Í'.esla libertad se entiende en ningún senti- lo como la libertad de los demás espoflolesT No. Ved si la Reina, ahora mismo, es tan libre de hacer sus paseos como un simple particular; ved si no se leü'inta una gritería atronadora contra el viaje á las provincias Vascongadas; ved si podría, sin ^'ravísimns ínconvenienles, visitar diterenles corles de Kuropa W lialtlar pues de libertad en este caso, cunvieuc deíiuirla, jKirque esta pala-^ bra tiene infinitos sentidos, según los obj^» tos á (jne se aplica; en uiniíun pais del mun- do, bajo niniíuna tornui de gobierno, se ha entendido jamas que un rey fuese libre para hacer lo inismoque un ciudadano cualquiera. La Reina ha de ser libre ou la flercioir. pe- ro esta libertad tiene sus limites, no im- puestos por nadie, sino natmies. Na se dip ce qoe nn particular carezca éB^^kml$é porque haya de atender a lo que eidge 49 conciencia, su honor, su couvenieiida; tampoco se podrá decir que la 1Mm4í w- frule libertad, porque el ser Reina le impon- ga el debi'r de procurar la tranquilidad y el bienestar de la nación que la i^^ovidencia lu ha encomendado.
«S. M. del>e tenor n! menos la iniciativa, se nos dirá, y entrometiéndose la prensa en el negocio, haciéndose maniiéstaciones pú- blicas de qoe se combatirá ó se sostendrá á tal o cual pretendiente. esta iniciativa des- aparece.» A los que asi hablan les dirigire- mos una pregunta. ¿ Es ¡losible que errados consejos hagan también errará S. 11. en la iniciativa "M'.reenios que hasta ahora nadie ha atribuido a los consejos de la corona, ai á la corona misma, el privilegio de la in^li- bilidad. ¿Qué será, pues, mas fevorable al decoro de la corona, el (jue las manilesta- ciones de la opinión publica eviten anticipa- danente na error en ta iniciativa, d el que la misma opniion pública, haciendo conocer un error, hafra retroceder á la corona después de haberse equivocado en la iniciativa? Tam- bién nos parece indudable que es mas deoo* roso no cometer un error que tener que en- mendarle. I>ueí:o importa sobremanera al decoro de la corona que esta iniciativa esté Kréviamente ihistrada por una discusión pá- lica; que se vean de auletnano las simpa- tías ó antipatías con que puede contar esta o aijuclla persona, que pudiera ser favore- cida con la iniciativa.
Todas estas prdabras delil>erlad, de deco- ro, de derecho de iniciativa son muy bellas; en algún sentido, signitican también verda;- des íiMiísputables; pero en otro son también muy vagas; y se^iun como se tomen pueden espresar principios absurdos en teoría, y al- tamente funestos en ht práctica. La cuestioii libre de accesorios inútiles, y despejada de las nubes ron que se procura envolverla, se reduce a lo siguiente: el enlace de la Reina m ¿C8 un nef;(iciü de alta ímporfanría para Ja España? ¿Si ó no? La prensa española ¿tie- ne derecho á ocuparse de un negocio de al- ta importa mil rurn la España? ¿Sí 6 no? ¿Es posible ocuparse del mejor modo de ha- cer el matrimonio, sin indicar cuáles son las personal que convienen, y cuáles las qae oo con: icnfü"*; Si ó no? I'rcsiMilada la cucs- ttou bajo este punto de vista, no admite dos solndoiies: no es necesario apelar á teorías beeho un adversario polilico en un punto dt la mayor importancia; v quien sio sostener- le ano, no le rechace aniertamenle, estamhion «n ndvor<ario rn pn!íti<-n. pues no quie- re reconocer ia necesidad de una eschishm, que se ha considerado indispensable.
Esta división tiene lariías consecuencia?. \iiti's de renli/.nrse oí mntrinionin, se trnha- ría una viva lucha entre las dos fracciones: lucha que naturalmeniaeoiitribiiirja á átsa' noiiár^nícas, ni constitucioneles, ni revola- | volver mas y mas los elementos de discor- donanas; basta el sentido roniun. ^ - > - • •.
