Boecio
Filósofo, teólogo y hombre de Estado romano (c. 480–524/525), nacido en el seno de una de las familias aristocráticas más antiguas y prestigiosas de Roma, formado en filosofía griega y latina, y elevado a los más altos cargos de la administración ostrogoda de Italia bajo el rey Teodorico, llegando a ser cónsul en el 510 y, más tarde, magister officiorum, el cargo civil más importante del reino. Acusado de traición y de conspirar con el Imperio romano de Oriente —cargos que él mismo negó siempre y que la mayoría de historiadores consideran en gran parte fabricados o exagerados en un contexto de creciente desconfianza de Teodorico hacia la aristocracia senatorial romana—, fue encarcelado en Pavía y finalmente ejecutado sin juicio justo. Es precisamente durante este encarcelamiento, a la espera de la ejecución, cuando Boecio escribió su obra maestra, La consolación de la filosofía (c. 523), un diálogo en prosa y verso entre el propio Boecio y una figura alegórica, la Filosofía personificada como una mujer majestuosa, que lo consuela y lo guía con argumentos racionales —no explícitamente cristianos, pese a que Boecio era cristiano— sobre la naturaleza ilusoria de la fortuna, la verdadera fuente de la felicidad y el problema de cómo conciliar la providencia divina con el libre albedrío humano, una de las obras más leídas e influyentes de toda la Edad Media y el Renacimiento, traducida a numerosas lenguas vernáculas europeas, entre ellas por Alfredo el Grande y Chaucer. Con anterioridad a esta obra final, Boecio había llevado a cabo un proyecto enciclopédico de traducción y comentario de la lógica aristotélica al latín, solo parcialmente completado, que se convirtió durante siglos, hasta la recuperación de más obras de Aristóteles en el siglo XII, en la vía casi única de transmisión del pensamiento lógico griego a la Europa medieval latina, ganándose el sobrenombre de «el último de los romanos y el primero de los escolásticos».