otros nos j ja rece (}ue el articulo del Sr. Hor< regó cslá escrito con mucha entereza en lo tocante a cargar con la resixmsahilidad prq* pia, pero con no menor saí^acidad para no ¡iIit nmnrÑc ron In agena. Apinnidimos since> rameute la honradez del hombre y la per^H» picaeia del cscrílor: oti'os bán de decir n «piedan satisfechos del abogado. Si así no luerc, no culpen á este sino á su cansa.
) ttePeaPtoHem unhr^ et malemtar <f« I HaCrtd J d««ctntf* do lau.
Sumo PontiGcc la sanciou de lo hecho, nos- disfruten de su ilusión tan lisonjera. A nos^ otroH- seremos jos priinero< en rnürir ante su tallo inapeiabítí. Deseamos smceramente que se encuentren medios de conciliación para evitar confiictos desastrosos; ansiamos por el dia en (pie h T^nafia vea restablecidas sus relaciones con el Vicario de Jesucristo, V en que la voz del Snpvemo Pastor de la I;ílesia do-i/iip oí rnuo'no que deheinos se- ¿fuir; pero hasta que esto se verilapie, falla- riamos a un deber sagrado si sostuviési^nms otra doctrina que la que hallamos consi;rna- íla (-n los sajrrados caeones. en Iüs!< ■^ ^sde nuestros codigo.s antiguos y modernos^ en la tttísma Constitución dé 48.37, en los discnr> sos de nuestros antagonistas mas distingui- dos, proclamando con no^ofro»; (a injusticia de lo que.se hizo y la justicia de que se re- pare.
('n'ornos que ron las reflexiones que pre- ceden queda en <u puesto la verdad; v que Ó pesar del artu iilo del Sr. Borrei^o queda | en pie cuanto hemos sostenido sobre los bic' n<*s del clero. íl.ihiíinios dicho fjtip sf> romo- tió una grande injusticia, que asi lo habian feconocido los periódicos y los caudillos del Eartido moderado; habíamos dicho que entre is doctrinas y Ir/s ¡u í)!o-*;;s tic ofios (ien>pos y las doctrinas y los hcciios de ahora se no- taba una contradiccfott chocante: nada de esto se deslíalo ron el articulo del Sr. Bor- rego, qiiietí ademas tampoco parece haberse p^opue^to objeto semejante, lie aquí en po- cas palabras á (|ué esta reducida ta situación respectiva de los que han tomado parteen ia conlieoda.
Noeotros decíamos á los hombres de la thuacion: «Clamásteis que el quitar los bie- nes al clero errí ima injusticia., una usurpa- ción, un despojo. ¿Con qué consecuencia sancionáis tamalla ínjnsticia, y habéis apre- surado su consumación por eqjwclo de mu- chos meses? >» Los hombres de ia situación dicen: ".Nos apondremos con todas nuestras fuerzas á que I iia, creyéndose con derecbo á la Corona, La España es muy a propósito |Kira sor bien gobernada: lo que nos falta oo son elemontos ijobcrnaliks. úwo eíement' ''-'^rr- itanles; y sobre todo falla un ( ( otio, uu punto de apoyo para la máquina ptditicn: iiasla que le alcancemos, todo será ó mah> o muy t)j!»:ai,'(>ro. Anpiirnldcs para ievanliir oí mundo no pedia masque uu punto de apovo^ para mover á la Espafla del hhxIo que'an quisiera tampoco seria nionosior otra cosa <pio un punto» y no seria necesario uu Ar- quuiiides.
¿Cómo es posible, se dice, que en esto pais nadie alcance á Cunditr un gobierno^ ¿Sera que el Africa comienro loabiMsnte en el Pirineo? Nuestra raza ¿es piw ventura di** fe rente de las demás de Éuropa? Para ai»^ niff-tar la sinrazón de cuestiones semejantes, tan olonsi vas al carácter español, harenuMt algunas suposiciones. Demos que en Pranfcia mucre Luis Felipe. y queda cncomcndadft el gobierno á la viuda del duque de Urieans, que uno do los prúicipes de la Real íaniiapelá a la;; armas, y se éfldende líoa liuer- rl empifo de medriií íHas ffirat-M para «acir ra civil que dura largos afW)s,equilíbrundusc [¡ al \)a\s do las aii.^u.Niiui» en i{ue se eocueo- las fuenas beligerantes, y ocupando res- peclivamenle posiciontísinespuíínables; ¿qué sucederá? El desencadcuaniiciitf» de las pa- siones, y el choque de los ^jailidos lucran iocomparáblenieoU» mas terrible» de lo (]ue han sido entre nosotros; v cu medio de tan tra. Por desgracia hay pocos de estos i\w carezcan de compromisos: compromisos que tal ve/ influyan en el curso de ios acontt'ci- mit'iilü.s iiuis que las preocupaciones. El ca- mino se ve. pero ¿quién sealreveá seguir- le. (l(>>nu('s (If Iiaherse etiipefiado e&'Otras I cuu lauta iiupruUeuuia?
