12. Luego claro está que estas visiones y aprehensiones sensitivas no pueden ser medio para la unión, pues que nin- guna proporción tienen con Dios; y una de las causas por- que no quería Cristo que le tocase la Magdalena y Santo Tomás (5), era ésta Y asi, él demonio gusta mucho cuando un alma quiere admitir revelaciones y la ve inclinada a ellas, por- que tiene él entonces mucha ocasión y mano para ingerir erro- res y derogar en lo que pudiere a la fe; porque, como he di- cho, grande rudeza se pone en el alma que las quiere, acerca de ella, y aun, a veces, hartas tentaciones e impertinencia (6).
13. Heme alargado algo en estas aprehensiones exteriores, por dar y abrir alguna más luz para las demás, de que luego ha- bernos de tratar. Pero había tanto que decir en esta parte, que tuera nunca acabar; y entiendo he abreviado demasiado sólo con decir que tenga cuidado de nunca las admitir, si no fuese algo con algún muy raro parecer, y entonces no con gana ninguna de ello. Me parece basta en esta parte lo dicho (7).
1 Sólo el C. de Ak. traslada cata palabra.
2 E. p corporales.
3 E. p.. entrando en el primero y segando aposento de amor en uiva fe.
4 E. p.. lo que mas impide a esta noche espiritual de fe.
5 E. p. María Magdalena y el apóstol Santo Tomás.
6 El siguiente párrafo falta en A y B. Se imprime conforme al Q de Ale. aunque también lo traen, algo variado, C, D y e. p.
7 La e. p. trae así estas últimas líneas: "he abreviado demasiado sólo con decir que se tenga cuidado en nunca las admitir si no fuese alguna en algún caso raro y muy examinado de persona docta, espiritual y experimentada, y entonces no con gana de ello." El arreglo del editor, en gracia a la mayor claridad del sentido, es evidente.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. Xfl 113 CAPITULO XII E\ QUE SE TRATA DE LAS APREHENSIONES IMAGINARIAS NATURALES. -DICE QVt COSA SHAN, Y PRUEBA COMO NO PUEDEN SER PRO- PORCIONADO MEDIO PARA LLEGAR A l.A UNION DE DIOS, Y EL DAÑO Ol'E HACE NO SABER DESASIRSE DE ELLAS (1).
1. Antes que tratemos de las visiones imaginarias que sobre- naturalmente suelen ocurrir al sentido interior, que es la imagi- nativa y fantasía, conviene aquí tratar, para que procedamos con orden, de las aprehensiones naturales de ese mismo interior sen- tido corporal, para que vayamos procediendo délo menos a lomas, y de lo más exterior hasta lo más interior, hasta llegar al ínti mo (2) recogí miento donde el alma se une con Dios (3), y ese mismo orden habernos seguido hasta aqui. Porque primero trata- mos de desnudar los sentidos exteriores de las aprehensiones natu- rales de los objetos, y, por el consiguiente (4), de las fuerzas naturales de los apetitos, lo cual fue en el primer libro, donde hablamos de la noche del sentido; y luego comenzamos a des- nudar a esos mismos sentidos de las aprehensiones exteriores sobrenaturales (ó), que acaecen a los sentidos exteriores (según en el pasado capítulo acabamos de hacer), para encaminar al al alma en la noche del espíritu 2. En este segundo libro, lo que primero ocurre ahora es el sentido corporal interior, que es la imaginativa y fantasía; de la cual también habernos de vaciar todas las formas y aprehen- siones imaginarias que naturalmente en él pueden caer, y pro- 1 A su tiempo, añade la e. p.
2 El C. de Ale: último. Nos parece error material de copia.
3 Lo que sigue hasta el párrafo que comienza es, pues, de saber, falta en A y B. Lo traen, en cambio. Ale. y e p.. con algunas vanantes entre si. Nos ajustamos al Có- dice de Alcaudete.
4 La e. p. dice asi: "Porque primero tratamos de desnudar al alma de las apre- hensiones naturales de los objetos exteriores, y, por el consiguiente-, etc.
5 E. p.: a desnudar en particular de les aprehensiones, etc.
I 114 SUBIDA DEL MONTE CARMELO bar cómo es imposible que el alma llegue a la unión de Dios has- ta que cese su operación en ellas, por cuanto no pueden ser pro- pio medio y próximo de la tal unión.
