SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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Lo propio que en los individuos se verili- CA CQ las corporaciones, porque no siendo estas mas que un conjunto de hombres uni- dos cop ciertos vínculos y dirigidos á unmis- n»o -objeto, forman una esiKície de ser moral, que participa de la naturaleza del individuo humano. De aqui resulta que es muy difícil ' qne del seno mismo de la corporación brote el pcu-samiento de reforma; y si brota, diíi- cilmente alcanza á vencer los obstáculos (|ue ' Ctt todas direcciones encuentra. Asi se es- ' plÍ4ra cómo ba jKxIido suceder (pie hasta los ^ StUitos (|ue se |)r(>|Misierou este objeto hayau [ tropezado con fuert4>s embarazos, y suscitados ' algun(»s por |>ersonas de recta intención y de cumplida Inienn fe. Asi.se esplica como toda cscuclíi dominante en delermiiuida éjioca lu- ' clia von tenacidad contra los (|ue mientan destronarla, ni siquiera modilicarla. Asi se ' célica cómo l(Mlosi>tema de administración ludas las innovaciones, antes de triunfar. y, desarraigarse, es preciso que se resiguen i^, un |M'nodo mas o menos dilatado de urdoro-, so combate.

Si bien se observa, la sociedad esta some- tida á dos influencias oi)uesUu» que ' (Irán interminable*; luchas, v qu.e a ^c^is acarrean espantosas calaslrofes: el, espíritu de conservar, v el prurito de innovar. Nalu- ralmente es el liombre ulicionad(» a uoveda^, des, pero naturalmenU» se apega también a lo que le rodea; de aqui una lucha que oo sicnqire se resuelve con i^iedios paciUcos, y (pie cuando afecta grandes intereses y con- viiciones profundas, rara vez deja de pro- ducíj calamidades sin cuento. ,,Xodo lo criado se resiente mas o meuos de la acción del liemi>o; a veces enferma, tal vez envejece; ora pierde su primitivo vigor, ora su energía mengua; quizas uo ae ende- reza a su objeto con e| jm^ tan certero y Ur- iñe que en (lias mas felices, quizas se des- via (le el V se encamina a otro menus ulil; todo sufié modilicacioues, que al cabo, de cierto tiemiKi exigen ipie se iduvenezca. Este rejuvenecimiento, o puede dimauar de )rincipios amigos. tomo la reforma de la dis- ciplina v la abnnacion de la independencia eclesiástica fueron debidas en los siglos me- dios a los heroicos esfuerzos de San íircíjo- rio VU, V en los modernos a la sabiduría del Concilio de Trento, ó bien puede ser provocado por principios enemigos, y entonces el rejuveneciuuenlo se \eiilica bañándo- se el rejuvenecido eu su propia sangre. Uno V otro efecto están sulwrdinados a los desig- nios de la Providencia; iMiniue, como dice San Vgustin, Dios no [M^rmitina la existen- cia del mal, si no fuera tan sabio y tan huer no que del mismo mal sacase el bien.

Asentados estos principios, observaremos que las reformas (pie con la mudanza de las circunsUiicias se habían hecho conveuientCJí, parn hac(;rsede un modo pacilico debían pro- ceder de la acciou de la autoridad legitinia; pero e.sla, como (pie anda guiada por el buen deseo, «pie respeta pr(»fundanH5nte la justÍTr cía y la equidad, y que atiende al bien co- mún. procurando c(rtuiliuilo con el bieu poi- ticular de lo (|ue ha de ser objclo de laxe- forma, camina regularmente con paso lento, mesurado, v anles de destruir lo e\isl(íiite quiere tener* preparado afluqilo,.(ip^.í4Ufj,;w Expone reemplazarlo. Para esto m necesita mpo; y desgraciadamente la tormentosa éMoa ca que vivioioB so lo otorga; el genio 4m mal se agita con «sombrosa actividad, mncba con iniToilili' rapídpz, v antes «iiic ItMtoridad If^itiuia baya }>odiciu cuiuuu;&ar Itrefonna ¿1 ha eonsonado la destrucción. Entonces no (juoda otro medio de reparar el daño que andar recoiiiendo los buenos ele- aKoto.i dispcrsüü acá y alia, y comenzar de nuevo la obn con Tatigosa laena.

