SigPhi · Sor Juana Ines de la Cruz

Obras selectas de la celebre monja de Mejico, sor Juana Ines de la Cruz precedid

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Cuando ménos se conoce Es mas nocivo el estrago; Y si el vuelo no le abaten, En sutilezas cebado, Por cuidar de lo curioso Olvida lo necesario.

Si culta mano no impide Crecer al árbol copada, Quita la sustancia al fruto La locura de los ramos.

Si andar á nave ligera No estorba lastre pesado, El vuelo sirve á que sea El precipicio mas alto.

En amenidad inútil, ¿Qué importa al florido campo, Si no halla fruto el otoño, Que ostente flores el mayo?

¿De qué le sirve al ingenio El producir muchos partos, Si á la multitud se sigue El malogro de abortarlos?

Y á esta desdicha, por fuerza, Ha de seguirse el fracaso De quedar el que produce, Si no muerto, lastimado.

El ingenio es como el fuego, Que con la materia ingrato Tanto la consume mas Cuanto se ostenta mas claro.

Es de su propio señor Tan revelado vasallo, Que convierte en sus ofensas Las armas de su resguardo.

Este pésimo ejercicio, Este duro afan pesado, A los hijos de los hombres Dios dió para ejercitarlos.

¿Qué loca ambicion nos lleva De nosotros olvidados?

Si es para vivir tan poco, ¿De qué sirve saber tanto?

¡Oh! si como hay de saber Hubiera algun seminario O escuela donde á ignorar Se enseñaran los trabajos!

¡Qué felizmente viviera El que flojamente cauto Burlara las amenazas Del influjo de los astros!

Aprendamos á ignorar, Pensamiento, pues hallamos Que cuanto añado al discurso, Tanto le usurpo á los años.

XV.

_Dando las pascuas á la condesa de Paredes._ (FRAGMENTO.)

Allá van para que pases Gustosas pascuas, señora, Con aquestos _bobos_ versos Aquesas gallinas coplas.

Como quien soy te regalo, Como quien eres perdona, Y ambas habremos cumplido Con todo lo que nos toca.

Tú eres reina, yo tu hechura; Tú deidad, yo quien te adora; Tú eres dueño, yo tu esclava; Tú eres mi luz, yo tu sombra.

Yo no tengo que ofrecerte, Pues de mi misma persona, Por mas antiguo derecho Es tu hermosura acreedora.

Y si ahora quiero darme En retorno de tus honras, Será cometer un robo Por hacer una lisonja.

Y querer satisfacer La deuda á su propia costa, No es cumplir con la conciencia, Sino con la ceremonia.

Pero quien á las deidades Pone víctimas devotas, De los mismos beneficios Los beneficios retorna.

¿No es de las deidades todo?

¿A su influjo no se adornan De vida y sentido el bruto, Las plantas de frutas y hojas?

Con su beneficio el campo Doradas espigas brota, Pace el cordero y las plantas Destilan fragantes gomas.

Y no obstante vemos que Sobre sus aras se corta A aquel el cuello, y que el ámbar Es exhalado en aromas.

Pues así yo nuevamente A tus plantas generosas Mi esclavitud ratifico Con reiteradas memorias.

Recibe, divina Lisi, De una alma que se te postra El deseo de ser muchas, Porque de muchas dispongas.

*** XVI.

_Con ocasion de haberse sacado por suerte, en una diversion de año nuevo, un galan para cada dama._ (FRAGMENTO.)

*** Empezó á sacar la suerte Con tal ajuste y destreza, Que hizo entónces el acaso Mas que la eleccion pudiera.

A don Juan salió Matilde, Cuyas dulces niñas bellas Son acreedoras de amor De las mas doradas flechas; A don Miguel, Amarílis, Beldad en cuyas cadenas En dulce esclavitud gimen Tantas libertades presas; A don Cárlos salió Julia, Para que en mejor esfera Sepa nueva astrologia, Que se incluye en dos estrella; Silvia á Guevara, con cuya Belleza, donaire y prendas Es un desairado garbo La discrecion de una necia; A don Luis le cupo Lisi, A don Adolfo, Marcela, A don Teobaldo, Felicha, Y á don Manuel salió Celia.