recios embates, no hubiera quien fuese cu- paz, ni de fundar un ^'obierno, ni de salvar siq^uiera la oiunarquia. Esto es evidente para quien conn/ca I;i situación de la Frantin.
Pero coutinuemos la suposición. Demos i\uii de un modo ú otro hubiese terminado la guerra civil, y que sin haber perecido del todo el principio monárquico, estuviese re- prcsculado \m una au¿;usta hucrtana de 13 aAos, sola entre las pasiones agitadas, entre la lucha (le ¿írandes intereses, entre nin- biciones desmedidas, entre sociedades se- cretas, entre inlrigas estrangeras; con la admíin'slracion desconcertada, la hacienda hiiiulida. Iii ley riiiKlaiiiciiIal sujeta á conli- i^uas mudanzas, ip.s. h^biiu.s de insurrección arraigados con el tíeuipu, la di^cipI¡na del ejército ntinada por los perlurbadoies; con una iniinidad de (!( <( nótenlos de losriiali s inuchos lo sou poi la razou poderosa de ca- recer de pan; si esta combinación de cir- cimstancias hubiese en rrancia, ¿qué sucedería? Para nosotros no es dudoso: pues tóeu, esto se verifica en España; asi lo ba querido la Providencia. Lo ínesplícable« pues, no c^lá en la dilieullnd de formar un Subierno, suio en que haya ui una sombra t é\, enrqoe la inmensa roayoria se resig- ne á obedecer y pagar.
Bien se rehará de ver que a! escrüiir es- tas lincas nu anda guiada nuestra pluma por «( espíritu de partidor consignamos hcciios que nadie puede desconocer; nos lamenta- mos de infortunios de que la nación es vic- tima, sin (pie entremos en cuestiones sobre quién tiene la culpa. Hay aqut mucho de providencial, estraordinario: los errores y los éelitosde los hombres no dejan por esto de existir*, p«rt> nadie puede negar que ha lia- bido en la naturaleza de las cosas algo su- perior a los pensamientos y esfuerzos hu- manos.
Esta consideración descorazona, pero convida a tin ilifar: convida á elevar las lues- tiones sobre la aUnoslera <le las pasiones é intereses de momento, cual elevarlas dehe | _., el>iUé8Dfo;>y aconseja-ai hombn. de estado I do oue«U4Ud«isveaÁttras7 -No;giNiM>siil«|HSr II.
Sieuipre desconlianius del sigiu de uro. que se nos prometía con la mayor edad de la Reina; nunca esperamos nada de los mila- gros de la coalición; nada esperamos tam- poco de los medios que ahora se enq)leaQ. I Ei partido conservador está solo en el parbe- mentó. no li" eni!inra7nn ni Ins absoluti>tas ni ios progresistas: cu sus manos esta la ua- cion entera, desde las erradas del trono iias*- ta el mas iuiímo destino; ¿(pié sisU^ma podrá establecer capaz de resistir a h\ prueba, no diremos de largos años, pero ni auu de bre- vísimo tiempo? En nuestra opinión ninguno: y mucho dudamos (¡ue ios iuísiikís (pie pare- cen intenlarlOf abriguen íirme esperanza de conseguirlo.
En España antes de la revolución balita soliiaiia estabilidad; (lesi)nes de la revnli;- cion hay deaiasuida instabilidad: el c.-<cesu de la estabilidad |)odia acarrear los perjuicios de un atraso* pero la presente iastjüúlidad, si no se remedia, traerá consigo la disolu- ción, y cuu ella uuevas catástrofes.
En 'todas las situaciones se oyen quejas contra determinadas personas, murmullos contra la preponderancia de este ó a<iuel po- der; las personas desaparecen, el poder odiado se nnnde, y en pos vienen otro (loder y otras personas, objeto de las mismas re- convenciones, de cargos parecidos: iu situa- ción vuelve á presentarse la misma, salvas ligeras moditicaGÍottes que no alteran!• escuela de las cosas.