Mas no se dií<a, como decirse suele con ligereza é injusticia, que no se quería nin- guna reiorma, que M la hubiera rerátído fíMalquiera que hubiese sido su naturaleza y origen: si la reforma hubiese dimanado de k autoridad legitima, nadie se habría opues- Iftáella; una palabra del Sumo PoBtUice hnbiera vencido todas las resistencias é im-^ puesto silencio á todos los clamores.

£u obsequio de la verdad y de la justicia ae áebe notar, que aun los mismos que co- nocían la conveniencia de algunas reformas dciueron de «nidar muy recelosos en indicar- las y promoverlas, temerosos de eniraren an terreno nabaladizo, donde no siempre es fá< il detenerse en el punto debido; pero es- u> solo pru(>l)ii que la revolución, que ha iecho el mal destruyendo, impedia él. bien amedrentando^ y dado que hi oportunidad .se brin<l;i i " cnos (|oe csle es uno de ios daños mas l unestos que nos ha traído el esphñtu destructor 4e la levoloeion: el inti- midar á los liombres de buenas inlencíones, retravrnilo!(i> tK' mejorar y corregir, por no abrir la.uui;rla a innovaciones que luego se httsta el último eslremo. Hemos creído conveniente detenemos al- gún tanto en el e\anu;n de las causas que Qtulivaron la aversión del clero á los sistemas mvolttcionariaa* porifue es preciso fimnarse sobre este particular ideas muv claras y aiactas, si se quiere comprender, nuestra ^ístoría de treinta años á esta parto y acer- tjtir -en el camino que en adelante conviene tomar. De lo lii lio resulta que la Uelitiion y la monanjuía lian tenido en el clero un liruie rá el degradarte y suicidarle. • Ut cion no era halagüeña.

EL fiOBIBaifO T UL9 CWTESU é» MU.

Cuando la observancia de la ley se ha hecho imposible, es pueril em|)efk» el de atenerse a ella: y que la reor;rnnizacion del Estado es imposible por medios estrictamen- te legales, es mas claro que la luz del día. Supongamos que el ministerio no se hubiese, desviado de la letra de la ley; que. liel (»li- servante de ella, con la añadidura de las prácticaspariamentarias, hubiese eontinnado con las Cortes arfoiertas para obtener las le- yes de (pie necesitaba y procurarse el presti- gio que diz alcanzan los gobiernos cuando están rodeados de los representanfes. de hi nación, veamos lo (pie habría sucedido, lijándonos únicamente on la cnoslion de. Oh)zaga: examinémoslo sin aleccion de nin- guna clase, sin parcialidad, atendiendo á la mi><ma naturah'/.a de las cosas, y á lo qne not; hace conjeturar la espcriencía mil veces repetida..

U discósion sobre el asunto de 01()zaga hahia comenzado ron preámbulos tan colo- sales que no sal)cmos adonde hubieran po- dido llegar las dhnensiones del cuerpo de la obra. Oradores hnbo á quienes no biulafaan las horas d(» wm sesión; habían nienester tres y cuatro días para csplayarse cual de- seaban, y lejdb de agotarse el fondo de lo que tenían (pie decir, harían todavía miste- riosas reservas, «pie andamio el tiempo eran capaces de desenvolverse en dilatados dis- cursos, como de pequefta bellota nace de»- comunal encina. Ya fuera espreso di^sijinio. ya espaiisiun de sentimientos de amistad ha- cia el personaje caído, ya dcsahop:o de ini j)alriotismo que temblalñ por la causa de l¡i- Ivertad. lo cierto es que la discusión llevaba trazas de prolongarse indelinidamcnte; y a tpayo; y que no podía ser de otra manera, I no sobrevenir el decreto de snspemdon, era ' ' ' ■ •■ ' de temer que no hubiera sido e! Sr. Olrtiaga quien sufriera el castíirn de su atentado, sino la nación, que se hubiera visto condeneda a presenciar un espectáenlo que por mome^ tos se iba haciendo mas feo y repuL'nante. I)(»¡enios aparte lo que habría meniriiado el va s« atienda á lo que de él rerlajnaban su Jlel)eres, ya sea á lo que le aconsejaban sus ialereses. De suerte (jue cuando.se ha exi- jrido del clero que se adhiriese de corazón al .mstenui revolucionario, se ha venido á de- eirlp: «queremos que faltes á un deber sagrado; y el premio que por ello recibirás se- f decoro del trono^ie }a comenzaba u quedar DIgitIzed mal trocho; In osad ia de los tribiiims nndaba cobraiulu laks Itrios, que bien proitlo los acusadores se vieron acusados. Ya el seflor TiíMi/ ili ' lífiilu) tuvo <^uc íiifrir sovoras y aiiicua¿aiU«'.s reconvenciones imh* no se c[ué rórmalidadcs «jue lia!»¡a dejano de observar en la presentación <N famoso d(KMimenio; ya se rehajakí á la aiiirtista Isabel liasla el pun- to de exigir íiií < arco coa un simple particu- lar; y bien que.on miserables parodias eomo han sido las de nuestros revolucionarios, «I'ii/.ás se intentara aípjelln (le! rey de Fran- cia sometido á un tribunal, cambiado el nom- bre de Inis XVI en el de Luis Capelo.