A vos, por sor mas galan, (Dicho en paz de todos sea, Pues no es bien llegue á los hombres La mujeril competencia) Os cupo, claro se estaba, Lo peor, que es cosa cierta Que no se aviene Fortuna Jamas con naturaleza; Antes enemiga siempre Y á su dictámen opuesta, Lo que ella desdeña, ampara, Lo que ella ampara, desdeña.

Yo juzgo que lo hace adrede Y no acaso, como piensan, Y que tiene en hacer mal Su poquito de advertencia; Pues, al uso de las lindas, Anda forjando soberbia De méritos ultrajados Los triunfos de su grandeza.

Ella es Fálaris de gustos, Ella es Nerona de haciendas, Y hace de abrasadas Romas Luminarias en sus fiestas.

Mas no quiero murmurarla, Que no es razon que se entienda Que á quien debo un beneficio Le pago con una ofensa.

En la suerte, en fin, señor, Ella, como siempre ciega, Por serme á mí favorable, Anduvo con vos adversa: Saliéronnos parecidas Las suertes, de esta manera, La vuestra como mi cara, La mia como la vuestra.

No os ofendió en esto nada, Pues ántes dispuso cuerda Que á vista de un mal empleo Resalten mas vuestras prendas: No fuera el sol tan lucido Si á su dorada madeja Talvez por negras lazadas No adornaran nubes densas; No ostentara el monte altivo Su robusta corpulencia, Si la bajeza del valle No exaltara su grandeza; No saliera tan hermosa La aurora vertiendo perlas, Si no avivaran sus luces Los lejos de las tinieblas; No campara de florida Lozana la Primavera, Si no viniera el Estio Pisando sus verdes huellas; No presumiera en el prado De cándida la azucena, Si no la hiciera lucir Lo oscuro de la violeta.

*** XVII _A doña María de Guadalupe Alencastre._ (FRAGMENTOS.)

*** Desde la América enciendo Aromas á vuestra imágen, *** Desinteresada os busco, Que el afecto que os oplaude, Es aplauso á lo entendido Y no lisonja á lo grande; Porque ¿para qué, señora, En distancia tan notable Habrán vuestras altiveces Menester mis humildades?

Y no he menester de vos Que vuestro favor me alcance Favores en el consejo, Amparo en los tribunales; Ni que acomodeis mis deudos, Ni que ampareis mi linage, Ni que mi alimento sean Vuestras liberalidades: Que yo, señora, nací En la América abundante, Compatrïota del oro, Paisana de otros metales; A donde el comun sustento Se da casi tan de balde, Que en ninguna parte mas Se ostenta la tierra madre.

De la comun maldicion Libres parece que nacen Sus hijos, segun el pan No cuesta sudor y afanes.

Europa mejor lo diga, Pues há tanto que insaciable De sus abundantes venas Desangra los minerales.

Y cuantos el dulce lotos De sus riquezas les hace Olvidar los propios nidos, Despreciar los patrios lares; Pues entre cuantos la han visto Se vé con claras señales Voluntad en los que quedan Y violencia en los que parten.

Demas de que en el estado Que Dios fué servido darme, Las riquezas solamente Sirven para despreciarse: Que para volar segura De la religion la nave, Ha de ser la carga poca Y muy crecido el velamen; Porque si algun contrapeso Pide para asegurarse, De humildad, no de riqueza, Ha menester hacer lastre.

Pues ¿de qué cargar sirviera De riquezas temporales, Si en llegando la tormenta Era preciso alijarse?

Con que por cualquiera de estas Razones, pues es bastante Cualquiera, estoy de pediros Inhibida por dos partes.

*** Pues alentar esperanzas, Alegar merecimientos, Solicitar posesiones, Sentir sospechas y celos, Es de bellezas vulgares Indigno bajo trofeo, Que en pretender ser vencidas Quieren fundar vencimientos; Mal se acreditan deidades Con la paga, pues es cierto Que á quien el servicio paga No se debió el rendimiento; Que distinta adoracion Se te debe á tí, pues siendo Indignos aun del castigo, Mal aspirarán al premio.

Yo, pues, mi adorada Fílis, Que tu deidad reverencio, Que tu desden idolatro Y que tu rigor venero: Bien así cual mariposa Amante, que en tornos ciegos Es despojo de la llama, Por tocar su lucimiento: Como el niño que inocente Aplica incauto los dedos, A la cuchilla, engañado Del resplandor del acero, Y herida la tierna mano, Aun sin conocer su yerro, Mas que el dolor de la herida, Siente apartarse del reo.