¿ V es posible uue los hombres de estad» no se convenzan de que Ja raii del mal es muy honda, que no bastarán á curarle mu- dan/as de jK'rsoiias, ni un \m'o mas <i menos de latitud en las lusliliicioues? ¿E:> posible que se resuelvan' á gobernar no nias/^ue psr ra snlii- del paso lo menos \m\ que puedan, sin meditar si(|uiera si habría aigiin iiteUii» de cegar para sieuipie el funesto muuaulisl mip no nos hacemos ilusiones sobre ia diií- cirftaé. de las circonslancias. sobre los obsliictilos (jiic ha »b? encontrar todó iroliier- 110, sea cual lucre la dirección (|ue «juisiere tomnr: pero to(la\¡a i-reeniosque si nuestros hombres públicos luesen nienos hombres de I ' •<>, SI lii( ioi n un esl'uerao para olvi- lie autcredt'ultfs que los desconciertan y eslruvinn. lodax ia creemos quc.cl reoMidio no fuera imposible.
Para nosotros es tan claro que nada de lo qne se hace ni se intenta baeer es bastante para consolidar en España un gobierno. (|ue no alean/amos como hay hombres de buena fé que puedan abrií;ar semejantes ilusionr^ l'ara disiparlas no es necesario en nii ronrepto alta penetración política, bastar debiera el sentido couuiu. Kn un país Lm profundamente conmoviílo, victima por es- pacio de doce años de fíuerra civil y de re- >ohicion. (pie no tiene mas poder <|ne la .'Migusla Huérfana (pie todavia no ha cumpli- do los 14 años: en un pais de Europa que esta aislado de las princi|)alcs potencias en- ronas: en un pais relif.Moso, que tiene paidient(>s fíravisimas cuestiones relifíiosas.
• u un pais católico, (pie tiene ipterrumpidjis sus relaciones con el Papa; en un pais mo- nárquico placado de ensayos democráticos; • n ese pais, ver a hombres de estado erenada semeianle. ni hay a|>aT¡cncias de que lo haya. Kl soldado útí fortuna ipie se en- contró en la posición mas favorable para representar mas o menos cumpliiiamente se- mejante pajiel, se mostró muy inferior a la altura en que le hablan colocado las circuns- tancias: el líeneral en ^efe de los ejércitos reunidos, elevado a la regencia con el apoyo de cien mil bayonetas, tuvo la csiraña ocur- rencia de meterse á rey constitucional Esto no necc^sila comentarios. Bien paí;o su merecido. En pos de Espartero se han crea- do nuevas situaciones; nos abstenemos de comi)aiar hombres ron hombres, partidos con partidos, pandillas con pandillas; el (iempo se encaríiará de panm^ones que no podemos hacer nosotros.
t IV.,r t IV.,r Es notable el contraste (pie ofrece el año de ISiiconelde \H'U: en ambos se halla en tvla de juicio la (*,onstitucioii del Estado; en amiKis se (piiere hacer la transición poi)^ medios suaves: en ambos es ministro eLse/lw Maríinvzih la Itnsn. Pero hay la diferencia,, (pie entonces íbamos de la nionarquia a lair. revoluciím. ahora estamos ya de vuelta, yw nos vamos de la revolución a la monarquía. Entonces el Sr. Marlim z de la Hosa fuc; II l'i <pie todo puede remediarse con bala- \ escoírido para desiítnar el |uinto en (jue de-r. lias electorales, con un pcMío mas () menos <fe latitud en las instituciones, con enviar ncá y acullá alunnos afíentes á daresp<«ran- zas, á esplorar terrenos, con halaírar a este i».iqnel partido. o mejor, á estas o atpiellas »orsoiias, todo sin plan. sin concierto, siu iiiida (]ue se eleve a la altura sulicientc so- tire las pasiones y ios intereses del momento, t'slo es desconsolador.
III.
III.
Cuando reflexionamos.sobre el curso es- Iraño que van sÍ!.!;uieudolos acontecimientos, parecenos que la Providencia conduce á la nación por caminos ignorados del débil hom- bre, á algún desenlace.sorprendente, seme- jante a tantos otros como hemos presen- ciido. Ponjue en las demás revolucionas, <ann(l(» han llegado á su termino. fatigadas M sus propios esfuerzos y desangradas con l'i<: heridas que ellas mismas se abren, se li'vanla algún hombre (jue acaba de matarlas y las sepulta y hereda. Aqui no ha habido' biainos pararnos, ahora s(> ha hecho lo mis- mo: los esfuerzos del ministro de Estado no bastaron a detener el impulso que estaba da- do en una din^ccion. no sabemos si serán suficientes á detener el impulso actual. que< llc\a una dirección opuesta.
