2m la eulurcsa era arriesgada, espouteudo- k 4 salir oeaainido em meagW'^ avouto- jWad y menoscabo de su prestigüii:f «uc aidémas, no era prudente promover esa ria- ie.de CAe»tioaeü, que afectando lo mas m- IHM d«l MiüBn del hoBfek*, iodiaponea á lossúbdtlo> cftn el gobierno; esparciendo pa- ra luai o menos tarde, senullas de insubor- dinación y desorden. Un gobiemo que sepa lo que es gobernar, y que tenga praMMi la necesidad de que lá autoridad púoliea sea obedecida, uuiM;a dek; poner á na hombres en el comproariaa-de áesabedtoacr nar aa»- cienria; jMiríim';R-n<tumhrándose los pue- blos a p^e^eIK•ia^ actos de tal naturaleza, y mirándolos con admiración couio nacidos de un beróico temple de alana que arraalia la in- dignacit)!! (1(1 |M><|(»r. antes que hacer trai- ción a los deberes de su conciencia, dejan de oonsidenr á los goberBMtoaeaaM reves- tidos de una misión su|>erior, empiezan á mirarlos como opresores, mas bien como dnefiús de la fuerza que como depusita- Mft4»>b antoridad, y se arrej«i mas (acué- rnente por el camino de las revoluciones, ^or manera que mirada la cuestión, no di- «emos solamente coa respecto al interés de los pueblos, siiu) también de lea 'gobiernos mismos, es muy importante (jtic en mate- rias tan delicadas se eviten en cuanto posible sea, todo lÍBage-éa'medidaa vieleataa. Estas verdades no so han f»eultado á la sa- gacidad del gabinete de Berlin; y por esto m procurado arreglar amistosamente sus ,ooa4M SastaMa; yá'pasar bién que la cortu de Roma. como poteneía temporal, no puede hacerle ningún daño, á pesat de la Nudasu que ha lle^Mioéitor e»- te nepKK'io, y del sesgo reñido que haí>ia lomado; á pesar de todo, no cree la Priisia (}ue ^>ÍMírda uada de su dignidad c indepea- dencia aiiiiiidi éiIíd pretensiones de taiaMi^ ta S<>de. y enviando para amidnr ilr luievo las relacjones a un encargado de ue^uoioa, el barón Biich. ♦-m*-».**!* ^i.
La Suiza nos está ofreciendo en la aelia- lidad rm nuevo tesfiinonio de cuan peliiro'io es el agitar eu un país las pasiones en iiia- teriaflfailtieBS. aobrofladki MMtéa'araae»* clan también las religiosas.
Eu uno de los números anteriores de nues- tra Beimla se dio ya una idea del niidoao asunto de tos coufMlaa de Argovia, dat^laa causas que le habian producido. y de Io« re- sultados que podía acarrear. Lo» lieclios pu»- teriorei I— tMií<le'é<a<dWaÉ# I» grffpe^ aquel negocio, manifiMMido que la cuestión debatida no se limitaba á la supresión <• res- líuiracion de los conventos, sieo que abar- caba «m«iioÉl»«Miba maa espasiaae. Laa posiones política'; v re!iL'•io•^n•í van tonujndo vuelo en aquel país, la discunlia euipieza á saradir eoo vioieneia e» le», ty<oai*Baieaii de Ginebra 4|iie llegan á nuestra noticia mienH» Iras estamos escribiendo estas línea* |>f>drian ser preludios de otros ac^>utecinueutas, que ademas depailírt«la teaaywlidid^iyÉii% amenazasen tamhien á su pwvcnir.
