SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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Sea como fuere. iios(;lios esperamos a¡;^o de la sensatez de la aacioo,. y de la fuerza misma de las cosas. Cada dia<¡ue pasa, trae una nueva prueba de que bajo las condicio- nes nrtuales el poder no alcanza h cotisoU- darse. Quien se hubiese hecho ilusiones con la situación áctiml, creemos que Ina ImM idb perdiendo; pues bien, «na nación no puede ser eterna victima de disturbios; no puede vivir siempre entre lerriWes Koxobras; es necesario, buscar un remedio raüeiié tantos males; todos los paliativos se han en- sayado y desacreditado completamente. La evidencia estas verdades ha cmvenddo ya á muchos hombres; esta misma eviden- cia, (pie el tiempo aumentará todavía, des- engañará á los que continúen ilusos. A ia boira en que eseribimos estas Hneas no po- demos saber todavía el efecto producido en Kspana por los documentos de Boorges; no dudamos uue se. declamara, como se tiene de eostumiire, v que et ManifieBlo 'tonda que resif^narse a sufrir alternativas de ala- (\w> (le ira, y de mofa y desden. Pero afiar- lunadainente la nación no está formada de unos pocos; y unos pocos no son capaceStde torcer el irresistible curso de los aeonferi- mientos. Las pasiones se calman, los decia- maciones fatigan, tas sátiras caen pranli en^ olvido, kfi insultos se vuelvi n contra los mi>5nios que insultan; pero la razón y la ver- dad permanecen: el decoro y la templanza allanan el camino á ta eonviecion, yeonei^ lian el aprecio. Dejemos que empleen nrm;is de mala ley los que de ello gusten; tarde u temprano conocerán que no acertaran á de- fender su propia causa.

■ Estritu en |>8»ii riii4 d« jonío dt líü ) [uil lioij» fen IMM «t i» del «nnM.

Con impaciencia esperábamos lospaiiNí^ eos de Madrid de fecha postmior itnllegiii (lf>!( - íloi'umentos de Hourges, no porfpic dejasemo> de conjeturar lo que encontraría- mos en ellos tocante al fondo de- 1« cwsIími, sino porque deseábamos ver á f(né altura se e!<^vnnn la discusión suscitada en prescncíji ác (iit.H ontecimienlo tan iuíportante. No era difícil prever que asi de la prensa progresista ( unm ia inmierada saldría un grito de in- diguacion ooittra todo proyecto de alianza (linaslicn; sus principios, sus anlccedcnles, y híwla su situación respectiva no ]>crmilia otra cosa. IVrocra si de, cspnrar que la dis- cusión se elcvaria a mayor altura de lo (jue ha hecho, y que saliendo de ciertas fórmulas vuliíares y frastadas, se examinaría el asunto I de todo fundamento, como (ihsunUr. y al con la csiension y el aplomo que su ¡nipor- I dia si-ruiente. en el momento de saber la cihimos un golpe recio nos volvenios inslin- livamcnle en busca do la mano que lo des- caríía. ¡ Cosa singular! Ayer no sabían nada del suceso: se difunde un vajío rumor. |>ero este rutuor es considerado como destituido tancia reclama. Kutre lus hombros que com baten el enlace, no faltan escritores díslin- goidos y amaestrados ademas en la polémica política^ y hubiera sido de desear (puí ellos se hubiesen eucarjíado de la ])resonte, nuc tiene en espectacion á la Kspaña y á la Eu- ropa. En circunstancias semejantes, en esos nwmentos soleumes y crilicos, en (|ue se ventilan cuestiones vítales para un país, los estranfíeros suspenden muchas veces su jui- cio hasta babor oído el voto de los hombres eomj)cl(*ntcs del país mismo: mas este voto no lo consideran respetable, cuando le ven destituido de razones, cuando no ven en él otra cosa que la esj)resion de antipatías, cuando no ven mas que motivos fundados en cuestiones de personas con respecto á empleos, cuando, en una palabra, noven on examen detenido. profundo, de los an- tecedentes de la cuestión, de sus relaciíjnes con la situación actual de las cosas. de su probable inihjencía on el porvenir. En este caso. lejos de considerar el voto como com- petente, le miran como la o|iinion de unos pocos; y deducen que mas bien se ha exa- minado la materia bajo el punto de vista de los intereses de algunos, que no del interés nacional. Los periódicos franceses no han dejado de notar este vacio en los españoles; y la Prensa, periódico que como os sabido no suele ser contrario á la situación, ha he- cho ya este cargo á uno de los principales periódicos de la situación.

