SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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t/Hl;)s parles, os preciso que se debilite y al lin perezca, por ta misma ley que eofenua- rla y moriría un individuo, si manCiivieni su cuerpo siempre en una mi-^nn posicuNl, y en una atmósfera rcdueida y aborda?

i0e e^ta manera han conseguido que su caUM haya perecido de tal modo, que ni si- .l|n¡era se le ha dejado el ti<mf)r de sucumbir eu una batalla general; decisiva; nada de eso; siuo qne se ha disnelto, ha muerto de gangrena; y al presentarse fugitivo D. Car- los en!>ai< esfrangero, no ha tenido el con- suelo de hablar aquel lenguaje (]ue enno- blece la desgracia oe una gran derrota: «la ^Mieiie de las armas me na sido adversa, »be visto perecer á mis valientes en porfia- •dlo combate, y vengo á pediros un asilo en •nombre del infortunio.» Que no hasta, no, pnra encubrir el ví^nlndcro aspecto de las co- sas el llamar traidor a Maroto; pues que si no hubiese hibidomaeha predíspoMeísude áii* mos, sí el mal no hubiera tenido raices muy fírofurKÍas, no hubiera este general podido levar adelante sus planes. Medio aquí sin duda el pltn de un hombre; plan llevado ¿ cabo con uña audacia increíble: pero medió jUmtbien algo mas: el germen de muerte es- tibo entrailado por la misma naturaiesa de las cosas; de otra suerte, ¿cómo se esplica el que en 22 dias, casi sin una aeeíon, des- ' aparezca un ejército de Ueiata md aguerri- ilos combatientes, apoyados en la opinión del pais, tan rlrcidida por espacio de seis años, atrincherados en pkzas de armas, en fuertes rsspetables, en posiciones y cordi- lleras inaccesibles, y todo esto teniendo ¿ su frente á su rey, protestando contra In tmi i'Áoü del general, y escilandoá los soldados y á kw paisanos é eonttnuar en la lucbaf Ks menester confesarlo: los consejen>s de D. Carlos han guiado muy mal á este prínci- pe: ellos le hicieron olvidar su verdadera po- Mdon; etk» quisieron que fuera un rey, cuando no crn ni'^nester i\u'' figurase?inn como el primero de sus soldados; convirtie- ron en corte lo que no debía ser mas que un «uarlel general; sobrevinieron las intrigas, (Oinhiáronse también ministerios, mudóse repelidas veces de política, es decir, que en ima causa que por sus principioet por sus elementos, {K»r su mismii posición, tenia ¿ ia mano el medio mas (loderoso de victima cual es la unidad, se iuirodu^ el cisma y la das laseqsas al estremo. conoibid Mareto^ plan mas osado que pudo caber en cabeza alguna: abno la escena en Esl^ y la cer-^ róen Vergara. i' * Pero aun<|ue sea verdad ouc los repre- sentantes de un principio no iiayan sauido Henar la misión ({ue se les liabia encomenda-' do, no se si^^ue (pie elprineipio ya no exis-* ta: podrá perder fuerza como prinripio poli- tico, es decir, en cuanto era el apoyo de una determinada fama de fahiemo d se propon nía entronizar una familia; pero como prin- cipio moral v social, el prineinio vive ann: es el mismo que lia cornl>atiuü siete aíios; aun hay mas, es imposible salbaurle, por* que está arrairado pmfiirulnmrnfr en el país, y sus ramiií( acioi>es son estensas, su con* tcstura es robusta, y es preciso respetarle, haciéiKblc entrar con justas moditicadanes romo un elemento írol>ierno. ('onviene no hacerse ilusión con la vista de grandes e}¿&* cHos sobre las anuas, de eaudillas iluslisi 3ue marchan á su frente; estos ejércitos se ¡solverán, porque política y economit^njen- te es imposible su duración (>or largo tiempo; esos caudillos pasarán también, ó bajarán al sepulcro de aquí á poms años, o reducidos á su vida privada, tendrán en los negocios pú- blicos la BMin inflaoNinde aiadaduM A»* tinguidM: mwm palabra sean cuales fueren los suce«tos que por de pronto se verífiqtten, pasado cierto tiempo, la suerte de la nación espafiola ha de quedar eneanmndada á sus leyes y á sus instituciones: v;ay de nos- otros! si no acertamos a que sean bástanle sabias y poderosas para llenar tan altos tbjt^ ^ tos á que debmi estar deslinnáUi l a i-'»T<»rra que acaba de terminar era pro*» fundamenie social y política, esta es una ver^ dad que con?ieae nmeho no oNidar |Mra adelante; y que se ha presentado mnv ríe bultf^ on todo el curso de los sucesos. Por esta causa un militar, que no hubiera sido mas que militar, no babiia serrido' ^nnr nada; v así es qnc hnn sobresalido mns aíjue- ilos mílitaOLque al propio tiempo lian sido mas poHtMMT - CAPITULO H Cuando »e contem^a á esa nación grande y generosa, tan agobiada dn I ' ' "Itlknta (le encuiiti-ar el verdudero cuiuiuu qae la conduzca a la felicidad, o que al me- nos le projxjicioDc aljíiin descauso y reposo para cicatrizar sus heridas; cuando se oye Unta f^teria de partidos que st^ dispulan el mando, el rugido feroz de las pasiones pro- vocando discordias y sanirre; en medio de taiilti desurden, pre;:unlase a si mismo el ob- servador: ¿quién se encar/jará de sacar á puerto esa nave tan contluilida? (juién reor- icani/aréi esta sociedad disuella? ¿serán los iHuiihres, ó las instituciones? Ks menester oolar, c^ue median en esta parle diferencias muy capitales: tiempos y circunstancias hay en que las mismas instituciones ^uian á los hombres; |>ero también hay tiempos y cir- cunstancias en que Uts homl)res han de guiar las instituciones. Esto úllimo se verilica des- pués de una revolución, porque entonces son (as instituciones demasiado débiles; y des- graciadamente nosotros nos hallamos eu es- te caso.