La prensa tiene ciertamente que guardar hs eoBsideracíottes debidas é laangiñta per- sona de (lue se trata; pero en el Hmile de ellas pticde ventilar la cuestión como mejor entienda:^ para hacerlo asi le asiste un de- recho indispulable consignad<ven ta ley que asegura ia filie rtad (le la prensa; y á 'ejer- cer este derecho la obliíra el deber de no abandonar los intereses de la nación en la eaestion mas f^rave, mas trascendental que ofrecerse pueda á una monarquía cnlnrada en las circunstancias en que se halla la es- pañola. Asi lo hemos pensado siempre, y he- mos obrado en consecuencia: desae que he- mos visto á la prensn entera apoderarse de la cuestión y examinarla eslensamente, se han dwninui'do los serios temores que abri- § abamos de que con el silencio de iosperí6- icos no se tomase una resolacíon de resal- tadus deplorables.
Uno de los mas fuertes ar.gtimenl08 fra- ternales que pueden hacerse ( onira la reu- nión-Pacheco, es el que ha echado un iiérmen de división en el seno del partido moderado, 'cabalmente en los momentos críticos que mas imperiosamente reclaman la unión para ha- cer frente á los demás partidos. Si bien exisdia. y que podría acabar con m rompimiento de diticil soldadura. En lus diferentes movi- mientos que dorante la discusión deberfi ejecutar la fracción adversaria del conde de Trapani, seria niny posible «pre nlp-im vai- vén lo arrojase fuera de la órbita de la siliia- cion; y que baNAndose mas cercana á otra sistema se precipitase liária él, por efeciS de las leyes de gravitación univers il.
Este fenómeno político se hace tanto mas {)osib1e, si se considera que los contumaces en la oposición se haci«nn iniposíMes por mucho tiempo, después de hecho el matri- monio, y como los partidos no gustan de de- jar sin acción sns nierzas y energía, seria (le temer qtie esa energía y esas fuenaslD- masen una dirección nueva.
La actitud tomada y^Uimamente porfosdí- ferentes órganos del partido moderado esa respecto á la cuestión del matrimonio, es muy digna de observarse; no por lo míe es en si, sino por lo que índica, y por lo qoc anuncia: es síntoma de una división mas profunda de lo que parece; es anuncio de lo 3UC pudiera suceder con el tiempo. Ha halá- 0 por ahora una ligera escaramn):a,'enqiie va los combatientes se han iiHisiiaclo ana que otra ve/ animados en detna'^ia: ¿qoién tía ya de mucho antes esc gérincü de divi- i sabe si los aconteciuiienlospodí iaii enipeñar- sion, necesario es confesar que la reunión- | tos mas y acarrear una refriega?
Pacheco ha contribuido á desenvolverle; por- que asi como la uuion es mas Inerte cuando se simboliza en uua persona, asi lo es ia división, cuando el motivo dé ella es tam- bién una persona. I'n poco Ttin.<; ó menos de constitucHinalisnio, la condiK!a política mas ó menos uuritana, son cosas muy cla>ticas, susceptibles de rail modificaciones, y que llegado el caso pueden lrnii<¡gii-se quizás con una palabra. Pero esto de decir: «nos- otros no queremos al ronde de Trapani,» es Imnáruna posición muy clara, mu^- despe- jada, no Ciiben anil)i,mieda<1r< Onten sos- tenga al conde de Trapani, es el mismo En situaciones de snyo esclusivns, el mas exclusivo es el mas lógico, y á veces el vas previsor: y menester es confesarlo, el me- jor medio para asegurar la csclnsion y 1^ varia hasta sus últimas consecuencias, es ha- cer el njalrimonio con el conde de Trápaoi. \o es cierto que el resoltado correspondie- se al buen deseo; pero es cierto que SOn op- timistas lie ( Vi Iiiviiui los que lo aconsejan, y calculan sus buenos efectos en caso de rea- lizarse. Fuera progresistas; y no corooqnie- ro, sino para siempre: fuera carlistas; v m como ijuiera, sino para sieni|MV: fuera i>;irj siempre los sosj)echusos, de quienes se haya Digrtized by Google t tenido al^oiQ iodicio que simpatizaban coo el conde de Monlemolin: fuera todos los mode- ndofl que ie opdsif ron á It Témela del prfncipt» napolitano. El terreno qnedn muy es- caso; pero en cambro son pocas las personas que en él han de caber. Tienen bastante ngar para vivir holgadamente.
