SigPhi · Juan de la Cruz

Subida del Monte Carmelo y Noche Oscura

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3 Pues como el estilo que llevan estos principiantes en el camino de Dios es bajo g que frisa mucho con su propio amor g gusto, como arriba queda dado a entender, queriendo Dios llevarlos adelante, y sacarlos de este bajo modo de amor a más alto grado de amor de Dios y librarlos del bajo ejercicio del sentido y discurso, que tan tasadamente g con tantos inconve- nientes, como hallemos dicho, andan buscando a Dios, g ponerlos en el ejercicio de espíritu en (pie mas abundantemente y mas libres de imperfecciones puedan comunicarse con Dios; ga que se han ejercitado algún tiempo en el camino de la virtud, p¿rseverando en meditación y oración, en que con el sal>or y gusto que allí han hallado se han desaficionado de las cosas del.mundo ij cobrado alguna> fuerzas espirituales (0) en Dios, con que tie- nen algo renenados los apetitos de las criaturas, con que podran sufrir por Dios un poco de carga y sequedad sin volver atrás al mejor tiempo, cuando más a su sabor y gusto andan en es- tos ejercicios espirituales, y cuando mas claro a su parecer les luce el sol de los divinos favores, oscuréceles Dios toda esta luz y ciérrales la puerta g manantial de la dulce agua espiritual que andaban gustando en Dios, todas las veces g todo el tiem- 1 R p omite como ahora diremos i Primero La e p suprime esta palabra 388 NOCHE OSCURA po que ellos querían, porque, como eran flacos y tiernos, no había puerta cerrada para ellos, como dice San Juan en el Apocalipsis (III, 8), y así, los deja tan a oscuras que no saben por dónde ir con el senlido de la imaginación y el discurso; porque no pueden (1) dar un paso en el meditar, como antes so- lían, anegado ya el sentido interior en esta noche, y déjalos tan a secas que no sólo no hallan jugo y gusto en las cosas espi- rituales y buenos ejercicios en que solían ellos hallar sus deleites y gustos, mas en lugar de esto hallan por el contrario sinsabor y amargura en las dichas, cosas; porque, como lie dicho, sin- tiéndolos ya Dios aquí algo crecidillos, para que se fortalezcan y salgan de mantillas los desarrima del dulce pecho, y abaján- dolos de sus brazos, los veza a andar (2) por sus pies, en lo cual sienten ellos gran novedad porque se les ha vuelto todo al revés.

4. Esto, a la gente recogida, comúnmente acaece más en breve, después que comienzan, que a los demás, por cuanto es- tán más libres de ocasiones para volver atrás, y reformar más presto los apetitos de las cosas del siglo, que es lo que se requiere para comenzar a entrar en esta dichosa (3) noche del sentido. Ordinariamente, no pasa mucho tiempo después que co- mienzan, antes que comiencen a entrar en esta noche del sen- tido, y todos los más entran en ella, porque comúnmente los verán caer en estas sequedades.

5. De esta manera de purgación sensitiva, por ser tan co- mún, podríamos traer aqui gran número de autoridades de la Escritura Divina, donde a cada paso, particularmente en los Salmos y Profetas, se hallan muchas (4). Por tanto, no quiero en esto gastar tiempo, porque el que allí no las supiere mirar, bastarle ha la común experiencia que de ella se tiene.

1 M y e. p.: saben.

2 Asi H, Bz., G y Mtr.— A. B. C y P. enseña a andar. La e. p. y M. muestra a andar. La primera lectura parece la del Santo, que trataron de suplirla por otra más corriente algunos copistas y editores.

3 E. p. traslada feliz en vez de dichosa.

4 Las tres líneas que siguen faltan en C y e. p., que en su lugar traslada: "Y por evitar prolijidad las dejamos, aunque algunas traeremos después."

LIBRO PRIMERO. -CAP. IX 389 CAPITULO IX PK LAS SEÑALES EN QUE SE CONOCERA QUIi KL! SIMRITUAL VA POR hl camino nr: íista noci:l y purgación sensitiva.