¿Y quienes serán estos hombres, y cuál hi de ser su sislema? Creen algunos (}uc han formulado ya un sistema de gobierno cuando han pntnunciado ('onxíitiu wn de Ik;í7; ma- viiriiD iite si pueden añadir el que se desen- vuelva la Constitución cimformc á su espíritu y hasta sus ultimas consecuencias. No ne- gare que en cierto modo tenga la Constitu- ción su espíritu propio, y que puedan seña- larse algunas consecuencias (|ue hayan de mirarst' como suyas; sin embargo para con- vencerse de cuan general, cuan vago, cuán inútil para la práctica es todo esto, si se con- sidera solo y aislado, l>astará observar que la Constituci(»n es de sí muy flexible, pro- piedad que aunque en cierto modo pueda mirarse como una perfección, no deja por ello de hacerla ca|)az de servir para cuanto se quiera, si no.se echara mano de las pre- cauciones necesarias. La ley electoral, la de ayuntamientos, diputaciones provinciales, libertad de imprenta, milicia nacional, de- recho de asociación, de |>cticion y otras mu- chas, son susc*eptiblos de arreglarse sobre intínila variedad de bases, sia Uxar en lo mas mínimo a la Constitución. ¿Y quién no repara en la inmensi escala de esas gra- duarinnes? ¿quién no ve qui' esta escala com- pri'nde desde el sLsteina del Kslatulo Keal nasta el de la Constitución de t8t¿? Entre- gad la Constitución ai Sr. Martínez de In Ro- sa: y sin fallará su juramento, sin quebran- tar DI c«catiiu^r la Coublilucion >i^uic, se valdrá de ella para conducir la nación al sia- tema del Estatuto: entregadla al Sr. Argue- lles, y también sin ser quebrantada la Cons- titución de <H;n, veráse la nación conduci- I da al sislema del año \ 2. Esto no tiene ré- I plica: y si se quisiera una prueba mas de la ' verdad v exactitud de estas observaciones, ahí esta una muy |>alpablc v reciente: lo» debates del Congreso soiire ía ley de a} un- I tamicntos.

