Tenemos iinn prueba iiuy convincente de lo <jno aeahaiii(»N de decir en lo arontecitio <ian respecto ul ministerio de Estado; lo que ai Irieb seoonsidcra, casi revela ausencia de «n pensamiento pnlifico, y deja «-(^pechar que se camina al acaso, más bien poniendo- fe á merced (fe los acontecimientos que no tratando de diri.:;irlos. Desde la raída del ministerio ílonzale/ Hraho lian sido ll.iinados a ocupar la silla de Ksiado dos personages^ «aalMs de opiniones irien eonoeidas, y sin embargo el ministerio ha intentado avenirse con cllfts. y sciTim \"7 y rama pública en ambas cjioeas se han í-mpleado los medios atan cfleaces jpara inducir al primero- á ne rennnciar y al seijundo a acrpinr. Esto sifr- nilica^ (jue en ei gabinete habia bastante llexítniídad para hacer concesiones a uno y att«, supuesto que no de Otra manera sé romprcnde el (pie se fítrniase empeño de que los nombrados se cncar¿$asen deiinitivamen- te de la mencionada cartera. Él señor mar- ques de Viluma se negó á continuar en el ministerio; la misma conducin ha seguido el señor Martínez de la Rosa durante muchos diai: la aceptación de este último ¿hasta ooé punto habrá contribuido á formar o ino- diáicar el pensamiento dol gobierno? £i tfempo lo ha de revelar. f- Cuando el mioiaterío ha tenido tanta difí- rollad en completarse, fácil es conjeturar que estaba muy lejos de |)oseer un pensa- aMUMu paHtico claro, fijo, poderoso, bas- tante á dominar las fracciones que se maní» featáran en las Córtes. Entre los parlamen- taiÍMiteuran celosos partidarios de la venta dit<iiÉuflM bienes de la f^tena. enemigos 4H|MaiMlleiHr<8eBCíii oi-l»*G4i«8tiliicioii« deseosos de que la reforma sea la menor po- sible, y de que se inangure en Espafia et sistema' de gobierno tal como lo habia con^ I ccbido la famosa coalición; es decir, recha- zando las iu^llUu-iunes antiguas^ Tes|)elaiMlai I y conservando fiel y egerupúleaaniente''lii obra revolucionaria. desechando toda alian- , za con los monanjuicos, coiidenandolos á servir de meros instrumentos o a uaa eom- plela nulidad. Los que aái piensan, natutaí es que combatan la sus|>ension de la venta de los bienes del clero secular, aun cuando 10 sea «on otro objeto que parooaegnrar i» conservación de los que ae llaman iniereaed creados: natural es qtie procuren atraer al gobierno u medidas tuertes para aterrar a I lea nioaárquieoat que le culpen por haber j tratado con dureza a los projrresistas, pues les parecerá que los hombres del progreso han de ser cou el tiemjK) los aliados de los pariamentarios rigtdoa; y que por lo mismo ' se lamenten de cpic en los escaños del Con- greso uo se siente ninguna de las Dotabiii«« dades que en um tiempo impulsaran y diri-» I gieran la levuloaioÉ; natural es que se opondrán á que se (piiten de la (lonsliliicion de \M1 los arU(;uios relativos a libertad de imprenta, á juradoev á milicia •naeioftai? que no ipiieran cámara hereditaria, y tal vea ' algunos ni aun \ italaeia, que no admitan iá i condictou de una renta propia para ser dqxii lado; es una palabras qw procuren defiráaf " cosas tales como se bailan en la actualidad, y quieran que prosiga cam¡>cando la revolu^ cioQ, Único clenusolo (|ue les brinda coo ilu- siones y esperanzas. Si, como indican todas las apariencias, se forma el lado i/quierdo de que estamos hablando, los principios qoe sostenga serán á corta dÜNvneía los que ^ acabamos do meodiNiar. Estes serán coatosi * ' dijéramos los nuevos progresistas, siendo I probable que no faltarán algunos que ambicior uen llenar á su manera los pueetaa áue-bi I" dejado vacíos la ausencia do 01iiiaga,Lopei, Madoz y Cortina. Esto se podría remediar muy bieitsi fue-» ra posible crear JiuevAs secretarias de Esla^ do, o cuando menos elevadí;^ destinoj; donde colocar a lodos los oradores que mostra-^ sen disidentes y amenaaasen con un rouipi«t miento de bostuidades; masdes^aciadame»» ' " te para la situación, este espediente, si bien Imuy elástico, no carece de limites; los puéistos mmy haaifosos y lucnlíTbs mea fNMdaB<er e».8nn dúuMtos «acpnti lájttatf Digitized Mcrelirias del doptebo no wm bh que | seis, y por mus que se cavilase solo seria dable numrnlarlas hasta siete ü ocho, nú- mero insuüciente para llenar el insondable tbimo qne en los corazones ha abíerlo U ambicien revolucionaría.