1. Pero porque estas sequedades podrían proceder muchas veces no de la dicha noche y purgación del apetito sensitivo, sino de pecados e imperfecciones, o de flojedad y tibieza, o du algún mal humor o indisposiciun corporal, pondré aquí algunas señales en que se conoce si es la tal sequedad de la dicha purgación, o si nace de algunos de ios dichos vicios, para lo cual hallo que hay tres señales principales.

2. La primera es, si así como no halla gusto ni consuelo en las cosas de Dios, tampoco le halla en alguna de las cosas criadas; porque, como pone Dios al alma en esta oscura noche a fin de enjugarle y purgarle el apetito sensitivo, en ninguna cosa la deja engolosinar ni hallar sabor. Y en esto se conoce muy ( 1 1 probablemente que esta 'sequedad y sinsabor no proviene ni di pecados,- ni de imper lecciones nuevamente cometidas. Porque, s. esto fuese, sentirse hía en el natural alguna inclinación o gana de gustar de otra alguna cosa que de las de Dios; porque cuando quiera que se relaja el apetito en alguna imperfección, luego s*_ siente quedar inclinado a ella, poco o mucho, según el gusto y afición que allí aplico. Pero porque este no gustar ni de cosa de arriba ni de abajo, podría provenir de alguna indisposición o humor melancólico, el cual muchas veces no deja hallar gusto en nada, es menester la segunda señal y condición.

3. La segunda señal para que se crea ser la dicha pur- gación (2), es que ordinariamente trae la memoria en Dios con solicitud y Cuidado penoso, pensando que no sirve a Dios, sino que vuelve atrás, como se ve con aquel sinsabor en las cosas de Dios. Y en esto se ve que no sale de flojedad y tibieza este 1 Falta el muí) en la c. p.

2 La c. p. modifica esta frase: La segunda señal y condición de esta purgación.

390 NOCHE OSCURA sinsabor y sequedad; porque de razón de la tibieza es no so le dar mucho, ni tener solicitud interior por las cosas de Dios. De donde entre la sequedad y tibieza hay mucha diferencia, porque la que es tibieza, tiene mucha flojedad y remisión (1) en la voluntad y en el ánimo, sin solicitud de servir a Dios; la que sólo es sequedad purgativa, tiene consigo ordinaria so- licitud con cuidado y pena, como digo, de que no sirve a Dios. Y ésta, aunque algunas veces sea ayudada de la melancolía u otro humor (como muchas veces lo es), no por eso deja de hacer su efecto purgativo del apetito, pues de todo gusto está privado (2), y sólo su cuidado trae en Dios; porque, cuando es puro humor, todo se va en disgusto y estrago del natural, sin estos deseos de servir a Dios que tiene la sequedad purgativa, con la cual, aunque la parte sensitiva está muy caída, floja y flaca para obrar, por el poco gusto que halla, el espíritu empero, está pronto y fuerte.

4. Porque la causa de esta sequedad es porque muda Dios los bienes y fuerza del sentido al espíritu, de los cuales, por no ser capaz el sentido y fuerza natural, se queda ayuno, seco y vacío; porque la parte sensitiva no tiene habilidad para lo que es puro espíritu, y así, gustando al espíritu, se desabre ía carne y se afloja para obrar; mas el espíritu que va recibiendo el manjar, anda fuerte y más alerta y solícito que antes en el cuidado de no faltar a Dios, el cual, si no siente luego al prin- cipio el sabor y deleite espiritual, sino la sequedad y sinsabor, es por la novedad del trueque; porque habiendo tenido el pa- ladar hecho a esotros gustos sensibles, todavía tiene los ojos puestos en ellos, y, porque también el paladar espiritual no está acomodado ni purgado para tan sutil gusto, hasta que sucesiva- mente se vaya disponiendo por medio de esta seca y oscura no- che no puede sentir el gusto y bien espiritual, sino la sequedad y sinsabor, a falta del gusto que antes con tanta facilidad gustaba.