Entre dos ej»»rcitos ipie se disputasen el paso de un puente, sena posición muy peli-i grosa la de quien se situase en el puente mismo para detener a unos y a otros: no es diliril adivinar la suerte que le tocaría: esta misma suerte le ha de caber irremisible- mente á (piien en España no se procure el apoyo, o de los monanpiicos o de los progre- sistas.
V.
V.
(Ireemos que conviene aplazar la cuestiour del enlace d(« la Reina, (pie las circunstancias présenles oponen insuperables obstáculos a la acertada resolución de este gravísimo ne- gorio: pero no ¡lodemos menos de hacer no- tar que hasta acpiella época no se alcanzarii la teminacion de nueAna ee«pKMciones j goberniir; y adamas es ímposiWe qae se socialPí^y ptiüticas. Rctóquensp unn yinil ve-; rouiKin difiTcntcs partidos para lo^írarlo. ees las institucioaes funoaiueolalcs, resuélvanse como se quiera los inaaoierableg pro Ueaias pendientes i!) ( I país; las esperantas y los temores sr milriran ron el nnevo ]M»r- venir que pudiera inaugurarse con el niatri- MODÍa de iá Reina; hasta que se sepa cuál será el principe que se colocará ni lado de la augusta I^^bel, todo sera iiUerino: se habrá construido una bóveda, perú ieUllara ladava.
VI.
' £1 partido progresista ¿puede gobernar Rolo? ¿Enrierrn en >í los elemeiilos necesa- rios para establecer uu orden de cosas tran- quilo y duradero? No. Asi nos lo están diciendo las doctrinas que prncinmn,!ns sis- temas que quiere eo&ayar, y luas que todo su historia^ • El partido moderado, combatido por loa. pTOjrrcsistas y los riiMn;<ri!u¡cos, /.puede go- hernarY No. lina muioua tan reducida, sea cual fuere la mteiigencia ^qv^ crea poseer, partidos par Luego es imposible el mando de los partidos. \ fuera de ios partidos, ¿qué hay? ¿Existe en España al;;uiia porción de bombees que no ))uedan calilicarse de progresistas. ó mf>- deradus, o monárquicos, ó mcdio^ entre unos ú otro»f No. Pues esos tales serian hombres sin ideas y:>¡ii deseos; as dactr, sin entendimiento ni \oluntad. u uLuc{;o, su uus dirá, es imposible en £.s- I pafia el i^obiemo.* Esto no es verdad, y da los antecedentes fiue acallarnos de asentar deducimos nosotros olr.i consfciiencia. Fn Esj>aüU, como en Fnincia. cüiiiü en Lugla- len a. como en todos los paises del mundo, es irnpíe^ihlc un gobierno de partidos propia- mcule dicho, Iranquiio v duradero: consai- lese la razón, léase la hlslona » atteudase á la csperiencia, y se echará da ver el fenáo aieno social y político que a< ahünios de in- dicar. Kii las aKtaarquías, en las repúblicas, en los ^obiérnos mistas, se verásiempn un pensamiento su|x!rior ó los partidos, ora personiíicado en im lionibre.orn on nna cor- poración, ora en una ('la¿e muy reducida; w» esbaatanteá dominar tantos y tan pode- I pero siempre hay aiuo que se levanta sohie rosos adversarios.
El partido mouúrq^uico, si se empeñase en gol>cmar con an sistema violento, y sin atender al nuevo curso ipie han tomado las ideas, á la alterai iim que han sulrido las c-oslumbrcs, al conjunto de circunstancias que constituyen lo (pie se llama necesidades de la época/ ¿podría golierni'.r ' \ i DiÜtil fuera alcanzar el mando cou scmcjaules con- diciones, conservarlo imposible.
Un tercem, ó mejor diremos coarto par- tido, que ni quisiese á los pro-i ' -isias, ni á \m moderados, ni á los mouarquu us y quo se empeñase en gobernar sin el apoyo de nilt^na de las fuerzas (]ue dan vida a estos tres, ¿podrió gobernar? Ño. Para nosotros es tan evidente como la imposibihJad de audur nia chazan Luego ningún partido por si solo puede la ntruosfern de los jwrlidos, y que cuando no ios mata, los precisa a mantenerse eo ciertos limites, y a que empleen sus fuer* zas alrededor dé un punto determinado del cuai no pueden prescindir."