Fácil es comprender que á las potencias del Norle, y sobre lodo a^ JUnttria, no piM»« de imlaBiÉwy guala el tener á^ansñnnedii^ ciones un pueblí) repuhliraiio K>tos contras- tes no agradan; y sin que pueda decirse^i^ avestaraaMia conjelafas em fuadaoMlaHM puede asegurarse que seria anuy del irnstn de Metternich el hacer, sí posible fuere, con la Suiza, lo mismo que se ha hecho coa laawpapéMHiMa' itaiia. Mienln» 4a Sm conserve en '^n^ formas repuldirmia';!a com- binación del elemcolo aristocrah* <« nnx las coatnaibres patriaroalee, staHleiar (pie pre^ domine demasiado el elemento dem(MTatieo>, inquieto y turbulento como en otros oaise?, la Suiza verá respetada su inde{>t'n(let)ctM; pero en el eaan contrario, ea'iMaester (pie recuerde la suerte de Polonia y de las repú- blicas de Italia; y que asi como se ha forma'- do el reino Lombafdo^«eB«4», asi podría formara iMnbiev aáMU^Sillético. Quia Mn fftenif>rc seri h««w que lo» stiteos re- (wrden (pit^ su íioltu'rno c>< tVdtTa!. que es- la ii)m«*(liaU> a,;;r.uuli'S nai ioiir^ u nidas jM>r la mas robusta unidad. La con tede ración hel- vética no cuonta t;im|)o<'n, romo la nmfed»*- niciou gcimanix a, ron esa csptH u' de unidad q«e da el pr(>tei'lorado de grandes mnnar- (juias; las partes confederadas, no tienen tampoco como en Alemania la unidad mo- narqiiica en ca<la uno de sus {íobieruop; y sobre t(xio conviene no olvidar que en cual- quiera conflicto (|ue sobreviniese entre la Sui/a y Austria, loilas las prohabilidades de biit'ii r \ilo estarian en íavor de esta úlli- lun nación..Muy desvi<ntajns;iin*-iitc lucha uno contra muchos. |M'ro bu ha con grandes Nentajas la uiudnd contra la multiplicidad; y e> iiK iif^lt r no hacerse ilusiones, jninpie ni en lo que toca a la destre/a de los irabmetes de los reyes, ni al temple de los j»ueblos, no pueden comuararse los tienqms pres<»ntescon lo^ di' i; uilieimoTeil y de Carlos el Temerario.
La Italia en un'dio de la prolunda calma que disfruta, merced a la vigilancia de los mpectivos gobiernos, y á los ejércitos aiis lÉieos <{ue ace( han de cerca los pasos de la fpTolucion para volar á re|MÍmirla donde quiera (|ue levante lacalieza, ha tenido tam- bién algunos momentos de inquietud; ya que p<»r su f>oca importancia no pueden ape- llidarse de alarma. Hasta ahora nosabenios el fundamento con que se dice que existia una conspiración contra el actual orden de »; pero parece que Urs fiobiernos. ó han lo su í'xistenciíf, o la han sos|K»cha- do, fund.ii\(losc en alinmos disturbios que no han tenido eonsi'cuencia notable. Bien |KMlria «er míe los gobiernos se hubiesen alarmado en uemasia, que el instinto <le la propia ífvacion hubiese abultado el pelijíro; si hemos de decir intrenuainente lo que inios. nada estraño nos parece (¡ue e\is- una conspiracicm para renovar lenlati- mas 6 menos semejantes á las (|ue se ▼ieron años pagados en el l'iamonle y en Ná- p«le5. Cuando observamos que en otras par- les obra con tanta enerfria el elemento revo- hKíonarío, ¿j>or <pi<^ henu>s de tener diliciil- taéen que |M>r un movimiento de espansion Müeada también su influencia á otros |)aises? E» aquellas naciones donde se hallan esta- Mecidas las formas de libertad política. vemos qne á mas de lo <pic se trabaja a la luz del día, se mina de continuo el órden exis- •ínlc por medio de sociedades secretas; y l'recoeÉtes explosiones vienen á dispertar i los adormecidos indicando las minas subler-* raneas y los combustibles que en ellas se amoiidinan. ¿^)ue eslraiio, pues, debe pare- » IT (fue en paises d(mde se carece de esa li- bertad, se tralwje también |>or caminos sub- terráneos para ¡irovocar una revolución polí- tica? Si en Francia hay hombres como ijne- nisspt que arrostran un patíbulo cierto por miiiplir el nu)nstruoso juramento que pres- taron en reuniones tenebrosas, |>robablc es también <pie se encuentren en Italia hombres, si no para asesinar a las personas reales, al menos para sol)omar una guarnición y pro- vocar un motín.
