SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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Si no se hulMcra <jaerido adoptar la forma de maiiiliestü, |)odia echarse mano de una declaración en la (lácela, (pie hablando es- presamente autorizada, hubiera producido el mismo efecto que un documento lirmado por los ministros. Esto ultiiiio era sin duda lo masnatural, lo mas templado, lo mas dei licado, lo mas conforme al decoro del gobier-- no, y sobre todo, de la corona. Xa'i el minis-. terio se escusaba de hablar, siu dejar de emitir su opinión y consignar sus intenciones; i^- asi uo se mezclaba en nada el nombre del monarca, (|uedilicilmenle podia andar en este: negocio, sinmenoscaljode su dignidad. Pero < : nada de esto se ha hecho: la contestación al '.

il Mauiiiesto de Hourges.^e ba dado en nombre \, de In. Reina y por el iÉ||Mino de la Gnerra. Este hechjDí, á [ícsar dt «n apnrmlc cstra- va^aacia, us siu ciabargu iuuy nalural; es Itfdspresioo de otró heiiwí éfilwtt: la ab- sorción de títdos los pndorcs por ol poder militar; la ab^K)r('iou de tudus los aiiaislerios per el mioistcrio de la Guerra.

Este hecho, ya tan evidente de lar^o tíem- ]>o atn'tó, se ha hecho mas o\ idenle si cabe ua este oegocio. No ba&laba que los uiídís» tmesdurioMiKie acuerdo en el [>cnsaiBÍeato yelWifle; Icalándose de coaa tan grafe era necesario que lo estuviesen también en el modo, de ^MiBifcstarle. £q casos semejaules laiAnMiif^laááAidtts; en ningún puisci- vil¡z,ado se las desatiende. ¿ Y en la forma habrán tenido parte los demás ministros? Si la lian tenido, no les envidiamos la gloria; si fill^Biieaigiado ¿ no. tenerla, nos adanra áft aunúsion y dcsnrendiiniento. En ambos oaábs, nada iiay lifioojero ^a su aasor la-ea las seaiooes de cortes se había lado <|uo antes de una votación importante solía resonar la voz del general Narvaez, con una entonación semejante á las voces de mando en laeTolueionesmititaroa; ya se ha- bla visto también que alguno para implorar uracia se diriuia al general Narvaez, en vez de echan» á m pies de la Beína; ya se ha-< bia visto también que na articulo ofensivo: rontra el general \arvaez se vengaba con una inrracciúu de iu Constitución publicada el día anterior; fiiltaba que se ofreciese «m (•ue>llon tan capital como la presente, para aue también liicse quien la decidiera sin ró- eos y cou su lenguaje el general Narvaez. ¿Y hablareis todavfa de' libertad, de paila- mentó, de sislcin;! politiio \ in-stro? Na, aquí no hay mas sislema el del general Nar- vaez, que escribe.su> mándalos con la pun- ta de la espada.

