar las prerof:ativas y eonsideracioiu ^ (lue dii^rnitahan en la aiiti;¿na ori;anÍ7.aeion (le la fnonan|uia. Kl levantamiento tonlra los fraiices<'s íue nacional, la n*volucion no: por esto la revolución fue tan niez<|uina, co- mo el levanlarnienlo fue urande. El alxa- iniento de la nación francesa no tuv<» |)or HKílivo la invasión de un ejercito usurpador, ni por objeto la conservación de la indepen- dencia: mas o menos esplícitamente, mas o menos decididamente, se encaiinnalKi a re- formar abusos verdaderos ó imaginarios, y á cercenar al trono sus facultades, desterran- do de Ins repiones del ptwler la iníluencia cortesana y reemplazándola con la inlorveo- cion popular. Kl blanco fue uno, el camino que Sí' emprendió fue el mismo, pero estu- vo la difen'neia en que unos (pierian ir mas allá, y otros rpiedarse mas acá: |M'ro la imi- dad de la dirección, la coalición do lodaR las fuerzas en el primer instante del mí)vimien- to, le dio á este una velíM-idad (pie no fue >osible contener: todo cuanto halló en el camino lo destrozó, lo anonadó, siiíuiendo su estrepitosa carrera. basta (pie fue a s<*pul- tarse en el abismo señalado ¡)or el dedo de la Providencia.

t/miparad la revolución francesa con la española, atended al origen de amitas, lijad la vista en sus respectivos objetos, v desde Isearo comprendereis por (Mk* los beclios que fueron colosales mas allá del |> irin(íO. horri- blemente sublimes en medio de su espanto- at criminalidad, se han convertido entre nosotros en miserables parodias, en aconte- cimientos que fueran ndiculos á no ser tan desastrosas susc<msecuencias. Tand>ien hu- bo en Ks|)aña un alzamiento, taMibien un entusiasmo nacional: también recorrió de un eslnMUo á otro de nuestra patria la chispa eléctrica (pie encendió en todos los corazo- nes un fueiro sa<it(»: también hubo el des- prendimiento. la fraternidad, el beroismu con su desprecio de la vida, con su infafica- ble p rancia, con su sufrimiento de In- das liis pi IV aciones y faliiíüs, con su cspe ranza (pie no pudieran disipar los niayores rereíM'S, ron su presencia de ánimo que no ])udiera an-edrar el aparato de las fuerzas mas imponentes; también hubo por tan- to esc im|)etu arrollad(»r (pie su|>era t(Mlos los obstáculos, que <iiiebraiila todas las resis- It'iK las, que se burla de Uídos los azares^ (Uie |>or necesidad, |M>r indeclinable necesi- dad. vence y triunfa. \a\ llamarada del eu- iiisi isiii.» opañol hizo eclipsar la estrella de .\a()ole(m; la sangre de los uatriotas muer- tos en las calles de.Madrid. o inhumana- mente arcabuceados en el l'rado, fue ven- dado desde luc^o en los canums de Bailen; asi como la aleve invasión del ejercito frau-' cés, fue venf<ada con lainvasi(mde losejér-, citos españoles acampando victoriosos cu el medi(xlia de la Francia. >ji Mientras esto se verilica con el auxilio de ^i^aute.»icas hazañas, aparece entre nosotros ese ra4|uitico.ser <|ue se ha querido llamar revolución. ¿Deseáis can(M:erla? atended lo (pie hace ella y lo que hace el pueblo espa- ñol. Ki pueblo español comlKite |>or la mo- narquía, y ella establece la mas.lata demo- cracia; el pueblo español coml)ale por la Re- ligión. y ella introduce entre nosotros la escuela de Vollaire: el pueblo español esta cicfío de venganza contra t(Mh) lo francés. y ella proclama y establece una c(mslitucion. copia literal de otra francesa. ¿<Jue estraño, >ues, (|ue la generalidad de los españoles mirase con indiferc^ncia, y hasta con alegría, ipie el monarca restaurado reasumiese toda la autoridad de sus mayores, y que mientras las bayonetas dispersaban la asamblea |h)- pular, el pueblo desunciese los c«l)ailos y tira.sc del coche de su He\ Si la revolución hubiera sido verdadera- mente nacional, si hubiese partici|>ado en algo de la briosa valentía d<M primer alza- miento, ¿creéis (fue la defección de un ejer- cito hubiera bastado 3 trastornar tan radical- mente las instituciones, pasando de la mas lata democracia a la monanpiia mas absoluta? A la sazón acababan de ser arrojados de nuestro suelo ejércitos no menos numerosos y aguerridos; y el pueblo español ipie á ven- cerlos contribuyó mucho mas (pie los ejiriri- tos nacionales, hubiera arrollado también á estos, si hubiesen tenido la osadía de do- ciaiarse contra su voluntad. •» Y cuenta que al emitir estas observaci«4 ncs no intentamos defender los desaciertos del gobierno de aípiella (^juM'a. ni ewu.<ar la mfriictuíisa [lersecucion a (pie se arrojo con tanta c "güera. Kslamos convencidos de quo se desaprovecho entonces uii;i <»i a<i<>n opor* Goo<^le Goo<^le tunísima ile fniuiar un irohicrno nAcionnl, cerrar ül crulcr du inm ruvoluciouc:», quUar prelefito» á iBWfnodone» y dUfttwbioe 4 7 prevenir lt8- «altmiiosos vaivenes (|ue nos nao afligido, y nos afligea todavia, y que solo Dios sabe Vuando acabuén. Pero reoo- Boeiendo la ec^^uedad dekt'aiKW, ■MMM ifCiilta la (!•' los otros; hicn (jnc <•< menester ebservur, que lu pru\ucaciun djuiuou lie las idM6 ravoltticioUiÍBfti» )<leKlt»>léBMifmde pÉMktear entre nosolroe loe prÍAcipios cuyes conscrneneias habian sido rechazadas v ven- \<». no dimanaron nuestros males de ífiif las iu:>iiluauQe& deiuocraticas y ia Ülosoíia sueÑfTnt'^p^ÓvSSlS^ ra ida de un sis- lema ([lie a lio porPrcrdo. mano aimda, dt'Éiia por ueccsiUad morir de conhuncion; no tu- VÍMIMtlÉMͧaM en que desapareciesMaé» que en todas parles lia (le<:ijian>eido. hicirr» de lundado, lo(|ue en ninj^uu^ü de huru- Gi ha podido prosperar; toawwiiw mm 8 ocasionea •pQataiias'<oai«ciiiio8 de bom-r bres (|ue conocieran la nación española y el cidab en el campo de Ualalla: y si ius hum- siglo ea que vi\iumus; que el monarca edu- deealadopadieaen aleyar porescuaaél i cad»e»i»oaile de Céifaill'^j yí" ardor de las pasione< y le'.'ilimar sus yerros alribuyeudoluti u deseo de vengaui.a, bien pudiera decirse que toda la culpa estwtro de parte de la revolución, y que é ella deben imputarse lodos nuestros inlorlniiios.