Bajo este concepto parécenos que los pe- riódicos que se oponen á una reconciliación no le linbrán bocho gran daño en la opinión pública: á on espíritu ímnarcíal y (|ue vea claro no le servirá [wco el lenguaje de los adversarios, para inclinarse á creer que la razón está de la parte que ellos impugnan. La falla de argumentos se ha su|)lido con abundanchi de |M;rs(>nalídades: afortunada- mente, el publico ya sal>e (|Uo una persona- lidad mas, suele equivaler á una razón menos.

Como la abdicación y el maní tiesto han rogiilo de sorpresa, el primer movimiento ha sido el de buscar los autores: cuando rejiotioía con certeza, bien que sin Uíúvít visto todavía los documentos, se tiene va noti- cia de los últiuuis pornieimres; nada se ig- nora sobre los lugares donde se han elabo- rado los documentos, ¡basta se conoce la plumn íjue ha escrito el maniliesto! Todo en pocas horas: antes de llegar el correo de París, se tiene una especie de intuición mag- nética de todo lo (pie na |>asado en París, en RourgeH, en Madrid. Todos estos fenómenos íntolec'tuales, que pudieran llamarse a priorí, so unen, se conlirman, se evidencian con un hecho público y notorio, cuya coinciden- cia es un argumento concluyenle. Prescín- diondodc otras indicaciones, ía Posdata del? de junio decía: «Est<' documento se dicedb publico que esta n'dactado |K>rel.SV. lialmes; para lo cual hace algún tiempo so dirigió á París, á lín de ponerse de acuerdo con las personas que han aconsejado y conseguido de Ü. Carlos lo í[uc tant<» tiempo ha rehusa- do.» Permítanos la Posdata le digamos que ha sido mal informada, y que aseguramos de la manera mas terminante que nuestro viaje á París no ha tenido ningún objeto po- lítico de nitifiuna clase, A larga distancia del centro déla discusión, nos hallamos en posición muy d»'sventajosa para seguir una polémica; y asi nos ocupa- remos muy poco en adelante de lo (jue de nosotros sé escriba: bástanos haber c<msig- nado el hecho de que el viaje ha tenido úni- camente motivos |)orsonalos, y que es abso- lutamente lálso cuanto en contrario se diga. Por lo domas, si so rcllexionase algo sobre la naturaleza y circunstancias del suceso de Bourges, se e'charia de ver (pie andan muy equivocados los «pie dan inqwrlaiK'ia en el á esta ó aquella persona: pasos semejantes no los suelen dar los interesados sin mucha meditación, y sin balver.se asegurado antes de cfimo se piensa sobre el particular on las regiones de donde pueden prometerse influen- cias favorables. Pr(;sc indi remos de la opinión de los gabinetes de Francia c Inglaterra, los (|ue. sea dicho de ]>aso, tamooco creemos Uui d' ' ' líente contrarios al enlace como ha qui ii iii r-iiponor un periódia) de Madrid; al menos no podiaii.iiigiKe que las demás potencias de Europa, que lodavia nu han teconocido á Isabel, y que en diferenles éj>o- OM dieron pruebas nasó nienos espUcitas de que siiiipalizahan con D. Carlos, mirarán naliiralmcnte con mucha salisfacciou el pro- yecto de enlace- Ku esle supucslo, no lue- ra tampoco eslrafio qi^élgroiiade ellas hu- biese andado en o! negocio; y asi loque presentan algunoscoino olirade fracciones de esle ó aquel partido, íuesc mas bien la ma- ■iféstacloii de un pensamiento de la dipia macia europea, y lin resultado <le sus con- sejos. Lo que se ha dicho del cansancio de D. Cíérlw« déla pérdi^ de sus esperanzas, DiriBlw» p>ta explicar el suceso: sabido es que una de las cualidades mas ciracte> risUcas de D. Carlos, es una impasilile re- Bígnaciuttlljlie nace algún tantode so Indole pacifica, y se robustece con las ¡deas y sen- timientos de religión que taolo ascencUente ejercen en su espíritu...', La cuestión del matríñonio dé la Reina no es una cuestión de |)arlido, es cininenlLMucnfe española, en cuaiilo encierra el porvenir de la nación; mas por lo mismo que es tim es-^ pañola, por lo mismo que en ella está libra- do el [)orvenir de la España. os también una cuestión europea, no solo por el interés que Suede tener la Europa en que se establezca elinitivaniente ennuestra patria esteó aquel sislciiia (le líohicrno, sino también porque las consecuencias del malrimonio aleclarán por necesidad las réhctones de Bspefla con la polUíca general. Según se siente en el trono un Borbon español ó italiano, nn Oricniis, un Coburgo, un principe austriaco o de otras familias alemanas, se modificarán por nece- sidad las relaciones esteriores de Esjiaña: esto es evidente; y por t.into es evidente también que las potencias de Europa trata- rán de influir /cada cual á su modOt en el sentido aue crean convenirles.