Y nóle>í" fiinr): on nqnnl snptipstn todas las cuestioiu's políticas se transtbrmarian en dínéslieas, y por consiguiente no serian sus- ceptibles sino de uña solución. monárqni- coi; reclarnfirian su?; derechos polít'rf>v • v esto fueran mañas para derribar la dinastía. Im progre^íütaü serian nl)j(>(o de ¡«niales sospechas; y hasta la inofensiva fracción del partido moderado, que se opusiera al rasa- miento, llevaría sobre su frente el anatema de sütidináatfea, que mas de una m que - brantaria su hrio on Ins cncstiones políticas y hns1a en liis aiiininisiriitivn»; v linancieras, Eü la o¡)osit ion a un niiíuslerio, se creería descubrir la aversión al principe; en la or- franizncion de los ramos de la administra- ción, se verían los hilos de un sistema para baeerle daf^o; y si un dia se tratase de in- tereses de la liaUi civil, ¿quién se atrevería álevantnr!n vo7 en favor líc la economía de algunos nHlionos en una dotación, cuando esta tos habria de ser eonsiderada como nn atenti^do por el mero hecho de salir de la boca de un adversario del principe?
Bn estas desavenencias nada tenemos <fne Ter por ahora los qne, aoAeniendo el cnliice con el conde de Afonfetnolin, somos considerados como \ itandos por onos v otros. Bástanos esperar, y (|ue los acontecunicnlos aigan so curso. Bueno es que al mismo tiem- po rjiic s(» ha rechazado la cnndidatnra de Bourges, hava sido rechazada también como igvalmenle funesta ta otra, oue alonas per- Moas celosas por el bien púMico se apresu- rai)an á ofrecer; bueno es que iin periódico liberal baya dicho ya que ios sostenedores del conde 'de Trápafii no son mas liberales qne los que abop:an por el conde de Monte- moHn; bueno es tamhicn que en mas ds un lu^ar se baja indicado, que quizás este úl- timo presentaría menos incoDveDÍentes que el protegido por la Francia.
IBHiEUOMB Mientras los órganos de la situaeion pintaban el estado del pais con colores bala* pneños. y asecuraban qoe la tranquilidad no se turbaría en Cataluña, á pesar del descontento acarreado par la tymiM, oorríM camino de Madrid losestraorJinarios oorta- dores de la noticia de graves desordenes, seguidos como es costumbre, de sangrien- tas catástrofes. El paisanage se bama m- bíevado, se babia batido con la tropa; x d\- p\m< desfrraciadns lia luán sufrido la pena capital no sabemos i>i precediendo alguna formalidad; pero siendo en todo case muy breve. A Ihs dos dias, nueva'^ y ^Ro-irifrif^s refricíías en Sabadell y Tarrasa; nuevo llan- to para muchas familias; nuevos eleaMalan de discoidia lanxados en el seno del pais, 7 fecundados con sansrre. ¿Continúan todavía las desgracias? La insurr«5ciott¿babraett- contrado eco en otros puntos de Espafla? k la hora que escribimos estos renglones no podemos sal)erlo: pero aunque las cusas Imbicsen terminado asi, ¿no son baslaule tristes semejantes acontecimientos para afli- í: II' profundamente á lodo corazón español? ¿ No son bastante graves para descubrir eu ellos el anuncio de otros mas grdvcs toda- vía? ¿No son bastante elocuentes para daa- inentir esa bueca palabrería con que se quiere alucinar a la nación, haciéndole creer que ha entrado de lleno en un NStesMt de paz y le^^alidad. coando á cada momen- to ve sa1j)¡car con la saníip' <íe sus hijos sus calles y sus cam|íOS? ¿Que importa saber quién tiene la culpa? Lo que ea efíáanlo as la existencia de un profmido malestar que se revela de diferente? maneras, que aho- rá se reviste de una apariencia, dc^ues de otra, (pie hoy toma un pretesto, mafiani otro: lo que es CTÍd«lte es (pie el gobierno no se consol! dn. <ino que bambolea sin ce- sar; lo que es evidente es que en semejan- te situación el gobierno no gobierna, sino que se deliende; que no piensa ni |tnede pensaren la ransn ¡túblicn moo en ia coii- servacioo propia; io que