Mucho pueden dar que entender al gD- biemo los hombres á quienes aludimos, si par ummUo de alguna maniobra, 6 quizás de unn ^orpres:!, no rilcnir/.r\;i rntijiirar á tiem- po el iaiuinente iielijsro; quuas por este nolmi se habla de obtener vna antoríta- «ion, 7 de resolver con la posible brevvdad las cuestiones d'» tnrts irascendcnc No es üittcii adivinar quiénes serán los ^ne se inBeríban en las filas del centro, siendo natural que ^?>l lo hniim ios que es- tán identilicados con la situación, y que por necesidad hayau de correr la misma suerte del ministerio. No es esto decir qne entre los hombres lie! centro bayau de faltar con- vicciones y solo tengan cabida los intereses, pues por lo mismo que se han identificado con la situación, se deja entender ({uc creen al "^iistema dominant ' el mejor do I n siste- mas, ó cuando menos ei uuicu pusibie. . No as fíeil deeir hasta qué punto será nu- nerosa al lado derecho, ni si esuiránaniy acordes en sos opiniones los indi', iílnoc qne le compongan. Ks probable (¡uc haiii a Um- Vtea en él diferentes matices, que no Alta- rán ambirionos. y que la tendencia hacia ios principios inonáríjuicos y reli;íi(>>()S, a^i co- mo el odio a la revolución y á sus oi)ras, existirán en gradaciones moy diferentes.
Seria de la mayor inqwrlancia pora el bien del pais que los hombres del lado dere- cho, sean cuales fueren sus divergencias sobre este ó aqnel pimío, tuviesen concebi- do de anteninno iin pensamiento social y po- lítico, comprensivo de las bases on* que todos pudieran estar acordes, eliminando con el silencio o aplazando espresamente, aqnollns cuesliones que, por ofrecer mayo- res dilicultades, no pudiesen recabar la una- nimidad! De Mta anerlo se eonsegnlría ([ue las transacciones no dafinsen áln entere- za de los principios; pues que mando se creyera que estos pueden quedar compro- metidos con tal ó cual solución de este ó aquel problema, quedaría espedito el cami- no para poner en salvo la delicadeza de las convieeienes, callando ó aplazando hasta qne el curso de loi acontecimientos viniese i pre- aantar la opartuoiánd de tratar iaa eoestio** nes ahora mas espinosas, acertada resolución. ^ Todavía, después de la tremenda victoria electoral alcanzada por lo*^ parlamentarios con la estricta legalidad que la preñan wm hapinta l V; todavía, después de la ver/ion- zosa derrota que han sufrido esos pobres monárquicos que se han atrevido á hacer al- gunos esfuerzos, olvidándose de que la cion entera está por los parfamentarios, to- davía es posible organizar en tas Cortan alguna cosa que turbe el sueík> á los angras- dos vencedores: y cuamto de torbaasa hablamos, téngase presente que hablamos de turbar el sueño, lo que es cosa inuv distinta de la turbación del Arden en las calles ^«n los campos. Que todas estas advertencias son necesarias cuando no falla quien se em- peña en sostener que el movimiento electo^ ral de los monárquicos es poco menos queim preludio de la guerra Xns h^ílnmos convencidos tan profundamente de nuc la in* mensa mayoría del pueblo español está en favor de las ideas monárquicas y religiosas y en contra de la revnifieion, sea cual fuere ui forma que tome o di.sí'raz con que se oculla^ que para que la revoludon mnerano juzganM» necesaria una nueva guerra, y creemos bas- tante la fuerza de la opinión pública, con tal que se la dirija del modo conveniente, y no se cometan impradencias queriendo acelefir demasiado el curso de las COSBS y precipiia los acoulecinuenlos.