indica lodo eso cuán escaso significado tiene la |>alabra espíritu aplicada á esta ma- teria, pues cada cual la interpretará á su mo- do: lo mismo puede decirse con respecto á lo que.se llama con.secucncias, pues quo siendo estas tan várías y tan opuestas como hemos visto, equivale á decir que necesa- rias y determinadas, no tiene ninguna.

Pero (jué, ¿ no hay en la Constitución algún principio dominante? ¿El monárquico 6 el denuK-ratico? Los moiián|uicos dicen que es menester desenvolverla en un sentido monárquico, pues cjue el principio domi- nante en ella es la monarquía; pero los de- [ mocraticos res|K)nderan que es necesario desenvolverla en un sentido democrático, pues que su principio dominante es la de- mocracia: y si se les piden pruebas de ello, sabrán recordar la épwa en (pie se formó, los hechos que la precedieron, el origen de las córtes constituyentes, v sobre todo las opiniones políticas de los liombres que la formaron; iHxlrán decir: « nosotros somos I deinocráli( US, nosotros la hicimos, ¿cómo será pues |M)sible que la hiciéramos monár- quica? Eso hubiera sido abjurar nuestras \ ¡deas, derribar nuestros sistemas, dar jior el pie á todos nuestros planes y proyectos, reducirá la nulidad nuestro ()afti(lo,^ en una I (>alabra, suicidarnos.» I ¿Quién resuelve esta cuestión? ¿qnién ¡ termina la contienda? ¿cuál diremos que es I el principio dominante, el monárquico ó el ; democrático? Si he de hablar ingenuamente, I diré que ninguno; aml>os están en combi- I naci(m, ambos entran en cantidad conside- rabie, ñero ninguno domina; y según sea el j curso de las cosas, podni desenvolverse mas j órnenos eno ü otro, y desvirtuar á su ad- versario. Esto á primera vista puede paré- is cer estrañu, mayormente á aquellos hombres I ¿ (luienes no se les cae jamás de la boca la I palabra de teorías constitucionaies, y que ha- l)lan del tíspiritu y consecuencias de las cons- > lituciouea como de cosa delcruiiuada, ma.

incapaz de tornarse en diferonles sentidos; pero nii' parece (fiic hay en esto una equivo- cación ¿írdve, que resulta de n(» comprender á fondo lo que son las roriniis [Mliticas: y de no distinguir países, tiempos y denias 'cir- cuustancias. Suele llamarse ley Fundamental, laque (lelenniua las lornias pnlilicas; la pa- labra fniulanuntíU induce á algunos á creer que las constitm ioues son lo nía* fundamen- tal que |ja\ en un j)ais. No pn^'de ne^rarse que con rcs|»ecto á las instituciones civiles, son las formas |M)liticas un verdadero funda- nwnlo: pero estas á su vez han de ascntiirse sobre otro cimiento formado de aquella masa, digámoslo asi, en cuya composición entran las ideas y costumbres del pais, y aquellas inslituciíuicH (|ue por antonomasia se apelli- dan sociales.

