SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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Si se tratase de venias cuya fecha fuese ya de I-i ó ¿O años atrás, entonces Itabria mas dificultades para la devolución, en- tonces seria menos cstrailo que se ef»4» picase la palabra eslahilidad; pero ahora, cuando muchas de estas ventas acaban de hacerse, cuando muchos de los comprado- res no han desembolsado mas (pie neque4» ñas cantiilades, cuando la misma uescoa- lian/.a <|ue acoiupañaba la compra debe haber hecho que el comprador no haya comprome- tido en ella n(jlables intereses, ¿qué incon- veniiMitos puede hak'r en la devolución? Es por lo tocante a este punto la cs|kjsÍ( ion del ] ne^jocio de arreglar unas cuentas y iUida señor ministro de Hacienda nos ha |iarecidu redactada con mucho líenlo: el Sr. Mon y el Sr. l'idal no {Hidian olvidar sus doctrinas coa respecto á este particular; y asi es que sí bien se observa, la esposicion, al {>aso 306 manifiesta la voluntad lirnie y resuella el fíobierno de respe lar y hacer que todos mas. "rpj Añade el señor ministro que «esta medida (piizas contribuya a disipar infundadas pre- venciones, (pie nada puede ya justilicur, á di.scernir v deslindar cuesliones que ni tio^. nen ni defien tener entre si ninguna depen- dencia ni enlace, y enlin, a ai>ro\imar el respeten las propicd.uKs iidijuiridas |)or di- tiempo en (pi<! la Iglesia española vuelva al chas ventas, es(|uíva siempre la cuestión de justicia y se atiene únicanienle á razones de conveniencia; no se usa la palabra dere- cho, se trata únicamente de hechos (jue en concepto del ministerio conviene respetar.

¿Y es verdad (pie sea conveniente no de- volver los bienes vendidos al clero? «La es- tabilidad, dice el Sr. Mon, es la primera necesidad de los pueblos.» Nosotros creía- mos que la primera necesidad de los pueblos nu eru la estabilidad sino la justicia: y creía- mos ademas que sin justicia era im|)osible la pstabílid.nd. ¿Como es posible que se nos hable de estabilidad en defensa d(! intereses uttiAiuu ayer cootra iiUuru;>cá cuyo (ístado ordinario de sus relaciones naturales, sin menoscalxí de los incuestionables dere- chos de S..M. y de las regalías de la coro- na.» Mucho (ru(lamo> (pie se cumplan las lisonjeras esperan/.as del ministro: el ávm crelo por sí solo hubiera podido dejar en ia-^ certidumbre sobre las intenciones ulteriores, hubierase podido creer (pie el gobierno ha- cia todo lo (|ue podía por ahora, encomen-»i dando lo demás á la prudencia v al tiempot pero la esposicion ipie le preceííe ha venido á (juitar toda esperanza; en ella se sanciona del modo mas soleiime la obra de la n,>volu-n. ci(m; en ella se declaran de todo |)unto in- viulubi^i» las propiedades adquiridos de uuc- — Hi ▼O, procedentes de los bienes del clero secular y regular; en cllu se consigna que hi'lripotécii ni se distrae ni se ena;^» con »>sta iii(m1Í(1;i: y preciso es cdiifcsnr que se- mejante coniunlo, lejos de contribuir u disi- par infundadas prereopiones que nada puede y.\ ¡MtifUar, quizás, ^fuisás contribuya i jiisiifir 'r fundadai prevenciones quenada mi^e ya disipar.

< ~ Tu mmos visto en al|i;an periódico emití- 'é^ la idea de quií tal vez pndria ser conve- niente devolver al clero los bienes nn vendi- dos, si csla devolución hubiere de contribuir isnoeionar y asegurar las ventas hechas hasta ahora; ¿pndria ser estala intención del señor ministro de Hacienda? Nos asbten- drcnios de alirinarlo; pero si asi fuere, si se quisiese tener suspenso al clero y al Papa como dicióndolcs: «Si aprobáis lo heclio basta ahora, devuelvo lo que queda por vender; si os empeñáis en sostener vuestro derecho acabo de venderlo todo: ó en otros términos, ó me das lo (pie me he tomado, ó me tomo lo restante;» si asi fuere, repetimos, no aoertarémos á caliñear semejante proce- der: á la ilustración y honradez del señor ministro de llacieiidn < orrosponde apreciar como merece tal conducta.