¿Existe en Eíípatia esle pensamiento? (^inro es que no i lo que existe es una insti- tución veneranda, y por todos venerada; pero la Providencia ha (nifM Í io que esa ins- LiLUciua quedase sin [leuNUnieulu propio, y lo que es mas sensii)le, que no pudiera ta-' nerle en mucho tiempo. Aqiii iin hay un consejo, no hay una corporación, uu hay nada que llene el vacío; de lo cual resulta esa asombrosa instabilidad que el mando de 1(H pai iidoN Iiae consigo. Fn-i-; íjobiernan sin eslar sujelus a otra cosa que á sus inspiralargo trecho y al aire libre, por una maro- | cienes propias, sin mas objeto que fm con- ma, soplando con furia encnnlrndrtx vientos.
¿Pueden íormarsc coaliciones de diferen- tes partidos y con ellas fundar y conservar UD gobierno? No. T este gobierno no será posible hasta que se consiga que unos ú otros rcnuncioQ á sus opiniones, á sus pasiones, á sm intereses, ó ({uo vivan ea paz y armoh scrvacion, sin mas re^Mas <jue sus ilu.siones. pasiones é infíMí^^es: de lo que dimana esa iiební que lt>.s devora, y que atríie sobre el pais calamidades sin cuento.
Ciertos periódicos lian linhlado de rnina- rillas, de poderes invisibles y otras cosas semcjanles; sea de esto lo que fuero, lo.
elemeataa qim natufaimente se le- cierto es que á jugar ixir los efeetaa no 'v^ mos en niníuna parle lijeza de pensamiento., unidad de miras, concierto de plan; no vese atacan, se derriban sucesivamente, siu mas resultado que mudanzas du empleados f estériles ensayos de sislenius. - ' «,Mn KsptAa, de ooee iiikMs á esta [Mirte, se I estado a plicandu mas que en ninmm pais IsBáxiroa de que el fíey reina y no yobier' H^i T esto ha sucedido tanto coa la Qxbtan- cáB ot laa Górtes como sin ^ ílas. Los nuais- tcrios han sido espresion di" coinlúnacioncs 4e prohoujbres de parlidu, sm sujecton a «n regla, sin mimisíoa á una voluntad. El partido convertido* en gobierno de esta ma- nera lan (b'plornitle, nu ha podido ^'obcrnar sino coiuo tal; para esto ha necesitadu ateu- ^ItMKmt^ á los honlNWi, y poco ó nada á las cosas; no b;i podido satisfacer tod.is las nnibiciones y e\iii;cDcias, y por lo mismo ha ticulo 36 de la Constitución de II _ iihierlo solemnemente lasCórtcs; la^ (li-^IViila de tranquilidad; la autoridad deja llciua (iá obedecida en lodo ei ámbito de^lr moürfiiafvBO hay ninguna eoesUaB^Hraii' ,:(M-:i que pueda turbar la paz ni pan^f i^a cunllicto al gobierno; y en estas círcunstan» cias 6Q halla dueño del poder el partido (jue» •WW concepto, es el único ca{>az de ciettr trizar las llagas ahieríns por la revolución, y a))ruvecK»r los bienes que la misma baya producido; de contener, asi á k)s que inte»* ten sumiracsren loa desastres de la auarquéa* como á los que se propusieren llevarnos á las violentas reacciones del despotismo. Due- ft» da>i|Bfc|igteiio 4 solo en las cortes « en po- ' sesión de todos los empleos, arbitro de los de>iinos de la nación, el partido con>ervaiMAilvgar a numerosas deserciones. Loque:¡ dor ba visto,ilepr el iu(^m«^pto supremo en al«ibiral gobierno ^ra un partido, ha de- \ que puedMWWilestar 4Ípp#tquiere, to quf ppoerndo en pandilla, que aislada y descon- j pu(íde, loque vale, li (inc es, disipando con liada de susanti^os amigos, los lia idu tro- t heuiius y no con meras palabras las equiv^ •Mdoeaadvcnarios, y de abi la pnrfrada | ca^iiHies.en que hayamos incurrido 1^ que debilidad, el esclusivismo, la cólera de la l no hemos augurado bien de su