Aclaradas estas ideas que son de la ma- yor imi)ortancia, si alijo se ha de entender en estas materias, pasare á observar la di- ferencia qu»! debe mediar entre paises y paí- ses, y entre tiem|K>s v tiempos; y dé esta iianera quedará maoilícsto cómo es que una constitución que er» un pais pudiera decirse que tiene un espíritu fijo y acterminado, en otro le teñirá sumamente vario, ó mejor di- remos indetcnninado y vaiío. (aiando una constitución es antigua, se halla en armo- nía con las ideas y costumbres del pais, con las instituciones ({uc se llaman sociales, y con las oirás que se denominan civiles. Co- mo es evidente que en todo este conjunto en- tra la ori^anizacion general de una sociedad en todos los ramos, v tanibien las opinio- nes dominantes sobre las materias de interés síK Íal; es claro que encierra mucho de de- terminado y fijo en las ideas, mucho de apli- cado á la practica; y entonces es imjwsiblo que no se pueda señalar un principio domi- nante, un elemento que entre en mayor can- tidad y fuer/.a, v por consiguiente un ca- nicter propio v distuitivo de aipiella socie- dad. He aquí el espíritu de su constitución, el cual no será otro que el mismo del pais; ponpic allí, como to(Jo habrá nacido de un mismo origen, todo habrá nuirchado en armonía; ó si es que allá en tiempos antigaos hubiera habido violencias, cho<iues y hasta catástríjfes, el transcurso d<í los años habrá borrado la huella de las antiguas di.scordias; y calmada la efervescencia, olvidados los rencores, \ aquietadas las oscilaciones de los antiguos sacudimientos, todo estura a nivel, - todo en ecpiilibrio, (K-upando cada cosa el I lugar que por su naturaleza le corresponde. ¡ Pero muy al revés suceile cuando una cons- titución es nueva, porque entonces hay <|ue ' dis'ptmer el suelo mismo.sobre qi«e debe ii^riii nse; > ademas es menester ponerla eii prií;)orcion y armonía con lo demás, (lue por su naturaleza debe estribar sobre ella. Puede suceder «pie las ideas y costunibres de un pais y sus inslilucion"s, se hallen en estado muy diferente del de otros países, on que haya constituciones más ó menos seuie- jantes; y entonces crece la dilicultad de ati- nar en el verdadero punto para c(»nciliarc.s-> trcmos opuestos. P<»r(|ue si se (piiere aco- utodar la constitución al esta<lo sin-ial del. l>ais, parecerá cpie se la falsea; y si se le (piiere dar un desarrollo coníorine al estado swial de otros países donde hav constitucio- nes semejantes, entonces se chocará con la sociedad, y serán inevitables males de la mayor cuantía.

Aun cuando los gobernantes penetrándose! de los peligros qoe siempre llevan consigo aquella innovaci<«ies, que esleu en oposi-^ ciou con el estado de la sociedad, traten de- ceñirse esclusivamente á la parte civil y ad-; mínistnitiva, estendiendo digámoslo así. solo poratpiel lado los electos de la constitución, y dejando intacto todo lo relativo a materias' propiamente sociales, no se evita sin em- bargo el riesgo como á primera vista pudiera' piávcer. V esto no es solamente por el rocft que tienen con las materias sociales las civi-^ les y administrativas; sino, y principalmente, porque tal es el estado de las ojúnioues. qufr lo que para unos es puramente obji'lodc leves muy secundarias, es en concepto de otros», profundamente social, y de la mayor grave-» dad e importancia.

No.sera difícil encontrar ejemplos: el arre-» * glo del clero es en concepto de algunos, obje- to (le una lev secundaria como otra cosa> cualquiera; según ellos no se necesita maít que calcular el número de ministros, la dis- tribución de parroquias y obispados. la do- tación del culto y clero, todo conforme a las< necesidades del país, y en armonía con las» ÍMtitucinnes políticas y civiles: sujetar estos datos al examen de una comisión, formar uní provecto, hacerle pasar por los iramiles de. las leyes comunes, y obhgar a somcii i se al nuevo arreglo, tanto al clero como a los pue-i blos. Cosa |>or cierto bien sencilla; ni mas, ni meniH (pie (piien arregla el sistema mu- nicipal o cualquier otro ramo: y sin embarga \m hmbtmsseuíia^oéi,^^^^^»li ik^m mas aito ij se hade resolver ett España: armnizarh glosas, están acordes en que no se pncde andar por ese camiao; y loám los hombres TeidadoEamente calóiicós están luUiitamcDle fmmüétm^ádq» ottfifoceder aeawjinie MriB«Wi atentado saeriie.^r> cfMilra <>l snnttm- rit.;y si.iMoastetf fuere, t»<tl»riaar arrostrar h ptrwnoíi» CAPITÍÍLO X.

sbones qm wtémwKm- wyBdo lie M con cieiiiia.