*** Pero ¿para qué es cansarse?

Como á ti, Fílis, te quiero, Que en lo que mereces, este Es solo encarecimiento.

Ser mujer ni estar ausente No es de amante impedimento, Pues sabes tú que las almas Distancia ignoran y sexo.

*** ¡Oh! quién pudiera rendirte, No las riquezas de Creso, Que materiales tesoros Son indignos de tal dueño, Sino cuantas almas libres, Cuantos arrogantes pechos, En fe de no conocerte Viven de tu yugo exentos!

*** Si crédito no me das, Dalo á tus merecimientos, Que es, si registras la causa, Preciso hallar el efecto.

¿Puedo yo dejar de amarte, Si tan divina te advierto?

¿Hay causa que no produzca?

¿Hay potencia sin objeto?

Vuelve á ti misma los ojos, Y hallarás en ti y en ellos, No solo el amor posible, Mas preciso el rendimiento.

*** XIX.

_autora á su Mecénas, enviándole unos versos._ Ilustre Mecénas mio, Cuya nobleza é ingenio Es de ascendientes tan claros Una igualdad, otro exceso; Vos en quien de los Alfonsos Se triplica lo perfecto, Pues se hallan en vuestras partes El Casto, el Sabio y el Bueno; Vos á quien naturaleza En tan alto nacimiento Hizo agravio, mas que halago, En haceros caballero: Pues fué por impedir solo El que, naciendo plebeyo, Lo que os negaba la sangre Consiguiese vuestro esfuerzo; Vos que sobre tanta gala Teneis tanto entendimiento, Que anda siempre lo galan Vencido de lo discreto; En cuya mesura admira Quien oye vuestros conceptos Que le deje lo ingenioso Tanto lugar á lo cuerdo; Vos en cuya autoridad Se aviene tan bien lo atento, Que ni es vulgar lo apacible, Ni cansado lo severo, Recibid aquestos rasgos, Que en mi rústico talento Fueron de tristeza y ocio Incultos divertimientos.

Esos que en ratos perdidos Formó el discurso travieso, Porque no tomase el juicio La residencia del tiempo; Y porque no pareciese Que era en culpable sosiego Cesar de lo operativo, Descansar de la molesto, Pasen por descuidos mios, Pues jamas pensé ponerlos Al exámen de los doctos Ni á la censura del pueblo; Ni el que pasasen jamas Cupiera en mi pensamiento De la bajeza de mios A la elevacion de vuestros.

Mas, pues vos lo pedis, juzgo Que no es el dároslos yerro, Pues no es don muy corto el que Os tiene de costa el ruego.

Si el ir á vuestra censura Pareciere atrevimiento, Lo que peco en lo que exhibo Subsano en lo que obedezco.

Recibid, pues, de mi pluma Este tan debido obsequio, Que no doy lo que remito, Si remito lo que debo.

XX.

_Responde á un caballero peruano que la habia elogiado, y revela su nombre._ Allá va, aunque no debiera, Incógnito señor mio, La respuesta de portante A los versos de camino.

No debiera, porque cuando Se oculta el nombre, es indicio Que no habeis querido ser Hombre de nombre conmigo; Por lo cual fallamos que Fuera muy justo castigo, Sin perdonaros por pobre, Dejaros por escondido.

Pero el diablo del romance Tiene en su oculto artificio En cada copla una fuerza, Y en cada verso un hechizo; Tiene un agrado tirano, Que en lo blando del estilo El que suena como ruego Apremia como dominio; Tiene una virtud, de quien El vigor penetrativo Se introduce en las potencias Sin pasar por los sentidos; Tiene una altiva humildad Que con estruendo sumiso Se rinde para triunfar Con las galas de rendido; Tiene qué sé yo que yerbas, Qué conjuros, qué exorcismos, Que ni los supo Medea, Ni Tesalia los ha visto; Tiene unos ciertos sonsaques, Instrumentos atractivos, Garfios del entendimiento, Y del ingenio gatillos, Que el raigon mas encarnado Del dictámen mas bien fijo Que haya de callar, harán Salir la muela y el grito; Por esto como forzada, Sin saber lo que me digo, Os respondo como quien Escribe sin albedrio.