1 Bz: Y en esto se ve que entec la sequedad y tibieza tiene mucha sequedad y remordimiento.

2 A y B: Pues de todo punto es purgado de gusto.

LIBRO PRIMERO. CAP. IX 391 5. Porque estos que comienza Dios a llevar por estas so- ledades del desierto, son semejantes a los hijos de Israel, que luego que en el desierto les comenzó Dios a dar el manjar del cielo, que de suyo tenía todos los sabores, y, como alto dice (1), se convertía al sabor que cada uno quería; con todo, sentían más la falta de los gustos y sabores de las carnes y ce- bollas que comían antes en Egipto, por haber tenido el paladar hecho y engolosinado en ellas, que la dulzura delicada del ma- ná angélico, y lloraban y gemían por las carnes entre los man- jares del cielo (2). Que a tanto llega la bajeza de nuestro ape- tito, que nos hace desear nuestras miserias, y fastidiar el bien incomunicable (3) del cielo.

6. Pero, como digo, cuando estas sequedades provienen de la vía purgativa del apetito sensible, aunque el espíritu no siente al principio el sabor, por las causas que acabamos de decir, siente la fortaleza y brío para obrar en la sustancia que le da el man- jar interior, el cual manjar es principio de oscura y seca contem- plación para el sentido; la cual contemplación es oculta y secreta para el mismo que la tienen, y, ordinariamente, junto con la se- quedad y vacío que hace al sentido, da al alma inclinación y ga- na de estarse a solas y en quietud, sin poder pensar en cosa par- ticular ni tener gana de pensarla. Y entonces, si a los que es!o acaece se supiesen quietar, descuidando de cualquiera obra in- terior y exterior,.sin solicitud de hacer allí nada (4), luego en aquel descuido y ocio sentirían delicadamente aquella refección interior. La cual es tan delicada, que ordinariamente, si tiene gana o cuidado (5) en sentirla, no la siente; porque, como digo, ella obra en el mayor ocio o descuido del alma; que es como el aire, que en queriendo cerrar el puño, se sale.

1 La c. p. corriyc: comenzó Dios a dar el manjar del cielo tan regalado, que como allí dice.

2 Núm.. XI. 5.

i Incomunicable se lee en los Códices. I^i c. p.. inconmutable.

4 La e. p. modifica estas lineas "Descuidando de cualquiera obra interior y ex- terior que ellos por su industria y discurso pretendan hacer, estando sin solicitud de hacer allí nada mas que dejarse llevar de Dios, recibir y oír con atención interior y amorosa."

5 La e. p.: si fiene gana y cuidado sobreañadido y particular.

392 NOCHE OSCURA 392 NOCHE OSCURA 7. A este propósito podemos entender lo que dijo el Es- poso a la Esposa en los Cantares, es a saber: Aparta tus ojos de mí, porque ellos me hacen volar (1). Porque de tal manera pone Dios al alma en este estado y en tan diferente camino la lleva, que si ella quiere obrar con sus potencias (2), antes estorba la obra que Dios en ella va haciendo, que ayuda; lo cual antes era muy al revés. La causa es, porque ya en este es- tado de contemplación, que es cuando sale del discurso a es- tado de aprovechados, ya Dios es el que obra en el alma; que por eso la ata las potencias interiores (5), no dejándole arrimo en el entendimiento, ni jugo en la voluntad, ni discurso en la memoria. Porque en este tiempo lo que de suyo puede obrar el alma, no sirve sino, como habernos dicho, de estorbar la paz interior y la obra que en aquella sequedad del sentido hace Dios en el espíritu. La cual, como espiritual y delicada, hace obra quieta y 'delicada, solitaria (4), satisfactoria y pací- fica y muy ajena de todos esotros gustos primeros, que eran muy palpables y sensibles; porque es la paz ésta que dice David que habla Dios en el alma 'para hacerla espiritual (5). Y de aquí es la tercera.