-Auu liay luat»: hciuo:» vislo ya repetidas VMM ditMiiiic la famosa oumIíoii tekin diezmos: en sentir df inins?olo se trata de tma^tribueKHi, el problema es puramente oüÉéMieo i y nuy lejo»^ de levantarse i tal aliiuii, -que pueda rozarse coa loe granintereses de hi sociedad; jiem a jolrio de utxo6 uo se trata nulamente de una conlri- himm\ fiim ^oe no^aura» el diemo eeaio tal, sino romo verdadera propieilíul; no es OKStioQ purauiüule económico. sino (|ue es altamente política, religiosa y lot(al; como lyue ademas de roxaráe oon él sistema de fonlnhtjriones, enlíkase ron el sagrado de- reclu) de ¡>ropiedad, con las ideas religiosas.

Todo cuanto llevo espuesto sirve á demofr* sonelenM i'ibspo- trar lo critico de nneslra postetott; pues ma* nitíesta que nucstraí^ instituciones no pueden í^uiar á nuestros hombres, sino que estos han de guiar ¿ aquellas; resultando de aquí que pueden ser nvydiferaiiles los camiBoe t\út sipnmn^, so2un lo sean los sistema»* quCi, sirvan de norma á nuestros ^bernant*^} y* c|ae están esos sbtemas distribuidos 'en ona: inmensa escala, sin que pueda decirse que. ninjíiino de los srtdtisde ella se baila fuera I de los bmites marcados por la Constitución. I Ahona se ha deselHilarel punto de esa es- cala. Si' ha de fijar la graduación, y esta es la causa [)or({ue los partidos procuran coa tantos esíuer/os apoíícrarse de la dirección de los negocios, para desenvolver cadaottal In Omsllliicioii cottfnrnir' n respectivas ojxatoues, y á propósito de sus miras. La mmits leyes cMiéiMee»yeívíles, hasta eon-el I nave ha de'haoerse á la veta. Km rumbos derechodftgrates, á causa de ios concordatos, 1. que pueden seguirse son muy diferentes; qwe -i se ioa-quiere mirar flespojados de todo j ¿quéestraño, pues, que cada partido quiera ser el piloto? íniiérese también, que nos ha- • llamos en aquellas eircunstancías en que se.

necesitan mucho los hombres, |>í>r(|ir(' no bastan las cosas: y esto es cabalmeole lo. que presenta mas triste y nebuloso el poiH ¿(Jué les pedirerims á los hombres, cuando si ellos nos respudeu sinceraiueotu, habrán caraetofNwMgtaso^ aJ menos se les babra de 4MMiÉMPir cerno InlsieÉ eiMfe iralNeffiiO'y gobierno. Por minera que cuando iinn ron- j suUaró ónieaiucnte obras de economía |>oliti- ai4 otro revolverá ios códigos civiles y ecle- siásticos, preguntará á ios jurisesoflullos, «tudiará el derecho de gentes, examinará b.foe vate la palabra propiedad, y hasta,. r, pimi ásn-toefuaon que^lediga lo que se ll de confesamos que son tan insuficientes, y «■tiendo ¡mr buena fe. ' tan débiles como la- cosas? ó si no, ¿dónde He aquí cómo unamisnra cuestión puede;| se hallan. en que Ukis seencueulran, á qué ler colocada en moy diversos terrenos, y il partido i>crlcnecen, los que {Mseen el pea< ' ' bajo aspeeloV'mny diferentes: hé |l semiente poderoso, capaz de dominar tan»-.

