SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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4 T es digno de notarse ademas, que esto fl^erifu a á pesar de qu<> la innyoria de la prensa esta eu contra du la recoacUiacion; y cuando son muy pocos los períódicos que la defi«idea;do q[ue maoifíesta mas y mas la im¡>orfnnria intrínseca del negocio..\o igno- radlos (jue a veces la prensa hace ei efecto, deiin nicrascopio, dando dinienaione8^co-> kpales á un pequeñísimo insecto; pero esto mundo importa á las miras del parti- do «{ue ella representa, no en el sentido contrario. ¥ en este negocio, el grande 4a* taliido de indignación no ha salido principal- int'nto do los pt^riodicos progresistas, a los (|uu se les podía su|)oner interés en aprove- ehar esta arma de oposición, sino de ¡otér^ g.inr.> dfl partido dominante, á quienes no convoola que los docualeu^)sde Bourges ad- quiriesen iinp(Mlancia...xi iCs muy ulil consignar MiOS hechos y aprt'ciailos debidamente, porque de ellos resultan consideraciones que ídcililau el ha- llazgo de la verdad en medio de tanta pol- vareda como se levanta para oscnreoerla. Ya hemos indicado que no siempre miramos la prensa periódica como espresiou de la opi- nian 'piMiaa; pero creemos sin embargo, que esa prensa, bien observada, dice mucho para graduar la opinión. La prensa no es siempre la imagen de la opinión pública; pera anki«Mnd» se desvia de ella, 6 la con- traria directamonle, presenta algunos carac- teres que guian para descubrirla. Si se nos permite la comparación, diremos quo la prensa cuando representa legitimamente la opinión pulilit a. se parece á un retrato; y en el caso contrario se asemeja á los instru- mentos físicos, que.. nos hacen conocer y medir -el estado^y vanaGÍmca de la atmósfe- ra y de otros cuerpos, por ciertas señales que solo si|^nü(cua en cuanto espresan loa efectos déimá ley de la natnraleia. La sabida' da na. Añido cu un tubo no indica fiMR» propia para subir, /nao compiiaaion fluido que lepred^i to opuesto al de su gravitación.

lo dudemos: la prensa 4<í la si _ no ha escrito tanto sin nmtiniK.elki hn< prendido la iniportancia del i»uc4}£0, cuino los monárquicos; la misma opinión publica que aUeuta á eslüs, la inquieta a ella; la raaccion ha dAbido car rMiitaf ia é la acción uugi M Otro hecho hay que coasigiiar, y es iadi- fereucia de lenguaje que se ha notado entre los monárquicos y sus advenaiíoa. SiJa» templan/a <'s un iudicio de tener razón, el público habrá p^^di^o. jw^ar de que parle está la rason. '.

Los escritos son recientes: reouéntaMM tono de unos y de otros: el fallo no pueda ser dudoso. ^,. '-«^f^tt*A9MHHÍ Este lenguaje templado da lapÑBEHi náriiuLca, al paso que la honra á loa ejoadai público y la detiende de las acusaciones de perturbadora con que mas de una voz soba, querido afearla, condnee tambiaii,da wm- manera muy [larlicular al objeto que ella se propone. Una reconciliación «jue comenzan- do en la real íamilia se eslienda luego a Uk- do lo que hay de itooBciliable eu el paia»i es obra diíii il, sumamente ardua, y que so- lo puede conscgub^sc á fuerza de constaacia en presentar y defender la razón, á fuerza de paciencia en eapenr.cl cuno de los aciuUcciinii'Ulos. Después do tan pmfundas y dilatadas discordias iio se imirovisa la ooaoocdia; después de tan largos bAas da despotismo anamníco, no se hace renacer en un momento el imperio de la ley. Este es un problema en cuya resolucioa ba da tener el üempo una gran parta: cndn diir que pasa, las condiciones ^on mas favora- bles a un bui n ó\ilo. Es verdad que es har- to diiicil conlenerse en los limites de la mo- deración cuando el adversario no los roayaw ta; pero también es un castigo terrible para (]uien se desmanda, el contestar a la violen- cia de sus invectivas con la razón en los be bios y bi serenidad en la frente. iM Claro es quo cuanto se diga ha de aar criticado, y cuanto se haga mal iuterpret%B^ do; pero también hay núblico que juzga di la interpretación y de la crilica. Al iengnip° brioso, se le llama colérico; al suave, me- droso; al franco, insultante; al reservado, hipócrita; si se habht de fuerza propia, té» clamara contra la amenaza; si de sumisión y obediencia, se.dírá que es una oonapinp disfrazada. Kulrad en el terreno de la ley, y se os acharará que la invocáis para Asesinarla impunemente; discnlid, y se os culpara de que empleáis i)erli(lamenle esta arma para entroni'/ar el oscurantismo. No uséis (le ios den>chos políticos que os otorga la ley, y se hará notíir vuestro desvio como prueba de obstinación e indicio de tran)as fríminales; no discutáis, y se os echará en cara ffue teméis la luz y que no os atrevéis a sustentar vuestras doctrinas en el palen- que de la época. Adoptad una polilit a dura que no hajTa ninsuna concesión. y se os re- chazará como fanáticos que nada hnheis ol- vidado ni aprendido; manifestaos inclinados n transigir, y se os lachara de inconsecuen- tes, de apóstatas, y sohre todo de pérlidos; argüid con hechos, y.se os apellidara mez- 3aioos pensadores, incapaces de compren- er el conjunto de un sistema y sentir su Miezn al través de las irrc^ularid.'Nles; de- ttovolved teorías, y se os llamará utopistas yitoñadores.