mando. Asi intoler;)u<'ia, el dcürio de un moribundo, i lo reronocen sus principales orejanos; ellos Esta esc'cua se ha repelido en España varias L coii)jc^C|^eu que, si ahora no organiza el iPMes; y se repetíHi otras machas, y sieni- I ptl^^fñw^a un gobierno que satisfaga- las pre, basta que en la elevada región del po- [ necesidades de la nación, se hunde, y se. der baya uit pensamiento propio, al cual se | liiuide ¡)ara siempre. Las venlajns de l,i pro- hayan de someter los partidos que se apode- I seule situación nvpecloal partido dueño del üá (M IPldft«r I •. M.. >. p mando las reconoíMa francaniente elirmíff*, Sin e>ta condición es imposible todo go- Jo en ^ii numero de 11 del corriente, coO' bierMO; no dura ninguno que no lo noscai ■riftntni él falle, no hay esfjeranza da otro ■¡alema qm el aatdal de nuesti as an^gnas rnlonifls, que con algunas modilicaciones, hi^as de la diferencia de situación, es el wamo qua desda la muerte de Fmpdp! Vil \mttmm pffBaaiipiaiMio.eii Eapafta,, <•./.rv miuaiuio a su partido con el dhscrediy^^jj^ ruina si uo dula al país de las \e^^Mt9f¡0ft urgeticia ^e^ii«,,ía^i eo^iyioj^ lo admip^p.;^ La Heina ba cunijilidn los catorce años; la mavoria, que la fuerza de los aconlecimicn- tos'y el voto de las Cortes habían ya dccla^ r.ido hace nuirhr)^ ni:^:-i's, ba llegado ahora aun para bts que no han querido reconocer jftiíu» l^íjlij^ad <iuc la con.si¿;n9da en cl ar- ?osr restableció f or terrera vrz pn nnrstra patria, ban ihTlo l:is l.urli-s (l<> \:\ iLicion b:iJo coiidicif^ n<>s t'in r;iV(ii.'il'lrs y \i itl:)j<i>-:is c<'mo lU fO Mp arahn do vei ilicarse esU' };raiide acto. ' Concluida bMe cinco años la gwnr» civtt, ^ imitmaret dtqw ftuda voévwá retoñar rí nvm- tírot no la provoeamot con muttrat itnprutUneia$; Vt'iiciil.i i ri loíios los cani|>(!s y liyjo tudns sus Tises la rcvolticiüu: arrojado por cl voto púliliro á lícr- ni eslrangera el soMado K'inerarío é ingrato qun ■>!<6iBier|wiiewe «mm un obsWtqilo pnl» lea fm^ litaciones y H trono: (troiegido csic por la fnoeeo* rh mi>íma (fcl an¿(*t qne lo ortipa. amado del blo, fucrlc ya por la ley, rodando de lo« mas valit'n- tp» T do los mas lonlcs, y fiinoiítnando en oasí ledas las esf(>ra!t de la RoNsrñacion aqcicltosqiie un intcv y salvar tan prwikxíos ohj«to»« < prohrteion ét la Europa. y M "^tlÜÉééko prótiúnc'méti por S. M. en la iMdttlié'apeítlTOde las cortos es el primer pTOjsrmma de gobierno que ha presentado al . pais el inin'isterio acliial, y asi es necesario MláíCist al^in tantó en sa exámcn.
Poco tenemos íhjc «lorir sobro los dos pár- rafos en se haliln de rolnciones con las |>oteiicías eslran^eras: estando reducidos 1t fpunéi generales qnc en semejantes casos ve acostiinihran, y á dar cii Mil.i di- la embajada de la Sublime Puerta y de la ter- BÉñnacion de las desavenencias con el impe- lid'd6 Marruecos, carecen de interés por tersar sobre 'negocios ya conocidos del pú- * ' Sin- effib a rp:», dúl iüilsás nañ iMÍItrt)Tés en Tos párrafo»: mencionados: o! absoluto silen- cio sobre reronnoimiento de las doinas potencias, y un paréntesis lisonjero para la Mnda. lío primero no lo estrafiamos. antes creemos qu*» rsla es la conducta que se de- bía se.íU'r, porque no hay necesidad de ha- ttr concobir esperanzas (jue no se puedan cumplir, ni de emplear ostentosas frases de infícpendencia y dignidad nacional, cuando m> están atacadas ni amenazadas la dignidad W lli independencia.