Lob uarlidanos de las doctrinas del año 12 witieiKa 4|iW!4É'-caaflh de fMtaliaiiiHiiii nables calamidades, lia sido el (pje las ideas por ellos importadas no siguiesen su curso, afianzándose el nuevo órden de cosas creado piP^s Cortes estractrdínarias, y propagándo- se entre el pueblo las ideas de la (ihtsoíia del sij^lo XVUL; de suerte, que aquella escuela d»8Byo taairopotenle paHMniftMdi,bas« ta en aquellos países nnndn iiaMnhij mii fa- vorables elementos, debia ser Tecunda entre nosotros, que con lif^eras mmiilicaciones nos ateniaaws mut, á la orí;anizacion social y po- litit-a del liempoile Felipi- II. Muy apasiona- dos üor uu sislcuia liau debido de est<ir los que llegaren al punía de n^' vjer lo que esta- ba pasando delante de sua ojos, lo «pie se mostraba tan claro v evidente. i<¡()|i: decis. este pueblo ba siiio tauatico, no lia coiu- iirendido sus intereses; brindado con la li- nertad. ha preferido la esclavitud, v tan sciiuida ( aiilivo á tierra esfran^M*ra. no coin-» prendió jamas su posición, uo alcau2A> 4k eonveneem «te tada aa fuente m 49kakml frente di> los partidos en vet de fienU' (le la nación; v sin un pensaniii vigoroso de gobierno ^ uarlici|umdo de itqiitf»' lia ñojedad qwMMlllllhi^ eatr» nosotros hereditaria, cntreiíf^se á la corriente de los sucesos, conlentanduse con abatir la rcvo-* lucion, sin precaverse contra ella en lo ¿Que iM'usaremns de \m iíobierno (piei IOS átí un triuiilu laiiaiuipleto como el trascurridos seis años, basla una insurrec- ción militar para derrocarle y para restable- oer lo uuc antea, cayera con universal aplau- i4élMblÉp«iUbe? Hubo una conspiración, pero ¿por qué no se la desroii( <'rlo? Iliibo una lUsurreccioawUitar, ¿pero como uo iue |>osi- ble raofartáiilrtia ipiñ Hcgaia » ngtoüw deloentro4al0O^HarDO? Los jnieMos estaban indilV'ienlesy fríos; pero ¿quien liabia seiu- Uiudo esa Iriáldad e indifiomncia? Se violentó la «oUintaddelinniwBttMIíintfonMdftt^ rar. y su juramento impuso silencio á la napronto como ba podido recobrarla, ba bai- || ciou, y produjo aouelbi aquiesceucia que uo kdo al aoo^de sus cadenas y las lúeonteni- 1 cesó liasta croe b kiiáeK» iaq>osiJ»lttJa»4eft« piado eon alborozo, cual si acabase de obtft- 1 aóéitos de ios venéadona; {wra eLattnarca ner el mas rico presente. - Pero ¿no adver- tís que con estas palabras pronunciáis mestra condenacíooinaa terDMurnte? ¿No OQBOceis (pie aun cuando la lil>ertad v dirlia da que liublubais al pueblo cspailol litd>icran sido uoa realidad, no podían serlo para un pueblo que no las quena? ¿,(^w mayor des- >ro|K)sito que emiieñaros en dar la lilierlad a. U4i pueblo que según.vosotros mismos uo laheompuandia, y foraarie á aceitar una dirT cha (pie él rechazaba, mirándola como terri- (pje habia firmado el decreto de Valencia mismas bayonetas; ponjue los juramentos no son una palabra vana, ni para los partí'- culares, ni para loa reyes; todo fuMíonario debe, si necesario fuere, sacriiicar su propia vida en cumplimiento de sus obligaciones^ y L con mucM.vias ¡aum un. rey del^ aafaar 1! Asi como no adulamos á las revoluciones, t « ÉÉMpfi un perfane emfNHiioAado (\uo mata esmalta mns seLMirid.id cunnin l;i \H (iinn se imagina ret>üiraren un purisinio aiubieule smki lR pésima costumbre de pasar alterna- tivamente de las man rastreras adulaciones, á ios insultos mas groseros; y el perderse eacaenlra a tnrnuda incierto, indeciso, en~ 'n* hí verdad \ la menliru. »;in (]\u' I»' sea (lado iiistiiiguir ta.venlailera opiuiuu publica diiiViii#iiiin por las ma» toÉBaUMM éiaye«>- r8C10tl68.