Este general ha conocido su posición de! raoiuenlo, y obra eu' consecuencia. Seria di- fícil, persuadirle que coit!una reeonciUainoii de la familia realaeria compatible la pleni- tud de po<ler que en la actualidad ejerce; y asi.la rechaza por reflexión y por instinto. No cree, no conoibe, que un euoeflo senw- jante se pudiera realizar, dejando intacto su mando sin limites: y en esto piensa bien, tiene ra/.un. Nosotros lejos de ocultar la ver- átAf la diremos franeaBnente ahora, como ya la hemos dicho otra^ veces. Kl dia (pie i'l tc»Bo<adqiucfa ^ Aspada la xobuslei que necesita para su propio bien y el de la na- ción, aquel dia serán ioiposibies las p(MÍci%> nes como la que ahora disfruta el feSMlil Narvaez. AqvM dia no babráaíigpB bombie necesario, sean cuales fueren sus cualidades Personales; aquel dm saldremos de la lo- uencia eiolisiva de las persoMS, y ooBsa- zaráa i Vilttr las cosas; aquel dia tendremos algo mas qué hombres, tendremos institu- ciones; aquel dia habrá servidores del trono, no proteetores» ■ >. í-iit<.¡ 'J-».*»- ^^a;» ■ Pues bien, cnaado llegue el din tan desea- do. caducarán por necesidad todos los po- deres transitorios que a la sa/on existan, y se harán ímpovUes pareen adelante ¡«Mi- do llegue este día, 'si el general Narvaez se encuentra ejerciendo el poder, sentirá que la fuerza de mando que se halla en su espi- da, la absorbe el cetro; y qaai aiae^pidi» como á todas las demás, no les queda ñus brillo <|ue el de la gloria adquirida en los combates, mas honoj aue el de.la kakadt mas atríbócioii que la obediencia al monar- ca, mas acción que la de ejecutar lo que esta les prescriba en sostenimiento del orden púr* blico ó en defensa de la patria^» ««t^« ^:H/ Ese dia habría llegado con la recoacilia- cion de la faniilia real: si el general Narvaez lo luL conocido asi, no se engaña, ve claro; si tal drden de cosas no le agrada^ si cree que le conviene alejarle, si no contrapesa lo presente con lo venidero, si solo atiende al momento de ahora, comprende su posidoB del momento, y procede en consecoeada. Obrar de otra manera, podria, si se quiere, ser muy previsor, pero en cambio exigiría un gran sacrilicio de amor propio. Si, muy grande: porque lo es el des|>rendcrse de ua IM)der, cual no lo ha ejercido nadie desde b muerte de Fernando MI. Esparlcraambioo* nó el título de alteza « Narvaesha'nracMÜ colocarse alto. Espartero se lisaiyedca»fi|| su inviolabilidad seria efectiva, porque se la otorgaron nommal; Narvaez ha priendo la respottaabíUdMÍ Moiinal, y ha^acai^ á su sable el aseguraria la inviolabilidad efectiva.

1^ único que puede aguar tanta dicha es la poca seguridad de la dnraciaA. f aaaat referimos con esto á insurrecciones armadas, ni á conspiraciones, ni a coaliciones, ni a in- trigas de corte, ni mucho menos á oaMan*» ci4 -del-partido que le sostieaoi No pensa- mos en nada de eso, al considerar la inst»:^ bilidad de Ja posician del geaoiai ^^|ss( RA iKM ('Miamos pensar oii nnd.i dé I i?n tilín vnsla llannrn a/otada por los htirara- nts virranios un hombro osado. de pie fii el vérliro de una altísima pirámide, no prc- ;:iint!i riamos (jnién le derribará. ni sabría- mos qué responder á (pilen nos lo pn-^'nnta-! se: nn e(piifibrio semejante nos parece Ha l'or ne( ' ' <, dnradero, presagiarla- _ mas nii.i..iic.