Hombres de estado de tardía esperiencia, de jiiieio sosegado y maduro, a\eznd()s a las J)iaclieas parlamentarías, y c;i[)ac4»h de haeer irente á todas las revoluciones del mundo con un discurso brillante. (|uizns lo hiil)ieran meditado mil scces antes de suspender las sesiones de cortes en uiomentoR tan críticos, en que las pasiones estaban exaltadas, los gcfes de la oposición en actitud int;inn ntr, y en que el trono podia necesitar del a¡M>yo de loa amantes de la sHaacion, de los oelo* sos defensores de las prerogativas constitu- cionales de la Corona. ¿Qné^ Imbicr m dif ho tal ve?, á quien les aconscjasi' niedidu tan antiparlamentaria] ¿Qué? ¿No comprendéis toda la j¡:ravedad de la crisis? ¿No \ cis los jiclipros (pie nos rodean? ¿No alcanzáis lo cpie revelan esas indicatioucs amenazadoras »pie salen de los labios de elevados perso- najes? ¿Queréis escandalizar á la nación faltando tan abiertamente á las prácticas par- lafinentariaSf é infringir la Cbnstitttcion co- brando en el afto que va á comenzar conUv bncioncs no votadas? Ifaírámonos fue ríes en «1 terreno legal, esta es la arena que delie- moa combatir; nuestra victoria será tanto mas p;loríosa cuanto mas baya sido disputa- da, y la derrota.será tanto mas hiiininante IKira nuestros adversarios, cuanto mas se laya mostrado de bulto lo malo de su cansa con la impotencia de sus esfuerzos. Nues- tra mayoría es poca en la actualidad, un golpe de aire que constipe algunos diputa- dos de nuestro lado, una ocupación crae los detenga en casa, puede ciertamen!- firt cer- nes perder una votación; pero esia situación «ngualiosa ba de durar muy pocos días; de las provincias van viniendo iodividu(^ ffue nos pertcnecr»n, y si alcanzamos nna nifivo- ría de 30 ó 40 votos, ya no hay ocu¡)acio- jMs ni atteracíon- atníoalirlca iitte' foedah echar á |>erder la causa de la CoAstiMckm; del trono. ' Bt prusidenle del Consejo de ministros. <|ae segun noticias ni se ha formadoeo los salones de palacio, ni ha ettvcj[ecido en la carrera diplomática. ni encanécido con bondos esta^ dios sobiv las obras de derecho público, ni de coi!!t't!-;i( i(ín, ni de altas íectrías, debió dn mirar las cosas de otra manera, y dina |>ara 8(: «Todo este reído que nos atruena, y qne á mi me amenaza de una manera tan foriní- dable, al tin y hien examinado de cerca. no es mas que la gritería de media docena de bombres; y bien me sé yo míe tos tales (rri- tris, por fuertes y desfemplnims que sean, no traen en pos de si los rayos de.liipiler lo- nanlc. ¿Quien nje veda despedir bruscamen- te á lo8 qne tanto dedaninn? Si cierro las r.órtes y mañana me parece bien mandarlos conducir a la cárcel, esos tíkines entrarán en la humilde categoría de los demás pre- sos; y esa tempestad teatral en que arpare* cer sé ha de hundir el mundo. se desvane- cerá en un instante cuando yo dé la señal ^ correr el telón.» Ssla manera de conside* rar las cosas no era muy parlamentaria, Eiro en cambio era muv despejada y clara. I Sr. Cronzalez Biabo debió de recordar que los hijos de la revolución, si noqoiéren ser víctimas de sn madre, han de desj>ojarse de la piedad filial, sin temor de (¡iie les su- ceda lo une al parricida que en rwíüa de su impiedad andana agitado pNor las furías.