3. Es, pues, de saber, que los sentidos de que aquí parti- cularmente hablamos, son dos sentidos corporales interiores, que se llaman imaginativa y fantasía, los cuales ordenadamente se sir- ven el uno al otro; porque el uno discurre imaginando, y el otro forma la imaginación o lo imaginado, fantasiando; y para nues- tro propósito ( 1 ) lo mismo es tratar del uno que del "otro. Por lo cual, cuando no los nombráremos a entrambos, téngase por entendido, según aquí habernos de ellos dicho (2). De aquí, pues, es que todo lo que estos sentidos pueden recibir y fabricar, se llaman imaginaciones y fantasías, que son formas que con imagen y figura de cuerpo se representan a estos sen- tidos. Las cuales pueden ser en dos maneras: unas sobrenaturales, que sin obra de estos sentidos se pueden representar, y repre- sentan, a ellos pasivamente, las cuales llamamos visiones ima- ginarias por via sobrenatural, de que habernos de hablar des- pués. Otras son naturales, que son las que por su liabilidad activamente puede fabricar en si por su operación debajo de for- mas (3), figuras e imágenes. Y asi, a estas dos potencias perte- nece la meditación, que es acto discursivo por medio de imá- genes, formas y figuras fabricadas e imaginadas por los dichos sentidos, así como imaginar a Cristo crucificado o en la colum- na o en ofro paso; o a Dios con grande majestad en un trono, o considerar e imaginar la gloria como una hermosísima luz, etc.; y, por el semejante, otras cualesquiera cosas, ahora divinas, ahora humanas, que pueden caer en la imaginativa. Todas las cuales imaginaciones (4) se han de venir a vaciar del al- ma, quedándose a oscuras según este sentido, para llegar a la divina unión; por cuanto no pueden tener alguna proporción de 1 E. p.: "porque en el uno hay algo de discurso, aunque imperfecto e imperfec- tamente, y el otro forma la imagen, que es la imaginación, y para nuestro propósito."
2 No dicen más los Códices. Añade la e. p.: "que lo que del uno dijéremos, se entiende del otro también, y que hablamos indiferentemente de entrambos."
3 E. p.: Otras son naturales, que por su operación activamente puede fabricar en si debajo de formas.
4 A y B Aprehensiones en vez de imaginaciones.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. XTI 115 próximo medio con Dios, tampoco como las corporales, que sir- ven de objeto a los cinco sentidos exteriores.
4. La razón de esto es, porque la imaginación no puede fa- bricar ni imaginar cosas algunas fuera de las que con los sen- tidos exteriores ha experimentado, es a saDer: visto con los ojos, oído con ios oídos, etc., o, cuando mucho, componer se- mejanzas de estas cosas vistas, u oídas y sentidas, que no suben a mayor entidad, ni a tanta, que aquéllas que recibió (1) por los sentidos dichos. Porque aunque imagine palacios de perlas y montes de oro (2) porque ha visto oro y perlas, en la verdad menos es (3) todo aquello que la esencia de un poco de oro o de una perla, aunque en la imaginación sea más en cantidad y compostura (4). Y por cuanto todas las cosas criadas, como ya es.- ta dicho, no pueden tener alguna proporción con el ser de Dios, de ahí se sigue que todo lo que se imaginare a semejanza de ellas, no puede servir de medio próximo para la unión con El, antes, como decimos, mucho menos (5).
5. De donde los que imaginan a Dios debajo de algunas fi- guras de éstas, o como un gran fuego o resplandor, u otras cualquier formas, y piensan que algo de aquello será semejante a El, harto lejos van de El. Porque aunque a los principiantes son necesarias estas consideraciones y formas y modos de medita- ciones, para ir enamorando y cebando el alma por el sentido, como después diremos, y así les sirven de medios remotos para unirse con Dios, por los cuales ordinariamente han de pasar las almas para llegar al término y estancia del reposo espiritual; pero ha de ser de manera que pasen por ellos, y no se estén siempre en ellos, porque de esa manera nunca llegarían al término, el cual no es como los medios remotos, ni tiene que ver con ellos. Asi como las gradas de la escalera no tienen que ver con el tér- mino y estancia de la subida, para lo cual son medios; y si el 1 E. p.. que no suben a mayor excelencia que las que recibió.