es evideiUe es que Dig'itized by G en lal bituaciüu no imperan ni pueden im- perar las leyes; r^uc la fnerza es el únieo bitro d(> li s destinos del pais, y que los boinbres pensadores ven que se aleja cada día ñas el lan suspirado momento de dar lin al dcspolísmo de la Tuerza y i la disolu- ción de la anarquía, y de asonlnr «obre la ruina de ambos el ejercicio de un poder suave y flnne, soperíorá loa partidos, inde- pendiente de toda protección militar, reci- biendo su robustez y eneri^ío de las ideas y costumbres del pais. del astuuimiento de la tMnensa niayoría nacNmal, apiñada alrede- dor de un trono que ejerza posifivameiite sus funciones, sin mas voluntad rjnc el cumplimieolo de ias leyes, sin luus uuiu one k eoQvenleDcia pública. Esto es h» evi- (írntf; esto es lo (nu; n'salta en la negrura del cuadro; esto es io que domina todas las interprctaLiuue.s y tergiversaciones; esto es lo que ningún esfuerzo puede ocultar á los ojos de los j)ur!)!(!v ronsternados.
Mil veces io hemos dicho, y no nos can- saremos de repetirlo: la situación es radi- ealflieite falsa; las opndicioiies bajo las cua- les se quiere establecer en España un cro- bierBO son iasuficieules, y ojalá que tiu hu- bieae sos que iosuficieneia en ellas, y que algunas no envolviesen una necesaria con- tradicción con el establecinuoiilo de un go- bienio. Los acontecimientos vienen por desgracia á confirmar nuestra opinión: no nos complacemos en ello; | bároaro placer seria el que se recibiera de la efusión de sangre! Pero preciso es recordar esta opi- nión; preciso es recordar estos pronósticos, por cierto nada dinciles de hacer; preciso es insistir en una verdad lan importante y tan poco atendida, l^m evidente v con lal pertinacia negada; preciso es inculcarla pa- ra que la comprendan, la sientan los boni- bres de bien de todos los partidos, los que no necesiten de esclusivismo; los uue no hayan menester proscripción de todo lo que no les sirve ó adula; \o< <]\u' por su frri'ina independíenle u por su capacidad pueden ocupar en la sociedad' un puesto distingui- do, sin que hayan de acudir al triste medio de achirarlo lodo, de anonadarlo todo para aue pueda parecer algo su pequenez ó aull- ad: los que no necesiten arrojar el- anate- ma sobre la moralidad, sobre todas las vir- tudes, |v>r;\ d'sviar el anatema ron que la conciencia publica castiga la inmoralidad. Oaeir que la colpa no es de - la situadMi Ísino de k& partidos estremos; que la causa de nuestros bmIcs no se halla en la falsedad de la situación sino en la obstinación de los mismos partidos, equivale a no decir nada i o a confesar lo mismo que tratamos de es- I tabh eer. lina situación de gobierno no es l 111 puede siT una abstracción; es una reali- ¡ dad en atedio de otras realidades; un hecbo , en medio de otros hechos; una situación da ; gobierno no puede por lo mismo conaido- Irarse en sí sola. en los únicos elew»ento$ que eniran en ella; es necesario conside- rarla en sos relaciones con la sociedad en que se halla; y cuando por estas relaciones se descubre que otros elementos muy po- derosos, mas poderosos que ella, no ia aceptan, ni pueden aceptarla á no dejar da ser lo que son, t nlonces es necesario con- venir en que la situación es falsa, i.uando se examina una situación de gobierno, e$ I preciso entender, no solo á la cantidad da iuerza que posee, sino á la cantiti id di- n*- sisti nria que ha de encontrar; asi como eu uii problema se considerau á un mismotil»' iN) las canlidMies conducentes al obj^, y ias que se oponen a él: positivas y negati- vas. La situación del gobierno que" se quie- re sostener en Bspafia como estado definiti' vo, se halla en el caso de contar con demn- siados e!iMiif»iiio< 1;í »'ond»;)ten. y con pocos que la apuvau; v por esta causa en afto y ^ledio que lleva 3e duncioo. eo a6a < y medio que en la vida de las sociedades oo representa masque pocos instantes, ha te- i nido que altogar cuatro insurrecciones, ven I los intervalos de paz ha vivido incesaÁte^ I mente con las armas en la mano, temiendo a I cada moniento nuevos ataques. Si esto m prueba la falsedad de la situación, no alcanzamos qué se necesita para probarla. Nada importa el que los nin\ imientns sí I hagan con un pretesto que en realidad en- cubra motivos y miras muy diferentes: ea todas épocas se"^ ha visto el mismo femiineaa: cuando h;n en los pueh!