La clave de la plitica de esc gran partido, cuyo solo principio tanto alarma á los parli44 danos de la revolución, está en desmentir con sus palabras y su conducta las iuculpa-> clones que le hacen sus adversarios. Se Ifl acusa de tender á una reacción espant^a^ de encaminarse á tin sistema de intolerancia y de persecución, y se procura de esta suer» te intimidar á cuantos han soslenido-el Irsan de Isabel, v han contribuido mas ó menos al triunfo de las ideas liberales. Se quiere persnadir que no hay avenencia posible ei^ tre los que siempre han sido enemigos dt M revolución, y los que en otro lietupo la hala- garon y fomentaron incautamente. por mas que ahora, disipada la ilusión con las duran lecciones del escafiniettto, la aborrezcan T detesten. Se quiere per tiadir, que desde el mon)ento 4}ue balgamos del sistema de con* teiuporizaeiones, y tratemos Bérinmente, no solo do enfrenar In iñfOlncion áno de iMnbar con' ella fam isíenpro, naeeion formidable, doade reinará el inns ¡üloIcraQtf oschisivisino. vitMl<lí)^c |jcrst'u'ui- (íos de mucrm cuaulos no pcrteQeíu;uu al lando mas exa^^crado de k» quese ievantañan con el dominio. Estas iíK'¡i>, h'icn »jUf, se halk'ii en conlrmiicciou i on ('I líspirilu del si^lo, con la siluacioii d.; España, y aunque realización, sea imposible á cau> \ (!>* la llanamente lo que se le debiera austUnír* Si esto se han', si hay la debida premedi- tación, si hay lodo el concierto que en seme-». jantes casos es indispenaable, fior mas reducidii (pío sea osa frai í ion dí^ las corles, ejercerá podercsa intliienria en la nación y en el gobierno mihmo. Todavia recordamos el efecto elé.clrico producido por algunos dís* profunda dt'scomposicion'fiiirnda por los iian- } cursos pronun< ia;los en las corles de \h:]H y dos políticos que antes e!usticran, no dejan i 4840; y esto indícalo que sucederá en la éikser esploiadas de continuo \m los intere» | aetnaiiaad cuando no resuena el estrépito de iprtnn f n impedir esa unión tan descada, que H las armas, y por lo mismo se atiende mas á sería la señal de la innugurnrinn de una épo- 1 la disensión, lr,i>.la(hir!<K los esfiier/os para cade paz y de gobierno. Adis>iparsesnejuule i el triunlu, del lerrenu üc ia violencia al de «Mafto deoen «rÍKÍrse los esfnersos de todos | las ideas. Mucho deissanHis (f96,^t^ honbveft que se sientan COA ba^nte tálenlo y encr- ííia para (lí ni)ar los primeros puestos en el partido que indicamos, comprendan picoa-; eórtésse debiera dar el ejemplo de esa cor- ¡| mcntesu situación, los beneiicios que puerigirse los enemij^os de la levoliicion, sean cuales fneron sus opiniones parlieiilares sobre |)iin- los que ahora no conviene discutir. En las diira y tein¡)!;in/.a..'""McfnuloM.' yenteiHÜfn dcttc ios hombres ijuc desean sinceramente la felicidad de su patria. y que ahri>;au la pro- Canda convkrckMi de que no hay esperanza de pai y de sosiegopara eslepais desveiituradu, ai DO salimos do una vez de las larsas revolude dispensar al pais, y el iuinarcesible lauro que le es dable C4>nqui?tar. Mucho deseamos que no imiten el ejen)|>lo de olrps que, no sabemos si vírtíma^ de una ilnnon íncoiiH* urensibieo impiiKiidí s porotra.s causas, no lian llenado ni eou mucho las esperanzas que 'fuoQarias de que la inmensa mayoría de la || habían hecho concebir, no lognuadomas oon •aacion es víctima, \hivo nocómpiíee. Nu du-; su conducta ambigua que disgustar ¿ los damos que deesas eonvieciones las habrá ' hombres que antes los