Si;induvo errado el ministerio ó no, cui- dándose poco de guardar á la revolución las consideraciones que muchos deseahah, esto no lo han de decir las teorías sino los he- chos: record-id en qué estado nos hallamos, y comparadlo con el presente, conjeturad sobre lo <rae habría aneedido, y ved lo qae está sucediendo. Cn^emos que habiendo de optar entre el orden y la anarquía, son po- cos los hombres de buena fe y leales ínten- eiones que Tacilen en lomar su partido.

Dicen (jiie es nuiv i rnvccbosa la enseñan- za de la historia: bien esírafio sería que de nada sirviese lau reciente es))erícncia.

PARTIDOS POETICOS EN iMU.

ARTICULO II.

Üijiaios cu el uútiieco aaUsrior, qm: iw loilos los vealÍBtift qye se- «iwUklui nújentá i-^ttar una parte de las rerormas predica-» «tas ¡NN* los lilnralcs, bien<-qHe ¡iseutantl» por rc^h qwe deben liacerso por el sobera- uu, sin lltivttrias lampoco hasta ol eslresM que y dehiHlad» ^nisíado las nAiieiieiis religiosas y morales, corriese polipro la Es* paAa de caer nuaumoile «o manos de los trastoroadoreb.

, Si algún temor abrigan eaot'lKMibres, te eldft una reacción, qiic d i rtgíúudose contri la revolucioQ, los alean/ase también á ellos; ruiauera que eu ptuiiendo vivir seguros que M los ajueoaza (al.|Mií|eh», porcier* uu (oUoa procoden de tuias uusuuus lilas, y que la ilHere»oi« de aat origoB se deja cono- ctr en la nueva poúdOK ta que se hallan caliKíidos. Esta distinción es importante so- bfeiuai^m, pues aoc conduce máa múim qoo i coBoeer «núes m opiniones que profesan con respeclo á pooUw 4e siay gra- ve trascendencia.

Lü.s reaiibUis moderados <|ue liau salido de entre los líbenles, nlrv^^rodeiido cono suele decirse, son cotminmentc mucho mas aoaigos de reformas en la parte religiosa y social, y simpatiziin por una organización poKUca en que d mmmwL, rodeado de ma- ze«!lad y al)undantemente pro\ isto de medios de acción, íiguru como uu gran rcibrmador, isaidDImdú «on poso fimic > seguro el nii>* viMÍeiito social, qoe bajo el imperio de la r»*\ólM( i.>n eaminár i incierto y flucluaole. Y cucuta, <iuc al bsplicar de esta suerte laá r' 'ones y tendencias de los hombres de di- ,)artido. hahiainos de aquellos que ha- van lleirado a poseer sobre este particular ¡deas propias y lijas; pues no ignoramos que algunos se dejaron llevar por el Ímpetu re- voliK if>nnrifi, tnns i)icn á impulsos de su co- razón (^uc de su cabeza; y que tan pronto como vieron el punto á que se dirígian las sasss, han retrocedido lutsta ponerse poco menos que á retaguardia de los realistas lia- amáos exaltad(»s.

Sn embargo, edas eseepdones son has- tanle raras, fioniuo en política acontece lo fMi rcíitrion, doivlc convertidos no ^tasao couiuuutenle a un ailo íen or, a no ser 80 cambio «embaya verífioado de una manera eslraordinaria. Y asi menester es «Mií«!Scir ipie, ^enerahnenlp halilando, cuan- tos se hau aliliuüu euUtv los reaiisLas después de haber pertenecido al parli«}o liberal, pror decididamente ai goba'ruu (|uc se propusiese curar:d» raíz nuestros males. Lo que desean es tolerancia. pam sus opiniones |)asadas y presentes •?)o sí* resi»-!<'ii si eslalihn ¡miento de un poder tuerte, cou tal (¿ue este no cai- ga en nanos de hombree de quienes recelan un sistema esclusivo é intolerante.