E» necesario decirlo en alia voz piira <|ue no s& olvide en las vicisitud^ que según todas laa a^anaacias eslanMIpIlMiiiáaí^é sufrir; el día en que los roses scpnn cum- plir con su deber, aquel dta.texmiuarau las mttktmmm «l'tlúi <f«MMÍiiHP#Mpiras 4N«ÉÑilldM.é£ot>ornadas las guardias se enrucntre cara á cara con In persona del aiooarca, que sepa decir: «uoliniKi. no juro, ahf está mi cabeza, « tañadla si queréis,» nquol día los motines quedarán vencidos [tara siempre.

CnandiÉ^ karevi^aGioiies se sienten iwde- rosas, porque son verdadcnimenle fwpuíares, He¿;m a veces hasta el ei<lr<'nio de ntreverse cunlra la persona del utouan a; pero ui auu enfameM liKTerificiMa sma ^sptws icb^vM serie de cofici"^i()ii('s, m <•! Irnnn ha perdido su preslif!;io, en ({ue ha humilla- do, en que se ha convertido en instrumento di|ja>^misma revoliKÍon: la cabeza élMMihi^ lunado Luis XYI cayó en la;ruilloíina, pcríi fmsdesgne&ide lial>er subti^uido a la diade- má4émíM^-t\ «wtaf^ ia«beftHÍ. Cuando la revolución es im|)otente, cuando salle que es iudif^na de este nondire y que noeá nia& que una roiscratde ascmada. o una ÍQiíitn«^Mkav|inÜitar'«.en t il « ih). no lo du- déis, no aceptará nunca la íal>e/a ilcl inonar- Q^^^ que a las puertas del palacio usía el ^ita la pcr|MMra(-ioii <íel horrendo crimen.