2 Una vez mas, el coputa del C. de Ale. pasó de esta palabra a otra igual, de la linca siguiente, suprimiendo las palabras intermedias que se leen en A, B y las ediciones 3 E. p.: no es más.
4 E. p.: aunque en la imaginación tenga el orden y traza de compostura.
5 La e. p. omite las palabras antes, como decimos, mocho menos.
116 SUBIDA DEL MONTE CARMELO que sube no fuese dejando atrás las gradas hasta que no dejase ninguna, y se quisiese estar en alguna de ellas, nunca llegaría, ni subiría a la llana y apacible estancia del término. Por lo cual, el alma que hubiere de llegar en esta vida a la unión de aquel su- mo descanso y bien, por todos los grados de consideraciones, for- mas y noticias, ha de pasar y acabar con ellas ( 1 ) ¡ pues ninguna semejanza ni proporción tienen con el término a que encaminan, que es Dios. De donde en los Actos de los Apostóles dice San Pablo: Non debemus a estimare, aura, ve! argento, aut lapidi scul- pturae artis, et eogitationis hominis, Divinum esse similem (2). Que quiere decir No debemos estimar ni tener por semejante lo divino al oro ni a la plata, o a la piedra figurada por el arte, y a lo que el hombre puede fabricar con la imaginación.
6. De donde yerran mucho muchos espirituales (3), los cuales habiendo ellos ejercitádosc en llegarse a Dios por imá- genes, y formas y meditaciones, cual conviene a principiantes, queriéndolos Dios recoger a bienes más espirituales interiores e invisibles, quitándoles ya el gusto y jugo de la meditación dis- cursiva, ellos no acaban, ni se atreven, ni saben desasirse de aquellos modos palpables a que están acostumbrados; y asi to- davía trabajan por tenerlos, queriendo ir por consideración y me- ditación de formas, como antes, pensando que siempre había de ser así. En lo cual trabajan ya mucho, y hallan poco ju- go o nada; antes se les aumenta y crece la sequedad y fatiga c inquietud del alma, cuanto más trabajan por aquel jugo pri- mero; el cual es ya excusado poder hallar en aquella manera primera, porque ya no gusta el alma de aquel manjar, como ha- bernos dicho, tan sensible, sino de otro más delicado y más interior y menos sensible, que no consiste en trabajar con la imaginación, sino en reposar el alma y dejarla estar en su quie- tud y reposo, lo cual es más espiritual. Porque cuanto el alma se pone más en espíritu, más cesa en obra de las potencias en actos particulares, porque se pone ella más en un acto ge- 1 La e. p. omite y acabar con ellas.
2 Act, XVII. 29.
LIBRO SEGUNDO —CAP. XII U7 neral y puro, y así cesan de obrar las potencias que camina- ban ( 1 ) para aquello donde el alma llegó; así como cesan y paran los pies acabando su jornada, porque si todo fuese andar, nunca habría llegar; y si todo fuese medios, ¿dónde o cuándo se go- zarían los fines y término?
7. Por lo cual, es lástima ver que hay muchos que (2) queriéndose su alma estar en esta paz y descanso de quietud interior, donde se llena de paz y refección de Dios, ellos la des- asosiegan y sacan afuera a lo más exterior, y la quieren hacer volver a que ande lo andado sin propósito (3). y que deje el término y fin en que ya reposa, por los medios que encaminaban a El, que son las consideraciones. Lo cual no acaece sin gran desgana y repugnancia del alma, que se quisiera estar en aquella paz que no entiende (4), como en su propio puesto; bien asi como el que llegó con trabajo donde descansa, si le hacen vol- ver al trabajo siente pena. Y como ellos no saben el misterio de aquella novedad, dales imaginación que es estarse ociosos y no haciendo nada, y así, no se dejan quietar, procurando considerar y discurrir. De donde se llenan (5) de sequedad y trabajo, por sacar el jugo que ya por allí no han de sacar, antes les podemos decir, que mientras aprietan, menos les aprovecha (6), porque, cuanto más porfían de aquella manera, se hallan peor, porque más sacan al alma de la paz espiritual; y es dejar lo más por lo menos, y desandar lo andado, y querer hacer lo que está hecho (7).