Sea como fm're, examinando la influencia del docnmento del ministerio de la finerra, ion respecto a la cuestión |)r¡n< ipal. cree- mos 'ff «-i'rá nula. Ni la opinión de España se II ira en un ápice, antes se afirmará mas y mas; ni la de la Kuropa cambiará, ante veni una nueva prueba de (pie nos ha- llamos en una situación violenta; ni los hc- rho» dejaran de existir por el mal humor de un ministro. Al publicarse los documentos de lloiirfies, dijimos qiic este era negocio de tiem|K), que era necesario ponerse en espec- taliva de los acontecimientos, influyendo en- j trc tanto en la opinión pública por medios legales. La real orden de que estamos ha- ■ blando es una nueva razón para que insista- mos ^ lo misHiu; no porípi • (n-aiiuis que no pí?N!lS^h con nosotros tijdos los hombres jui- ■ ciosos y que no se hacen ilusión sobr^í el estado de las cosas, sino porque esa actitud ' piiclüca la consideramos necesaria para el i triunfo. Esto es lo que temen los adversarios ' de la reconciliación; no son las conspiracio- ' nos lo que turba su sueño, sino el peso de ion pública que.»je va desarrollando ] * ui.i (lia mas en buen sentido, (pie vaajiro- | vinwndo los buenos elementos que la discor- dia civil habla disfiersado. que elabora lenta pero eficazmente. la organización de un ¡ Krau partido naclímal. en el que puedan te- ' uer cabida con scfrurldad y (^on honor los i que habían luchado en campos opuestos. T j^lic aquí por (pK-.*;e declama coillmuamentc HjMntra las conspiraciones; hé aipií por (pié HHjnt'an fantasmas de guerra para ejercitar ^contra ellos nna energía facticia; fié aipil M)r qué se acoge con tanta avidez la famo- sa noticia del arresto (W. Cabrera, y se espe- ' rimenta tanto niaccr en hablar (h^' sangre y ¡ de ligrrs. Todo el secreto de este negocio! esta aquí: en la ca'ma. en fa longanimidad [ para saber esperar el curso de los acontecí- ¡ niienlhs V; lempo es largo para bi impacien- na, pero muy corto en la realidad. Vi:élvase la vista atrás J leflexióne.se lo ipie ha suc<'- dido en el espacio de veinte meses; consi- dérense los hombres que hnn |H^r<H(loi pres- tigio, las instituciones n (pif« han desaparecido, las nii radorns á que la tuerza de las circvin.-i.nn ííi> ha obli- gado, la nueva actitud que el partido mnnár- qtiico ha nodido tomar; v en pref^encia de estos hecnos dedó/case lo (pie habrá suce- dido en el decurso de otros veinte meses La Constitnciotl de 1837 era un código sa^do, y este códigoya no exislc; todavía no hapa-", sadoiin año desde que ciertos periódicos ape- llidaban subversivo á otro peri()dif o que re- clamaba la reforma; y en este áflo el códigii! ha muerto después de'halier recibido las mas duras calificaciones asf del gobierno éomo de las Cortes. Sé ha pnblif^ado el nuevo, y al dia siguiente se le quebrariti^ en uno de síisprin-' cipales artículos, como apresurándose áabnf| el registro de las numerosas infracciones que está amenazado de sufrir. Ilabia milicia na- cional, V no como quiera, sino como in-iii:: cion exfgida por la Constitución; y la mi1iri;i no existe, ni en la realidad. ni en el código fundamental. Habla jurado en la Constitución,'' y tampoco existe en ella, y está am'efiazrfdü ele desaparecer completamente. No se podia indicar la justicia y la necesidad ni áim dc^ suspender la venta de los bienes del clero,'' y la fuerza de las cosas ha precisado á sus- pender, y luego á reconocer el principio dc' justicia de la devolución de lo no vencíido, Y' á decretarla, ya qiic no á ejecutarla. En e/-*" tas circunstancias, la sKuaciori crc¡a poder consolidarse sin ir mas allá; se lisónjeana dé^ haber reunido todos los elementos ncresa-|^ rios para consolidarse definitivamcnté; ya n'rt- dlc se acuerda de Bourjfes; la cuestión re- ligiosa toca á su lénnino; las potencias 'del .Norte van á reconocer; la situación es el be- llo ideal de los sistemás; fuerza les íerñ á todos los partidos someterse á ella; y hé atpii (juc en un momento se desvanece la ilusioji; el concordato no se hace; ía cuestión dinás- tica se presenta de nuevo; las potencias déíl' Norte se muestran mas frías que nunca; los^ partidos contrarios á la situación se rnbuste-í' cen cada dia mas; los escándalos de la bol- sa siembran la desolacioti en las familias, y desacreditan a los (pie los miran con indlfe"- rencia debiendo pn^caverlos y corregirlos.

Tal es la fuerza del tiempo', tal eí rcjsul- ladq del nattiral desarrollo de los ¡sucésos. ¿Qué hombre se hubiera atrevido á decir (lue era bastante iwdcrosn para provocar^ ti4 tante, ellas se han bedM) fHir si misnas-, quicu las hav a «onfído no las ha podido «vi- tar; qaiea las hubiese descadu, no tía teni« do que hacer nada de m parle, sino es- perar.