Una de las razones de conveniencia pú- blica que se suelen alepjar en contra de la devolución de los bienes del clero es que deshaciendo las ventas se crearia el gobierno gran número de enemigos; mas nosotros sostenemos que estos son nada en compara- ción de los amigos que se atraeria. Por de pronto se conciliaria la aoMSlad de todo el clero, y esta amistad no es de escasa impor- tancia, sobre totlo en Kspafia; se concilia- na la buena voluutad de todos los adictos al clero. 7 estos en KspaAa son nniy numero- sos; se conciliaria la buena voluntad de los pueblos, nuc miran de mal ojo esas fortunas ^ juiurovisuuas u tan ]H)ca costa, cuando ellos pm lanar el pan de sus hijos tienen que regar los surcos di' la tierra con el sudor de su rostro; de los pueblos ^uc miran cscan- daKzadosel triunfo de la injusticia y de la dHapídacion, y qne viendo ínaugarar el reí- nado del ( rdi f) y de la justicia, abri.2:arian alguna esperanza de que se los aliviase algún tanlo la pesada carga de la noeva contribución, tan;;ravosa para ellos oomo inútil para el culto y clero. j' Resulta, pues, que colocada la cuestión [ e«ifll4eilreBode.iji jusUplliiq ponte mt dur* ' dosa iipiiora, aun ateniéndonos unicainente a la autoridad de los mismos á quienes esta- mos ¡m|)u^nando, y examinada en<el laiiiiii> no de I I (■<•;■', ¡encía jxiMira. también es mas claro (|ue lu iii/ del día no ser mas que vanos fantasmas los obsláculos y peligro» con que se (iniere intimidar al gobierno., < Se nos habla de intereses creados, de de- rechos adquiridos, y esto nos recuerda qua bs mismos mísmisinios argomenlos objeCah» elseAorMeodizabalá los moderados en 1840, y recordamos también ipie el sefior Pidal le conlestaliu briosameule: uSi el señor Mean dísabol cree que se debe alemler i los iMm reses de las familias interesadas en el crc-^ dito, también delie tener presente (]ue no Íiodcmos desenlciuicruus de los d^íiecbos j a justicia que asiste á otras riases beaeaé* ritas, como son el clero, las relifíiosas, los, esclaustrados, y esos participes legos á>, quienes se quiere privar de lo uue juslaOMMM; te les corrcs()onde porque kr nnrédnanB dii sus antepasados.»

Pero dejad a un lado, se uos dira, Jas cal- zones de justicia; dejad á un lado la mayof» ó menor exasperación que una medida se- mejante podría producir en el ánimo «le los unos, y la gratitud y bcnc\()loiuia mic po-' dría inspirar á los otros; dejadlo tono á WHi, lado, a(}iii hay una consideración gravo^i trascendental, que debe anteponerse á laíl demás. «Li cuestión de los bienes del cleros como ha dicho el Tiempo, es la euestion del troliierno representativo 'número del H de julio). l¿n las continuas sacudidas a que uii sistema rttcíenle de gobierno está eapoesln^ solo la creación de grandes intereses mate- riales V políticos pueden sosienerle lo» bienes del clero son los mayuies intereses ea que descansa el sistema oonstilocioiial(núm«MI ro del 17 de aiíosto.» ¡Qué confesión! ¿Lo habéis oido, pueblos? ¿Ilabeis oído a que se reduce el sistema constitucional y el sistema representativo, tales como lo culicnden esos hombres que acusan el Pensamiento de la A acion de atraer sobre Espña una reacción espantosa? ¿Lo habéis oído?. Para cUosto ctic>i¡ni) (le los Inenesdel clero es la G«ea*4 tion del fíobierno representativo; para ellos ' los intereses del sistema cunsliluciuiiai se> confunden con los intereses de los c«npr*«f dores de los bienes del clero; ved, pues, si esos intereses son los vuestros, vea si sois vosotros los que habéis ganado con la venia do «SM 1HMM&, y ved ci mestros inkresps. ó aquellos' [lili.^^llli^il^ fíl interés de Rspnun os 4?l inlon's ílot sistema tauikiMáoital, y para quienes e( interés del «irteiTHi cmMtHuf mnal el intorós de los fompi'adores de los bienes del clero: contad rnUf vo5nlrn5 ninntos son los compradores de bient's del clero. y jii7|!:ad si ellos son ia mnynrín. ó si no son masque ün número ia*if!:niífc;in(f\ y deriflid enlonre^ qniT'n tie- ne consigo In mayoría de los espaíioles, si d Pensamieulo de la Aacion ó sus ad\erhuirinmos del ruinofio cdiíieio rreyeado que re^oem» ea siis concavidadea atpíelM fati-» dicas palabras: Lot iftoM «a - tai» 4» «girf.