(v< \ cnliiflrr.ts cau- sas de iu(|uielud, los que con uno u otroob- i jeto se proponen bacanas obrar, claro es que se hao de aprovechar de lo que cncueolna á la mano; y seria exigir demasiada morali- dad a los conspiradores el empeñarse en que si un pretesto les sirve para realisar sos de- signios, no hayan de em|)!earh' cual si fuese un verdadero motivo. Lo que buscan ellos I son medios de acción para desenvolver los elementes de desorden que ae abrigan en el Digrtized by Google scDO de la sociedad; iina vc7. provocado el deaórdén, una vez rolo el vinculo que im- pedía el que cada elemento tomase la di- rección que le es propia, lo denins es cues- tión de j)ornienorcs cuya resolución importa poco en la totalidad del problema. El modo do evitar las conspiraciones es aplicar el re- medio a la raiz del mal. (piitando de la socio- dad, no a los hoHíbres por medio de fusila- mientos, sino las cosas quu la ímpiietan y perturban.
Sí.» comprende muy bien que cuando un pais vcSu tranquilidad conipletamente ase- gurada, fundando la convicción de esta se- guridad en la espericncia de los largos años que vive tranquilo, si por ima casualidad se altera el orden en uno u otro punto, no re- flexione el gobierno sobre la situación del pais en general, no investigue si hay en él verdaderas causas de desorden. y atienda úoicamcnle á la localidad perturbada, no >eDsando en otro remedio que en el castigo de los revoltosos. Entonces, es escusable el que se achaque la culpa á tal ó cual |KTSona. a tal ó cual bandería; que se quite el disfraz al pretesto, manifestando el verdadero moti- vo, y que no se emplee mas correctivo para lo pre>eule mi precaución para lo venidero, que el desengañar á los incautos y el re- primir á los di.scolos con ejemplares es- carmientos. Pero cuando la trani|uilidad se altera no raras, sino muchísimas veces; cuando los puntos en que se perturba son varios; cuando a pesar de la diversidad de los motivos o preteslos siempre encuentran .Mícuaces los agitadores; cuando el carácter que en delioitiva toman semejantes aconte- cimientos, no se Umita nunca a [)arliculari- dades relativas a esta o aípiella provincia, sino que sea cual fuere el pretesto con que hayan comenzado, siempre se dirigen á un mismo blanco, siempre acaban por un mis- mo grito, ahajo el yuOierno, entonces preciso es reflexionar (|ue efectos generales de- ben de tener causas generales; que efec- tos constantes deben de tener causas cons- tantes; (|ue sucesos repetidos en todas las provincias deben de tener un origen in- dependiente del provincialismo; que suce- sos provocados por muy diferentes personas V clases deben de tener una raiz indepcn- aiente de clases y personas; que sucesos en que en varias épocas han tomado parte, cuando no la iniciativa, todos los parti- dos, deben de leucr una procedencia independiente de todos los partidos; enton- ces preciso es reconocer que hay en la.so- ciedad alguna causa de malestar, grave, protunda, general, permanente, en cuva in- vestigación deben trabajarlos hombresde e?- * tado, mas bien que en vanas acusaciones, ' que lejos de calmar irritan, mas bien que en ' castigos tremendos, que esparcen la maíi terrible semilla para nuevos trastornos: la sangre.