Convénzanse de estas verdades ios impa- cieateü, y Ke calmarau: lodo medio violento, sobre bo ser necesario, feria daftoao;. lejos de producir el bien que s clrsen, solo acar- rearía desgracias á quien ie emplease y ra- lamidades á la uacioa. Se ha dichu uue lo» <|«e abogan por la reeonciliacion, ocuiian su ira y su sed de venganza bajo mentidas pa- tabeas; dése pues una prueba solemne de qie no bay perfidia, de que no hay ira, sa- biendo esperar tranquilamente el desarrollo de los aconlerimientos. Y estri nelifud tran- quila ao se opone. á un M'abaio constante para apAkTechane de elln, todo eii< ios U*, mites oe ia legalidad; por el contrario, eaa- dnce mueho á que el campo legal no <:e» nn cafi{po vedado, y á que se pueda ioantobrar libertad y mas eventualidades en él eon de triunfo Al escribir cslas lineas recibimos la noti- cia de que en Madi iii es recliazado CQ una TOttiHOO el matrimonio con el conde de Trá- pani, como el del hijo de D. Carlos; he aoui un suceso que estrecha el número de los pretendientes: ni los ou'listas ni los pro^^e- sislas qaerían al principe napolitano; pero ahora se sabe de una manera positíra que taniDoco. le quieren los, moderados: el hijo da D. Ci&rlos no há per^do uno solo de sus amigos; el conde de Trápaní tiene declaiap dos en contra suya á todos los ¡nrtldos, es decir, ¿ la aacioñ entera. Ksla ha sido obra de la acción de tíeaino: el suceso dé Bonr- gcs ha provocado la (feclaracíon de eaclusiva del prínci|>e que mas probabilidíide;; ha te- nido en su iavor, por contar con apoyos muy poderosos.

En la misma reunión se ha convenido en que se debía apía/.ir la resolución de! nego- cio: este apiazamieiHo es lus orabie; todo lo qne sea ganar tiempo, es ganar lerreno.

Parece que no todos han visto con aprado este paso de algunos diputados; á nosotros nos parece un precedente muy útil, de que conviene lomar acta, por si acaso pudiera servir algún dia. Hé aquí en rjué nos fundaatrevway* negociación, sin eacochár el wÍo despreciando los rotrrtnulfos del patMOO j\ los clamores de la prensa. J¿n las Coirtu^» proleslé, es verdad, eonira tan indignnÍÉÍI duela; |>cro como no sabemos ni á qué ma- nos pueden l!e/rnr las riendas del gobierno, ni las combinaciones que las drcunstauciiia. pudieran traer, es muy útil que los fmUÍ^ dos se rntrestrcn activos, solícitos del deco- ro nacioiial, atentos á los sucesos que afee- leu una resolución de taoiaña IrasceiMifiikciaiL y que lo oukníliesten de nna manar» pmm ca y solemne, para evitar una sorpn*sa. T hé aquí otra prueba de que no procedoaisir con perfidia; demandamos publicidad, no oh euros manejos; pedimos qne se oiga el v^iii del p;iis, no (|oe se!<í desprecie; tai|pbjsn, respetamos piolundarneule M)ÍpÍ|É|g£J% libertad qne corresponden á ■ llttSt; y hm lo recia niamos qúe con esa iniciativa y Ml« lihrriad seconMNnon los in^rpaps de lá airt Emcíi» «nnwb IB « il l« del mknM.

