. con sus principios fuudauientales, no se I salisiace consignando en, ios coditos la &07 berania popular, sino que descnvuelveJA teoría basta sus últimas Qonsecuencias,,eibr tendidas j)or supuesto seguu a ella le pareipf ó interusa.. A la m«iueia,i|ie todos lus sosta* nedores de' sistemas e^loaivós, procura dear el terfCQO (loüde domina de insuperpíif. bles vallas tpie no permitan la entrada a sus adversarios i ^a^a csluba uscoK>tado üía\^ masque pudieran llftouse, adjcioBales^."! y bieu ó mal acomodadas, las intercala en- tre las rciilas de, ^^obierno. Que dii lias má- ximas se lialicu o 110 espresas cu la> cousU- tucioues, esto nada importa: aqui se tflikli la doctrina del dereclio supletorio, que, como haben los juristas, es cu cifv^tos, fásps de mucba utilidad.é importadciji,.
D.igitized by Goügle TitHWÍf la stiprpma p(rti*sl¡nl á inflnilHf: Irnhas ou el ejercicio de sus laculUides, i sinbleti- óm al lado del Irooo cuerpos <)ne iin soto le aeWMBjco y le auxilien en la t'onnncidii de te teves sino qn»- 1'* vi;«rilen incesanteiueiile. T>i;indi<|iMM) lo^;i( ios «jue de el emanan, lo- (Itvia ie lin piin»cido a la escuela revolucio- ■HÉ^ qne el ooder del rey ern detun^indo ^fMdc. y;isi I - •' rio lina ináxitiia con la cual se le d i del ((ue le otorga la Conslittirion del Estado, ronvirliendo <lel monarca en un autómata sen- el solio. <|ue por iiH'dio de imuIIos ps dijera si ó no, y levantase de vez en cuando la mano para iijar el sello sohre un pajMd fpie se le pusiera delanl'». Bien eonipreiideian niie>lros lectores ipic halila- ino- <lf ¡,i í,i!iin-a máxima, el rey reim y no j^oéMma. N amos a «K iiparnos de su examen, nosm r- - l iaza de evidenciar (pie SL>f:an como atienda es inaplicable, y qtw; en alanos de sus sii;iiiticado$ v es altamente P €wjiii! - • dice W ley reina y no (fohierim, ¿que < le se intenta espresar? «Olaro es, nos responderán los sostenedores dd imrilanismo conslilurioivd, se «piiere espre- sar (|ue ci p(Misaii)ienlo de iiubienio solo ba de residir en los ministros; que por esto motivo el rey no puede tenerle propio; (pie taMpoco le es tirito acoM>ejarse de otras nwtooas (pie de los ministros; en non {lala- I»ra, que en la maquina gubernativa solo liun de jiiL'ar los awiiles marca(i<is por la C.onstitiu ion: los cuerpos colejiislailores y el ministerio responsable. " Todo esto es muy sesGÜlo, muy razonable, muy justo para quien <íe satislaira con meras palabras. para «piien se contente con esas vanas lormiilas, que apureiilando envolver un gran ¡fisleiua^'' no cn<'ierran mas que error ó términoH va- cíos de -entido.
Hay desacuerdo entre el ministerio y las Corles. ¿íjuién lo resuelve? Kl monarca, o •dnitiendo al ministi>rio su dimisión, ó reti- rindole su conlian/.a. o bien disolviendo las Cortes. Kl monarca optji, pues, entre el ministerio y las (iOiies; entre el sistema de aqiM'l y el de estas: el nionnrca en este r^sn itü solo reina vino «pie jíobierna, pues que jw so parle procura «pie prevalezca un sis- tema de gobierno: el de las Cortes si se dccitl ellas contra los ministros, el de cm ^, disuelve las Cortes. Kl monarca, poe^, hade lencr un pciisamienlo de go* bienio independiente del d« las i!«Vrte< y de! iiiinislerio, que o le sera personal. si a tan- to lleca su ea{)aciadad. o le será inspirada» j>or los hombres en quienes ten^ depitsitadüt [mrticular confianza.