Lí\ otra clase de realistas, es decir, a(juc- llus que huu salido de entre los exaltados del mismo partido, son hombres que. han esta- diado la his!nrin de lo acontecido en 18(4 y 1823, y que han creido no hacer traición á sus cottvia'iones, ni contaminar la pureza de sus docIrÍDSS, con procurar que las pa* siones no se mezclasen demasiado en la oe- fensa de la verdad y de la j[usticia, oomprot metiendo con su exageraeion y sus desma- nes aquello mismo que se quiere sostener.

Estos hombres firni f!;i'l<» una mirada al estado actual de ia:iociedad espaí^, han visto las Bud^eaciones que han sidrido las ideas y las costumbres, han atendido á las nuevas necesidades que se han creado, al üspiiUu dominante en Europa, iü carácter de la civilización, que ño permite á ningún pueblo aislaríic coni|detamente; han presen- ciado ios desastres de la revoluciou eu nues- tro suelo, han sentido vivamente la ur- gencia de salirla al paso y detenerla en su carren» desatentíidn ^ (lcsf)lriilMr;i, \ han dis- currido dc este modo; ^Los danos causados M>r las innovaciones y trastornos de lesiídli* mos tiempos son indudables; á la vista es- y no pueden ocultarse á nadie que no qutera cerrar los ojos á la luz. Es cierto que sebancstraviado machólas ideas, que se han maleado iiotáblemente las costiunbres, cpjc de las in>Ulucioues venerandas que nos Ict gaiou nuestros mayores, unas han sido couh pletauicnte destruída^t otras hisiimosamente Dlgitized by 4M ciltt «to» de niioa, ha ¡mnidido «l'fenie I cibinM de MestnM padres eonoim depóndel mal, fíiiíado p6r el error, y auxiliado | to sa^rrado? ¿Basta que les digamos, que por ia ambición, la codicia, y todo tinagede | no toda- la generación ha siik) delincuente, instintos perversos y de pasiones ruines; es | que los malos han sido en {mro numero y cierto (^ue las vietínas son muchas, que la I uue la inmensa mayoría no se ha dcísvíado íii los senderos del bicn? ¿Xo podrían ellos echamos en cara nuestra indolencia ó apoca- miento, que nos hemos dejado arrollar por esos pocos y y esto no solo en un momento de sorpresa, sino después de hallarse pre- sentado oportunísimas ocasiones de rehacer- se, de concertarse y de hundir en el polVo á esa mÍBOrfa? ¿Acaso la verdad no entraAa mas fof r?f! que el error? ¿Acaso las convio- ciones profundas y duraderas, no son mas Alertes y enérgicas qoé las npHiioDes flHH nuMiláneas? ¿í*or ventura Ioñ intenciones rectas y leales no pueden j)n"valecer sobre las miras mezfjiiuias? ¿Por ventura la noble- za del corazón no puede entrar en ventajosa lid con las inspiraciones de no mísefable i»> terés?

»Los principios de la sana monit prescri- ben que no so apruebe nada malo, pero It buena lóde i PTií^e t;»m!iien que Bo se dis- curra sobre siHH>siCtones gratuitas ó imposi-> bles, prescindiendo de ta lealídad de las cosas; la prudencia aconseja que para obrar no se forme el empeño de olvidarse del ter- reno que se pisa, de las circunstancias que rodein, de los peligros que amenazan, sí Be caniina con temerario desaliento. La espre- sion de <( o todo o nada » es una espresion insensata; si en los asuntos mas conmnes de la vida no admitimos semejante regla, ¿po- dremos aconrodar á ell i imeslra conducta tratándose de los grandes mlcrcses de la so- eiedadt »¿ Quien puede negar qne el aKentodisol« vente del siglo ha enllaquerido entre nos- otros las creencias y relajado las costumbres? ¿Quién puede negar que la revohieÍDn, ann cuando no baya hecho los estragos (jue en otros paises, ha dejado huellas profundas? ¿Puede nadie lisonjearse de que la España de hoy sea la Kspana de Felipe ü? Pues qué?