aplaudían, sin que aun cnlrc los mismos que ci pariido conscr-. por esto hayan conseguido disminuir el odio %idor ha propuesto para candidatos: dé al- 1 qne les profesa la revolución » vi oonjurar '0OOOS bien se sabe, de otros se conjetura. '! los peligros que les amenazan SÍ aquella aih' Sea enborabticiia iiiie la mayoha del (ion- |. canzase el triunfo, greso no participe de semejantes ideas; sea | Uay aquí una mina de gloria (jue esplo- ^enhorabuemi que los alborotadores de la iri-, lar; gloria tanto mas sólida y duradera, buna j)iih!i<'a ap!ao(i;!!i i unos oradores c i'».- | euanto que no se fundara en la aprubaciou terrumpan ^ otros con uiurroullos y silbidos;, de pandillas y en. el favor dispensado por Jet ennorabneiia.^ las voUeíonies vengan i mezquinos intereses, sino en iiieas y senti?^ 4 inutilizar los mejores proyectos, todo esto 'j mientos verdaderamente nacionales.' i, ^po importa tanto como ¡i primera vista pu- ^Éera parecer: Jo que inquiría SI es (lue ia '''■ación sepa la verdad, y ia verdad toda en- *lera, de boca de al^runos diputados y sena- dores; lo que importa síes que haya (dennos hombres de bastante resolución y enlirreza seí^alar con una mano el abismo, y con | la otra el camino llano y desembarazado que .conduce á la salvación doi pais; lo ({ue tm-^ ^liorta si 'es que se vea un pensamiento de l*ero se ntt> dirá: estando en minoría ¿qué conseguimos con nue>lros esfuerzos? Si e4 resultado de las votaciones ha de hiutilizar nuestros discursos, ¿qué adelantamos con hablar? ¿ No sena niejfir mantenerse en si- lencio y dejar <[ue los acontecimienlo& siguie- sen su camino, confiando el desenlace i Ja fuerza misma de Ins c(»>;!s? Miit lio so ade- lantara, replicaremos nosotros: se adelan- tará ci que con vuestros discursos se aliaik?
gobierno, completo en todas sus parios en || zarán convicciones vacilantes, y se crearán rcuanln las circunstancias lo eon^iienlen: que ' vea algo mas que un prurtlode oposición, i 1^0 mas qne una fracción descontenta. > solo deseosa de entorpecer; que vean hombres capaces de golvernar, y que al paso que condenen lo que hay, muestren lisa y otras nuevas, y se introducirá la divivion y el descoucicrlo.en las tijas de losadN cisarioe* Con vuestros discursos se alentamn los tff midos al ver que, la contienda se entabla^ ¡ no en el terreno de la fuerza sino en el do ^ la discusión, v que por lo mismo no se com- 41 Dlgltlzed by Google menle partidario d-^ lr>> Imonos prinrlpins. Con vyeslros üiscuníos se quita a los ailver- Mríos et anns me comícntan é manejar, achacando á los nomhros del |)nrtido nioicir- qiiico-r('li;:;ioso proyectos <\p f! > i;nr; insur- rpccion en que nadie pionsa. (Ion vuestros discursos puede desenvolverse complelamen- te et ^isi íiia úv, gohicrn') rué se intenta sustituir á ias farsas revolucionarias; puede rechazarse la acusación de que se inlenla su- mirnos en una reacción espantosa; puede manilestarsc prácfií amenté que no es impo- sible la unión de hombres que antes milita- tan bajo opuestas banderas. Verdad es qne todo esto puede decirse en la prensa. \ se ha dicho ya repetidas veces|; pero 'Un dipu- tado ó UQ senador, coa la inviolabilidad que SU puesto le garantiza y con el ascendiente que (li^^^(l[a jtor lo iiii>iiio de representar una provincia, tiene a la mano mayor abundan- cia de medios para ilustrar la opinión publica ▼ conmover los Animos, escitando los senti- mientos narir)nnle><, y poniendo en acción las pasiones nubles y f^enerosas.