N'o, nn [niciii';!i!initir estns fie 'rtíins la mayoría del partido moderado; jiort^ue esa ialBema mayoria no fta comprado bienes del dero* ni ha medrado en las revueltas, ni sflcrtiín mas provecho que pí»rd<'r irrnmlcs iotcreses, costáudole ciertamcnle bien caras iai ilvaioBes cpie nn día hubiera abripdo: no. e-ín iniiicns;) ninynria no querrá arros- trar In responsabilidad de que sus doctrinas y sistemas se confunden con los intereses de mm poeos; intereses adquiridos en fuerza de artos rpic!<> v.v.\< -cIim tu del r-:presiul» partido caiibcu en e|>ucu muy reciente de «justicia y despojo.

ftñtH» causa la que no pudiera sostenerse ■to por semejantes medios! Aqui estaría la dimo8tracion mas convincente de que no liene á su üaTor el derecho, pues que m» piede sostenerse sino con el hecho; de que está contra ella la inmensa maynrfa de la na- ción, pues que para resistirla ha menester aKudi^ el apoyo de «nos pocos, ase- ffannd ilí's ¡liri-iiés forliinrisí ¡Triste siste- ma el que no puede sacar su vida de f^randes príoeipios, de intereses le{?ilimos, de insti- tuciones respetables, de la opinión y buena ▼oluntnd de los pueblos! ¡TrisU* sistema que ■ecwíilara buscar puntales como eso:» ha- «íMolos estribar en laínjosticialSí nos cu- piese la des^^racta de que la fuerza de la verdad nos;imncnse itna eonfcsTon seme- jante, no nos detendríamos a impu^mar a lauijua adversarios, no nos alitverfanuis á fonsiirnar en nuestros escritos quo - o! par- tido absoliilistn se lia presentado lainhii'n coa una (rencura que pasma á defcnd»T sus dsetriiM;)» niQv al eonirario, huiríamos del rainosn c lilinn pareceríanns que iba á Aplomarse Mibre nuestras cabezas desde el Mnento que bubiésemos reconocido que m apojivs' principeleason, no la verdad y « jaftMMv fu» ali^iBOf-iiilaiKaes awtBriaiw^ mohre ta sUttacim^ Mailhd fl II dvt inÍMit* me*.

lía sífin desgraciada Kspnna en nn apro- vechar las numerosas coyunturas que se hau ofrecido para establecer un ónlen de coaaa recular y duradero, con el cualestuviésemos ti ctduerto de las revoluciones y reacciones que de muchos años acá desbarran las en- Irafias de esto país desventurado. Ea 481 4 no comprendió cl u'\ los intereses del tnmo y de la nación, dándose luirar con una acm de desaciertos al trastorno de 18¿0: los consiitucionales por su parte hicieron todos los esliier7(»< pn^^ililcs para encender la dis- cordia y aumentar el desórdea; |r cuando la restaunteion de I893debia manifestar ove no bebía olvidado las Acciones de um uh- nesta espcríencia, se mostni taodiicn muy di&iantc de aquella cordura y previsiou que las circunstancias reclamaban. El curan d« alüiinos años vino á corregir los errores, creando una situación (|ue se^un todas las apariencias hubiera sido muy estable a no solirevenir primero la enlerniedad y despues la muerte del rey: aoonteeiniienlos aciagos que desencadenaron sobre la Ks|)aña la bor« ríble tempestad cuyo término aun no se di-* visa. Desde aquella época se babria podido dudar muchas veces si Ins hondires iiíflu- yenles en los grandes negocios del K^tadu se hallaban en su sano juicio, sí desgracia- damente la historia y la esperiencia no nos enseñaran qnc en tiempos agitados y revuel- tos las pasiones y los intereses levantan una espesa polvareda, bastante á cegar loa en-* lendiniienlos mas claros.

