Filón de Alejandría
Filósofo judío helenístico (c. 20 a. C. – c. 50 d. C.), nacido en Alejandría en una familia judía rica e influyente —su hermano era uno de los hombres más poderosos de la comunidad judía egipcia—, y la figura clave que intentó por primera vez, con una ambición filosófica sistemática, armonizar la escritura hebrea con la tradición filosófica griega, especialmente con el platonismo y el estoicismo, abriendo un camino que seguirían después tanto los Padres de la Iglesia cristiana como los grandes filósofos judíos y musulmanes medievales. Educado en la cultura griega dominante en la Alejandría cosmopolita de su época, pero profundamente fiel a su identidad y práctica judías, desarrolló un método de interpretación alegórica de la Torá según el cual los relatos bíblicos, sin dejar de ser literalmente ciertos, contienen también un sentido filosófico más profundo: Adán y Eva representan la mente y los sentidos, el viaje de Abraham simboliza el ascenso filosófico del alma hacia Dios, y las figuras bíblicas encarnan virtudes y vicios universales accesibles a la razón filosófica. Su idea más influyente para la posteridad es el concepto del Logos, el Verbo o Razón divina: para Filón, el Logos es el intermediario cósmico entre el Dios trascendente e inefable —del cual, siguiendo el platonismo, sostenía que no podemos predicar ningún atributo positivo— y el mundo creado, la mente divina que contiene los arquetipos de todas las cosas y a través de la cual Dios actúa en el mundo. Esta noción, aunque enraizada en la filosofía griega, resonaría de manera decisiva en el prólogo del Evangelio de Juan y en toda la teología trinitaria cristiana posterior. Lideró una delegación de judíos alejandrinos ante el emperador Calígula para protestar contra la persecución antijudía, episodio que narró en su obra Legatio ad Gaium.