SigPhi · Sor Juana Ines de la Cruz

Obras selectas de la celebre monja de Mejico, sor Juana Ines de la Cruz precedid

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Tu corriente oportuna Que piadoso moviste Viste, viste Que de Moises fué cuna, Siendo arrullo á su oido La onda, la espuma, el tumbo y el sonido.

Mas venturoso ahora De abundancia de bienes Tienes, tienes La que tu márgen dora Belleza mas lozana Que Abigail, Ester, Raquel, Susana: La hermosa Catarina Que la gloria gitana Vana, vana Elevó á ser divina, Y en las virtudes trueca De Débora, Jael, Judit, Rebeca.

No en frágil hermosura Que aprecia el loco abuso Puso, puso Esperanza segura, Bien que excedió su cara La de Ruth, Bersabé, Thamar y Sara.

A esta, Nilo sagrado, Tu corriente sonante Cante, cante, Y en concierto acordado Tus ondas sean veloces Sílabas, lenguas, nùmeros y voces.

VI.

_Al mismo asunto._ (LETRILLA.)

Erase una niña Como digo á usté, Cuyos años eran Ocho sobre diez.

Esperen, aguarden, Que yo lo diré.

Esta (qué sé yo Cómo pudo ser?)

Dizque supo mucho, Aunque era mujer.

Esperen, aguarden, Que yo lo diré.

Porque como dizque Dice no sé quien, Ellas solo saben Hilar y coser.

Esperen, aguarden, Que yo lo diré.

Pues esta á hombres grandes Pudo convencer; Que á un chico, cualquiera Lo puede envolver.

Esperen, aguarden, Que yo lo diré.

Y aun una santita Dizque era tambien, Sin que la estorbase Para eso el saber.

Esperen, aguarden, Que yo lo diré.

Mas como Patillas No duerme, al saber Que era santa y docta Se hizo un Lucifer.

Esperen, aguarden, Que yo lo diré.

Porque teme el diablo Esto de saber Que hay mujer que sepa Mas que supo él.

Esperen, aguarden, Que yo lo diré.

Pues con esto ¿qué hace?

Viene y tienta á un rey Que á ella la tentara A dejar su ley.

Esperen, aguarden, Que yo lo diré.

Tentóle de recio; Mas ella, par diez, Se dejó matar Antes que vencer.

Esperen, aguarden, Que yó lo diré.

No pescudan mas, Porque mas no sé, De que es Catarina Para siempre, amen.

Esperen, aguarden, Que yo lo diré.

VII.

_En la dedicacion de un templo._ Aunque ningun lugar es Lugar de ofender á Dios, Pues para alabarle en todos Su Magestad los crió, Atencion, atencion, Que aquesta es casa solo de oracion.

Como nuestra gran flaqueza Su Magestad conoció, Separó algunos lugares Para nuestra devocion.

Atencion, atencion, Que aquesta es casa solo de oracion.

Con especial asistencia En ellos determinó Habitar, para que en ellos Le demos adoracion.

Atencion, atencion, Que aquesta es casa solo de oracion.

Pues ¿qué disculpa tendrá De atreverse nuestro error Al determinado sitio Que para sí destinó?

Atencion, atencion, Que aquesta es casa solo de oracion.

Los que al templo venis, sea Solo á dar gracias á Dios; No hagais la casa del Padre Casa de negociacion.

Atencion, atencion, Que aquesta es casa solo de oracion.

Plazas y lonjas teneis Si buscais conversacion, Que el templo Dios solamente A su culto reservò.

Atencion, atencion, Que aquesta es casa solo de oracion.

VIII.

Como entre espinas la rosa, Como entre nubes la luna, Unica y como ninguna Luce la divina Esposa.

Toda pura y toda hermosa, Púrpura y viso vestida, Ciudad de Dios defendida, Arca de su testamento, De la Trinidad asiento, Iris hermoso de paz, Y trescientas cosas mas.

Como lirio descollado En el márgen cristalino; Como vaso de oro fino De mil piedras adornado; Como bálsamo quemado, Como fuego reluciente, Como Apolo refulgente.

Como poma de olor llena, A quien no tocó la pena Que tuvieron los demas, Y trescientas cosas mas.

Como varita olorosa Que asciende desde el desierto; Como bien ballado huerto De la fruta mas sabrosa; Como palma victoriosa, Como escuadron ordenado, Como paso bien sellado, Como pacífica oliva Que fué del mundo la paz, Y trescientas cosas mas.