' Se nos replicara que el rey lo que del» hacer no es tnitar de realizar su pensnmien- lo, sino esplorar la opiniiui y voluntad del pais; mas ¿cimho se haoe esta esploracion?- Disolviendo las Crtrtes y convocjindo otras.^ Pero entonces resultará (pie en caso de des-. aouenlo entre estas v los ministros. sioni-'' pre seria preciso apelar a la disolución. lo que es contra el testo y la mente de toda* Ihs constituciones modernas, v contra la práctica de todos ' M-ies donrie esta esta-; blecido el iioliier. ^.<'seiitativo, pues » veces se disivlwn las- Corles, á vece* caw el ministerio, siirediendo con menos fre- cuencia lo primero que lo segundo.
El cambio de ministerio trae consigo und miidnn/a de sistema, y esta mudanza depen- de d(í la voluntad del rey, cpie tiene el de- Hftcho de |)rc>larse o rcísistirse á los deseos de los cuerpos colegisladores; asi como la disolución de estos puede también aearreaf variación en la marcha gubernativa. Y nóte- se bien: esta esploracion de la voluntad del pais está sujeta á muchas equivocaciones, pues con los abundantes medios de influen- cia que tiene i'n su mano el minisleiio, ev muy probable (lue haga salir de las urnas electorales el fallo que desea. Teniendo irl rey un pensamiento de gobierno no se la puede inijH'dir que lo n'alice, si únicamento >e ha de atender al fallo de la mayoría. ya (pie escogiendo un ministerio de sn gusto, este muchas veces hará salir de las urnas la mayoría (pie se quiera. Verdad es que esta ix'gla tiene sus escepciones, mas lo cierto es qae la historia de los diez afíos que la Kspaña lleva de gobienio repn'senlativo viene ú conlinuar de una manera evidentír la verdad que acabamos de establecer. Kn todas las ('•[Mx'as se ha notado ipie la mayo- ría de las Cortes ha salido a |)oca diferencia ■ del color (jue el min¡>terio deseaba. Kn las del físintuto la mayoria era favorable á la • política de Martínez de la Rosa; las reunidas ¡Mir Mendizabal sostenian a Mendizabal: las^ convocadas por rsturir.. y que no pudieron- 1 congregarse á causa de lu n»voliici(m de l» (¡rranjn, estaban dispuestas á a|>oyar á Islu- riz; las constituyentes fucrou la espresioii de ' los autores do |a revolución, haciendo aljju- I Mi eeneesionea á Itf leorias piadas que dominan ca nuestra época; las de 1838 secundaban la política que se iiiau- surú después de lus sui:e:>4>s de Ara\aca; las de 4839, las del fiinioao abrazo, lendion á estrechar la alianza entre el podor militar y el partido ei^altado, y sabido es que dicho poder tenia ya la mano en el miníale río; las de iHkQ estuvieron en pro del ^binete ('asín» Arra/ola; las tic |8il en favor del • u^;)^^^vJ«^iuci^o de setiembre \ hasta en lus d»iMMT0'd»4843, después de tanta miseria y escándalo, lo^ró el ministerio sacar uo nú- mero considerable de votos (jiie balanceaban la mayoría; las actuales fueron convocadas Wf un ministerio de eoalieion, y de coalición lueron también ellas; ¿cómo se puede tomar ese medio cual seguro barómetro para apre- ciar el estado de la opinión pública? Si casi siempre veiiee el ministerio, y la conserva- ción ó mudanza de este depende del rey, el rev bara. presentar a dicba opinión bajo el coler que mas le agradare, siempre que él tcnj^a un pensamiento propio. La diflcnitad estará en < onscrvar compacta la mayoría, en evitar que lu ambición | otras pasiones, que fmitimfvéáíeñ set saÉHÜMhas por el minis- terio, ven.:.Mn n descomponerla; la dificultad Citara en doliacLiM" de una miñona que, Citando no puede vencer, al menos enlor- Min la marehia del gobierno y siembra la dísconlia y alarma en el pais; es decir, que la. diikuM^diLt^stara en consolidar un sistema, no eolnípeflii pevaleeer |N»r de pronto con Ja-ayuda de la nueva mayoría.