8. A estos tales se les ha de decir que aprendan a es- tarse con atención y advertencia amorosa en Dios en aquella quie- tud, y que no se den nada por la imaginación ni por la obra de ella; pues aquí, como decimos, descansan las potencias, y no obran activamente, sino pasivamente, recibiendo lo que Dios obra 1 E. p.: del modo qae caminaban.
2 La e. p. suprime las palabras hay muchos que.
3 Sin propósito. La e. p. omite estas palabras.
4 La e. p. no trae las palabras qoe no enriende.
5 A y B: de donde viene qae se hinchen.
6 E. p.: qae mientras más hiela más aprieta.
7 Creo que por olvido omitió el C. de Ale. las palabras: y querer hacer lo qae está hecho, que se leen en A y B.
118 SUBIDA DEL MONTE CARMELO en ellas, y si algunas veces obran, no es con fuerza ni muy procurado discurso (1), sino con suavidad de amor, más mo- vidas de Dios que de la misma habilidad del alma, como ade- lante se declarará. Mas ahora baste esto para dar a entender cómo conviene, y es necesario, a los que pretenden pasar adelante, saberse desasir de todos esos modos y maneras y obras de la imaginación en el tiempo y sazón que lo pide y requiere el apro- vechamiento del estado que llevan.
9. Y para que se entienda cuál y a qué tiempo ha de ser, diremos en el capitulo siguiente (2), algunas señales que ha de ver en si el espiritual, para entender por ellas la sazón y tiempo en que libremente puede usar del termino dicho, y dejar de ca- minar por el discurso y obra de la imaginación.
CAPITULO XIII EN QUE SE PONEN LAS SEÑALES QUE HA ÜE HABER EN SI EL ESPI- RITUAL POR LAS CUALES SE CONOZCA EN QUE TIEMPO LE CONVIENE DEJAR LA MEDITACION Y DISCURSO Y PASAR AL ESTADO DE CON- TEMPLACION (5).
1. Y porque esta doctrina no quede confusa, convendrá en este capitulo dar a entender a qué tiempo y sazón convendrá que el espiritual deje la obra del discursivo meditar por las dichas imaginaciones y formas y figuras, porque no se dejen antes o después que lo pide el espíritu; porque asi como conviene dejarlas a su tiempo para ir a Dios porque no impidan, asi también es necesario no dejar la dicha meditación imaginaria antes de tiem- po para no volver atrás. Porque aunque no sirven las aprehen- siones de estas potencias para medio próximo de unión a los 1 Las palabras activamente, etc., sólo las trae el C. de Ak. La e. p. escribe: "no obras tino en aquella simple y suave advertencia amorosa: y si algunas veces obran mas, no es con fuerza, ni muy procurado discurso."
2 El C. de Ale. y e. p. son los que dicen en el capitulo siguiente.
3 Tal reza el titulo en el Códice de Alcaudete. La e. p. lo trae de esta manera: "Pónenae las señales que ha de conocer en si el espiritual para comenzar a desnudar el entendimiento de las formas imaginarias y discursos de meditación."
LÍBRO SEGINDO. — CAP. Xin 119 aprovechados, todavía sirven de medio remoto a los princi- piantes para disponer y habituar ( 1 ) el espíritu a lo espiritual por el sentido, y para de camino vaciar del sentido todas las otras formas e imágenes bajas, temporales y seculares y naturales. Pa- ra lo cual diremos aquí algunas señales y muestras que ha de ha- ber en sí el espiritual, en que conozca si convendrá dejarlas o no en aquel tiempo (2).
2. La primera es ver en si que ya no puede meditar ni dis- currir (3) con la imaginación, ni gustar de ello como de antes solía; antes halla ya sequedad en lo que de antes solía fijar el sentido y sacar jugo. Pero en tanto que sacare (4) jugo y pu- diere discurrir en la meditación, no la ha de dejar, sino fuere cuando su alma se pusiere en la paz y quietud (5) que se dice en la tercera señal.