Trono de Dios soberano, Archivo de todo bien, Gloria de Jerusalen Y alegria del crístiano; Ester que al género humano De la miseria libró; La muger que en Pátmos vió Juan, triunfante del dragon; El trono de Salomon Y la señal dada á Acaz, Y trescientas cosas mas.

IX.

_Villancicos en la fiesta de San José._ Quedito, airecillos, No, no susurreis; Mirad que descansa Un rato José.

No, no os movais, Oh no, no voleis; Quedito, pasito, Que duerme José.

Para no ver el preñado, José, que le daba enojos, De María, los dos ojos Ha cerrado.

Centra su vista severo Dijo airado, porque vía Testigos contra María, “No los quiero.

Si dicen que en el empleo De mi esposa falta fe, Nunca estoy mas ciego que Cuando veo.

Y á que en llanto no se aneguen Porque á tanto se atrevieron, Ojos que contra ella fueron Luego cieguen.”

Viendo Dios que eran despojos Sus ojos de su sentir, Hízole dormido abrir Tantos ojos.

Hablóle un ángel glorioso, Porque solo él pudo ser Bastante á satisfacer A un celoso.

Ay qué prodigio!

Ay qué portento!

Vengan á verlo todos, Vengan á verlo!

Que si á todos los celos Quitan el sueño, A mi Josef el sueño Quita los celos.

Celos con sueño, Sueño con celos, En Josef solamente No son opuestos.

Vengan á verlo todos Vengan á verlo!

SILVA.

_Retrato de una belleza._ POESIA BURLESCA, IMITADA DE JACINTO POLO.

El pintar de Lizarda la belleza En que á sí se excedió naturaleza, Con un estilo llano, Se me viene á la pluma y á la mano.

Y cierto que es locura El querer retratar yo su hermosura, Sin haber en mi vida dibujado, Ni saber qué es azul ó colorado, Qué es regla, qué es pincel, oscuro ó claro, Aparejo, retoque ni reparo.

El diablo me ha metido en ser pintora!

Dejémoslo, mi Musa, por ahora A quien sepa el oficio...Mas esta tentacion me quita el juicio!

Y sin dejarme pizca, Ya no solo me tienta, me pellizca, Me casca, me hormiguea, Me punza, me rempuja, me aporrea.

Y tengo de pintar dé donde diere, Salga como saliere; Aunque saque un retrato Tal que despues le ponga, _aqueste es gato_.

Pues no soy la primera Que con hurtos de sol y primavera Echo, con mil primores, Una mujer en infusion de flores; Y despues que muy bien alambicada Resulta una belleza destilada, Cuando el hervor se entibia, Si rosa la creyeron, sale endibia.

Mas no pienso robar yo sus colores: Descansen por aquesta vez las flores; Que no quiere mi Musa ni se mete En hacer su hermosura ramillete, Mas ¿con qué he de pintar si ya la vena No se tiene por buena, Si no forma, hortelana en sus colores, Un gran cuadro de flores?

¡Oh siglo desdichado y desvalido, En que todo lo hallamos ya servido!

Pues que no hay voz, equívoco ni frase Que por comun no pase, Y digan los censores: “¿Eso? ya lo pensaron los mayores.”

¡Dichosos los antiguos que tuvieron Paño de qué cortar, y así vistieron Sus conceptos de albores, De luces, de reflejos y de flores!

Que entónces era el sol nuevo y flamante, Y andaba tan valido lo brillante Que el decir que el cabello era un tesoro, Valia otro tanto oro; Y las estrellas con sus rayos rojos Que aun no estaban cansadas de ser ojos, Cuando eran celebradas ¡_Oh dulces luces por mi mal halladas,_ _Dulces y alegres cuando Dios queria_!, Ya no las puede usar la Musa mia Sin que diga severo algun letrado Que Garcilaso está muy maltratado Y en lugar indecente.

Mas si no es á su Musa competente Y le ha de dar enojo semejante, Quite aquellos dos versos, y ¡adelante!

Digo, pues, que el coral, entre los sabios, Se andaba con la grana aun en los labios, Y las perlas de nítidos orientes Andaban enseñándose á ser dientes, Y alegaba la concha, no muy loca, Que si ellas dientes son, ella es la boca; Desde entónces, no hay duda, Empezó la belleza á ser conchuda.

Pues ¿las piedras? ¡ay Dios! y qué riqueza!

Era una platería una belleza, Que llevaba por dote en sus facciones Mas de treinta millones.