- Ssle es el retrato liel de lo (¡iie estamos nméo hace ya mucho tiempo; estas.son las reglas que se han aplicado a los documentos de Bour;íes, y á los (pie han sostenido la cooveniencia y necesidad de una reconcilia- ción. ¿Oiié indican esos documentos?;.í)ué son en si mismos? Veámoslo, ateniéndonos a la opinión manifestada por los ipic los han combatido.

El contraste es curioso. Esos documentos V lo que se escribe en su defensa, indican la debilidad, la impotencia del |>artido car- liMa; nada podía hacer con las armas, y re- •Mte á las intri^ras. Desacreditado enel pais, ikindonado por la Kuropa, condenado |>or «I cielo, ba sentido que sos fuerzas se aca- baban, que su vida se eslinguia. En tama - ño conflicto, se ha despojado de suantiiiua alti\ez, ha arrojado al suelo la espada con uc antes comiMtiera, y puesto en actitud (! suplicante ha implorado clemencia, co- BiCDzando \yor abjurar sus principios y pedir el olvido de sus cstravlos pasados, festo es lo que revela el Manifiesto del contle de ilontemolin; y asi es que él solo, cuando mil otras causas no mediaran, basta para l»erir de muerte al mismo partido, {wira con- tebdar las inslitucioDes, y demostrar hasta la última evidencia, íjue ese partido, que üespucs de recibida la estocada de Vcrííara, w arrastró durante cinco años por países es- 'ningeros, perdiendo continuamente sangre.

ahora esta va pura espirar, siendo tas pala- bras del l^anitiesto como las últimas que articula un desaiiciado moribundo.

Es bien claro que bajo este punto de vis-^ ta, los documentos de Rour¿;es tienen una altísima im[>ortancía en pro de la situación; ' de lo (pie hubiese ¡lerdido con las contrarie- dades de liorna, se ha reintegrado con este, feliz acontecimiento. Ya era cosa sabida que el partido carlista era débil, impotente, nulo; pero esto de confesar él mismo su debilidad, su impotencia, su nulidad, deja fuera de du- da lo ipie antes pudiera admitirla. Va se sa- bia que las obras de la revolución eran gran- des, imperecederas; pero este lioiiKinaje (luo acaban de tributarles sus mas encarnizados ' enemigos, es su apología mas elocuente, so sanción mas robusta, su garantía mas estaj ble y lirme.