3. La segunda es cuando ve no le da ninguna gana de 2 A y B añaden aquí Las señales que ha de i>er en si el espiritual para dejar la la meditación discursiva son tres. Fn realidad no hacen falta estas palabras. El Códice de Ale. C y D. no dicen nada. La e. p dice sólo. Las cuales [señales] son fres.
5 Falta en la e p y quietud. Como poco conforme a!a doctnna católica se delató io que el Santo escribe en esta primera señal para pasar de la meditación a la contemplación, principalmente en lo que dice "que ya no puede meditar, ni dis- currir con la imaginación, ni gustar de ello como de antes solia. " Este modo de hablar es común en los místicos y en los teólogos sin excluir a Santo Tomás (2.»-2.,e. q. 180. a. 6), y a Suárez (De oratione. iib II. c. 10), como erudi- ta y doctamente prueban el P. Basilio Pooce de León y la Elucidaf.o. refutando a los aristarcos del Santo. Todos están contestes en afirmar que en el acto de contemplación de que aquí habla San Juan de la Cruz, debe desnudarse el entendimiento de formas y especiesimaginarias.y prescindirde los discursos y ponderaciones propios de la me- ditación. Y esto ha de entenderse, asi de ¡a contemplación que excede todo modo hu- mano, como de la que se ejercita según este modo humano y connatural con el auxilio ordinario de la gracia: con la diferencia importante, que para la primera se prescinde de todo discurso intelectual y de toda imaginación o fantasma: y en la segunda, se re- quiere ordinariamente discurso antecedente o previo al acto de contemplación, el cual discurso cesa en el acto de contemplación, y le sustituye cierta intuición sencilla y amorosa de la verdad eterna. Entiéndase bien, que esto no ocurre en el alma contem- plativa habitualmente. sino en el acto de contemplación, que dura poco, de ordinario. Esto mismo viene a significar la Santa cuando escribe en el capítulo XXVII de su Vida: "Pone el Señor lo que quiere que el alma entienda en lo muy interior del alma, y allí lo representa sin imagen ni forma de palabras, sino a manera de esta visión que queda dicha. Y nótese mucho esta manera de hacer Dios que entienda el aima lo que El quiere, y grandes verdades y misterios: porque muchas veces lo que entiendo cuan- do el Señor me declara alguna visión que quiere Su Majestad representarme, es ansí, y parece que es adonde el demonio se puede entremeter menos por estas razones." Hay otros muchos pasajes en la Santa que tratan este mismo punto de doctrina. (Cfr. Vida, c. X y XII; Camino de Perfección, cap. XXVI; Moradas IV, c. III, et alibi).
120 SUBIDA DEL MONTE CARMELO poner la imaginación ni el sentido en otras cosas particulares, exteriores ni interiores. No digo que no vaya y venga (que ésta aun en mucho recogimiento suele andar suelta), sino que no guste el alma de ponerla de propósito en otras cosas.
4. La tercera y más cierta es si el alma gusta de estarse a solas con atención amorosa a Dios, sin particular consideración, en paz interior y quietud y descanso, y sin actos y ejercicios de las potencias, memoria, entendimiento y voluntad, a lo menos discursivos, que es ir de uno en otro; sino sólo con la atención y noticia ( 1 ) general, amorosa que decimos, sin particular in- teligencia y sin entender sobre qué (2).
5. Estas tres señales ha de ver en sí juntas, por lo me- nos, el espiritual para atreverse seguramente a dejar el estado de meditación y del sentido (3), y entrar en el de contemplación y del espíritu.
6. Y no basta tener la primera sola sin la segunda, porque podría ser que no poder ya imaginar y meditar en las cosas de Dios como antes, fuese por su distracción y poca diligencia (4), para lo cual ha de ver en sí también la segunda, que es no tener gana ni apetito de pensar en otras cosas extrañas; porque cuando procede de distracción o tibieza el no poder fijar la imaginación y sentido en las cosas de Dios, luego tiene apetito y gana de ponerla en otras cosas diferentes, y motivo de irse de allí. Ni tampoco basta ver en sí la primera y segunda señal, si no viere también juntamente la tercera; porque aunque se vea que no puede discurrir ni pensar en las cosas de Dios, y que tampoco le da gana pensar en las que son diferentes, podría pro- ceder de melancolía o de algún otro jugo de humor puesto en el 2 Y sin entender sobre qué. Estas palabras se leen sólo en el Códice de Alcau- dete y en B. C y D.