Vi vuestro romance, y Una vez y otras mil visto, Por mi fe jurada, que Juzgo que no habla conmigo.

Porque yo bien me conozco, Y no soy por quien se dijo Aquello de haber juntado Milagros y basiliscos.

Verdad es que acá á mis solas, En unos ratos perdidos, A algunas vueltas de cartas Borradas las sobrescribo; Y para probar las plumas, Instrumentos de mi oficio, Hice versos, como quien Hace lo que hacer no quiso.

Pero esto no pasó de Consultar acá conmigo, Si podré entrar por fregona De las madamas del Pindo, Y si beber merecia De los cristales nativos Castalios, que con ser agua Tienen efecto de vino, Pues luego al punto levantan Unos flatos tan nocivos, Que dando al seso vaivenes Hacen columpiar el juicio; De donde se ocasionaron Los traspieses que dió Ovidio, Los tropezones de Homero, Los vaguidos de Virgilio, Y de todos los demas Que, fúnebres ó festivos, Conforme los tomó el Númen, Se han mostrado en sus escritos, Entre cuyos jarros yo Busqué, por modo de vicio, Si les sobraba algun trago Del sabroso bebedizo; Y, si no me engaño, hallé En el asiento de un vidrio, De una mal hecha infusion Los polvos mal desleidos.

No sé sobras de quien fueron; Pero, segun imagino, Fueron de un bribon aguado, Pues hace efectos tan frios.

Versifico desde entónces, Y desde entónces poetizo, Ya en Demòcritas risadas, Ya en Eráclitos gemidos.

Consulté á las nueve hermanas, Que con sus flautas y pitos Andan de una en otra edad Alborotando los siglos; Híceles mi invocacion, Tal cual fué Apolo servido, Con necesitadas plagas Y con clamores mendigos.

Y ellas con piedad, de verme Tan hambrienta de ejercicios, Tan sedienta de conceptos, Y tan desnuda de estilos, Ejercitaron las obras (Que nos manda el catecismo) De misericordia, viendo Que tanto las necesito.

Dióme la madama Euterpe Un retazo de Virgilio, Que cercenó desvelado, Porque lo escribió dormido; Talía me dió unas nesgas Que sobraron de un corpiño De una tabernaria Escena Cuando la ajustó el vestido; Melpómene una bayeta De una elegía que hizo Séneca, y que á Héctor sirvió De funesto frontispicio; Urania, musa estrellera, Un astrolabio en que vido Las maulas de los planetas Y las tretas de los signos; Y así todas las demas, Que con pecho compasivo Vestir al soldado pobre Quisieron jugar conmigo.

Ya os he dicho lo que soy, Ya he contado lo que he sido; No hay mas que lo dicho, si En algo vale mi dicho.

Con que se sigue que no Puedo ser objeto digno De los tan mal empleados Versos, cuanto bien escritos.

Y esto no es humildad, porque No es mi genio tan bendito Que no tenga mas filaucia Que cuatrocientos Narcisos.

Mas no es tan desbaratado, Aunque es tan desvanecido, Que presuma que merece Lo que nadie ha merecido.

De vuestra alabanza objeto No encuentro, en cuantos he visto, Quien pueda serlo, si ya No se celebrare él mismo.

Si Dios os hiciera humilde Como tan discreto os hizo, Y os ostentáseis de claro Como campais de entendido, Yo en mi lógica vulgar Os pusiera un silogismo, Que os hiciera confesar Que este fué solo el motivo; Y que cuando en mí empleais Vuestro ingenio peregrino, Es manifestar el vuestro Mas que celebrar el mio.

Conque quedándose en vos Lo que es solo de vos digno, Es una accion inmanente, Como verbo intransitivo; Así yo no os agradezco, Pues solo quedo al oiros Deudora de lo enseñado, Pero no de lo aplaudido.

Y así sabed que no estorba El curioso laberinto En que, Dédalo escribano, Vuestro nombre ocultar quiso; Aunque se quedó encerrado, Tiene tan claros indicios, Que si no es el _Mino-Tauro_, Se conoce el _Paulo-minus_.

Pues si la combinatoria, En que á veces _kirkerizo_, En el cálculo no engaña, Y se yerra en el guarismo.