Ilasla ahora no vemos que se piense en nada de eso: se sigue el mismo sistema quo en las c|)ocas anteriores; siendo de noiap que cambiando un nombre, emplean el mis- - mo lenguaie los |>oderesrombati(los, ya sean , progresistas, ya sean moderados. Cuando , inundaban los progresistas todo se esplica- < ba con la alianza de ios moderados con los - carlistas; cuando mandan los moderados lodo se esplica con la alianza de los prr>— ■ gresistas con los mismos carlistas, ¿rue- de desearse esplicacion mas satisfactoria, mas completa, mis analítica, mas pro- 1 luiida? Este es el tema obligado, asi de las autoridades superiores como de las sulialler- ' I ñas: v asi al leer en la proclama del general Concha aquello de la monstruosa alianza de los re()ublicanos c(tn los carlistas, no hemos ^ pi»dido menos de sonreimos al recordar que lo mismo mismísimo decia el general Van- llalAi cuando la insurrección de Barcelona en noviembre de I84¿. v cuando ¡coinciden- cia singular! el genera] C(mcha se hallaba * eini.;rado, y los |)eriodicosde l;i situación de • I entonces, en queriendo dar un grito de alar- • ma, comunicaban las estupendas noticias de <\w el general Concha debia desembarcar cu el puerto A, y Narvaez en el puerto B. y.- j el Barón de Meer y Pavía debiau de entrar I por el puerto C, lodo para realizar combina- ( mués carlo-cristinas!...l*or manera que ^ eu el problema de señalar las causas de las perturbaciones de España tienen ambos par- tidos dos cantidades, una constante y otra variable. La constante son los carlistas, la • variable son los moderados para los progre- ' sistas, los progresistas |)ara los moderados. Asi la formula es general, y sobre lodo sen-^ cilla; bastando una ligera sustitución, ó mas » bien la determinación de un valor, [)ara (|uc • según este sea, puedan emplearla unos y ' otros.
Asi los carlistas habrán dejado de ser un > partido poiilico; sus legiones serán como una " especie de sdizos que se contratarán con to- I ámht ptilUbi- tÜinMtifinMDie: dtro et que m fxm MÜfiMr, hm fira dotibar. Ig- nórase el sueldo que á esas legiones se 1^ habr^ seilalado ea las diversas épocas; -y lo mMo «B qve lieado pobres IM urtidkis • como no suelen serlo en España los que oaen del poder, continúen los carlistas en la emigración, sumidos en ia miseria, y no os- i leDUMido algo de la abutdaMía qae deben | de haberles proporcionado aliaasascOB'gen- la tan rica. Lo cslraño es que todos los par- tidos, cuando dominan, se olviden hasta tal i pnMo de sos anigoea aliados, y que á la menor pretensión que les vean los acusen de insolentes, y sobre todo de ingratos.