Tenemos, pues, que en el solo derecho du optar entre las Cortes y el miuislono vie- V0 OBvimlte el derecho de' gobernar, la ne- Cp.sid h1 (le que el monarca abri^íue un pen- samiento propio. ó de que cuente con jx'rso- uas en quienes pueda conliar acoose- jacse ea esas crisis ea que se decide de la marcha ftubernativa en loa pu&los dC'mas ^avc trascendencia.
.Andan las Córtes enteramente de acoerdo can los ministros, estos obtienen numerosa mayoría, no hay n> la mas ligera señal de desavenencia, el golpe que reciba el minis- terio lo lomarán^omo snyo las Córtes, y un doilitra que sufran estas lo considerará como propio aquel: ¿ pmde el monarca retirar al mini^lcnu su cuolianza ó disolver las cortes? La GanstitueÍMi está espresa sobre este pun- to; el Rey llene un derecho ¡odispulable á lo uno jáia. Otro*. «J&s cierto, pero á ello se opdMAll dámenos. Kslas prácticas ¿ son obligatorias? si ó no. Si >on oli.íatorias, tanto valia añadir á la Cunstitncion un articulo que diieaei « Cuando exista compleUi annonia entre mk mini'íterio y las Corles. el Uey mm prifir i ni disolver estas, ni retirar éaificl su cwibaiti. za. )» Si no son oMiga«ariH, st«e iMatt ái una especie de consideraeieB de bienfMMii cer, eslo es tan elástiea qne na sirve pn^^' petamos como es debido la buena crianza narlanicntaria. de (pie no deben desviarse los reyes; v asi atacaremos esas prácticas, manifestaiMio su shirazoii é injusticia. Iji Conslitncinn dice nue la facultad de hac^r las leyes reside en las Córtes con el Uey; et monarca es, pues, un verdadero poder Im gislador, qne cuando menos ba éo-éaHhím bajo este concepto i piales prerojrativss que el Senado ó el Congreso. Las Gúrtes tienen el derecho de declararse eontrs la eoMd«li> de los ministros, y aun cada cuerpo colegfe- lador puede muy bien votar en sentido con- trario al del oOo; ¿por qué, pues, el Rey no podrá declararse eonfra tas GdHsa^eoM^ tra el ministerio? ¿Qwé justicia ni equidad hay en una práctica que asi se opone á lo que está cspresamente consignado en la ley? « Pero no advertís que el ministerio («s el im»i presentante del poder real, y quien lo cu- bre con su re^Nmsabilidad;» mas esto mis^ mo indica qne el Rey ha dntnmr aabvn wté ministros una inspección inmediata, ¡nde^ pendiente de la de las Cortes, pues á nadie corresponde mejor que al prnicqval el saber si sns delegadoe eumpten sn mándalo. ra el mandato no lo tienen los ministros del Rey, sino de las Córtes que les comunican el pensamiento gubernativo espresivo de la opinión pública; » mas entoneas decid sin ro~ déos tpie los ministros no son ministros del Rey sino de las Cortes; decid que nada sig- nifica el articulo en qne ceneedéis at'nwÉa»* ca ki Ibenltad de elegir sus ministros; deetti que muestras prácticas parlamenfari?is están en abierta contradicción con otras practicas, endes sen d qne no siempn se rigne la «aM luttlad dalas Cortes, pues qnaiatá menndb se las disuelve cuando están con el ministerio. ■ r^^nitii^ Ademas, no hav razón aignnnfbrin el Rcv pueda disolver las ('orles cuando e»»« ^ tan eii lucha con el ministerio, y de esta fhcultad cuando reina completa ar- monía ciUrc eslc y acjiiollas. Kl disolver unas Córtcs que están reñidas con un ministerio supone al menos la sospecha de que uo es- presan la opinión y la voluntad del pais; y que pf)r tanto es menester apelar de nuevo á las ornas elertorales para (pie el fallo que de Ja votación resulte pon^a i*n claro la verdad ydeciíla I » contienda. Ahora bien; este prin- (á^ Mi|M II > la falibilidad de las cortes y la falibilulail de las urnas; ¿y por ventura esa fa- libilidad S(« convierte en infalibilidad por aña- dirse la ojíinion de los ministros, es decir, de seis hombres? Si pues el m(marca por si solo conoce que el país está mal representa- do« ¿por (\m no ha de |)oder provocar la erÍMs, cambiando el ministerio y disolvien- do las Cortes?