Guanao se examina la cuestión del ma- trimonio es neceserio no perder nunca de ▼isla estas consideraciones, so pene de equi- vocarse en la resnlucinn del problema, á causa de haber olvidado uno de sus dalos mas importantes. Téngase por seguro que los gabinetes europeos seguinnoonojo'tten- to el curso de osltr negocio, y que á mas de inlluir mientras se vaya acercando á su reso- lución final, se opondrán manifiestamente á ella cuando llegue el momento decisivo, si creen que es contraria á sus intereses. La Francia, q«e,taali,iÍMÍslftM<^esta es una cuestión purinnente española, que la España debe quedar en completa libertad [tara resol- verla; It FMUKÍa, qaa acaba de repetir em» mismo por boca del ministro de negocios es- trangeros en la cámara de los diputados; eai misma Francia, ¿no es la primera que bt^ inier{)uesto su ▼elo, dedaram que no co»^ ' sentiria nin^run matrimonio que no fuera con . un. principe de la familia de Borbon? ¿Pnede darse un veto mas restrictivo? Hé aqni p«es á qué se reducen las protestas de abaolola independencia, de ilimitada libertad. " ««t^ Por manera que el gabinete que masift protestado ea frw áArn m'ktíntfm/itmm^ el que en lealídadha'jatenwúdoyaáel mo- do mas decisivo. En efecto: ¿ se ha calcula- do bien todo lo que encierran las declaración nes de la Pitoma? ¿ Se ha calenM^biew lo que limitan la libre elección de la ReinaT Si la Francia hubiese dicho «escluyo tal 6 cual familia,» la limitación se habria reduci<- I do 8 los jniembras de ella; pero al decir tea^ cluyo á todos los que no sean de la familia i que yo señalo,» la limitación afecta á todos Ílos candidatos de todas las familias, esceplo la que la Francia ha tenido á bíei esceptoMfti Si esto hace la Francia, que como es bien j sabido no tiene el brío y la audacia de!• Francia de Luis XIV y ae Napoleón, ¿qué' I no harán las potencias que sin la Francia y Í contra la voluntad de la Francia sal)en resol- ver cuestiones tan importantes como la de Oriente? * Tir>r^ Pero lo que hay en esto de singuitr^ ; que el gabinete de las Tullerias, quizás sin (pensarlo, ha allanado sobremanera el camir> no ál candidato de Bourges. LunUadi It elet» cion á la familia de los Borbones, y escluida ¡ la segunda rama por la Inglaterra y las \k>- tteucias del Norte, que por cierto no verían con placer en el trono de España á un vas- tago de Orleans, restan el conde de Trápani, el infante de Luca, un hijo de D. Francisca ; y el conde de MoQtemolin. Parece poco nei» ños que cierto que el gabinete de las Tullen rias na pensado seriamente durante aignn tiempo en el conde de Trápani: no sabemos basta qué punto hayan llegado las gailisii que con este objeto ha hecho el cmlMtjador francés en Madrid; pero no dudamos que si- este diplomático ba observado la impopula- ridad ae 8eBMÍaitecoBriNaaeiM,*T it ht b»» obo observar a su gobierno, este habrá oo^ I nocido que el dwle a. la España un rey asunto hnrto mas espinoso que el nombrar un gobernador de Ar;-'el. Un infante de haca tendría, a corta diferencia, la misma arnirida que el conde de Trapani. Por mas (jiii' no tengamos gran contian/a en el acierto de los que diriíjen los negocios públicos, no pode- mos persuadirnos que se arrojen con tanta temeridad á un paso que tan en lo vivo be- ríria la susceptibilidad nacional.!