• Proeárcse que sepa la Corona, que sepa el pais, (pie hay hombres dispuestos á ma- tar la revolución sin rearriom-s injn«;tns. sin trastornos, sin violctuias de nin^íuna clase; ▼ cuando se haya logrado que el pais y la v.orona se convenzan de ello, déjenselas votaciones para los parlamentarios. Permíta- seles que se gocen en sus triunfos de mo- mento; que se lisonjeen con la esperanza, con In Si\i[ir¡(lad si tes place, de que es su- yo, caleramente suyo el porvenir: después m unas cértes vienen otras corles, después de unas leyes vienen otras leyes; des- pués ríe unos ministerios vienen otros mi- nisterios.
parnrú desfioes de l^ber surrído la disolvente de nnr\ leninnrada de corles? Se- iaa tantas las diiicullades, las c\i¿$eocias« los apuros de que se verá rodeado, que ci nii. iüo, sin que nadie le empuje, se resig- nara a ahdi^^nrcl nnndo, invocando Uil vez el auxilio üe ios que aiiora desdeña, llamán- <loIos a salvar el tnmo comprometido por imprudi'nfps con<ejns.
A pesar de lo que acabamos de decir, y no obstante la convicción que abrigamos de qne entre los hombres monárquico-religioso» no se piensa en eonspi raciones ni levanta- mientos y creemos que es muv grave impru- dencia la de los órganos ae la sitaadon cuaiulo ponen el grito eu el cielo poir temo- res (|uc nada juslitic-a. Lo (pjc se logra con esto es esparcir la alarma, y la alunua es siempre una semilla muy funesta. Lo que se logra es que Ins autoridades subalternas se entreguen a la arbitrariedad y vejen á ciu- dadanos inocentes, todo para manifestar so- breabundancia de celo y (ongraciarsc con stis patronos; y la arbitrariedad y las vejacio- nes son taiiibíen una semilla muy íunesta* sobre todo en nn pais tan profondanienle re> movido, y que c^n tanta frecuencia ha ládo víctima (h vaivenes y trastornos. Lo qne so logra es dt sv iarse mas V mas do la legalidad (pie s<> predica, y fortalecer ta eonviceion.
Iiarl«) cs;i'mlida ya, deque ciertos hombres proclamau la ley cuando le?; conviene, y ia infringen v menosprecian cuando los emba- raza. Lfi que se logra es apartar las cuestio- nes (ifi h'rrenn de la discusión pacitira, acen arias ai de los hechos, eucooar los áni- mos, desjiertar y avivar añejos rencores, j agitar malas pasiones* amonlonando de esta I suerte cnnihtisliblcs para una confloírnieion. de que esperamos que ia Pruvidcncia pre- Cuando los sucesos se van precipitando ¡ servará á esta nación desventurada. Esto es fon lama rapidez; cuando la descomposición ' lo que se [dura; y por cierto es bien eslra- dcl nariido (lominanic se va mostrando ca- ¡ noíiue los hombres de h situación, amaes- da uta roas clara y palpable; cuando no solo il Irailos en la escuela del escarmiento, se kk manifestado sú imi>otencia gubernativa, | dejen cegar de tal manera por el espíritu de i^inoque hasta lia llci^ailo á prcst'ularse casi incapaz de couálituir uo ministerio, pues tanta ha sido la diticultad que ha tenido en hallar un ministro de Estado, yerro torpe fuera lo que él achaca á sus a^h crsarios de pretender derribarle con la fuerza de las ar- mas. ¿Tanto es su arraigo, tanta es su i)o- pularídad, que sea preciso apelar a meííios tan estremos? Poros mc?es lleva de gobicr-.1 no, y véase á quií esta reducido. ¿Adonde pnrtiiíM no vean lo qne está viendo lodo el inmido menos ellos.