Con fecha de 2ri del pasado junio ha dtn- gfdo el Sr, marques de Jítr afores una mooicacion al períédioo Jíí Tiempo, en procura esplicar el verdadero sentido ^ unas palabras pronunciadas porS. S. en el; Senado, y declara «á la faz de la Ki»pai^,|^- de la Europa, que la inlerprelaeíon qne H; les ha dado es violenta é inexacta,» Ascgu-^ ra el señor marques que babria continuado i adundo, sino fuese urovocado por el penor^ dico de París, Ütnlaoo ¿n Ávair, p«nádpq|f^ muy leido en Europa, y no ageno á respe-r^ tabies mtíuencias, el cual se permite sii^)||^ ner de una manera esplicila que ia QpÍM||, del Sr. marqués es decididamente ravosab^í^ á la boda que haré el objeto de sus nrtfca-' los. Nadie debe saber mejor el seotido eft que han sido dicbas nnas palabras qne^ mismo <|ue las ha pronundnno; y tratáodiih*; se de hombres comoel Sr. tnarques de Mira mos. £1 yriaeipal, si no. el único peligro que /7om, nunca es hcito ni aun sospechar que «manasaal^f^i^ dala resoliieioii en tan I no procedan en todo con kraefM de hoÍM gnaNi;Mn^, xaMjit« en unc^ un mnnqo I brea honrados, y la Malgnladn foOi^Míf Digrtized by Google I caballeros. Foresta ra7.on, nosolros no (luc- remos suscitar ninguna duda sobre el senti- do que dió á sus palabras el Sr. manjués; su aseveracir)n es bastante, v desde luego cree- mos que las dijo en el sentido en que ahora las esplica. Esta es para nosotros una cues- tión muy sencilla; y hasta nos habríamos abstenido de ocuparnos del asunto, si el se- ñor marqués no se hubiese servido hablar del Pensamiento déla Aacion, y nombrar al au- tor de este artículo. Y no es que el Sr. mar qncs hiera nos dirija ninguna inculpación ni nos con uMiguna palabra ofensiva; antes por el contrario nos trata con una indulgen- cia que agradecemos, y con la caballerosidad que de tal personaje era de esperar; pero como nosotros lomamos por lema de algunos artículos las indicadas palabras, no quisiéra- mos que la interpretación violenta é inexac- ta de que se nueja el Sr. marqués pudiera sernos atribuida también, como lo ha sido al periódico de París. Repetimos que el se- ñor marqués no nos hace este cargo; pero algunos (juizás {Kulrían inferirle de sus espli- caeiones; v así nos creemos obligados tam- bién.i esplicarnos, poniendo la verdad en su lugar, y no dejando que nuestra conducta en esta parle pueda ser interpretada en dos sentidos. Para el trítmfo de nuestras ¡deas no queremos armas de mala ley; no son ne- cesarias; que si lo fuesen, aiiles que em- plearlas preferiríamos renunciar á toda espe- ranza de triunfo. Muchas veces hemos dicho >a que para nosotros no hay mas arma en es- te negocio <|ue la disctision; pero aim en este terreno pacílico y legal, hemos pnx'U- rado siempre y procuraremos en adelante, no echar mano de otros medios qiie de los suniinislrados |)or la razón en armonía con la buena fé. El dia en que viéramos una cau- sa rasostenihie con dichos medios, aquel día la abandonaríamos. Ni aun en defensa de las cansas mas justas debe emplearse la injusti- cia; i\¡ aun en apovo de las causas mas im- portintes es permitido desviarse de las re- glas de la moral. La máxima de que el fin justiiica los medios, es altamente falsa é inicoa.

Una sencilla esposicion de los hechos bas- tará á convencer (pie en el caso presente no nos hemos apartado de estos príncipios; por gralo que hubiese p(Mlido.sernos el tener de exactamente sus palabras para traerlas en pro de nuestra doctrina.

Las palabras en cuestión fueron pronun- ciadas en el Senado, en la sesión del dia 10 de enero de f84.j, y son las siguientes: «Ademas, señores, yo creo que no es pru- dente perder de vista las lecciones de la his-* toria. Las cuestiones de sucesión suelen ter- minarse i)or una batalla; pero las de preten- sión, señores, no han solido terminarse nunca hasta que los derechos se han fundido.» Es- tas pnlabras las pusimos |)or epígrafe en los cinco artículos sobre el matrimonio de la Rei- na, en que sosteníamos la conveniencia de un enlace con el hijo de I). Carlos. No las interpretamos con violencia ni.sin ella, ni con inexactitud ni sin ella; pues no las inter- pretamos de ningún modo. Ni una sola re- flexión. ni una indicación nos permitimos sobre el sentido en que las dijera el señor marqués: ellasexistian, las tomamos por epí- grafe, nada mas. Usábamos de onden'choque nadie nos puede disputar, observábamos una conducta (|ue nadie pudiera increpar. La re- serva con que procedimos indica bien claro (|uc no obrábamos sin la debida circunspec- ción. El testo citado se bríndaba pf)r cierto á' comentarios, pero nos abstuvimos de hacerlo?. ' No queríamos poner al.S>. marqués de Mi- raflores en una situación critica, escitándole fon la interpretación á dar esplicaciones: no nos gusta este modo de proceder, que cuan- " do menos es poco delicado. Respetamos las** convicciones agenas, cuando son conocidas; pero jamás provocamos á determinados in- dividuos para <}ue las maniliesten.