Durante el periodo (pie vamos recorriendo, ha sido la Francia teatro de estrenas escanda- losas; y una que otra ha llegado á ser san- grienta. No referiremos a nuestros lectores los acontecimientos de Tolosa, Clermont y de otras partes; ni la agitación en que se ha encontrado el pais en todo el tiempo de la lormacion del censo; teniendo los delegados (le la autoridad (pie sufrir á cada paso resis- tt iit ias tenaces, iKM^hornos indecentes, alari- dos alarmantes, v de vez en cuando recias pedradas. Los delegados de la autoridad no olvidaran ¡wr nuiclio liem|Ki el famoso grito que soba rescmar al entrar ellos en una calle: cerrad las puertas! Ciertamente (pie una buena |)arte de los alborotadores creia con la mejor buena fe del mundo, que solo se trataba de im|)cdir una medida a(lministrati- va, que se denominaba arbitraria y tiránica; pero los directores de las turbulencias luira- iKtn mas allá; la medida adniinistrativa era un pretesto, su objeto real un trastorno |k>Ií- lico. Asi lo manifiesta la simple observación de la situación de los partidos en Francia; y muy |>articularniente la actitud que en las ocurrencias iba tomando la pn-nsa. Lo (jue ^ (vmvenia era amotinar al pueblo, hacer (|ue los ayuntamientos se declarasen en resisten- cia contra el gobierno: una vez dado el paso, una vez salvada la primera valla. nada nabia mas fácil cpie mezclar la política con la ad- ministraci(»n.;Ay del gobierno de jnlio si se. hubiera amilana(1o. si hubiese dado un solo> paso atrás, si se hubiese doblegado á exi- g«'ncias ilcirnit'sl La osadía de las faccionca se hubiera aumentado rápidamente, las pa- siones se habrían enardecido, y quizás á estas horas un nuevo sacudimiento hubiera' derribado el trono de julio, espulsando del |* suelo francéa á otra generación de reyeu- Fijando la atención lobre el « anH lor ^ etMM acui(teciini<:QU)!» y.á&i Ucsuaiace que IttMKÍdOiiiMaltMialBMrtifcM qm coimeiie tener prci^cnlcs. (jorque en cierto modo ca- raclenzan la situación actual tie la Francia. Esei uno, b exis^teiitiiade mullipiica*l(js cle- misM^ée rdesargiWMdoB monL, que solo esperan ocasión oporlunn })ara producir una venladera anarquía; siendo el otro la resucl* t» firntc/a del poder, y ios háliitM db,tu- bordinacion en todas sus depcudencaasv y piirtifiilarmente en elcjérrilo. \o nt^irnnMims ({uc di lela desenlace de las coiuplicauuucü en (]iie <aii4iMrta (Kmemmm^wk-^mmtllA» la Fnincia. contribuya solircnianera el tener a. su frente un gran rey; pero ¿(|M(' lioria •fe gran rafs ^ al ein()ezar los di.siurhiu:» eit algún ptitito^je alNindoBfl«e»4M wiloridades, ó le hiciese (lefiMTioM un;! yvtrte di'l ojemlu? K$ ])ocq menos t{ue uupoüdile que Entre tanto loit hombres por sus talea- lut> be hallan colonos ai írenle de los parli>« óm ttMMkátfrlepdwi, ^mnbaten coq am&r^ nizamiento indMÍble, ó pnm ■dqwiriffj ó para conservar el poder; dando asi im e^rnndSo- so ejemplo a los iKurlidos l uu.Npu adurea, debilitando cada díft matei- prrntt|rio án i¡¿ autoridad. A«;i!)irnnsc las mtriftas de ít^.. cortesanos, y ier> han sucedido las nmhifiiiii ncsdelos tribunos. ¡Pobres pueblos! mvm'u Ea bgiaterra han conseguido los torspMMt coii)|ilelo triunfo en la batalla electoral, y a^r hau apodemdio ouevatucnle dei poder. Áj^ov las simpatías de la reina Victoria, fiero ttl voto del pais es«n la tiran Breiaña »na«í |mi- deroso que la voluntad del muiuiica; y cun- denad»«a ks urnas elactaratoi ni liiiiatiiit Melboume ha sido mein'stcr (|ti<' ct-dic-e su puesto al uiinisleno i'cci. \ái uue dchuue& ■los em ideado» eivílM y MilkafOfl- B» I é» latilos *fto& como bava bond>res de todas opiniones^ wjn|K>^ \ vadores desterrados del ftodMfí^ silile que las facciones no traliojen por ííaparecer debían de haberse asegurado ios i^^loi, y no los ijiáten, joa tomar {>arle L wbi^s un preduminio dehuilivo, que solp <ÉIÉ»ttiwmiiiiii * ■I wliaái i twwiripwft eoB i pitáterntser dia^tado pov iaviicadica^^^^ ellas, no poniéndoles eniluira?n; peit» al |>a racer debe de estar alli muy arraigada la méfñnMi de que un dependiente del gobierno debe obedecef #<gobwiiMi, irñr doFnn;enle de la conflanza^e eo sus monos tiaA» depositado.