Eso sí era hacer versos descansado, Y no en aqueste siglo desdichado Y de tal desventura, Que está ya tan cansada la hermosura De verse en los planteles De azucenas, de rosas y claveles, Ya del tiempo marchitos, Recojiendo humedades y mosquitos, Que con enfado estraño Quisiera mas un saco de hermitaño.

Y así andan los poetas desvalidos Achicando antiguallas de vestidos, Y talvez sin mancilla lo que es jubon ajustan á ropilla, O hacen de unos centones De remiendos diversos los calzones, Y nos quieren vender por estremada Una belleza rota y remendada.

Pues ¿qué es ver las metáforas cansadas En que han dado las Musas alcanzadas?

No hay ciencia, arte ni oficio Que con estraño vicio Los poetas, con vana sutileza, No anden acomodando á la belleza, Y pensando que pintan de los cielos Hacen unos retablos de sus duelos.

Pero diránme ahora Que ¿quién á mí me mete á ser censora?

Pues de lo que no entiendo es grave exceso; Pero yo les respondo, que por eso: Pues siempre el que censura y contradice, Es quién ménos entiende lo que dice.

Mas si alguno se irrita, Murmúreme tambien; ¿quién se lo quita?

No haya miedo que en eso me fatigue, Ni que á ninguno obligue A que encargue su alma: Téngasela en su palma Y haga lo que quisiere, Pues su sudor le cuesta al que leyere; Y si ha de disgustarse con leello, Vénguese del trabajo con mordello, Y allí me las dén todas, Pues yo no me he de hallar en esas bodas.

Miren, esto de bodas es constante Que lo dije por solo el consonante; Si alguno halla otra voz que mas espresa, Yo le doy mi poder, y quíteme esa.

Mas volviendo á mi arenga comenzada, Válgame por Lizarda retratada, Y ¡qué difícil eres!

No es mala propiedad de las mujeres.

Mas ya lo prometí, cumplirlo es fuerza, Aunque las manos tuerza: A acabarlo me obligo Pues tomo bien la pluma, y Dios conmigo.

Vaya, pues, de retrato!

Denme un Dios que socorra de barato.

¡Ay¡ con toda la trampa, Que una musa de _la ampa_, A quien ayuda tan propicio Apolo, Se haya rozado con Jacinto Polo En aquel conceptillo desdichado!

¡Y pensarán que es robo muy pensado!

Es, pues, Lizarda...es pues...¡Ay Dios, qué aprieto No sé quién es Lizarda, les prometo; Que mi atencion sencilla Pintarla prometió, no definilla.

Digo, pues...¡oh que _pueses_ tan soeces!

¿Todo el papel he de llenar de _pueses_?

¡Jesus! qué mal empiezo!...Principio iba á decir, ya lo confieso, Y acordéme al instante Que _principio_ no tiene consonante.

Perdonen, que esta mengua Es porque no me ayuda bien la lengua.

Estarán de esperar desesperados Los tales mis oyentes; Mas si esperar no gustan, impacientes, Y juzgaren que es largo y que es pesado, Vayan con Dios, que ya esto se ha acabado; Pues quedándome sola y retirada Mi borrador haré mas descansada.

Por el cabello empiezo, estense quedos, Que hay aquí que pintar muchos enredos; No hallo comparacion que bien le cuadre; Qué para poco me parió mi madre!

¿Rayos de sol? Ya aqueso se ha pasado; La pragmática nueva lo ha quitado.

¿Cuerdas de arco de amor en dulce trance?

Eso es llamarlo cerda en buen romance.

¡Qué linda cosa fuera El tomar la ocasion por la mollera!

Pero aquesta ocasion ya se ha pasado, Y calva está de haberla repelado.

Y así en su calva lisa La cabellera irá tambien postiza, Y el que llegue á cogerla Se queda con el pelo y no con ella, Y, en fin, despues de tanto dar en ello, ¿Qué tenemos, mi Musa, de cabello?

El de Absalon viniera aquí nacido, Por tener mi discurso suspendido; Mas no quiero meterme yo en honduras Mostrándome entendida en Escrituras.

En ser cabello de Lizarda quede.

Que es lo que mas encarecerse puede, Y bájese á la frente mi reparo: ¡Gracias á Dios que salgo hácia lo claro!

Que me pude perder en la espesura Sino saliera por la comisura.