ñas circunstancias, bastante l)eni'l!Cfi ])íh?i curar nuestros males, bástanle fecundo para producir nuestra prusperidad y Entura? Revolucionarioé;, progresistas, moderados: tales son los nombres de que se j^dorian, ó que se dan unos a otros los partidos (jue en la aotnalidad se disputan la arena, dejando- aparte los npndov roo (fiir sr motejan. En esta serie de nombres <^ue si^^iücan los par- lo que dará niucbo que enli>nder á todos los i| tidos principales, podrían infercalttM- more aquí como lo fjxif n^ra unos será únicamente ojueto de calculo, o cuando mas -de oporlu- ainai y prudencia^ será para einw objete de política, de religión, de alto derecho, de buena fe: h»* a»jiií la demostración mas con- duyeate de ios gravísimos riesgos que hay. da eancter errore»«rtiy funestos « atacando el corazón de la sociedad cuando soln parecía locarse á su sii{)erlieíe: } be aquí iinabiente filíéofbs^ ¿ todos lo», politíces, <á IcmIos los liomhrí*?! He estado ^110 tinten dfe resolver el pcohlenia €{«6^9 tanta urgencia y.apremño chas otras «^nominaciones, (^uo espresan varias c'fisfs en (^no se siibdivtdecada uno dfrcllosi subdivisión que no es de estmñar, p¿HUé té etdestado deiat eoms, y de tal | modo se han debido rraccionar los partidos, I 3ue no es de admirar (}ue se haya jiresenta- | o á la ves tenia vanedad de matices. Al principio de mustra revolución, es decir, dtirantc la f;uerra de ia independencia, por j mas que á primera vista no se descubrieran i mlt' que los do6 (urandes bandos de rea- j listas V liberales, no (Irinhan vn «le divi- sarse los gérineaes de uuevas divisiones; i gérmenes que para m -desamóle, ado e»- | peraban la acción del tiempo. Andando este, se han ido presentando las subdivisiones, hasta llegar al estremo, de que asi como hombres que ae glorían de pertenecer al j partido de la monarquía pura, representan sistemas tan direrentes y tan distantes, como, el del obispo de León y el ^ Cea Bermudei; | asi entre los liberales,'aiin timitándonos á los i que Hí^iiraron desde mucho tiempo, y a la so- la ciasilicacion de progresistas y moderados, i ae ven opinionea tan'opnealaa como aon las I de ArgUellr'-- v Martínez de la Rosa.

Dando una mirada sobre la actual sitúa- i cion de esos jíartidos, lo primero que se echa de ver es su debilidad estrema, su pn^^trnrion rnnipletn: lodos clnnirin todos se agitan, todos pretenden ser tuertes, todos se i neen capace» de dirigir lo» destinoa de ta j nación; pero todos son flacos, todos se es- tremecen » la «ola vista de sus adversarios.: ¡Cosa notable! el principio ¡Kiiitico que de- femUan acaba de triuntar, y parece que no saben qué hacerse de la victoria. ¿Qué indi- ca esto? ¿no indica (pie todos entraf^an nm- de falso, y que ninguno se ha levantado á baataole altura para comprender y dirigir á la nación española?