i Desgraciadamente, el objeto tiene otra ca- I ra no tan risueña. ¿Que indican estos docu- I menlos? Vna cosa diametralmenle opuesta á cuanto se ha dicho antes. Este partido es incorregible, y ademas muy propenso á vivir de ilusiones absurdas, de esperanzas in- sensatas. El iiobierno de la situación ha teni- do la imprudencia de alentarle con una serie de concesiones, que, si bien solo procediam de la innata bondíd de los otorgantes, han sido consideradas por el favorecido como muestras de díbilidad, como indicios de te-' I mor, como halagos para bien(|uistarse con el agraciado, como una súplica que se le di- rigía para que no emplease sus fuerzas en i contra del bienhechor y le auxiliase en sus I cuitas.;. Y qué ha resultado? Ha resultado ' lo que (iebia resultar. Miradle en la prensa: ; hace ya largo tiempo (pie sostiene sus doc- trinas, y publica sus pretensiones con una audacia nunca vista: miradle en las eleccio- ] nes: su osadía llega hasta el punto de pn^ sentarse en las urnas, y allí alborota, v per* turba, y comete «.oda cfase de ilegalidades; á bien que todo esto no es mas que el pre- ludio de insurrecciones que si nunca han es- tallado, siempre han estado para estallar. Ahora se ha creído ya bastante fuerte prra dar un golpe decisivo, después de tomadas algunas precauciones se ha aventurado á darle. Ifa comenzado por reanudar sus rela- ciones con las potencias del Norte; ha intri- I gado en Roma para deslraratar las negocia- I (iones, dando lecciones de diplomacia al cardenal Lambruschini, y cegando al señor Castillo con la misma magia que los jesuitat á Viliemain. Asi prapmradM las cósase te líMizadocsosdociMnonIns inrondinrid^, que no teoci«»tu«tiiiiiAn no «it sa|M, '«tto «na unenazA. Al través de un ieojctiaje prorun- damonte nonr k / hipócrita sr descubren el orgullo y la arrogancia mas irrilaoies. £1 partido cafttata es oonoreao, cuelila coi el apoyo de las potencias del Norte, cuenta con el apoyo de Roma, con la mayoría del clero, con las masas ignorantes y fanáticas, con las sinipalíia de imoB cvantos ambiciQaQa, con la división de los liberales, con la espe- ranza de apostasias nuevas, con ol cansancio Sroducido por lub Iraslurnos, con la perdida Bl-prealigio do amnlioB hombres que cada dio se van (fastando: es preciso que el íto- bierno no se duerma, que vigile, (pie des- £ legue grande energía, que do se entregue inmisata confíanza, que ttAvt el trono amenazado, las instilnciones en nelifrro, los iatereses creados queUetublan, al partido li- beral que se estreawce viendo ceraana, in^ ' Hiiiieole, la pérdida de todo lo conqidslaéo con tantos sacrificios de todas clases, con tanta sangre. i ' ««i'^Bsos juicios coitrtifidtorioyite'ieetruyen reciprocamente: son como las cantidades iguales V opuestas que reducen la ecuación á cero. I^i hay humillación, no hay arrogan- eii; ai hay arrogancia, no hay homillacton. •$ihay súplica rendida, no hay amcna/a; si hay amenaza, no hay suplica. Si hay roco- Bocimiento de la revolución no hay protesta contra ella; si hay prolesla, no hay recono- cimiento. Si hay retractación de principios, no hay insistencia en ellos; si hay insisten- cia, no hay retractación. Si liay amaño sc- dnctor, no hay tea incendiaria: si hay tea in- cendiaria, no hay amaño seductor. Si hay miedo, no hay audacia; si hay audacia, no hay miedo. Sí hay pérdida dfi^ espeitint, m h:ty escesiva confianza; si Jury esceflifB coníian/a, no hay pérdida de esperanzas. Si hay postración, no hay brio; si nay brio, no ' har postración. • La verdad es qne ni hay humillación ni arrogancia, sino el Icngiiaje'de quien ni se envilece ni ofende; no hav súplica ni amena- za sino manifestaoion de disposicioiies conci- liadoras: TIO hay ni rcconofimicnfo di* la re- volución ni protesta contra ella, sino un re- teerdo de dolor por los males que ha causa- do, y la indicación de querer repBrtwloften lift lÉBítoa 4Ío lo gambyb j ooKvenieBlevM» hay iiilioHMitfifc pfiirilpifl»y inaíMÉI en ellos, porque no hahia necesidad de hflül ninguna profesión cuando era claro qne lii principios, es decir, fai»ireidadeB en en* triha el orden social, se conseirfahan mttm tas. y solo se trataba de mostrar que se co- nucta bastante la luerza de las cosas y el es» pirittt de la énoea, pom no empeñom^i cosas imposibles; no hay ni amañe seductor ni tea inrendiaria, porque no se trataha de seducir, ni de prontover una conflagración, sino de eseitar a la reaoneíliaeio»de.n— am» I ' iii;i V decorosa; no hav miedo ni hav audacia, porque no se trataba de huir peli- gros ni de arrostrarlos, cuando no se habla- \vi de gnena, sino de paz; ai hay p^Ma de esperanzas ni hay conlianza* escesiva, porque no puede carecer de esperanzas tfuien sabe jque cuenta con muchos eleroeo^ tos favorables, ni pnede abrigar taoBiiii confianza quien no i^ínora que ha de superar grandes obstáculos; no hay postración^ ni hay hrio, sino la actitud noaegada y time de quien se propone contriboir al éfden, á la paz, á la Iclicidaíl de un país, con inten- ción recta, por medios legítimos, con tran- sacciones honraeaa, con el empleo dtf-liái medios morales, apelando, no a las amas, sino á las razón, conciliándose el respeto co- menzando por respetar, procurando la reooncilíacieB ahateniéBdose de agriar, y le- vantando ima bandera á la cual puedenaco- gerse todos los hombres honrados, sin me- noscabo de sus intereses, oi sacrificios del amor propio. - «nw iHliniÉia Esto es lo que cnniprendemos del espirita del Maniliestodel conde de Montcmolin; esto es lo que vemos espionado en la prensa qee aboga poE una reconciliación; ealo es l»fM contprende y v«í todo hombre imparcial, qne j(|Kga los escritos y los sucesos a la taz de ta vanm, no con hia pastaans é inteiMia^ partido. Eilo es lo qW habrá compreMKd»y visto la inmensa mayoría de la nación; eslf es lo que habrán comnrendido y visto hasta loa maft aHeefaa y leales defensofeo'del'^ie^ no de Isabel, que estén fatiirados de discor- dias, que no quieran prolongar ]K>r mas Ircmpo los males de su patria, y que deseea dar estabilidad al mismo trono 'ifDO hM ét- fendido, paz y seguridad á laoagvata níti La {M-ensa monárquica, pues ha eoMoido bien an -ppaiaían •cuando de tal madn fci<flas bédoMMMdHiaNi salado de iaj owi. itf Digltized by Google portaba, é importa sobremanepa, itB>Auir á calmar las pasiones, en vez do exasperar- las; dejar a los misiuoá adversanus Ucutpu pm- ntkúmw^ Y m írrilane pof \m é»- ahogos rpic la ituliLnarion se pcmiiUi. Estas son ráfaíias que pasan y desaparecen; k) que queda es la lazon, son ios hechos. ¥ es- ü razón se iMrá de eíjia m mas dan, y estos hechos M picaeMirte de ceda vea mas abultados.