Por un conjunto de circunstancias fatales ha resultado una mayoría cuyas ideas políti- cas ó administrativas son altami^te funestas I á la nación; el ministerio ha salido del seno de ella, o por neirwiaciones con los fieíes del parlamento se ha adquirido el apoyo de la fracción dominante; entre tanto el \n\ifi su- fre males gravísimos, y le amenazan otros mayorcíí si continúan las cosas en tan fatal estado; ¿qué hará el Uey? ¿Se mantendrá «00 los bra/.os cruzados,' ó mas bien atados ron las practicas |>arlanu>ntarias. no podien- do relrrar su conlianza al ministerio poripie | esta sostenido por las Cortes, ni pudiendo disolver las Cortos ponpie son del ^uslo del ministerio? ¿Sera precisí) cpie contenqde inactivo, impasible, los males de la nación que le está encomendada. o «pie se absten- ga de consultar á nadie fuera de las (fortes o del Consejo de ministros, y qne preocupa- ' do pf)r la máxima que debe remar y no fro- bemar, hasta desoi^'a el diclánien de su ra- zón, el ^rito de su conciencia? Semejantes reyes fueran de esjwcic estraña: si esta es la monar(|uía, la monarquía es invención bien moilerna.
En la última sufiosicion es evidente que el Rey. promoviendo la crisis no obra ni por inspiración de las Cortes ni del ministerio; toma la iniciativa por un pensamiento pro- pio o suirerido por personas irresponsables: el Rey. pues, no solo reina sino que ííobier- oa, yn que ejerce <le molu proprio un acto que tiende á producir un cambio cu el go- bierno del país.
liemos examinado los casos en que so tra- ta de resolver una crisis disolvieodu las Cortes ó mudando el ministerio; veamos lo que significa ó s¡;ínilicar puede la fanmsa máxi- ma, cuando se la aplica á la marcha ¿guber- nativa.
\ms ministros presentan á la sanción real un proyecto de ley votado ¡wr las Cortes; el Rey ¿ deberá acceder cie}ramente á lo (jue se le pide? ¿\o podrá ni examinar siquiera el contenido del proyecto, para asejíurarse \x)r si mismo de que efrclivamente conviene elevarlo á la esfera de ley? ¿ Deben» entre- frarse sin res(!rva en manos de sus ministros deliriendo á su dictamen, con abnegación de la propia \oluutad, de las luces de su razón, de las inspiraciones de su conciencia? Cree- mos que nadie será capaz de exigir tanto: pues mcn, entonces el Uey no solo reina si- no íjue jíobierna, ya que en cosa de gobier- no, que es dar una ley al jxais ó dejar de darla, se conforma con el voto de los minis- tros y de las Córtcs, 6 se a|>arla de él según mejor le parece.