Tendrá, pues, la tal frente Una caballería largamente, Segun está de limpia y despejada; Y si temen por esto verla arada, Pierdan este recelo, Que estas caballerías son del cielo.

¿Qué apostamos que ahora piensan todos Que he perdido los modos Del estilo burlesco, Pues que ya por los cielos me encarezco?

Pues no fué este mi intento, Que yo no me acordé del firmamento, Porque mi estilo llano Se tiene acá otros cielos mas á mano; Que á ninguna belleza se le veda El que tener dos cielos juntos pueda; Y ¿cómo? Uno en la boca, otro en la frente.

¡Por Dios, que lo he enmendado lindamente!

Las cejas son agora, ¿diré arcos?

No, que su consonante es luego zarcos, Y si yo pinto zarca su hermosura, Dará Lizarda al diablo la pintura, Y me dirá que solo algun demonio Levantara tan falso testimonio.

Pues yo lo he de decir, y en esto ahora Conozco que devéras soy pintora, Que mentir de un retrato en los primores Es el último exámen de pintores.

En fin, ya con ser arcos se han salido; Pero ¿piensan que son los de Cupido?

¿O que son paz del dia?

Pues no son sino de una cañería Por donde encaña el agua á sus enojos, Por mas señas, que tiene allí dos ojos.

Esto ¿quién lo ha pensado?

¿Me dirán que esto es viejo y es trillado?

Mas ya que los nombré, fuerza es pintallos, Aunque no tope verso en qué colgallos.

¡Nunca yo los mentara!

Que quizas al lector se le olvidara.

Empiezo á pintar, pues: nadie se ria De ver que titubea mi Talia; Que no es hacer buñuelos, Pues tienen su pimienta los ojuelos, Y no hallo en mi conciencia Comparacion que tenga conveniencia Con tantos arreboles...¡Jesus! no estuve un tris de decir soles!

¡Qué grande barbarismo!

Apolo me defienda de sí mismo; Que á los que son de luces sus pecados, Los veo condenar de alucinados, Y temerosa yo, viendo su enojo, Trato de echar mis luces en remojo.

Tentacion solariega en mí es estraña...Que se vaya á tentar á la montaña.

En fin, yo no hallo símil competente Por mas que doy palmadas en mi frente, Y las uñas me como.

Que siempre tan activos Se andan á principiar comparativos?

Mas ¡ay! que donde _vistes_ hubo antaño, No hay _así como_ ogaño; Pues váyanse sin ellos muy serenos, Que no por eso dejan de ser buenos, Ni de ser manantial de perfecciones, Que no todo ha de ser comparaciones; Y ojos de una beldad tan peregrina Razon es ya que salgan de madrina, Pues á sus niñas fuera hacer ultrage Quererlas tener siempre en pupilage.

En fin, nada les cuadra, que es locura Al círculo buscar la cuadratura.

Síguese la nariz, y es tan seguida Que ya quedó con esto definida; Y nariz torticera tan tremenda No hay geómetra alguno que la entienda.

Pásame á las mejillas; Y aunque es su consonante maravillas, No las quiero yo hacer predicadores Que digan: Aprended de mí, á las flores.

Mas si he de confesarles mi pecado, Algo el carmin y grana me han tentado.

Mas agora ponérselos no quiero: Si ella lo quiere, gaste su dinero; Que es grande bobería El quererla afeitar á costa mia.

Ellas, en fin, aunque parecen rosa, Lo cierto es que son carne, y no otra cosa.

¡Válgame Dios! lo que se sigue ahora.

Haciéndome está cocos el aurora Por ver si la comparo con su boca; Y el oriente con perlas me provoca; Pero no hay que admirarme, Que ni una sed de oriente ha de costarme.

Es, en efecto, de color tan fina Que parece bocado de cecina; Y no he dicho muy mal, pues de salada Dicen que se le ha puesto colorada.

Miren cómo sé hacer comparaciones Muy propias en algunas ocasiones.

Y es que donde no piensa el que es mas vivo, Falta el comparativo; Y si alguno dijere que es grosera Una comparacion de esta manera, Respóndame la Musa mas ufana, ¿Es mejor el gusano que la grana?

¿O el clavel, que si el gusto los apura Hará echar las entrañas su amargura?

Con todo, númen mio, Aquesto de la boca va muy frio; Yo digo mi pecado, Ya está el pincel cansado; Pero, pues tengo ya frialdad tanta, Gastemos esta nieve en la garganta, Que la tiene tan blanca y tan helada Que le sale la voz garapiñada.

