Gottfried Wilhelm Leibniz
Polímata, filósofo y matemático alemán (1646–1716), nacido en Leipzig, una de las últimas mentes verdaderamente universales de la historia: realizó contribuciones originales a la lógica, la metafísica, el derecho, la teología, la lingüística, la geología y la diplomacia, mientras ejercía como bibliotecario y consejero de la corte de Hannover, y mantenía una correspondencia epistolar con cientos de corresponsales por toda Europa. Desarrolló de manera independiente de Newton —con quien mantuvo una amarga disputa de prioridad que envenenó el resto de su vida y dividió a la comunidad científica europea— el cálculo infinitesimal, y su notación, más clara y práctica que la newtoniana, es todavía hoy la que se utiliza universalmente. En metafísica, su obra capital, la Monadología (1714), propone que la realidad última se compone de mónadas, sustancias simples, indivisibles y sin ventanas que no interactúan físicamente entre sí pero que Dios ha «preestablecido» en una armonía perfecta que hace que sus estados internos evolucionen en perfecta correspondencia, como relojes sincronizados desde el origen sin necesidad de contacto causal directo. En la Teodicea (1710) defendió que este es «el mejor de todos los mundos posibles» —tesis que Voltaire ridiculizaría con su Pangloss en Cándido—, argumentando que Dios, en su bondad y sabiduría infinitas, tuvo que elegir entre infinitos mundos posibles aquel que maximiza el bien total pese a contener un mínimo inevitable de mal metafísico, físico y moral. Concibió además el proyecto de una characteristica universalis, un lenguaje lógico simbólico universal capaz de reducir todo razonamiento a un cálculo mecánico, y diseñó una de las primeras calculadoras mecánicas capaces de multiplicar y dividir —una anticipación sorprendente de la lógica formal moderna y, indirectamente, de la informática. Fue también cofundador y primer presidente de la Academia de Ciencias de Berlín.