8. La tercera señal que hay para que se conozca ser esta purgación del sentido, es el no poder ya meditar ni discurrir, en el sentido de la imaginación como solía (6), aunque más ha- ga de su parte; porque como aquí comienza Dios a comunicársele, no ya por el sentido, como antes hacía por medio del discurso que componía y dividía las noticias, sino por el espíritu puro, en que no cae discurso sucesivamente, comunicándosele con acto de sencilla contemplación, la cual no alcanzan los sentidos de la parte inferior, exteriores ni interiores; de aqui es que la 1 Cant. VI, 4.

2 La c. p. modifica: que si cll¿t quisiere obrar de sut/o y por su habilidad.

3 Asi H, A, B, Bz.. C. G y Mti.— V: que obra en el alma, que por eso la tapa las potencias interiores. M y e. p.: que parece que le ata las potencias interiores.

4 H traslada solicita. I.os demás solitaria. C no trac esta palabra. La e. p. omite las palabras solitaria, satisfactoria.

5 Ps. LXXXIV, 9.

6 La e. p. enmienda: "ni discurrir, aprovechándose del sentido de la imaginación, para que la mueva como solia."

LILRO PRIMERO.— CAP. IX 393 imaginativa y fantasía no pueden hacer arrimo en alguna consi- deración (1), ni hallar en ella pie ya de ahi adelante.

9. En esta tercera señal se ha de entender que este em- pacho de las potencias y disgusto de ellas no proviene de algún mal humor, porque cuando de aquí nace, en acabando aquel humor, porque nunca permanece en un ser, luego con algún cuidado que ponga el alma vuelve a poder lo que antes, y hallan sus arrimos las potencias; lo cual en la purgación del apetito no es asi, porque en comenzando a entrar en ella, siempre va adelante el no poder discurrir con las potencias. Que aunque es verdad que a los principios en algunos, a veces, no entra con tanta continuación (2), de manera que algunas veces dejen de llevar sus gustos y discursos (3) sensibles (porque, por ventu- ra (4), por su flaqueza no convenía destetarlos de un golpe), con todo, van siempre entrando más en ella y acabando con la obra sensitiva, si es que han de ir adelante, porque los que no van por camino de contemplación, muy diferente modo llevan. Porque esta noche de sequedades no suele ser en ellos continua «n el sentido, porque aunque algunas veces las tienen, otras no; y aunque algunas veces no pueden discurrir, otras pueden (5), porque como sólo les mete Dios en esta noche a éstos para ejer- citarlos y humillarlos, y reformarles el apetito porque no vayan criando golosina viciosa (6) en las cosas espirituales, y no para llevarlos a la vía del espíritu, que es esta contemplación (porque no a todos los que se ejercitan de propósito en el ca- mino del espíritu lleva Dios a contemplación, ni aún a la mi- tad (7), el por qué, él se lo sabe), de aquí es que a éstos nunca les acaba de hecho de desarrimar el sentido de los pechos de las consideraciones y discursos, sino algunos ratos y a temporadas, como habernos dicho.