Era de esperar (|ue después de tan iar^oa sufrimienU^, di'spues de los peligros que lia corrido el trono, sobre lodo desde el pnanun- cianiiciitít (!r s(^ii('iribrr\ rl desengaño habia de ser completo, couq)rcndicndosc cuáles son las verdaderas necesidades del país y!«§ medios mas á propósito ¡Mira satisfacerlas| Digitizeci by Google lügos'ée la Tevolfidon, emo lo dejaliti^ jwnor tí! que on otro ttpmpo la haWn coq- ileuaUo cou lodos sos fuerzas y prcseoládola i los ojos del público con k» mas negros co- lores asi en la tribuna como en la prensa, tomarían decididamente e! iiiuiido tío aho- garla daiana vez, ya que la ()|)niuuuiiad los brindaba tan cumplidamente. Por desgracia no ha suctMÜilo asi; y ds spucs de un año de incertidunilire y de revueltas la nación no ba podido conseguir lodavia el resultado que esperaba de su íevanláiDÍenlo contra Espar- tero. Cm vanas esneranzas de í;ol>cruar por medio de una coalición innmsible, coa ua aíslenla esccpeiónal provocaoo por los suce- sos de Alicante y Cartagena, con una larga crfsis ministerial' efecto del desacuerdo en- tre el marqués de Viluma y sus coleífas, y por íín con ta Mttma temporada tniseiirridá di'stií' hi ("onvocnoion de cnrtrs rnnstitnyen- tes ó relbririadoras, se hn dejado pnsar nada menos que un año sin resolver nininnia de las {(randes cuestiones que la revolución ha drj;i:io |)(Mi(liiMit('^'. líu vano laiinMiiabli'strns- tornos lian venido ainone.slando sobre el |)e- ^ Kgnide eonttnnar en semejante «sHhío; en taño la zozobra del público y urtlicías de nuevas cnnsptmrinnes hnn índiciulo que nos halláliamos sobre el cráter de un volcan; en taño todos tos hombres juiciosos y prevíso^ res han claniado para que saliéramos de una situación lan anmi-^liii^a v arriesgada: los que podían salvar el pais no luut akanzado á conocer el verdadero camino. Y á ceguera debe atríboii-se mas bien que á e^prosn de- signio, dado que si la nación hubiese de pa- sar por nuevos trastornos, ellos fueran sin duda las prímcras victimas de la veni^niza revoluí ionaria. Como quiera, In rierto os que las circunstancias oslan muy lejos de pre- flentaitse satisfectorias: la dHlerencia y taríe^ dad do opiniones es cada dia mayor; la di- visión de los ánimos se va haciendo mas Sroronda; el encono de los partidos se mues- « cada día mas alármame; la inqnietud y la zozobra se nninenlan: y fluctuaiidd [oses*- piritus en medio de esa ince. tidiiinliiv que no se ha querido quitar ni aun disminuir, IM» hay temores por exagerados que sean qne no puedan toner sn fundamento, no hay es- neraaza.s, aan tas mas insensatas y crímína- les, que no puedan Dffm|>ear, enardeciendo las malaa pasiones v poniendo en inmiñenle pclípro ía f rnTirjnÜHlad pública.