El triunfó de- las opiniones que sostene- ■aaeedifiicil, pero no imfKMible. TeaeiMf en nnestro frvor »in hecho necesario, en tor- no del cual se agitarán, se debatirán, force- iaarln iedlilai^le nuestros adversarios: este hecbo es te mpotMiiiad de eotmUdar »« gobierna.

Este hecho es terrible, porque una nación mpvede mir ain gobierne, y sin gobierno sólido: y cuando carece de él. le. busca in- cpsnntrMíiente con una inqnieliid incurable, como la brújula el polo. No es necesaria, no, la geerra. donada sirVen las eonfpiraeiaiie»: la verdndern ízuorrn, las verdaderas conspi- raciones están en esa imposibilidad radical de dar á la nación io que ha menester, sin lo eial nofvoile vivir; lo qoe está contenido en lín dicho célebre poro que no ha vido liasl.'i ahora mas que vana ilusión: paz, órden y ffUtitia. Esta imposibilidad hará en adelan- te posibles mocbaa cotas que parecen impo- sibles al presente, asi como haheclio rcnli/ar ya algunas que antes parecían también iropo- liMes. ta acdoB del tiempo va consumiendo he medios que anplian este vacio, que daban af poder una fuerza facticia, mientras le f,il- taha la verdadera^ la acción del tiem{>o ha leehe desaperecer en fiieiKded de vna soln- cinn aparente en las crisis mas graves, \ de reorganizar de un modo interino el poder público, cuando un trastorno lo había des- eoaipoeslo. Kl ófden material exíslp; pero do cada vez se presenta mas dil'icil el resta- blec^'rle el día que se llejiue a alterar. La templieacion es mayor de lo que habia sido nnncafyliimeginacion se asombra al considenr lo ijne sucediera. ^¡ ahora se repitiese un trastorno generalcomocn 35,.16, 40 y W.