¿ Puede el Uey asistir á los consejos de sus ministros? Creemos que no solo puede sino i\W' debe iuicerlo cuanto le sea posible, pues que t4)das las reglas de prudencia están diciendo (|ue o\ aconsejado delw* oir á sus cons ajeros. El sentido común de t(»dos los homlH-es elogia la asiduidad del monarca que se toma la pena de asistir con frecuencia á los consejos de sus ministros; y cuando se quiere señalar (jue el negocio era de impor- tancia,.se hace notar (pie asistí») el Rey. En el C<0sejo, ¿le será licito al Uey o|M)nerse á la opinión de sus ministros, combatirla con las razones que se le ocurran, ¡lustrar la cues- tión como meior entienda, y procurar que {irevalezca el dictamen que crea mas acer- tado, aun cuando esté en contradicción con el que sustentaban sus conseieros? Es evi- dente que si, V entonces el Uey no solo rei- na sino que go))iema. hasta el punto de ha- ber comunicado á los ministros el pensa- miento que le era propio, y logrando que estos.se conformasen, y refrendasen con su firma los proyectos ó decretos que se habian de adoptar. '< Pero nosotros, replicarán lo* partidarios de la máxima, no intentamos convertir al Uey en una estátua; no le de- seamos imbécil; no pretendemos que no^ pueda ilustrar á sus ministros; y cuando de- CÚMW que el Rey reina y no gobierna, no* nos proponemos arrebatarle esos gloriosos triunfos que nos acabáis de presentar, ea que por medio de la discusión prevalece l», CIA' de sus.
4 iW^iSÍ'iíffS'Hel monarca sobir la ¡nt<»1i{íett- us coasei^ros. |)esde que estos se jtla, V reconocen por crracto pI dictámcn á (ffif* n^f**'<'í»f ¡nrlinnban. (lt»HÍe que ellos se nresenlan i\ cubrir eon su tiriua respopsable iA"ltív»olaMe^^ perwMia dl»l monarnt^^jfá son <'!Iov Ids,p\r- «rohirrnan, no ol monarca.» Mas iMilonccs no advertís que vuestra niaxiqu6 Ibs miflltlMs 'n—.i it^^n los decretos ]iará dejar culuefti It- Spbnsabilidad real: no advertís que se! ita vuestm máxima desde el inouicnlo que a resultar. Nucreeiuos quu haya siquiera laHÜHifaftr á I0 trae ékk' espr^inente eoii«*i ta de semejaBit Mire its ' stgnádo en la Constitución, y que por lo - ' '""^ " '"' " mismo nt> Inibia luiOiiester uKeriore^ adara- - Diéle á'la' étiesllon tos vueltas que que- ráis: no saldrci-í del laberinto en (jue os ha- lláis metidos: o devorar absurdos, ó anular la máxima. Os hemos probado que el ponsa-- miento personal, del Rey puede convertirse Kl viaje de 8S. MM. qae«tí auuw»»! müy prástimó, bien que noae ~ certeza si ha de ser a t-atalufia ó a las pro- vincias VascoDKttdas, lia iiainailo estos dÍMk la ateooion de la pratsa, if >hMtfti IniihMíI lugar á indicaciones que jcf etobm alg«É<W n'celos soimí los daños que de él pudietatt "iiTiSiiBif "iiTiSiiBif en frohiernn con sola la formalidad de la re- frendación de los ministros; 0^ hemos pro^ bállo^qve fH ké mmifllrosiiotfe oostreacen el Rey está pemiadido de iimyvhn en^dos, ¡Hiede retirarles su confia nra y elegir otros «(«e estén de acuerdo con el, y hagan pre-' vnkieerul fwisafaiienio que cree mascoave-' nienle al bien público: 1 que se reduce, pues, lo del Rey reina y lui LMi!)i(>rna? IJircis f{oe en ambos casos, ya se convenzan los ministros ya sean reemplaiidos por otras de 1 ilifcri'nfc opinión, el pensamiento ^'iibeiiMh' tivü del Hey no podra realizarse sino pur emir dwl» dcR ministerb; pera estoü» sigaificar oM cosa sino (¡oc el Rey no puede quehran^- tarlas leyes fundamentales del pais, que no el viaje dr SS. MM. no ofrece bajo este a*-* puede prescindir de los tramites que., ellas. ^ pecio luu^un peligro; y |ioc.lo tecanle a,14i seftalani no puede Cédanme absoialo-'f • coiiserva6io»«e> la traaqnilidad en-Madriáit viaje de 1840 y del de 4844: entonces ihaa SS. MM. aponerse en manos de uii general (|Utí huhia maoitestado hieii u las claras sus miras ambiciosas y su alÍHnB'<on le#i partidarios de una ri'xohicion que cambiase a hiz de los ne¿;ocio&; ahora dtmde quierv que la Reina se dirija encontrara uu ejercito <|uc acaba de darle pruebas de la. ama acaÉa arada lealtad, cond)atiendo con la mas hizan^ ra decisión a cuantos han intentado pei^i bar ai orden publíao: raceatos estabaacoaieazaado va la revóhidoBi coa isus protestas. es]M»siciones y otras nía**- niflstaciunes nada equivocas; ahora; nieroedk á Ih- annra ley y é las- particulares cinmn»*» tanciaseuque s{^ haBfVéñficado las eleccio- nes, las municipalidades, lejos de ser uh elemento de disturbios ni de embarazar ea nada la acción del goMuno^ le - apoyariga cuanto les sen posible, y contribuirán |M>de- rosamente a prevenir nuevos trastornos, ai> dea^lfaéiadaníepta habierR^iiodairia ^íab arrojase á promoverlos. Parece, peas.