3 Y del sentido. También faltan estas palabras en la e. p., que traen los Códices. Bien sabido es cuánta parte toma el sentido en la meditación, y por eso el San- to la contrapone a la contemplación, más subida y espiritual y más desligada de ata- duras naturales cuanto más perfecta sea. como ocurre con la contemplación sobre to- do modo humano, que prescinde de los sentidos interiores y exteriores y del proceso discursivo, previo o concomitante, del entendimiento, como antes se dijo. (Cfr Eluci- dario, part. II. c. III. p. 180).
LIBRO SEGUNDO. — CAP. XIII 121 cerebro o en el corazón, que suelen causar en el sentido cierto em- papamiento y suspensión que le hacen no pensar en nada, ni que- rer ni tener gana de pensarlo, sino de estarse en aquel embele- samiento sabroso. Contra lo cual ha de tener la tercera, que es noticia y atención amorosa en paz, etc., como habernos dicho.
7. Aunque verdad es que a los principios que comienza este estado casi no se echa de ver esta noticia amorosa, y es por dos causas: la una, porque a los principios suele ser esta noticie amorosa muy sutil y delicada, y casi insensible; y la otra, por- que habiendo estado habituada el alma al otro ejercicio de la me- ditación, que es totalmente ( 1 ) sensible, no echa de ver ni casi siente estotra novedad insensible que es ya pura de espíritu, ma- yormente cuando, por no lo entender ella, no se deja sosegar en ello, procurando lo otro más sensible; con lo cual, aunque mas abundante sea la paz interior amorosa, no se da lugar a sen- tirla y gozarla. Peio cuanto mas se fuere habituando (2) el al- ma en dejarse sosegar, irá siempre creciendo en ella y sintién- dose más aquella amorosa noticia general de Dios, de que gusta ella más que de todas las cosas, porque le causa paz, descanso, sabor y deleite sin trabajo.
8. Y porque lo dicho quede más claro, daremos las causas y razones en este capitulo siguiente, por donde parecerán necesa- rias las dichas tres señales para caminar al espíritu (3).
CAPITULO XIV EN EL CUAL SE PRUEBA Lt\ CONVENIENCIA DE ESTAS SEÑALES, DANDO RAZON DE LA NECESIDAD DE LO DICHO EN ELLAS PARA IR ADE- LANTE.
1. Acerca de la primera señal que decimos, es de saber, que haber el espiritual para entrar en la vía (4) del espíritu 1 La e. p. suprime esta palabra que traen todos ios Códices, y dice: que es más sensible.
3 E. p.: para encaminar el espíritu.
4 E. p.: vida.
122 SUBIDA DEL MONTE CARMELO (que es la contemplativa), de dejar la via imaginaria y de me- ditación sensible, cuando ya no gusta de ella ni puede discurrir, es por dos cosas que casi se encierran en una: la primera, por- que en cierta manera se le ha dado al alma todo el bien espiritual que había de hallar en las cosas de Dios por via de la meditación y discurso, cuyo indicio es el no poder ya me- ditar ni discurrir como antes (1), y no hallar en ello jugo ni gusto de nuevo como antes hallaba, porque no habia corrido hasta entonces hasta el espíritu (2) que alli habia para él; porque, ordinariamente, todas las veces que el alma recibe algún bien espiritual, lo recibe gustando, al menos con el espíritu, en aquel medio por donde le recibe y le hace provecho, y, si no, por maravilla le aprovecha, ni halla en la causa de él aquel arri- mo y jugo que halla cuando le recibe (3). Porque es al modo que dicen los filósofos, que Quod sapit, nutrit. Esto es: Lo que da sabor, cria y engorda. Por lo cual dijo el santo Job: Numquid poterit comedí insulsum, quod non est sale conditum? (4). ¿Por ventura podrásc comer lo desabrido, que no está guisado con sal? Esta es la causa de no poder considerar ni discurrir como antes: el poco sabor que en ello halla el espíritu y el poco provecho.