1 La c. p.: no pueden hacer arrimo ni dar principio con alguna consideración.

2 Continencia traslada Bz.

3 Alivios en ve 2 de discursos, tiuslada la c. p. ■4 La c. p. omite por ventura.

5 Por descuido, algunos Códices omiten aqui algunas palabras.

6 Viciosa. Falta esta palabra en e. p.

7 La e. p.: lleva Dios a contemplación perfecta, y suprime ni aun a la mitad. que traen todos los Códices.

394 NOCHE OSCURA CAPÍTULO X DKL MODO QUE SE HAN DE HABER ESTOS EN ES 1 A NOCHE OSCURA.

1. En el tiempo, pues, de las sequedades de esta noche sen- sitiva (en la cual hace Dios el trueque que habernos dicho arriba, sacando al alma de la vida del sentido a la del espíritu, que es de meditación a contemplación, donde ya no hay poder obrar ni discurrir en las cosas de Dios el alma con sus potencias, como queda dicho) padecen los espirituales grandes penas, no tanto por las sequedades que padecen, como por el recelo que tienen de que van perdidos en el camino, pensando que se les ha acabado el bien espiritual y que los ha dejado Dios, pues no hallan arri- mo ni gusto en cosa buena (1). Entonces se fatigan, y procuran (como lo han habido de costumbre) arrimar con algún gusto las potencias a algún objeto de discurso, pensando que cuando ellos no hacen esto, y se sienten obrar, no se hace nada; lo cual hacen no sin harta desgana y repugnancia interior del alma, que gustaba de estarse en aquella quietud y ocio, sin obrar con la¿ potencias (2). En lo cual, estragándose (3) en lo uno, no apro- vechan en lo otro; porque por buscar (4) su espíritu, pierden el espíritu que tenían de tranquilidad y paz (5). Y asi son seme- jantes al que deja lo hecho para volverlo a hacer, o al que se sale de la ciudad para volver a entrar en ella, o al que deja la caza que tiene para volver a andar a caza; y esto en esta parte es excusado, porque no hallará nada ya por aquel primer estilo de proceder, corno queda dicho (6).

2. Estos en este tiempo, si no hay quien los entienda, vuel- 1 H es el único que traslada: arrimo ninguno con cosa buena.

2 Omite la e. p. el sin obrar con las potencias de los Códices.

3 E. p. divirtiéndose por estragándose.

5 H. G y P no traen y paz. que se ¡ce en los demás Códices y en e. p.

6 G modifica y abrevia mucho lo restante del capitulo.

LIBRO PRIMERO. — CAP. X 395 ven atrás, dejando el camino o aflojando, o, a lo menos, se es- torban de ir adelante, por las muchas diligencias que ponen de ir por el camino de meditación y discurso, fatigando y trabajan- do demasiadamente el natural, imaginando que queda por su ne- gligencia o pecados. Lo cual les es ya excusado, porque los lleva ya Dios por otro camino, que es de contemplación, dife- rentísimo del primero; porque el uno es de meditación y dis- curso, y el otro no cae en imaginación ni discurso.

3. Los que de esta manera se vieren, conviéneles que se consuelen perseverando en paciencia, no teniendo pena; confíen en Dios, que no deja a los que con sencillo y recto corazón le buscan, ni les dejará de dar lo necesario para el camino, hasta llevarlos a la clara y pura luz de amor, que les dará por medio de la (1) otra noche oscura del espíritu, si merecieren que Dios les ponga en ella.

4. El estilo que han de tener en ésta del sentido, es que no se den nada por el discurso y meditación; pues ya no es tiempo de eso, sino que dejen estar al alma en sosiego y quietud, aunque les parezca claro (2) que no hacen nada y que pierden tiempo, y aunque les parezca (3) que por su flojedad no tienen gana de pensar allí nada, que harto harán en tener paciencia y en perseverar en la oración sin hacer ellos nada; sólo lo que aquí han de hacer es dejar (4) al alma libre y desembarazada y des- cansada de toda las noticias y pensamientos, no teniendo cuidado allí de que pensarán, ni meditarán, contentándose sólo con una advertencia amorosa y sosegada en Dios, y estar sin cuidado, sin eficacia y sin gana (5) de gustarle o de sentirle (6). Porque todas estas pretensiones inquietan y distraen el alma de la sose- gada quietud y ocio suave de contemplación que aquí se da.

5. Y aunque más escrúpulos le vengan de que pierde tiem- po y que seria bueno hacer otra cosa, pues en la oración no 1 P salta aqui una hoja, que trac luego.

2 E. p. suprime este palabra.

3 E. p. omite: aunque les parezca.

4 E. p. abrevia: y en perseverar en la oración con sólo dejar...5 E. p.: sin gana demasiada.

6 Bz.: de gustarle o deleitarse en sentirle. E. p.: desentirle y de gustarle.

396 NOCHE OSCURA puede hacer ni pensar nada, súfrase y estése sosegado, como que no va allí más que a estarse a su placer y anchura de espíritu. Porque si de suyo quiere algo obrar con las potencias interiores, será estorbar y perder los bienes que Dios por medio de aquella paz y ocio del alma está asentando e imprimiendo en ella; bien así como si algún pintor estuviera pintando o alcoholan- do un rostro, que si el rostro se menease en querer hacer algo, no dejaría hacer nada al pintor, y le turbaría lo que estaba ha* ciendo. Y así, cuando el alma se quiere estar en paz y ocio in- terior, cualquiera operación y afición o advertencia ( 1 ) que ella quiera entonces tener, la distraerá e inquietará y hará sen- tir sequedad y vacío del sentido. Porque, cuanto más preten- diere tener algún arrimo de afecto y noticia, tanto más sentirá la falta, de la cual no puede ya ser suplida por aquella vía.