y mandar sin sujeción á nhiguaa traba. Y para lle^'íír á tamaño resultado no era preci- so escogilar una maxíiiKi nueva: las consU- taoleada modernas están, mar éktpUoítat so-*i bre esto pnrtictilnr. y;uin en las monanjuias alisolutiis uoacoslumbraa los reyes á olvidar- iB«lde tasiltaalidadea eslablécidaB por ley - é^SBtnmbie; no acostumbraa á faiaadar bajo. aV'bolé fmnn. nlcir.mdo \\fív razón su volun- tad. Pqro va este articulo va tomando sobra que es lo que debe llamar principalmente la atención, fácilmente se ecba de ver que ])nra ello no se necesita la presencia de las reales personas. á Sepm noticias, acompañaran a S. M¿ to- dos los ministros escepto el de 1 lacteada, lo> que facilitará lá rapidet del déspaofeau-'S! mm paiaise el $;obierap«de laicapilal lotttlMiBfi Jiro cónsiiío altriinos inconvenientes v em!)»* razos, utas no cruemos que uslos d^hau pe-w* d#ife8lbBSíon { V asi reaenramos -para eli si- lj aar maa eñ Ja eanajdaaMiaa da vaa palttiap glrieate'elacaf>ar de reducir empolvóla famo-; previsora, que el gravísimo de tener (|uc sa málíitna <píe ciertos publicistas han tenido es|)erar al^niiu.s correos [lara la piiídicacio» a bien añadir a las constituciones roudernas,<. deuua providencia, \m uuiUvo de uo hallar- yérnt^émUf^y t— uataKa* v.» «n.s..!p8eaDladaudadl<ill?'
1 1 pu< i en que la (liiuciun ile seis u ociio (liaü traurui |)erjuiciu.
Vniilajas pivMMUa lic iiuk Iíu impurUincia ^ l>rri\ i> -luilu viajo, y ias |>rcü«utaru uiucliu ilii >i SS. ÁIM. no se liniiU)!»t!ii a na puiit» (ic Caliiluña o de la$ |>riiviiii JiLs y^yi^ «llMi;:a(iiis, y apntvt'cliasun la oporlim ' ptra viMiur olías prouiuias, u rct. OMUidü menos aquellas a que t>c dirijan. Hay co la cxn le UD aniUieule lau espeso y malo, W^i^'oipai) (le lal iuoilo eu ella lodos ioi elé- venlos dañinos, que es poc4) nienus que uer. eesario el salir de aquí para eonucer la ver- | dadera K>pañ<i; esa Esiiafia que pa^a, sufre \ ' 'M ' "^á t>paña a la cual se hace >ervir ;e a la tuas desap(»d» rada ambición N •i -MMilremidíi «-(xlieia; esa Kspaña a quien ÍLrastorna lodos los años para mudar de Dieruo, y (pie no co^'e euniiinineiile mas to ((ue ttumenlar sus padeciuiieulos. Asi creemos (jue es muy conveuienle que la Kei- na oii^a la verdad de Ixiea de los mismos pueblos, y eslo se lo^na liarlo mejor cuando para lle^r á la real estancia no es preciso airavcsar espaciosos salones, ui observar lan rigurosamente la diquela de la corlu; cuando llenen la lionra de acercarse á S. M.