Mas por sus pasos, yendo á paso llano, Se me vienen las manos á la mano.

Aquí habrá menester grande cuidado, Pues ya toda la nieve se ha gastado, Y para la blancura que atesora No me ha quedado ni una cantimplora; Y fué la causa de esto Que, como iba sin sal, se gastó presto.

Mas puesto que pintarla solicito, Por la Vírgen, que esperen un tantito, Miéntras la pluma tajo Y me alivio un poquito del trabajo, Y, por decir verdad, miéntras suspensa Mi imaginacion piensa Algun concepto que á sus manos venga.

¡Oh! si Lizarda se llamara Menga!

Qué equívoco tan lindo me ocurría, Que solo por el nombre se me enfría!

Ello fuí desgraciada En estar ya Lizarda bautizada.

Acabemos, que el tiempo nunca sobra: A las manos, y manos á la obra.

Empiezo por la diestra, Que aunque no es ménos bella la siniestra, A la pintura es llano Que se le ha de asentar la primer mano.

Es, pues, blanca y hermosa con exceso, Porque es de carne y hueso, No de marfil ni plata, que es quimera Y á una estatua servir solo pudiera; Y con esto, aunque es bella, Sabe su dueño bien servirse de ella, Y la estima bizarra, Mas que no porque luce, porque agarra.

Pues no le queda en zaga la siniestra, Porque aunque no es tan diestra, Y es algo ménos en la lijereza, No tiene un dedo ménos de belleza.

Aquí viene rodada Una comparacion acomodada: Porque, no hay duda, es llano Que es la una mano como la otra mano.

Y si alguno dijere que es friolera El querer comparar de esta manera, Respondo á su censura, Que el tal no sabe lo que se murmura, Pues pudiera muy bien naturaleza Haber sacado manca esta belleza; Que yo he visto bellezas muy ramplonas Que, si mancas no son, son macarronas.

Ora falta á mi Musa la estrechura De pintar la cintura.

En ella he de gastar poco capricho, Pues con decirla breve, se está dicho; Porque ella es tan delgada, Que en una línea queda ya pintada.

El pié yo no lo he visto, y fuera engaño Retratar el tamaño, Ni mi Musa sus puntos considera, Porque no es zapatera; Pero segun airoso el cuerpo mueve, Debe el pié de ser breve, Porque es, nadie ha ignorado, El pié de arte mayor largo y pesado.

Y si en cuenta ha de entrar la vestidura, Que ya es el traje parte en la hermosura, El hasta aquí del garbo y de la gala A la suya no iguala, De fiesta ò de revuelta, Porque está bien prendida, y mas bien suelta.

Un adorno garboso y no afectado, Que parece descuido y es cuidado; Un aire con que arrastra la tal niña Con aseado desprecio la basquiña, En que se van pegando Las almas entre el polvo que va hollando; Un arrojar el pelo por un lado, Como que la acongoja por copado; Y al arrojar el pelo, Descubrir un...Por poco digo cielo, Quebrantando la ley; mas ¿qué importara Que yo la quebrantara?

A nadie cause escándalo ni espanto, Pues no es la ley de Dios la que quebranto; Y con todo, si á ustedes les parece, Será razon que ya el retrato cese, Que no quiero cansarme, Pues ni aun el coste de él han de pagarme.

Veinte años de cumplir en mayo acaba.

_Juana Ines de la Cruz la retrataba._ EPIGRAMAS.

I.

Que te dan en la hermosura La palma, dices, Leonor; La de vírgen es mejor Que tu cara te asegura.

No te precies con descoco Que á todos robas el alma, Pues si te han dado la palma Es, Leonor, porque eres coco.

II.

Porque tu sangre se sepa Cuentas á todos, Alfeo, Que eres de reyes; yo creo Que eres de muy buena zepa; Y que, pues á cuantos topas Con esos reyes enfadas, Que mas que reyes de espadas, Debieron de ser de copas.

III.

El no ser de padre honrado Fuera defecto, á mi ver, Si como recibí el ser De él, se lo hubiera yo dado.

Mas piadosa fué tu madre Que hizo que á muchos sucedas, Para que entre tantos puedas Tomar el que mas te cuadre.

IV.

Capitan es ya don Juan; Mas quisiera mi cuidado Hallarle lo reformado Antes de lo capitan; Porque cierto que me inquieta En accion tan atrevida, Ver que no sepa la brida Y se atreva á la gineta.

LOS SILBOS.

DIALOGO.