aquí que se presentan de ninno en la arena los lorys, y cuusi^uua sobre sus adversarios una juimerosa mayoaa^ La ¡ley de cereaki^ ha sido el tropiezo (le Jos iiJiijigB;*pero ininnél mas deicuidaiiKMitc las cosas se eeha de vi^ que no era una simple cuesAtoo^de. arau^UI MM la 4|iie se agitaba « siaoiUiaiBafMlíf iila fíensfn una e^fi^nsa relnridn sobre el pro- i mas alta importancia S(X'ial y política ceso de Queuissct, lio menlareiuos su aten- ¿Convenía a los intereses de Inglaterra lado « ni entraremos en (lormenores sobre i el dar ma,\ or latitud a la im|N>rtacÍDiií^dclos lo» cipanloios hechos (|ue va revelando di- | granas r iyiitudo á-dwmiiwtyndftL itsi iralMii okt ncííocio. Al li-ei if». ( I iilma si- liorrorr/.a, ¡pic en la actualidad reslrini:en e.^^e ramo de y>^teirucede; no parece sino que se abre la ¡ comercio? Ue aquí la cuestión. Ku uua lÍAffni imestMis fies, y que desei^mos { ci^ oomo hili^laterra, donde tan podeeasM las eiiliaña^ del abismo. Por manera que en | son á un tiempo los intereses agrícolas y los Frauí i;i. al lado de la anarquía moral liav el industriales, claro es (pie se habia de dividir órdcu uiaierial; y un pc»der cimentado >o- | desde luef^o laupiuiou puldica en dos gran- bre una relación, y corroído por dodiiMS | ¿w4raccioneDi|»|w»ÍéPaqse laJNI«^«il>»»i« disolventes, y minado |>or swiedades cons-!' parte del sistema restrictivo «pie eM-luxcudo piradftnis, se mantiene en una actitud lirme é im)M>nente, contra restando la anarquía so- cial por medio del vigor gubernativo^,|>;Será duradero ese es|;ido de co«as? ¿V.i>n!;i mo- narquía de julio.se ha cerrado hi sima de las la conqM>teucia en el uicicadu aí/uiba el pre- cio de los grasos, y inejoraba.pur coaü- guíente las rentas agrícolas, y colocándose en In parle opuesta la iiidu^dia. no >olo (>or ol interés de la> cIí^í^cí» iudu> tríales uicuvsíiír revoluciones? ¿La miarto de 4a«fettpe, tí I rosas á quienes íMlüMdia, la ItaraliMw néai faltade tan liáliil piloto.no sobará sentir las- ' pan, sino también por el de los mismos ca- timosamenle en la combatida inave? He aquí pitalistas oue podían eucoiiiiar el^orual uias iHias cuestiones que. iotoiiaait al jj^or?enir de barato, si lograban que el operario nec^sir \^FlJViim93^fM9&fá&áttt^^ tase menos para su subsi.stencia.
■atable, y que mas hiere de golpe la aten- cioa del oliscrvador, es decir, imi sii> frran- des }K)l)lari(>nes dumie su industria se bn elevado a una altura {>r()di^M«)sa, parecía que el iriunlo no pinlia ser dudoso; y que pro- puola como estaba la cuestionen un sentido ai cesible a ttHia.s la cajMicidades, y muy á proposito |>ara interesar al niavor número, nabian de alcanzar las clases industriales una considerable niayoria. Pero el resultado de ias votaciones ha venido a coiisi^'nar dos he- címs Díttables: la |>re|>underaMciu de los inte- reses aerícolas en la inaquuia }K)litica, y la inutilidad del famoso bilí de relomia, para obtener lo- i< -ultados (|ue de el se habiao prometido ^us autores. 1.a aristocracia ingle- sa supo liniirir (pie se doblegaba a las exi- gencias, iin¡)i-riii^;i>,1 1,1 >;i/i)ti|M>r la el'cfves- eMMÍa de los alillliu^; pero sa^az como Mtafire, acertó a niodilicar de tal manera el bilí, que le asegurase la victoria, cuando Mepse ta ocasión oportuna.