fio se ha qu«rwio comprender q«e «b una IaitMeíoii tan crlt¡<s ^ 6i^tÉMÉCfa necesaria . un ]M»nfamtent(> fijo que sirviese de bandera ' á todos los hombres honrad(Mi. ¿Dónde está ese pensamiento? ¿Qué ha dicho el nhmto- ' rio á la nación? hn un nais tralwjado por tanta discordia. por tan nllatada cadena de : trastornos y desastres, convocar unas corles I para reformar la Constitución del Bstade, ei i' di-rir, unav onrlos rnnstitnvrntc?, v esto sin <i (lt> terminar cual era la reforma que se debía ij hai ci. con vagas indic^iciones que dejascaá ) los pariidos ancho campo para esperar el i! triunfo de sus respectivos principtns, es pr»- Íner á la nación ai borde de un abií»tuo, es amontonar cembustibles' fMft nw de eaai . conflagracionea de qne ha sido ttetínaa lautas } veces. Es imposible que haya concierto, que ha- ¡ va unidad, cnaiMo no se sabe á punto ija loque se ha haicr: los ptieMos ronm los ¡ individuos tienen nuiclin adelantado ctiando jj ven el punto a que lian de diri¿;ir sus pasos, i cuando se les nwrca el sendero que hoo de seguir, Y los que han de servir de guia se colocan "delante. Nada de esto se ba becbot se ha hablado de reformar la CmuMiieimt; y el pais, que tenia dei ct ho á cspemr eler I vados |)ensnmíentos de gobierno, ha nido las palabras de flexibilidad, de imhie del sis- lema représGutativo y otras semejaulci^, quo mas bien le habrán parecido man/ana do i nuevas discordias que el término de ellas, i Tocante a las demás cuestiones, ui una sois se ha resuello satísfactoríamente; siendo no* I table que el decreto sobre la si»sp<*nsif,n He : los bienes del clero secular, medida <jue ca I concepto del ministerio debía produrár los re* ' sultadns mas halagtlefios, ba dissnstado í ' todos los hombres sinccramenlc religiosos r eneungos de la injo&licia revolucionaria, taá lisonjeada en la esposicion del minfstm; ba irritado á la tetolneien, que ha temido noee i le arrebatase su presa, siendo insuli<"iente á i calmar la inquietud y ansiedad de los comr pradores qu(^ no ignoran cuánta eaen Rsptí» fíala instabilidad n>iii¡?liM¡af. y rnan poco , valen la^protestas y lavoluntndde uo minie* tcrio aun cuando sea firme y decidida. I I)c esa incertidumbrc, de esa vaeilaiÍM ' de ((lie lia adolecido el sistema del gobierno, ha participado la nación entera; baslando I para convencerse de ello el aspeóla que^te presentado h» elecciones, no obstante «i no ' naber rompareríHo en h arenn el partido ' pro^rcaiala. £a otras épocas, si no había «erdtdérft \m(ké éa (icnsamicrttos ei tábanse los pitvírríimns con rierlos nombres que, auDquu por lu cunma eaceirabau oías «pnrieMW que realidad'^ eNiviaipatéBUiiite do bandera. ranlitabnn la reunioá- de los hombres di<! linus mismas opinioaes y la tran- momoü ealro loüijiie las profesaban dlfereu- ÉÍir;'f«o ahora cada cual ha andado por su icamino: (¡iiipn ha rreido que la reforma de éü Constitución kibia de dejar intacta sa «me»; quite lift «pinado qie la vafitei<ili Mm^iserfrefiUMa; quién se ha persua- dido que las pmXimas Corles eran llamadas á ioa^garar ana épouu euterutucnte nueva; ^^■ióii 88HMM¡iiii|HmNÍ#ifimaoki'efwera eadas part^ consolidar lo existente yasegw como suele decirse h >ituacion. <^ Amu entre ios uitsmos partidarios del go~ tierno, -y q«e hacen franca profesión de ser sus defensores. se tin notado In misma inde- cisión, la misma uicertidMUibrc: unos quie- iMvir UR poco mas allá, oíros quodarse tim$ *acá9 fW manera, que ain cuando suponga* l^iiisqne el irohierno alcance un triunfo com- probable. qiK^eaet seuu de las imim'taD ptvfimda, ipisiiid<nn' daUe ponerse de acuerdo en io5 paiita8:4M9 cápilales, mb muchisíiiM tra* ¿ajo.* ' •11 ■ • I • • « ' (c.i líkCmm m\ §tkmm»iio -ha dieho lo qne se proponía hacer y no ha rornnilndo niníiun sistema, los esfuerzos que hayan hecho asi él como sus partidarios para akan^r el iríuofo electoral. habrte étM» Nailafae á indicaciones relativas á personas; y esto, al MM qvñ coarta en oio'to modo la libertad Mm el«ttoPta, >áifta üo pona vMea ¿-la «MHt ctiMfMteMa de dofcociir. Cada provincia tiene sus miras. sus afecciones, sus pasiones, sus intereses, y no es íacil «fK al ¿BBijjtripIpa oaaáidatos se fncéití mn el conocimiento y tino necesarios para no herir la susceptibilidad de muchos elec- tores; cuando por el contrario si las escita- aÍBae»cfue se les dir«^ so reüefeb única- mente a la salvación de un sislen\a el cual saben en qué consiste, y se tiene la reserva cenTCuiento para no entrometerse demasiado «rla4lliestioap«|rBtiial, el país forma «wjor concepto del tiobiemo y del ])ariido que an- hela el triunfo, porque se oculta ea cuanto eilw el' iluiúi i» M'MrBoiMU» y w natii- fiesta únicamente el de las cosas.