Uno de los anagramas Que salen con mas sentido De su volumosa suma Que ocupara muchos libros, Dice...Lo diré? Mas temo Que os enojaréis conmigo, Si del título os descubro La fe, como del bautismo.

Mas ¿cómo podré callarlo, Si he comenzado á decirlo, Y un secreto ya revuelto Puede dar un tabardillo?

Así, para no tenerle, Diré lo que dice, y digo Que es el _Conde de la Granja_.

_Laus Deo._ Lo dicho, dicho.

XXI.

_En reconocimiento á los autores europeos que elogiaron los versos de la poetisa._ (Fragmentos.)

*** ¿De dónde á mí tanto elogio?

¿De dónde á mí encomio tanto?

¿Tanto pudo la distancia Añadir á mi retrato?

¿De qué estatura me haceis?

¿Qué coloso habéis labrado, Que desconoce la altura Del original lo bajo?

No soy yo la que pensais, Sino es que allá me habeis dado Otro ser en vuestras plumas, Y otro aliento en vuestros labios; Y diversa de mí misma Entre vuestras plumas ando, No como soy, sino como Quisísteis imaginarlo.

A regiros por informes, No me hiciera asombro tanto, Que ya sé cuanto el afecto Sabe agrandar los tamaños; Pero si de mis borrones Vísteis los humildes rasgos, Que del tiempo mas perdido Fueron ocios descuidados, ¿Qué os pudo mover á aquellos Mal merecidos aplausos?

¿Así puede á la verdad Arrastrar lo cortesano?

A una ignorante mujer, Cuyo estudio no ha pasado De ratos á la precisa Ocupación mal hurtados, *** ¿Se dirigen los elogios De los ingenios mas claros Que en púlpitos y en escuelas El mundo venera sabios?

¿Cuál fué la ascendiente estrella Que, dominando los astros, A mí os ha inclinado, haciendo Lo violento voluntario?

¿Qué mágicas infusiones De los indios herbolarios De mi patria, entre mis letras El hechizo derramaron?

¿Qué proporcion de distancia El sonido modulando De mis versos, hacer pudo Cónsono lo destemplado?

¿Qué siniestras perspectivas Dieron aparente ornato Al cuerpo compuesto solo De unos mal distintos trazos?

¡Oh cuántas veces, oh cuántas, Entre las ondas de tantos No merecidos loores, Elogios mal empleados!

¡Oh cuántas encandilada En tanto golfo de rayos, O hubiera muerto Faetonte, O Narciso, peligrado, A no tener en mí misma Remedio tan á la mano, Como el conocerme, siendo Lo que los pies para el pavo!

Vergüenza me ocasionais Con haberme celebrado, Porque sacan vuestras luces Mis faltas á lo mas claro.

Vosotros me concebísteis A vuestro modo, y no estraño Lo grande, que esos conceptos Por fuerza han de ser milagros.

La imágen de vuestra idea Es la que habeis alabado, Y siendo vuestra es bien digna De vuestros mismos aplausos.

¡Celebrad ese de vuestra Propia aprension simulacro, Para que en vosotros mismos Se vuelva á quedar el lauro!

*** XXII.

(FRAGMENTOS.)

*** Si es lícito y aun debido Este cariño que tengo, ¿Por qué me han de dar castigo Porque pago lo que debo?

¡Oh cuánta fineza! oh cuántos Cariños he visto tiernos!

Que amor que se tiene en Dios Es calidad sin opuestos.

De lo lícito no puede Hacer contrarios conceptos, Porque es amor que al olvido No puede vivir espuesto.

Yo me acuerdo (oh nunca fuera!)

Que he querido en otro tiempo, Lo que paso de locura Y lo que excedió de estremo.

Mas como era amor bastardo Y de contrarios compuesto, Fué fácil desvanecerse De achaque de su ser mesmo; Mas ahora ¡ay de mí! está Tan en su natural centro, Que la virtud; razón Son quien aviva su incendio.

*** ¡Oh humana flaqueza nuestra A donde el mas puro afecto Aun no sabe desnudarse Del natural sentimiento!

Tan precisa es la apetencia Que á ser amados tenemos, Que aun sabiendo que es inútil Nunca dejarla sabemos.

Que corresponda á mi amor Nada añade; mas no puedo, Por mas que lo solicito, Dejar yo de apetecerlo.