AL ARTICULO Coo mucho Wd&io licuius lusicrlaiio el ui- tiealo que nos ha dirigido el Sr. D. Andrés Borrego: jamús lu iiios IiuiJude iadiscusiou (\e luieslras opuiioiios. y iiiucím raeims ninn- (io el contri (^üotc es ))crsoua tan euloniliiia, y se espresa eo icoguaje tan templado y de- coroso.
' Creemos que eu esle asunto hay lio^ cu«is- liones, una que se refiere al giro que lia lo- iMdo la discusión, y otra que versa sobre el verdadiMT) fuiulo dr las cosas: una y otra exi- gen ali:iiuas aclaraciones, que hareiuot» cou la iii;t\or brevedad posible.
En primer lugar no es exacto lo (|u«> allr- m» e! >•■ (fregó, que el /'t-vs/rmíento de la Maaim üiiigicse cargos al ¡ientido por el primer articvio del Correo JV(KÍ<mal. Se co- piaron los pánafiiS mas notables, pero sin decir sobre quien pesaba la responsabilidad. £1 UeraUio contesto; y al Pensamienio de la JVoMa» preciso le l'ué replicar: desde enfon- tTs cojnenzo la cuestión con el HemhJn. j'ór parte de uobotros no estuvo la uíenstva en lo que pudiera pertenecer ¿ determinadas personas ni periódicos. Léanse nuestros ar- tículos, y se verá euán exacto es lo que aca- biimos de decir.
Agrédanos sobre manera fa «aballerosn rnm(|iie/.a con (jue el Sr. Borrego conviene en que las iJalaUms copiadas por el /V;mi- meiUo de la j\aaou tienen un sigoilicado «foro, prteiso, ttrmimmte,' que fueron es^ taní]nt!;Ts. con intima rnnriccion, y con el pruimtiif (k fjiie se les diera en su espíritu y tttmiael teníido material uue de su contes- tam deduce. En lo cnal cenamos de ver qoe no sin motivo llamaron la atención. v cpio ao deben de ser tan reaccionarias nuestras deetfinas, cuando en el fondo estamos de aciienln con lo que pensaba a la sazón un publicista tan distiníriiido. uno de los mas JM-illanles escritores del partido conservador, y que en aquella época le estaba prestando servicios ¡inportanl Poro tenemos (¡n ■ dcnr sobre lo (|ue es pacamente persona! dtl Sr. iiurre¿5o; báiíla' nos su palabra paia-qw^creaimissin njagun género de diiil;i <|un csprrsó su opinión par- ticular, sin coüsuilar a ios demos rcdoclorej» ni esplorar la de loa hombres inRuyeates del, partido. Pero no podemos (tersuadíinos que ' un escritor grave y concienzudo como el se- ñor ItorreiJ¡o, apoyase su opinión en Üaco^ ruodamentos. ni se atreviese á tomare) nonvr bre de un piulido, vi (|ue no esplorando di- rectamente cual cr.i el modo de pen«ar de los gefes, al menos sin atender á lo (pte era de esperar de sus antecedentes, de sus door triiin^ n-ii-iosas y políticas, y del aspecto Íbajo el cual luirabaa los becbos (pie iba con- sumando la revolncion de setiembre. £o < contra de esto nada prueba cuanto aduce el Sr. Borretro sohrc el carácter é influencia de los periódicos, porque esto se reliere, no á la naturaleza de semejantes nublicaciones, sino a In entereza y moralidim de quien las rednfta. r.|;ir'> es «pie no se pmlifi exigir que uu [>arliúo estuviese ligado por ias declara- ciones de ud periódico, pero el mismo se- ñor Borrciro conviene en ipic semejantes pa- labras eu boca del torreo Aacwnai lle- vaban consigo el peso, la consideracioiiy la infltmtia quese suponía en personas que con rie<¡i:o y perseverancia bahiati i(»rtaulado los principios y defendido los luieres^ 4ol partido monárquicoxconstituciOBal. Ni es es* traño que creyera el Sr. Borrego, «que la inflnencia y aceplíirion de que {ío7a!in entre los bombres de su opinión sobre\iViiia a iob dias de amargura } de prueba, y le penní- tiria sostener mas tarde lo que entonces aconsejaba guiado de la mas iülni'.a y sincera convicción;» no es estiaño, jcpcluuos, cuan- do sobre la cuestión de justicia y convenien- cia de la venta de Iij> Iiiencs dr! < Icid.^e!ia- bian eetprcsado con tanta energia en ias corles los bombres mas señalados del partido, y cnnndo, coom observa muy (^i'tunaaie«}e el Sr. Borrego, ningún órgano siu í» se b'van- tó para contradecir á lo que asentaba el ar> tieulo del C^reo A'aHonal.