(_Tomado del final de un sainete._) _Muñoz._--Silbadito del alma, No te me ahorques, Que los silbos se hicieron Para los hombres.

_Acebedo._--Silbadores del diablo, Morir dispongo, Que los silbos se hicieron Para los toros.

_Comp. 1º._--Pues que ahorcar te quieres, Toma la soga, Que aqueste cordelejo No es otra cosa.

_Acebedo._--No me silveis, demonios, Que mi cabeza No recibe los silvos, Aunque está hueca.

_Arias._--Vaya de silbos, vaya!

¡Silbad, amigos!

Que en lo hueco resuenan Muy bien los silbos.

_Acebedo._--Gachupines parecen Recien venidos, Porque todo el teatro Se hunde á silbos.

_Muñoz._--Vaya de silbos, vaya!..._Comp. 2º._--Y los malos poetas Tengan sabido, Que si vítores quieren, Este es el vítor.

_Todos cant._--Vaya de silbos, vaya!..._Acebedo._--Baste ya, por Dios, baste; No me den soga, Que ya les doy palabra De no hacer otra.

_Muñoz._--No es aquesto bastante, Que es el delito Descomunal, y pide Mayor castigo.

_Todos cant._--Vaya de silbos, vaya!..._Acebedo._--Pues si aquesto no basta, ¿Qué me disponen?

Que como no sean silbos, Dénme garrote.

_Arias._--Pues de pena te sirva, Que lo has pedido, El que otra vez traslades Lo que has escrito.

_Acebedo._--Eso no, que es aquese Tan gran castigo, Que mas quiero atronado Morir á silbos.

_Muñoz._--Pues lo has pedido, vaya!

¡Silbad, amigos,!

Que en lo hueco resuenan Muy bien los silbos.

LOS EMPEÑOS DE UNA CASA.

COMEDIA FAMOSA.

_Interlocutores._ Don Cárlos.

Don Juan.

Don Pedro.

Don Rodrigo.

Doña Leonor.

Doña Ana.

Celia.

Hernando.

Castaño.

Dos embozados.

Dos coros de música.

JORNADA PRIMERA.

_Doña Ana._--Hasta que venga mi hermano, Celia, le hemos de esperar.

_Celia._--Pues eso será velar, Porque él juzga que es temprano La una, las dos; y á mi ver, Aunque es grande ociosidad, Viene á decir la verdad, Pues viene al amanecer.

Mas por ahora ¿qué te dió Esta gana de esperar, Si te entras siempre á acostar Tú, y le espero solo yo?

_Doña Ana._--Has de saber, Celia mia, Que aquesta noche ha fiado De mí todo su cuidado; Tanto de mi afecto fia.

Bien sabes tú que él salió De Madrid dos años há, Y á Toledo, donde está, A una cobranza llegó, Pensando luego volver; Y así en Madrid me dejó, Donde estando sola yo Y poder ser vista y ver, Me vió don Juan y le ví, Y me solicitó amante, A cuyo pecho constante Atenta correspondí; Cuando, ó por no ser tan llano El pleito como juzgó, O, lo cierto, porque no Queria irse mi hermano; Porque vive aquí una dama De perfecciones tan sumas, Que dicen que faltan plumas Para alabarla á la fama, De la cual enamorado, Aunque no correspondido, Por conseguirla, perdido, En Toledo se ha quedado; Y porque yo no estuviese Sola en la corte sin él, O porque á su amor cruel De algun alivio le fuese, Dispuso el que venga aquí A vivir yo, y al instante Dí cuenta á don Juan, que amante Vino á Toledo tras mí; Fineza á que agradecida Toda el alma estar debiera, Si ya (¡ay de mí!) no estuviera Del empeño arrepentida; Porque el amor, que es villano En el trato y la bajeza, Se ofende de la fineza...Pero, volviendo á mi hermano, Sábete que él ha inquirido, Con obstinada porfía, Qué motivo haber podia Para no ser admitido, Y ha hallado que es otro amor, (Aunque yo no sé de quien,) Sintiendo, mas que el desden, Que otro gozase el favor: Que como este fiero engaño Es envidioso veneno, Se siente el provecho ajeno Mucho mas que el propio daño.

Sobornando (¡Oh vil costumbre Que así la razon estraga, Que es tan ciego amor, que paga Porque le den pesadumbre!)