Hero a mas de la causa ({uc acallamos de indicar, debe bii>-i <(i >l' todavía otra en las roodilicacioui introducidas en la opinión pú- blica, y en los partidos (|ue la reprt'sciilan. i'orque, poderosa era también la ari>t(H i acia tagiMa eu 1830, prepotentes eran también les grandes propietarios que cuenta en su MO, y siu embar^'o desale a((uella época ten esúido lus torys escluidos t:asi siempre del poder, y han debido contentarse con ha- cer la o(><)siciou. Fero lo (pie hay ahora que oobabia etitonces, es la nueva actitud (pie km lomado el partido 4ory, y las modilica- dsies en que ba consentido; y ademas, se tefúlo (¡ue la revolución de Francia no to- ■tfafl el rumbo (|ue al principio se temiera, y asi es que las ideas conservadoras ({ue voJvjao á rvM'obrar a.scendiente, pero que se sobresaltaron con el estallido de la nuc- n revolucuku lianccsa, se han recobrado del susto, y sin perder nada en tuerza y v^^, bao ^naib) mucho cu {irevisioQ y pru- dencia.
I*eel ha sido el hombre que en lu^lalerra » ha ejicargado de llevar a cabo la grande obra de los cimservadores. que consiste en conservar lo «pie se pin'da, sm pi(tv(K-ar re- SBleocÍAS ob>tiu<iil.i> |iu('ii.iii acarrear peligros ¿ la cauMi del orden; y no ceder nmr» con lifíereza a exinenoias desmedidas, ron la doble mira de no debilitar la Tuerza iei poder, v no alentar demasiado la osadía ét los partidos reformadores. Este sistema, fruto áe^krWBÉÍtgB Cí^peHencia de hn revo- luciones, fs en sustancia el mismo que se si- gue en Alemania v en otros países donde domina el principio absoluto; solo (pie las mismas rejílas se moditican seirun las dife- rentes formas de los gobiernos: resistir con lirmeza, pero no con obstinación, y preve- nir las revoluciones [)or medio de las refor- mas. Colocado l*eel al frente de ese nuevo partido. puede decirse que ha refundido en él al antiguo tory, y á los whigs mas mode- rados; no consintiendo que aquellos se en- tregasen a su acostumnrada violencia, ni que estos, Ihictuando en la incertidumbre, §e aproximasen demasiado a los whigs mas ade- lantados.
l*ero esta prudencia (pie sirve á un tiem- pos i)ara salvar los intereses existentes, y satisfacer al espíritu reformador de la (»po^ ca. y que ¡K>r medio de la condescendencia desarma en cierto modo la revolución; esta prudencia, re|)etimos. no será bastante para evitar a la Inglaterra las crisis que la ame- nazan. Kl actual ministerio, á |)esar de la numerosa mayoría con que cuenta en el par- lamento, no se ha atrevido aun á abordar de frente la cuestión de cereales, y estre- chado por sus adversarios para que entrase en ella, ha procurado aplazarla, pretestan- do que ante todo era menester reunir ma- yor caudal de datos para resolverla c(m mas ácierlo. Verdad es que en cuestiones eco- n(^niicas de tan alta importancia nunca esta de mas la abundancia de datos que puedan ilustrarla; [tero cuando habían pre(edido ya tantos debates, cuando el ministerio entrante parece (pie debía de tomar sus carteras con un ()ensíimiento lijo, es proba- ble <|ue el sagaz Peel haya tratado ae ga- nar tiempo. de no irritar á las clases me- nesterosas al principio de su ministerio, ma- yormente a la eulrdda de un invierno, que según noticias será horroroso |)ara los po- bres de Inglaterra, y quizás se propone tam- bién realizar el |)ensamiento de sus adversa- rios con algunas modilicaciones (pie satisfagan un tanto á sus amigos políticos, v que por otra parte le preserven de la tacha de plagiario.