El Sr. marqués de Miraflores no se ha ' creído obligado á hablar, por haberse enea-' bezado con sus palabras los citados artículos; ^ y ha pensado bien. Lis palabras habían sido' dichas; nosotros'no lesciábamos ninguna in- ' terpretacion; "¿ qué me importa á mí, podia decir el Sr. marques, (pje mis palabras sir- van ó no para un epígrafe? Yo no las niego; ahí están en mi discurso. Con tal que nadie " las inlerprele en sentido diferente al que yo les di, nada me importa el uso que de ellas baga este ó aquel escritor. » Asi \wá'\n con- tinuar eu su silencio, como en efecto con- tinuó.

Sabido es oue al tomarse unas palabras por epígrafe de un discurso, no siempre se nueslni parle un voto tan respetable como el ] entiende que ellas se ajustan exactamente a del.S>. marqués de.}firaflnres, jamás nos ha- | la doctrina (|ue en él se desenvuelve; Iwsta briamos perniitido iulerprctar violeota ó ia- || (¡uc baya una relación, una analogía, para Podóslos (íiascstamos viendo (jue scliactó uso «ic dichos (li; esíTÍlores antiguos, para asun- tut» moiitiiuuh, biu quu nadie cui ^uc ul nutáu* •iiii%uo UO0 la resfiüDüahilidad de lasopioHK lu V (1i i moderno, ui culpe «i moderno por Laiicrgc.val^tie las expresiones ili^ aoti||u. A^^tarrBOifM'^Qb las paJabméol^^nwr-i 9|Mf.<fe Mi^om, de ciwV» qn» BAIMUt. ijíos á dicha oj)ortnnidnd...l^ii te maíllos eu los cíUUvk» arlicuio^ la Q^v'iKoieiH^a del enlace de ía Reiqa. eoQ ei hvopia^Rh garios; y uaade la& principales niznnns «pie aducíamos era, la ulilidad de ^giiUir [laia siempre c ou la cuestión dinás- tica, de ahogar tcMlo linageüe preteDsione«^ de prevenir (fiic en lo sucesivo no se pudiera alterar por esta < atis;) U tranquilidad de la España, viéndose en conflictos graves moti-. vados por las pretmsioves de- la ImUia de 1)., Carlos. Kl lector juzgará fácilmente si las palkhras del Sr. marqués no se nos haUiaa (iq,Druscutar naturaluicote como uu epígrafe 0(wr^i8WihwsQiier«aB^ se pensasp cq el ¡lorvenir, «pie se recordase la I iibcñaii/a d*' la historia nacional y cstraa- f;era; y hallábamos (pie. el Sr. maraués, tra- tándose del enlace de la Beina, y uiscatiéft- il(»se lo r»'!alivo á la escliisioii de la corona, di^ia, d \o creo que oo es prudente perder dié)fÍ6ta la8Íocetoiie6deM)>stoúa. » Quería- y mos hacer sentir lo difi49fl,(|M ee el uue des- aparezcan seniejantt'Ñ cuestiones; y halláha-! luiM» r(|u« «^.íM". iqartiue^ habia dicho «jue «líts eoÍlltieiw||i<te yw^wDiieii 'Po Ihib solido ter- minarsií nunca hasta (|uc los derechos se I^Q fínululo. » ¿ Que pretensión a la corona luiy lÍApatta V ¿ No es la de la familia do fteiXBiiifpplt^^Bé país hablabe el geOor ninrqui's? ¿ no era de España? I.uejíO ciian- (I I iiahlabade pretcnsioiK s, hablaba delaíá- iu:!ia del). Carlos; Iiicííd cuando aconsejaba que no se pcrdiest ii df vista las lecciones de lií b!sli>ria, cuando hablaba do la [¡usion de (kreckos, cuando decía que sin esta fusiun las cueslioue^ jde pritM^nsion no baa solido t&FQúnáEse MIN^ «os ofrecía, pan noesr> j