Al eenránereste heebo, tan contrarío á nueftros arenarios poHticos, no se crea que senlimos un placer; no: jamás puede sernos ¿,'rato el ver a nuestra jwlria cu una Mt«8cien tan- tríale: f lempre miraiiamos con pibilo qoe estas circunslancias dcsaparecie- y qee se fundase en Eapafia un gobiers no, fuera eual fuese la mano á quien se de*? hiera tan grande beneficio. No, no sentimos un jiiuver; |)oi-<^e liieu.se ros alcanza c^ue esa ÍBfO8Ínilidad':00iHbinad8 oón otios cunstancias á cual roas funestas, puedeó acarrearnos mau s de inmensa Irasrenden-f dencia, y ^umir la nación.en un abi&uiu de (|ue le sea difícil Jamás hemos nodid^ alcuTarnos del mal. con la espi-ranza de que , su escesü acarreara el reaiedio: esto ultimo es dudoso; y auncuandono lo fuera, taniuo- IhCo seria ba.stanle el deseo del bien para na- I remos de.<Híar el mal. . l'cro si biyn no esp<'r¡nientamos un placer al consignar el he<:ho de la imposilMlíríad á§ i Ulular un gobierno, tampoco nos es dable (li'jar (le consiixnarle, por mas aílidivo qe.e sea. lis uecesario que la nación.sejKi la ver- dad, toda la verdad; qoe la contemple por tedas las caras, sea cual fuenr la deformidad (jue se le h.iva de ofrecer, y la tristeza que el e.>pec lacillo le haya de producir; solo así adalwrá de formara «sta opinión, que yo sé va formando, deque no bastan paliativos* qtt$ son tií'ci'snriüs, uriíentes, remedios radicales.

Y lie atjui la tarca que le incumbe en esla ( ¡loca á la prensa de sanas doctrinas; manK* Testar la verdad. con!a simple esposicion de los hechos. No itermiltr que.se olviden ios pasados; no dejar (jue.se oscurezcan loispreM sentes; sefialarlos con el dedo, bafiaríos de luz para que el público nopuedaequivocarsc, Esla es su tarea; no neoesita declamar; no escitará rebeliones; no provocar discoidias de ninguna clase: ^alar los hechos, esplf* car su naturaleza, incnh-ar las rt'llexiones que ellos de suyo sugieren. Su posn lou es tan fuerté'^onMi^ééde desear: cada p it;ina. de la historia df lo> últimos doce años es un luiluaite; cada dia que transcurre es una arma nue\a. Kmplee en buena hora el sofis- ma qui^n carezca de ra/.on; derrame de su ira quien no pueda ofrecerla luz déla verdad: luula de esto necesita quien tiene de su parte la verdad y la razón. •^HT^V j K>ios di'l.i n sefílM É»eibi)^que< han de emplear los que deseen sinceramenle el bien de su patria. y que quieren conducirla á puerto de salvación, sin hacerla atravesar per ei:tie los escollos iea^bs' cuales pudierf 707o! riir. Tara n.ula es necesaria la violen- cia: a nuda conduciria sino a cuhuiiidadcs sin eaeatt¿i, y qoi/ás tanestérilet» cómo l^s ánte-^ rieres. Les'l^cbescon su realidad eírcuente: Aumentando la reiilidud de lus hecho», y GOQÜrmando las palabras de la prensa: hay aquí nuestros aux^ilinres. ¿Son lacciosos es- tos auxiliares? ¿Son ile^'alcs eanMpM Beii- tido? ¿Hay traición, hay hipocresía en cm- ilearlüs? Hay nada mas legítimo y iua.s Hay otra circunsUncia qne manifiartt h premeditación, y qne indica mas tím wm pian que tm arremto, y ea el anata éá arresto de Cabrera. En Pant-aada «^e sabía sobre el particular: y hé aquí que el líobicr- no espaúoi sia telégrafos, como tiene d rrancesk aia It paffeeta tBgmmtím-é»^ *4iMM^ I policía que posee-el faaneés, sahe de raaaa ' l le lo que ha pasado en Francia. mando no lo sabe el francés^ y lo publica de oiicio, y lo aeompaAa de «na alocacioB y aianii el pais entero. Pasan breves dias. y la noticia, ya |)oco creída en el momento de su publi- cación, es desmcnlidu solemnemente; pero eft el entretanto los periódicaa haa Maida nn preteala para ili;clamnr contra las cons- piraciones carlistas, contra la mala fe de laa documentos de Bourges; y sobre Inda, al minisferío, apremiado por tan treaieadaert» sis. por la inminencia de la fruern» civil, aprovecha ia ocasión para hablar de real or- den, y manifeatariOMBitiídes aeTarai augusta é inoceale nilia qae oeapa al Mai de S. Fernando.