6. De donde a esta tal alma le conviene no hacer aquí caso que se le pierdan las operaciones (2) de las potencias, antes ha de gustar que se le pierdan presto; porque, no estorbando la operación de la contemplación infusa que va Dios dando, con más abundancia pacífica la reciba, y dé lugar (3) a que arda y se encienda en el espíritu el amor, que esta oscura y secreta (4) contemplación trae consigo y pega aL alma, porque la contem- plación no es otra cosa (5) que una infusión secreta, pacífica y amorosa de Dios, que si la dan lugar, inflama al alma en es- píritu de amor, según ella da a entender en el verso siguiente, es a saber: Con ansias en amores inflamada (6).

2 Por error material traslada H las pasiones.

4 V: segura.

5 La e. p. añade estas lincas: "No querría empero que de aqui se hiciese regla general de dejar meditación o discurso; que el dciarla ha de ser siempre a mas no po- der, y sólo por el tiempo que. o por via de purgación y tormento, o por muy perfecta contemplación, la estorbare el Señor. Que en el demás tiempo y ocasiones, siempre ha de haber este arrimo y reparo, y más de la vida y cruz de Cristo, que para purgación y paciencia y para seguro camino es lo mejor, y ayuda admirablemente a la subida contemplación. La cual no es, otra cosa, etc."

6 G hace innumerables modificaciones a la glosa de este verso, pues no hay linea que no modifique el copista a su modo.

LIBRO PRIMERO— CAP. XI 397 CAPITULO XI DECLARANSE IOS TRI S VERSOS DI: LA CANCION (1).

1. La cual inflamación de amor aunque comúnmente a los principios no se sienle, por no haber uviado (2) a emprenderse por la impureza del natural, o por no le dar lugar pacífico en sí el alma por no entenderse, como habernos dicho. Aunque, a veces, sin eso y con eso comienza luego a sentirse alguna ansia de Dios; cuanto más va, más se va viendo el alma aficionada e inflama- da en amor de Dios, sin saber ni entender cómo y d2 dónde le nace el tal amor y afición, sino que ve crecer tanto en sí a veces esta llama c inflamación, que con ansias de amor desea a Dios, según David, estando en esta noche, lo dice de sí por estas pa- labras (3), es a saber: Porque se inflamó mi corazón (es a saber, en amor de contemplación), también mis renes se muda- ron; esto es, mis apetitos de afecciones sensitivas se mudaron, es a saber (4), de la vía sensitiva a la espiritual, que es la se- quedad y cesación en todos ellos que vamos diciendo. Y yo, dice, fui resuelto en nada y aniquilado (5), y no supe; porque, como habernos dicho, sin saber el alma por dónde va, se ve ani- quilada acerca de todas las cosas de arriba y de abajo que solía gustar; y sólo se ve enamorada sin saber cómo. Y porque a veces crece mucho la inilamación de amor en el espíritu, son las ansias por Dios tan grandes en el alma, que parece se le secan los huesos en esta sed, y se marchita eí natural, y se estraga su calor y fuerza por la viveza de la sed de amor, porque siente el alma que es viva esta sed de amor. La cual también David 1 Así la e. p.

2 Asi H, M, B y V. — Mtr. y O usado. El uviado. hoy en desuso, se toma aquí en la acepción de empezado, comenzado. Más adelante veremos otro caso.