Los ioteresados niegan la existencia de aenejantes afianaa; pero esto no impide el qne se continúen alirmando con imperturba- ble serenidad. V es de admirar, pues que laMas 7 tan repetidas son las provocaeiones, «o da admirar que algún cronista no se ba- >a encarpado de referir In acontecido cuan- do ia emigración de loa moderados en bran- eiaT i propósito de aliaua eoa loa carlíslas; es de admirar (|ue no siendo pocos los que saben curiosísimos pormenores, hayan teni- do los hombres insultados la prudencia de po echarlos «a cara á los beanres oue los insultan. Fortuna que el corresponsal (leí Ife- raldo en Paris ha suplido la (alta» ¿ pesar de su intención inofensiva [i]. * (I ) A conliRuacion copiamos los pérraros de la citada carta, insertados ea el número del Ifcraldn del día 8 did corriente julio; Íárrafos que llaiuaron la atención del Clamor *útlko, que se ocupó de elloS en su número del H. Nosotros no los comentarcnsos: ape- lamos al buen juicio del lector. Dccia asi el corresponsal del Heraldo: «La aditiid enérgica é iniponeiilo en se ha piipsto el goltii'rnn español con nioiivn de l:i.s pro- clamas Hf D. C;'iplosy de su hijo iii:i\or:i la nación, ha causarlo mucha impresión al partido carlista y il legitimista, que ludiin <'oimImii;i<ío id proyecto de esHinieato entre ia Uujiu y el coude de Moiite- Bolio, oooio la ooM maft MiicUh y hacedera del mundo, y se lisoojealia grandemente de qne oble- dria el apoyo de.S. M. la Heiua Madre.
»Y 'Ai\y\\. i i o deber aproverÍKirmc de la ocasión para rectilit ar una noticia dirundida, juntamente con otras muchas del mismo gi^nero, |M>r los peritV- dkos con mollro de las supuestas simptUai que la Reina Madre hahia manirestado siempre en favor éá «alMe da la Reina con el hijo major de Don GÉ«ift.H*a9tf ItebMbM^fefimiibiiiaita, m Esas incttlpacienes, que podrian \\m$m calunmias, si nombre tan serio merecieran despreciables vulgaridades que >nlo escilan La risa, eavuelveu una uulablu coulestou iie parte de los bandos dominaoles: y es, que el partido carlista unido con una de las frac- ciones liberales es t ip i/ de poner en peli- gro la tranquilidad publica. ¿^L<l cuníesüw, lo repetimos, es notable, pinte nada meaos que ia triste situación de los partidos libera- les, y la triste situación de la España, mien- tras ellos la tengan bajo su ioAuj^acia ex- clusiva. Parece cosa (iTimnfjni^fei-iiláii^ naado de los progfe6ista% escloye por a»- toda su verdad. En la época en que ia auibioiua «k E^rlero ae «ncantaaba á edher par tknaliiM las instituciones nionáit{uicas, el gabinete de bs i uUeriaa Iraló de promover uu;i< umixiaiuieolu^- li« d pariiik» moderado y ei carlista, con d desM de qui' la uinou de.iuiIkis partidos conjurase lí toiiueulu uuc aineiiazaba al trono de VIsjúím. El mejor medio qne entonces se proscnlaha era dia- saniiento, cnii t:il qtic el PriMíMidii-iilt- nWinise para si y jara sus SH« esor«>s sus pn lemlido* dere- ebos i íá eorotta de Eqnña. Ksta conáieioa dafcfc pniporcionar al nnrido de la \\vnv.\ la misma situa- ción en que «e baila en el vecino i^iuo de l'ürli4¡ai el de doAa Marte de la Gloria.
• Agradaba esta i oin!»iuaciou á las potencias dd >'orte, coiDu quo veiau en ella un precedente favo- rable pera volver á anudar sos ant^ias relacioaes con r>-|i:iri:i. Al propio lii'mpo que el casamiento, todas las potencias habrían n'cnno< ido á S. M., J se habrían comprdmeiido tácitamente á ouaMi las tentativas riiiánpiicas de los ayacuchos.
realíKiciou de este proyecto olrwia ealaa- CCS la doble veolqa de aoalNV oqb Ja guenm ctiil, y de coliH-ar el tnnio en su lugar correspoadíe|i0 eolre las uaciuuus de Europa. „ >Un ayudante de campo del mariscal Soultpsú entoiu-es á Bourfr' S para eiitaltlar la^? negiK Íac¡ooe$ con D. Carlos, aircilcdor del ctial se agitabandot partidos: uno de e11<»s le aconsejaba que sealfanHM A los deseos del gabinete de la» TaHeriak y reaaa- ciase á sus pretensiones en vista de ba poqníaiiaaB probabilidades de bnen éxito qve ofreeiaa; el otro, el déla priii('i-s:i de Beira, creia quedando el tífi niavor de L). liarlos su inauo á b ttcioa, seriada hecho y de derecho rey de España.