Si es delito, ya lo digo; Si es culpa, ya la confieso; Mas no puedo arrepentirme Por mas que hacerlo pretendo.

Bien ha visto quien penetra Lo interior de mis secretos, Que yo misma estoy forjando Los dolores que padezco; Bien sabe que soy yo misma Verdugo de mis deseos, Pues muertos entre mis ansias Tienen sepulcro en mi pecho.

Muero ¡quién creyera! á manos Del objeto que mas quiero, Y el motivo de matarme Es el amor que le tengo.

Así alimentando triste La vida con el veneno, La misma muerte que vivo Es la vida con que muero, Pero valor, corazon, Porque á tan dulce tormento, En medio de cualquier suerte No dejar de amar protesto!

XXIII _Fragmento del auto historial “El cetro de Josef”. La mujer de Putifar á Josef._ Espera, galan hebreo, Y si á obligarte no bastan Las prendas de mi belleza, Los adornos de mi gracia; Si en los rizos de mi pelo Los tesoros de la Arabia No te aprisionan, porque Son en fin cadenas blandas; Si de mis ojos los rayos, Si de mi frente la plata, Si en mi boca los rubíes, Si en mis mejillas el nácar No te mueven ni te incitan, Ni á que me enamores bastan, Porque son prendas caducas Que pagan al tiempo parias, Muévate una alma rendida, Que los tesoros del alma No pagan pension al tiempo Ni tributo á las mudanzas.

No huyas, Josef, espera, Vuelve siquiera la cara; Mírame, que con la vista Tu fidelidad no manchas.

Vuelve los ojos. _Josef._--No quiero, Que quien la vista no guarda, No guardará el corazon, Pues abre su puerta franca.

Lo que no le es al deseo Lícito, no es bien que haga Lícito á mis ojos yo; Que aunque el precepto no caiga Sobre el ver, como la vista Ministra especies al alma Que despierten el deseo Y que susciten su llama, Si yo una vez las recibo, Será imposible borrarlas Y difícil resistirlas; Y es muy necia confianza Que yo mismo á mi enemiga Admita dentro de casa.

_Muj._ Pues ingrato, vive el cielo, Que supuesto que no bastan La terneza, ni el cariño A tu condicion ingrata, La ha de vencer la violencia, Y así de esta suerte..._Josef._--Aparta!

Suéltame! _Mujer._--Cómo soltarte?

Primero..._Josef._--El cielo me valga!

_Profecía._ Ya te vale, porque el cielo Nunca á quien le invoca falta.

Huye, Josef; porque Dios Solo á quien se guarda, guarda.

_Muj._ Huyó el ingrato! y dejóme Solo en las manos la capa.

Qué nuevo furor me incita?

Ya todo el amor es rabia!

*** XXIV.

_Lucha entre la virtud y la costumbre._ Miéntras la gracia me excita Por elevarme á la esfera, Mas me abate á lo profundo El peso de mis miserias.

La virtud y la costumbre En el corazon pelean, Y el corazon agoniza En tanto que lidian ellas.

Y aunque es la virtud tan fuerte, Temo que talvez la venza, Que es muy grande la costumbre, Y está la virtud muy tierna.

Oscurécese el discurso En tan confusas tinieblas; Pues ¿quién podrá darme luz, Si está la razon á ciegas?

De mí mesma soy verdugo Y soy cárcel de mí mesma: ¿Quién vió que pena y penante Una propia cosa sean?

Causo disgusto á lo mismo Que mas agradar quisiera, Y del disgusto que doy En mí resulta la pena.

Amo á Dios y siento en Dios, Y hace mi voluntad mesma De lo que es alivio, cruz, Del mismo puerto, tormenta.

Padezca, pues Dios lo manda; Mas de tal manera sea, Que si son las penas culpas, No sean culpas las penas.

XXV.

_Elogio de María en el misterio de la Encarnacion._ Que hoy bajó Dios á la tierra, Es cierto: pero mas cierto Es que bajando á María Bajó Dios á mejor cielo.

Por obediencia del Padre Se vistió de carne el Verbo; Mas tal que le pudo hacer Comodidad el precepto.

Conveniencia fué de todos Este divino misterio, Pues el hombre de fortuna Mejoró, y Dios de asiento.

