Meister Eckhart
Fraile dominico, teólogo y místico alemán (c. 1260–c. 1328), nacido en Turingia, formado en París, donde alcanzó el prestigioso título de «Maestro en Teología» (de ahí su sobrenombre «Meister»), y que ejerció sucesivamente varios cargos de gran responsabilidad dentro de la orden dominica, incluido el de vicario provincial responsable de la vida espiritual de numerosos conventos femeninos alemanes, cargo que probablemente influyó en su interés pastoral por el misticismo práctico accesible a laicos y religiosas no latinistas. Eckhart desarrolló una teología mística de una radicalidad especulativa pocas veces igualada dentro de la tradición cristiana, predicada a menudo directamente en lengua vernácula alemana en lugar del latín académico habitual, centrada en la doctrina de la «chispa del alma» (Seelenfünklein), un punto increado e increable en el núcleo más profundo del alma humana que, según Eckhart, es idéntico a la divinidad misma y que permite una unión mística directa y sin intermediarios entre el alma y Dios. Su noción más controvertida, la del «desprendimiento» (Gelassenheit o Abgeschiedenheit), exige un abandono radical no solo de los bienes materiales sino de toda voluntad propia, toda imagen de Dios e incluso del deseo de salvación personal, llegando a formular la paradoja provocadora de que hay que «rogar a Dios que nos libre de Dios» —es decir, del Dios concebido como objeto externo de representación— para alcanzar la unión mística con la divinidad inefable más allá de todo concepto. Estas formulaciones extremas, a menudo cercanas al panteísmo en su expresión literal aunque Eckhart siempre insistió en defender su ortodoxia, llevaron a la apertura de un proceso inquisitorial contra él poco antes de su muerte, y en 1329, un año después de su muerte probablemente natural, el papa Juan XXII condenó formalmente como heréticas o sospechosas diecisiete de sus enseñanzas en la bula In agro dominico. Pese a esta condena póstuma, la obra de Eckhart, redescubierta y rehabilitada intelectualmente a partir del siglo XIX, ejerce hoy una influencia profunda sobre el misticismo comparado, la fenomenología religiosa e incluso el diálogo interreligioso con el budismo zen, gracias a las sorprendentes afinidades entre su noción de desprendimiento y los conceptos budistas de vacuidad y no-yo.