injnsticia es clara, que la crueldad dente, que el escándalo es repugnante, que jbs males que de ello se derivan son incalcu- lables; y es cierto por tin que todos los hom- bres amantes de la justicia, tmios ron- zones honrados, al lijar sus miradas sobre este negro cuadro, esperímentan on santH miento de aflicción, en pos del cual se levan- la desde luego una indignación generosa. Todo esto es verdadero, es cierto, es evi- dente, es palpable; pero ¿cual es et medio de curar el mal si es posible, ó cuando me- nos de atajarle, de disminuirle, de derramar alguuas gotas de bálsamo sobre heridas irri- tadas, y de poner Treno á los malvados que se obstinan en irritarlas mas y ma<. en en- sancharlas y ulcerarlas, y en abrir otras nuevas, si cabe mas profundas y dolorosas? j^Qné es lo que aconsejan la razón, la pru- dencia, nuestros interesr-s mismos? V sobre todo, ¿cuáles son en situación tan amarga los debéis de les iMMnbres de sanas doelri- nas, de convicciones sinceras, de intención recta, de miras elevadas y grandiosas, de corazón hidalgo y emprendedor?

«¿Conviene, se han dicho i si mismos, conviene qiie nos coiilonlerniis con gemir en la opresión, con lamentar nuestros sufri- mientos. con protestar en secreto ctmtra la injusticia; con declarar nii'a> en nuestra coocíeneia las obras de iniquidad, y mirar con horror las dQstruccioaes cavas' ruinas cobren el suelo, oon sostener llrmcmen-^ te que no había derecho para amontonar- las, manteniéndonos entrelanlo en la in- acción, esperando el día de las reparaciones sin treba|ar en acelerarle, hivocondo con fervor b venida de tiempos mas felices, y dejando (pie pa«!en los anos. que la revolu- ción acumule mas escombros, que ahonde mas los surcos que ha ahierto en n sociedad, y que abra rontinnamente otros nuevos? ¿Basta que leguemos a la posteridad Inmen- tos estérdes, y al propio tiempo consintamos aue se le trasmitan males positivos v fecun- dos? ¿Basta que podamos de< ir á fos veni- deros, que nosoiros no nos hemos contamila pureza de las doctrina'; la firnif /a dtí las convicciones, ¿debe impedir el que se vea lo (pie está delante de nuestros ojos? ¿que se palpe lo 4pie á cada instante se ofrece' é nuestras manos? Esto será errado, será in- justo, será perverso, será altanante pemi- eiaeó, -seiá lodo lo «fue ae ipüera; pero ponadooott los estravios y atentados de nueaira, ^ época, qi^ desc^demos al sepulcro con las | demos negar f]ue existe? Por no querer vi^- ideas sanaa.y la» senlimionlos puros «¡ne fo- * lo, ¿lo deslrairemos? Por no^pieror Cenaren ♦ V no han {rinnfado íciifiH la? ¿Not'S cabaliiienlo ■nantto sp Irntc ile obrar? ¿Y no lian salido imposible loque aboraes solo dilicii. Aquella ro'jh (le que conviene atajar el mal en so» principios, y que es muy arduo el renjediarv le cundo há envejecido, se apUea al mdifi* dúo como á la sociedad; y no eii' (niframoa menos insensata ta conducta del uuc bailán- dose enfermo no cuidase de su aolettcia, y la dejase desarrollar UhtaiiMDte espenudo que üa naturaleza al verse en el último es- tremo baria una reacción para salvarse » qiMS el que viendo «na naciontfaeada por doelirH ñas y sistemas disol^teSf sostiene que es mejor dejar (|ne las cosas sigan su curso, y ya «na y un i veces'' con demasiada kt bqiB la reToiucion desea el que se la con sienta campear sin oÍ)st;tt irlo. el que solo se iü combata con la avcrijion del corazón, el que Qo se eche mano de los medios que se MieceOf alegando que han sido creados por el!», y que nada se quiere de lo que de ella ha salido?