»Estc último 1 1,111 iilo se a|HHleró de tal mancia del apot ado y di Lil opirilu de D. Carlos, que al poto ticiinM) hubo de renunciar el diplomático al proyecladf» crdace. v rompió toda negociación con 1). (lárlos. Después acá no ha vuHlo á dirigir al Pretendiente pTO|mlfion alguna direcla ni indim- tamente, y no tengo noticia de que las qae aeabo de referir hayan sido caasulladaa cea la. Isfe^ jflHj^^ic moderadla; tai goibo el de IBHHMtfi«elcluye el de los progresistaiTOoIeD dudase de lo primero, recuerde las destitucioues en masu de IKiO; qaien BAieiiaAfie^ cteilo lo seguocb^ leciierde MÉfiiiititociwiifr 4» -iWMt^ iül'fllwii^ du rionzalr/. UralMj. Parécenos deino^trndu tam- bién |»(»r lariía es|>eriencia, (|iie mientras coQÚuue Id Ksuaau bajo laí^ i-uiidicioiics ca rse halla oesde la muerte de Feman- lí'll, los cnrlistas serán escluidos, duran- te «Usamb de los {>rogre6Íi)tas conio do los ^^mudoA. De b cual se iutíerc evidente- JlMüÉflMWKwiMniii liw diciag eondieie- rn^s. el mando eslnrá siempre en manos de Uft |i«rltdo liberal que leudra contra si al Q>»i|mlidu liberal y a^ eaHista. ¥ como por NiywiiioM aatefioc, sabíamos fiie es» opo- flfiíoQ reunida es capa/, de poner en peliern li^ranuuilidad pública, se deduce que esta MwpHHdad no se asegurará jamás, q«e la lai seguridad es iiiip(i>ihle: y esto es preci- samente lo (|iie 1:1 PenMmienln de la Na- «MM« plupuesio deiuustrar mas de una ^»lii»ialii>^^ emplear «ediii|ÍHNaÍilyiidejÍBdf>8e de pa- liativos.
, 4^ÁíWA se ñus puede hacer una objeción, 'i|Í|MPooiivien»ídeiflr ain respuesta. Si nos- otros consideramos infundados los cari:f>s de bs aUanios nwmtrmsas^ se sigue en nues- UtupaiiMi, que los gobiernos no tienen que iMMlMfMgbforianto desaparece la prínci- ¡ml nunn en que hacíamos estribar la imjm- stUbdad de que llegue á ccmsolidarse la Imqwlidad pública. A esto replicaremos, q»e en «u&slra opinión esa imposibilidad no se funda on la e\istenria de la alianza, sino eu la e.xiateucia de ios elementos de oposi- fMQ#|^ tierno, que wmaéMven bastante fuertes para derribarle. No necesitamos ape- lar á la alianza: l^isla que los elementos existan, pues entonces resulta que el go*- Iw^rno cuesta «uIhsImmhdíob la aHia q«e lifc favor, que tiene mas enemigos que ami- '^ip^aílnacion violenta (}ne jamas puede ave- MM-íCOn la cousoliducion del uiútiu pul)li- G(h Jfara saber si el gobierno de «n país es- ta consolidado, si la silnai inn ea qoe vive (»^ta con segundad de larga duración, no es preciiD^^yteadei: é la actitud que tienen ba |Mii)iilÍwÍMÉf i ai; basta considerar la que guardan con respecto al gobierno, y la re- ¡añoa em astan las fuerzas de este con aquellos. 81 es de minoría, {Hiede darse por segara «oe alianzas.