Tocante al paréntesis diremos francamente que nos ha parecido alí:o inoporlnnn, v un si es no es oticioso: cuando todos sabemos que 1* jomadas de Isly, Tánger y Mogador han sido hechos dO armas felices pero muv pe- queño»;, parece míe en hora de una fteina de España, y hablando á la nación en cor- tes, no sienta bien lo de tanta eehridad y gloria, cuando no habia necesidad de hablar de la terminación de la fiuerra entre Francia y Marruecos, y mucho monos de calilicarla.
Fiara abstenerse de esto todavía mediaba otra consideración, que seria de mucho poso si se tratase de las desavenencias de la Fron- Hik con nna nación enropea, pero que tam- poco debía ser desatendida aun tratándose de Marruecos, donde no es probalilo que se ocupen mucho del análisis de los discursos 'de apertura de cortes. Esta considerador es MnitUtreset, tumlik'n i-sUi vez se nos (^sf•a|)a^c Ál goberoalit; Uel Kslaüu sin <|ur á lu incnos liubié- ^culus dolado al pais de a)|uril:is leyes iinporUiite.s, neceüariaa^ lUgtutíánM, (¿M i&i eo to |H)l¡lioo como en lo adMÍaiMntf«a f ettNiémioo Metoun m étfk- MMeiMiaciooji.
la de no herir la susceptibilidad dé cidos, en el mísmo párrafo donde ee dice que tantn se r/wn rnnxervnr fn paz ron elim- perio de Marruecos, y cuando se da la noti- cia do ffnt se hallan ya convenidas las ba- ses do it!t tratado en cuya virtud obtendrá España la salisfarcion que de juatieia se le debe, y que no se halla todavía ratilicado el tratado en el modo y forma convenielMes.
So rniTipronde niny Men que en Francia so procuren agrandarlas dimensiones de la campaña de Marruecos; que con la mira de dar prestigio al jóven príncipe vice-almimn- to y d.^ entretener la vanidad nacional, se t>rcsenten los trofeos de las pequeñas bata- las. ya que no es posiMe ofrecerlas grandes como las do Maren^o y Austerlitz; pero en Kspafia dohomos dar á los hechos el valor <pio tongan y nada mas: en un discurso del Hoy á las cámaras firancesas bnbienin senta- do hi^^n semejantes palabras, en el ée hi Koina do Fspaña, no.
Eslas observaciones no son hechas con espfritn de criticar; son dictadas por hi riH 7.nn, jioi- o! (losoo do (pío en dooninentos de esta clas(; no se caiga en faltas tan repara- bles: faltas á que es probable no se tflienit en Blarmecos, pero que no es regular que pasen desapercibidas en Lóodres y en otras partes.
Con ra«on ó sin ella se ha acvsado é lo» hombres de la situación de estar muy incli- nados en favor do la Francia, y do escuchar demasiado sus consejos: y asi fuera de de- sear (|ue se evitasen cnioadosameiite todae las noMsion 's que pudiesen dar pie á seme- jantes sospechas. El embajador inglés en Sevilla ha dado una lección 4^ á m que deseen aprender la reserva neoesaiin eo asuntos diplomáticos cuando liay algún pe- ligro de escitar rivafidades, ó' de indicar con imprudencias ane se propende en de- masía hacia una de los lados.
Eu España, toda política que uo procure con muchísimo cuidado, coa escrupulosidad, mantenerse en equilibrio entre la Francia y la Inglaterra, os luia poülica errada y su- mamente dañosa al país: con la Francia se f uede contrapesar a la Inglaterra. con la nglaterra á la Francia; y 'cuando nayamos podido anudar las relaciones con las poten- cias del.Norte, con el peso de estas podre- mos equilibrar la preponderancia deaqneltas. No nos cansaremos ae repetirlo: buenas re- laciones con toitos, intimidad con nadie; la BipaOa e» SQ tsiado actual po mmfk oteo I ímbímb y nsIMades; é^náB, m htMwtni»ji|, fruto de la intimidad con las grandes nació- | pidamentc la carrera para encunibrarse á Iq» oes de Europa que lo que saca el débil aso- primeros puestos del Estado; dundo se haciado con ei fuerte: para aquel el tiabajo y lospeUgiw, pan este la gloña y e) pro- vecho.
PNo olvidemos que á pesar de nueatra do- idad lúdavja tenemos mueboseleimiloe de adependeiMiia; el caráctef nacional, mes- ira posición pcninsulnr y en ol último conlin de Europa, y parlicularmeule lu misma ri- vabdad de las naciones empefiadas en influir en nuestros deslinos. En la división a^^ena poseemos ou esQ^leole medio de fuerza propia.