Empecemos por los revolucionarios. ¿Qué a^jfiifica la palabra vvoaliMtbN, apücada á ' nur?tm '^itunicion actual? ¿qué es lo que se quiere revolver? ¿(pié es lo que no se haya revuelto? ¿se quiere toda\ ia uestruir mas? y entoBoes pneoe preguntarse, ¿qué es loque ha quedado en pie? ¿Quién puede pedir ahora la rerolucíou? ¿sera la ciencia política? pero esta ciencia ha visto deshojar muchas de sus ilusiones, ha palpado lo funesto de muchas de sus teorías, y |>or esto se ha deelarado ' enemiga de la revolución; ¿será el pueblo, ii cuando tan repetidas veces ha mamfbslado || su voluntad de una manení fnn ineauivoca, I tan terminante? ¿serán los intereses del pue- hfo, cuani«!diñÍMite hi revolneám no ba sen> lido ei mendr alivio; antes ai «mlnrio -se han agravado esoesivamenla (Mi imfe^* ¿quiérense formas polKicas mes populares, cuando la Constitución de 1837 es ta mas- popular de Bnn^t • Digámoslo de una vez: la revolución en Kspaña no tiene en su apoyo, ní^ ideas ni intereses, carece de motivo, de pretesto; y 81 se hiciera, ni objeto tMMftría canlM el cuoIj pudiese diriiíirse; á no ser que pen- sase en aplicar teorías, cuyo soto nonibrn baria esteeroeoer la Europa. Guando hay privilegios antiguos, instituciones antiguas', entonces si se hace la revolución sabemos ¿ donde se dirige, sera a la destrucción do aquellos privil^g^ios é inslítiioiones; sí elea« tad') (Ir la 'i|)inion, ó el poderío de nliritnos nuevos intereses exige el establecimiento de nuevas fiirma^ polftieas, enlottoes srimmo» á dónde va la revolución; va á oontfnislar el terreno que se disputa, w á promover ▼ asegurar el tnuntb de las nuevas ideas, a asegurar influenoia en el gebienioá aqucMoS' intereses, que eran ya de antemano {MkIc- rososenla sociedad. Pero si previlegiois o instituciones, ^ todo lo antigno, se ha echado por el suelo, si las formas políticas son anf amplias y popnlnrov si no nay una idea que no ten^* su espresion libre,' si no hay tt» nuevo mterés que nO eslé repteaemado, ew*» tonces, ¿qué objeto tendrá la revolucionf- ¿qué se propondrá destraiif qué ctnuistaif' qué establecer? < * - - íNí*.>» Si se bratára de unaiuvolaeíoiFeiirFnnBi*,' 0 en otra nación que pueda cont.ir mn pode- rosa intluencia sobre el resto de Europa; y cuya organización sodal la tuviera dispuesto fMra uno de aqnrikn grandes saéudimiefllosv en que masas inmensas se levantan como las olas de la mar, acometen tunosas lodo loí|iie existo, sea g<^roo, sean ehnes, sea propie- dad, sea la contestura de los mas saiínidos lar.os sociales y domésticos; ünton(^s todavía fuera comprensible la revolución: diríasMS que van á realizarse alH lea delinos de 9aiill^ Simón, ó del abate de í amennais: dirtamí» que allí se harán ios primeros ensayos, f que bi fnei^malterial de que disMne aque 1 a nación. se emjileará en seííniua para re- íícnerar á los otros pueblos. Pero en Espatla. donde ni se ha presentado, ni se presenicu*» todavia en mucho liemp» el problema que wtt llain a drl '\oi<\ con todas las dilicnlta- des y peligros que entraña para otras QacioneS;i en España, doada las-iinaB propiamealélafi iMr asa fwofmdaittenki ¡itligwaaa^y enn^s MbpAAa, que ejerce tan poca influencia en el resto de Europa, que íi^ra en uo orden secundario en la li- nea de las potencias, y que dispone de tan es- casos medios para kíttertfimMrlw Meas (iiie ella adoptase, ¿qué puede sijiniíicar, viiolvo á re[)etir, (}uó puede signitícar la revolución? No puede ser mas que una época de rooti- ■MpiHliMM, dte liMioniM', de violeneias y desíiracias; pero sin producir ningún re- sultado, m político, ni social; sin asegurar el lnMÍb4e waiiMiv^^ii siMea», ni la preponderancia de un nuevo interés: en una palabra, solo puede ser la repetición de aquel estado de incerlidunii)re, de zozobra, de tffíaámti^ tf» hemos ya presenciado otras veces, teniéndose al fin t^ae volver al sende- ro que poco antes se babia abandonado.