Una criada que era De quien ella se fiaba, En el estado que estaba Su amor, con el fin que espera Y con lo demas que pasa, Supo de la infiel criada Que estaba determinada A salirse de su casa Esta noche con su amante; De que mi hermano furioso, Como á quien está celoso No hay peligro que le espante, Con unos hombres trató Que fingiéndose justicia (¡Mira que astuta malicia!)

Prendan al que la robó, Y que al pasar por aquí Al galan y dama bella, Como en depósito á ella Me la entregasen á mí; Y que luego al apartarse, Como que acaso ellos van Descuidados del galan, Den lugar para escaparse; Con lo cual claro se arguye Que él se valdrá de los pies Huyendo, pues piensa que es La justicia de quien huye; Y mi hermano, con la traza Que su amor ha discurrido, Sin riesgo habrá conseguido Traer la dama á su casa; Y en ella es bien fácil cosa Galantearla abrasado, Sin que él parezca culpado, Ni ella pueda estar quejosa; Porque si tanto despecho Ella llegase á entender, Visto es que ha de aborrecer A quien tal daño le ha hecho, Aquesto que te he contado, Celia, tengo que esperar; Mira ¿cómo puedo entrar A acostarme sin cuidado?

_Celia._--Señora, nada me admira, Que en amor no es novedad Que se vista la verdad Del color de la mentira; Ni ¿quién habrá que se espante, Si lo que es llega á entender Temeridad de mujer Ni resolucion de amante, Ni de traidoras criadas, Que eso en todo el mundo pasa, Y quizá dentro de casa Hay algunas calderadas?

Solo admirado me han, Por las acciones que han hecho, Los indicios que tu pecho Da de olvidar á don Juan.

Y no sé porqué el cuidado Das en trocar en olvido, Cuando ni causa has tenido Tú, ni don Juan te la ha dado.

_Doña Ana._--Que él no me la da, es verdad; Que no la tengo, es mentira.

_Celia._--¿De qué modo?

_Doña Ana._--¿Qué te admira?

Es ciega la voluntad.

Tras mí, como sabes, vino Amante y fino don Juan, Quitándose de galan Lo que se añade de fino, Sin dejar á qué aspirar A la ley del albedrio; Porque si él es ya tan mio, ¿Qué tengo que desear?

Pero no es aquesta sola La causa de mi despego, Sino porque ya otro fuego En mi pecho se acrisola.

Suelo en esta calle ver Pasar á un galan mancebo, Que si no es el mismo Febo, Yo no sé qué pueda ser.

A este, ¡ay de mí! Celia mia, No sé si es gusto ó capricho, Y...pero ya te lo he dicho, Sin saber lo que decia.

_Celia._--¿Lloras?

_Dª. Ana._--Pues ¿no he de llorar, ¡Ay de mí infelice! cuando Conozco que estoy errando Y no me puedo enmendar?

_Celia._--[_Ap._] ¡Qué buenas nuevas me dan Con esto que ahora he oido, Para tener yo escondido En su cuarto al tal don Juan!

Que habiendo notado el modo Con que le trata enfadada, Quiere hacer la tarquinada Y dar al traste con todo.

Y ¿quién, señora, ha logrado Tu amor?

_Dª. Ana._--Solo decir puedo Que es un don Cárlos de Olmedo El galan...Mas han llamado; Mira quién es, que despues Te hablaré, Celia.

_Celia._--¿Quién llama?

[_Dent._]--La justicia.

_Dª. Ana._--Esta es la dama; Abre, Celia.

_Celia._--Entre quien es.

(_Entran los embozados y doña Leonor._) _Emb._--Señora, aunque yo no ignoro El decoro de esta casa, Pienso que el entrar en ella Ha sido mas venerarla Que ofenderla, y así os ruego Que me tengais esta dama Depositada, hasta tanto Que se averigue la causa Por qué le dió muerte á un hombre Otro que la acompañaba; Y perdonad, que á hacer vuelvo Diligencias no escusadas En tal caso [_Vánse_].

_Dª. Ana._--¿Qué es aquesto?

Celia, á aquesos hombres llama, Que lleven esta mujer, Que no estoy acostumbrada A oir tales liviandades.

_Celia._--[_Ap._] Bien la deshecha mi ama Hace de querer tenerla.

_Dª. Leo._--Señora, en la boca el alma Tengo ¡ay de mí! Si piedad Mis tiernas lágrimas causan En tu pecho [hablar no acierto] Te suplico arrodillada, Que ya que no de mi vida, Tengas piedad de mi fama, Sin permitir, puesto que Ya una vez entré en tu casa, Que á otra me lleven, á donde Corra mayores borrascas Mi opinion; que á ser mujer, Como imaginas, liviana, Ni á tí te hiciera este ruego, Ni yo tuviera estas ansias.