2. La segunda es, porque ya el alma en este tiempo tiene el espíritu de la meditación en sustancia y hábito. Porque es de saber, que el fin de la meditación y discurso en las cosas de Dios es sacar alguna noticia y amor de Dios, y cada vez que por la meditación (5) el alma la saca es un acto; y asi como muchos actos en cualquier cosa vienen a engendrar hábito en el alma, así muchos actos de estas noticias amorosas que el alma ha ido sacando en veces particularmente, vienen por el uso a continuarse tanto, que se hace hábito en ella. Lo cual también Dios suele hacer en muchas almas sin medio de estos actos (6) (a lo 2 E. p.: ni gasto de nuevo como antes, porque no había corrido antes de esto hasta el espíritu.
3 La e. p. omite las palabras ni halla en la causa de él aquel arrimo y jugo que halla cuando le recibe, las cuales se leen en todos los Códices.
4 Job.. VI. 6.
5 Por la meditación. Faltan en la e. p. estas palabras de los Mss.
6 E. p.: suele hacer sin medio de estos actos de meditación.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. XIV 123 menos, sin haber precedido muchos), poniéndolas luego en con- templación (1). Y asi, lo que antes el alma iba sacando en ve- ces por su trabajo de meditar en noticias particulares, ya, co- mo decimos, por el uso se ha hecho y vuelto en ella en hábito y sustancia de una noticia amorosa general, nc distinta ni par- ticular como antes. Por lo cual, en poniéndose en oración, ya, como quien tiene allegada el agua, bebe sin trabajo en suavidad, sin ser necesario sacarla por los arcaduces de las pasadas con- sideraciones y formas y figuras. De manera que, luego en po- niéndose delante de Dios, se pone en acto de noticia confusa, amorosa, pacifica y sosegada en que está el alma bebiendo sabidu- ría y amor y sabor.
3. Y ésta es la causa por qué el alma siente mucho trabajo y sinsabor, cuando, estando en este sosiego, la quieren ha- cer meditar y trabajar en particulares noticias. Porque le acaece como al niño, que estando recibiendo la leche que ye tiene en el pecho allegada y junta, le quitan el pecho y le hacen que con la diligencia de su estrujar y manosear la vuelva a querer sacar y juntar. O como el que habiendo quitado ia corteza, está gustando la sustancia, si se la hiciesen dejar para que volviese a quitar la dicha (2) corteza que ya estaba quitada, que no hallaría corteza, y dejaría de gustar de la sustancia que ya tenia entre las manos, siendo en esto semejante al que deja la presa que tiene por la que no tiene.
4. Y asi hacen muchos que comienzan a entrar en este estado, que pensando que todo el negocio está en ir discurrien- do y entendiendo particularidades por imágenes y formas, que son la corteza del espíritu, como no las hallan en aquella quie- tud amorosa y sustancial en que se quiere estar su alma, donde no entienden cosa clara, piensan que se van perdiendo y que pier- den tiempo, y vuelven a buscar la corteza de su imagen y dis- curso (3), la cual no hallan, porque está ya quitada; y asi, no gozan la sustancia, ni hallan meditación, y túrbanse a si mismos 1 Y amor, añade A. Ni B. ni Ale. di la e p. traen esta adición.
2 Misma, se ¡ee en la e. p.
3 De su imagen y discurso. Asi Aic. y la e: p.— A: la corteza del discurso. B. por error: la corteza del descanso.
124 SUBIDA DEL MOHTE CARMELO pensando que vuelven atrás, y que se pierden. Y, a la verdad, se pierden ( 1 ), aunque no como ellos piensan, porque se pier- den a los propios sentidos y a la primera manera de sentir (2); lo cual es irse ganando al espíritu que se les va dando. En el cual, cuanto van ellos menos entendiendo, van entrando más en la noche del espiritu, de aue en este libro tratamos, por donde han de pasar para unirse con Dios, sobre todo saber.
5. Acerca de la segunda señal, poco hay que decir, porque ya se ve que de necesidad no ha de gustar el alma en este tiem- po de otras imágenes diferentes, que son del mundo; pues de las que son más conformes, que son las de Dios, según habe- rnos dicho, no gusta por las causas ya dichas. Solamente, como arriba queda notado, suele en este recogimiento la imaginativa de suyo ir y venir, y variar; mas no con gusto y voluntad del alma, tintes en ello siente pena, porque la inquieta la paz y sabor.