Esta verdad adípiiere inia (iicr/a inmensa traiáfldiO&e del pueblo español, donde el sen- twipnto moBÓrqnioo poevaiece tan ')i;:oro80, ;i pesar de todas h\< re\ m-llíis. Kl dej«potis- m ministeriaLes odiado, detestado en K&- paña; pero ei jBOiiai«t<M querido é idolatra- do: li¿i|iri>itlineélijr$> de^ loa mandarines CDcaenUan resistencia por do quiera; euan- ¡seaQ rechazados por la íünp^ ^^n tikK&teflioi I o la conociese, la ^-iese consignada en alíTMn acto heroico. aquel día se levan- taría como un solo hombre para escudarla contra INMMifiMrloa'ie^MMaas/^ MMr La firmeza de carácter es una de las pri- meras cahdades del soberano: la taita de ta<- Icntog pneden suplirla las luces de los con*» sejeros, para cuya^elaeokHL bastan la discre^ cion y el fiin»; peni un cnráctrr dclnl es im defecto üuc i.*n cir^us^Mictas criticas « es sas y nn vacio qne ron nada s;' |iiicdc llenar. Kn la deplorable íacilídad que se lia ad(|uiri- do en España de cambiar de gobiernos y sis-? lemas, cerno si se tratase de las deeoracio-' nes de un fe;i(to. es mocho mas necesaria esa inesUmablc prenda, que sena, a no di»- áilñ»\^^%mfié9 4o» prineifietea' fovKca'tp» pedria dispensar la Providencia á esta nación desventurada. Y tendíase presente que la Hr- meza de carácler no es sinónima de arbitra- riedad ni despotismo; al contrario, un eftfv tiK fer (lejiii os iiu linado á e>los vicios, por la misma razou que la crueldad snele.aiw Ja inseparable contpafieradeiaieofaíViMwPM^ Hemos buscado la principal causa de la esterilidad de l.i revolución española, y la hemos encoiUiadu en la impopularidad que la •eoiMptfl*iMMfÍiirin9 (riieno>lfr Iw deja- do en II r; I: ra; almra auoleee de otro omI que auuit-iila si cabe esa esterilidad: ei dt9t* crédito. ¿Quién conserva Husiones? ¿Acniéli^ eagMla» v«MaMltbrial¿«i la soeiedaiiJÉB lft<4fi|Nlll8, en la prensa. no vemos crecer cadt^die este deseoKaüo que llega ya a un punto,' qae iMWHWii M taHkira pareáis posible?

Nebuloso como esta el porvenir de la na- ción, incierta y azarosa la suerte que le está destinada, confiamos sil embargo en que la cond)ali(la nave saldrá á puerto después (te la recia tonuenta; y si tto^nofi engaüamg|| este desengaño (|ue WlMMÍIÍittÍi«W<)ÍÍM* diendo y que cundirá Oldt ÜiriMN es nna de las tnas evidentes señales que anuncia^ tiem|M)b mas felices. iNi los miramos tan prói^v:- ximos ebnd>alpntar«ap«aa, ni tan impo-r-« sibles cdino oinis pn^airian; el honihre sabe algo muuitras se habla del día de ayer, pero nada sabe del día deMAtM4riaeífQaMl0eirV> raientos del ponenifl eettKM kM^ifcanos de la Providencia. i > Como, quiera, no M iau perdidas para Ifí»- venídera las severa» teccigwéA.

tA menos on esto In revolución no hnhrá sido oslcril. lo conresairmos; |H'ro añiidicndo <|ue la niíLs trcincnda |)rii<'l)a de su cslerili- dad, es el no haber ¡dcnn/ado a producir otra cosa í|uc cI resultado necesario de los frrandcH niales: el escarmiento.

I>iÍI4íkIhI« *n Bartrloaa ea la l{r«Ula tiliiUiU iJi SofhJtd, el i.' Je Sobre la ne.írrura de la atmósfera lein|M's- luosa donde retumba el trueno y ser|M*a el rayo, hay una rejrion serena y a|»acil)le, ilu- «niinada por los resplandores del astro del día: asi s(dire la |)olitica de las pasiones está la |>olilica de la razón; sobre los intereses particulares y de momento, los generales y duraderos, sobre la insidiosa njala fe, el can- dor de la sincera verdad. La voz de esta, apenas se oye en Kspaña hace ya larfíos artos; lo mismo (pie psLsa a nuestros ojos no nos es permitido verlo como es en si; se ponderan y exa^'eran sin mesura el bien como ««I mal; este desventurado pais se ha convertido en ^aníoiiMita liza donde se pelea sin piedad, ora echando mano de la fuerza, ora tendien- do malifíuas asechanzas. Los combatientes están interesados en desíiffurar la situación iiropia y la de sus atlversarios; á propósito lexantan i)()|vareda ¡xira ofuscarse re<'íj)n>- cainente la vista, y oscurecer la de los es- jM'ctadores. ¿X)uien fue capaz de formarse • «leas justas y cabales sobre el partido v la .causa de I). (í)aHos. ateniéndose a los pe- ri<)di(ros favorables a la lleina? ¿V qui<^n, al eonlrario. pudo conocer los elementos que se combinaron en pro de la Hija de Fernan- do, ííuiandose |>or la opinión de la (Jareta de Oñate? fin la encarnizada lucbji trabada posteriormente entre las fracciones del par- tido liberal, ¿como será dable encontrar la verdad en medio de tan acaloradas dispulas, de tanta íiritería, baldones y denuestos?