La conciencia publica juzgará semejante proceder; af, la coaeleiieia púlíoa- proa» ciará el fallo merecido; sí, lo repetimos, <ii conciencia púbjica. Ka conciencia públiea dirá, si este proceder es digno de un go- bierno; ella sabrá eacontrar la palabra qoé ( ¡ililiqne esta conducta del modo debido, fiar ta palabra no la escribiremos nosotros.

El ministro que habla ea la real ^dea^ refiere: haberle mandado S. M.-dae» (|aa no obstanto hallarse penetrado su real áoi- mo de que la comunicación de hachos reciear tes, y la fecton da k» doeaawdaa qae taa visto 1,1 luz pública, DO poeden causar ea sus leales subditos la sensación qtie sus au- tores quisieran, y aun cuando el acto de la pretendida abdieidende D. Garles, fua na* oela h nm insigne imla fé,?/ valenliza um ciega ohstitiacian de envolver el pais en niu^ vas diücofdtwit turbando el sosiego y lapai que afortanadamenlte diafirata, debe solo iia' pirar menosprecio y ninguna alarma ni temor B á los pueblos; conio quiera que sin embargo CONDUCTA 0£L ftOBIERNa ' La folminaate real drden salida del mln^ lerío de la Guerra en 18 del corriente junio, relativa á los doctinuMitos de Bourges, no nos ha dicho nada que no supiéramos de an- temano. En ella se consigna (|ue elminisle- rio no quiere la reconciliación de la familia real; esto nadie lo i;;noraba, y si al^Minos han sostenido lo contrario, es probable que fiaban mas temores de los que en efecto es- perimcnlaban. En ella se espresa que el ministerio sal)e fusilar; esto es narto notorio. En ella se falta á las consideraciones debi- das al infortunio y á individuos de la familia real, inmediatos parientes de la misma Keiiia á cuyo nombre se habla; esto mauiliesla que el mraisterío no se para mucho en las formas de aue no prescinde nunca un ^abíemo dig- no de este nombre, lo que tampoco necesitá- bamos que se nos revelase. Todo esto lo sa- bía bien la Kspaíla; pero le ha sido repelido, por si acaso quisiera olvidarla: locEo esto lo sabia también la Europa; Inas por si acaso no se hubiese parado Uistanle en este bullo conjunto de cosas^se la ofrecen de nuevo, en una ocasión solemne, en un asunto altamente grave, en un asunto que la tiene ocupada hace muchos dias. Quien tuviese la opinión verdadera, la verá confirmada; quien^ hu- biese equivocado «a su juicio, le yodrá reo- tiücar.

Eneidocnmento del ministerio rebosa la puede abrir campo a nuevas esperaniss y ira: penj conviene no perder de- vista, que ' " -j— esa ira es ralnihida, que no es ira que esta- lla en un mouiento de irrellc.xioo. A prime- ros del mes eran conocidos en Barcelona ios documentos de Bourges; y la real órdea es del 1 8. En quince dias hay tiempo para snltar y reflcxioaar..