mudeslüN ciudadanos, que por vivir ea oscura medianía im dejan de conocer me- j<ír las verdaderas necesidades del país que HPchas de l<l^ (|ue se apellidan hombres 4i. gobierne».
Lejos de lemer el resultado de esa comu- uicaciou luiiiediala de los pueblos con la Hei- oa, la deseamos ardienlemenle; |Ktrquen(i> duele el (|ue la verdad no llegue luda entera a sus oidos, y opinanms <|ue hasta que asi >c haya >eril¡ca(l<i uo se puede hacerla feli- cidad (k la nacitm. Si los clamores del pue- negasen ha>ta el Irono sin <]ue los alu^- el conduelo de los cortesanos, no se riau uiedidas desateuladas que de muchos }s a esla parte estimios prct^nciando, y le lejos de ser bien recibidas en todo el ambilo del reino, como lo ase^iuraran a S. Al. los interesados en promoverlas, causan una iiiywxjion sumamente desagradable, y es- parcen |)or <l(»(jui('ra el desconteulo y la in- quietud, preparando para mas adelante de- MSlres sin cuento. El sistema de viajar los reyeg visitando a sus pueblos, se va eslen- dieodo cada día, y fuera de desear que se ge- neralizase nuts y mas, haciéndose una cos- tumbre re-spetable á que no se fallara nunca.
Fácil es conocer que £n efeclo; si atendemos á la cnsciinnza de la bisloria y de la esj>eriencia, echaremos de .ver que. las grandes calamidades que han aíli^Mdo á las naciones \m causa de un niid i,'obM'rno, no Iwni lenido cumuniin n!" -^w oríuen en la II 'untad del móii, no en las mañas d« uo privado que se mler- poiiia entre el rey y el jjueblo. Se consumaban los maj ores alentados,_sc ejecutaban las mas injustas veji'ciones, se dilapidaba escandalosamente la hacienda, se labraban inmoa^as Ibrtnníis á rosta riel K ra rio -público, hñi- lecia a la nación con h» dependencia de ga- binetes estranfíeros; eu yua palabra, el pais entero se habia becbó el patrimonio de una pandilla nula y c<irrümpida, lys oueblos pa- decían alro/.mVnte, estaban profundamente indignados, «piizas las iniddiciones de U de- stísperacion lleiraban ya á punto mas alto que la cabe/.a del privado, y entre tanto el rey nada sabia: rodeado de'una densa nube dé mentira. formada por la penereidad v la li- sonja, creía buenamente «pie sus subditos nadaban en la abundancia y en la dicha, y que no era posible caubiar la dirección de los neiUM-ios sin acarrear al pais perjuicios inmensos.
.No se nos di^'a que ahora, con el gobier- no representativo y la libertad de imprenta han desaparecido tamaños inconveinentx^s: a los puebbis se los oprime y veja con dis- tintos lunnbres: no siempre la lirania se pre^ scnla ostentando faz sañuda, lanibien úabe. cubrirla con mascara eiifiañosa; y sus Ibr- luas de hiern) no son menos duras por on- dear.Mibre elias el ro|>a^e de la libertj-.d.