Cada dia se va robusteciemh) nuestra con- vicvii^ ^ <]ue se > ha^ (iesaprovecliado «na ocasioo amf^jfHktáBñ deialvar ñU^éáfifát 3ne sin necpsi<lad de ni?icnna cla«e «se ftah ado rodeos pelifírosos, (juencndo cvitat qaicM el llegar á un punto al que por pF««Í^ sion se hahni <le llcirar. lían creído algunos que se lornuilaha iio sistema de eohiemo con dc^ir «ni los progresistas ui lu^ absolU' tialas;» pero gi mcn se Mira, ealr «« «i mas qiic nn pens^iniiento netralno. v pensamientos negativos no vive la sociedad. No basta saber lo que no se quiere, es nece- sario saber lo que 86 qaiere. ' ' •!

Se nos dini que lo (pie se quiere es órden: pero este orden, ¿cómo se alianza? Todoa loa gobiernes) v^lnmos íu teVelMi4MftilQt\ inculcan la necesidad del orden, porque SÍn él no hay oliediencia. y el que manda deseá ser obedecido: la diforenciu entre los gobier- nos dijimos deetle nombre y los rfcvelMíq^ narios con-^islc en oiic (•slc)>^ iii inlieiien «na sonia a^íilacionen la sociedad; para^ levantar cuando les convenga una tempestad que abi ■■le áfOiseneai nos. al pM04|«e'mttBellei procuran en-' -in;;!- th lnv!os intereses v opi- niones que cal)en en el circulo de la ley. cabnar llkr«]ca8|ierac¡on 4t fm ánimos, eMMt^ denar las pasiones violentas, no proponién¿ dosc «Mlicainenle la conservación del órderi nuenlras a ellos les iuterese, sino haciendo impQiible par» ñas adelaste SQperMrbacien!