Su sangre le dió María A logro, porque á su tiempo La que recibe encarnando Restituya redimiendo.

Un arcángel á pedir Bajó su consentimiento, Guardándole en ser rogada De reina los privilegios.

¡Oh grandeza de María!

Que cuando usa el Padre Eterno De dominio con su Hijo, Use con ella de ruego!

XXVI.

¡Salve, Reina de los cielos, Y de los ángeles reina!

¡Salve de Jesé raiz Y de la luz clara puerta!

Gózate, Vírgen gloriosa, Sobre todas las mas bella; Vive la mas exaltada, Y por nos á Cristo ruega.

Para cantarte alabanzas Da dignidad á mi lengua, Y contra tus enemigos Dame tu virtud y fuerza.

Y tú, Señor poderoso, Concedédle por defensa El presidio de tu Madre A la fragilidad nuestra, Para que con el auxilio De su maternal clemencia De nuestras iniquidades Levantemos la cabeza.

XXVII.

_A Cristo sacramentado, en el dia de la comunion._ Amante dulce del alma, Bien soberano á que aspiro, Tú que sabes las ofensas Castigar á beneficios; Divino iman en que adoro, Hoy que propicio te miro, Que me influyes la osadía De poder llamarte mio; Hoy que en union amorosa Imaginó tu cariño Que si no estabas en mí, Era poco estar conmigo; Hoy que para examinar El amor con que te sirvo, Al corazon en persona Has penetrado tú mismo: Pregunto ¿es amor ó celos Tan cuidadoso escrutinio?

Que quien lo registra todo, Da de sospechar indicios.

Mas ¡ay bárbara ignorante!

Y ¡qué de errores he dicho, Como si el estorbo humano Obstara al Lince divino!

Para ver los corazones No has menester asistirlos, Que para tí son patentes Las entrañas del abismo.

Con una intuicion presente Tienes en vuestro registro El infinito pasado Hasta el presente finito; Luego no necesitabas Para ver el pecho mio, Si lo estás mirando sabio, Entrar á mirarlo fino.

XXVIII _A San Pedro._ Del descuido de una culpa Un gallo, Pedro, os avisa; Que un irracional reprende A quien la razon olvida.

¡Qué poco la Providencia De instrumentos necesita, Pues á un apóstol convierte Con lo que un ave predica!

Exámen fué vuestra culpa Para vuestra prelacía, Que peligra de muy recto Quien de frágil no peligra.

Tímido mueve el impulso De la mano compasiva Quien en su castigo propio Tiene del dolor noticia.

En las agenas flaquezas Siempre la vuestra se os pinta, Y el estruendo del que cae Os recuerda la caida.

Así templan vuestros ojos Con la piedad la justicia, Cuando lloran como reos Lo que como jueces miran.

XXIX _A Santa Catarina mártir._ (FRAGMENTOS.)

Un áspid al blanco pecho Aplicó amante Cleopatra: ¡Oh que escusado era el áspid A donde el amor estaba!

*** El pecho ofrece al veneno La valerosa gitana.

Que no siente herir el cuerpo La que tiene herida el alma.

Amor y valor imita, Pero mejora la causa Catarina, porque sea La imitación con ventaja: Porque no triunfase Augusto De la beldad soberana Se mata Cleopatra, y precia Mas que la vida la fama.

Así Catarina heróica Tiende la ebúrnea garganta Al filo, porque el infierno No triunfe de su constancia.

Infamia en Cleopatra ó muerte La dulce vida amenazan; Pero ella elige por ménos Mal la muerte que la infamia.

Así mejor Catarina A las cortantes navajas Ofrece los miembros bellos, Y al triunfo aspira gallarda.

_En la profesion de una religiosa._ ¿Qué puede escribir la pluma De asunto tan soberano, Si por mas que se remonte Siempre se le va por alto?

Vosotros siempre felices, Celestiales cortesanos, Que de tan glorioso triunfo Gozais el eterno lauro, La piedad de vuestro Rey Celebrad con dulce canto, Que de unirse á una criatura Amoroso se ha dignado.

Y vos, poderoso Rey, Que en vuestro tálamo sacro, La que esclava rescatásteis Esposa habeis coronado; Pues tanto os preciais de amante Y ostentais de tan bizarro, Que haceis gala lo rendido Y primor lo enamorado, Conservadla en tal grandeza, Sin que los viles humanos Bajos vapores se atrevan A empañar candores tantos.