Desearíamos. pues, «juc asi la lleina cor mo lospueblosaprovecliasen eslaop<jrlunidad para poner.se en comunicación inmediata, y (|ue el pais uo dejase pasar esta escelenie ocasión par» elevar al trono sus necesidades y los medios de satislacerlas. ¿No se procla íiia la soberanía popular? pues consúltese la opinión y la voluntad del pueblo, del vcrdft- dero pueblo, no de ese pueblo (|ue hace tan- tos anos se nos presenta mentidamente, sino de aquel que en sus ideas, sentimientos y costumbres conserva todavía la rectilud y sensatez españolas; de ese pueblo que no quiere medrar en las revueltas, (pie no soli- cita em|)leos, que vive de su trabajo y no del Erario, que se enriquece tal vez con los ahorros de larf?os aíios, pero que no conoce el stnrrelo de improvisar fortunas: cuando este pueblo se baya consultado y se ol»n; ecH&fomie á sus deseos, no tendpcaos que átalpétitiiiios de qtie d trono, acercándose- le, haya provocado la manifostiicinn de la Toiuntail Mcioual, v puesto eu provechoso ^/uwiAhtobermíapopuUir. ■ II SSTSEU.710 OOBIIBUL tentamos que los grandes intereses de li nación no sean sacniicados á ios capridu» de tin Triido; que los graaies negocíM^no sean manclMios por manos ¡ndi<rnas, <]uc los hombres de estado llamados a aconsejar al monarca no se hallen contrariados a cadt tanto mas daño cuanto se cubren con un manto augusto. Ué aquí lo que entendemos si^'nilícar: desechad si osáis esta doctriiMi, que es la doctrina de la razón y de la jasÜ^ cia, un principio tutelar de las irtH ciones, que es vma réjala indispensable pttM un buen gobierno, que la'lMÉÍIl oéil causa de la lealtad contra la perlidia, de «ik (■(mdiicla aliierla y legal contra manejos dé curo» y detestables, de los \ erdaderos liolfe brQ9 é6 68lBdA coDtni M oortiÉMnNF'iMif* gantes.»
Si no fuere otra vuestra inienciuu la iinCÜLO IL ¿Y es posible que carezca de fentido una nMM tm pMéeradapor dertOBpibM tan proclamada en los parlamentos, tan in- culcada á los reyes? ¿Es posible que no en- j Tueh a un signiticado que aíkida alguna cosa | aplaudimos sinceramente; si ¿ esto se redo-- á lo que está espreauMate coungiiado en | te iniéstra teería la almuMMM es m IMi^ lidad, y la defenderemos vigorosamenii contra los que la impugnen: porque 'M sustancia no es mas que la prodUMMiliidt q«e -iiMf tltoe negocios deUBBMlé Mfeft Mh tarse ron moralidad, con gravedad, con tnleligcncia y tino; no es ms que recomenla Constitución?
Sí bien so atiende á los comentarios c<hi ^e suelen ilustrarla los constitucionales imros, se advertirá que fundan príncipaU mente la necesidad de sostenerla y aplicar- la, en el peligro que amenaza continuamente é ti Mbertad^e k» mieNoeporlt influeneit I dsr al momita que se Kaísétét^ 4t'las camarillas. «El rey, dicen ellos, ro- deado de cortesanos, muchas veces de da- fiada inlcncion y casi siempre de ambición desmedida y dé calidades de poce viler, está espuesto á ser victima del engaño y de la perfidia, por mas puras que sean sus in- tenciones. Si no le sometéis á una especie 'dÉ vigilancia parlamentaria, sino comeuaíi j)or alejar de su lado las influencias con- trarias á la libertad v al bienestar de los IiímIiIos, d no eslilwccit el principio de m» e|i nn siatena rapnaonMivo no deben llegar al monarca otras inspiraciones que las de los cuerpos colcgisladores y de loscon- «jeme te^ponsablea, loe negocios del Bata- do se convertirán en intrigas de córte, y en ver de prevalecer en el gobierno la opinión de ios hombres mas distinguidos por sus ta cion, que no tome consejo de Ivombrti fi* llanos, que para ilustrarse en los dificile* asuntos de gobierno recurra a los sabios, probos, dMmteresados, que hayin ÉmA- tado con obras su lealtad al monarca y su* deseos de labrar ta felicidad pública ^eae hayan adquirido con la espenenafat vIM negooos na eattocimientós yel táotoqne necesitan |>ara conducirlos con acierto.