De esta suerte, si fuese verdad lo que ba dicho un periódico francés, que los liijos de D. Francisco se negarian á tigurar en can- didatura, la esclusiva puesta por la Francia liabria colocado al gobierno español en una situación verdadorami'nle singular, y no po- co apurada: no querer al hijo de l). Carlos V no poder escoger otro. Asi la Francia ha- ^ bria hecho posible y poco nienos que ne-, ceMrio al coade de Montemolin, haciendo imposibles a sus rivales. Y si á esto se aña- de que los candidatos Borbones necesitan dispensa de Koina y que no es probable que Roma la otorgue ligeramente, resulta claro ue el negocio está tan erizado de dificulta- es, que bien necesitarán nuestros gober- ntttes de lodos los recursos de la sagacidad diploMMlica.

Si las dificultades son gravescon respecto á lo esterior, no lo son menos en lo interior, pudiendo asegurarse que pocas situaciones se ban visto en España mas complicadas! y peligrosas. Si los hombres de la situa- ción se niegan resueltamente á todo ave- nimiento con el conde de.Montemolin, se se- paran mas y mas de todo el partido carlista, y se lo hacen mas enemigo oe lo que lo ha sido nunca. Con ese ¡jamás! le quitan toda eiperanza. Entonces, ¿dónde buscan lafuer- M que han menester para dominar los en- contrados elementos que se agitan en el ais? ¿No es evidente que los sucesos que se an ido acumulando, los errores, las ¡mpru- deacias, las discusiones de las cortes, la prensa, y sobre todo el desastroso descala- bro sufrido en las negociaciones de Roma, han gasUido al gobierno actual hasta el pun- to de hacerle perder toda su fuerza moral, é inhabilitarle para hacer frente á ninguna de las muchas y gravísimas crisis que pueden sobrevenir? Si esto es evidente, si es evi- dente también, que no solo las personas de los mnislros son las qne se han desvirtuado sino la situación entera, el sistema todo, ¿dónde se regeneran, dónde encuentran un nuevo temple, el sistema, la situación y lo»; ■ hombres? ¿Qué modificación se introduce en la política para buscar esa nueva fuerza ((ue tan urgentemente se necesita? ¿Sera bastante por ventura algún cambio de per- sonas? ¿Será bastante alguna declaración enérgica en la (iaceta? ¿Será bastante el convocar de nuevo las cortes? ¿ Esto no producirla mas bien un efecto contrario? Y ademas, si se ha desvirtuado el gobierno, ¿no se han desvirtuado también las cortes, y tal vez mas <|ue el gobierno mismo.

Es claro que si la situación rechaza alpar<* tido carlista, y se prepara para resistirle, es necesario que la fuerza lo vaya á buscar en el campo opuesto, llamando en su auxilio a los progresistas. ¿Esto puede hacerlo? Pue-, de ciertamente, si no tiene inconveniente en suicidarse; y como precisamente dice que no (juierc al conde de Montemolin, porque quererle seria suicidarse, se sigue que la Situación está entre dos suicidios.