Este es el camino (pie dehia seírnírse, V para ello era necesario resolver de una vez la nicslion política, y preparar con medidas atinadas y reparawitslB solución de I» reH-¿ líiosn Aun cuando no se hubiese logtiid(^ otro electo que ahorrarle a la nación esa in- eertidiiaibre.yi03aibni endite ha Tirido y está vívieido, y el proporcionar al goMemB el tiempo y sosíes-o (¡tie ha menester para reorganizar lu aduiimstracíon y laíiaciende, ya era de mucha importancia' ol resuUaéoí ¿((ué será. pues, si consídenMNBqueno sM lo no se ha obtenido esto, sino que se batí inuitiplieado los peligros basta un iHinto en que no es po>ihle pensar sin que el ccIracoÁ' se con!:^: * '^i;. I> i im; Tamos de que á hl vista de las látales consecuencias que h»' traido el actual sistema no se havan arrt^pen- tido mts de inia m les goburienteede ha-^ berle salido; y mocho tememos que In^ lecciones^qt^e en bre\ e tiempo van á recibir IsÉ ha|;áir#si>erlos ojos UnmetfNindiení (|iic tomaron la escabrosai>iieilAa, Citando iéi era Ion \':u-<\.'ntrar e^w^ttMÍB» Mintf f deseinuíirnzauoi »"• • »'•*.'» s*ff 't «c 59 59 Batre los partidarios de la situación y los 4del sistema que se atribuía ai marques de Viluma, no había en sentir de algunos mas diferencia de o|)ÍHÍones que en lo relativo á la oporttiiiidad. Al d "l ir de estos, el objeto <ef a el mismo, solo ({üc müqí sc proponían al- icsnarle por medios eonstitueioiuilet « inieatad. Bajo el aspecto pulilico, pues, la cues- tíon estaba entre el trono y la revolución, j los que contrariaron aquel siaienia, por ma» enemiioe tum wem de ella, fMden estar le» finros de <}iie sin pensarlo sostuvieron la causa levolucmuaria. Suspendiendo ia venta de todos kM bicBes del emo seevlar y regvtitas los otros creían que era mas hacedero, lar, se manifestaba la voluntad deeídida di y sobre lodo mas pronio y ('!ic;i7. con el ejer- cicio de' la autoridad real. £slo no obstante nosotras creemos, y lo hemos creído siempre V asi lo hemos oonsi.í:n;uln on diferentes escritos, que el asunto enlrañaba al,;xo mas que una simple cuestión de oportunidad, y 4ue por tata qae quisiera disimularse liabia en el fondo una vcnlndcra ciioslioii de prin- C^)io)>. Difícil es decir basta que punto esta eiiMtíon<8e presentaba á los ojos de los mi- I los homores que proli atajar las injusticias de la revolución, de re- parar en cuanto fuera posible los quebrantos de la Iglesia, y de apoyarse, no en km inte» reses creados por la revolución, sino en la razón, en la justicia, en las ideas y senti- mientos nacionales; y con este paso ponía, es verdad < en. desacuerdo con ia revolneiaii y mostraba deseos de acabar con ella pa- ra siempre, pero en cumbto se atraía á todos DiStPOs; pero puede asegaiarse que índepen- dicnlcmiMUc. ric la opinión y vobmtad de «líos, la cuestión existía, si no entablada en f l^contejo de núflÁstros, entraftada por la rnfrllTI1..nf de las cosas. Es evidente nrneba de lo que estamos diciendo, el que desde la retirada del marques de Viluma, y iaa pronto como circalaron sobre asie sueesó noticias mas ó im'nos exartas, pero cuyo fondo era indudablemente verdadero, se han nanifeslado en el pais las mas vivas símpa- tiai en favor del sistema del ax*ministro; v por un mstmto que en tales cnsos suele ser muy cortero, se han puesto de su parte to~ áoalof Imnbres que desean acabar os» la re> I do, cfne en la divisioá aumifealada e» 1m yahicion de uui vez para siempre. Sea enho- i candidaturas, el nombre del marqués de Vi»> rabuenn que los ministros y sHS partidarios se | lunia ha l¡¿íurado como el emblema de los ha^yan proclamado en alta voz enemigos de | prmcipíos monárquicos y religiosos. £tt vano la MfajÍBcion y protestado (]uc (ieaeatt tam- I los sostatedoraa del sótaal sistéaia se Iné las ereeiuias relif ioaM, y tm aquellos qat wé profesándolas no quieren medrar en los dis- turbios, y temen que si se repiten corran ))clij;ro SUS fortiuas y sos vidas. aala aspecto, pues, la cuestión estaba entre la revolución y la rcliirion; y por ma.s que loa que conUanaruu ei niciicionado sistema ba-^ van protestado que deseaban repaiw lea t íes de la Iglesia, atender á la manutención del culto y clero y entablar negociaciones con Roma, la opinión pública ha mirado la easa eon otros ojos, y será difícil quapoeda persuadirsela en sentido contrario. ^• Tanta verdad es lo que estamos indican bien matarla en las próximas Cortes; nosotros prescindimos de las intenciones, queremos dar por supuesto que se bable de buena fe.