I*nsa el Sr. Borrego á examinar si r\i^ la contradicción (pie uosotro'í henius lieclio notar, y nos han llamado la atención ias pa- labras con que la cuestión se plantea. «Reata únicaiürnt''. diro, ¡iojut i n claro el último punto, a saber: el de si existe contradicci(m entre haber muena/ado de nulidad la ventu - de los bienes del clero secular, y no uioslrar- se ahora partidario-! ai errimos di' la dcrnlu- mn inmediata, úc ioñ bienes vcnditluft,»» lo confésBrtMiios ingeDuameote: si nos hubiése- mos h:illado en la posición de nuestros nd- versarios eii ia prestíate cuestión y luihitse toniadff parte en ella un escritor como el Sr. Borrcíro, plantoaiuld'ii en los tériiun*».-; que ncaiiainos de le hubiéramos pedido esplicaciunes para 8al)cr si estaba xm nosy las restriccioueá, pur cierta biOiTiesprestf y signiíicativaü. con t}t!e plante;! la ciiostion, dicen demasiado para que deljaiuos iusislir en comentarlas.
Tn argDinetito de analogía ailniv t'l «cfior HonvfíM, que a prinu'ra viíla alucina pero que (MI riMlida<l es muy defectuoso: compara otros o rontra nosotros. Kn eTecto: los órga- la situación del gobierno actual en el asnsto nos di' la situación, no solo no lian sido nhnra de los bienes fie! rli in, con la en <f!ic so enpartidarios acérrimos do la devolución innie- j contraria un ¿:o!)ienK) reparador con ^cs|>t^:lo oiata f sino que han sido al contrario parti- \ á tin tratado de «lianza estertor qne se' Inrfíiríoj «eí'mwos de que la devolución no se biera concluida en tiempos de revolución.
rehiciera nuiufi. f'slas son ro«a« mwv flitorentesí razones de j)olitica podiun inlbtír en: gauíos notar una diferencia uuiy capital ipie reconocido el di-rrclio (pie tiene un ^^obierno de e<li[)ular c; u los estrafios del n>odo que juzgue Cüuvcnicnií», y solo podria ser decla- rado noto el tratado por la lesión enorme qne luibiese sufrido ia nación perjudicada, o por la ilegitimidad del poder contratante: pero en el caso presente había otra nulidad radical, rc' < n « ida por los principales causer partidario acérrimo ó templado, en que la (Ifvohicion liiese mrdtata ó inmediata; Scro de esto á ser eneini^ío acérrimo de ¡a etolucion, tanto inmediata como mediata, hay una distancia inmensa. El Sr. Borre^ se coloca en id primor r n=o, oíros se lian si- tuado en ol segundo: el lenguaje del Sr. líor- re<<;o deja esperanzas, el de otros no; el se- ñor Borrei^o se muestra conciliador. otros han creido conveniente mostrarse dcsdnfinsos ¡| dillos del partido conservador, pues que estos hasta ol estremo, rechazando nuestras opi- niones y achacándoles tendencias i\uv no te - nían; ' Sr Borrego no se aversdenza de confesar (pie la devolución estaba entonces en su convicción sincera é nitima, y ahora no la retracta, solo discate 8d)re ef medio de dar stinve solución á tanírravc diticnltad; pet^x) esla mu^ jejos de tachar do reacciona- rios» ni fiináticós, ni intolerantes á los que piensen de diferente manera.