Nosotros convenimos en que la situación se modilicaria con la combinación del hijo de D. Carlos: puesta situación, tal como está ahora, implica debilidad y esclusivis- mo, dos cosas que en tal caso desaparece- rían; pero en lo que no convenimos es en que hubiese un suicidio tal como lo habría aliándose Ja situación con los progresistas. Entre los progresistas y la situación hay un abismo que no se llena en poco tiempo; hay recientes destituciones generales, hay per-, secuciones, hay prisiones, hay calabozos, hay deportaciones, y sobre todo, hay san- gré, y sangre que aun humea.

No, no se llena en poco tiempo un abis- mo semejante, no se le salva con un puente formado de los frágiles hilos d(> una nego- ciación; no, mil veces no: el día que los progresistas puedan, ese dia pedirán cuenta del rompimiento de la coalición; de la des- tituciou universal de empleados; de la pri- sión de.Madoz y Cortina; del suceso de Olózaga; de los fusilamientos de Alicante, Barcelona, Hecho y Ansó; de la muerte de Zurbano y de su familia; de las deportacio- nes de los escritores: de la reforma de la Consiitucion; de cuanto se ha hecho en sen- tido reparador: y los hechos serán destrui- dos, y las cosas restablecidas en su anterior estado, y los deptieslos repuestos, v todos los actuales empleados depuestos, y fas p^r- sonas de los que han acaudillado el partido de la situación, sea en el momento de so-^ hreponerse á los progresistas, sea después, soran Iraladascon darezn, \ nlírunn-^ nrohn- blemenlc cou algo mas que Uii^reza. bi, esto ^evidenle pai:a todo bombdi <tle no haya dTÍdttdo el eorso de los ncontiu iuiiciuos, que no desconozca el estado acUcii de las Cosas, y el grado d<' ira, de furor a que ka Uegado el partido prugresíata coolrft el ko- derado. Y si esto sucede en Madrid, donde iay de suyo mas loleranria, ¿(|iié no suce- dería en las provincias, donde la.compro- sion ha sido todavia mayor, y donde las pa- siones son mas cnárgícas, "y, -sobre todo. \m< dirigidas contra personas determinadas?

Para ( ombatir el niatriiiioiiíu ( oii el hijo de 1). Carlos, seieafaarsan los periódicos de a siliK:rifiii eti ponderar los peligros de una reacción espantosa contra los hombres y las cosas; uno de ellos procuraba hacer sentir U iacompalibiiidad de las dos cansas, prc- senlanilo en c í-^mv pi uMicnv el absnrdo, co- mo por ejemplo, Zarialegui mandando ea Zarago/a y ('.oReha'*en Barcelona. ¡Qué ab- surdo! ¡ Ouién BO se espanta al considerar- lo reali/aili»! argtnnenlos! Como si uo viéramos aOora mismo realizado lo que e* ¡lil38 se hubiera podíde préseírtar bajo el mismo aspeelo; como si no vicranios á nuK liisioíoá olk iales de Verjfnra mandando cu las lilas do la Reina; cumo ú no estuvic- nn masléérca que Barcelona y rZaia;niza, una capiinnia general y su correspíjndientc getatura pi»lili< ii, que sin enibargo hemos visto desempeñadas en l^^ircelona por el ba- mnldelfecr'y por el general I ulgofiio, «in que por esto se baya: hundido k- nare del «Péro.losde Vergara, se nesidirá, han leponocido á la Reina: » es verdad^ péroesto aada prueba en contra de lo que sostene- mos; pues en el caso de un enlace los noet<> ves oáoiales bebrían. reconocido tambien'e) 4imio en que verían al lado de la Reina al í^ncesor de a(piel que eüos aeataron v de- íeudieron comorcv; entonces habría tanta llero de discordias, habría una reconeüia- cion fundada eu sólidos cimientos, ua.abia- zu que si^^nüearia algo mas que el fímm de N i:: na, ytqio es pcebahk m seiia in- grato a los mismos convenidos de Vergara. [>ues i{\íc verían realuado aliora lo que m pocos de elles creyesso tiUsness -ye sa iba á reahzar desde luego. Muchos de elic» no fueron causa dp aquel desenlace, ui lo previeron; solo que arrastrados por la íucr- 2á de los sooesoB, s» «Monlsuai.«b hs situación ea qne les «ift in^osiU» nko- ceder...