' >Es mas daro que la ka del día que iun> gun partido denniado esclusívo será bas- tante á sostener^t' ¡»Mr )nri;o tiempo en el otando; ¿cuánto tneoos esperanzas tendrá ii que del esceso del aial ba de venir el re< alcMRarie el que por un conjunto de cir^ \ medio» Tan lejos estamos de opinar que purda cniLslancias se halla tan apartado de él, si no proí lira comprender á fondo la situación propia y la del pais, y mostrarse accesdde V tolerante en coanfo lo pemilan la razón y la justicia? » ^ Asi han discnrrido estos hombres; y por cierto que su modo de mirar las cosas no es- té destituido de razón: Sea ó no realiEaUe •'!-(fMnr>, la verdad es que otro incnnv fempiddo diticilineuie triunfarla, ^ ma.s diíicil- ■ente ae sostoviera. Es preciso no olvidar que todas las coéaa liunuuias están sujetas á nwditieacioncs r no siempre se ha de Iniscar lo mejor, sino lo aplicable; asi como Solón se Cslicitaba de haber dado é los aleníensea, 00 bs levos mejores, sino las n.as acomoda- <l3s al jjueblo para el ctial liahian de senir. ¿Qué importa una leuriu niexanica, si con •w no se puede construir una máquina? /.Qné vnlo nn sisteiTín ^fcial ó político si no es realizable? Kl bien de las naciones,;.se logra por ventura con las ¡deas solas con abs- tnceion de los hechest Muchos años van trascurridos desde que algunos eslan diciendo que la revolución se saeidará, que eonviene deiaila hacer, que Isqne hnporta es no contribuir á detenerla pn sn nn-cipifada carrera, y que del rsccso (kl mal nacerá mas complcU) el remedio; pem lo eícrto es que las eosas no han llevado muy buen camino, que á uno5 males han Vibre ven ido otros males, á unns trastornos oíros trasturnus, u unos despojos otros des- peiis, á anos desmanes otros desmanes; y lue lejos de que se haya satisfecho la indi- cada esperanza, se ba visto que la consuma- ^ de los dafios hacia mas diticil su repn> ración; lo cierto es que la esperiencia está diáendo q|te énlm de atgun tienpo «ana ser conveniente el que los cspinioles adidos á las doctrinas c instituciones uuiiguas hayan de retraerse de toda partipaeíon «■ los ne- gocios piiitlicos, y hayan de contemplar ini- pasíhles las luchas de los partidos, que an- tes al contrario creemos que es preciso apro* voehar tod^ las eoyunturas que se ofrezcan para manifestar sus opinintifs, píir:i hacerlas prevalecer por medios legiliuK>s, a|)oyando á (luien sostenga la causa del orden, é ini~ piaa que las violencias revolucionarias aho- guen la V07. de h n;icion soroctiéndola á bl vara de hierro de nuuorias lumorales y tur- bulentas. Créenos que basta que el ptfoblo español esté verdaderamente linre, para que se vea con toda claridad la miseria de las farsas que se han reprci>eülado a uombre de esta nación, que lejos de ser ia auton na ha sido nin^ fjvie la víctima ¿Hay libertad de ¡múrenla? Pues valerse de ella para defender la santidad y la jusl»- c¡a de la eausa de la Religión y de' los gran- des intereses de la sociedad. ¿lía^ eleccio- nes? Pues acudir a las urnas, y proiiarque la mayoría no está solo en loa mÓíIós, mm en la realidad. ¿Hay dec retos que parjudi^ can derechos sagrados? Pues acudir con re- presentaciones, con protestas cubiertas ik arillaies de fimias, y obligar á retroceder al nunistro, manifestándole que sus providen- cias tienen contra si la voluntad de la naciou. Aceptar todas las arenas donde se ei»lal>le/i- oa la locha; emplear todas las armas legit¿> mas, aun cuando sean forjadas por los ad- versarios:: oponer la ra/on a la razón. la voluntad a la voluntad, ia energia ála enef- gfr, la constancia á la constancia; no oeftav» •e coa la pniperíddl,- no abuíaie. coa laa eiMi1mieiipdivNoiÍe9iiia^r|Mrki6lepulsas, I él; aquí no eü nmeilBr luchar con facer» no calljir por Ins ncuativas; coiiliiuinr hoy riente de las ¡(l(*as, pues qüc las ideas cami- eu cmpeOo de aycr« y majiana en el de I nan en la niiiiuia dirección; aquí no pre^ hoy, y imttneiar «n Vita voz que no se des* I ciw luchar «ob alias ialelíicftNcij^, puet « fallecerá hasta tialu r alcanzado la victoria. I algunas hay eslan ea di íciisi drlacau^na* Asi es rnmn triimlim hií? írrMiílc-; causas, asi jcional; aquí apenas liuy (iiliciiUíidos que es conio O-iionnrll, r^:pr('í^cutanle de un (MioModeocho millones, oprimido, piMleado, transidd dr hand)rc, cubierto de andrajos, abrevado d(* desdichas y calamidades. lo va levantando poco á poco de su |)ostracioii y maferia; «si as «orno eaearndu con la ari»' tocraci;» mas poderosa, mas intcü^'cntc. mas astuta que existió jamas en el mundo, va oanipiHantoá palmo» el terreno, arrancan- do sucesivamente los derechos que injusta- mente están negados á aquel (h'suraciadd pueblo; asi es como en ei momento en uue «I gobierno inglés se tisonjeaba de habór de»> carf^ado un terrible sobrtí la causa de la Irlanda, intentando un proceso y hacien- do condenar á su caudillo, so muestra esta causa mas pojante y amenazadora, gran- IT!:in()f)sc fuertes simpatías en la misma In- l^lalcrra, obteniendo señaladas muestras de íavor y a[)oyo: asi es como 0-Connell, eq el momento en que está sufriendo la aniinad- vof-sion del tribunal, se prc-^ffiti en la me- tro])oli de la Gran Bretaña ciiu ademan alti- vos y de reo se oonvierte en tonníador.