.Ha ñamado sobremanera la atención pú- blica el párpalo relali\o a l:i rrujiina de la CoostiUiciou, porque eslabi)Q los ammos muy ■asensos é inquielos con los rumores que liajiian circulado estos últimos dias sobre el Sroyecto de npla/ar la indicadíuerorma. Es- i aplazamieulo en las circunstancias actua- les podia ser muy largo y basta indefinido, mayormente atendidas las vicisitudes que en España suelen correr las Cortes, en las que todavía no hemos visto un ejemplo de muer- te natural, pues que hasta ahora todas han perecido n6 iratú, y algunas en la cuna £1 jroblehio en esta parte ha sido esplict- M á mas no poder, anunciauflo que el pro- yecto de I i'fornia cnnsliliicíonal seria |)resen- tadü, y en luí primeras sesiones, caiilicandole de punto etetteialisimo, cuya gravedad no podia ocultarse á la ilustración y patriotismo de las Corles, y ihi lauta urgcmia que la uunor dilación pudrid acarrear ¡ierjutcius m- ^ Tal vez nos e<iuivoqucmos. p(Mo nos lia ^farecido descubrir cu la redacción del dicho oPárrafo on esfuerzo por manifestar la vulun- JHld decidida de llevar a cabo la espresada re- forma con la mayor brcvi\la(l. l>to contrasta ^de una manera particular con las voces que Jbobian circulado, y las indicaciones de un ^ríódico que no suele estar fallo de noticias.
El gobierno (Ii( c una gran verdad, y emi- te ai propio tiempo uu pensamiento político llau laníos incentivos para desvanecer las ca- bezas con ambición insensata; dond^ consumen inútilmente las fuerzas del podbr y de los pueblos; donde se malogran tautos; talentos, que encarrilados en ocupaciones» científicas y artísticas ^>odrian ser al pais do alguna mayor utilidad de la qui> le son aho<. ra, poniendo cu pcligiq jd orden públk^ entorpeciendo la mafcna del gobierno,< <Mr cicndo imposible la estabilidad. ' ¿Pero como se cierra el cam|)0 de las dis-; cusioncs políticas? ¿Se couscuuirá este ob- jeto con un senado vitalicio d hereditario, sf nu se b;ice que la ley fundameiil<il cierre la entrada del Congreso a todosbs que no posean una propiedad respetable, si no se hace que el poder tenga mas fuerza, y no se vean i cada paso preci>ados los gobernantes á com- parecer delante del ^raA j lirado, compueslo de pretendientes que dnMea coloeacion, de empleados que ambicionen ascenso, de ce- santes (jue anhelen venganza, de agiotistas que busquen encubridoreso cómplices? ¿á0 cerrará el cam)K) de las discusiones poUticas si no so remedian los abusos de la imprenta, si se deja subsistente el principio constitu- cional de la fuerza ciudadana? ¿Se cerraM el campo de las discusionesfwUticas si no te piensa algo mas seriamente que hasta aiiora en la solución de los grandes pi'ühiemas|>en- dientes on el pais, que le tienen inqaielo»y que mientras existan le agitarán de nueva, y le arrojarán por necesidad al terreno de Ü Kohiica. por mas esiuerzos que lia^aelgq- ¡erno para evitarlo? > <t; Contiene el discurso algunas gcneralidap* des sobre reformas de administración y ha- cienda y restablecimiento del crédito:' estos puntos son ciortamente de la mayor impoi»- lancia; pero es preciso no olvidar que mien- tras continué tau inuerta y azarosa la situa- ción política, poco ó mida oe adelantará ^ ninguno de dichos ramoo. Buena parte ije las pasiones políticas no son nins en la actua- idad que |iusiones comupes; itay /pa^ b^u muy juicioso, cuando afirma que la nación | codicia que ambición; no se procáradupr antiela ver cerrado cuanto antes el campo de i al pais uu recuerdo inmortal con buenas ic- la^, discusioijes uolíticas. Repelidas \ccos yes o instituciones, se prefiere deslumhrarle h|mpi sostenido la urgente necesidad de sa- con suntuosos palacios y Dia^^udic^s carrozas; jkml terreno de la polilica; de ese terreno y asi es que la adminiftfociopi,;Ia haciendo ardiente donde caben todas las malas pasio-! y el crédito se hallan con frecuencia a mer- {f^; donde medran tan fácilmente las me- ■ ced de la llamada poUtica, que cn,i§iu:J|9*