CAPimO XL CAPimO XL Tanta es la verdad de estas aserciones, tai iaevidencia con que saltan ú los ojos, que salvas algunas escepciones muy raras, ape- nas se encuentra quien se atreva á defen- der lo contrario. T<mIos los hombres que \h)t una ú otra cau^a, ücscíia todavia luuovacio- nes, so iHtt agripado ei torande una nueva bandera; y aun es de notar, que bajo ella se apidan también algunos que desean de veras litofiiItckMi, peiaqueno se atreven á lla- wrla por aa mmImo, ai juzgan prudente presentarse solos en campaña. Esta nueva Modera ^e llarua del ptvgreso, y á veces, wm para prevenir oilieidtades y disipar sospecnas, se ha unido al nonihre de pro- yr<»o un epileto muy inocente, umy cuerdo, que saliera digámoslo asi, por iiador de su lose de esta BMiiiera la do, hofabiit4o exaltado, hombre público de un orden cual- quiera, y exaltado, son palabras que encier- I ran estrañeza, repugnancia; ¡>orque suponen Taita de lino y cordura, prendas altamonlo necesariasen materias de gobierno. P(;ro pro* greso, y sobre todo progreso legal, ya ef otra cosa muy diferente: esto espresa no una pasión en efervescencia, sino un peosamienr to, y pensamiento brillante, deslumbrador, una idea generosa y activa, dirigida empero por la justicia, y templada por la fNndeadla, Bien.se deja entender que nablo yo del sig- nilicado de esta espresion, por ló que elui 'lleva;i es- •presion: prog fv > ' lioandeFa, no poique ^uk ju^ue nueva, si- Mteioaawate porque ae ha praionlado bajo IMna forma; puesto que no es nueva sino muy vieja, gastada por el tiempo, y no tie- ne de nuevp sino que se ha escrito en ellaon BMaMiaééfo.' ■ Es menester confesar que no ha sido malo «Lardid; y que si el partido que se empeña ü denominarse progresista, pudiera apro- fiuse este nomlire, y hacer olvidar oí de tBtUado, habría panado no poro en el cam- bio. Eso de exaltado es muy mal sonante; porque legislador eifltado, minittfD debiera sigiiiiícar s^un su verdadero seati^ do antes de ser como insignia arrastrada por el cieno de los partidos, antes de haber pa- sado por la.terrible pluma de escritores como Abeaamar. Ea las revolueíonoa todo ae aja, todo se mancilla, todo se disloca, y no es lo que menos suire el Dwciooario de la lengua. ' Sea como fuere, y pnaciadieado de las nuevas significaciones que se hayan dado á la palabra progreso, procuraré aaaliurla tal como es ea sí, porque juzgo de li ifH^for importancia el no dejarla en circulación con cuño ambiguo. pues solo de esta manera se puede apreciar la mayor ó menor justicia con que se la apropian los partidos. '. ' Profjresar es tnnrchnr hacia delante; y ú esto se ha de aplicar a la sociedad en sen- tido razonable, solo puede signiiícar, «wr-' ckar hácia la futfteoion, CasMO la sociedad se perfecciona, progresa; cuando pierde de su perfección, retrograda: para saber si hav progreso d no, toda b euestioa está ea si íia\ nueva perfección ó no; pues aunque la palabra profíreso suele tomarse por algunos como sinónima de tendencia democrática, para ser esto admisible seria necesario pía-» nar que las leyes é instituciones son tanto mas pcríéctas cuanto mas democráti^; y que la perfeccioa de la aoeiédad csÉsnle e» el absoluto predominio de la deaaocracia: pro[X)sicion msostenihie porque ron la his- toria ^ la filosofía se puede demuslrur que no existe tal depeadeocia ai enlace; y que según las circunstancias, podrá la perfec- ción de la sociedatl exigir con respecto) al elemento demucrutico, ahora un sistema áé\ restriocioa, y después quiiás na sistema da ensanche.