necesita por ventura tamaños esfuer- zos la mayoría del puohio es|)añ(>l uara liacer que prevalezca la verdad >obre el error, el mea nobn el omI? ¿Tiene por ventura que luchar con tan poderosos \ sog.u'cs ciirmi- gos? Kn junio de 1843. ¿ no \ irnos la nada de esos pignu'os que quisieron medir su bra- zo oon el brazo de la nación? En el pacíííeo terreno do la loy. ¿son menos fuerte la vo- IttBtad de la aiayocia de los es|>añoles? ¿Se- rán menester treinta afios de trabajos y cons • lancia á toda pruebo, eomo ha necesitado 0-flonnoll para conducir al pueblo irlandés á lu situación eu quo se encuentra? No: por* qae aqiti noae necesita eonio aiíi formar oaa nacionalidafl, pues ya existe, y se revela con actos ruidosos; aqui no os proriso lu- char cou utui aristocracia jMjdiru.sa, pues que esta, en lo que lieno de mas granado, profosa los mismos principios, abriga los mismos desecMj que la mayoría de la nación; aqui no es preciso luchar cea el trono, pues quo el truno no •está intarettdo en oponerse al vcnladcro pueblo, sino que antos al con- icano Ho puede e&u>Ui' >íuü apoj(iuidoae ea vencer; aqui no se uecesita sino vuiuutad.

Madri«l>A;*lirtl deW.

Batos ttltimot días han publicado algunos periódicos una caria aacrita desde Berlin a ía fiacellc des Postes, on qno bahláiidoso de ios negocios ilu Kspaíia se dice: « Todas los miradas se dirigen de nuevo hátía la Peni»- sida ospafiola desde el regR'SO de S. M. la Reina Cri^lina n Kspaña, y la diplomacia sigue coíi cslrcinada alciicioii ios ulteriores acontecimientos. Se ve en este feliz n^greso de la Reina á Madrid la contiiituieion de los proyectos salidos de las Tullerias |»ara la pa- cilicacion de la España, cuya realización ha sido confiada á la^ luces y es})e rienda de ne- gocios que postee el sonor do ll oson, y §9 echa de ver en el curso de las nei^ocíaeio- nes «na concordancia perfecta con las.miraB de las demás ])otencias.

«Si osle dislinfxiiido diplomático consigan ({ue triuale el partido de orden, o lo (|ue es lo mismo, daraófidos pontos de apoyo al go- bierno, no está muy distanlo ta ( ¡wca en aue las fíolencias do lu imoro y segundo or- en que lian corlado sus ndaciones diplo- máticas con la España, m ijKfsurarán á re- novarlas. Cuando se marclm do íliMlin Mr. de Bresson se consideraba este üa couio el ob- jeto principal de su misión.»