_Dª. Ana._--A lástima me ha movido Tu belleza y tu desgracia.

[_Ap._]--Bien dice mi hermano, Celia.

_Cel._ [_Ap._]--Es belleza sobrehumana, Y si está así en la tormenta, ¿Cómo estará en la bonanza?

_Dª. Ana._--Alzad del suelo, señora, Y perdonad si turbada Del repentino suceso, Poco atenta y cortesana Me he mostrado, que ignorar Quien sois pudo dar la causa A la estrañeza; mas ya Vuestra persona gallarda Informa en vuestro favor De suerte que toda el alma Ofrezco para serviros.

_Dª. Leo._--Déjame besar tus plantas, Bella deidad, cuyo templo, Cuyo culto, cuyas aras De mi deshecha fortuna Son el asilo.

Y cuéntame qué sucesos A tal desdicha te arrastran; Aunque si eres tan hermosa, No es mucho ser desdichada.

_Cel._ [_ap._]--De la envidia que le tiene No le arriendo la ganancia.

_Dª. Leo._--Señora, aunque la vergüenza Me pudiera ser mordaza Para callar mis desdichas La que, como yo, se halla En tan infeliz estado, No tiene porqué callarlas; Antes pienso que me abona El hacer lo que me mandas, Pues son tales los indicios Que tengo de estar culpada, Que por culpables que sean, Son mas decentes sus causas; Y así escúchame.

Te responda.

Relacion á media noche Y con vela? ¡que no valga!

_Dª. Leo._--Si de mis sucesos quieres Escuchar los tristes casos, Con que ostentan mis desdichas Lo poderoso y lo vario, Escucha, por sí consigo Que divirtiendo tu agrado, Lo que fué trabajo propio Sirva de ajeno descanso, O porque en el desahogo Hallen mis tristes cuidados A la pena de sentirles El alivio de contarlos.

Yo nací noble, este fué De mi mal el primer paso, Que no es pequeña desdicha Nacer noble un desdichado; Que aunque la nobleza sea Joya de precio tan alto, Es alhaja que en un triste Solo sirve de embarazo; Porque estando en un sujeto, Repugnan como contrarios Entre plebeyas desdichas Haber respetos honrados.

Decirte que nací hermosa Presumo que es escusado, Pues lo atestiguan tus ojos, Y lo prueban mis trabajos.

Solo diré...Aquí quisiera No ser yo quien lo relato, Pues en callarlo ó decirlo Dos inconvenientes hallo: Porque si digo que fuí Celebrada por milagro De discrecion, me desmiente La necedad de contarlo; Y si lo callo, no informo De mí, y en un mismo caso Me desmiento si lo afirmo, Y lo ignoras si lo callo.

Pero es preciso al informe Que de mis sucesos hago [Aunque pase la modestia La vergüenza de contarlo] Para que entiendas la historia, Presuponer asentado Que mi discrecion la causa Fué principal de mi daño.

Inclinéme á los estudios Desde mis primeros años, Con tan ardientes desvelos, Con tan ansiosos cuidados, Que reduje á tiempo breve Fatigas de mucho espacio.

Conmuté el tiempo industriosa A lo intenso del trabajo, De modo que en breve tiempo Era el admirable blanco De todas las atenciones, De tal modo que llegaron A venerar como infuso Lo que fué adquirido lauro.

Era de mi patria toda El objeto venerado De aquellas adoraciones Que forma el comun aplauso; Y como lo que decia [Fuese bueno ó fuese malo] Ni el rostro lo deslucia Ni lo desairaba el garbo, Llegó la supersticion Popular á empeño tanto, Que ya adoraban deidad El ídolo que formaron.

Voló la fama parlera, Discurrió reinos estraños, Y en la distancia segura Acreditó informes fallos.

La pasion se puso anteojos De tan engañosos grados, Que á mis moderadas prendas Agrandaban los tamaños.

Víctima en mis aras eran, Devotamente postrados, Los corazones de todos Con tan comprehensivo lazo, Que habiendo sido el principio Aquel culto voluntario, Llegó despues la costumbre Favorecida de tantos A hacer como obligatorio El festejo cortesano, Y si alguno disentia Paradojo ó avisado, No se atrevia á proferirlo, Temiendo que por estraño