3 Ps. LXXII. 21.

4 Asi H, G. Mtr.. C y V. Los demás dicen solamente: también mis renes se mudaron. E. p.: también mis gustos y aficiones se mudaron, es a saber...5 Por equivocación traslada M: así criado 398 NOCIO OSCl RA tenia y sentía, cuando dice /W» alma tuvo sed a Dios vivo ( 1 ) que es tanto como decir Viva íue la sed que tuvo mi alma La cual sed, por ser viva, podemos decir que mata de sed Pero es de notar que la vehemencia de esta sed no es con continuación, sino alquilas veces, aunque de ordinario suele sentir alquna sed (2) '2 Pero hase de advertir que, como aquí comencé a decir, a los principios comunmente no se siente este amor, sino la se- quedad y vacío que vamos diciendo, y entonces, en lugar de este amor que después se va encendiendo, lo que trae el alma en medio de aquellas sequedades y vacíos de las potencias es un ordinario cuidado y solicitud de Dios, con pena y recelo de que no le sirve; que no es para Dios poco agradable sacrificio ver an- dar el espíritu contribulado (3) y solicito por su amor Esta so- licitud y cuidado pone en el alma aquella secreta contemplación, hasta que por tiempo habiendo purgado algo el sentido, esto es. la parte sensitiva, de las tuerzas y aficiones naturales por medio de las sequedades que en ella pone, va ya encendiendo en el es- píritu este amor divino Pero entretanto, en fin, como el que está puesto en cura, todo es padecer en esta oscura y seca purgación del apetito, curándose de muchas imperfecciones e imponiéndose (4) en muchas virtudes, para hacerse capaz del dicho amor, como ahora se dirá sobre el verso siguiente iOh dichosa ventura' 3.Que por cuanto pone Dios al alma en esta noche sensi- tiva a fin de purgar el sentido de la parte inferior y acomodarle y sujetarle y unirle con el espíritu, oscureciéndole y haciéndole cesar acerca de los discursos, como también después a fin de purificar el espíritu para unirle con Dios, como después se di- rá (5), le pone en la noche espiritual, gana el alma (aunque a 1 Ps. XLI, 3 2 E p Aunque la vehemencia de esta sed no es continua sino algunas veces sintiendo, empero, de ordinario alguna sed En e p faltan las palabras como después se dirá LIBRO PRIMERO. — CAP. XI 399 ella no 1c parece) tantos provechos, que tiene por dichosa ven- tura haber salido del lazo y apretura del sentido de la parte, inferior por esta dicha (1) noche, dice el presente verso, es a saber: «¡Oh dichosa ventura!» Acerca de la cual nos conviene aquí notar los provechos que halla en esta noche el alma, por causa de los cuales tiene por buena ventura pasar por ella; todos los cuales provechos encierra el alma en el siguiente ver- so, es a saber: Salí sin ser notada.

4. La cual salida se entiende de la sujeción que tenía el alma a la parte sensitiva en buscar a Dios por operaciones tan flacas, tan limitadas y tan ocasionadas (2) como las de esta par- te inferior son; pues que a cada paso tropezaba con mil imper- fecciones e ignorancias, como habernos notado arriba en los sie- te vicios capitales. De todos los cuales se libra, apagándole es- ta noche todos los gustos de arriba y de abajo, y oscurecién- dole todos los discursos, y haciéndole otros innumerables bienes en la ganancia de las virtudes, como ahora diremos. Que será cosa gustosa y de gran consuelo para el que por aquí camina, ver cómo cosa que tan áspera y adversa parece al alma y tan contraria al gusto espiritual, obra tantos bienes en ella. Los cuales, como decimos, se consiguen en salir el alma según la afición y operación, por medio de esta noche, de todas las cosas criadas, y caminar a las eternas (3), que es grande di- cha y ventura: lo uno, por el grande bien que es apagar el apetito y afición acerca de todas las 'cosas; lo otro, por ser, muy pocos los que sufren y perseveran en entrar por esta puerta angosta, y por el camino estrecho que guía a la vida, como di- ce Nuestro Salvador (4). Porque la angosta puerta es esta noche del sentido, del cual se despoja y desnuda el alma para