l! (»s;i líenlos. pn epígrafe cuando menos muy i opuitonp. Ai yypli^if pues no luimos injus- i tos, ni |)ecamo8 contra la oportonidnd. Quien bahiaha era uu senador^ y en una discufiioa | soli'inuc; ora un lioinlir»'. d" estado, que ha ' ti^ura4u ios ^uimerus puestos l^ diplo^ S^iPK wwpa ua lugar e» la tíswk desear, para eocabesacdineá»^ tejiuealmi arlH iiIos? íjñ que se nos [lodia exigir era que nos abaiiu^i(^:mos de ioterpreiar mal; pero esto lo Complimoi ÍM'¡rí\t(r)í^, m éné^ iBlerpretafiioa Dlupsa^ M|j:fWMM qwi Va cuestión era-vidiriosa, i,m <M|reiio rosbM Aolaiáoo Jo Ilativo al deiw-.delj penéÁ dico, emitiremos al^iiius • reflefuíiMies ^aphpai el comunicado del Sr. marqués, en lo con- cerniente á su opiiuuu sobre el asunto que nps ocupa. La ímpertanéía.d^ Ja persona qiMl habla y del objeto sobre que. baUa, no non permiten dejar sin evámca alguóos pasj^es del comi^iicado. i li J.. i itMm En concepto del Sr. roarqnés71a. epMK sosUmida por el Pensamienlo de ¡a Ancion es iiuna de tantas teorías que, seductoras y bellas uiientras se conservan en la eievaüú region,de laimaginaiion Iminana, desapaieu cen como el humo al dt-s( oiider al lerreai). escabroso de la practica, donde la.argumenta' cion mas robusta y la lógica mos.aveut4Ú<ida, son impoienles ante la ardorosa reaísltf«i|M de las pasiones y de los intereses humanos.* i'ero si asi pensaba el Sr, muruues, ^ cneiAj que esto era una ilusión. pennHaseDos nifestar akuna.esirafiest jde que hab}ai|e.dih la fusión de derechos, como y lambieade que invocase para el caso presente los rcT cuerdos de la historia. Si era una ilusión, ^ en lucha imfotenle contra la ardorosa resis^. tencia de las pasiones é intereses, parece ' que lo cuerdo era no liablar de ella, poes asi no se daba posibilidad á lo absucdo; ni se provocaba la irritante lucha., En cuestiones como esta, lo imposible is malo a los ojos de la pulilu a, porque su im- ¡ posibilidad no consiste en otra cosa que ea. la oposición con hechos indestructibles; y la sana política aconseja oo estilarse co^)l. lo que no se puede.oe^stnir^ Si Jiubiésenisd creído que el enlape en imposible, jamáül hubiéramos escrito en su favor; y el dia ea que nos conyeoci.ésc^ios de ia^ imjwD^iibilidML aquel día.eesar^mos ¡k babipr sobne él. Di^ masiados elementos de diseordia abciga di pais, para (pie deban aumentarse con la de-, feusa de ilusiones.irreaU7.ablus, y al pro[i|o tiempo irritantes., ^t*f«^|i^ AiortunadamciUc, c1 noble autor del municado no entiende seguramente las pa- labras citadas con todq el rigor que á {)ri-^ nena vista pudienn e&i^. La imposibili-:t. ¡m. e«.í fins..i}|oí.^MM|a;,nj^feá* Digitizéd by Co ir del d^lMf^), (juc ea su opinión acaban de comulcr los dosier- ^mlos de Boiirp^es; auu aliurn uo es mas (|ue tmi-imposililr. V,s\A restrit cioo nos ha pa- recido (íi^na de tiit hombre (luc tiene aule- . cedeotcs de la historia dipluinalica de la cuestión, que couocu el estado actual de la España y de la Europa. y que no se hace ilusiones sobre el porvenir.