Si es verdad, como lo han a.segiirado los «riglis, que la miseria de las cla.ses nume- rOM8 se aliviaría con un nuevo sistema en el ramo de cereales, probable es (pie l'(»el no vacilará en adoptar reformas importan- tes, por mas (pie haya de luchar con los torrs má9 iMtsmdos (4). Tiempo ha qiic fsta acosUiinhrado á scíruir rosiiellamenlc m pensamienlo pmpi». sin ser esclavo de las exafieradas ideas de alpinos de sus ini- pnidentos ami^'os. l'na de las n»t:las de su pí)lilira es que mas vale hacer a lieiu{H), y contó de Iniena gana, lo que despu«s se habría de hacer a la fuerza: y no se olvi- dara ahora de lau prudente retíla, ni le fallará la (irme/a necesaria para |K>iierla en practica. Por cierto que en la época de la emancipación de los católicos, no tenia l'eel la im|M>rtancia política <ie ahora, ni se le podia conceptuar tan necesario al partido tory como en la actualidad; y sin end)argo ya entonces supo prescindir de la obstina- da tenacidad de muchos de sus amisros. supo despreciar los viólenlos ataques que le diri,:-'ian. no se paró en las calumnias con que le deniiírniwn. y sin avergonzarse de confesar la mudanza de su opinión, lle- vó á cabo la emancipación de los católicos, arrostrando tranquiiatnente el feo y pere- grino apodo con (pie le designaban apelli- dándole Judas Iscariote.
Los acontecimientos que so liíui veriíica- do en Kspaña, han sido tan estraonlina- rios, tan niidosos, y por decirlo asi tan fulminantes, que por espacio de iin mes y medio han sumido a la naciim en un profun- do asombro, de (pie dilicilinente se encon- tranin ejemplos, aun en nuestras crisis mas señaladas. Con tan recios sacudimientos se ha despertado también la atención de Kurofm, y asi vemos que la prensa alemana, la rancesa, la inglesa, todas llenan sus co- lumnas de noticias sobre Espaíia; todas em- plean eslensos artículos en dilucidar las trascendentales cuestiones que están conm amontonadas y apiñadas en el horizonte «Ir nuestro porvenir. Estas cuestiones existían va desde mucho tienqu). se las veia. se haltlaba de ver en cuando de su estreñí i complicación y dificultad; pero los sucesos de íK'tubre han venido a des|M'rtarla8, a ar- rojar sobre ellas nueva luz. para que se concentrase sobre las mismas la atención de todos los hombres pensadores de Europa.
No es necesario hacer aquí una rcseita délos flconteri míen tos de oc*ubre;,son tan recientes, fue tan viva la impresión que can- saron y tan estraordinarias las circunstAn- 'I cias de qne anduvieron «compaflados. qne están, y lo estarán |V)r mucho tienqM), cla- vados en la meiniM ia de todos los es|)arK>- les. ¿yuicn olvida la mañ.nna del i de oc- tubre en l*anq>loua? Solo |M)dra hacerlo «fuien fuc.se hablante insensible |>ara no haber p«r- I licipado do aquella profunda impresión que cnu.so en to<los los ánimos, la difusión de I la noticia de la sublevación de O'Donneii, circulando de boca en lK)ca con la rapidei (leí rayo la nueva de que O Üonnell se ha- bía apixlerado de la cindadela de Pamplo- na jdüclaniiuido la rei;eiicia de.Mana Cris- tina. Los pronuncianiieiitus de Bilbao y de Vitoria, y los suí^sos de Zara^ioza se mi- raron como consecuencias naturales de la insurrección do O Donnell, como el desar- { rollo de un plan que debia de estar combi- nado de antemano, pero aunque no causa- ron impresión tan profunda como la printe- ra esplo>iun, sirvieron para mantener en terrible espectativa ios ánimos, avivando en diferentes sentidos temores y esperanzas. .Nunca se aiiuardartui los correos con ma- lí yor ansiedad; nunca se vivió en mayor iu- certidumbre en un dia, de lo que podia ha- ber aronlecido