Sea como se tpiiera, los periódicos ^ M complacen en hacer sentir la inrnnn!iH|Ml| dad por medio de los eonlrasfes personaba, debieran acudir a contrastes de otra e^pnis .que se encuentran en lada «|íiIqsI»« «id 'lado donde el gobíeno y el iiartHto wm^ radü deberán buscar aposo, si rechazan la- é> avenimiento con ios carlistas. Coo los Mtoales geiierslcs.de la Reiut,.iBoiaiaaB también contrasle los generales que siguie- ron a Kspa I tero, y que han sido conlinados ó destiluKlus? Va que se nos ba ciijuloal general GoBohs, como que no cabe.s»«a misma sitnaeion üon Zariategui, ¿se cre« (pie rabi la mejor con Vanhalen, cou Rodil, con linaje, y sobre lodo con Espartero, á quien persiguió á escape basta la orilla del mar, con vivo deseo de apoderarse de su persona? ¿Y uo se hallan en el xmm *^ lodos los generales comprometílDS «iiriis soeesosés ootiibre de 1844, y euaMsi Bi pronunciaron en 1 H i3?

Lo que se ha dtcbu de los militares es igualmentrs^Kesble i los lioaobrcs politte Sea verdad ó (iccioB la famosa esMesiaftii e$ tarde, es cierto que si no se dijo, s^.í- Ha. Para nosotros es indudable, uo adopte dhniimopi el dia en que Iqs moderados lla- men en n anxilio á los progresistas,/jqsel dia ba sonado la hora de una espiacion tre- menda. 1.0 acontecido eu seliembrc de 1849 -mas seguridad en todos, cnanlé nortDiidffimi fm ya rancho, siaMibargo de que no había ningnn recuerdo que pudie.sc inclinarlos á | antecedentes irrítantes; ¿qué seria ahora?

Otro lado, pues verían también su!>amlera en el alcá/.ar de Madrid; entonces no habría -tanto peligro de disonsionef;, pnes qne nsda^ se podría reliar en cara á los qne se some- tiesen al gobierno, ya que ni un(vs ni otros habrían tenido que abjurar sus prín^ipios, iHi ¡ncliii I a derecha ó izquierda en su línea de coudiicla. Lejos |)uesde iialw r a(jui una contradicción, Igos.dc haber uo seuit- No entraremos eu discusiones sobre lo mas ó menos que podrían fraternizar, des- pués del enlace, lioohres ^ ^durante la ' guerra han eslado en cíiinpos opuestos; pe- ro desde luego salta a los ojos una difereo' : cia capital, con respecto i las diiOiBimwff I entre SMderados v progresistas, y es que eo I la guerra de 1). (^.árlos y de Isabel luchaban ^ una caus) cou una causa, no babia eucoiu» parsonal, porque muchos de los coinbalicn- tes ni auQ se conocían; ruando cu el olro caso hay ofensas personales que vendar, y el deseo de venganza es mayor, por ser en- Ire anlí;;uos camaradas, que se acusan unos á otros de in¿;ralitud y traición.

Ademas, es preciso no olvidar otra cir- •■Mlaióta, y es que en materia de pasiones la mas reciente es la mas íuerle: desde la terminación de la fjuerra civil han Iraiiscur- lido cinco años; y las luchas entre las l'rac- eidnes del partido liberal se han repetido in- cesantemente en estos, y dura todavía la discordia tan ardiente é implacable como Dunca.