Ya que la oportunidad ^e brinda, haremos notar que en los primeros tiempos después de la calda de los |)rof;re^8tas« lasesposicío* nes de los iniehlos y las reclamaciones de la prensa se Innitahnn a pr^dir la suspensión de la venta, pero se rechazaron como reacbabian sostenido qucniujíun gobierno, ni ano el mas legitimo « tenia derecho do qwUu* los bienes al clero. de* ';n;indo fpif esh», a mas de ser poriudiciai a la nación, era una injusticia, una usurpación. un despojo. La direrencta está clara, pero todavta se puede ilnstrnr con una paridad. Siuinni-'amos que el (¡obicrno do E.-^partero hubiese hecho roo la íufílaterra un tratado de oomercto qse hubiese aTeclado de una manera notable el sistema de las rontriluiriones eTÍ«!rnte«5. y que esto lo hubiera iicctio sin consultar a las (fortes, a oaienos por la Coitftitticionde 4637 corresiioiide el intervenir en lodo lorelalis** a impuestos. Claro es que este tratado hu- biera ])odido ser declarado nulo, no solo por cíonaríos semejantes clamores, se insté al,< la lesión si la hubiese habido, no solo por la- gobierno ñ que continuase v activase la ven- falta de leaitiinidad del poder fonlmtantfí, ta, se le alabo cuando adelantaba en este sino, y niuy principalmente. ñor la ilegali- oamino, se lo increpó cuando se paraba.o se dad con que se habia procedido «n el trata- temia que aflojase: ¿quién tiene la culpa de <í de. En la cuestión de bienes del clero habia qii" la dilicultad se haya auravado vendién- en opinión de los líeles del partido conser- dose muchiiíimas tincas del clero secular des- vador, ia lesión de ia nación y del crarie, de que no mandan los proícresislas, y ha- pues miraban la enai;enacfbn eomo anti-^e^ ciéndose ahora la suspensión una medida, nómica; habia la l'alla de lei^ilimidad del insuficiente? poder levisni.'idít |tor la violenrin: y hnbin Nótese bien: el Sr. Bonciío aclara lo que, sobre ludo In injii>li( ia ininnseca qmi los ha creído convenienle, car^a lenimente con mismos seOores tanto habían evidcncitdo. la responsabilidad que ha ju7uado suya, ]H ro T.t > ar^MinnMitos en qne fundamos el car^ no acepta tampoco la cuestión en el teneno de inconsecuencia no fueron simplemente »n qne la han colocado sus antiguos amigos;, las palabras del Correo AacioHol^ recientes ion nuestros articuios, nadíB^babrá «ttiriado |! se hngn la devolución dtf iogbieaesfendidqB, las citas y los nombres. Concluye el Sr. Borrego esciléiulottos ¿ f|ue, supuesto que recomendamos su sisle- uia, lo acéptenlos en todas sus partes; y nos aconseja no nos mostremos enemigos de los medios de reeoncilracion que á la sazón iiuütaím. (^onio el Sr. B^nvco hnh!n de la autoridad de In Silla Aposlolica, declaramos deüde lucf^o que si el ^(.'hierno alcanza del ni ahora ni nunca.»
El Sr. Borrego dice: « Yo soslenia que se debia hacer la devolución, pero ahora no creo conlrndcpirnic si no «oy partidario acérrimo de la devotucioa inmediata. » Si con esto se creen los hombres de la situación Tindieadoc de la inconsecuencia, y autorizados para sel* cnemiííos acérrimna dn!¡i (If'Vdiiicion tanto intiiídiala como iimiHtIa, ios dejaremos que