Los periódicos de la situación han comen- zado á íelii itarse con la declaración del ilus- tre diplomático; pero, después de leido con detención el documento, parécenos que ta felicitación no puede sor bien completa. £1 autor del comunicado no se ha limitado á la . aclaración de sus palabras primeras; las ha acompañado de comentarios muy útiles para tiu verdadera inleli«,'encia. Sabíamos (jue el .Señor marqués de Mirnflorea no había (|uc- ri^o volar el articulo de la Constitución en que se hablaba de esclusiones; no era dilieil adivinar el motivo, y aun en el discurso de la sesión del 10 se habian indicado las razo- nes con Imstanle claridad; mas ahora lo sabe- mos de una manera termiunnle, que no con- siente nin^'un iienero dt> dqda, y que al propio tiempo manifiesta que la cosa no era tan ab- surda como han tpierido suponer al^tunos {>eri<>dicos, y (]ue hombres graves opinaban «jue en ciertas circunstancias el enlace po- <íia ser, no solo posible, sino también nece- sario para satisfacer la opinión publica. Hé ' aqui sus palabras: < si aceptaba la variación de la primera parto del articulo, rechazaba la adición introducida respecto a la csclusion que yo reputaba como innecesaria é inútil. ¿Y por qué no lo aprobaba yo? Porque si en el porvenir, por uno de los acasí)S hijos de tiempos de revueluis, que nadie puede pre- ver en épocas dominadas por el imperio de lasrvcntualidades, hubiese lao/zt/iion públi- ca de una ii otra manera provocado y aun ^ exigido el cnljce que se (pieria evitar, se ha- bía comprometido sin necesidad ninguna por lina cue^'^lion secundaria la existencia de la ConstitUi'jon del Estado. uEI.Sr. mar<pics inaniiiesta en este pasaje que. en política es alp:o aventurada la palabra jamás. En es- tos últimos días al;;unos periódicos la han pronunciado con harta lacilidad. Les reco- mendamos la lectura de la clausula; y (pie pieoseo en las eventualidades que nadie puede prn er. Di'sdi; el día 10 de enero del corriente año, la España no ha dejado de ser 0^;^ jde tivealualidudes, ui 1^ upiüiu^pu|>liica ha dejado de exu^lir; y bi cii con< eplo de| señor marques era posible que esta opinión tuviese exigencias, ¿quién sabe si esta pO'4 sibiiidad continua todavía? (lineo nu'scs recen poca co>a (uira producir tamaña mu- dau/.a.

El Sr. marqués de Mirallores opina qiid los desterrados de Uourges han seguido UU' camino errado para mejorar su situación; yi cree que el conde de Monleinolin hubienk apreciado su posición, si se hubiese fM>strado á los pies de su Rema y le hubiera dielw): «lié atiui el primero de tus súbdilu>; he, a((ui un español obediente a su Reiaa, aca^ tador honrado de la Coustilucion del estad», y de las leyes que el país y su reina dn*-» ron para su régimen y organr/.acion ré el apoyo del trono y de las leyes; tu, ttei^ na augusta, interpcm tu poderoso inllujo para que una nueva ley anule la fatal esclu- sion que acaso natural y jrnUa en los mo~. mentosque se hizo, hoy es irritante, y apw, na á la civilisuicion del siglo, pa.sado el |)cliri gro y en momentos de calma y reposo.»» Per-j. milanos el Sr. maniués que le bagaiuos Quoi observación, (luamiu se trata de |K>aer cier- to lenguaje en boca de una persona, es ne- cesario atender á la situación de la persona misma: es necesario no ponerle eu lucha demasiado directa con sus ideas mas arrai- gadas, con sus scntimienlos mus naturales y profundos. Apliquemos esta doctrina al caso |)re.scnte. L). Carlos ha fundado la jus-, titicacion de su conducta en que está con- vencido de que sus pretensiuucs son legili - mas; de que tiene un derecho indisputable á la corona de España. Tal ha sido siempre su lenguaje. Su hijo, que contaba muy po- cos años al couieu/,ar la lucha, siguió como, era natural la suerte de su padre. Comunes, han sido los halagos de la fortuna, C4)iuunes los rigores de la suerte. ¿Cree elSr, qnés de Miradores, (|ue el hijo debía vol-! verse contra el padre, y decirle: «vos no tenéis ra/.on; vos sois un usurpador; vos uo