arrastrar á los ilusos que todavía renovar dias de luto y desolación por que el pais ha pasado, es su rea^ vuluntad regüeldo que el rebelde D. G¿rios y toda sa faaiilia están fuera de la ley, estrañados del reino, escluidos por la Constitución del Estado y por las leyes ceciales do la sucoííoil á la «orona, y privados dií los derechos (|ue go- zaroB eu su calidad de. iníanles. Triste f^o- biemoel que UíIcs palabras \wn(t en Iwca de una reina! ¡ Trisle;íol»i(M no el í|ue asi hace hablar a uua niña de catorce años, contra un lio de sesenta! ¡Triste gobierno el que a una miiú inocente, y niña reina, le hace echar encara a su tio lamas insujnemalafey le hao& pronunciar la [Kdahra menosprecio sobre lo que han dicho su tio y su primo, y le hace . recordar que toda la laniilia esta fuera de la ley y eslniñada del reino! No. no ct) este el l>'n<;uaje de la auj^usla Isabel: la augusta Isaíicl no sabe insultar a niidie. No, no es cslcsu lenguaje, la augusta Isabel tiene edu- cacioo, y la educación proí»ibe el decir á na- die que procede con insigne mala fé; laau- fíusla Isabel tiene sentimientos de liumani- (lad, y iíi humaaulad probibe abochornar al infortunio; la augusta Isabel liene corazón, y el cora/on no se olvida jamás de los la- zos de tamilia; la augusta Isabel tiene re- ligión, y la religión consagra el respeto de- bido a los vínculos de la naturaleza, a la des- gcaaia y i las canas.

No, uo es este el lenguaje de Isabel, no lo es, no pnede serlo; y el imjMjluoso minis- tro debiera bal)er recordado (|ue no hablaba coaio UD gefe militar, sino en nombre de una l>ersoQa augusta, a la vista de la España, de la Europa, del mundo; debiera haber medi- do sus palabras, reflexionando (|ue las lison- jas de la fortuna no escusau jamas a un mi- nistro de las consideraciones (|ue debe ai tiionarca. V estas consideraciones faltan cuando se le hace hablar un lenguaje im- [>ropio- Kl contenido de la orden es digno del preámbulo; lo del juicio breve y sunwrio es iuriDula de los liem[»os tpie corren; y son de esperar nuevos adelantos en este género, cuando vemos que se ensaya ya el sistema de deportai ion de los escritores, sin juicio largo ni breve, pleuario ni suniario. \oes regular que haya nadie tan insensato que se esponga a ser victima: todas Iíls conspiracio- nes que tan graves se nos pintan, deben de > I orla diferencia como la tentativa y el * - iieiite arresto de Cabrera.

l*ero dejemos el testo del documento, y explanemos con esta ocasión algunas conside- raciones que su leclura nos ba sugerido.

llabiase dicho que el miuislcrio trataba de publicar un nianiliesto, que al propio tiempo que esplica.sc su |>olttica, cousignase una protesta solemne contra toda complicidad en el asunto del matrimonio de la Reina con I el conde de Monteu)olin. De estíi suerte se procuraba desvanecer las esperanzas de los (jue en tal sentido las abrigasen, y se sin-. ceraba el gobierno de lr»s cargos (|ue con este motivo le babia hecho la oposición pi"o- grcsista. Aun(|ue este paso era de mucha trascendencia, y en nuestra o{ñnion nada politicé), no obstante, no hubiera sido tan es- I traño en las presentes circunstancias, que cuando el gobierno se ver entre dos adversa- rios tan poderosos como son por una parte los carlistas, y |>or otra los progresistas, hu- biese tratado de abatir las esperanzas de ; aquellos, y templar la ira de estos, haciendo I si era dable breves treguas ron la oposición ' revolucionaria. Para espresar su opinión con-' traria al matrimonio, habia palabras resuel—.

, tas, pero comedidas, cuyo uso no ignoran algunos de los iixlividuos del gabinete. En cuyo caso, si bien se da!)a importancia al ma- niliesto, pues que mcrecia nada menos que, una contestación del gobienio mismo, tam- \ bien se obtenía la ventaja de que la Es[>aña i y la Europa conocieran a punto lijo las inten- ciones del ministerio actual, y se escusasen-|- asi todo linage de proposiciones é indicación'.

I nes mientras él continuase al frente de los • negocios. Atendida la opinión de los minis- tros, y U critica situación en que se encuen- tran, repetimos que un paso semejante.no hubiera sido de estrañar; mavormente si so* considera (pie si alguna vez lian de hablar ' I tos gobiernos, no cabe hacerlo en cuestiones mas graves y trasceudentales (|ue la prcsen- ' te, en la cual se envuelve el interés de la ' familia real, la suerte del trono y el porvenir de la España.