en el dia de mañana. «A es- A,\> bni.is. (leda todo el mundo, ¿que hajj «bra sucedido en otras parles? a estas ho- rri< «pie habrá sucedido en Madrid?» Los pci iiiiiK os llegados de l» curte iban aumen- tando mas y mas la ansiedad. pintando ta l{ situación de la capital en aquella incertidum- bre aniíustiosa que hace presagiar alguna catastrolc. El ruiii()r'<le la cons|)iracinn era ' publico; se designaban sn- -(n >, se anun- ciaba su plan; y entrétaiilo e ni;mteni;i en actitud silencii:>.i,.1,-1.,...1- li j^. la delensa, a,miarilando el mo- mento critica que había de decidir de su Mierle. La situación era terrible: los conjii- r.idos eran muchos; sus caudillos inteligen- tes y osados, rodeados de prestigio |K»r re- cientes hechos de amias; si se perdía nn iiisliiiile, si se (les|)ertlicíaba un medio de reM>(ciu'ia, si se jiaiiecia un descuido, lo» resultados podían ser de iiiiiiei)>.i cuantía: se trataba nada menos de si dentro de po- cos días, tal ve/, horas. debía de ser pnn la- mada <:i.>í;itiiiil la r<'.gencia de ( i'H n i, cayendo el Kegente en mano cte los cunju- , rados, ó buscando un asilo en tierra estran- Ai imreeor el gobierno seguía de cerca los J |íast)s (!'■ la lonsiiiracu»!!; y va que no le fiicrí» posible coíTcr bien su hilo, n\ meuos leiiiu iiolicias hu^lu IcinJicahiiii el diii <mi que liahia de esUiUar. Asi se le vio (lc^|ilruitr M el (lia 7 mayor actividad y vi^iiaucin, iMWBdo algunas medidas que pfxlian dcs^ bmtarln. y que quiza la desbarataron. No n Labia eui^afiado el gobierno; sus sospe- chas eran fundadas; |>er() los ( mijurados no desmayan, y se arrojan o>iid<»s a la arries- gada empresa. Llega la noche; oyense ai- ^tMOS tiros; suena i)or las calles el grito de á hrnrmas, y Madrid en niedit» de las ti- oiebias vuelvo ti encontrarse en una de tqaeHas situaciones terribles en que se en- oonlrara el i de mavo v el 7 de julio. £1 paeral Concha, al frente de algunas com- pÉAias sublevadas que ha sacado del cuar- tel, llega a Palacio, acuden al mismo punto ilMMIBfe^. y entre ellos el general León MHM^'gallarda presencia y su cora/.on de Irñiita aftos. Va vestido de hu.sar, de gran- de UBiloruR*, lujosamente ataviado, como afuera a una magnitica parada. Kn el mo- ■eoto decisivo, al salir de su vasd dicien- do MRFWM fíliá, ¿quien sal)e lo que le diría corazón? Aquellas marciales galas con que se adornaba ¿liabian de servir para realzar su triunfo, o {lara hacer mas trágico so suplicio? ¡Desgraciado! ¡se ataviaba pa- ra aarrhar al cadalso! ¡ Oh! no augura cadalsos un corazón joven y valiente. «Maña- wn, se diría a si mismo, mañana a e>-t;i> «horas todo.Madrid admirara tu intrepi<ler. »y tu arrojo; te contemplará radiante de ■gloria al frente de tfHlas las tropas de la •capilAl, eiii arcado interinamente de la re- i, y numerosos correos espedi«los en direci'iones llevaran a todos los an- de K^-p iíia y de Kuropa la fama de •tal victoria. Vas a apoderarte de palacio; »al eco de tu nombre se siil)levaran todas tropas (le la capital; Kspartero se vera »ilwdonado, y cuando esUi reducido al Mili Ircuío, entonces le enviaras esa •eaiui, 1. concederás la vida, y ufano nii- *rang Gónio el que fue tu general, y que «Mthora Regente del reino, te agradece tu 4ntf0sidad y tu poderosa protección.» ¡qbíHes destinos del hombre! Era en la ■ateaa del 8 y la sublevaci(m habia abor- tado complelaiueiite; y el general l^on y SM(X>m pane ros inciertos y perdidos, aco- tíéos en lixlas direcciones, vagaban |M)r los alaM«cs tle Madrid. Poco tiempo habla patada^ t se esparcía por la capital la iw>- ticia de que acababan de irtior preso al prneral Lcon I