empeñado en pintar con los mas neiiros co- lores las doctrinas reparadoras; en vano bai| ponderado ios peligros de una reacción es^ ▼ qne se aWígae el designio de eiecutar la I paniosa, {H-ocuranik» aiaiinar ioa ánimos mm prometido; pero lo cierto es que las cosas, mAs poderosas que los hombres, están indicán- dolo contraHo, y que la nación, acostumbra- da á desooÉBaf da palabras y a jiizi.'ar por los berilos, conoce muy á ias claras el pun- to já que se ia conduce. «: r Sn fispafta no hay otro medio de asego- rar d óruen que robu.stecer de una manera real y efectiva el poder monán|uico; y el t^XN^o, organizando el pais de su propia auto- iídaA^tni¿Müba de ^Ipe su antiguo presti- gio, y se mostraba a los ojos de la nación con l¿da la fuerza que todavía posee, y para cuyo ejercicio no necesita mas que vokin- ■ triwit!»: sabeaKis k^queen4alaq imaginarios temores, con anuncios de pro- yectos insensatos: los hombres siacenuaenit te adiotM al Ironoy aasanterde « éidand» cosas estable y daiadero, m ban mmníiú do esos fantasmas con que se les quería amedrentar, y no ban querido persuadirse de que Tuera imposibje la wríoa da tadat las opiniones monárquicas y religiosas, seft cual fuere la división uue en los ailos ante- riores se hubiese introuucidp. >,.. I>jw;t<^ Cuando esto escribtaNS' igMSMBBi<aMii»^ ¡nultndo de las elección^, y estamos distan- tes de lisonjeamos con ia especamia del la -tanta f el influjo de urta situación rrenda, por poco nu- Bkerosos que seaa su6 parUtianos, y tampo- <• dweaoMMMw los McaMMieon que ha de luchar an partido, que si bien cuenta con el apoyo de la inmcnsi mnvoHa dt» la nación, uo ha tenido el licnipo necesario ^•n Mf^aninrie £ual eonviene, mayormen- iu niniulü esa organizncion no fjniíun ublf- neria por medios rlnndestinos e ile^iliinns, sino á la luz del dtu y u Ja sombra de la ley. Par «sias causas creenas podré done por muy satisfecho si losrn que totnt»n asiento en los escaños de las Cortes algua<» hom- faraa do bostaale aoergfn pora levantar la vía y decirle á la aaaion la verdad toda entera: esto es lo que imparta; las cuesliovanas prontesas, j to aleMfaa á nu^aa if los hechos.

Para prepararse debidamente é loa ¿ran- deoaconteerailentos de que scgnn todas W Krobabilidiulps ha de ser teatro el pais, hi»- rá influido no ¡)oco esc movimiento electo- ral, que por escaso resaltado que produzca tocante á los urnas, habrá hecho qoé aa iiprovinicn y se entiendan hombres cuyas opiniones distan muy poco entre si, y que tiempo ha debieran militar bajo una nMsma bandera, si los interesados ed (in^ngar los males de!a p^\m m hubiesen pri-'-nr;ulo ocultar la verdad, lorneutando uuu discordia que soto pudiera estar sostenida por mar mala inteligencia. - /.Qué quieren todos bis hombres que líO oes se resolverán líias ó iñenos bien, ó gas* se proponen medrar a costa dei pübuco, y wion I que no se han enriquecido en medio de loa to de ja legalidad doaueanle, poro la naaion sabrá la verdad, y de^NKa de uaB htyes .vienen otras leyes.

Lo hemos dicho otras veces y lo repetiré- ■IOS aquí: en p«>litica conviene saber esperar; ij ra dominar la lirine/n de la< ron vicciíjnes, la generosi- dad de ios seulmuentos, la energía de la, p..^.., w«.w..^. j.^^...^v...^