DECIMAS.

I.

_A una rosa._ (ALEGORIA.)

Cuida tu candor, que apura Al alba el primer albor; Pues tanto el riesgo es mayor, Cuanto es mayor la hermosura.

No vivas de ella segura, Que si consientes errada Que te corte mano osada Por gozar beldad y olor, En perdiéndose el color Tambien serás desdichada.

¿Ves á aquel que mas indicia De seguro en su fineza?

Pues no estima la belleza Mas de en cuanto la codicia.

Huye su astuta caricia, Que si necia y confiada Te aseguras en lo amada, Te hallarás despues corrida; Que en llegando á poseida Tambien serás desdichada.

A ninguno tu beldad Entregues, que es sinrazon Que sirva tu perfeccion De triunfo á su vanidad; Goza la celebridad Comun, sin verte empleada En quien, despues de lograda, No te acierte á venerar; Que en siendo particular, Tambien serás desdichada.

II.

En vano tu canto suena; No adviertes en tu desdicha Que será el fin de tu dicha El principio de tu pena.

El loco orgullo refrena De que tan ufano estás, Sin advertir, cuando das Cuenta al aire de tus bienes, Que si ahora dichas tienes, En lo dulce de tu canto El justo temor te avisa, Que en un amante no hay risa Que no se alterne con llanto; No te desvanezca tanto El favor, pues te hallarás Burlado, y conocerás Cuanto es necio un confiado, Que si hoy blasonas de amado, Advierte que el mismo estado Que al amante fervoroso Le constituye dichoso, Le amenaza desdichado; Pues le da tan alto grado Por derribarle, no mas; Y así tú que ahora estás En tal altura, no ignores Que si hoy ostentas favores, La gloria mas elevada Que amor á tu dicha ordena, Contémplala como agena, Y tenla como prestada; No tu ambicion engañada Piense que eterno serás En las dichas, pues verás Que hay áspid entre las flores, Y que si hoy cantas favores, III.

_El alma rendida por el amor._ (ALEGORIA.)

Cogióme sin prevencion Amor astuto y tirano; Con capa de cortesano Se me entró en el corazon: Descuidada la razon Y sin armas los sentidos, Dieron puerta inadvertidos, Y él por lograr sus antojos, Miéntras suspendió los ojos, Me saltëó los oidos.

Disfrazado entró y mañoso; Mas ya que dentro se vió, Del Paladion se salió Sin el disfraz engañoso; Pues con ánimo furioso Tomando las armas luego Se descubrió astuto griego, Que iras brotando y furores, Matando á los defensores, Puso á toda el alma fuego.

Y buscando en sus violencias En ella á Príamo fuerte, Dió al entendimiento muerte, Que era rey de las potencias; Y sin hacer diferencias De real ó plebeya grey, Haciendo general ley Murieron á sus puñales Los discursos racionales, Porque eran hijos del rey.

A Casandra su fiereza Buscó, y con modos tiranos Ató á la razon las manos, Que era del alma princesa: En prisiones su belleza, De soldados atrevidos Lamenta los no creidos Desastres, que adivinó; Pues por mas voces que dió No la oyeron los sentidos.

Todo el palacio abrasado Se ve y todo destruido; Deífobo allí mal herido Aquí Páris maltratado; Prende tambien su cuidado La modestia en Policena; Y en medio de tanta pena, Tanta muerte y confusion, A la ilícita aficion Solo reserva en Elena.

Y la ciudad, que vecina Fué al cielo, con tanto arder Solo guarda de su ser Los vestigios en la ruina.

Todo el amor lo extermina, Y con ardiente furor Solo se oye entre el rumor Con que su crueldad apoya: “Aquí yace un alma Troya Vencida por el amor.”

IV.

_Con motivo de un presente._ Esta grandeza que usa Conmigo vuestra grandeza, Le está bien á mi pobreza, Pero muy mal á mi musa.

Perdonádme si, confusa O sospechosa, me inquieta El juzgar que ha sido treta La que vuestro juicio trata, Pues quién me da tanta plata No me quiere ver poeta.

V.

_El error de una disculpa._ Tenazmente porfiado Intentas, Silvio, y molesto, Porque erraste lo compuesto, Componer lo que has errado.