El hijo de l). Carlos, aun suponiéndole lodo» los resentimientos imap;tnables, supo- niéndole rodeado de consejeros (pie le hicie- sen errar en el sistema (tolitico, jamas se «Monlraria cara á cara personalmente con ^Merminados adversarios: porque su ran^'o Mmanteiidria a fíran distancia de todos ellos. I'odria mirar con nías o menos frialdad, con mas ó menos recelo á unos ó á otros; pero lamas se ent^e^^^ria a violencias, pues no las exijriria la sejíuridad de su persona. Pero suponed (|ue en vez del hijo de I). (lárlos es Espartero «juien manda: ¿creéis que se con- I, ni podra contentarse, con frialdad, ' ii |ii<'cnuciones de suspicacia y desconlian- 7.a? Ks bien cierto que no..Mgunos hombres incom[>atibles con el lendrian que oj>lar en- tre la emiirracion y el cadalso.

Cuando se examinan las cuestiones es ne- cesario examinarlas por todaK sus caras; si no se presentan mas que por una,.se las motila, y el resultado no puede ser la ver- dad. Cunndo esta verdad se busca de buena Té, es preciso no limitarse á un solo punto d^-vista; es preciso no colocar al observa- dor en este punto solo, sino hacérselos re- correr twlos; de lo contrario no hay naila que no se pueda falsear y desfigurar lasti- nOMNnentc: mirad una columna muy ele- ynáa como la debéis nurar, y apreciareis su verdadera altura; pero si la miráis perpen- dicularmente á sus bases, no veréis mas (jUc un pe((ueño circulo.

dtt julio.

Ha sucedido con la cuestión suscitada ()or los documentos de Bour^es lo que sucede con todas las cuestiones que encierran mu- cha importaiKÍa: crecen coa la discusión. Los adversarios de una reconciliación de la familia real habiau ti'nido un instinto muy certero cuando hasta ahora habian esquiva- do el ventilar este, punto. En el Congreso y en el Senado se hicieron graves indicaciones I sobre el particular; pero se dejaron pasar , desapercd)idas: se hizo como que no se iija- , ba la atención en ellas. Ai^un tiempo des- pués el que escribe estas lineas examinó cs- tcnsamentc la cuestión, manifestando fran- camente las mismas opiniones que ahora; M!ro en general la prensa (juc profesaba las contrarias, se abstuvo de entrar en polemi- . ca. l a periódico que hahia publicado un ar- > ticulo, dejando concebir es{)crauzas de que iba a empezar el debate, imitó luego la con- ducta de sus colegas, declarando (|uc esta era una cuestión que no merecia la pena de discutir.se. Repelimos que a esto presidia, si no un designio premeditado, un instinto I muy certero. La discusión no puede menos j de manifestar la imjMirlancia del negocio, y I por lo mismo despojarle del carácter de ab- I surdo con que se le ha querido tachar: lo absurdo no es importante. Aun ahora mismo es de notar que algunos , ¡)eri(Klicos se han empeñado en afectar cier- I to desden por la cuestión, considerando co- I mo poco menos que perdido el tiempo que I.se gastase en ella. Todo no ha sido mas quo un esfuerzo de un partido moribundo, una prueba de impotencia, un mauiliesto masj ¡Vano empeño! Al través de este desden se ha mostrado bien clara la inquietud. La pa- sión y la convenieucia de partido hacian que se afectase lo que en realidad no se sentia^> £1 buen sentido del escritor se oponia á su pasión de hombre de piulido: un mtereses- I taba en lucha con olro interés. No era bueno dar importancia al hecho, |Míro era necesa- rio couilKttirie: y asi es que se le atacaba mientras ac negaba su imi>orlancia, y se coHsignalia su importancLi con la viveza misma de los ataques. A la fecha en que es-i crillitnos f.sli' articulo heiuiK v¡.>io periódicos »!<• Madrii '!•• i|Míni di'.iv (ii'<|)iir>s de la pri- mera nuUcia del &uceMt du Bourg^, y las eolumiias TÍeoeD todavía ocupadas con la ■man disousioa. S<;rá diGcil persuadir ai público que sea un sueño, uii absurdo lo que taalo llama la alenciou de los uuc asi la icalitau^Si tanta importancia aeleda dleictiilo qu'' íiü es ¡mp<uliint(*, ¿(|uc suce- dería SI se la considerase importaiUe? Asi discurrirá el publico.